Aida. Cartas de unos amigos desde Ávalon (Carta nº 4)

Querido Emilio, buenos, hermosos y blancos días… Esta mañana no he podido resistir la sensación de escribirte y compartir contigo las nuevas experiencias que trae el día, con su blancura escarchada, con sus tejados, su hierba, sus árboles vestidos con el color de la pureza y el frío helador que trae el invierno con la maravilla de la estación del descanso y la limpieza, de retrospectiva interior, de tiempo por el tiempo, de ser, de estar, de sentir…

Esta mañana, o sería más correcto esta madrugada, mi cariño se levantó para ir a trabajar… se preparó un café con un poco de canela (costumbre que ha adquirido hace poco, tú ya te imaginarás el porqué), preparando otro para mí en la inmensidad del comienzo del día, aunque es bien cierto que la noche aun no ha finalizado… Si miras a través de las ventanas, todo está todavía inmóvil, con una quietud perfecta y armoniosa que parece  imperecedera, aunque esta concepción no es más que una idea, una pequeña idea de que el tiempo se ha detenido cuando sabemos que no es así, que no está quieto, que  no está parado, que no está inerte… Se halla más vivo que de costumbre… ya está preparando todo lo que la primavera conllevará con su explosión de vida cuando llegue, está gestando lo que la vida en su magnificencia nos traerá y regalará en su bendita benevolencia  hacia todo el planeta y hacia todo aquel que se tome la molestia de ver, de observar, como los tiempos cambian de ritmo, de floración, de sensación, de olor y de sabor, tanto si somos conscientes de ello o no… Y todo esto, me hace querer compartir una reflexión que A. tuvo  a bien hacerme participe de en estos días, dejándome sumida en un pensar profundo, que me llevó a  entender qué: “El tiempo, en la concepción que lo entendemos,  no existe“.  Es cierto, cambia de velocidad o tempo dependiendo de cómo tú lo sientas, pero no es real en lo absoluto, no existe.

¿Nunca has olvidado que día es hoy? ¿Cómo es posible que sea esta hora?… Es así, no existe… Nos inventamos el reloj como otra nueva forma de control, de saber, de llegar, pero… Cuándo has dejado de tener que llegar, ¿qué harás con el tiempo? ¿Cómo podrás funcionar sin que un aparatito electrónico o no te diga cuando debes llegar, partir, pensar?… El tiempo no existe… Sí que es cierto que hay un pequeño reloj interior que te avisa para que estés alerta… En las partes más importantes de tu día, algo que te dice, ahora prepárate para tal o cual cosa, o te levanta o despierta a la hora adecuada para seguir mientras sea necesario regirte por algunas normas de las que ya, poco a poco, te vas soltando, para acudir a una cita o tal vez para coger un avión… Pero ¿sabes qué?: es preferible que te avisen desde el sentir, sin ruidos, sin estruendos, sin prisas, sin agobios y sin sentir que ya tiran de ti desde primera hora de la mañana… Sólo escucha, siente lo que te dice tu reloj interior, ese que te va a avisar de lo que realmente es importante para ti, para tu caminar, no sólo para que corras porque el trabajo te está esperando, ese que te llevará, poco a poco, hacia el camino del Amor Incondicional, del compartir, del sentir en profunda belleza lo que has venido a hacer y no lo que te dijeron que tenías que hacer…

Se puede vivir y de hecho se vive sin correr, sin prisas, sin el consabido: “Es que no llego”… No corras… Vacía tú mente… Siente tú interior que no se equivoca nunca, “ni en la hora”… Escucha como el momento ha llegado, el de oír en tu interior, el de que tu Ser te guía, el de ser… Feliz, escucha como en tú interior se siente que: ¡es la hora!

Desde un lugar mágico cercano al corazón de Ávalon… Que las Bendiciones os colmen, que la dicha os llene y que vuestro caminar esté pleno de luz…

Unos amigos en el camino del recordar… 

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Autoría: tusrespuestas8@gmail.com

EL CIELO EN LA TIERRA

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