Caos, combates y matanzas en Costa de Marfil

«Al menos 800 personas» murieron el pasado 29 de marzo en una misma ciudad, en Duekué (situada al oeste de Costa de Marfil, según ha denunciado el Comité Internacional de la Cruz Roja. Según el organismo, citando informaciones recogidas en la zona, informa de que las muertes se produjeron como consecuencia de ataques violentos entre comunidades. «No hay duda que en esa ciudad ha pasado algo de una gran amplitud de la que aún estamos recogiendo información», ha asegurado la organización, que también afirma que varios de sus delegados «han visto un gran número de cuerpos». «Este acontecimiento es particularmente grave por su embergadura y brutalidad», ha dicho alarmado el jefe de la delegación de la Cruz Roja en el país en un comunicado.

 

Por su parte el portavoz del Gobierno del presidente electo Ouattara, Patrick Achi, ha admitido esta madrugada en declaraciones a la Televisión de Costa de Marfil (TCI) la existencia de fallos en la protección a los individuos y sus bienes y en el mantenimiento del orden público, que se ha comprometido en restablecer rápidamente. Achi acusa a los milicianos que apoyan a Gbagbo, que se aferra al poder, de ser los principales responsables de los saqueos masivos y robos registrados a lo largo de la jornada en varios barrios de Abiyán. Según el portavoz, los mismos milicianos han sacado a la calle y armado a los prisioneros de la cárcel de Abiyán, incluidos delincuentes peligrosos, que se han unido a los actos de vandalismo.

El objetivo de las Fuerzas Republicanas ahora, resaltó Achi, es reducir los últimos focos de resistencia de las fuerzas rivales: el cuartel de la Gendarmería de Agban y el barrio de Le Plateau, en el que se encuentra el Palacio Presidencial, actual refugio de Gbagbo.

Abiyán, la ciudad clave

La batalla de Abiyán, el último capítulo del enfrentamiento entre el presidente electo de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, y su rival, el expresidente Laurent Gbagbo, que se aferra al poder a pesar de haber perdido las elecciones en noviembre, se decidía ayer en determinados barrios de la ciudad africana. Los combates se centraban en los alrededores de la sede de la televisión estatal de Costa de Marfil (RTL) y en las calles que rodean el palacio presidencial y la residencia particular de Gbagbo, los últimos bastiones de los seguidores del expresidente. Este, cada vez más acorralado, cada vez más abandonado por el Ejército y la policía, renunciaba a entregarse. Durante toda la tarde de ayer circularon mil rumores sobre su paradero. Algunos lo situaban ya fuera de Costa de Marfil. Sin embargo, a las siete de la tarde, un portavoz de su Gobierno aseguró a la agencia France Presse que se encontraba «en su residencia de Abiyán, rodeado de toda su familia». Antiguos colaboradores de Gbagbo que desfilaban por las televisiones francesas reconocieron que el expresidente de Costa de Marfil era capaz de suicidarse antes de entregarse y entregar lo que le quedaba de poder.

Esta batalla, que decidirá el futuro del país, estalló el jueves, cuando las tropas leales a Outtara, provenientes del norte, tras hacerse casi sin lucha con la capital administrativa del país, Yamusukro, alcanzaron Abiyán, la capital económica.

«Estoy aterrada. En mi jardín se oyen disparos», manifestaba a la cadena francesa i-Télé Catherine, de nacionalidad francesa, que vive en Abiyán desde hace 40 años. La ciudad, según varios testimonios, se vació. Y comenzaron los primeros actos de pillaje. El Ministerio francés de Asuntos Exteriores, consciente del peligro que corrían muchos de los 12.000 franceses que viven en Costa de Marfil, les pidió que no salieran de casa y que se abstuvieran de viajar por carretera. Air France informó de que suspendía los vuelos con Abiyán. Y casi dos centenares de soldados franceses destacados en la ciudad de Costa de Marfil se desplegaron, subidos en blindados, con el objeto de patrullar los barrios habitados por los occidentales y evitar los saqueos.

Mientras, se sucedían los llamamientos para que el expresidente de Costa de Marfil abandonara su último reducto y se marchara del país. Lo hizo el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon; y lo hizo después el Elíseo, consciente de su papel de exmetrópoli, por medio de un comunicado, después de que Nicolas Sarkozy se reuniera con su primer ministro y los ministros de Defensa y de Asuntos Exteriores para seguir de cerca lo que pasaba en Abiyán. Una petición a la que se sumó también el Gobierno de Estados Unidos, que esta madrugada pedía en a la ONU y a Francia que hagan todo lo posible en Costa de Marfil para proteger a la población civil del país africano e impidan posibles saqueos. «Estamos muy preocupados por la violencia que se produce y pedimos contención a todas las partes», dijo el portavoz en funciones del Departamento de Estado, Mark Toner. «Ya es el momento de dimitir y prevenir más derramamiento de sangre», enfatizó, refiriéndose a Gbagbo, de quien dijo no tener claro en donde se encuentra.

Cerca de 700 extranjeros abandonaron sus casas y se refugiaron en la base militar francesa de Port-Bouët, cerca del aeropuerto de la ciudad, como medida de precaución. Además de las tropas francesas, los cascos azules se desplegaron por la ciudad, también para hacer frente al pillaje. Abiyán, por lo menos ayer, se sumía en el caos: varias organizaciones humanitarias alertaban de la situación que se respiraba en la ciudad. Y expertos en países de la zona, citando testimonios de personas que residían en la ciudad, aseguraban que había numerosos civiles que habían sido abatidos por francotiradores de Gbagbo en los barrios de Treichville y Pot-Bouët.

La resistencia de Gbagbo a dejar el poder desde que perdió las elecciones en noviembre ha causado ya medio millar de muertos y un millón de desplazados. La ONU también ha denunciado el trato a civiles por parte de los seguidores de su rival Outtara, que el jueves dio un ultimátum al expresidente para que deje de una vez el cargo y así evitar «un baño de sangre» en Abiyán.

fuente https://selenitaconsciente.com

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