La condescendencia o la cara oculta del narcisismo

La condescendencia engloba a esos cuidados que una persona proporciona a otra desde una actitud de superioridad. Es la cuna de la falsa amabilidad y la causa de que muchas relaciones en el fondo no sean satisfactorias.
La condescendencia o la cara oculta del narcisismo

La condescendencia es una actitud no solo aceptada socialmente, sino también muy bienvenida en algunas circunstancias por su capacidad para evitar conflictos. A casi todo el mundo le gusta que los otros sean amables, incluso cuando esa amabilidad es fingida. ¿Cuál es el problema entonces? Problema como tal no hay, pero sí una pérdida de valor en la comunicación.

La condescendencia hace que las relaciones con los demás mantengan cierta armonía, pero el precio que se paga por esto es una artificialidad que difícilmente nos va a hacer sentir bien. Además, esta actitud también podría ser una expresión de narcisismo.

La condescendencia es más una conducta condicionada socialmente que una virtud. Se confunde fácilmente con la amabilidad genuina, la cortesía o la tolerancia. ¿En qué estriba la diferencia? En la sinceridad, en el amplio sentido de esta palabra. Se puede ser franco, sin renunciar a la amabilidad, la tolerancia o, incluso, la cortesía. En cambio, la condescendencia siempre deja un poso amargo.

Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia”.

-Tzvetan Todorov-

Hombre diciendo a su compañera de trabajo cómo tiene que trabajar
A veces el precio de la condescendencia es la artificialidad en las relaciones.

¿Qué es la condescendencia?

La Real Academia Española (RAE) define la palabra condescender de la siguiente manera:

  • Acomodarse por bondad o conveniencia al gusto y voluntad de alguien.
  • Aceptar o tolerar con suficiencia o desdén’.

La condescendencia por bondad vendría a ser una expresión de empatía. Se refiere a acciones puntuales en circunstancias específicas. Por ejemplo, a una persona mayor se le resbala su paraguas; alguien que pasa a su lado, se agacha y lo recoge del suelo, para devolvérselo, aunque esto signifique llegar medio minuto más tarde a su cita. También tiene lugar cuando alguien actúa de manera desproporcionada siguiendo los dictados del enfado. A veces no se le recrimina dicha actitud porque la víctima comprende que el otro está pasando por un mal momento.

La otra acepción de condescendencia carece de esa empatía, pero finge tenerla. Ocurre cuando de forma deliberada se minimiza, infantiliza o rebaja al otro y a partir de esa depreciación, se es aparentemente amable o considerado con esa persona. En ese caso, la condescendencia es una expresión de superioridad, aunque esta última esté maquillada de buenas maneras.

La condescendencia y el narcisismo

La condescendencia está presente en muchas conductas cotidianas, pero a menudo pasa desapercibida porque al observador pueden parecerle gestos de cortesía. Los autores de esas actitudes sienten que están haciendo un favor; los receptores tienen la sensación de que, en efecto, hicieron algo por ellos, pero que les dejó un sabor de incomodidad.

Un ejemplo clásico es el de los consejos no solicitados o aquellos que vienen con un tinte de veneno. Como en una discusión, cuando alguien ofende, para después recriminarle al otro que se enfade. No es de recibo que, después de agredir u ofender, alguien se ponga a dar lecciones de autocontrol.

La condescendencia también está presente en los elogios interesados. Son sentencias que suelen incluir elementos adversativos, como “pero” o “aunque”. “Eres muy inteligente, aunque nunca estudies” o “hiciste muy bien el trabajo, pero sigues cometiendo errores”. También es falsamente amable el uso de apodos que ironizan o empequeñecen; como el jefe que le dice “jefa” a una empleada suya; o el que llama “Miguelito” al señor Miguel, el conserje.

Amigos hablando
La condescendencia sin empatía deja un mal sabor de boca.

La condescendencia y la franqueza

Nadie se siente bien cuando otro le habla como si fuera su padre, o como si tuviera algún tipo de impedimento psicológico o cognitivo. A veces no se nota, pero siempre “se siente”. Es por eso que algunas personas muestran cierto rechazo a quienes, en apariencia, se muestran muy amables.

También por eso algunas amistades o parejas no terminan de encajar. Hay “algo” que torna la comunicación artificiosa y lo deja a uno sin saber qué decir o qué sentir. Como cuando nos dan una palmadita en el hombro o en la cabeza y agregan “¡Muy bien muchacho!” y se experimenta como si esa persona estuviera hablando con su mascota.

No. La condescendencia no es, por regla general, una actitud saludable. La franqueza es fundamental para crear vínculos significativos y sanos con los demás. Ser sincero no es ser brutal o grosero. Se puede ser empático y a la vez franco. Así se construyen relaciones maduras que enriquecen la vida.

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