¿Qué es el animismo?

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El animismo (del latín anima, alma) es un concepto que engloba diversas creencias en las que tanto los objetos (útiles de uso cotidiano o bien aquellos reservados a ocasiones especiales) como cualquier elemento del mundo natural (montañas, ríos, el cielo, la tierra, determinados lugares característicos, rocas, plantas, animales, árboles, etc.) están dotados de alma y son venerados o temidos como dioses.

La definición se extiende a que seres sobrenaturales personificados, dotados de razón, inteligencia y voluntad, habitan los objetos inanimados y gobiernan su existencia. Esto se puede expresar simplemente como que todo está vivo, es consciente o tiene un alma.
En África el animismo se encuentra en su versión más compleja y acabada, siendo así que incluye el concepto de magara o fuerza vital universal, que conecta a todos los seres animados, así como la creencia en una relación estrecha entre las almas de los vivos y los muertos. En otros lugares el animismo es en cambio la creencia en que los objetos (como animales, herramientas y fenómenos naturales) son o poseen expresiones de vida inteligente.
Creencias del animismo
El principio general del animismo es la creencia en la existencia de una fuerza vital sustancial presente en todos los seres animados, y sostiene la interrelación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, reconociendo la existencia de múltiples Dioses con los que se puede interactuar, o de un Dios único aunque inaccesible en una adaptación moderna. Sus orígenes no son precisables al contrario que las religiones proféticas, siendo junto al chamanismo una de las más antiguas creencias de la Humanidad. Ya la religión del Antiguo Egipto está fundada sobre bases animistas.
Características generales
La vida de los ancestros continúa después de la muerte.
Se puede interactuar directamente con los espíritus.
Se reconoce la existencia de una gran variedad de espíritus y dioses.
El alma puede abandonar el cuerpo durante trances o sueños.
Se cree en la mediación de personas sagradas: chamanes, brujos.
Hay seres espirituales que viven en el alma o espíritu del ser humano.
Se fusionan conceptos: individuo-comunidad, presente-pasado, objeto-símbolo.
Se realizan ofrendas o sacrificios expiatorios
Vida después de la muerte
La mayoría de los sistemas de creencias animistas sostienen que existe un alma que sobrevive a la muerte del cuerpo. Creen que el alma pasa a un mundo más cómodo, de abundantes juegos y cultivos agrícolas continuos. Otros sistemas, como el de los Navajo de América del Norte, aseguran que el alma permanece en la Tierra como fantasma, a veces malvado.
Otras culturas combinan estas dos creencias, y afirman que el alma debe escapar de este plano y no perderse en el camino, de lo contrario se volvería fantasma y vagaría durante mucho tiempo. Para el éxito en esta tarea los sobrevivientes del muerto consideran necesario realizar funerales de duelo y adoración a los ancestros. En las culturas animistas a veces los rituales no son realizados por los particulares sino por sacerdotes o chamanes que se supone poseen poderes espirituales más grandes o diferentes a la experiencia humana normal.
La práctica de reducción de cabezas que realizaban algunas culturas de América del Sur deriva de la creencia animista en que el alma del enemigo puede escapar si no se atrapa dentro de su cráneo. El enemigo entonces transmigraría al útero de una hembra de animal depredador, de donde nacería para vengarse del asesino.
Orígenes y ubicación geográfica
Se encuentran trazas de animismo en África al sur del Sáhara, Australia, Oceanía, sudeste y centro de Asia y en toda América. La arqueología y la antropología estudian el animismo actualmente presente en las culturas indígenas. Algunos conceptos antiguos acerca del alma se pueden analizar a partir de los términos con que ésta era denominada. Por ejemplo, los lectores del poeta italiano Dante conocen la idea de que los muertos no tienen sombra (ombra). Esto no fue una invención del poeta sino una noción que proviene del folclore anterior al cristianismo. En las Islas Canarias, los guanches profesaban una religión animista (Mitología guanche).
En cambio en la cultura occidental hay conexión entre el alma y la respiración. Esta identificación se encuentra tanto en los idiomas indoeuropeos como en las lenguas semíticas. Aire en latín se dice spíritus, en griego pneuma y en hebreo ruach. Esta idea se encuentra también en Australia, varios puntos de la América precolombina y Asia.
Aunque a veces se distingue el alma o principio vital del cuerpo (que también poseerían los animales) como algo diferente del espíritu humano, hay casos en que un estado de inconsciencia se explica como debido a la ausencia de éste. Los indígenas del sur de Australia le dicen wilyamarraba (sin alma) a una persona desmayada.
También el trance autohipnótico de un chamán o de un profeta se cree que se debe a su visita al más allá, de donde trae profecías y noticias de personas muertas.
La enfermedad a menudo se explica como la ausencia del alma y a veces se toman determinadas medidas para atraer el alma errante de vuelta.
El animismo y el sueño
Los sueños son a veces explicados en pueblos como viajes realizados por el durmiente, o por animales u objetos de su entorno. Era importante el período diario de sueño con sus ideas e imágenes frecuentemente irregulares e incoherentes. La mera inmovilidad del cuerpo era suficiente para mostrar que su estado no era idéntico al de la vigilia. Cuando, además, el durmiente despertaba para dar razón de una serie de visitas a lugares lejanos, de los cuales, tal como sugieren las investigaciones psíquicas modernas, podía incluso arrojar o traer detalles verídicos, la conclusión irresistible debe haber sido que, en el sueño, algo que no era el cuerpo viajaba al más allá.
Si el fenómeno de los sueños fue de gran importancia en el desarrollo prehistórico del animismo, esta creencia debe haberse expandido rápidamente hasta convertirse en una filosofía de la naturaleza de la realidad. De la reaparición en sueños de personas muertas, el hombre primitivo fue inevitablemente llevado a la creencia de que existió una parte incorpórea del hombre, que sobrevivió a la disolución del cuerpo. El alma fue concebida para ser un facsímil, una especie de doble del cuerpo, a veces no menos material, a veces más sutil, a veces totalmente impalpable e intangible.
Como en los sueños no sólo se ven seres humanos sino también animales y objetos inanimados, la conclusión debe de haber sido que ellos también tenían espíritu, aunque las primeras religiones pueden haber llegado a esta conclusión mediante otra línea de argumentación.
Evolución del animismo al monoteísmo
La humanidad, en sus 150.000 años de haber evolucionado a Homo Sapiens vio las creencias en dioses hasta hace unos 30.000 años; siendo éstos politeístas. Según muchos eruditos, el monoteísmo evolucionó del politeísmo apenas cerca de unos 5.000 años.
Según Augusto Comte la creencia del monoteísmo tuvo su evolución desde el politeísmo y éste a su vez evolucionó del fetichismo (devoción hacia los objetos materiales, a los que se ha denominado fetiches. El fetichismo es una forma de creencia o práctica religiosa en la cual se considera que ciertos objetos poseen poderes mágicos o sobrenaturales y que protegen al portador o a las personas de las fuerzas naturales. Los amuletos también son considerados fetiches).
El animismo en la filosofía
El término ha sido aplicado más comúnmente al vitalismo, que sostiene que la vida y la mente son los principios directrices de la evolución y el crecimiento, y que éstos no se originaron en procesos químicos o mecánicos, sino que hay una fuerza directriz que parece guiar a la energía sin alterar su cantidad. Otra clase completamente diferente de ideas, también denominadas animistas, es la creencia en el alma del mundo, sostenida por el griego Platón, o los partidarios de Gaia (el alma de la Tierra).
Fenómenos que se cree llevaron al animismo
Diversos investigadores creían que el “salvaje” comenzó a creer en el animismo debido a la contemplación de ciertos fenómenos. Se formó una animada controversia entre los dos primeros acerca del orden de sus respectivas listas de fenómenos. Entre estos se encuentran el trance, la inconsciencia, la enfermedad, la muerte, la clarividencia, los sueños, las apariciones de muertos, los espectros, las alucinaciones, los ecos, las sombras y los reflejos.
El escritor y fotógrafo Jordi Esteva es el autor del documental “Retorno al país de las almas”, resultado de una larga relación de más de 10 años con el mundo del animismo africano, de Costa de Marfil en concreto. Escuchamos la música de Barbara Kanam: “Teti”, Alpha Blondy: “Sourokou Logo”, Ex-Centric Sound System: “Lo flo”, Apolo Bass: “Caminando”, Les Garagistes: “Sobedja”, Abdeljalil Kodssi: “Said” y Naima: “¿Buscas?”

Sabías que: La Biblia prohíbe estrictamente las prácticas de los animistas. “Cualquiera de ustedes, hombre o mujer, que sea nigromante o espiritista, será condenado a muerte. Morirá apedreado, y será responsable de su propia muerte.” (Levítico 20:27 NVI). Las prácticas animistas son puertas abiertas para que los demonios entren en las vidas de las personas. La Biblia condena a quienes practican tales cosas en términos muy fuertes (Deuteronomio 18; Levítico 20; Isaías 47). Como en todas las religiones falsas, el animismo es simplemente otro esquema de Satanás, el padre de mentiras. Sin embargo, muchos en todo el mundo son engañados por el “adversario, el diablo, [quien] como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1ª Pedro 5:8).

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