Entendiendo el pensamiento de Carl Jung en 5 puntos esenciales

Entendiendo el pensamiento de Carl Jung en 5 puntos esenciales

El psicólogo suizo Carl Jung (1875-1961) fue una de las grandes personalidades del siglo XX. En Jung se conjugan la magia y la ciencia para crear un arte psicológico o, apelando a su interés por la alquimia, una alquimia psicológica. Fue justamente debido a su interés por lo esotérico y lo parapsicológico que Jung rompió con Freud, quien en un principio lo veía como su mejor heredero. Además de un brillante explorador de la mente, Jung fue un hombre poderosamente carismático. Reunió a su alrededor a algunas de las mentes más interesantes de su época: Wolfgang Pauli, Hermann Hesse, Mircea Eliade, Henry Corbin y Gershom Scholem son sólo algunos de los intelectuales que figuraron en el círculo de Jung.

Ciertamente el pensamiento de un hombre complejo como Jung no se puede sintetizar y reducir a una lista, pero de manera introductoria, como un esbozo de mapa, presentamos aquí cinco pilares de su pensamiento. Cabe mencionar otras ideas importantes de Jung que no hemos incluido: la noción de extrovertido/introvertido (acuñada por Jung), la sombra, la imaginación activa y el anima y el animus.

  • El inconsciente colectivo​

Si Freud es conocido fundamentalmente por su trabajo sobre el inconsciente, a Jung se le conoce sobre todo por su idea del inconsciente colectivo. Una idea fascinante pero sumamente controversial y generalmente no aceptada por la psicología moderna o por el pensamiento «científico». Jung respondió a dicho rechazo argumentando que la ciencia moderna, centrada en la materia y en el objeto, carecía de la profundidad y la sensibilidad para explorar el verdadero misterio del universo: la psique. Jung distingue de esta manera los diferentes aspectos de la psique:

(1) La conciencia, (2) el inconsciente personal y (3) el inconsciente colectivo. El inconsciente personal consiste en todos aquellos contenidos que se volvieron inconscientes debido a que perdieron intensidad y fueron olvidados o porque la conciencia se retrajo de ellos (represión) y, por otra parte, de los contenidos, como [algunas] impresiones sensoriales, que nunca alcanzaron suficiente intensidad para llegar a la conciencia pero que lograron entrar a la psique. El inconsciente colectivo, sin embargo, como la herencia ancestral de posibilidades de representación, no es individual sino común a todos los hombres, tal vez incluso a los animales, y es la verdadera base de la psique individual.

El inconsciente colectivo es la memoria genética colectiva en la que se acumula toda la vida psíquica. En su ensayo La estructura y la dinámica de la psique, Jung añade: «Teóricamente, debería ser posible ‘pelar’ las cáscaras del inconsciente colectivo una por una hasta llegar a la psicología del gusano e incluso a la de la ameba». El inconsciente colectivo está conformado de dos elementos fundamentales, los cuales están estrechamente entrelazados: los instintos y los arquetipos: «El inconsciente colectivo consiste en la suma de los instintos y sus correlatos, los arquetipos. De la misma manera que todos poseemos instintos, todos también poseemos una reserva de imágenes arquetípicas».

  • Los arquetipos​

Los arquetipos  o «imágenes primordiales» son otros conceptos controversiales de Jung, que sin embargo se han popularizado enormemente, siendo utilizados en las áreas más dispares, de la astrología al cine y la publicidad. Podemos ver un antecedente, no sin importantes diferencias, en las ideas platónicas. Jung define a los arquetipos como representaciones de instintos o motivos psíquicos. Los arquetipos son patrones, conformados por energía mental (deseo, emociones), que se repiten y se manifiestan como símbolos. «Es esencial insistir que no son meros conceptos filosóficos. Son pedazos de la vida misma -imágenes que están integralmente conectadas al individuo a través del puente de las emociones-«, escribe Jung en El hombre y sus símbolos. Son imágenes con fuerza numinosa, que pueden ser usadas para integrar la psique, para producir un estado de unidad.

En la psicología de Jung los arquetipos cumplen la función de una iniciación, un rito de paso en nuestra psique hacia un nuevo estadio que quizá puede permitir la resolución de un antiguo conflicto que impide la manifestación de la totalidad del ser:

Sólo es posible vivir la vida en su máxima expresión cuando estamos en armonía con estos símbolos; la sabiduría es un retorno a ellos. Esto connota que cuando una persona vive en concordia con los arquetipos que yacen dentro de ella puede empezar a vivir una vida más pacífica.

A través de los arquetipos el individuo puede entrar en contacto con la profundidad espiritual del inconsciente y encontrar sentido, algo de lo cual adolece el hombre moderno. Según Jung, el hombre moderno, asolado por el materialismo nihilista, puede definirse como el hombre en busca de un alma.

Un autor más reciente, Joseph Campbell, continuó (y popularizó)  el trabajo de Jung con sus ideas del arquetipo del héroe y otros arquetipos. Para Jung el arquetipo fundamental es Cristo, el rey solar, el hombre completo, un arquetipo del Selbst o sí mismo.

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  •  El Selbst (o arquetipo del sí mismo)​

El objetivo último de la psicología de Jung es la manifestación integral del arquetipo del sí mismo o Selbst. El sí mismo es el resultado de la unión entre el inconsciente y la mente consciente, la oscuridad y la luz, el bien y el mal, lo femenino y lo masculino. El símbolo histórico de esta obra es Cristo. En su concepto del sí mismo Jung incluye tanto las ideas de la alquimia occidental como la noción india del atman (el atman es el alma individual que es igual a Dios o al alma del universo). En sus propias palabras, este arquetipo, «siendo una totalidad debe incluir los aspectos luminosos como los aspectos oscuros, de la misma manera que el sí mismo abarca los aspectos masculinos y femeninos y por lo tanto es simbolizado por el matrimonio del cuaternario». Este cuaternario, que es el eje de la psique e incluso el diagrama de un mandala (cuyo centro es ubicuo y cuya circunferencia es infinita), está compuesto por la integración o reconciliación de cuatro elementos, que pueden dividirse en dos pares de opuestos:

                       Bien

Espiritual         +           Material

                        Mal

(Este mismo esquema pueda hacerse con otros pares, por ejemplo Dios, la Virgen o Esposa, Jesús y el diablo).​

  • La conjunción de los opuestos​

El aspecto culminante del método terapéutico de Jung es la conjunción de los opuestos, lo que en sus primeros textos” llama «la función trascendente». Jung desarrolla esta idea de su interés por la alquimia, que domina gran parte de su obra en sus últimos años. No se puede dejar de mencionar también el concepto de enantiodromia que aparece en Heráclito (aunque no con ese nombre). El filósofo presocrático concibió la guerra o lucha entre opuestos como el origen de todas las cosas y observó que existe una perpetua transformación entre los opuestos. Jung anota en su libro Mysterium Coniunctionis que Silberer tuvo la penetrante observación de llamar a «la coniunctio el procedimiento central de la alquimia». Jung extrapola el proceso de unificar metales, elementos o energías opuestas en el horno alquímico a la psique humana.

Los opuestos toman numerosas formas -que son la energía primordial del universo, el yin y el yang-. Para el ser humano los más importantes son el principio femenino y el principio masculino, que en la alquimia de Jung son representados por el anima (el arquetipo femenino que lleva al hombre hacia el Eros) y el animus (el arquetipo masculino que lleva a la mujer hacia el Logos). Para producir la integración total de la psique, el hombre deber hacerse consciente de su sombra e integrar su aspecto femenino -para lo cual una figura femenina es esencial- y la mujer lo mismo pero en el sentido opuesto. La unión de los opuestos en la psique engendra la «piedra filosofal».

  • La sincronicidad (o las experiencias numinosas)

​Parte esencial para la transformación de la psique, según Jung, es la producción de experiencias numinosas. Esto es, el encuentro con manifestaciones de la propia psique en la realidad, momentos en los que el ser humano descubre que el universo en el que vive está lleno de significado. Una forma de describir este universo pleno de sentido, la cual ideó junto con el físico Wolfgang Pauli, es la noción de sincronicidad. Jung la describe como una «conexión acausal significativa» (la denominación de «acausal» significa que no obedece a leyes materiales conocidas). Le debemos a Jung la popularización de la idea de que al menos ciertas coincidencias no son meras coincidencias: son irrupciones de la psique en el mundo. Además de presentar aquí una teoría para explicar fenómenos parapsicológicos, con este concepto Jung hace una aportación no-dualista a la física y a la filosofía. Según Jung:

La física ha demostrado que en el ámbito de las magnitudes atómicas la realidad objetiva presupone un observador,  y que sólo bajo esta condición es posible un esquema satisfactorio de explicación. Esto significa que un elemento subjetivo se adhiere a la perspectiva del mundo del físico, y también que necesariamente existe una conexión entre la psique y el contínuum del espacio-tiempo objetivo. Estos descubrimientos no sólo ayudan a la física a zafarse de los amarres de su mundo materialista, confirman lo que yo había reconocido intuitivamente, que la materia y la conciencia, lejos de operar independientemente la una de la otra, de hecho, están interconectadas de manera esencial, funcionando como aspectos complementarios de la realidad unificada.

La idea de sincronicidad fue llamada también por Jung y Pauli unus mundi: «no es sólo posible sino incluso altamente probable que la psique y la materia sean sólo dos aspectos de una misma cosa». Tenemos aquí de nuevo un punto de conexión que atraviesa toda la obra de Jung, pues la conjunción de los opuestos, el arquetipo del sí mismo, es justamente esta unidad entre la materia  y la mente.

Por último, nada mejor para familiarizarse con Jung que ver la legendaria entrevista que le hizo la BBC en su casa a un costado del lago Zurich en Suiza. Jung se muestra con esa personalidad magnética, al mismo tiempo severa y jocosa, que cautivó a sus seguidores. Y nos regala invaluables perlas de su entendimiento de la psique, al tiempo que habla sobre su vida y sus relaciones con su padre, su madre y Freud. Se trata del último gran testimonio de una de las grandes mentes del siglo XX. Jung murió dos años después.

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