Los dos caminos

Por Sri Sadhu Om Extracto de: la indagación del ser
Los dos caminos

Ramana Maharshi enseñó dos caminos como prácticas espirituales más importantes (sadhanas) para la salvación de la humanidad. Éstos son: 1) el camino de la auto-indagación, esto es, el conocerse a uno mismo (nuestra naturaleza real) inquiriendo «¿Quién soy yo?» y 2) el camino de la entrega, es decir, el rendirse uno mismo (el ego) completamente a Dios.

El primero es el camino del conocimiento (jñana marga) y el segundo es el camino de la devoción (bhakti marga). ¿No es el propósito de las varias investigaciones que se llevan a cabo en el mundo conocer acerca del mundo y de Dios ―la segunda y tercera personas― más que conocerse a uno mismo, yo, o la primera persona? El hombre, que hace tantos esfuerzos por saber acerca del mundo y de Dios, aún no sabe quién es en realidad él mismo. ¿Cómo? Nosotros decimos «yo soy un hombre», lo cual no es un conocimiento correcto de nosotros mismos sino solamente ignorancia. Sentimos que somos un hombre porque tomamos de forma equivocada un cuerpo humano, nuestra posesión, como «nosotros», los poseedores. La mejor investigación y el mejor conocimiento de todos consisten en separarnos de nuestra posesión (el cuerpo) por medio de inquirir «¿Quién soy yo?» y adquirir el conocimiento correcto sobre el poseedor (yo). El conocimiento «yo soy el cuerpo» ―el cual es el ego― es un conocimiento falso de nosotros. El verdadero conocimiento es aquel en el cual sabemos que somos el ilimitado Ser (Atma).

¿Cuál es el beneficio de obtener de este modo el verdadero autoconocimiento? Sólo cuando uno se conoce a sí mismo como el Ser puede hacer el verdadero bien a todas las criaturas sobre la Tierra. ¿Cómo? Únicamente cuando surge el conocimiento del Ser se conocerá la verdad de que nosotros solos somos la realidad de todos los seres vivientes, y sólo entonces nacerá en nuestro corazón el verdadero amor hacia todos. Mientras este conocimiento del Ser no se alcance uno no puede amar auténticamente a todas las criaturas sólo por hablar y propagar en una tribuna «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Sólo cuando uno experimenta el mundo entero y a todas las almas en él como la primera persona del singular se obtiene el verdadero amor, un amor «no por otro» (ananyabhakti) . Esta realización del Ser por sí sola es la fuente sin la cual no pueden florecer en la Tierra la paz, el amor y la felicidad. Por lo tanto, la única e inmediata necesidad del mundo es la indagación en el Ser, la medicina que destruye al maligno ego. Sólo un auténtico conocedor del ser (atma-jñani) puede realmente servir al mundo a la perfección. La mera existencia de un jñani como éste sobre la Tierra basta para asegurar el bienestar espiritual y moral del mundo entero.

Cuando se le entiende de manera correcta, la entrega es la entrega del ego (ahankara) a Dios. La auto-entrega y la auto-indagación son de hecho una y la misma, tanto en su resultado ―la extinción del ego― como en su práctica. La auto-entrega es el sendero, el de la devoción, para aquellos que creen en Dios. ¿Cómo? Ya que de hecho el «yo» individual y el mundo son propiedad de Dios, reclamar al cuerpo como «yo» y «mío» es el más grande pecado consistente en robar una propiedad de Dios. Si este apego al cuerpo se entrega (para ser precisos, se devuelve) a Dios, se alcanzará el estado de no ego. Este estado vacío de “yo” y “mío” es el estado del Ser.

Aunque ante una observación superficial podría parecer que hay diferencia entre el sendero de la indagación y el sendero de la devoción ―que consistiría en que un aspirante que sigue el sendero de la indagación pone su atención en el Ser mientras que uno que sigue el de la devoción se centra en Dios―, para quien se dedique seriamente a la práctica le será claro que ambos caminos son lo mismo, no sólo en el resultado ―establecerse en el Ser por medio de la destrucción del ego― sino también en la práctica. Un devoto que desee entregarse por completo a Dios debe rehusarse, desde un principio, a seguir llamando al cuerpo «yo» y «mío». Si él piensa otra vez «este cuerpo es mío» o «yo soy el cuerpo», está cometiendo el pecado de tomar de nuevo lo que ya le había ofrecido a Dios.

Así pues, el modo correcto de practicar la auto-entrega consiste en que el aspirante sea muy vigilante para que no vuelva a surgir en él el pensamiento «yo soy el cuerpo» o «este cuerpo es mío». Ahora bien, ¿cómo lleva esto a cabo? ¿No intenta él estar bien vigilante para que la primera persona ―el sentimiento de «yo soy el cuerpo»― no vuelva a aparecer, esto es, no trata de permanecer con una aguda atención siempre fija en el sentimiento de «yo»? Por tanto, la misma atención puesta en sí mismo que pone en práctica un indagador la practica también un devoto. De esta forma queda claro que una atención retirada de la segunda y tercera personas y enfocada en el «yo» es el método correcto y práctico de entregarse a Dios. Por otro lado, si un devoto busca a Dios fuera de sí mismo esto equivale a una atención puesta en una segunda persona. Ya que Dios siempre brilla como la realidad de la primera persona, concentrarse en la primera persona es dar la debida atención a Dios, y éste es el genuino sendero de la devoción.

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