LOS FANTASMAS DEL PASADO

La primera es seguir manteniendo los pensamientos irracionales acerca del suceso del pasado y repetirnos una y otra vez: “Eso que me pasó fue terrible, no debería haber sucedido nunca, no puedo soportarlo, las personas que me causaron tanto dolor son malvadas, odiosas y merecen ser duramente castigadas…”.

A consecuencia de esa forma de pensar, alimentamos las emociones negativas insanas como la rabia, el odio y el resentimiento, y mantenemos vivo el dolor.

La segunda opción es cambiar el diálogo interno irracional por otro racional: “Lo que me sucedió fue algo realmente desafortunado y hubiera preferido que nunca hubiese ocurrido. Aun así lo puedo soportar, de hecho he sobrevivido a ello. Lo que hicieron conmigo fue acto despreciable, pero entiendo que el ser humano es imperfecto y falla muy a menudo…”.

Si pensamos de manera lógica y racional, nos liberamos del sufrimiento porque nuestras emociones negativas insanas se transformarán en otras también negativas pero sanas: enfado, disgusto, decepción, molestia, irritación…, y nuestras conductas serán mucho más funcionales.

En definitiva, lo importante no es lo que sucedió, sino lo que nos decimos a nosotros mismos en la actualidad acerca de ese acontecimiento del pasado, y en función de lo que nos digamos, así sentiremos.

Es fundamental aceptar lo sucedido, esto es, saber que a pesar de esa lamentable vivencia podemos ser felices y disfrutar mucho de la vida, siempre y cuando la empleemos para aprender y evolucionar como personas, y no para vivir desde el victimismo y el rencor.

Hemos podido aguantar aquello que nos sucedió, eso nos demuestra que somos emocionalmente fuertes y capaces de soportar hasta las situaciones más difíciles. Seguramente en el momento en que lo vivimos, nuestra capacidad de disfrutar de muchas cosas se vio disminuida pero aquello ya pasó y ahora, a no ser que nosotros mismos nos lo impidamos, podemos disfrutar plenamente de la vida.

El tiempo del que disponemos es demasiado escaso como para malgastarlo rememorando constantemente el pasado y preguntándonos cómo seríamos ahora nosotros o nuestra vida si hubiésemos tenido otras vivencias. El pasado ya es historia, fue como tuvo que ser y por mucho que queramos no vamos a conseguir mejorarlo, pero lo que sí podemos hacer en el presente es trabajar para reducir nuestro malestar, porque nosotros somos los responsables de nuestras emociones y no aquel suceso del pasado.

Podemos ver las malas experiencias del pasado como un pesado lastre que interfiere en nuestra felicidad presente y futura o como un medio que nos permitió desarrollar nuevas habilidades y crecer como personas. Pero para verlas como un aprendizaje tenemos que sacar, aunque nos cueste, el lado positivo de esas experiencias negativas.

Un ejemplo de esto es la historia de una psicóloga que decidió crear una fundación para ayudar a prevenir y tratar el abuso sexual infantil. Tomó esta decisión a raíz de descubrir que su hijo había sufrido este tipo de abusos. Este niño, hoy en día adolescente, recuerda con disgusto su experiencia pero a la vez reconoce que si esto no le hubiese ocurrido, su madre no hubiera ayudado durante años a muchísimos niños que han pasado por su misma situación.

Merece la pena que, en lugar de quedarnos atrapados en el pasado, disfrutemos y vivamos el único tiempo del que disponemos, el presente.

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