Panpsiquismo: la idea de que los objetos inanimados tienen, gana fuerza en la comunidad científica

En el sentido literal del término, el panpsiquismo es la idea de que todo (pan en griego) tiene conciencia o alma (psyche), desde una roca hasta una casa. La conciencia, por ende, no sería un rasgo exclusivo del ser humano y cada partícula poseería una forma de conciencia mínima, una que es infinitamente simple.

Crédito: Colton Sturgeon.

El Dr. Martin Picard es profesor asociado de medicina del comportamiento en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, y se especializa tanto en psiquiatría como en neurología. Juntos, la experiencia en estos dos campos se adapta bien para comprender la esencia de lo que nos hace humanos.

Picard es particularmente conocedor de las mitocondrias, una estructura que se encuentra dentro de casi todas las células que tienen un núcleo. Proporcionan la mayor parte de la energía química que utilizan las células en sus diversas tareas bioquímicas y, a veces, se comparan con las baterías.

Pero el profesor también ve algo más en las mitocondrias. El año pasado, él y una científica suiza llamada Dra. Carmen Sandi, publicaron un artículo en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews. Allí, postularon que las mitocondrias no solo nos mantienen con vida, sino que, en muchos sentidos, tienen vida propia. Y, quizás, sean incluso criaturas «sociales».

Las mitocondrias lucen como pequeños frijoles. Están formados por dos membranas. La externa actúa como una pared, cubriendo la totalidad del orgánulo. La interna parece una serie de pliegues, que consta de varios compartimentos. Dentro de la membrana interna hay un fluido llamado matriz; aquí es donde ocurre la magia.

«La socialidad tiene profundas raíces evolutivas y se observa desde organismos unicelulares hasta animales multicelulares», escriben Picard y Sandi. «De acuerdo con la opinión de que los principios sociales se aplican a todos los niveles de complejidad biológica, un creciente cuerpo de datos pone de manifiesto la notable naturaleza social de las mitocondrias».

Y continúan: «Al igual que los individuos en las redes sociales, las mitocondrias se comunican entre sí y con el núcleo celular, exhiben formación de grupos e interdependencia, sincronizan sus comportamientos y se especializan funcionalmente para realizar tareas específicas dentro del organismo. Las mitocondrias son orgánulos sociales».

La idea de los midiclorianos en la saga de Star Wars proviene, justamente, de la presencia de las mitocondrias (en las células animales y vegetales) y cloroplastos (exclusivos de células vegetales). Dichos orgánulos celulares tienen la función de proveer energía a la célula, siendo imposible la vida eucariótica sin ellos, al igual que ocurre con los midiclorianos en la ficción.

Por supuesto, si las mitocondrias son seres conscientes, eso significaría que tenemos billones y billones de estos seres sin cerebro pululando literalmente en cada célula de nuestro cuerpo. Esa idea puede parecer absurda hasta que se considera un concepto científico que podría explicarlo: el panpsiquismo, o la idea de que la conciencia está indisolublemente ligada a toda la materia y simplemente se fortalece a medida que un objeto físico se vuelve más complejo.

Esto, enfáticamente, no es lo que Picard y Sandi tenían en mente cuando escribieron su artículo. No obstante, al mismo tiempo, su descubrimiento parece una pieza importante para armar el rompecabezas de esta teoría revolucionaria.

El atractivo del panpsiquismo puede deberse en parte al hecho de que los científicos actualmente no pueden explicar qué es la conciencia, lo que te da una mente y te hace consciente de ti mismo.

Dualismo

Durante la Ilustración del siglo XVII, el filósofo René Descartes abogó por un enfoque llamado «dualista» para explicar cómo nuestra mente interactúa con nuestro cuerpo. Argumentó que la materia física de nuestros cuerpos y cualquier sustancia que crea una mente, son entidades separadas (quizás conectadas por la glándula pineal), con nuestra carne esencialmente sirviendo como una casa para nuestras almas. Este argumento sostiene que si la ciencia pudiera explicarlo todo, debería poder cuantificar una mente/alma: describirla visualmente, escucharla, sentirla, medirla y registrarla. Nada de eso ha sucedido; de hecho, la mera idea de que suceda parece —otra vez— absurda.

Esto puede deberse en parte a que, aunque la mayoría de los científicos y filósofos de hoy son monistas —lo que significa que creen que nuestra mente proviene directamente de nuestros cuerpos físicos—, las ideas dualistas todavía prevalecen bastante en nuestra cultura.

Diagrama del funcionamiento de la visión binocular y la glándula pineal en el Tratado del Hombre (izquierda), de René Descartes (derecha).

«El problema es que mucha gente común, que no son filósofos, son dualistas, porque creen en la mente o el alma como una entidad separada de su ser físico», explicó David Skrbina, filósofo y autor de la libro Panpsiquismo en Occidente. «De modo que mucha gente, por razones religiosas, y simplemente por razones de “sentido común”, tiende a pensar en términos dualistas o cartesianos sin siquiera entenderlo. Por eso, cuando hablamos con el público en general, nos quedamos estancados tratando con la cuestión cartesiana, aunque la mayoría de los filósofos, me parece, no le dan mucha credibilidad».

Dicho esto, aquellos que creen que nuestras mentes provienen directamente de nuestros cuerpos también enfrentan algunos desafíos lógicos.

La física explica que un electrón tiene cierta masa y carga, es decir, cómo es propenso a comportarse. Lo que la física no dice es qué es un electrón en sí mismo, intrínsecamente.

«Tienen que acomodar la mente y la conciencia dentro de un marco fisicalista, lo que podría decirse que es bastante difícil», añadió Skrbina. «Y ese ha sido uno de los desafíos centrales hoy en día, descubrir cómo no ser un dualista, pero aún así explicar la realidad, la realidad evidente de la mente y la conciencia».

En otras palabras, por ahora no existe una ecuación, ninguna teoría que dé cuenta o explique nuestros sentimientos conscientes, el estado cotidiano de conciencia y pensamiento que constituyen la vida y la existencia. No hay nada en física, química o biología que explique cómo es «ser». Por ahora…

Universo consciente

Pero el panpsiquismo parece seguir el principio hermético de correspondencia. El microcosmos de las mitocondrias tendría su equivalente a nivel macro, es decir, el universo mismo podría ser consciente.

Esta última idea pronto será puesta a prueba gracias a Johannes Kleiner, matemático y físico teórico del Centro de Filosofía Matemática de Munich, y Sean Tull, matemático de la Universidad de Oxford, quienes hace poco dieron a conocer que están trabajando en un complejo algoritmo matemático capaz de determinar si un sistema físico es consciente o no, y de qué es consciente.

Kleiner y Tull se inspiraron en el trabajo del Premio Nobel Roger Penrose sobre la mecánica cuántica como un vehículo sospechoso de la conciencia. Penrose detalló su creencia de que los microprocesos de nuestro cerebro pueden usarse para modelar cosas sobre todo el universo. La teoría resultante se llama Teoría de la Información Integrada (IIT) y es una forma abstracta y «altamente matemática» del panpsiquismo.

Conclusión

Todo lo expuesto aquí muestra cómo, poco a poco, el avance de la ciencia nos acerca —irónicamente— hacia aquello que como humanos hemos estado perdiendo con el tiempo: la conexión ancestral con la naturaleza y el todo mismo. Como así también la noción —simple pero devastadora— de que la sensibilidad no es exclusiva de los humanos y unas pocas especies estrechamente relacionadas.

Incluso un gusano quizás tenga una sensación muy vaga de lo que es estar vivo.

Fuente: Salon. Edición: MP.

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Panpsiquismo: la idea de que los objetos inanimados tienen conciencia, gana fuerza en la comunidad científica

1 comentario en “Panpsiquismo: la idea de que los objetos inanimados tienen, gana fuerza en la comunidad científica

  1. La consciencia, la conciencia de uno mismo, es un rasgo emergente únicamente identificado en humanos. Si quieres saber qué es y cómo aparece, fíjate en aquellos elementos exclusivamente humanos.

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