Aida. Carta para la niña que hay en ti

ARBOL

– Carta a la niña que hay en mí:

Hola, soy tú, pero con alguna arruga más, con algunos años más y con muchísimas cosas aprendidas y por aprender. Cada día pienso en ti e intento recuperar tu dulzura y tu ingenuidad.

La vida me ha hecho pasar por circunstancias complicadas, como la muerte de un ser querido, la enfermedad de un familiar o de un amigo, la ruptura con varias parejas, la pérdida de un trabajo… Pero nunca te olvidé.

También he vivido circunstancias muy felices, he conocido a gente maravillosa y he estado en lugares increíbles, he amado, he besado, he abrazado, he reído y, sobre todo, he aprendido cosas que no quería saber y cosas que sí quería conocer.

Lo que he aprendido:

A veces aprender ha sido doloroso, porque la vida me ha enseñado cosas que cuando era niña no sabía y ahora preferiría no saber, como que hay personas a las que quiero mucho y que pueden enfermar, que hay personas a las que amé con todo mi corazón y que por diferentes circunstancias han desaparecido de mi vida, y que hay veces en las que no he sido capaz de expresar mis sentimientos como tú lo hacías.

Sin embargo sé que sigues existiendo en algún lugar de mi corazón cuando conduzco y canto muy alto mi canción preferida, cuando bailo sola en casa, cuando me río a carcajadas con un amigo o cuando hago alguna de mis locuras. Aunque a veces, me cuesta sentirte cerca…

Voy a necesitar que de vez en cuando me recuerdes que en este mundo hay gente maravillosa, que es capaz de amar y de transmitir amor, que soy capaz de sentir ilusión de nuevo aunque a veces piense que la he perdido y que la vida es mucho más sencilla de lo que parece.

Lo que me gustaría:

Me gustaría levantarme un día y decir que no voy al cole porque estoy malita, y quedarme en casa dibujando animales imaginarios capaces de volar sin alas o de atravesar océanos de tiza. Me gustaría poder decir siempre lo que pienso, con tanta inocencia que nadie se ofenda.

Me encantaría poder llorar en cualquier lugar si así lo siento y no tener que retener mis lágrimas. Y, sobre todas las cosas, quiero recuperar la inocencia de tu mirada, esa mirada que me hacía pensar que el mundo es un lugar amable.

No sé cuál fue el momento en que nos separamos, pero fue una separación complicada, e incluso puede que llegara a olvidarte, pero la mirada de una niña en un parque un día de primavera, me recordó las tardes de juegos con mis amigos, la aventura de dormir una noche en casa de una amiga, la curiosidad ante mi primer viaje en avión, mis comentarios indiscretos en cualquier lugar con una sonrisa inocente y curiosa.

Lo que necesito que me recuerdes:

Necesito que cada día me susurres al oído lo que ya sé pero que a veces olvido sin querer, necesito que me invadas y me obligues a dejarme llevar, a no tener miedo de nada, a sentir y a vivir como una niña. Recuérdame:

  • Que soy capaz de soñar:

Los sueños están para hacerlos realidad, no para apartarlos y dejarlos que se pierdan en el olvido. No dejes que me olvide de eso jamás, alimenta mis sueños, empujame a soñar cada día, haz que mis ideas construyan sueños y que estos se transformen en algo que pueda oler, tocar y sentir.

  • Que soy capaz de ilusionarme:

A lo largo de mi vida, cada día me he alejado más de tu inocencia, porque las circunstancias que me ha tocado vivir, a veces, he perdido la ilusión y la mirada transparente de cuando era niña, por lo que necesito que me recuerdes que soy capaz de sentir emoción e ilusión por las cosas que me apasionan y por las personas que me hacen sentir bien.

  • Que soy capaz de demostrar mis sentimientos:

Tú llorabas sin importarte dónde estabas o reías sin pensar dónde o con quién, abrazabas besabas y de pronto un día yo no pude hacerlo, quizás como una forma de defenderme, quizás como una forma de no mostrar mi vulnerabilidad. Recuérdame que no pasa nada si lloro, si río, si abrazo o si beso, sin razón porque así lo siento.

  • Que debo regalar sonrisas:

El mundo a veces es un lugar poco acogedor, pero si sonrío sé que lo veré con otros ojos, con tus ojos, y que podré apreciar cada nube que se mueve en el cielo, cada hoja que cae de los árboles, cada rayo de sol que ilumine mi mirada, que es la tuya.

ARBOL

 La mente es maravillosa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *