Entes, Parásitos del Cuerpo Energético escrito por Samuel Sagan 7º parte

Entes, Parásitos del Cuerpo Energético

CAPITULO 7

ENTES, EMBARAZO Y GINECOLOGIA (continuación)

7.1 Entes y la placenta

En latín, placenta significa ‘pastel’. La placenta es un órgano vascular de consistencia esponjosa que rodea y alimenta al feto dentro del útero. Teniendo como responsabilidad la vida del feto, la placento no sólo suministra oxígeno y nutrientes sino también fuerza vital. En términos de cuerpos sutiles esto significa que la placenta no es nada más una estructura física. También tiene una importante capa etérica conectada a ella, a través de la cual, el feto recibe fuerza vital de la madre durante el embarazo.

Después del nacimiento del bebé (o después de un aborto en etapas avanzadas) la placenta sale del útero. Pero, recordemos que la placenta no solamente está compuesta por sustancias físicas, por lo que también las partes no físicas correspondientes deberían de expulsarse. Algunas de las partes etéricas son expelidas desde el principio junto con la placenta física. Otras, permanecen dentro del vientre y son eliminadas de manera natural horas, días o semanas después.

Sin embargo, algunas veces sucede que los pedazos de etérico de la placenta quedan adheridos al interior. Estos pueden permanecer como pedazos de etérico y comportarse como una energía perversa, o atraer un fragmento astral y convertirse en un ente. Cualquiera que sea el caso, esto implica un riesgo potencial a la salud de la madre, especialmente si consideramos que el período postparto es acompañado de un vacío energético. Los fragmentos o energías perversas pueden crear o acentuar una depresión postnatal, o permanecer latentes y silenciosos por años antes de crear una enfermedad física.

Caso 7.1 Mujer de veintidos años, estudiante. Dos años antes, ella sufrió un aborto natural. Esto es lo que ella describió durante la sesión.

–Estaba recostada con los ojos cerrados, relajada, y empezamos con la técnica ISIS. Mi respiración se hizo lenta y profunda.

–La primera sensación que saltó a mi consciencia fue de un sentimiento de tensión en mi plexo solar. La tensión se extendió a toda mi vientre. Mi estómago se empezó a sentir como si se estirara, hasta el punto en que me empezó a doler. Después sentí punzadas en la parte inferior del abdomen y junto a mis ovarios.

–De pronto mi barriga pasó de estar lisa y estirada a completamente inflamada. Pude ver que tan hinchada estaba. El aborto ocurrió en el sexto mes y mi estómago estaba fácilmente del mismo tamaño que entonces. Las punzadas se convirtieron en ondas muy definidas de calambres que se intensificaron hasta que bajaron por mi espina. Fruncí el ceño pero en realidad lo que quería era llorar. Los dolores eran exactamente los mismos que los del parto y al no poder entender el proceso, me empezó a entrar pánico .

–Mi cervix parecía pesada y abierta, y sentí FISICAMENTE algo que empezó a moverse por el canal vaginal. No era una impresión vaga sino una sensación física bastante tangible. Pensé: «¡Oh, Dios Mío, voy a tener otro aborto!». Me enfrasqué en esa intesidad generada por todos los sentimientos encontrados que había tenido la primera vez que sucedió. Era como revivir físicamente toda la labor de parto, pero esta vez, mezclada con el miedo de no saber que era lo que se estaba moviendo fuera de mi cuerpo. Con cada contracción, el bulto avanzaba hacia abajo.

–Recuerdo empezar a sentir un calor muy intenso. Cuando el bulto finalmente salió, pude ‘ver’ lo que por una milésima de segundo parecía ser un órgano– como un hígado. De pronto me dí cuenta de que era una placenta, pero mucho más grande que la que había expulsado físicamente; y estaba muy negra.

–A pesar de que no había abierto mis ojos, pude ver por un momento el bulto entre mis piernas o tal vez justo por encima de ellas. Después no me era muy claro, parecía desvanecerse. Recuerdo lo cansada que me sentía y el gran sentimiento de alivio. Mi barriga se sentía ligera y vacía, un sentimiento que, con diferente intensidad, todavía tengo.

 

Caso 7.2 Mujer de treinta y seis años, vendedora, madre de dos hijos. Había tenido cáncer uterino cinco años antes del nacimiento de su segundo hijo, habiéndose tratado con cirugía y quimioterapia. Dos años después, el cáncer volvió y se le trató de manera similar, con lo que la cliente, por un momento pareció haber sanado. Cuando la volví a ver, dieciocho meses después del segundo episodio, su salud de pronto había comenzado a deteriorarse. Las dosis de codeína que necesitaba para calmar los dolores abdominales aumentó, y ella podía reconocer todos los signos que habían anunciado los dos episodios anteriores de cáncer. En ese momento se encontraba bastante desesperada, sintiendo como su vida se le escapaba de las manos.

¿Qué está sintiendo? –Puedo sentir una especie de bulto negro en el lugar en donde estaba mi útero.

¿De qué tamaño es? –Como de una pulgada.

¿Qué tipo de emociones o sentimientos están asociados con esto? –Es nauseabundo, muy violento. Salvaje. Quiere pasión, sexo, sexo tosco. Le gusta la violencia. Le gusta cuando yo tengo dolor, se alimenta de él. Y le gusta la codeína.

¿Qué le pasa cuando usted toma codeína? –Se fortalece. Me puede controlar mejor. Es salvaje. Esa vibración salvaje comenzó después del nacimiento de mi segundo hijo. Recuerdo que le dije al doctor que sentía que la placenta no había salido por completo. El me revisó y me dijo que todo estaba bien. Pero, de todas formas yo podía sentir que algo se había quedado adentro, y era la misma vibración– pero ahora se ha vuelto más intensa. En los primeros meses antes del nacimiento intentaba no sentirlo, pretendiendo que no estaba allí. Pasé por un tiempo en que me volví algo mojigata, muy diferente a como yo era antes. Si alguien contaba algún chiste sexual, yo me enfurecía. Mi esposo me odiaba.

¿Hay alguna conexión entre este bulto negro y el cáncer? –Eso ES el cáncer. Se siente exactamente como cuando tenía cáncer. [Llorando:] Y ahora quiere volver otra vez. Esta cosa me va a matar.

El alivio que trajo la extracción de este ente acompañado de una serie de sesiones de ISIS, fue espectacular. Después de unos días, la cliente literalmente cambió de color, dejando atrás ese tono verde grisáceo en su piel. Todos sus amigos le decían que se veía radiante. El dolor disminuyó, lo que permitió que la dosis de codeína se redujera de inmediato a la mitad. Con el tiempo paró de tomar medicinas. En cuestión de semanas, ella pasó de estar desahuciada a comenzar una nueva vida. Cinco años después, ella parecía haber sanado por completo.

No quisiera entusiasmar demasiado a los lectores. A no ser por casos excepcionales, no estoy sugiriendo que el extraer entes sea suficiente para deshacerse de enfermedades letales. En primera, no todos los tipos de cáncer y enfermedades son causados por entes. En segunda, el extraer entes a tiempo puede evitar muchas enfermedades, pero, una vez que cierta enfermedad física se ha solidificado, la situación cambia. Si un ente había sido el responsable de una enfermedad, entonces el extraerlo hará que se facilite el proceso de recuperación y, por lo tanto, disminuye las oportunidades de reincidencia. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el cliente no sanará con sólo extraer al ente, ya que los desórdenes físicos tienen, con el paso del tiempo, la tendencia de adquirir cierto impulso propio, y es posible que persistan después de retirar al causante inicial.

El extraer entes debe ser parte de la prevención más que de la cura. Las semanas después de un parto son momentos críticos en los que es necesaria una revisión, especialmente (pero no únicamente) si existen sospechas de que alguna parte de la placenta no física no haya sido expulsada.

7.2 Transferencias astrales durante el embarazo

Consideremos ahora ciertos mecanismos extraordinarios que se relacionan con el embarazo. La Madre, la yogi francesa que por muchos años estuvo a cargo del ashram de Sri Aurobindo en Pondicherry, India, comenta en su Agenda, acerca de las extrañas conexiones entre padres e hijos. 26 Ella observó que durante el embarazo cierto número de tendencias sicológicas reprimidas de la madre tienden a ‘salir’, contaminando al bebé. Todo tipo de instintos viciados y cualidades negativas que la mujer haya podido enterrar en su subconsciente y, por lo tanto olvidado, se liberan y pasan al niño. Madre, quien tenía noventa y un años en ese entonces recordó algo que había leído ‘hace mucho, pero mucho tiempo’, posiblemente algo escrito por el autor francés Renan: «Tened cuidado de los niños de padres buenos y respetables, porque el nacimiento es una expurgación». (Madre se reía al mencionar esto.) El mismo autor francés sugirió que uno también debe observar cuidadosamente a los hijos de ‘gente mala’, porque estos niños muestran inclinaciones diametralmente opuestas a aquellas de sus padres.

Madre se desconcertaba por los horribles berrinches de hijos de ciertos padres ‘muy decentes’, que ocurrían en su ashram. Por esta razón aplicó su inmensa capacidad de visión, al nacimiento. Llegó a la conclusión de que el tener hijos era para muchas personas, una manera de lanzar hacia afuera todo lo que no querían para ellos mismos, como si fuera una purga. Visto desde esta perspectiva, el dicho común que habla de como el embarazo sana muchos de los males de la madre, toma una nueva dimensión.

En términos de cuerpos sutiles, este mecanismo corresponde a la transferencia de ciertas partes del cuerpo astral de la madre hacia el feto. Esta transferencia no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso gradual, como una impregnación progresiva. Lentamente, durante los nueve meses de embarazo, ciertas partes del astral de la madre se van pegando más y más al cuerpo astral del bebé. Mientras el bebé permanezca dentro de la madre, ella no sentirá mucho la diferencia, ya que el cuerpo astral del bebé esta estrechamente ligado al de ella.

En el momento del nacimiento, ocurre un estallido astral, no como el que ocurre en la muerte, sino a menor escala. Algunos fragmentos del cuerpo astral de la madre repentinamente se separan y se van hacia el bebé. Estos fragmentos no se convierten en un ente en el bebé sino en un componente de su propio cuerpo astral.

Otros fragmentos astrales de la madre y del bebé se liberan y crean una situación de ‘lluvia de fragmentos’ similar a lo que ocurre después de la muerte, pero con menor intensidad. De manera natural, la placenta será un blanco para estos fragmentos astrales. Esta es una razón más por la cual debe eliminarse toda la placenta etérica en las semanas posteriores al nacimiento.

Ahora podemos entender por qué, después de la muerte en la tradición Brahamánica de la India, una familia es declarada en estado de sūtaka o impureza. El sūtaka del nacimiento no es tan fuerte como aquel que ocurre en la muerte, pero de cualquier manera es un momento para hacer purificaciones rituales.

La tradición judía también considera a una mujer en estado de impureza después de dar a luz, como lo marca claramente el tercer libro del Antiguo Testamento:

«Cuando una mujer concibe y da a luz a un hijo varón, ella estará ritualmente impura por siete días… En el octavo día, deberá hacerse la circuncisión en el prepucio del niño. Después, por trece días ella continuará en la sangre de la purificación. Ella no deberá tocar nada sagrado y no deberá entrar al santuario hasta que el período de purificación se complete. Pero, si da a luz a una niña, entonces la madre será impura por dos semanas y continuará el estado de impureza en la sangre por sesenta y seis días.» (Levítico xii. 2–5)

Al final del período de impureza, el Levítico dicta un ritual para consumar la purificación. Si éste era realizado por alguien que supiera de entes – y no cabe duda de que muchos rabinos sabían acerca de ellos – el ritual era el equivalente a la revisión que recomiendo para cada madre al mes o dos, después de dar a luz.

Otro efecto del estallido del astral que ocurre durante el nacimiento es la contribución al estado de vacuidad, sino es que de depresión, que las madres experimentan alrededor de ese tiempo. Sería demasiado el decir que la depresión post–parto se debe solamente al estallido del cuerpo astral. Un embarazo es una empresa que cansa y uno no necesita ser clarividente para entender por qué la madre puede sentirse como vacía después del nacimiento. De cualquier manera, el estallido es un factor importante que influencía las reacciones emocionales de la madre, así como las transformaciones sicológicas subsecuentes por las que pudiera pasar.

La principal consecuencia de estas transferencias astrales es que la mayoría de los seres humanos heredamos un número considerable de tendencias al estar en el vientre materno. Nótese que esto no ocurre del todo por simples azares del destino. Al observar los mecanismos por los cuales las almas errantes escogen a sus padres, uno puede comprender que hay generalmente buenas razones acerca del por qué un alma en particular se siente atraída a una madre específica. En los mundos astrales, lo similar atrae a lo similar; ocurre cierto tipo de resonancia entre las disposiciones de ‘el que será el bebé’ y aquellas de ‘la que será su madre’. En otras palabras, el alma se siente atraída a padres cuyos cuerpos astrales tienen cierta semejanza a la suya propia.

Sin embargo, no es extraño que un alma se sienta atraída a una madre por las cualidades que ‘ve’ en ella, y de pronto herede un paquete completo con otras cualidades. Las personas que piensan que todo está predestinado cuando se trata de mecanismos de reencarnación, pasan por alto el hecho de que–la condición actual del cuerpo astral de los seres humanos es un verdadero revoltijo. Recuerde que, en un nivel astral, usted no es una persona, es una multitud. Usted está hecho de una multitud de personajes, cada uno con sus deseos e inclinaciones. Un bebé podría sentirse atraído a usted debido a cierto personaje en particular y después heredar características relacionadas con otros personajes, con las que no necesariamente tendrá una conexión. Una solución real para este problema sólo podría ser el que los padres pasaran por una catársis de sus mentes consciente y subconsciente, antes de procrear a sus hijos. 27

7.3 Los abortos como purgas

Más de una vez, he observado a mujeres que han pasado por purgas síquicas al abortar, aún cuando el aborto hubiese ocurrido muy al principio. Este mecanismo es parecido al que acabo de describir. Partes enteras del cuerpo astral de la madre son transferidas al embrión, y todo se expulsa durante el aborto. He visto cómo esto sucede con ciertas mujeres que portaban energías muy pesadas y oscuras, profundamente enterradas o tan mezcladas con su personalidad que uno no podría entender como se lograría esa liberación. Por energías pesadas y oscuras, no me refiero a entes (los cuales son rara vez difíciles de despejar, siempre y cuando esté disponible un experto) sino a tendencias sicológicas negativas y bastante destructivas–los fragmentos más oscuros del cuerpo astral. Es ahí cuando, de manera inesperada, la mujer se embaraza, aborta a las pocas semanas y las energías oscuras desaparecen milagrosamente. Cada vez que veo esto, no puedo sino maravillarme de que tan inteligente es la naturaleza al tendernos una mano en las situaciones de mayor bloqueo.

Por supuesto que cualquier mujer que ha pasado por la experiencia de un aborto se beneficiaría en gran medida al explicársele este proceso. Esto facilitaría la manera en que ella afronte sicológicamente el evento. Más aún, una percepción consciente del proceso de purga permite que la mujer lo pueda intensificar. Ella puede a voluntad, deshacerse de varios asuntos internos en las semanas posteriores al aborto. Y si la suspensión del embarazo tuviera que hacerse de manera quirúrgica, ella se podría preparar y aprovechar al máximo esta difícil experiencia. Ella podría proyectar toda la negatividad posible en el feto antes, durante y justo después del legrado o intervención.

Ahora, supongamos que usted es una mujer y que vive en una sociedad en donde es posible que tenga de entre quince a veinte hijos (como por ejemplo en algunas comunidades católicas canadienses del siglo diecinueve y principios del veinte). Es muy posible que también tenga algunos abortos, algunos de los cuales hasta pasarán desapercibidos porque ocurren de repente, produciendo sólo un buen flujo premenstrual. Es decir, un embarazo que empieza y termina después de sólo unos días y que usted ni siquiera notó. Pensará que ha tenido un período menstrual tardío, o quizáas uno más intenso de lo normal–pero en realidad no sólo ha tenido un aborto, sino que ha desechado de un fragmento completo de astral.

El hecho de que más y más mujeres usen anticonceptivos, suprime el resultado de purga natural que resulta de tener muchos hijos y abortos. Permítaseme aclarar: no estoy sugiriendo que el uso de anticonceptivos sea malo, o que las mujeres deberían de tener veinte hijos. El tener hijos no es la manera más elegante de purgarse a uno mismo. De cualquier forma, es una manera poderosa de hacerlo, y si uno la suprime con los anticonceptivos, uno debe encontrar maneras de sustituirla, abriendo la posibilidad a otras opciones que permitan liberar fragmentos de astral.

En la sección de cataplasmas en el Capítulo 15, se describe una técnica de purificación herbal llamada ‘bolo vaginal’. Aún cuando el bolo vaginal no tiene ni una fracción del efecto purificador de un embarazo o aborto, ofrece un efecto de purga interesante. Sin embargo, con bolo o sin bolo, todavía queda la necesidad de encontrar un nuevo proceso de purificación.

Si bien para las mujeres el deshacerse de su lado astral oscuro a través de un aborto, es un método eficaz y positivo, no se da la misma situación en el caso de los doctores que conservan embriones muertos en botellas a sólo tres habitaciones de su sala de operaciones. Desde el punto de vista de los cuerpos sutiles y de la energía, la cirugía moderna tiende a multiplicar algunos errores fatales. Los embriones y las placentas nunca deberían guardarse en un hospital, o en la cercanía de pacientes vulnerables, debido a los obvios riesgos de que los fragmentos astrales se diseminen. Una mejor alternativa para deshacerse de los restos es el enterrarlos en donde la energía es apropriada. 28 Las personas ignoran el gran daño que pueden hacerse a ellos mismos y a otros al manipular lo que consideran como meros restos de carne y huesos, pero que en realidad, algunas veces tienen energías extremadamente nocivas.

7.4 El cuidado de la madre después del parto

El sentimiento de vacío que ocurre posterior al parto hace que la mujer sea más vulnerable de lo normal y que esté en mayor peligro de atrapar una energía perversa o un ente. Por otra parte, el estallido astral del nacimiento y las posibles complicaciones relacionadas a la placenta etérica, aumentan el riesgo de ser parasitada por un ente. Como resultado, la nueva madre debería protegerse tanto como sea posible. Debería permitírsele descansar y permanecer adentro, tanto dentro de una habitación como dentro de ella misma. El frío y las corrientes de aire deben evitarse al máximo. Si la mujer lo desea, puede ser beneficioso el darse un masaje con un aceite protector.

Mientras más pronto la mujer recargue sus baterías, más segura estará. En esta fase postnatal, lo que más necesita es calidez, tanto física como emocional. Una técnica china que encuentro bastante efectiva consiste en el uso de moxas en el área de los puntos de acupuntura 5 de Ren Mai (llamado el ‘palacio de la piedra sonora de jade’) y 6 de Ren Mai (el ‘mar del soplo’) ubicados aproximadamente una pulgada debajo del ombligo.

Las moxas son una especie de cigarros rellenos de la hierba llamada Artemisia vulgaris. Se usan en la acupuntura para calentar los puntos de manera suave, en lugar de utilizar las agujas. No es necesario ser acupunturista para implementar esta simple técnica ya que las moxa calientan el área por completo y por lo tanto, no es necesario saber la ubicación precisa de los puntos.

Usted puede obtener las moxa de una tienda de productos orientales que venda hierbas. Enciéndala con una vela en lugar de con un cerillo ya que toma cierto tiempo para prender un cigarro de tal tamaño. Después úselo para calentar el área ubicada una pulgada por debajo del ombligo. Mantenga la orilla que está encendida alrededor de una pulgada lejos de la piel.

Las moxa están hechos de hierbas comprimidas envueltas en papel delgado. Es necesario desplazar un poco el papel permitiendo que el comprimido de hierbas quede a un milímetro y se pueda quemar libremente. Si no hace esto, la moxa no se quemará apropiadamente. Por otra lado, si quita demasiado papel, la moxa prenderá más de lo debido.

La distancia a la que debe acercarse la moxa a la piel dependerá de lo que diga la madre. La sensación debe ser placentera y cálida. Si la madre no siente el suficiente calor, será necesario mover la punta que arde más cerca de la piel. Si se convierte en algo desagradable, será necesario alejarlo un poco. No hay ningún beneficio en quemar la piel. Y recuerde arrojar la ceniza de la punta de vez en cuando para evitar que se caiga y queme la piel.

Continúe por cinco o diez minutos. Repita dos o tres veces por semana durante el primer mes posterior al parto, y después una o dos veces por semana durante los dos siguientes meses. Si el clima es caliente, repita sólo una o dos veces por semana, por dos o tres semanas posteriores al parto y después suspenda el tratamiento. Las moxa generan mucho calor corporal, y uno deberá tener cuidado de no aplicarlos durante un verano cálido: el exceso de calor puede ser contraproducente para el sistema.

Debido a su grosor, las moxa no pueden ser apagados como un colilla de cigarro. Para apagarlos, es necesario enterrar la punta en un cenicero con arena o, en la tierra de una maceta. Usualmente, esta simple técnica es bastante efectiva cuando se trata de restaurar la energía de la madre y corregir problemas pequeños como la transpiración excesiva que ocurre después del parto.

Una pequeña disgresión acerca del uso de las moxas: Si la madre no puede darle el pecho al bebé porque no tiene leche, use la moxa para calentar la parte media del esternón (17 de Ren Mai). Nunca he visto que esto falle.

Existe una extraordinaria técnica para que la madre recobre la energía en su vientre, la cual me enseñó un maestro taoista de Vietnam llamado Tam Long:

Espere una semana después del parto. Luego obtenga media docena de piedras, cada una del tamaño aproximado de un puño. Caliente las piedras en un horno a 240 grados centígrados por cuarenta y cinco minutos. Después envuélvalas en una cobija y colóquelas en la barriga de la madre. Envuelva a la madre en varias cobijas y permítale disfrutar de cálido sentimiento por tres cuartos de hora (hasta que las piedras se pongan tibias o se enfríen). La madre no debe sentir que se quema. Si las rocas estuvieran muy calientes, será necesario que las envuelva en más de una cobija para que la temperatura sea confortable.

Por favor note que las rocas no deben reemplazarse por agua caliente. En cuestión de elementos, es el ‘calor–tierra’ el que debe ser evocado, no el ‘calor–agua’.

Las camas orientales no son tan sofisticadas como las nuestras. Por lo general están hechas de un borde simple de madera con hilos entrelazados. Si estuviera disponible una cama como ésta, será posible implementar la técnica completa colocando carbón caliente y cenizas debajo de la misma, para que el calor pueda llegar a la espalda de la madre mientras el abdomen es calentado por las piedras. El efecto es particularmente placentero y cálido, recargando la energía en el área del riñón y de la barriga.29

Repita este ejercicio dos semanas después y una vez más dos semanas después de eso. De acuerdo a los taoístas, cuyas ciencias para alargar la vida son estupendas, esta técnica es excelente para recargar la energía de la madre y prevenir desordenes y enfermedades ocasionadas por el sentimiento de vacío. También se dice que esto ayuda a que los músculos abdominales y la piel recobren su firmeza y se limite la formación de rollos flácidos de grasa.

La misma técnica puede ser de beneficio para recargar las energías después de un aborto. Para los abortos no es necesario esperar una semana. Primero, implemente la técnica el mismo día o el día después de la intervención quirúrgica. Después, repítala una o dos veces en las semanas siguientes. Los taoistas advierten a la madre a que, por dos o tres meses después de dar a luz, eviten comer ostras, caracoles o cualquier tipo de mariscos. Los pepinos y la sandía también deberán evitarse durante el mismo período. La lógica detrás de esto es muy simple: la madre se encuentra en la urgente necesidad de calor y por lo tanto los alimentos fríos y acuosos se consideran contraproducentes.

Al estar discutiendo técnicas chinas, puede ser de interés el mencionar el punto Zhu Bin (9 de Riñón). En la acupuntura, este punto se usa sistemáticamente durante el embarazo para corregir defectos hereditarios. En otras palabras, para evitar que algunas de las características negativas de la madre sean comunicadas al hijo. Si bien esto pudiera o no aplicarse a las transferencias astrales, tiene sentido el recurrir a los puntos Zu Shao Yin (el canal o ‘meridiano del ‘Riñón’) para preservar la integridad del bebé durante el embarazo.

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