Cristobal Colón y los avistamientos de ovnis en su «descubrimiento» de América

Son las 2 a.m. del 12 de octubre de 1492. Cristóbal Colón y su tripulación acaban de divisar las costas de San Salvador, lo que marca el final de un viaje transatlántico de 70 días.

Encontraron el Caribe. Pero solo cuatro horas antes, se había producido un avistamiento diferente, mucho más inusual, que llevó a una pregunta extraña: ¿fue el mal llamado «descubrimiento» de América supervisado por un OVNI?

Numerosos investigadores están convencidos de que los seres extraterrestres siempre han estado siguiendo nuestro progreso como especie. Apoyando esta teoría está el hecho de que, desde que la humanidad comenzó a llevar registros, los ovnis han sido una mención regular.

Los signos de su paso se pueden encontrar en todo el mundo, desde pinturas rupestres de 10.000 años en la India hasta los escritos de historiadores griegos y romanos antiguos, e incluso en obras de arte medievales. Si la historia se tomó el tiempo para recordarlos, deben haber sido una presencia persistente.

El último lugar donde uno esperaría encontrar menciones de una de esas naves extraterrestres es el Diario de Cristóbal Colón. De hecho, su familia consideró el hecho significativo y fue mencionado varias veces en los escritos de sus herederos.

Cristobal Colón.

La Santa María fue la mayor de las tres embarcaciones que Cristóbal Colón (izquierda) utilizó en su primer viaje al Nuevo Mundo en 1492. A la derecha puede verse una réplica motorizada de la Santa María en Funchal, Madeira, construida en 1998 (Crédito: Claudio Vosti).

La extraña serie de hechos comienza a desarrollarse el 13 de septiembre, cuando Colón y los tres barcos bajo su mando se encontraban en la zona ahora conocida como Triángulo de las Bermudas.

El almirante observó que la aguja de su brújula comenzó a comportarse de manera errática y ya no apuntaba a la estrella polar. El incidente se repitió los días 17 y 20.

En su resumen del Diario de Colón, el historiador Bartolomé de las Casas señala:

«Los navegantes observaron el punto norte y encontraron que las agujas giraban un punto completo al oeste del norte. Así que los marineros se alarmaron y abatieron, y no dieron razón de sí. Pero el Almirante lo sabía y ordenó que se volviera a observar el norte al amanecer. Luego descubrieron que las agujas eran verdaderas. La causa fue que la estrella brillante hace el movimiento, y no las agujas».

Esta mención de una estrella brillante que realiza movimientos en el cielo nocturno es inusual en sí misma, pero cuando se combina con los eventos que siguieron, pinta una imagen poco ortodoxa.

Como Colón revelaría más tarde a sus seres cercanos, la estrella brillante también se vio en otras noches, lo que llevó tanto a él como a sus hombres a sospechar que estaban siendo seguidos por algo sobrenatural. Los marineros eran mucho más supersticiosos hace cinco siglos de lo que son ahora, así que uno puede imaginar lo inquietante que debe haber sido el avistamiento.

A las 10 p.m. del 11 de octubre, Colón patrullaba la cubierta del Santa María. La moral de su tripulación estaba baja y los hombres nostálgicos ya habían amenazado con dar media vuelta y navegar de regreso a España. Mientras reflexionaba sobre qué curso de acción seguir, el suceso más extraño interrumpió su línea de pensamiento.

Al respecto, en el Diario se lee:

«Después del sol puesto, navegó a su primer camino al oeste. Andarían dos millas cada hora, y hasta dos horas después de medianoche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Puesto que el almirante a las 10 de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque, como fue cosa tan cerrada, que no quiso afirmar que fuese tierra, pero llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del rey, diciéndole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y la vio. Diciéndole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el rey y la reina enviaban en él por veedor, el cual no vio nada porque no estaban en un lugar donde pudiese ver.

»Después que el almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra, pero el almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra»

Según otras fuentes, la luz se localizó inicialmente debajo de las olas y luego ascendió al cielo. Los ufólogos han llegado a la conclusión de que esto es una señal inequívoca de que Cristóbal Colón se encontró con un OVNI/OSNI durante su primer viaje —y recientes revelaciones sobre la posible procedencia submarina de algunos ovnis apoya esta noción—.

La importancia histórica de su viaje ha hecho sospechar que la expedición de Colón fue monitoreada de cerca por una nave extraterrestre pilotada por una tripulación cuyos motivos se desconocen. Además, el momento del avistamiento es una prueba más de que los extraterrestres estaban al tanto del plan y las dificultades de Colón.

Otros, proponentes de que los ovnis son tripulados por humanos del futuro, sostienen que éstos pueden haber estado viajando a eventos importantes de la historia para presenciarlos y estudiarlos mejor. Desde luego, esta teoría plantea algunas paradojas y dificultades, sobre todo si tenemos en cuenta el peligro de modificar accidentalmente un hecho sucedido y sus consecuencias —por ejemplo, creando una línea temporal donde Colón vio ovnis y otra en la que no—.

Fuente: UFOholic. Edición: MP.

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Cristobal Colón y los avistamientos de ovnis en su «descubrimiento» de América

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