Alois Alzheimer, el hombre que entendió el olvido

Uno de los aspectos interesantes en la biografía de Alois Alzhéimer es que murió sin ser consciente de la trascendencia de su descubrimiento. Él nunca pensó que llegaríamos al siglo XXI sin haber encontrado una manera de hacer retroceder a esta enfermedad.
Alois Alzheimer, el hombre que entendió el olvido

Por desgracia, es muy probable que conozcas la enfermedad de Alzheimer, pero quizás no tanto que sepas la historia del hombre que la descubrió: Alois Alzheimer. La descripción de esta enfermedad fue un gran aporte para la humanidad, que hasta entonces no comprendía los pormenores de esta patología devastadora.

Antes de los hallazgos de Alois Alzheimer, la enfermedad que hoy lleva su nombre se abordaba como una demencia a secas. Gracias a este científico, se logró afinar el diagnóstico diferencial: identificar el conjunto de características que diferencian a este mal de otras patologías. Desde entonces, no ha dejado de estudiarse.

Es cierto que esta enfermedad sigue teniendo aspectos enigmáticos para la ciencia. Sin embargo, desde 1906, cuando fuera descrita por Alois Alzheimer, se han hecho grandes avances. No es ilusorio pensar que en los próximos años se avanzará de forma significativa en su tratamiento y, por qué no, su curación. Recordemos al hombre que dio origen a este avance científico.

La memoria es el diario que llevamos con nosotros a todas partes”.

-Oscar Wilde-

Alois Alzheimer
Alois Alzheimer

Alois Alzheimer, sus orígenes

Alois Alzheimer nació en Marktbreit, Baviera (Alemania), el 14 de junio de 1864. Hijo de notario, por deseo expreso de este comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Berlín. Sin embargo, solo duró un año allí y luego se trasladó a la Universidad de Würzburg.

En la primera etapa, no se esforzó demasiado en sus estudios. Se cuenta que por aquel entonces adoraba el dibujo, arte para el cual tenía un gran talento. También por aquellos años participó en un duelo a sable que dejaría marca en su rostro en forma de cicatriz.

Terminó sus estudios en 1887 con una tesis de grado llamada Sobre las glándulas seruminales. Entonces no parecía tener mayor interés en los enigmas del cerebro. Poco después de graduarse fue contratado como médico particular de una mujer que padecía trastornos mentales. Con ella hizo un viaje de cinco meses que le permitiría seguir de cerca el desarrollo del trastorno.

La investigación del cerebro

Tras el viaje fue contratado en el Hospital para Enfermos Mentales y Epilépticos de Frankfurt am Main, como residente. Allí llegó a ser médico jefe y creó un laboratorio para la investigación del cerebro. También en ese lugar conoció a Franz Nissl, un patólogo con el que trabó una amistad que duraría toda la vida.

Los dos conformaron un equipo que estudió a fondo la anatomía del cerebro. Como es obvio, lo hacían valiéndose de los cerebros de personas muertas. Por eso, Alois Alzheimer solía decir que “ayudo a mis pacientes una vez que se han muerto”. Curiosamente, en 1894 se casó con la viuda de uno de sus pacientes: Nathalie Geisenheimer.

La esposa provenía de una familia muy adinerada, lo cual permitió que Alois Alzheimer se dedicara con más ahínco a la investigación. La pareja tuvo tres hijos. Por desgracia, la mujer murió de forma repentina, cuando su esposo tenía 36 años. La hermana menor de este, Elizabeth, fue a vivir con él y se hizo cargo de los niños. Dos años después, todos se trasladaron a Múnich.

Un hallazgo histórico

Alois Alzheimer fue a trabajar a la Clínica Real Psiquiátrica de Múnich, como responsable del laboratorio anatómico. El director de esa institución era Emil Kraepelin, uno de los psiquiatras más famosos de la historia. Las investigaciones sobre diferentes tipos de demencias comenzaron a avanzar a un ritmo inusitado.

Antes de ir a Múnich, Alois Alzheimer había tenido una paciente a la que se le conoció como Augusta D. Comenzó a atenderla y siguió su caso de cerca, desde que ella tenía 51 años. La mujer finalmente falleció y el médico pudo examinar su cerebro en profundidad. Estudió el caso de manera minuciosa y eso permitió que en 1906 presentara sus conclusiones.

En ellas, Alois Alzheimer presentaba el caso como el de “una enfermedad específica de la corteza cerebral”. Describió los síntomas, identificando como los más típicos a la pérdida de la memoria, las alucinaciones y la desorientación. Desde el punto de vista anatómico había placas y ovillos neurofibrilares.

En 1907 los estudios fueron publicados. Kraepelin empleó por primera vez el concepto de “enfermedad de Alzheimer” en 1910, como un homenaje a quien la descubriera.

Más adelante, Alois Alzheimer se hizo profesor. El 19 de diciembre de 1915 murió de un ataque al corazón. Se dice que el tiempo que pasó en la clínica de Múnich, junto con Kraepelin, marcó la edad de oro de esa institución.

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