3 mujeres atletas discriminadas por sus niveles de testosterona en sangre

En los deportes, las mujeres han ocupado un lugar que se ha transformado radicalmente a lo largo de la historia. De hecho, bien puede decirse que las mujeres han conquistado ese lugar, pues durante mucho tiempo casi todas las disciplinas deportivas se consideraban actividades exclusivas de los hombres.

Ahora la paridad se ha vuelto una constante en materia deportiva. Esto no ha sido fácil, pues las mujeres han tenido que remar a contracorriente en un medio eminentemente masculino, en donde se les mira con condescendencia e incluso con prejuicio.

A continuación contamos la historia de tres mujeres atletas que han sufrido una de las pruebas más vergonzosas que todavía subsisten en el mundo del deporte: la verificación de sexo. Las tres tienen en común el hecho de que su excelente desempeño físico despertó las sospechas de algunas instancias oficiales respecto a su sexo, es decir, si no se trataba de hombres haciéndose pasar por mujeres para competir y ganar.

Caster Semenya

Uno de los casos más recientes y polémicos es el de Caster Semenya, corredora de origen sudafricano que ha ganado dos medallas de oro en Juegos Olímpicos en la prueba de los ochocientos metros planos (Londres 2012 y Río de Janeiro 2016), además de otros galardones en campeonatos mundiales de esta especialidad.

La polémica con Semenya comenzó en 2009, un año sumamente asombroso debido a su participación destacada en el Campeonato Juvenil Africano y en el Campeonato Mundial de Atletismo, competencias en las que batió récords y obtuvo el mejor tiempo del año en los ochocientos metros.

Como respuesta a sus logros, algunas personas, medios y organizaciones comenzaron a cuestionar el sexo de Semenya, arguyendo que su progreso atlético había ocurrido con una rapidez sospechosa y que, por su apariencia física, podía ser que en realidad fuera un hombre.

Aun con lo denigrante de esas acusaciones, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) cedió a la presión y obligó a Semenya a someterse a un examen de verificación de sexo para confirmar que era una mujer.

Los resultados no fueron dados a conocer oficialmente, pero algunas filtraciones aseguraban que, de acuerdo con los análisis realizados, la atleta podía clasificarse como “mujer intersexual”, esto es, como una persona que aunque fue declarada mujer al nacer, fisiológicamente presenta algunos rasgos propios del sexo masculino.

Después del examen, Semenya y la Asociación llegaron a un acuerdo por el que se le permitió mantener una medalla que había ganado previamente y continuar participando en competencias oficiales.

Cabe mencionar que la IAAF fue duramente criticada por el trato dispensado a la atleta y, por otro lado, Semenya recibió muestras de apoyo desde muy diversos ámbitos, incluyendo una importante firma legal internacional, Dewey & LeBoeuf, que se ofreció a representarla pro bono para defender sus derechos humanos y civiles, así como su dignidad como persona.

De 2010 a 2018, las cosas se desarrollaron más o menos en calma para Semenya, si bien bajo el estigma dejado por la situación vivida, sobre todo durante los primeros años. Ella continuó compitiendo y ganando. Por su parte, la IAAF tuvo que descartar en 2015 la aplicación de una regla concerniente a los altos niveles de testosterona en mujeres como consecuencia de la polémica sostenida con la corredora india Dutee Chand.

Para 2018, el escenario cambió radicalmente. La IAAF determinó aplicar una nueva regla dirigida a atletas con desórdenes en su desarrollo sexual. En específico, la norma determinó que mujeres con niveles naturales de testosterona en su cuerpo superiores a los 5 nanomoles  por litro (nmol/L) debían tomar medicamentos que los redujeran para poder competir. Por si esto fuera poco, la medida sólo es válida para las pruebas de los cuatrocientos metros planos, los ochocientos metros y los mil quinientos metros. Como efecto de esta regla, Semenya quedó fuera del Campeonato Mundial de Atletismo de 2019 y de los Juegos Olímpicos de 2020 (celebrados en Tokio en 2021).

Semenya sostiene desde entonces un disputa legal con la IAAF que la ha llevado a instancias como el Tribunal de Arbitraje Deportivo (con sede en Lausanne, Suiza), la Suprema Corte de Suiza y, en febrero de este año, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Dutee Chand

Dutee Chand es una velocista de origen indio especializada en la prueba de los cien metros planos. Es la primera mujer de su nacionalidad en haber ganado una medalla de oro en los cien metros en una competencia internacional.

En su caso, la polémica comenzó en 2014, cuando la Federación India de Atletismo determinó que debido a su condición de hiperandrogenismo, Chand no podía participar en competencias femeninas de la especialidad. El hiperandrogenismo es una condición médica caracterizada por un nivel elevado de andrógenos (las hormonas sexuales masculinas: testosterona, androsterona y androstenediona), lo cual, en mujeres, puede conducir a ciertos trastornos hormonales.

La acusación de la Federación India de Atletismo fue respaldada por el Comité Olímpico Internacional (COI), que ya en la época contaba entre sus regulaciones con una norma concerniente al hiperandrogenismo femenino y la posibilidad de que esta condición representara una ventaja competitiva para algunas deportistas. Como resultado, a Chand se le prohibió participar en los Juegos de la Mancomunidad de 2014 (mejor conocidos como Commonwealth Games, herencia de la época imperial británica) y los Juegos Asiáticos del mismo año.

De nuevo, la resolución fue recibida con crítica y malestar, pues varios sectores consideraron que los derechos fundamentales y la dignidad humana de Chand estaban siendo vulnerados.

Al año siguiente, Chand apeló dicha decisión ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo, el cual falló a su favor, obligando a la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo a suspender las reglas concernientes al hiperandrogenismo y los niveles naturales elevados de testosterona en mujeres.

El Tribunal de Arbitraje Deportivo tomó esta decisión porque los jueces involucrados en el caso no encontraron evidencia contundente de que los niveles elevados de testosterona en mujeres representan una ventaja en cuanto al desempeño físico durante una competencia.

Esta resolución le ha permitido a Chand continuar con su trayectoria en relativa normalidad.

Maria José Martínez-Patiño

En el cenit de su carrera, la española Maria José Martínez-Patiño era una corredora de cien metros vallas, cuyo récord personal fue de 13.71 y 13.78 en una competencia internacional (tiempo logrado en el Campeonato Mundial de Atletismo celebrado en Helsinki en 1983).

En 1983, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo obligó a la deportista a someterse a una prueba de género, de la cual resultó un “certificado de feminidad”. Entonces, la prueba era casi exclusivamente visual y consistía en que la mujer fuera observada y examinada por “expertos”, quienes verificaban que su cuerpo fuera “normal”.

Un par de años después y derivado de los avances científicos y genéticos de la época, Martínez-Patiño tuvo que afrontar un nuevo examen, esta vez de cromosomas, el cual consistía en una prueba de sangre en la que la presencia del cromosoma XY indicaba que la persona en cuestión era un hombre. La sangre de la atleta mostraba la presencia de dicho cromosoma, por lo cual se le prohibió participar en competencias internacionales avaladas por la IAAF.

El caso de Martínez-Patiño se diagnosticó finalmente como síndrome de insensibilidad a los andrógenos, lo cual implica que si bien el cuerpo que lo ha desarrollado puede presentar una producción excesiva de testosterona, esta no tiene efectos significativos porque no existen los receptores hormonales correspondientes. En otras palabras, aunque Martínez-Patiño contaba con el cromosoma XY, en su cuerpo no ocurría ninguno de los efectos asociados con los niveles elevados de testosterona en sangre.

En buena medida debido a los prejuicios de la época, la carrera de Martínez-Patiño no siguió un buen curso a partir de entonces. Aunque se empeñó en continuar compitiendo y el prestigioso genetista finlandés Albert de la Chapelle la ayudó a construir su defensa, los medios y la opinión pública de la época la estigmatizaron. Su último esfuerzo lo realizó en los Juegos Olímpicos de 1992, celebrados en Barcelona, en los cuales, sin embargo, no pudo clasificar.

Los casos de estas y otras mujeres se enmarcan en los alcances que pueden tener ciertos prejuicios y formas de organización social vinculadas con el patriarcado. Aun cuando no existe evidencia conclusiva sobre los efectos de los niveles elevados de testarrona en sangre en una competencia deportiva, algunas instancias se afanan en imponer reglas que penalizan el hecho, específicamente en mujeres, sin considerar que se trata de una condición propia de algunos cuerpos, que se da naturalmente.

Si se tratara de sancionar cualquier “ventaja” física, ¿no sería coherente prohibir también la altura “excesiva” de ciertos basquetbolistas, la capacidad pulmonar “anormal” de ciertos nadadores o la agilidad mental de algunos futbolistas? O considerando sólo el problema de la testosterona, ¿por qué los niveles naturales excesivos son un problema en mujeres y no en hombres? ¿Por qué el desempeño físico de un atleta hombre que produce naturalmente más testosterona de lo normal no es ni siquiera puesto en duda?

Estas preguntas nos llevan a cuestionar elementos de la realidad que usualmente damos por sentado, algunos incluso con efectos en nuestra propia cotidianidad. ¿O será que sólo las atletas de alto rendimiento pueden sufrir esta discriminación?

https://pijamasurf.com/2021/07/3_atletas_mujeres_discriminadas_por_sus_niveles_elevados_de_testosterona_en_sangre/

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