«Cómo Reforzar el Sistema Inmunológico».

Te mostramos cómo reforzar el sistema inmunitario, claves para mantenerlo fuerte de una manera responsable y activa y algunos datos interesantes sobre el sistema inmunológico.

Los complejísimos procesos biológicos que lleva a cabo nuestro cuerpo para mantenernos con salud son tan desconocidos y fascinantes como la propia vida. Al igual que la Física sufrió un fuerte revés a principios de siglo XX gracias a Einstein, Schrödinger y otras mentes brillantes que cambiaron el paradigma establecido hasta el momento, también los avances médicos han dado lugar a grandes controversias que poco a poco van cambiando la concepción que tenemos sobre nuestro sistema inmunológico. Parece que últimamente la línea que separa lo que entendemos como bueno-malo, propio-extraño o incluso salud-enfermedad no está muy clara para los científicos.

Qué es el sistema inmunológico

Aunque últimamente se está poniendo en entredicho la forma en que trabaja nuestro sistema inmunológico, sí se tiene claro que su misión es mantenernos vivos y saludables, y que para ello entran en juego:

    • Órganos

      Algunos órganos como el timo, el bazo o el hígado están directamente relacionados con el sistema inmunológico ya que son estaciones donde se producen o maduran las células “defensoras”.

    • Células

      Algunas células sanguíneas como los linfocitos, monocitos, macrófagos, etc. son las encargadas de neutralizar los daños de origen microbiano, psicológico, nutricional, tóxicos, etc

    • Sistema linfático

      El sistema linfático depura las toxinas, grandes moléculas y agentes desequilibrantes acumulados en el organismo a través de sus grandes depuradoras que son los ganglios linfáticos.

Reforzar el sistema inmunológico

La mejor manera de reforzar el sistema inmunológico es proporcionar a nuestro cuerpo sus necesidades más elementales. Quizá los puntos que siguen a continuación te parezcan demasiado facilones y poco relacionados directamente con el sistema inmunitario, pero nada más alejado de la realidad. A las empresas farmacéuticas y laboratorios les viene bien relacionar fármacos y productos con las defensas, pero la pura realidad es que lo que el cuerpo necesita, como siempre, es lo más básico y elemental. Cuando le proporcionamos las herramientas básicas necesarias, él solo se encarga de re-equilibrarse:

    • Nutrientes

      Comer con abundancia vegetales ricos en antioxidantes, cereales integrales y legumbres. Comer con moderación frutas, frutos secos (almendras, nueces, pistachos), semillas (lino y sésamo) y algas. Comer con más moderación aún proteínas de origen animal (carne, pescado) Evitar lo más posible el trigo, la leche, azúcares simples, sal, grasas trans, aditivos, alimentos procesados y transgénicos.

      Consulta nuestros reportajes: qué nutrientes necesita nuestro cuerpo, cómo comer bien, cómo desintoxicar el organismo y ejemplo de menú semanal saludable.

    • Ejercicio

      Hacer un ejercicio moderado como un paseo diario de media hora a buen ritmo, sin forzar el corazón excesivamente. Evitar el ejercicio extenuante y prolongado que causa estrés oxidativo. Consulta cómo hacer ejercicio para la salud.

    • Descanso

      Acostarse pronto, a oscuras, en silencio y después de hacer la digestión nos ayudará a disfrutar de un sueño reparador fabricando mucha melatonina. Consulta cómo dormir bien y remedios naturales para el insomnio.

    • Serenidad emocional

      Los factores psicológicos también influyen en nuestro sistema inmunitario, por lo que hay que procurar disfrutar de una vida satisfactoria, relajada, llena de amor y libre de culpa… sí, decirlo es fácil, pero hay que intentarlo.

Sistema inmunológico y plantas medicinales

Desde el principio de los tiempos, los seres humanos han utilizado el botiquín natural para recuperar la salud, pero de entre todas las plantas que nos ofrece la naturaleza, hay varias de ellas que la fitoterapia emplea con mayor frecuencia para reforzar el sistema inmunológico. No sólo porque “ataquen” virus y bacterias ni porque refuercen la acción de nuestras células “defensoras” sino, sobre todo porque, siguiendo la estela de este punto de vista más flexible que antes contemplábamos, tienen la capacidad de “equilibrar” la bioquímica de nuestro organismo. Recuerda que, además de estas plantas, el propóleo es uno de los elementos naturales más potentes para reforzar el sistema inmunitario.

  • Hojas de grosellero negro
  • Tomillo
  • Hidrastis

Consulta nuestros reportajes: preparaciones caseras con plantas medicinales y 15 plantas medicinales imprescindibles.

Lo que siempre se ha creído sobre el sistema inmunológico

La medicina moderna también se va deshaciendo, poco a poco, de esa visión simplificada de la realidad y cada vez son más las voces químicas y científicas que abogan por una visión sobre la salud y la enfermedad menos rígida y simplificada. Pero este cambio se está produciendo lentamente.

Hasta ahora, el sistema inmunológico se venía observando como un sistema dual de bueno/malo, propio/ajeno, salud/enfermedad en la que los anticuerpos (nuestras células defensoras) se encargaban de aniquilar a los antígenos (elementos malignos y ajenos a nuestro organismo). Cada vez más expertos opinan que estos términos como “defensa” “ataque”, “buenos” y “malos”, además de ser algo agresivos, también resultan simplistas y dejan muchos interrogantes en el aire, como por ejemplo:

    • ¿Por qué algunos elementos considerados como muy tóxicos cuando provienen del exterior del organismo, son fabricados también por nuestro propio cuerpo y considerados como beneficiosos cuando somos nosotros quienes lo fabricamos?
    • ¿Por qué el sistema inmunológico ataca, en el caso de las enfermedades autoinmunes, a nuestro propio organismo?
    • ¿Por qué este sistema no reconoce las células cancerosas, si está preparado para detectar los agentes extraños?

Las nuevas creencias sobre el sistema inmunológico

En la actualidad son cada vez más los médicos y científicos como el Dr. Heinrich Kremer o el Dr. Alfred Hässig entre muchos otros, cuyas investigaciones revelan un punto de vista más “colaborador” entre los distintos factores que intervienen en la salud (y la vida). Según este nuevo punto de vista, ninguna sustancia o factor es en sí bueno o malo, sino que depende de la función que ejerza dentro de nuestro equilibrio bioquímico.

Según numerosos médicos, sobre todo los de corriente naturista, la enfermedad no debe ser tratada como un gran enemigo al que hay que combatir a toda costa y que ha aparecido como consecuencia de la acción de microorganismos, mala suerte o el azar. La enfermedad también puede ser entendida como un intento desesperado de nuestro organismo por mantenerse vivo. En este caso, las reacciones anómalas de nuestro sistema inmunológico como las enfermedades autoinmunes, se llevarían a cabo para recuperar ese equilibrio que se ha visto descompensado por la razón que sea (hábitos perjudiciales, mala nutrición, acumulación de toxinas, falta de descanso, factores psicológicos, etc).

Según este punto de vista, la enfermedad sería un toque de alarma de nuestro organismo para obligarnos a determinar las causas que están provocando el desequilibrio. Hipócrates decía: “Es más importante saber qué tipo de persona tiene una enfermedad, que saber qué tipo de enfermedad tiene una persona”. Si, por una parte, desoímos esta alarma y seguimos manteniendo los hábitos que nos han conducido al desequilibrio sin tratar la causa y por otro lado, combatimos la reacción natural del sistema inmunológico, cada vez forzamos más el desequilibrio interno.

Esto no quiere decir, de ninguna manera, que lo mejor sea dejar que la enfermedad se desarrolle sin hacer nada. La enfermedad, la salud y la vida son asuntos complejos en los que ni siquiera las personas más expertas se ponen de acuerdo. Pero esta visión parece algo más esperanzadora, ya que en lugar de señalar con el dedo a la mala suerte, a la herencia genética o a un organismo defectuoso, nos permite cierto margen de maniobra y responsabilidad. Es decir, nos ofrece la oportunidad de pensar que nuestro organismo está siempre de nuestra parte y que nosotros podemos ponernos mano a la obra a la hora de cambiar hábitos, identificar las causas y proporcionarle la ayuda que necesita para restablecerse.

Sistema inmunológico y el factor psicológico

Cuando tenemos determinado tipo de pensamientos (positivos y negativos) nuestro organismo libera, a través de los distintos órganos y glándulas, sustancias que interactúan entre sí y que entran en juego dentro del equilibrio bioquímico. Es decir, tener pensamientos negativos nos hace enfermar o dicho de otro modo, cuantos más pensamientos negativos tenemos, más papeletas tenemos para ponernos enfermos. Por ejemplo, el estrés libera hormonas de las glándulas suprarrenales como los corticosteroides o las catecolaminas que inhiben la acción de los anticuerpos (nuestras supuestas células defensoras). En cambio, cuando estamos tranquilos, serenos, felices y descansamos bien, las funciones inmunológicas se refuerzan. Por ejemplo, cuando tenemos un sueño profundo y reparador, segregamos gran cantidad de melatonina, una de las sustancias más milagrosas que somos capaces de fabricar y que interviene en multitud de procesos bioquímicos reforzando la respuesta inmune.

Sistema inmunológico y factor nutricional

Como venimos insistiendo con frecuencia en nuestra página, ni hay alimentos milagrosos ni diabólicos. Todo depende del equilibrio de nutrientes que nuestro organismo necesita. Ni las proteínas ni los glúcidos ni las grasas son malas o buenas, todos ellos tienen misiones específicas que contribuyen a nuestra salud, sobre todo si los alimentos que ingerimos provienen de fuentes biológicas, cuya cantidad y porcentaje de elementos ya se ha encargado la naturaleza de equilibrar.

Una dieta responsable, así como unos hábitos de vida saludables, son imprescindibles para fortalecer nuestro sistema inmunológico.

Si entendemos que nuestro sistema inmunológico es, en realidad, un regulador del equilibrio bioquímico, entonces es evidente que la mejor forma de colaborar con él es proporcionándole un equilibrio de sustancias, es decir, de nutrientes. Y no hay mejor manera de comer bien que estar informado primero sobre lo que el cuerpo necesita (visita nuestra sección nutrientes), en lugar de ir al supermercado y echar mano de lo primero que encontramos en la estantería, creyendo a ciegas todo lo que dice la publicidad. Aprende a comprar ecológico y a distinguir los productos de calidad.

Un poco de ciencia

Hasta el siglo XX, la ciencia ha venido arrastrando una visión determinista (y seguramente algo soberbia), a través de la cual el ser humano estaba cada vez más convencido de ser capaz de desentrañar los misterios de la naturaleza y dar explicación a la realidad, comprendiéndola, anticipándola o incluso alterándola.

Hasta que llegó la revolución cuántica y con ella científicos de todo el mundo quedaron atónitos al descubrir que cuanto más de cerca se mira la realidad, más imposible resulta comprenderla y que cuando los cuerpos se miran en su nivel más elemental (el mundo atómico) nada es lo que parece. La Mecánica Cuántica ha traído consigo grandes avances científicos y tecnológicos, pero también una cierta dosis de humildad al demostrarse que el ser humano no es tan capaz de comprender la esencia de la realidad y que desde luego ésta dista mucho de ser determinista.


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Un comentario en “«Cómo Reforzar el Sistema Inmunológico».

  1. Es una cuestión de sentido común.

    Si lo que haces ( tu modo de vida ) te ha llevado a la enfermedad. O cambias lo que haces o volverás a ella.

    Si algo no te sienta bien y percibes que te perjudica notoriamente. Evítalo.

    Y al revés. Si algo te sienta bien y percibes beneficio. Continua con ello.

    El sistema inmune no es algo ajeno a nosotros, por lo que no puede tratarse de modo aislado. Es una parte del sistema. Cuando se aprecia un funcionamiento anómalo, es que el sistema tiene problemas no sólo ni específicamente la parte.

    La enfermedad es un síntoma de desequilibrio. O se ajusta el sistema o acaba colapsando.

    Dejando fuera de esta consideración las enfermedades víricas y los procesos infecciosos cuyo origen son patógenos externos.

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