¿Hay alguna relación entre el hiperespacio y las experiencias extracorpóreas?

Durante esta extraña época del Covid19 estaba leyendo el libro Hiperespacio, del físico Michio Kaku, después de haber leído el libro Al otro lado del túnel, del doctor en Psiquiatría José Miguel Gaona Cartolano, que trata sobre experiencias extracorpóreas, cuando creí percibir que había cierta relación entre ambos temas, por lo que decidí escribir este artículo. Sé que es bastante arriesgado relacionar estos dos temas, pero creo que vale la pena intentarlo. Se considera hiperespacio a una forma de espacio que tiene cinco o más dimensiones, entendiendo que el tiempo se representa como cuarta dimensión. El término aparece tanto en geometría como en la descripción informal de ciertas teorías físicas. Por su lado, el término quinta dimensión es una abstracción que aparece en contextos como la física teórica, las matemáticas, la ciencia ficción, y que se refiere esencialmente al uso de espacios geométricos de cinco dimensiones. De todos modos, algunos físicos se refieren a ella como la cuarta dimensión espacial para diferenciarla de la cuarta dimensión temporal. Pero yo utilizaré en general el concepto de quinta dimensión, dejando la cuarta dimensión solo para el tiempo. En Física, la quinta dimensión es una hipotética dimensión extra, más allá de las 3 dimensiones espaciales y una de tiempo en que nosotros nos movemos. Existe un reconocimiento creciente entre físicos de todo el mundo, incluyendo varios premios Nobel, de que el universo puede existir realmente en un espacio de dimensiones superiores. Si se demostrara que esta teoría es correcta, provocaría una profunda revolución conceptual y filosófica en nuestra comprensión del universo. En mi opinión, ello daría cierta validez científica a experiencias tales como el espiritismo, experiencias extracorpóreas o cercanas a la muerte, etc…, por lo que intentaré explicarlo en este artículo. Actualmente tenemos la teoría de supercuerdas, un esquema teórico para explicar todas las partículas y fuerzas fundamentales de la naturaleza en una sola teoría, que modela las partículas y campos físicos como vibraciones de delgadas cuerdas supersimétricas, las cuales se mueven en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones espaciales, más exactamente 10 dimensiones espaciales y una temporal, Podemos considerar el conjunto de tres dimensiones espaciales y una temporal en que nos movemos como la “prisión” espacio-tiempo en que nuestro cuerpo físico se encuentra confinado, mientras que las 6 dimensiones superiores tal vez tendrían algo que ver con experiencias extracorpóreas, incluyendo viajes astrales y experiencias cercanas a la muerte (ECM). Quizás una “parte” de nosotros pertenece a la quinta dimensión y, tal vez, a dimensiones superiores. En paralelo, tenemos que en entornos esotéricos se considera que el ser humano dispone de una serie de instrumentos y cuerpos mediante los que puede manifestarse como alma o conciencia en cualquiera de los diferentes planos, mundos o dimensiones del cosmos.

En entornos esotéricos se considera que nuestro Ser Superior, que recibe el nombre de “Mónada” o “Espíritu”, es una Entidad de tal luminosidad que difícilmente, debido a su altísimo estado de vibración, puede descender a los planos más densos de la creación y experimentar allí, o manifestarse plenamente con todo su poder y gloria. Ese es uno de los propósitos o misterios de la vida del ser humano: manifestar toda su gloria en el plano físico y a través de un cuerpo denso. Cuando se alcanza tal supremo estado de manifestación, entonces redimimos la materia, creando un canal perfecto de unión entre lo superior y lo inferior, entre el Cielo y la Tierra. A esto se le llama Gran Obra u Opus Magnum, un término alquímico para el proceso de creación de la llamada piedra filosofal, que se ha utilizado para describir la transmutación personal y espiritual en la tradición hermética. Para conseguir este descenso a un cuerpo más denso, el Espíritu se va rodeando, plano tras plano, de vestiduras más densas o menos etéreas, hasta alcanzar el último vehículo de manifestación al que llamamos Cuerpo Físico, que, tal como hemos dicho antes, podemos considerar que es el conjunto de tres dimensiones espaciales y una temporal en que nos movemos como una “prisión” espacio-tiempo. Anteriormente, el Cuerpo Físico se ha tenido que recubrir necesariamente de unos cuerpos menos densos, que serían el Cuerpo Etérico, que podemos incluir como parte inherente al cuerpo físico, el Cuerpo Astral y el Cuerpo Mental. El conjunto de estos tres cuerpos: Mental, Astral y Físico, que corresponden a los niveles de pensamiento, emoción y actuación respectivamente, forman parte de lo que esotéricamente se denomina personalidad. Así pues el ser humano piensa, porque tiene un cuerpo mental, siente porque tiene un cuerpo astral y actúa porque tiene unos cuerpos físico y etérico. Y mediante estos tres aspectos del Ser, el ser humano evoluciona a través de experimentar en dichos planos, correspondiéndole a cada uno diferentes niveles de conciencia y percepción. Pero por encima de ellos aún quedan otros tres cuerpos más, cada vez menos densos, que intentaremos explicar más adelante, teniendo en cuenta que cuanto más sutiles son estos cuerpos, menos información de testimonios tenemos de ellos. Como ejemplo de posible entornos multidimensionales, tenemos las experiencias cercanas a la muerte y las experiencias extracorpóreas, tal como nos relata el doctor en Psiquiatría por la Universidad Complutense de Madrid, José Miguel Gaona Cartolano, en su libro Al otro lado del túnel: “Algunos pacientes —llegamos a tener más de diez mil historias clínicas— padecieron no una, sino dos ¡y hasta tres experiencias cercanas a la muerte! Una y otra vez eran resucitados hasta que lo que contaban parecía una réplica de lo anterior. Pero lo que más llamaba la atención no era la historia en sí misma. No era el relato ni su secuencia, sino la profundidad y la absoluta certeza de que lo que habían vivido era real. No se podía ni siquiera discutir la cuestión ya que algunos se sentían sinceramente ofendidos cuando alguien mostraba dudas sobre su experiencia. En otros, la experiencia cercana a la muerte se unía a la percepción de salir fuera del cuerpo y, dentro de ese viaje, observar lugares o situaciones supuestamente distantes que luego, para sorpresa de todos, parecían coincidir con lo ocurrido“.

En ámbitos esotéricos se considera que para que un alma pueda encarnar, descendiendo a la materia, a fin de para iniciar un nuevo viaje de aprendizaje y crecimiento, necesita algún tipo de vehículos o cuerpos específicos con los que viajar. De todos esos vehículos, normalmente sólo somos conscientes del más denso, o sea, del vehículo físico en que habitamos. Pero hay muchos otros vehículos, menos densos y más conectados con otros planos de conciencia y, en última instancia, con la fuente original de todo lo existente. Se trata de siete cuerpos principales, que estarían relacionados con los siete chakras principales, que coincidirían con distintas dimensiones, tal como vislumbra la Física actual. Aquí entramos en un área que, como informático que he sido durante mi experiencia laboral, me recuerda mucho a la distinción entre el hardware de un ordenador (la parte física) y el software que soporta las distintas aplicaciones (la parte etérea). Además, como analogía quiero hacer referencia a la arquitectura software de distintas capas, que equivaldrían a los distintos planos o dimensiones, en los que se moverían cada uno de los distintos cuerpos sutiles. La programación por capas es un modelo de desarrollo software en el que el objetivo primordial es la separación de las partes que componen un sistema, como, por ejemplo, se utiliza en aplicaciones como Adobe Photoshop. De esta forma, por ejemplo, es sencillo y manejable crear diferentes interfaces sobre un mismo sistema sin requerirse cambio alguno en las demás capas. La ventaja principal de este estilo es que el desarrollo se puede llevar a cabo en varios niveles y, en caso de que sobrevenga algún cambio, solo afectará al nivel requerido sin tener que revisar otros niveles. Además, permite distribuir el trabajo de creación de una aplicación por niveles. De este modo, cada grupo de trabajo está totalmente abstraído del resto de niveles, de forma que basta con conocer la interface que existe entre niveles. En el diseño de sistemas informáticos actual se suelen usar las arquitecturas multinivel o programación por capas. En dichas arquitecturas, a cada nivel le corresponde una misión simple, lo que permite el diseño de arquitecturas escalables, que pueden ampliarse con facilidad en caso de que aumenten las necesidades. El más utilizado actualmente es el diseño en tres niveles, o en tres capas, como analogía del entorno tridimensional.

 

Según se cree en entornos esotéricos, todo parece indicar que en dimensiones más elevadas hay entidades que también nos ayudan durante la encarnación o reencarnación. ¿Qué tipo de entidades son y en qué dimensión residen? A los distintos cuerpos sutiles se les da diferentes nombres y se les asignan diferentes funciones. Pero hay una serie de preguntas aún sin respuesta: ¿quién creo estos distintos cuerpos? ¿con que finalidad? ¿tal vez la entidad a la que se llama Dios o a la que los masones llaman El Gran Arquitecto del Universo? ¿estas entidades, pertenecerían a la décima dimensión o a alguna dimensión aún superior? ¿los cuerpos sutiles, fueron creados desde el más sutil al más denso o al revés? Según nos dicen en entornos esotéricos, el más sutil, el más elevado de esos siete cuerpos, sería el Cuerpo Espiritual, que tal vez se correspondería con las más altas dimensiones. ¿Quizás con la décima dimensión? Sería una plano que estaría sujeto a una alta vibración que, tal como indicamos, se encontraría en dimensiones más elevadas que aquella en la que encarnamos y que, suponemos, se correspondería tal vez con la décima dimensión de la Física. Sería este cuerpo el que mantendría nuestra conexión con el Poder Creador, al que algunas religiones llaman Dios y la masonería llama Gran Arquitecto del Universo, y que nos mantendría conectados a toda la creación, aunque no seamos conscientes de ello en nuestro mundo tetradimensional (tres dimensiones espaciales y una del tiempo), sería a través de este séptimo cuerpo con el que el alma empezaría a tener contacto con la que sería su siguiente encarnación. Este séptimo cuerpo estaría relacionado con nuestro séptimo chakra, el chakra corona, que se encuentra en la parte superior de la cabeza y que tiene sus raíces en la glándula pineal, y que sería el que nos uniría a nuestra divinidad. El siguiente cuerpo más sutil, el sexto, sería el que llamamos Cuerpo del Alma o Cuerpo de la Conciencia, y que estaría relacionado con nuestro sexto chakra, que se encuentra en el centro de la frente y es conocido como el tercer ojo. Energizando el tercer ojo se conseguiría que el cuerpo entero esté lleno de Prana, o energía vital. Sería en este cuerpo en el que el alma depositaría toda su energía para realizar la encarnación. Asimismo, sería a través de este cuerpo que el alma conectaría con los diferentes niveles vibratorios. A través de él empezaría a adaptarse a la dimensión en la que se encuentra el planeta Tierra (tres dimensiones espaciales y una del tiempo), antes incluso de encarnar, para que el descenso de nivel vibratorio no suponga un trauma para esa alma. Sería en este cuerpo en el que estaría lo fundamental de esa alma que encarna. Se trataría de su esencia, ya que daría forma al resto de los cuerpos que son los encargados de ayudar al alma en la encarnación, ya que son los que intervendrían en el aprendizaje y en las experiencias.

El quinto cuerpo, el Cuerpo Causal o Cuerpo de la Voluntad, estaría íntimamente relacionado con nuestro quinto chakra, el chakra de la garganta, que implica hablar, escuchar y expresarse mediante una forma de comunicación superior. El cuerpo causal sería eterno y nos acompañaría en cada vida, haciéndose más manifiesto a medida que evoluciona nuestra conciencia. El cuerpo causal representaría esa fuerza que podemos percibir e incorporar en nosotros de una forma más o menos consciente, de acuerdo con el desarrollo y equilibrio de nuestros chakras o niveles de conciencia. Sería nuestro ser inmortal, donde volveríamos a ser conciencia pura, convirtiéndonos en un vehículo a través del que fluye toda la energía de la existencia. El cuarto cuerpo sería el Cuerpo Mental, que sería más cercano a la densidad de nuestra realidad física, por lo que seguramente residiría en la quinta dimensión. En él flotarían nuestras creencias y nuestros pensamientos. Algunos de esos patrones mentales se integrarían en este cuerpo en el momento del nacimiento. El cuerpo mental sería el campo electromagnético que rodea al cuerpo físico. Se le llama cuerpo mental porque se alimenta de pensamientos conscientes, subconsciente e inconscientes que se generan en el interior del ser humano. Este cuerpo sería como un vehículo de experimentación en este plano terrenal, irradiando energía que sería captada por otros seres vivos que existen alrededor, ya que, aunque parezca imposible, nuestro entorno reacciona de acuerdo a nuestros pensamientos, por lo que las cosas positivas o negativas pueden ser atraídas dependiendo de lo que pensemos en un determinado momento. Este cuerpo estaría vinculado a nuestro tercer chakra, al chakra del plexo solar, que se conoce también como el chakra del ombligo, del estómago, del hígado o del bazo. La energía del chakra del plexo solar contribuye a que alcancemos la madurez emocional y a hacernos responsables de nuestros actos, así como de las relaciones con los demás y con nosotros mismos.. El tercer cuerpo sería el Cuerpo Astral, también llamado Cuerpo de los Sueños o Cuerpo Emocional, que también creemos correspondería a la quinta dimensión o la llamada cuarta dimensión espacial, para distinguirla del tiempo,. Es a través de este cuerpo que podríamos conectarnos con otras vidas y realidades, así como con otros mundos o dimensiones. De manera innata e instantánea, en el momento del sueño, especialmente del sueño profundo, nuestro cuerpo astral nos transportaría a otros espacios energéticos. Algunos de estos espacios nos permiten descargar nuestras tensiones y nuestras emociones produciendo lo que llamamos sueños, revelándonos así qué está ocurriendo en nosotros a nivel emocional o mental. Es una forma de drenar aquello que nos perturba o que está en desequilibrio. A través del cuerpo astral también llegaríamos, durante el sueño, a espacios en los que conectaríamos con otros cuerpos astrales viajeros.

Y aquí quiero hacer un inciso en una teoría sorprendente y difícil de creer. El escritor británico David Icke, dedicado a la difusión de teorías de la conspiración, en su libro El Mayor Secreto sugiere que sería desde otra dimensión, la cuarta dimensión espacial inferior o, tal como yo prefiero decir, la quinta dimensión inferior, que correspondería al llamado bajo astral en entornos esotéricos, donde residirían unos seres que controlarían y manipularían a la Humanidad. Es evidente que sin comprender la naturaleza pluridimensional de la vida y el universo, sería imposible entender la posible manipulación del mundo físico por una fuerza de otra dimensión. La Creación, tal como la Física moderna sugiere, consta de un determinado número de frecuencias o dimensiones de vida que comparten el mismo espacio de una manera similar a como lo hacen las frecuencias de radio y televisión. Se supone que nosotros estamos sintonizados al mundo tetradimensional (tres dimensiones espaciales y una del tiempo) y, por lo tanto, eso es lo que percibimos como nuestra realidad. En el universo “todo vibra”, y esto se produce tanto en el plano de la materia-energía, que es la parte que estudia la ciencia, como en planos o estados más sutiles, como el plano astral, donde serían otras las partículas, la energía y las leyes de causalidad que lo conformarían. Hay que tener en cuenta que el mundo astral sería un mundo que estaría en una dimensión superior a la nuestra y gobernado por fuerzas ligadas a las emociones. Dentro de este mundo existiría una zona donde se agruparían las más bajas pasiones y deseos, una zona invisible donde se moverían entidades que podrían considerarse, dadas sus características, demoníacas. De hecho, según la Teosofía, el bajo astral sería el auténtico infierno, y se viviría de forma diferente según las creencias y pensamientos de cada individuo. El bajo astral, la residencia legendaria de demonios y entidades malévolas, que se remonta a la antigüedad, sería el sub-plano astral que habría dado lugar al mito cultural del infierno, entendido como un lugar de castigo que, generalmente, se concibe como eterno. Pues bien, para explicar todo esto David Icke pone el ejemplo de la sintonización de una emisora de radio.

Consideremos que nosotros estamos sintonizados a una estación de radio. Todas las otras estaciones de radio están transmitiendo al mismo tiempo y si movemos el dial de nuestra radio nos podemos conectar con cualquiera de ellas. Cuando hacemos esto, la estación a la que estábamos sintonizados antes no desaparece, sino que continúa transmitiendo, pero nosotros no podemos escucharla más porque ya no estamos en su frecuencia. Así también sucede con la conciencia humana. Algunas personas pueden sintonizar su conciencia a otras frecuencias y conectarse con dicha frecuencia, que podría corresponder a otra dimensión o universo paralelo. A esto lo llamamos poder psíquico, pero es simplemente la habilidad de mover el “dial” a otra “estación“. Según Icke es desde una de estas otras estaciones o dimensiones, correspondientes al bajo astral, desde la que los llamados anunnaki estarían controlando este mundo a través de ciertos linajes. Pero según Icke, estos controladores de la quinta dimensión inferior estarían, a su vez, controlados por entidades de dimensiones superiores. La “estación” desde la que los anunnaki funcionan es el nivel más bajo de la quinta dimensión, el más cercano a este mundo físico tetradimensional. Según Icke es desde aquí dónde los satanistas actuales convocan a sus entidades demoníacas mediante sus rituales de magia negra. Icke también sugiere que estas entidades pudieron ingresar a montones en esta dimensión a través de agujeros de gusano o portales estelares en el tejido del espacio-tiempo, causados por las pruebas y explosiones nucleares que empezaron en los desiertos de Nuevo México a comienzos de la década de 1940. Pero Icke piensa que tales agujeros de gusano empezaron a ser creados hace mucho más tiempo, antes de los grandes cataclismos, cuando nuestro mundo, según Icke y otros investigadores, estaba en una etapa tecnológica aún más avanzada que actualmente. El programa de cruzamiento con seres humanos es descrito en las Tablillas Sumerias y el Antiguo Testamento, en que se dice que los hijos de Dios se unieron con las hijas de hombres. Estas líneas híbridas humano – anunnaki llevarían parte del código genético anunnaki y, por lo tanto, podrían ser más fácilmente poseídos por los anunnaki desde la quinta dimensión inferior.

 

Quienes han efectuado viajes astrales conscientes nos dicen que podemos llegar a lugares donde podemos encontrarnos con maestros o seres de luz muy evolucionados, que nos esperan para enseñarnos acerca de las materias que en este momento necesitamos para nuestra evolución. Ello, tal vez, explicaría la tremenda aceleración científica y tecnológica en que estamos inmersos. Y para aquellos que ya están avanzados en el dominio de la energía, el cuerpo astral les servirá como vehículo para llegar conscientemente a otras dimensiones en donde aprender. Este cuerpo sutil está conectado a nuestro segundo chakra, el chakra sacro. Según la tradición hindú y la doctrina del yoga, el chakra sacro, que se encuentra al nivel de los genitales y el sacro, es el centro energético de la sensualidad y la creatividad, y su energía masculina hace que el chakra sacro sea una clave importante del yoga tántrico, que fija su atención en el descubrimiento y conexión a través del acto sexual con las emociones y la energía espiritual. Todos nuestros cuerpos sutiles están conectados energéticamente mediante lo que llamamos el cordón de plata, que es un canal de luz vibrante, al máximo nivel vibratorio, que conecta todos nuestros diferentes cuerpos entre sí, como si fuese un tipo de fibra óptica extensible, conectándolos también con nuestro Ser Superior y con la Fuente Original. Por eso debemos sentirnos seguros cuando usemos nuestro vehículo astral, sólo recordando protegernos ayudados por la intensa luz y la mayor intensidad vibratoria, para que ninguna energía que esté en una dimensión o sub-plano inferior nos pueda afectar o perturbar. El segundo cuerpo, el primero de los sutiles y, por tanto, de los no densos, es el Cuerpo Etérico o Cuerpo Vital, que consideramos pertenece, al igual que el cuerpo físico, a nuestro entorno tetradimensional (de tres dimensiones espaciales y una temporal). En el organismo humano existe un cuerpo termo-electromagnético que es el Cuerpo Vital. Dicho cuerpo es el asiento de la vida orgánica, ya que ningún organismo podría vivir sin el correspondiente Cuerpo Vital. Cada átomo del Cuerpo Vital penetra dentro de cada átomo del cuerpo físico para hacerlo vibrar intensamente. Todos los fenómenos químicos, fisiológicos y biológicos, todo fenómeno de percepción, todo proceso metabólico, etc., tendrían su base en el Cuerpo Vital. Este cuerpo sería, realmente, el nivel superior del cuerpo físico, formando el cuerpo completo tetradimensional. Con paciencia y práctica podríamos llegar a sentirlo con nuestras manos, aunque su energía sería más vibrante y más elevada que la de nuestro cuerpo físico. Ocuparía el espacio entre nuestra piel y unos cinco centímetros más al exterior. Sería lo que comúnmente se denomina aura. Este cuerpo tendría varias funciones. La primera sería la de servir de molde para nuestro cuerpo físico.

Antes de densificarnos, sería en esta matriz etérica en la que planificaríamos cómo sería nuestro cuerpo físico, tal como se gestará en el momento del embarazo. Por otro lado también en este cuerpo etérico se encontrarían las memorias de vidas pasadas. Estarían activas aquellas memorias que hemos decidido transformar y transmutar, aquellas lecciones que están aún sin aprender o que habiéndolas aprendido no están aún suficientemente integradas. Estas memorias de vidas pasadas activas en el cuerpo etérico o vital estarían vinculadas estrechamente con toda la información que reside en el llamado Cuerpo Causal. Nuestro cuerpo energético, o cuerpo etérico, sería un cuerpo de energía biomagnética que emanaría de nuestro cuerpo, proveniente desde nuestro interior y que rodearía en su totalidad a nuestro cuerpo físico. El aura estaría conformada por 7 bandas o capas, cada una de ellas con una frecuencia diferente, al igual que también lo conformarían 7 chakras, cada uno de ellos con una vibración distinta. El cuerpo energético estaría ligado directamente con nuestro cuerpo físico por medio de puntos y canales de energía que se interconectan permanentemente, ya que sin esta conexión no podría existir la vida. Estas bandas, o aura, tienen como una de sus funciones la de protegernos de agentes energéticos externos, energías negativas y discordantes que puedan llegar a afectarnos, aunque también hay factores energéticos internos de los cuales también nos protegen, como son nuestros miedos, inseguridades, etc. Y por último tenemos nuestro Cuerpo Físico, que está en un entorno tetradimensional, y que es aquel que percibimos con nuestros sentidos físicos. Es exactamente igual que nuestro cuerpo etérico pero con una vibración mucho más lenta y, por tanto, más densa. Es un vehículo perfecto para cada una de las encarnaciones, a fin de permitirnos experimentar aquello que hemos decidido vivir. Gracias a él olemos, oímos, respiramos y sentimos. A menudo nos olvidamos de ocuparnos de nuestro cuerpo físico, enfocándonos en cómo es nuestra aura o nuestros chakras. Y quizá deberíamos entender que nuestro cuerpo físico es la extensión de nuestros cuerpos sutiles, ya que, en sí, es la manifestación tetradimensional de lo que somos a nivel multidimensional, en que convivimos con un inmenso mundo de energías sutiles, de la misma forma que nosotros convivimos con otros seres en el mundo físico. Además nos sirve de espejo permanente, mostrándonos a través de sus desequilibrios aquello que está desequilibrado en el resto de nuestros cuerpos sutiles, en nuestras emociones, en nuestra mente. Cuando no estamos alineados con lo que planificamos vivir, él nos lo muestra.

Aquí queremos referirnos al hecho de que no recordemos nuestras vidas pasadas o nuestro entorno multidimensional. Para ello utilizaré la mitología griega. Lete o Leteo, cuyo nombre significa “olvido” era una divinidad nacida del Éride (Discordia), concebida como una abstracción, y hermana de Hipno (Sueño) y Tánato (Muerte). Un río del Hades llevaba su nombre, Leteo, y en sus aguas tranquilas las almas de los muertos bebían el olvido de su vida terrestre. En las doctrinas que postulaban la reencarnación, las almas, purificadas de sus antiguas manchas después de una estancia más o menos larga en el Hades, bebían sus aguas para perder todos los recuerdos del mundo subterráneo, que iban a abandonar para entrar en un nuevo cuerpo. En el Canto VI de la Eneida, Eneas divisa en las orillas del rio Leteo una multitud de almas parecidas, dice Virgilio, a abejas libando las flores de las praderas y revoloteando con sus zumbidos a la luz serena del verano. Su padre Anquises le mostró entre aquella muchedumbre a los descendientes suyos, que serían los héroes de la futura Roma. Platón cuenta en la República que los muertos llegan a la «llanura de Lete», que es cruzada por el río Ameles (‘descuidado’). En La Divina Comedia, Dante Alighieri cuenta que la corriente del Leteo fluye al centro de la Tierra desde su superficie, pero su nacimiento está situado en el Paraíso Terrenal, localizado en la cima de la montaña del Purgatorio. Como bien expresa el profesor de Historia Antigua Antonio Ignacio Molina en su Introducción al estudio de la Reminiscencia platónica: “Tras la caída del alma, esta se sume en el olvido y dependiendo de la cantidad de realidad que ha logrado asimilar, adopta la forma de un cuerpo con una determinada orientación en la vida (filósofo, rey, político, atleta, profeta, poeta, artesano, sofista y tirano). Es un proceso cíclico en el que el alma se reencarna de manera continua siendo castigada o recompensada dependiendo de lo hecho en su vida anterior y del que sólo el alma del filosofo conocedor de las verdades eternas es capaz de escapar (..). El alma atravesaba la llanura del Leteo, donde experimentaban un calor insoportable. Al final del día llegan las almas al río Ameles, cuyas aguas no pueden ser contenidas por ningún recipiente. Beber de las aguas del Ameles, implica irreversiblemente el olvido. El alma que prueba esta agua se libera de sus preocupaciones, entra en un plácido sueño que es despertado por el estruendo del trueno que ahuyenta a las almas como estrellas errantes”. En la mitología griega, el mito de Orfeo nos cuenta que Dionisos dijo a Orfeo que, para encontrar el reino de Hades, debería llegar al oeste del río Océano, buscar allí una pradera cubierta de asfódela, una maleza de aspecto triste, luego seguir un sendero bordeado de sauces y álamos estériles que lo conduciría hasta la brumosa laguna Estigia, que estaba atravesada por el Aqueronte, río de los infortunios, el Cocitos, río de los lamentos, el Flegetón y el Periflegetón, los ríos de fuego, hasta llegar al Leteo, el río del olvido, donde las almas de los muertos bebían de sus aguas para olvidar su existencia terrenal.

Algunos de los conceptos que se han teorizado sobre las dimensiones más altas no son nuevos, ya que durante los últimos siglos se ha especulado mucho sobre la existencia de otras dimensiones, otros universos, así como de “túneles” que permitirían “viajar” entre ellos y también viajar en el tiempo. Durante mucho tiempo ha habido una gran fascinación por la posible existencia de otros mundos, que no podían ser detectados ni por la vista ni por el sonido, pero que coexistirían con nuestro universo, tal vez muy próximos, rodeándonos e impregnándonos, pero sin ser percibidos por nuestros sentidos físicos. Las puertas entre nuestro universo y otras dimensiones o universos paralelos son también un tema muy utilizado en la literatura, ya que los escritores de ciencia ficción han utilizado las dimensiones más altas como un medio para los viajes interestelares, como si fuesen un atajo para viajar entre las estrellas, atravesando el hiperespacio y distorsionando el espacio que les rodea. Y muchos científicos han recurrido a la ciencia-ficción para investigar nuevas teorías que explicasen lo relatado en la literatura. Por ejemplo, en la serie de películas de La guerra de las galaxias, dirigidas por el cineasta estadounidense George Lucas en la década de 1970, el protagonista, Luke Skywalker, utiliza el hiperespacio como un refugio donde puede ponerse a salvo de las naves espaciales del Imperio. También en una antigua serie de televisión: Star Trek: Deep Space Nine, creada por Gene Roddenberry en 1966, un agujero de gusano se abre cerca de una remota estación espacial, haciendo posible cubrir en segundos unas enormes distancias a lo largo de la galaxia. Por esta razón, esta estación espacial se convierte repentinamente en el centro de una intensa rivalidad intergaláctica acerca de quién debería controlarla. También tenemos uno de los incidentes más conocidos y probablemente el más famoso sobre el Triángulo de las Bermudas, que se refiere de la pérdida de un escuadrón de cinco bombarderos TBM Avenger de la Marina de Estados Unidos durante un vuelo de entrenamiento que salió de Fort Lauderdale, en Florida, el 5 de diciembre de 1945. De acuerdo con el escritor Charles Berlitz, el caso consiste en que varios aviadores navales simplemente desaparecieron después de que informaran de varios efectos visuales extraños. Además, Berlitz afirmó que debido a que los restos de los TBM Avenger flotarían por largos periodos de tiempo, estos debieron ser encontrados al día siguiente considerando que esos días el mar estaba en calma y cielo despejado. Sin embargo, no solo no pudieron ser encontrados, sino que un avión de búsqueda y rescate de la Marina que enviaron al lugar también se perdió. Adicionalmente, la intriga se incrementó al conocer que el informe del accidente de la Marina se atribuyó a «causas o razones desconocidas».

Los escritores de temas de misterio también han utilizado las dimensiones más altas como una posible solución al enigma del Triángulo de las Bermudas. Algunos han conjeturado que los aviones y barcos que desaparecieron en el Triángulo de las Bermudas entraron en realidad en algún tipo de puerta estelar hacia otro mundo, como se describe en la serie televisiva Stargate. La existencia de mundos paralelos u otras dimensiones también ha dado lugar a múltiples especulaciones esotéricas. Una de las preguntas recurrentes es si las almas de los seres queridos que murieron fueron realmente a otras dimensiones. El filósofo británico del siglo XVII Henry More argumentaba que los fantasmas y los espíritus existían realmente y afirmó que habitaban en la cuarta dimensión espacial, a la que yo me refiero como quinta dimensión para distinguirla de la cuarta dimensión temporal. En el Enchiridion Metaphysicum, escrito en el 1671, Henry More consideró la existencia de otro reino más allá de nuestros sentidos tangibles que servíría de hogar a fantasmas y espíritus. Algunos autores se han aventurado a escribir libros donde hablan profusamente sobre hadas, duendes y gnomos, considerando que son una civilización que cohabita en un mundo paralelo al nuestro o en otra dimensión. Los teólogos del siglo XIX, en su interés por localizar el cielo y el infierno discutieron si podrían encontrarse en una dimensión más alta. Algunos escribieron sobre un universo que constaba de tres planos paralelos, constituido por la Tierra, el Cielo y el Infierno. El propio Dios, según el teólogo británico del siglo XIX Arthur Willink, “vivía” en un espacio de dimensión infinita, lo que estaría por encima de las 10 dimensiones que reconoce actualmente la Física. ¿Se refería quizás a la décima dimensión? El interés en las dimensiones más altas alcanzó su culminación entre 1870 y 1920, cuando la llamada «cuarta dimensión», una dimensión espacial, diferente de la que conocemos como la cuarta dimensión del tiempo, y que yo prefiero nombrar «quinta dimensión», se introdujo en todas las ramas de las artes y las ciencias. La cuarta dimensión espacial (o quinta dimensión) apareció en las obras literarias de Oscar Wilde, Fedor Dostoievski, Marcel Proust, H. G. Wells y Joseph Conrad. En su conocida novela de ciencia ficción La máquina del tiempo (1895), el escritor británico Herbert George Wells (1866-1946) hablaba de la cuarta dimensión entendida como el tiempo, a través del cual se podía viajar. En 1896, en la revista New Review, Wells publicó un relato corto titulado La historia de Plattner, en el que aparece la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión). El protagonista es Gottfried Plattner, profesor en la Sussexville Proprietary School, donde se encarga de enseñar las lenguas modernas. También debe ocuparse de la docencia de otras materias, como química, geografía económica, contabilidad, taquigrafía, dibujo y cualquier otra que se le encomiende, aunque sepa poco de ellas. Plattner es especialmente inexperto en química. Uno de sus alumnos le lleva un polvo verdoso para que lo analice y sucede un accidente. Ante la sorpresa de los estudiantes, Plattner desaparece sin dejar huella. Pero al cabo de unos días Plattner regresa súbitamente, ‘cayendo’ desde algún lugar, tras escucharse un ruido violento y producirse un relámpago. El profesor desaparecido desconoce lo que ha sucedido, ya que ha permanecido, en contra de su voluntad, en ‘otro lugar’. Pero, al mismo tiempo, según sus declaraciones, podía ver lo que hacían las personas de ‘nuestro mundo’, como si fuera espectador de una película.

A inicios del siglo XX algunos importantes matemáticos comenzaron a especular con la existencia de una cuarta dimensión espacial (quinta dimensión). Sería una dimensión que, además, podría explicar la desaparición brusca de objetos y personas desde este mundo. Cada vez es mayor el número de físicos que se inclinan a aceptar la posible existencia de otras dimensiones o del hiperespacio, que estarían más allá del espacio en el que vivimos, aunque serían inaccesibles o invisibles entre ellos. La posible existencia de estas dimensiones ha cautivado a filósofos y teólogos a la hora de establecer todo tipo de hipótesis, incluida la de que algunas de estas dimensiones pudieran estar temporalmente comunicadas entre ellas. El problema es poder analizar si realmente hay diferentes dimensiones inaccesibles entre sí. Una hipótesis considera que se accede a estas dimensiones durante estados mentales alterados. Los físicos, hoy en día, han desarrollado teorías acerca de los agujeros negros y la antimateria, así como sobre cómo ciertas entidades subatómicas se relacionan con otras dimensiones. El hecho de que pudieran existir otras dimensiones podría dar explicación, entre otras cosas, a la supuesta habilidad para desplazarse fuera del cuerpo y ver cosas que suceden en otras estancias, en ocasiones a kilómetros de donde está ocurriendo, por ejemplo, en una experiencia cercana a la muerte (ECM). A este respecto, las recientes teorías de la Física en relación a las supercuerdas podrían predecir la existencia de otras dimensiones que normalmente no podemos percibir. Un ejemplo de las mismas es la de la Teoría M, una “teoría del todo” que unificaría las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, y que está construida a partir de la teoría de las supercuerdas, que contempla diez dimensiones espaciales. Realmente, la opinión generalizada de los científicos en los últimos años es que dichas dimensiones existen realmente, pero que no pueden ser percibidas por nosotros. El mundo en el que vivimos parece tener tan solo tres dimensiones espaciales. Ahora bien, si nuestro cuerpo astral pudiese abandonar nuestro cuerpo físico, hacia una cuarta dimensión espacial (quinta dimensión), en ese mismo instante podríamos ver más allá de las paredes, incluyendo objetos muy lejanos. Más aún, podríamos ver el interior de objetos aparentemente cerrados para el mundo tridimensional. Desde esta perspectiva y rotando, las escenas tendrían un campo de visión de trescientos sesenta grados, particularmente si estas escenas son visualizadas, por ejemplo, desde un techo como el que puede existir en una sala de reanimación de un hospital.

Científicamente, la teoría del hiperespacio está asociada a la teoría de Kaluza-Klein, una generalización de la teoría de la relatividad general, que trata de unificar la gravitación y el electromagnetismo usando un modelo geométrico en un espacio-tiempo de cinco dimensiones, así como la supergravedad, una teoría de campos que combina el principio de supersimetría y de relatividad general. Pero en su formulación más avanzada aparece la teoría de supercuerdas, un esquema teórico para explicar todas las partículas y fuerzas fundamentales de la naturaleza en una sola teoría, que modela las partículas y campos físicos como vibraciones de delgadas cuerdas supersimétricas, las cuales se mueven en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones, más exactamente 10 dimensiones espaciales y una temporal. La única teoría suficientemente compleja para contener a la vez la teoría de Kaluza-Klein y la supergravedad es la teoría de supercuerdas. Por otro lado, los físicos se han acostumbrado a “trabajar” en el hiperespacio, que ofrece muchas ventajas a la hora de intentar unificar las cuatro fuerzas fundamentales: gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil. Debido al renacimiento de la teoría de Kaluza-Klein, la idea del hiperespacio ya no parecía inverosímil. Pasado el tiempo, ni siquiera una teoría que hablaba de veintiséis dimensiones parecía extravagante. La resistencia original a las veintiséis dimensiones empezaba a diluirse lentamente con el tiempo. Finalmente, en 1984, los físicos Michael Green y John Henry Schwarz demostraron que la teoría de supercuerdas era la única teoría auto-consistente de la gravedad cuántica. En 1985, el genial físico Edward Witten hizo un avance importante en la teoría de campos de cuerdas, que muchos consideran que es uno de los logros más bellos de la teoría. Demostró que la vieja teoría de campos podía derivarse utilizando poderosos teoremas matemáticos y geométricos en una forma completamente relativista. Con la nueva teoría de campos de Witten quedó de manifiesto la verdadera elegancia matemática de la teoría de campos de cuerdas. Pronto se escribieron casi un centenar de artículos científicos para explorar las fascinantes propiedades matemáticas de la teoría de campos de Witten. Suponiendo que la teoría de campos de cuerdas sea correcta, en principio deberíamos ser capaces de calcular la masa del protón a partir de primeros principios y entrar en contacto con los datos conocidos, tales como las masas de las diversas partículas. Si la teoría es correcta se situará entre los avances más importantes de la física. Tras la euforia de finales de la década de 1980 se impuso un cierto grado de frío realismo. Aunque la teoría está matemáticamente bien definida, nadie ha sido capaz de resolver la teoría. El problema es que nadie es suficientemente inteligente para resolver la teoría de campos de cuerdas o cualquier otro enfoque de la teoría de cuerdas. Éste es un problema bien definido, pero resolver una teoría de campos requiere técnicas que están actualmente más allá de la capacidad de cualquier físico. Ante nosotros hay una teoría de cuerdas perfectamente bien definida. Dentro de ella está la posibilidad de zanjar toda la controversia que rodea al espacio de dimensiones más altas.

Hay una frase que creo es bastante explicativa sobre las cuerdas: “Todo ente de este universo, en su mínima expresión, está formado de pequeñas cuerdas hiperactivas“. La teoría de cuerdas es un modelo de la Física que intenta explicar la naturaleza de la materia y sus interacciones, sean la gravedad, el electromagnetismo o las fuerzas nucleares. Según esta teoría, todo está compuesto de cuerdas o filamentos vibrando en un número indeterminado de dimensiones, aunque se asume que son 10 dimensiones. Mientras que el modelo estándar de la Física considera el electrón como una partícula, los teóricos de las cuerdas lo conciben como una vibración determinada de una cuerda infinitesimal, que oscilando o vibrando de una manera diferente podría dar lugar a otras partículas fundamentales, como los quarks. Lo esencial es que no se entiende la materia por su composición sino por cómo vibra. Las partículas son como las notas de una escala armónica que se toca con una única cuerda, como si fuese una guitarra con una única cuerda. Sin embargo, es una teoría sin pruebas empíricas que la demuestren, salvo el entrelazamiento cuántico, en que las partículas tienen la capacidad de “conectarse” de alguna manera a otras partículas en otra parte del universo. E incluso aún hay ciertas discrepancias en sus fundamentos básicos, como el número de dimensiones existentes. Aunque la Física se distingue por seguir el método científico, demostrando la teoría a través de la experimentación, ¿cómo podría diseñarse un experimento para probar este modelo del universo? Hasta ahora, nadie ha visto jamás una cuerda fundamental y nadie tiene la certeza, mas allá de las expresiones matemáticas, de que existan en realidad. Este hecho ha provocado que concurran simultáneamente múltiples teorías de cuerdas. Pero para una teoría de cuerdas el problema no está en la teoría, sino en el uso de unas matemáticas aún primitivas. La razón para este pesimismo es que falla una herramienta de cálculo esencial, la teoría de perturbaciones, un conjunto de esquemas aproximados para describir sistemas cuánticos complicados en términos de otros sistemas más sencillos. La esperanza de los teóricos de cuerdas era poder desarrollar una fórmula más avanzada, definida en cuatro dimensiones espaciales, que describiera claramente el espectro conocido de partículas.

El problema fundamental que ha atascado el avance en la teoría de supercuerdas es que nadie sabe cómo seleccionar la solución correcta de entre las múltiples soluciones que se han propuesto. Algunas de estas soluciones están muy próximas a una descripción del mundo real. Usando algunas hipótesis es relativamente fácil extraer el Modelo Estándar, una teoría relativista de campos cuánticos basada en las ideas de la unificación y simetrías, de una vibración de la cuerda. Varios grupos han anunciado, de hecho, que pueden encontrar soluciones que están de acuerdo con los datos conocidos sobre partículas subatómicas. El problema, como vemos, está en que existen también múltiples otras soluciones que describen universos que no se parecen en nada al nuestro. En algunas de estas soluciones, el universo no tiene quarks o tiene demasiados. En la mayoría de ellos, la vida como la conocemos no podría existir. Nuestro universo puede estar perdido en alguna parte entre los diversos universos posibles que han sido propuestos en la teoría de cuerdas. Para encontrar la solución correcta debemos utilizar técnicas muy complicadas no basadas en la teoría de perturbaciones. Puesto que el 99% de lo que conocemos sobre física de altas energías se basa en la teoría de perturbaciones, esto significa que estamos totalmente perdidos a la hora de encontrar la verdadera solución de la teoría. La teoría de campos de cuerdas existe, pero el problema es que surgió accidentalmente en el siglo XX, mientras que las matemáticas del siglo XXI todavía no han sido inventadas. Parece que tendremos que esperar a que la generación actual de físicos invente las matemáticas del siglo XXI. Uno de los secretos más profundos de la teoría de cuerdas, que aún no es bien comprendido, es por qué está definida sólo en diez y veintiséis dimensiones. Si la teoría fuera tridimensional no podría unificar las leyes conocidas de la física de una manera razonable, por lo que la geometría de dimensiones más altas es la característica central de la teoría. Si calculamos cómo se rompen y se vuelven a formar las cuerdas en el espacio N dimensional, constantemente descubrimos la existencia de términos absurdos que destruyen las maravillosas propiedades de la teoría. Por consiguiente, para hacer que desaparezcan estas anomalías, no hay otra solución que fijar N dimensiones igual a diez.

La teoría de cuerdas, de hecho, es la única teoría cuántica conocida que exige que la dimensión del espacio-tiempo esté fijada en un número único. Por desgracia, los teóricos de cuerdas están, por el momento, completamente perdidos para explicar por qué se definen diez dimensiones. La respuesta yace en las profundidades de las matemáticas, en un área denominada funciones modulares, que son unas extrañas funciones en las que el número diez aparece en los lugares más extraños. Estas funciones modulares son tan misteriosas como quién las investigó, Srinivasa Ramanujan. Quizá si entendiéramos mejor el trabajo de este genio de la India, comprenderíamos por qué vivimos en nuestro universo actual. Srinivasa Ramanujan (1887- 1920) ha sido uno de los hombres más misteriosos en la historia de las matemáticas y probablemente de toda la historia de la ciencia. Trabajando en total aislamiento de las corrientes principales de las matemáticas, fue capaz de investigar por sí mismo lo más valioso de cien años de matemáticas occidentales. La lástima es que gran parte de su trabajo lo tuvo que utilizar en redescubrir matemáticas ya conocidas en Occidente. Repartidas en sus cuadernos, entre múltipoles ecuaciones, están estas funciones modulares que figuran entre las más extrañas funciones jamás encontradas en matemáticas. Una función, que aparece una y otra vez en la teoría de las funciones modulares, se denomina hoy función de Ramanujan en su honor. Esta extraña función contiene un término elevado a la potencia veinticuatro, ya que el número 24 aparece repetidamente en la obra de Ramanujan. Éste es un ejemplo de lo que los matemáticos llaman números mágicos, que aparecen continuamente donde menos se esperan, por razones que nadie entiende. Milagrosamente, la función de Ramanujan aparece también en la teoría de cuerdas. El número 24 que aparece en la función de Ramanujan es también el origen de las cancelaciones milagrosas que se dan en la teoría de cuerdas. En la teoría de cuerdas, cada uno de los veinticuatro modos de la función de Ramanujan corresponde a una vibración física de la cuerda. Cuando la cuerda ejecuta sus movimientos complejos en el espacio-tiempo, dividiéndose y recombinándose, deben satisfacerse un gran número de identidades matemáticas altamente perfeccionadas. Éstas son precisamente las identidades matemáticas descubiertas por Ramanujan.

Puesto que los físicos añaden dos dimensiones más cuando cuentan el número total de vibraciones que aparecen en una teoría relativista, ello significa que el espacio-tiempo debe tener 24 + 2 = 26 dimensiones espacio-temporales. Cuando se generaliza la función de Ramanujan, el número 24 queda reemplazado por el número 8. Por lo tanto, el número crítico para la supercuerda es 8 + 2 = 10. Éste es el origen de la décima dimensión. La cuerda vibra en diez dimensiones porque requiere estas funciones de Ramanujan generalizadas para permanecer auto-consistente. En otras palabras, los físicos no tienen la más mínima idea de por qué 10 y 26 dimensiones se seleccionan como dimensiones de la cuerda. Es como si hubiera algún tipo de numerología profunda que se manifestara en estas funciones y que nadie comprende. Son precisamente estos números mágicos que aparecen en las funciones modulares elípticas los que determinan que la dimensión del espacio-tiempo sea diez. En el análisis final, el origen de la teoría de diez dimensiones es tan misterioso como el propio Ramanujan. Cuando se pregunta por qué la naturaleza debería existir en diez dimensiones, los físicos están obligados a responder «No lo sabemos». Sabemos, de manera general, por qué debe seleccionarse alguna dimensión del espacio-tiempo, ya que de lo contrario la cuerda no podría vibrar de una forma cuánticamente auto-consistente. Pero no sabemos por qué se seleccionan estos números concretos. Quizá la respuesta esté esperando a ser descubierta en los cuadernos perdidos de Ramanujan, que nació en 1887 en Erode, India, cerca de Madras. Aunque su familia era brahmín, lo que implica ser miembros de la más alta de las castas hindúes, vivían de los escasos recursos del trabajo del padre de Ramanujan como empleado en una oficina de un comerciante de tejidos. A la edad de diez años, estaba claro que Ramanujan no era como los demás niños. Como el famoso matemático alemán Bernhard Riemann (1826 – 1866) antes que él, se hizo bien conocido en su pueblo por sus sorprendentes poderes de cálculo. Cuando era niño, ya había investigado la fórmula de identidad del matemático Leonhard Euler, que era una fórmula notable por relacionar cinco números muy utilizados en la historia de las matemáticas y que pertenecen a distintas ramas de la misma. Asimismo, Ramanujan también se dedicó a estudiar funciones trigonométricas y exponenciales.

Para Ramanujan, su fascinación por las matemáticas llegó cuando se sumergió en un oscuro y olvidado libro de matemáticas, Sinopsis de matemática pura, escrito por el matemático británico George Carr. Este libro ha quedado inmortalizado desde entonces por el hecho de que señaló la única exposición conocida de Ramanujan a las modernas matemáticas occidentales. Según su hermana: «Fue este libro el que despertó su genio. Él se propuso establecer por sí mismo las fórmulas dadas allí. Como no tenía la ayuda de otros libros, cada solución era un trabajo de investigación por lo que a él concernía. Ramanujan solía decir que las diosas de Namakkal le inspiraron las fórmulas en sueños». Debido a su brillantez, fue capaz de ganar una beca para la escuela superior. Pero puesto que le aburrían las aulas y estaba intensamente preocupado con las ecuaciones que constantemente estaban dando vueltas en su cabeza, fracasó en su ingreso en el nivel superior y, consiguientemente, su beca fue cancelada. Frustrado, se escapó de casa. Pero finalmente volvió, aunque sólo para caer enfermo y suspender su examen de nuevo. Con la ayuda de algunos amigos, Ramanujan se las arregló para convertirse en un empleado de bajo nivel en el puerto franco de Madras. Era un trabajo servil, con una modesta paga de veinte libras al año, pero dio libertad a Ramanujan, como a Einstein antes que él en la oficina de patentes suiza, para seguir sus sueños en su tiempo libre. Ramanujan envió entonces algunos de los resultados de sus «sueños» a tres matemáticos británicos bien conocidos, buscando un contacto con otros matemáticos. Dos de los matemáticos, al recibir esta carta escrita por un desconocido empleado indio sin instrucción formal, la desecharon. El tercero era el brillante matemático de Cambridge, Godfrey H. Hardy. Debido a su fama en Inglaterra, Hardy estaba acostumbrado a recibir correo de chiflados y apenas prestó atención a la carta. Entre los densos garabatos advirtió muchos teoremas matemáticos que ya eran bien conocidos. Pensando que era la obra de un plagiario también desechó la carta.

Pero había algo en todo aquello que no encajaba y que inquietaba a Hardy, que no podía dejar de preguntarse sobre esta extraña carta. Durante una cena, el 16 de enero de 1913, Hardy y su colega John Littlewood discutieron sobre esta carta singular y decidieron echar una segunda ojeada a su contenido. Empezaba de forma bastante inocente, con «Me permito presentarme a usted como un empleado en el departamento de contabilidad de la oficina del puerto franco de Madras con un salario de sólo veinte libras al año». Pero la carta del humilde empleado de Madras contenía teoremas que eran totalmente desconocidos para los matemáticos occidentales. En total, contenía 120 teoremas. Hardy estaba atónito y recordaba: «Nunca había visto nada antes que se le pareciera en lo más mínimo. Una simple ojeada a ellos era suficiente para mostrar que sólo podían estar elaborados por un matemático de la más alta categoría». Littlewood y Hardy alcanzaron la idéntica y sorprendente conclusión de que era obviamente el trabajo de un genio empeñado en avanzar cien años las matemáticas. «Él había estado llevando a cabo una carrera imposible, un pobre y solitario hindú enfrentando su cerebro contra la sabiduría acumulada de Europa», recordaba Hardy, que escribió a Ramanujan y, tras muchas dificultades, arregló su estancia en Cambridge en 1914. La correspondencia de Hardy con Ramanujan se agrió después de que Ramanujan se negase a viajar a Inglaterra. Hardy encargó a un colega que estaba dando conferencias en Madrás, E.H. Neville, que convenciese a Ramanujan para ir a Inglaterra. Finalmente Ramanujan aceptó la propuesta; como Neville dijo, “Ramanujan no necesitaba ser convencido y la oposición de sus padres había sido retirada“. Al parecer, la madre de Ramanujan tuvo un sueño vívido en el que la diosa de la familia, Namagiri Thayar, le ordenó que “no prolongase más tiempo la separación entre su hijo y el cumplimiento del propósito de su vida“. Namagiri Thayar es una forma de la diosa hindú Lakshmi, adorada en Namagiri, una ciudad también llamada Namakkal , en el moderno Tamil Nadu, India. En la teología hindú, ella es la consorte de Vishnú, que junto con Brahma y Shiva forma parte de la Trimurti. Según Ramanujan, la diosa Namagiri se le apareció en visiones, proponiéndole fórmulas matemáticas que luego tendría que verificar. Uno de esos eventos fue descrito por él de la siguiente manera: “Mientras dormía, tuve una experiencia inusual. Había una pantalla roja formada por el flujo de sangre, por así decirlo. Lo estaba observando. De repente, una mano comenzó a escribir en la pantalla. Me volví toda la atención. Esa mano escribió varias integrales elípticas. Se pegaron a mi mente. Tan pronto como desperté, me comprometí a escribir“. Tal vez fue la diosa Namagiri la que, desde una dimensión superior, “convenció” a Hardy de que revisase la carta de Ramanujan. Entre muchas otras, hubo personas que recibieron conocimientos importantes a través de sueños, como Nikola Tesla o Niels Bohr, que soñó con la estructura del átomo. En su sueño Bohr vio los electrones y el núcleo en forma de sistema solar. Ello tal vez demostraría que recibimos conocimientos desde dimensiones más altas.

En efecto, nos podemos preguntar si hay seres de dimensiones superiores que están dando conocimientos avanzados a algunos seres humanos a través de sueños o mediante otras maneras de influir en la mente humana ¿Podría ello explicar la aceleración en los avances científicos y tecnológicos que se está produciendo actualmente? Además, la madre de Ramanujan recibió permiso de la diosa Namagiri Thayar para que Ramanujan fuera a Inglaterra en un sueño. Ramanujan se embarcó por fin hacia Inglaterra, dejando a su esposa con sus padres en la India. Por primera vez Ramanujan podía comunicarse regularmente con la comunidad de matemáticos europeos. Entonces comenzó una gran actividad, con tres cortos e intensos años de colaboración con Hardy en el Trinity College en Cambridge. Hardy trató más tarde de estimar la capacidad matemática que poseía Ramanujan. En base a ello, concedió a David Hilbert, universalmente reconocido como uno de los mayores matemáticos occidentales del siglo XIX, una puntuación de 80, a Ramanujan le asignó una puntuación de 100, y el propio Hardy se concedió a sí mismo una puntuación de 25. Por desgracia, ni Hardy ni Ramanujan parecían interesados en los procesos de pensamiento mediante los cuales Ramanujan descubría estos increíbles teoremas, especialmente cuando este diluvio de material brotaba de sus sueños con semejante frecuencia. Hardy señaló: «Parecía ridículo importunarle sobre cómo había descubierto este o ese teorema conocido, cuando él me estaba mostrando media docena de nuevos teoremas cada día». Hardy explicó: “Recuerdo una vez que fui a visitarle cuando estaba enfermo en Putney. Yo había tomado un taxi n.° 1729, y comenté que el número me parecía bastante feo, y que esperaba que no fuese un mal presagio. ‘No —replicó él—, es un número muy interesante; es el número más pequeño expresable como una suma de dos cubos en dos formas diferentes’“. Era capaz de recitar en el acto teoremas complejos de aritmética cuya demostración requeriría un ordenador moderno. Siempre con pobre salud, Ramanujan no pudo mantener su estricta dieta vegetariana por lo que constantemente estaba entrando y saliendo de hospitales. Después de colaborar con Hardy durante tres años, Ramanujan cayó enfermo y nunca se recuperó. La primera guerra mundial interrumpió los viajes entre Inglaterra y la India, y en 1919 consiguió finalmente volver a casa, donde murió un año más tarde, en 1920, hace exactamente un siglo. Pero había cumplido las instrucciones de la diosa hindú de dejar un conocimiento clave para la importante teoría de supecuerdas. El legado de Ramanujan consta de 4.000 fórmulas en cuatrocientas páginas que llenan tres volúmenes de notas, todas densamente llenas de teoremas de increíble fuerza pero sin ningún comentario o, lo que es más frustrante, sin ninguna demostración. En 1976, sin embargo, se hizo un nuevo descubrimiento. Ciento treinta páginas de borradores, que contenían los resultados del último año de su vida, fueron descubiertas por casualidad en una caja en el Trinity College. Esto se conoce ahora como el «Cuaderno Perdido» de Ramanujan, similar a los cuadernos perdidos de Tesla. Comentando este Cuaderno Perdido, el matemático Richard Askey dice: «El trabajo de ese año, mientras se estaba muriendo, era el equivalente a una vida entera de trabajo de un matemático muy grande. Lo que él consiguió era increíble. Si fuera una novela, nadie lo creería». Para poner de manifiesto la dificultad de su ardua tarea de descifrar los cuadernos de Ramanujan, los matemáticos Jonathan Borwein y Peter Borwein comentaron: «Que nosotros sepamos, nunca se ha intentado una redacción matemática de este alcance o dificultad».

Tal como dice el matemático escocés Jonathan Borwein sobre Ramanujan: «Parece haber trabajado de una forma diferente a cualquier otro que nosotros conozcamos. Tenía tal intuición de las cosas que éstas simplemente fluían de su cerebro. Quizá no las veía de ninguna forma que sea traducible. Es como observar a alguien en una fiesta a la que tú no has sido invitado». Pero los físicos saben que los «accidentes» no aparecen sin una razón. Cuando están realizando un cálculo largo y difícil, y entonces resulta de repente que miles de términos indeseados suman milagrosamente cero, los físicos saben que esto no sucede sin una razón más profunda subyacente. Hoy, los físicos saben que estos «accidentes» son una indicación de que hay una simetría en juego. Para las cuerdas, es la simetría de estirar y deformar la hoja del universo de la cuerda. Aquí es precisamente donde entra el trabajo de Ramanujan. Para proteger la simetría original contra su destrucción por la teoría cuántica, deben ser milagrosamente satisfechas cierto número de identidades matemáticas. Estas identidades son precisamente las identidades de la función modular de Ramanujan. En resumen, las leyes de la naturaleza se simplifican cuando se expresan en dimensiones más altas. Sin embargo, a la luz de la teoría cuántica el enunciado correcto sería: “las leyes de la naturaleza se simplifican cuando se expresan coherentemente en dimensiones más altas“. El añadido de la palabra coherentemente es crucial. Ello nos obliga a utilizar las funciones modulares de Ramanujan, que fijan en diez las dimensiones del espacio-tiempo. Esto, a su vez, puede darnos la clave decisiva para explicar el origen del universo. Einstein se preguntaba a menudo si Dios tuvo alguna elección al crear el universo. Según los teóricos de supercuerdas, una vez que exigimos una unificación de la teoría cuántica y de la relatividad general, Dios no tenía elección. La auto-consistencia por sí sola, afirman ellos, debe haber obligado a Dios a crear el universo como lo hizo. Aunque el perfeccionamiento matemático introducido por la teoría de cuerdas ha alcanzado niveles muy altos y ha sorprendido a los propios matemáticos, los críticos de la teoría aún la señalan como su punto más débil.

Cualquier teoría, afirman, debe ser verificable. Puesto que ninguna teoría definida a la energía de Planck de 1019 miles de millones de electronvoltios es verificable, la teoría de supercuerdas no sería realmente una teoría en absoluto. El principal problema, como hemos señalado, es teórico más que experimental. Si hubiesen físicos y matemáticos suficientemente geniales, se podría resolver exactamente la teoría y encontrar la verdadera solución de la teoría. Sin embargo, esto no es excusa de encontrar algún medio por el que verificar experimentalmente la teoría. Pero para verificar la teoría debemos esperar señales desde la décima dimensión. Sin embargo, dos equipos independientes de investigadores, uno liderado por Oded Zilberberg en Suiza y el otro por Mikael Rechtsman en la Universidad de Pennsilvania, Estados Unidos, han conseguido poner a punto una manera de observar esos fenómenos físicos que según la teoría solo se manifiestan en una dimensión superior a la nuestra. Según Mikael Rechtsman: “Cuando la teoría predijo que el efecto Hall cuántico se podía observar en el espacio tetradimensional, se consideró como algo de interés puramente teórico porque el mundo real consiste en solo tres dimensiones espaciales; era más o menos una curiosidad. Pero, ahora hemos demostrado que el efecto Hall cuántico de cuatro dimensiones puede emularse utilizando fotones, o partículas de luz, que fluyen a través de una intrincada pieza de vidrio, una matriz de guías de ondas“. En definitiva, ambos experimentos demuestran cómo se vería un efecto si ocurriera en cuatro dimensiones. En cuanto a las posibles aplicaciones prácticas del hallazgo, no existe ninguna que pueda implementrse a corto plazo. En palabras de Zilberberg, “en este momento, esos experimentos todavía están lejos de cualquier aplicación útil“. A pesar de ello, este tipo de investigaciones científicas podría ayudar a desentrañar aspectos de la teoría de cuerdas, según los cuales muchas dimensiones superiores se “comprimieron” en el pasado, de tal manera que en la actualidad solo existiría el mundo tridimensional que vemos a nuestro alrededor. Pero, como explicamos en este artículo, tenemos la impresión de que estas dimensiones superiores sí existen.

Un Viaje Astral es un término esotérico de procedencia oriental que define la experiencia desarrollada por el cuerpo astral de una persona que, según entornos esotéricos, consiste en la “envoltura estelar del alma“. Esta creencia ya se manifestaba en antiguos textos hindúes, egipcios, griegos, y hasta en la Biblia. Se considera que el cuerpo astral está formado por una sustancia energética ligera, translucida, luminosa y evanescente, que sería una réplica etérea del cuerpo físico. Se dice que tiene por misión transportar el alma de la persona en el momento de la muerte física en un viaje astral hacia otra dimensión. Por otro lado, en parapsicología un viaje astral se entiende como un fenómeno equivalente al desdoblamiento o la proyección psi. La diferencia entre ambos puntos de vista radica en que uno está basado en la existencia de una entidad espiritual energética que se manifiesta durante el viajes astral, independientemente del cuerpo físico, mientras que en el otro las ciencias psíquicas sostienen que la proyección psi obedece en realidad a un mecanismo puramente psíquico que se manifiesta de forma paranormal mediante la actividad perceptiva extrasensorial, aunque no siempre se produzca de forma consciente. Los antiguos egipcios creían que el cuerpo astral o ba era un pájaro con rostro humano. Un viaje astral es la separación del cuerpo físico y el cuerpo astral, sin la participación del cuerpo mental, aunque éste sirva de “interprete“. Esta separación es muy parecida a la muerte, ya que muchas personas que han permanecido muertas clínicamente durante poco rato lo han experimentado conscientemente. Pero no hace falta estar al borde de la muerte para experimentarlo. Algunas personas lo experimentan de forma espontánea cuando están conscientes, sin proponérselo siquiera, mientras que otras intentan en vano dicha experiencia y lo mas que consiguen es una potente proyección mental. También hay personas que viajan astralmente siguiendo determinadas técnicas o ingiriendo drogas alucinógenas. Los expertos en dichas técnicas dicen que los viajes astrales son peligrosos para personas con debilidades psíquicas o problemas cardíacos, ya que producen taquicardias y pueden desequilibrar a una mente débil. Lo primero que sucede en un viaje astral consciente, es la vívida separación del cuerpo astral del cuerpo físico. Cuando esto sucede, el cuerpo físico queda inerte, con la mirada perdida o los ojos cerrados, con unas constantes vitales muy bajas, pero no dormido. Se puede tener conciencia o no de lo que sucede a nuestro alrededor físico mientras el cuerpo astral “vuela” por otros planos. ¿Es en realidad un viaje por la quinta dimensión?

Las personas tienen auras, que son perfiles sutiles de distintos colores que rodean al cuerpo, y según la intensidad de estos colores, quienes pueden ver y entender el aura pueden deducir la salud, bondad y el estado general de evolución de una determinada persona. Este aura es la radiación de la fuerza vital interna, que podríamos relacionar con el ego o con el alma. En torno a la cabeza hay un halo o nimbo que también forma parte de esa fuerza. Un nimbo, halo o aureola es la luminosidad, a modo de corona, usualmente circular, que aparece detrás y alrededor de la cabeza en una imagen o icono. Como símbolo, hace destacar la luz espiritual o divina del personaje representado. Aunque se suele emplear como sinónimo de aureola, ésta suele colocarse sobre la cabeza o bien su luminosidad puede envolver todo el cuerpo del personaje. El nimbo fue empleado por los egipcios, hindúes, griegos y romanos en imágenes de dioses o personajes divinizados, como símbolo de poder y grandeza. En las representaciones pictóricas más antiguas encontradas, el nimbo era, de hecho, un disco y no un círculo, evocando a Ra, el dios del disco solar en el Antiguo Egipto, y este disco también apareció especialmente sobre la cabeza de los dioses egipcios Jonsu o Hathor. En la antigüedad greco-romana aparece sobre las cabezas de dioses, como Helios o Apolo. Durante el Imperio Romano, el nimbo va a tomar la forma de un círculo perfecto, especialmente en las representaciones de emperadores divinizados. También se han representado nimbos y aureolas con mucha frecuencia en el arte de la India, sobre todo en la iconografía budista, donde se han atestiguado por lo menos desde el siglo I. El nimbo se incorporó al arte paleocristiano durante el siglo IV, con las primeras imágenes icónicas de Cristo, en un principio la única figura representada junto con su símbolo, el Cordero de Dios. Inicialmente, el nimbo fue considerado en algunos casos como una representación del Logos de Cristo, su naturaleza divina, y por tanto, muy tempranamente se representa antes de su bautismo por Juan el Bautista sin nimbo, siendo cuestión de debate si su Logos era innato a su nacimiento, desde el punto de vista ortodoxo, o adquirida por el bautismo, punto de vista nestoriano. En este periodo también es representado como un niño o joven en los bautismos. Con la muerte, la luz se apaga porque el Yo abandona al cuerpo y emprende su viaje a la etapa siguiente de la existencia, convirtiéndose en un fantasma, que correspondería al cuerpo astral. Al principio se desorienta y vaga por los espacios astrales sin saber adónde dirigirse, seguramente por la desorientación que le produce su brusca separación del cuerpo físico. Es muy posible que al principio no tenga conciencia de lo que le sucede. Por eso los lamas asisten a los moribundos para informarles de las etapas que han de recorrer. Si se descuida esta información, el espíritu puede sentirse arrastrado de nuevo hacia el plano físico por los deseos todavía persistentes de la carne. A este respecto vale la pena ver la película El sexto sentido, en que el protagonista actúa como si todavía estuviese vivo, cuando en realidad está muerto y es un fantasma, y también la película Ghost.

En las distintas religiones, los sacerdotes tienen la función de romper esos vínculos con el plano físico. Durante las horas en que estamos despiertos, nuestro Yo se encuentra preso en el cuerpo físico y se necesita un cierto entrenamiento para separarlos. Cuando dormimos, sólo reposa el cuerpo físico. Mientras, el espíritu se libera de toda traba y suele marcharse al reino de los espíritus, que es el hogar de nuestros cuerpos multidimensionales. El Yo y el cuerpo físico más el cuerpo etérico mantienen su vinculación por medio del Cordón de Plata, que puede estirarse ilimitadamente, como un cordón umbilical de materia sutil. El cuerpo físico permanece con vida mientras ese Cordón de Plata no se rompa. Con la muerte, al nacer el espíritu en una nueva dimensión, se rompe el Cordón de Plata, como se parte el cordón umbilical para separarnos de nuestra madre. Así como para un recién nacido su nacimiento significa la muerte de la vida que llevó en el cuerpo de su madre, de la que dependía totalmente, para el espíritu, la muerte significa un nuevo nacimiento a una dimensión más elevada. Mientras el Cordón de Plata permanezca intacto, el ego podrá vagar libremente durante el sueño y en el caso de los que se han entrenado, como algunos lamas tibetanos, podrán hacerlo de un modo consciente. El vagar del espíritu reproduce en sueños las impresiones transmitidas a lo largo del Cordón de Plata. Cuando la mente física las recibe va racionalizándolas para adaptarlas a la visión tetradimensional que tiene el ser humano. En el mundo espiritual, en dimensiones más elevadas, no existe el tiempo, ya que es un concepto puramente físico, derivado del entorno tetradimensional, por lo que podemos tener sueños aparentemente muy largos y muy complicados, aunque ocurran en una fracción de segundo. En el entorno de los lamas tibetanos se viaja mucho por medio de la proyección astral, que se trata de un procedimiento que pueden controlar a voluntad. Hacemos que el Yo abandone el cuerpo físico, aunque siga unido a él por el Cordón de Plata. Pueden viajar por donde quieren con la mayor velocidad concebible, superior a la velocidad de la luz, que aparentemente es un límite solamente en el entorno tetradimensional. La mayoría de nosotros posee la capacidad para realizar esos viajes, pero muchos han sentido un gran choque psíquico por falta de entrenamiento. Probablemente alguna vez habremos tenido la sensación de dormirnos y luego, sin razón aparente, despertarnos violentamente, como por una fuerte sacudida. Esto se debe a una separación demasiado brusca de los cuerpos físico y astral. Esta violenta contracción del Cordón de Plata hace que el cuerpo astral vuelva, como si tirase de él un elástico demasiado distendido, para introducirse de nuevo en su vestidura física.

De todos modos, la sensación es mucho peor cuando se regresa después de un viaje astral. El ser astral está flotando a enorme altura sobre el cuerpo físico como si fuese un globo al extremo de una cuerda. Cuando algo, quizá un ruido externo, hace que el cuerpo astral se reintegre al cuerpo físico con excesiva rapidez, entonces el cuerpo físico despierta repentinamente y tenemos la desagradable sensación de estar cayendo por un precipicio. Quienes han tenido experiencias de viajes astrales explican que la sensación vívida de la separación del cuerpo astral con respecto al cuerpo físico implica una sensación de elevación. Las primeras impresiones del viaje astral son en relación con el entorno y con el propio cuerpo físico, al que se puede ver desde lo alto. Esta visión del propio cuerpo resulta bastante desconcertante para la mayoría de las personas que realizan un viaje astral sin tener una previa preparación. Una vez que el cuerpo astral se ha elevado lo suficiente como para poder ver el cuerpo físico y las estancias que le rodean, sobre todo en las primeras experiencias, es posible que se dedique a viajar por ciertas áreas del mundo físico con cierta prudencia. La viveza del viaje hace que se vean las cosas físicas tal y como las vemos habitualmente, es decir, claras y sólidas. Las puertas, las paredes y cualquier otro obstáculo, que el cuerpo astral puede atravesar sin el menor esfuerzo, atemorizan inicialmente por su apariencia impenetrable. Después de dar un par de vueltas por el entorno, el cuerpo astral suele ir, aparentemente sin ningún control, hacia otros planos. El cuerpo astral normalmente se dirige a los canales astrales, que son como túneles oscuros que absorben el cuerpo astral y le elevan hasta diversos planos astrales u otras dimensiones. Esto parecería coincidir con la idea de la Física sobre agujeros de gusano que permiten viajar entre partes distantes del espacio y del tiempo, así como distintos universos paralelos o dimensiones. Analizando las ecuaciones de Einstein, los cosmólogos han demostrado que podría existir una madeja de agujeros de gusano, o tubos, que conectan estos universos paralelos. Los canales ascendentes se relacionan generalmente con imágenes simbólicas y celestiales, normalmente luminosas y atrayentes. Según el mundo esotérico, uno de los canales preferidos del cuerpo astral es el canal azul, que nos eleva y nos lleva a una zona luminosa y nubosa. La entrada del canal es algo oscura, como si estuviésemos en un túnel, pero en el lado opuesto emana una atrayente y tranquilizadora luz. Esto vuelve a relacionar este tema con los agujeros de gusano.

Muchas personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte (ECM), con una muerte clínica temporal, se precipitan inmediatamente hacia este canal azul. Según algunos que han experimentado esta situación, a la salida del túnel nos encontramos con una especie de cielo azul, luminoso y nubloso, muy agradable y confortable. En este cielo podemos pasar un aparente tiempo, aunque la estancia en dicho lugar es tan grata que a menudo las personas quieren quedarse en él para siempre. Es decir, que la estancia en ese lugar nos hace desear la desconexión con el mundo físico. Es como si la esencia humana esté realmente preparada para vivir en dimensiones superiores a la tetradimensional, como si fuese su auténtico hogar. El viaje astral, perfectamente controlado y sin perder la conciencia, puede ser realizado casi por todo el mundo. Pero necesita práctica, y, sobre todo al principio, requiere un absoluto aislamiento para que nadie pueda interrumpirnos. Por esto en entornos de profunda meditación, como en el caso de yoguis hindús, se dan estas experiencias conscientes del viaje astral. Inicialmente la persona que realiza el viaje astral se encuentra sola, pero pasado un cierto tiempo, aunque recordamos que en dimensiones superiores no existe el tiempo, empieza a tener compañía con los seres descritos como ángeles, otras personas fallecidas, etc. Poco después, la persona en el plano astral siente la necesidad de avanzar en dicho plano y dirigirse hacia una fuente de luz, una fuente que no parece tener un claro origen pero que nos atrae hacia una especie de puerta estelar que deseamos cruzar, a pesar de que a veces tengamos ciertos temores al hacerlo. Y aquí entramos en un terreno en que ya tenemos muy pocos testimonios, que nos  explican que antes de poder avanzar hacia la luz nos encontramos con un personaje al que algunos llaman guardián o ángel azul. Ese guardián aparece como un ser luminoso y de color azulado, constituido con esa misma luz y neblina que domina el plano astral. A primera vista parece de nuestro tamaño, pero a medida que nos vamos acercando a un tipo de puerta estelar se convierte en un gigante que nos impide el paso. Según los testimonios, su presencia es tanto acogedora como atemorizadora. Pero, a pesar de ello, nos hace sentir la necesidad de seguir adelante y traspasar el portal. Pero si aún no ha llegado nuestra hora, es decir, si no estamos muertos definitivamente, e insistimos en cruzar el portal, nos dice algo así como: “Aun no has terminado tu misión en la tierra“, y nos manda de regreso inmediatamente a nuestro cuerpo físico. A veces no hace falta que queramos cruzar el portal para que nos mande de vuelta al cuerpo físico. Es mas, estando en el cuerpo astral muchos ni lo ven siquiera cuando les habla y les devuelve al cuerpo físico. Otras personas se han asustado cuando, en lugar de devolverles al cuerpo, les dice que pueden quedarse todo el tiempo que quieran allá arriba, teniendo en cuenta la no existencia del tiempo en aquella dimensión. De cualquier manera, solo deja pasar el portal a los verdaderamente muertos, aunque algunos magos, lamas y santones aseguran haber cruzado el portal gracias a su elevado nivel espiritual, sin necesidad de haber muerto.

Resulta interesante que las investigaciones modernas sobre estados alterados de consciencia hayan aportado nuevos puntos de vista sobre este fenómeno. El que numerosas personas sean capaces de encontrarse con un amplio espectro de aparentemente extrañas experiencias, que incluyen, por ejemplo, túneles de luz, juicios divinos, en que se revisa la vida de la persona, renacimientos o la llegada a reinos celestiales, no parece ser otra cosa que una nueva reproducción de antiguos textos relacionados con los muertos, como en el antiguo Egipto, con El libro de los muertos, en el Tibet, con El libro tibetano de los muertos, o en la Biblia. Es decir, parece que nada ha cambiado y que estos antiguos textos no son otra cosa que verdaderas guías por nuestro mundo astral, incluyendo todo lo relacionado con la muerte biológica. En el Libro del esplendor (Zohar), de la tradición judía, podemos leer el siguiente relato, con Adán como protagonista: “El primer hombre creado por Jehová aparece en casa de un moribundo. Al verle, la persona que está muriendo dice: «Es por ti por lo que debo morir». A lo que Adán replica: «Sí, pequé una vez, un pecado por el que fui severamente castigado. Pero tú, hijo mío, no has pecado una vez, sino muchas veces». Adán procede a enseñarle al hombre una lista de sus faltas y concluye: «No hay muerte sin pecado»“. Una de las primeras personas que expandió el concepto de experiencias cercanas a la muerte (ECM) en el mundo occidental y en la época moderna fue el médico Raymond Moody, cuando allá por el año 1975, mientras todavía era un estudiante de Medicina, publicó el libro Vida después de la vida. Sin embargo, el propio Moody apunta en sus escritos que este tipo de experiencias pueden llegarse a encontrar incluso en textos muy antiguos, como los anteriormente mencionados. Asimismo, las ECM se pueden encontrar prácticamente en todas las culturas, al igual que las experiencias extracorpóreas (EEC). Estas últimas fueron estudiadas por el antropólogo norteamericano Dean Shiels en 1978, y comprobó que el 95% de diversas culturas no occidentales, de distinta localización geográfica y estructura religiosa, creían en este fenómeno de una manera sorprendentemente uniforme. Este autor concluye que la creencia en las experiencias extracorpóreas (EEC) responde, casi con toda seguridad, a acontecimientos demostrables. Bruce Greyson, Janice Holden y Debbie James, en su excelente libro The Handbook of Near Death Experiences, relatan la diversidad de textos donde aparecen las ECM en la literatura mundial.

Uno de los casos más sorprendentes durante el siglo XIX, publicado en 1889 en el Saint Louis Medical and Surgical Journal, fue el protagonizado por el doctor A. S. Wiltse, del pequeño poblado de Skiddy, en Texas. Este médico aparentemente falleció de unas fiebres tifoideas en el verano de 1889. Incluso las campanas de la iglesia repicaron para anunciar la defunción del médico del pueblo. El propio doctor Wiltse describe lo que ocurrió: «Descubrí que todavía estaba en mi cuerpo, pero este y yo ya no teníamos intereses en común. Me quedé perplejo y fascinado de alegría mientras me veía a mí mismo desde arriba […]. Con todo el interés que puede tener un médico […] observé el interesante proceso de separación de alma y cuerpo». En el mismo artículo el doctor Wiltse describe cómo desde fuera de su cuerpo pudo observar a una persona en la puerta de su habitación del hospital. Se acercó e intentó tocarle pero, como en los relatos de fantasmas, su brazo pareció atravesarle sin generar la mínima reacción en la otra persona: «Mi brazo pasó a través de él sin encontrar resistencia aparente […]. Le miré rápidamente a la cara para ver si había advertido mi contacto, pero nada. Él solo miraba hacia el sillón que yo acababa de dejar. Dirigí mi mirada en la misma dirección que la de él y pude ver mi propio cuerpo ya muerto […]. Me impresionó la palidez del rostro […]. Intenté ganar la atención de las demás personas con objeto de reconfortarlas y asegurarles su propia inmortalidad […]. Me paseé entre ellas, pero nadie pareció advertirme. Entonces la situación me pareció muy graciosa y comencé a reírme […]. Qué bien me sentía. Hacía tan solo unos minutos me encontraba terriblemente enfermo y con malestar. Entonces vino ese cambio llamado muerte que tanto temía. Esto ya ha pasado y aquí estoy, todavía un hombre, vivo y pensante. Sí, pensando más claramente que nunca y qué bien me siento. Nunca más volveré a estar enfermo. Nunca más tendré que morir». Otro caso relevante es el que afectó al discípulo de Sigmund Freud, el también famoso psiquiatra Carl Jung, que nos describe una ECM tras fracturarse un pie y sufrir un infarto de miocardio muy poco después. Una acompañante, enfermera cuenta cómo una luz le envolvía durante su agonía, al igual que en las experiencias de muerte compartidas. Algo, al parecer, que ella ya había observado con anterioridad en otros casos. Pero ahí no acaba la experiencia, ya que el propio Jung describe cómo llegó a ver la Tierra desde el espacio bañada en una gloriosa luz azulada. Más aún, describe la profundidad de los océanos y la conformación de los continentes. Debajo de sus pies se encontraba Sri Lanka (Ceilán) y un poco más adelante la India. No llegaba a ver toda la Tierra, pero sí su forma global y su perfil delimitado con una especie de rayo, toda ella llena de la luz azulada. No solo eso, sino que después de mirar la Tierra durante un rato se giró y pudo apreciar un bloque pétreo similar a un meteorito flotando en el espacio, con una especie de entrada donde un ser con apariencia hindú se encontraba sentado en posición de loto. Jung asegura que se encontraba en paz y tranquilo: «Yo tenía todo lo que era y era todo lo que tenía».

En ese momento Jung notó que iba a pasar a una habitación donde se encontraba todo lo relacionado con el sentido de su vida, cuando su médico de cabecera llegó. Sumergido en su experiencia, Jung escuchó cómo el médico le comentaba que no tenía derecho a abandonar la Tierra y que debía volver a su lugar de procedencia. Carl Jung se mostró «profundamente decepcionado» y a regañadientes retornó a su cuerpo. Incluso en su libro Memories, Dreams & Reflections llega a decir que odió al médico que le devolvió a la vida. A medida que Jung se recuperaba tuvo más visiones, llegando a afirmar: «Resulta imposible resumir la belleza y la intensidad de las emociones durante estas visiones. Es lo más tremendo que nunca haya experimentado […]. Nunca imaginé que una experiencia así pudiera acontecerme. No fue producto de mi imaginación. Las visiones y la experiencia fueron totalmente reales. No existió nada subjetivo. Todo poseía la cualidad de absoluta objetividad». Estos comentarios del famoso psiquiatra concuerdan con los que realizan la mayor parte de las personas que experimentan una ECM, en que muestran claridad y objetividad en su relato. Prácticamente todas las culturas poseen tradiciones en las que el ser humano prevalece ante la muerte. En las culturas más primitivas los cuerpos eran enterrados acompañados de enseres, como arcos y flechas, vasijas con alimentos, objetos personales, etc., como si la muerte tan solo fuese una transición hacia otro estado en el que dichos objetos pudieran serle útiles en el desempeño de la nueva vida. Entre todas las experiencias que pueden catalogarse como paranormales, las ECM parecen únicas. Es una oportunidad para demostrar algo que se ha perseguido desde hace siglos: la existencia o no del alma humana. La posibilidad de que la ciencia niegue la existencia de una consciencia o un alma flotando independientemente de un cuerpo físico sigue siendo generalizada en la mente de los científicos más avanzados. Si alguien pudiese reportar una ECM después de que su electroencefalograma hubiese sido plano durante un cierto tiempo, entonces los científicos deberían aceptar que algún tipo de consciencia humana es independiente del cerebro. Justamente esta frontera final fue descrita por Charles T. Tart en su libro States of Consciousness: «El ser humano tiene un alma etérea que, de alguna manera, bajo ciertas condiciones, puede llegar a abandonar el cuerpo físico».

Kenneth Ring, profesor emérito de psicología en la Universidad de Connecticut y un investigador en el campo de los estudios sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM), relataba en 1998 un ejemplo de visión esférica durante una ECM: «Me llevaban en una camilla por el hospital. Miré hacia abajo y supe que el cuerpo debajo de las sábanas era el mío y no me importó. La habitación era más interesante que mi propio cuerpo. La perspectiva era fantástica. Podía ver todo… Y me refiero a absolutamente todo. Podía ver la luz en el techo y, al mismo tiempo, la parte de debajo de la camilla. Podía ver los azulejos del techo y también los del suelo. Todo a la vez: trescientos sesenta grados de visión esférica. No solo esférica, sino extremadamente detallada. Podía ver cada cabello y su correspondiente folículo en la cabeza de la enfermera que empujaba la camilla. Sabía exactamente cuántos cabellos existían». En fin, algo que podríamos comparar con la actual tecnología de realidad aumentada. También hay el testimonio de Betty Eadie, que describió, en 1992, lo que ella llama visión total de superficie durante su ECM: «Fue como si sintiese algo que se soltase dentro de mí, y mi espíritu salió bruscamente de mi pecho y fue abducido hacia arriba como si de un imán gigante se tratase. Me encontraba encima de la cama, pegada al techo. Me giré y vi un cuerpo sobre la cama. Tuve curiosidad y descendí hasta él. Reconocí que era yo misma. Era mi cuerpo sobre la cama. Me di cuenta de que nunca me había visto en tres dimensiones, tan solo me había visto en un espejo, que es una superficie plana. Pero los ojos del espíritu ven más dimensiones que los ojos del cuerpo mortal. Pude ver mi cuerpo en todas direcciones de una sola vez: de frente, desde detrás y desde ambos lados. Observé características de las que nunca me había dado cuenta». Robert J. Brumblay, médico y jefe de los Servicios de Urgencias de la ciudad de Honolulu, relata cómo una mujer mayor que se encontraba en la UCI debido un shock séptico dijo salir de su cuerpo mientras su cuerpo físico permanecía en la cama. En ese momento, según contó, dijo ver a su hija en la sala de espera de los familiares e, increíblemente, advirtió que está embarazada de muy pocas semanas. Meses más tarde su hija dio a luz un bebé, y cuando la abuela lo tuvo en sus brazos notó la sensación de haberlo conocido antes, durante su ECM. El mismo Robert J. Brumblay relata, en 2003, el caso de una adolescente que sufrió una parada cardiorespiratoria como reacción a una crisis anafiláctica tras la administración de un contraste en la sala de rayos X. El autor nos recuerda que las paredes de este tipo de salas se encuentran totalmente forradas de plomo. Según la adolescente: «Me levanté y me encontré por encima de mi cuerpo. Pude ver a todo el mundo que se encontraba en la habitación para ayudarme, e incluso pude saber lo que pensaban. Al mismo tiempo pude ver a mi madre a través de la pared en la sala de espera. Se encontraba sentada con las manos sobre su regazo y llorando porque le acababan de comunicar lo que me había sucedido. Al mismo tiempo, pude ver a otras personas que se encontraban en habitaciones adyacentes, todas ellas separadas del cuarto de rayos X por paredes. Otra persona, en una habitación al lado de la mía, estaba recibiendo algún tipo de terapia física. Sin embargo, mi atención se dirigía hacia mi madre. Sabía que había paredes, pero podía ver a las demás personas en otras habitaciones».

Robert Monroe, fundador del Instituto Monroe, con estudios dedicados a ampliar la exploración de la consciencia, la percepción expandida y el auto descubrimiento, describe una percepción invertida de su propio cuerpo físico: «Después de salir de mi cuerpo con suma facilidad y quedarme en la misma habitación, tuve el coraje de acercarme a mi cuerpo físico, que se encontraba sobre la cama. Comencé a examinarlo en la semioscuridad. Toqué mi cabeza física y mis manos tocaron los pies. Parecía que todo estaba al revés. El primer dedo de mi pie izquierdo solía tener una uña especialmente gruesa debido a un accidente. Pero ahora esta uña se encontraba en el mismo dedo del pie derecho. Todo estaba invertido, como la imagen de un espejo». Sabemos que el concepto de bilocación consiste en la sensación de encontrarse en dos sitios a la vez. Por ejemplo, Richard J. Bonenfant describe, en 2001, el caso de un niño que sufrió un accidente de automóvil, y mientras salía despedido después del impacto pudo ver desde unos diez metros cómo su cuerpo físico daba vueltas en el aire. En otro caso, descrito por Henry Abramovitch, en 1988, una persona que sufrió un ataque al corazón observó desde una posición elevada cómo su cuerpo físico yacía en la misma posición en la que cayó al suelo, y preguntaba: «¿Cuál era la diferencia entre nosotros dos? ¿Cuál de nosotros era el yo real? Ahí estaba mi imagen tirada en el suelo, inanimada, pero yo podía moverme. Poseía la voluntad, la sensación y capacidad para pensar. Tal vez me había escapado de mí mismo y yo era el real. Lleno de compasión, le abandoné y, con un gran salto, volé hacia arriba». Pero no siempre la sensación y las consecuencias de una ECM son positivas para quien las vive, ni siempre constituyen la puerta de entrada hacia nuevas dimensiones espirituales. Por ejemplo, según el Dr. Gaona, una tal Ainhoa, que sufrió una ECM, explica lo siguiente: «Duró casi media hora, aunque en ese estado perdí la noción del tiempo que, por cierto, ni existía. En mi caso podía notar mi cuerpo y al mismo tiempo notarme fuera y sentir que era todo. Después llegué a oír hablar de la conexión con el todo que se puede lograr meditando, pero me pasó de repente, sin meditar y sin buscarlo, delante del ordenador. Mientras lo viví fue genial, pero al intentar racionalizar lo que había experimentado empecé a tener unas crisis de ansiedad tremendas y me costó como cinco años quitarme el miedo, si es que se me ha quitado del todo, que no estoy segura».

En el Instituto Karolinska, de Suecia, realizaron un interesante experimento titulado «Out-of-Body Experiences Induced in the Laboratory», publicado en Press Release el 23 de agosto de 2007. En este experimento se combinaron estímulos visuales y táctiles para provocar una sensación extracorpórea: «El sujeto que actuaba de conejillo de indias llevaba unas gafas estereoscópicas conectadas a un par de cámaras colocadas justamente detrás de su cabeza. Es decir, veía un espacio como si estuviese sentado detrás de sí mismo», algo similar a utilizar realidad ampliada. Entonces el investigador les tocaba en el pecho, sin que las cámaras lo vieran, y al mismo tiempo simulaba estimular el pecho del observador virtual, justo debajo de las cámaras. Como resultado los sujetos a la investigación tuvieron una fuerte sensación de estar sentados donde estaban las cámaras, viéndose desde atrás. Y si se simulaba golpear el pecho virtual, varios de los sujetos se agachaban para evitar el golpe. Además de comprobar el potencial que tiene nuestro cerebro para generar realidades virtuales a partir de la información que recibe de los sentidos y de sus propias expectativas, quizá esta investigación sea útil para mejorar la tecnología para cirugías a distancia, entre otros usos. Robert Brumblay, del Kapiolani Community College, Hawaii, en su libro Hyperdimensional Perspectives in Out-of-Body and Near-Death Experiences afirma que el tiempo y el espacio se encuentran íntimamente relacionados desde que se desarrolló la teoría de la relatividad por parte de Albert Einstein. Entonces, si las dimensiones espaciales son percibidas de una manera distinta durante las ECM, también podríamos esperar que el tiempo fuese percibido de manera alterada respecto a la normalidad. La mayor parte de las personas que han sufrido una ECM relatan que se sentían como si estuviesen fuera del tiempo durante el transcurso de su experiencia. Si realmente pudiésemos movernos fuera del tiempo, ¿qué es lo veríamos o sentiríamos? Si el tiempo se considera una dimensión íntimamente relacionada con las dimensiones espaciales, deberíamos considerar que si no hallásemos en una región de, por ejemplo, la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión), tendríamos una percepción del tiempo semejante a la de los objetos espaciales en esta cuarta dimensión espacial. Es decir, seríamos capaces de percibir acontecimientos que ocurren a lo largo de mucho tiempo, tanto en el pasado como en el futuro, y verlos de manera instantánea.

Para Robert Brumblay, mientras que los eventos y objetos del pasado aparecerían de una forma fija, los del futuro aparecerían de una forma incompleta. El futuro podría incluir un número de diferentes posibilidades que podrían ir cambiando, según la posición del observador. Algunos aspectos de las ECM parecen ser interpretados por la mente tridimensional de una forma metafórica, ya que las personas que la han tenido no pueden explicar con claridad la temporalidad alterada. Por ejemplo, la decisión de volver o no a la vida física durante una ECM parece estar asociada con unos límites a partir de los cuales ya no se puede volver. En su libro Vida después de la vida, Raymond Moody relata cómo este límite parece ser un brazo de agua, una niebla gris, una puerta, una reja en un campo o simplemente una línea. Todas parecen ser representaciones metafóricas de un punto de decisión a partir del cual ya no se puede volver a la vida física. Sería una metáfora perceptiva del pasado y del futuro. Una de las historias que más impresionó a Raymond Moody fue la que vivió la psicóloga Kimberly Clark mientras trabajaba en el Hospital de Harborview, en Seattle. Esta psicóloga se encontraba tratando a una paciente, Mary, que había sufrido un ataque al corazón, para ayudarla a volver a integrarse en su vida diaria, una vez le diesen el alta hospitalaria. Sin embargo, la paciente tenía más interés en su ECM durante dicho ataque cardiaco. Según explicaba, ella había abandonado su cuerpo y deambulado por todo el entorno del hospital mientras los médicos intentaban la reanimación en la cama de la habitación donde había sufrido el infarto. La Dra. Clark se mostraba escéptica ante dicho relato. Pero Mary le dijo: «Escuche, llegué a ver unas zapatillas rojas de tenis en el alféizar de una ventana más allá de mi habitación». La psicóloga se asomó a la ventana pero no vio zapatilla alguna. Mary insistió: «Están justamente a la vuelta de la esquina». La psicóloga se estiró aún más y retorció su cuerpo para aumentar su ángulo de visión y así descubrió, justamente, unas zapatillas de tenis rojas idénticas a las que Mary había descrito. A partir de ese acontecimiento la doctora Kimberly Clark comenzó a realizar numerosas investigaciones en relación a las ECM. Las personas que han sufrido una ECM llegan a constituir una especie de subcultura con una reglas determinadas. Resulta reveladora al respecto una frase de la Dra. Clark: «En ocasiones me siento como una extranjera, excepto por una razón muy importante: no provengo de una cultura distinta, sino de una dimensión distinta». Aquellos que sufren una ECM son protagonistas de una experiencia, pero se encuentran aislados, sin posibilidad de comunicar su estado.

Una de las explicaciones que los escépticos atribuyen para las ECM es el deseo, consciente o inconsciente, de que exista un más allá, lo cual produciría toda una cadena de pensamientos dirigidos a fabricar esta sintomatología neurológica. Pero si todo fuese fruto de características meramente personales, las ECM serían muy distintas de una persona a otra. Por el contrario, si bien existen ciertas variaciones entre unos casos y otros, las ECM siguen un patrón muy bien establecido entre todos los seres humanos, independientemente de sus creencias religiosas o tipo de forma que la persona se ha enfrentado a la muerte, como una enfermedad, un intento de suicidio, un accidente, etc. Aunque no se puede asegurar que las ECM se encuentren vinculadas a procesos paranormales, sobrenaturales o del más allá, y, por lo tanto, fuera de nuestra comprensión, es evidente que se trata de un fenómeno que no puede explicarse en base a los conocimientos actuales de psiquiatría y psicología. En un estudio realizado en 1991 se indica que tan solo un 10% de las personas que afirmaban haber vivido una ECM se habían encontrado clínicamente muertas. Nos podemos preguntar si los que no estuvieron clínicamente muertos tuvieron realmente una ECM, pero todo indica que tuvieron, en efecto, una ECM. Las ECM poseen una serie de características básicas que las hacen únicas, tal como describió Moody, como reconocer que uno ha muerto, una sensación de paz, y separación del cuerpo físico y observación del mismo desde el exterior. Asimismo, se pueden ver otros sucesos alrededor, como, por ejemplo, las maniobras de resucitación. Es como si la persona estuviese viéndolo desde una quinta dimensión. Además de las características antes indicadas, tenemos el desplazamiento a través de un túnel. ¿Tal vez un agujero de gusano? También tenemos los encuentros con seres de luz, familiares o amistades fallecidos, acompañado de la visualización de una luz que cada vez es más intensa. En ocasiones se observan bellas visiones y paisajes. ¿Tal vez visiones de dimensiones superiores? Otra característica es la revisión vital o visión panorámica de la vida de uno. En este proceso se alcanza algún tipo de límite o barrera como, por ejemplo, una puerta, una reja, un río, etc., de manera que la persona se da cuenta de que si la atraviesa ya no será capaz de volver a su vida física anterior. Finalmente se produce la vuelta al cuerpo físico seguida por una sensación de malestar y frustración. Una vez regresado se observa una transformación positiva de la personalidad, de los valores y creencias, así como un mayor respeto hacia los demás y hacia la vida en general, acompañado a veces por un aumento de las capacidades psíquicas paranormales, como la precognición o la clarividencia. También hay un pequeño porcentaje de relatos de experiencias negativas, en que la persona que lo experimenta parece pasar por el Bajo Astral, que es la zona más densa de la banda de frecuencias del plano astral. Esta banda de frecuencia es la que tiene que ver con las emociones, los pensamientos negativos, como miedos, odios, etc. y es una zona donde a veces las personas se desplazan cuando sueñan, especialmente si tienen pesadillas.

Dentro del plano astral hay diferentes niveles, relacionados con el inconsciente colectivo, un concepto propuesto por Carl Jung, fundador de la psicología analítica, a mediados del siglo XIX. A grandes rasgos hace referencia a una dimensión que está más allá de la consciencia y que es común a la experiencia de todos los seres humanos.. En las enseñanzas esotéricas se anima a las personas a realizar viajes astrales. aunque se recomienda especialmente evitar la búsqueda en esta zona del bajo astral, donde la energía es sumamente negativa. Como referencia tenemos lo que explica David Icke en su libro El Mayor Secreto, al que antes nos hemos referido. Cuando una persona ha recibido un daño provocado por otro ser en forma intencional, el rastro etéreo de esta emoción negativa se mueve a este plano del bajo astral. Es por eso que resulta tan peligroso pedir ayuda a las entidades que actúan en estos planos, como hacen algunos espiritistas. En el campo energético humano, el astral corresponde a toda la energía personal que se ubica entre el cuerpo físico y el límite de su plano astral. Hay que tener en cuenta que las energías más densas, en general se corresponden con los chakras más bajos. Lo que es importante saber es que el plano del bajo astral es un espacio en el que no es recomendable permanecer, pues todo ese plano está muy cargado de negatividad. Esto deben tenerlo especialmente en cuenta las personas que tienen facultades de médium. Lo ideal es saltarse el bajo astral y conectarse directamente con las frecuencias más elevadas. Volviendo a las ECM, en ocasiones tan solo se viven algunas de las fases antes indicadas, sin seguir un orden concreto. También es interesante subrayar que las ECM son extraordinariamente subjetivas, confirmando la idea de que la consciencia es la que determina mucho de lo que sucede en estos casos. En Más allá de la luz, el doctor Moody relata algunas de estas particulares experiencias como, por ejemplo, la de una mujer anciana, invidente desde los dieciocho años, que fue capaz de describir los detalles de su resucitación, incluyendo los instrumentos así como su color e incluso la vestimenta de su médico. En el caso de los instrumentos resulta llamativo que muchos ni siquiera existían en la época en que ella perdió la visión. Es como si en una dimensión superior se pudiese prescindir de órganos como los de la vista para ver. Otros pacientes llegaron a describir incluso situaciones que ocurrían en sitios lejanos al lugar en el que estaban siendo intervenidos.

Cuando una persona alcanza cierta practica en la ejecución de viajes astrales, suele dejar los preámbulos de sensaciones y visiones ambientales para pasar inmediatamente a los canales. Además, tarde o temprano termina convirtiendo su experiencia mística en una proyección mental. La experiencia astral se convierte en proyección mental cuando la persona domina y filtra, desde su mente, todo lo que ve, percibe y siente en el supuesto viaje astral. Pero mientras el viaje astral es libre, la proyección mental es inducida. En el viaje astral, el cuerpo astral se hace acompañar por el cuerpo mental, pero no le deja tomar la iniciativa en ningún momento. En la proyección mental, el cuerpo mental dirige, o cree dirigir, al cuerpo astral hacia sitios comunes a todos los humanos, como tabúes, miedos, prejuicios, ideas preconcebidas, etc. Pero el cuerpo astral es libre y sólo regresa al cuerpo físico cuando le apetece, o cuando le obligan a regresar otros seres superiores. En cambio, el cuerpo mental permanece siempre unido al cuerpo físico. Sin embargo, el cuerpo astral no necesita el cuerpo físico. Pero como el cuerpo mental no sabe prescindir del cuerpo físico, se aferra a la vida, cuando quiere vivir, o al caos y la muerte, cuando sus deseos son enfermizos o autodestructivos. Mientras que el viaje astral puede ser espontáneo, la proyección mental requiere, más que la concentración, el deseo de hacerlo, ya que no puede llevarse a cabo una proyección mental sin proponérselo. Por otro lado, mientras el viaje astral es, de alguna manera, una forma de muerte, la proyección mental es esencialmente una forma de vida. Por todo ello, cuando una persona siente que domina sus viajes astrales, lo que está haciendo en realidad es dominar sus proyecciones mentales. Asimismo, todo intento de racionalizar una experiencia mística es filtrada por nuestra educación y por el medio ambiente, con lo que pierde su aspecto más espiritual. Nuestros conceptos de espacio y tiempo no tienen ninguna relación con el plano astral, en el que no hay espacio ni tiempo, tal como los entendemos, aunque abarque todo el espacio y el tiempo del universo. El viaje astral es solo una experiencia que comunica el más allá con la vida física, pero no aporta enseñanzas útiles para la vida física, ya que con el viaje astral no podemos adivinar el futuro ni obtener información sobre nuestro parientes muertos. Pero, en cambio, una proyección mental sí puede sacar provecho para la persona, porque nace y revierte en un acto físico. La proyección mental depende de nosotros, ya que nuestra mente está sujeta a nuestras concepciones y capacidad de aprendizaje.

El cuerpo astral puede mantener cierta cohesión con nuestros cuerpos físico y etérico, por lo menos hasta el momento de la muerte. Pero su existencia no depende de nuestra inteligencia ni de nuestra memoria física. La inmensa mayoría de los magos, lamas o santones han fracasado al querer racionalizar y sacar provecho de los viajes astrales, así como para jerarquizar y concebir lo inconcebible, ya que es un acto mental, un ejercicio humano, no un proyecto astral. El ser humano puede tener un plan, pero en el plano astral no hay ningún plan para el ser humano. El gran plan pertenece, sin duda alguna, al mundo intelectual, que sigue siendo una proyección mental por mística que se presente. La proyección mental puede ser poderosa, pero el plano astral no necesita de poderes. Todos llegaremos a él algún día, a pesar de las barreras que nos auto impongamos mentalmente. Por todo ello, una cosa es el viaje astral, libre y sin compromisos religiosos, afectivos, psíquicos, personales o materiales, y otra cosa muy distinta una proyección mental, que si tiene relación con todo lo que afecta al ser humano físico y tetradimensional. El viaje astral tampoco altera las neuronas ni el equilibrio psíquico más de lo que ya estén alterados antes de la experiencia, porque el viaje astral no es un equivalente a una droga. Es mas, cuando se realiza correctamente y de manera controlada un viaje astral por medio de alucinógenos como el peyote, el ácido lisérgico o drogas similares, la persona no sufre daño físico alguno, a no ser el daño que puedan provocar esas drogas, como lo serían la dependencia o la intoxicación. Sin embargo, los viajes astrales producen taquicardias cuando el cuerpo astral hace su reentrada en el cuerpo físico, por lo que una persona sana no padecerá en absoluto, pero una persona con problemas cardíacos puede tener problemas. Asimismo, una personalidad esquizofrénica o con cualquier otra patología mental, puede verla agravada después de una experiencia de este tipo. Otra de las constantes, cuando se habla de viajes astrales, es el famoso Cordón de Plata, que es como un elemento de seguridad. Su función es mantener unido al cuerpo astral con el cuerpo físico y, a la vez, mantener el equilibrio del ritmo cardíaco mientras se realiza la experiencia.

Hay una teoría alternativa que intenta explicar la intensa luz que se observa en los viajes astrales o en las ECM. Se supone que es realmente una vibración de la quinta dimensión. El famoso Físico Michio Kaku, en su libro Hiperespacio nos dice que: “Las leyes de la gravedad y de la luz parecen totalmente diferentes. Obedecen a distintas hipótesis físicas y matemáticas. Los intentos para empalmar estas dos fuerzas siempre han fracasado. Sin embargo, si añadimos una dimensión más, una quinta dimensión, a las anteriores cuatro dimensiones de espacio y tiempo, entonces las ecuaciones que gobiernan la luz y la gravedad parecen unirse como dos piezas de un rompecabezas. La luz, de hecho, puede ser explicada como vibraciones en la quinta dimensión. De este modo, vemos que las leyes de la luz y de la gravedad se hacen más simples en cinco dimensiones. En consecuencia, muchos físicos están ahora convencidos de que una teoría tetradimensional convencional es «demasiado pequeña» para describir adecuadamente las fuerzas que describen nuestro universo. En una teoría tetradimensional, los físicos tienen que comprimir las fuerzas de la naturaleza de una forma fea y poco natural. Además, esta teoría híbrida es incorrecta. Sin embargo, cuando se expresan en dimensiones por encima de cuatro, tenemos «sitio suficiente» para explicar las fuerzas fundamentales de una manera elegante y escueta“. Si la luz podía viajar a través del vacío era porque el propio vacío estaba vibrando, debido a que el «vacío» realmente existía en cuatro dimensiones de espacio y una de tiempo, o sea en la quinta dimensión. Añadiendo la quinta dimensión, la fuerza de la gravedad y la luz podían unificarse de una forma sorprendentemente simple. El famoso matemático Bernhard Riemann concluyó que la electricidad, el magnetismo y la gravedad son causados por el arrugamiento de nuestro universo tridimensional en la invisible cuarta dimensión espacial, o quinta dimensión. Así pues, una «fuerza» no tiene vida independiente por sí misma, sino que es sólo el efecto aparente causado por la distorsión de la geometría. Al introducir la cuarta dimensión espacial, Riemann se encontró accidentalmente con el que iba a ser uno de los temas dominantes de la física teórica moderna: el que las leyes de la naturaleza parecen simples cuando se las expresa en un espacio multidimensional. A continuación se propuso desarrollar un lenguaje matemático en el que pudiera expresarse esta idea.

Por desgracia, las matemáticas avanzadas de Riemann sobrepasaban la relativamente atrasada comprensión de la física del siglo XIX. Tendríamos que esperar otro siglo para que los físicos se uniesen a los matemáticos. Pero esto no impidió que los científicos del siglo XIX especulasen incesantemente sobre el aspecto que tendrían los seres de la cuarta dimensión espacial, o quinta dimensión. Pronto, comprendieron que tales seres tendrían poderes casi divinos, capaces de atravesar las paredes, como cuentan los que han efectuado viajes astrales o sufrido experiencias ECM. Moviéndonos en la quinta dimensión, ningún secreto estaría a salvo de nosotros, ni los obstáculos podrían detenernos. Verdaderamente seríamos hacedores de milagros, tal vez “poseyendo” cuerpos físicos o ejecutando hazañas más allá de la comprensión de los seres humanos tetradimensionales, como probablemente hicieron los “dioses” que nos visitaron, tal vez desde la quinta dimensión. ¿Cómo pueden poseerse poderes considerados divinos? La respuesta es que siendo un ser de un mundo de más dimensiones. Por supuesto, estas hazañas están más allá de la capacidad de cualquier persona tetradimensional. Para nosotros, las paredes son sólidas y no las podemos atravesar. Pero para un ser de la quinta dimensión estas hazañas serían factibles. Aunque tales hazañas de «magia» son, en principio, posibles en el reino de la física del hiperespacio, deberíamos advertir, una vez más, que la tecnología necesaria para manipular el espacio-tiempo excede con mucho cualquier cosa posible actualmente en la Tierra con la tecnología actual. Aunque esto podría cambiar en un futuro no demasiado lejano. La capacidad de manipular el espacio-tiempo en nuestro universo solamente puede estar al alcance de alguna forma de vida extraterrestre o de otra dimensión que esté muy por delante de cualquier cosa que encontramos en la Tierra, con una tecnología para dominar la energía a una escala probablemente mil billones de veces mayor que la de nuestras máquinas más potentes. La pregunta que nos podemos hacer es: ¿qué tipo de seres pueden atravesar paredes, ver a través del acero, y realizar milagros? ¿Qué tipo de seres son omnipotentes y obedecen un tipo de leyes diferentes de las nuestras? Pues probablemente seres de una dimensión superior.

En el plano astral podríamos llegar a hacer lo que pensemos, no se necesitaría un determinado vehículo para poder llegar a otro lugar, con tan solo pensarlo ya estaríamos allí. Podemos traspasar paredes y hacer lo que queramos o imaginemos. La cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) inspiró también las obras de los artistas Pablo Picasso, que influenció en el cubismo, y Marcel Duchamp, que influenció claramente en el dadaísmo, que se burlaba del artista burgués y de su arte. La cuarta dimensión espacial influyó fuertemente en el desarrollo del cubismo y del expresionismo, dos de los movimientos artísticos más influyentes del siglo XX. La historiadora del arte Linda Dalrymple Herderson escribe: «Como un agujero negro, ‘la cuarta dimensión’ posee cualidades misteriosas que podrían no ser completamente comprendidas, ni siquiera por los propios científicos. Pese a ello, el impacto de ‘la cuarta dimensión’ fue mucho más global que el de los agujeros negros o cualquier otra hipótesis científica más reciente, excepto la teoría de la relatividad, a partir de 1919». Evidentemente se refiere a la cuarta dimensión espacial, a la que yo me refiero como quinta dimensión, ya que dejo el tiempo para la llamada cuarta dimensión. Análogamente, los matemáticos han estado mucho tiempo intrigados por las formas alternativas de lógica y de extrañas geometrías que desafían todas las convenciones del sentido común. Por ejemplo, el matemático Charles L. Dodgson, que enseñó en la Universidad de Oxford, deleitó a generaciones de escolares escribiendo libros, con el pseudónimo de Lewis Carroll, que incorporaban estas extrañas ideas matemáticas. Cuando Alicia cae en una madriguera o atraviesa el espejo, ella entra en el País de las Maravillas, un extraño lugar donde el gato de Cheshire desaparece, dejando flotando sólo su sonrisa, setas mágicas convierten niños en gigantes, y el Sombrerero Loco celebra su «no cumpleaños». El espejo conecta de algún modo el mundo de Alicia con una tierra extraña donde todos hablan en retruécanos y el sentido común no es tan común. Parte de la inspiración para las ideas de Lewis Carroll procede con gran probabilidad del gran matemático alemán del siglo XIX Georg Bernhard Riemann, quien fue el primero en establecer el fundamento matemático de las geometrías en un espacio multidimensional. Riemann cambió el curso de las matemáticas del siglo siguiente demostrando que estos universos, por extraños que puedan parecer al profano, son completamente auto-consistentes y obedecen a su propia lógica interna.

Imaginemos el caso que hemos comentado de las distintas capas de software. Cada capa representa todo un mundo y cada mundo obedece a sus propias leyes físicas, diferentes de las de todos los demás mundos. Nuestro universo, entonces, no estaría solo, sino que sería uno entre muchos posibles mundos paralelos. Seres inteligentes podrían habitar algunos de estos planos, completamente ignorantes de la existencia de los otros. Normalmente la vida transcurre en cada uno de estos planos paralelos independientemente de los otros. En raras ocasiones, sin embargo, estos planos pueden cruzarse entre sí y, durante un breve instante, rasgar el tejido del propio espacio- tiempo, abriendo un agujero, o puerta, entre estos dos universos. Como el agujero de gusano que aparece en la película Star Trek: Deep Space Nine, estas puertas hacen posible el viaje entre estos mundos, como un puente cósmico que une dos universos o dimensiones diferentes, o dos puntos en el mismo universo. Charles Lutwidge Dodgson (1832 – 1898), más conocido por su seudónimo de Lewis Carroll, fue un diácono anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico. Sus obras más conocidas son Alicia en el país de las maravillas y su continuación, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. De hecho, la teoría de Riemann de dimensiones más altas, tal como la interpretó Lewis Carroll en sus libros, se ha convertido en parte permanente de la literatura y el folklore infantil, dando nacimiento a otros clásicos infantiles a lo largo de décadas, tales como la Tierra de Oz, de Dorothy Gale, y la Tierra de Nunca Jamás, del escritor escocés J. M. Barrie, con Peter Pan de protagonista. En 1884, tras una década de agrio debate, el clérigo Edwin Abbot, director de la City of London School, escribió una novela de éxito sorprendente, Planilandia, una novela de muchas dimensiones, protagonizada por un cuadrado. Debido a la intensa fascinación que sentía el público por las dimensiones más altas en aquellos tiempos, el libro tuvo un éxito instantáneo en Inglaterra. Lo sorprendente de la novela Planilandia era que Abbot utilizaba por primera vez la controversia que rodeaba a la cuarta dimensión espacial (que yo considero la quinta dimensión, para separarla de la cuarta dimensión del tiempo) como vehículo para una mordaz crítica y sátira social. Abbot criticaba a los que se negaban a admitir la posibilidad de otros mundos. En aquel mundo de dos dimensiones vivían los planilandeses, que estaban controlados por unos Sumos Sacerdotes que perseguían, cual inquisición, a cualquiera que se atreviera a mencionar la invisible tercera dimensión.

Planilandia de Abbot es una crítica apenas velada de la sutil intolerancia y los sofocantes prejuicios imperantes en la Inglaterra victoriana. El héroe de la novela es Mr. Cuadrado, un caballero conservador que vive en un país bidimensional, socialmente estratificado, donde todo el mundo es un objeto geométrico. Las mujeres, que ocupan el nivel más bajo de la escala social, son meras líneas, los nobles son polígonos, mientras que los Sumos Sacerdotes son círculos. Cuantos más lados tiene una persona, mayor es su nivel social. La discusión sobre la tercera dimensión está estrictamente prohibida. Cualquiera que la mencione es sentenciado a un castigo severo. Mr. Cuadrado es una persona altiva y farisaica que nunca pensaría en desafiar al Sistema por sus injusticias. Un día, sin embargo, su vida sufrirá un vuelco para siempre cuando es visitado por un misterioso Lord Esfera, una esfera tridimensional. Lord Esfera se le aparece a Mr. Cuadrado como un círculo que puede mágicamente cambiar de tamaño. Lord Esfera trata de explicar pacientemente que él viene de otro mundo llamado Espacilandia, donde todos los objetos tienen tres dimensiones. Sin embargo, Mr. Cuadrado no queda convencido y tercamente se opone a la idea de que pueda existir una tercera dimensión. Frustrado, Lord Esfera decide ir más allá de las simples palabras y pasar a los hechos. Entonces saca a Mr. Cuadrado de la Planilandia bidimensional y lo arroja en Espacilandia. Es una experiencia fantástica y casi mística que cambia la vida de Mr. Cuadrado. Mientras el plano Mr. Cuadrado flota en la tercera dimensión, como una hoja de papel a merced del viento, él sólo puede visualizar cortes bidimensionales de Espacilandia. Al ver sólo las secciones de objetos tridimensionales, Mr. Cuadrado percibe un mundo fantástico donde los objetos cambian de forma e incluso aparecen y desaparecen en el aire. Sin embargo, cuando trata de contar a sus amigos planilandeses las maravillas que vio en su visita a la tercera dimensión, los Sumos Sacerdotes le consideran un maníaco charlatán y un sedicioso. Mr. Cuadrado se convierte en una amenaza para los Sumos Sacerdotes porque se atreve a desafiar su autoridad y la creencia sagrada de que sólo pueden existir dos dimensiones. El libro termina con una nota pesimista. Aunque Mr. Cuadrado está convencido de que realmente visitó el mundo tridimensional de Espacilandia, es enviado a la cárcel y condenado a pasar el resto de sus días en aislamiento. La novela de Abbot es importante porque fue la primera popularización ampliamente leída de una visita a un mundo de más dimensiones. Su descripción del viaje psicodélico de Mr. Cuadrado a Espacilandia es matemáticamente correcta. En los relatos populares y las películas, el viaje entre dimensiones por el hiperespacio se representa a menudo mediante luces parpadeantes y oscuridad, o nubes que se arremolinan.

Sin embargo, las matemáticas del viaje en dimensiones más altas van más allá que la imaginación de los escritores de ficción. Para visualizar cómo sería un viaje entre dimensiones, imaginemos que se saca a Mr. Cuadrado de Planilandia y se le arroja al aire. Supongamos que, mientras flota en nuestro mundo tridimensional, él se cruza con un ser humano. ¿Qué aspecto tendría éste para Mr. Cuadrado? Puesto que sus ojos bidimensionales sólo pueden ver secciones planas de nuestro mundo, un ser humano le parecería un objeto extraño. Al principio, podría ver dos círculos de cuero, nuestros zapatos, flotando frente a él. A medida que se desplazase hacia arriba, estos círculos cambiarían de color y forma. Finalmente, este círculo desaparece bruscamente cuando Mr. Cuadrado flota por encima de nuestras cabezas. Para Mr. Cuadrado, estos misteriosos «humanos» son una confusa colección alucinante de círculos que cambian constantemente. Análogamente, si se nos sacara de nuestro universo tridimensional y se nos arrojara a la cuarta dimensión espacial, descubriríamos que el sentido común resulta inútil. Mientras nos movemos por la cuarta dimensión espacial aparecerían manchas de la nada frente a nuestros ojos. Éstas cambiarían constantemente de color, tamaño y composición, desafiando todas las reglas de la lógica de nuestro mundo tridimensional. Y desaparecerían en el aire, para ser reemplazadas por otras manchas flotantes. Si fuéramos invitados a una reunión en la cuarta dimensión espacial, ¿cómo distinguiríamos a las criaturas de esta dimensión? Tendríamos que reconocerlas por las diferencias en el modo en que cambian estas manchas. Cada persona en dimensiones más altas tendría su propia secuencia característica de manchas cambiantes. A lo largo de un periodo de tiempo, aprenderíamos a distinguir a estas criaturas reconociendo sus pautas distintivas de manchas y colores cambiantes. ¿Tal vez las subpartículas nos dan alguna pista? Asistir a reuniones en el hiperespacio podría ser una experiencia fatigosa. De todos modos en esta novela un ser bidimensional viaja al mundo tridimensional, por lo que su visión de este mundo tridimensional es limitada. Esto también sería válido si se desplazara nuestro cuerpo físico a una dimensión superior, pero si es el cuerpo astral de una persona el que viaja a la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión), realmente se mueve en la dimensión a la que pertenece, lo que le permitiría una visión completamente distinta.

El concepto de la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) había impregnado tanto el clima intelectual de finales del siglo XIX, que incluso los autores dramáticos la utilizaron. En 1891, el escritor, poeta y dramaturgo de origen irlandés, Oscar Wilde, escribió una novela sobre las historias de fantasmas, El fantasma de Canterville, que satirizaba las hazañas de cierta «Sociedad Psíquica», una referencia a la Sociedad para Investigación Psíquica del famoso químico inglés Sir William Crookes (1832–1919). El propósito declarado de la Sociedad para Investigación Psíquica era comprender los eventos y habilidades comúnmente descritos como psíquicos o paranormales. Se describía a sí misma como la “primera sociedad en llevar a cabo investigaciones académicas organizadas sobre experiencias humanas que desafían los modelos científicos contemporáneos“. Oscar Wilde contaba la historia de un fantasma que penaba desde hacía mucho tiempo y que se enfrenta a los recién llegados, unos propietarios norteamericanos de Canterville. Oscar Wilde escribió: «Evidentemente no había tiempo que perder, así que tomando rápidamente la Cuarta Dimensión del Espacio como medio de escape, él (el fantasma) desapareció a través del entarimado y la casa se quedó tranquila». Una contribución más seria a la literatura de la cuarta dimensión espacial fue la obra de H. G. Wells. Aunque se le recuerda principalmente por sus obras de ciencia ficción, Wells fue una figura dominante en la vida intelectual de la sociedad londinense, famoso por sus críticas literarias y su agudo ingenio. En su novela publicada en 1894, La máquina del tiempo, combinó varios temas matemáticos, filosóficos y políticos. Popularizó una idea nueva en la ciencia, que la cuarta dimensión espacial también podría verse como tiempo, y no necesariamente sólo como espacio: “Evidentemente, cualquier cuerpo real debe tener extensión en cuatro direcciones: debe tener Longitud, Anchura, Grosor y Duración. Pero por una debilidad natural de la carne nos inclinamos a pasar por alto este hecho. Hay realmente cuatro dimensiones, tres que llamamos las tres sendas del Espacio, y una Cuarta, el Tiempo. Hay, sin embargo, una tendencia a trazar una distinción irreal entre las tres primeras dimensiones y la última, porque sucede que nuestra conciencia se mueve intermitentemente en una misma dirección a lo largo de la última desde el principio al fin de nuestras vidas“. Por esta confusión entre una cuarta dimensión espacial y una cuarta dimensión del tiempo, yo personalmente prefiero referirme a la quinta dimensión.

Como en la novela Planilandia, lo que hace tan perdurable a La máquina del tiempo, de Wells, incluso un siglo después de su publicación, es su aguda crítica política y social. El protagonista de Wells descubre que la Inglaterra del futuro lejano, hacia más allá del año 800.000, no es el brillante país de modernas maravillas científicas que los positivistas predijeron. sino que era un país donde la lucha de clases tuvo un mal final. La clase obrera fue obligada cruelmente a vivir en el subsuelo, hasta que los trabajadores se mutaron en una nueva especie embrutecida de seres humanos, los Morlock, mientras que la clase dirigente, con una lujuria desenfrenada, se deterioró y evolucionó hasta una raza inútil de criaturas enanas, los Eloi. Wells estaba utilizando la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) para mostrar la ironía final de la lucha de clases. El contrato social entre los pobres y los ricos había fracasado por completo. Los inútiles Eloi eran alimentados y vestidos por los afanados Morlock, pero los trabajadores obtenían la venganza final, ya que los Morlocks se comían a los Eloi. La cuarta dimensión espacial de Wells se convirtió en una crítica marxista de la sociedad moderna, pero la clase obrera no rompería las cadenas de los ricos, como Marx predijo, sino que se comería a los descendientes de las clases poderosas. En un relato corto, La historia de Plattner, Wells incluso jugó con la paradoja de la inversión orgánica en una dimensión superior. Gottfried Plattner, un profesor de ciencias, está realizando un experimento químico complicado. Pero su experimento explota y le envía a otro universo. Cuando vuelve del otro mundo al mundo real, tridimensional, descubre que su cuerpo ha sido alterado de tal manera que su corazón está ahora en su lado derecho y él ahora es zurdo. Cuando los doctores le examinan, se quedan atónitos al descubrir que todo el cuerpo de Plattner ha sido invertido, una imposibilidad biológica en nuestro mundo tridimensional (o tetradimensional, si incluimos el tiempo): «La curiosa inversión de los lados izquierdo y derecho de Plattner es prueba de que ha salido de nuestro espacio a lo que se denomina la Cuarta Dimensión espacial, y que ha vuelto otra vez a nuestro mundo». Sin embargo, Plattner se resiste a la idea de ser diseccionado tras su muerte, posponiendo de este modo, «quizá para siempre, la demostración definitiva de que todo su cuerpo tenía intercambiados sus lados izquierdo y derecho». Wells era perfectamente consciente de que hay dos formas de visualizar cómo pueden transformarse objetos zurdos en objetos diestros. Un planilandés, que vive en un mundo bidimensional, por ejemplo, puede ser levantado de su mundo, girado, y luego devuelto a Planilandia, invirtiendo así sus órganos. O el planilandés puede vivir en una cinta de Möbius, que es creada retorciendo una cinta de papel 180 grados y pegando luego sus bordes. Si un planilandés da una vuelta completa a la cinta de Möbius, descubre que sus órganos se han invertido.

Las cintas de Möbius tienen otras curiosas propiedades que fascinaron a los científicos. Por ejemplo, si usted recorre por completo la superficie descubrirá que tiene un solo lado. Además, si usted corta la cinta por la mitad a lo largo de su centro, al final queda una única pieza. Esto ha dado lugar al chascarrillo de los matemáticos: “Un matemático declara que una banda de Möbius tiene una sola cara usted mucho se reirá si la corta por la mitad, pues sólo una pieza quedará“. En su clásico El hombre invisible, Wells especulaba que un hombre podía incluso hacerse invisible mediante algún truco que implicara «una fórmula, una expresión geométrica que implica cuatro dimensiones espaciales». Wells sabía que un planilandés desaparecería si se le sacase de su universo bidimensional. Análogamente, un hombre podría hacerse invisible si pudiera “saltar” a la cuarta dimensión espacial.  En el relato corto El curioso caso de los ojos de Davidson, Wells exploraba la idea de que un «rizo en el espacio» podía hacer capaz a un individuo de ver a través de grandes distancias. Davidson, el héroe de la historia, descubre un día que tiene el inquietante poder de ver sucesos que ocurren en una lejana isla de los Mares del Sur. Este «rizo en el espacio» es una distorsión del espacio por la que la luz de los Mares del Sur entra en el hiperespacio y llega a sus ojos en Inglaterra. Así, Wells utilizó los agujeros de gusano como un artificio literario en su ficción. En La visita maravillosa, Wells exploraba la posibilidad de que el Cielo exista en otro universo o dimensión. El argumento trata de las dificultades de un ángel que accidentalmente cae del Cielo y aterriza en un pueblo rural inglés. La popularidad de la obra de Wells abrió un nuevo género de ficción. George McDonald, un escocés amigo del matemático Lewis Carroll, especuló también sobre la posibilidad de que el Cielo esté localizado en la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión). En la novela fantástica de McDonald, Lilith, escrita en 1895, el héroe crea una ventana dimensional entre nuestro universo y otros mundos, mediante la manipulación de las reflexiones en un espejo. Y en la historia de 1901 Los herederos, del novelista polaco Joseph Conrad y el novelista y editor inglés Ford Madox Ford, una raza de superhombres de la cuarta dimensión espacial entra en nuestro mundo. Crueles y despiadados, estos superhombres empiezan a dominar el mundo.

Entre los años 1890 y 1910 se produjo una proliferación de la idea de la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión). Fue un tiempo durante el que las ideas originadas por el matemático, astrónomo, y físico alemán Johann Carl Friedrich Gauss y por el matemático alemán Bernhard Riemann, impactaron en los círculos literarios y en el público en general, influyendo en las tendencias artísticas, literarias y filosóficas. Una nueva rama de la filosofía, denominada Teosofía, fue influida profundamente por las dimensiones más altas. La Teosofía es un conjunto de enseñanzas y doctrinas difundidas, bajo ese nombre, por Helena Petrovna Blavatsky a fines del siglo XIX. En su obra La clave de la teosofía, ella explica que “el nombre teosofía es uno de los tantos que se utiliza para designar a una sabiduría sin edad, eterna, que no es otra que el conocimiento de la verdadera realidad. Del mismo modo que la ciencia no crea las leyes que rigen la naturaleza sino que las descubre, la teosofía es la realidad, y los seres humanos vamos aprendiendo progresivamente porciones del conocimiento de esta realidad“. Sin embargo, los científicos serios lamentaban esta evolución de los acontecimientos porque los resultados rigurosos de Riemann inundaban los titulares de los periódicos sensacionalistas. Por otro lado, la popularización de la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) ponía los avances en matemáticas a disposición del público general. La historiadora del arte Linda Dalrymple Henderson, en su obra The Fourth Dimension and Non-Euclidean Geometry in Modern Art, argumenta que la cuarta dimensión espacial tuvo una influencia crucial en el desarrollo del cubismo y del expresionismo en el mundo del arte. Escribe que «fue entre los cubistas donde se desarrolló la primera y más coherente teoría artística basada en las nuevas geometrías». Por un lado, la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) llevaba las fronteras de la ciencia moderna a su límite. Por otro lado, era misteriosa. En la pintura tomó la forma de una revuelta artística contra las leyes de la perspectiva. En la Edad Media, el arte religioso se caracterizó por su deliberada falta de perspectiva, ya que los personajes pintados se representaban como si fuesen planos. Por ejemplo, el famoso Tapiz de Bayeux, que es un gran lienzo bordado del siglo XI, con inscripciones en latín, describe los hechos previos a la conquista normanda de Inglaterra, que culminó con la batalla de Hastings. Representa a los supersticiosos soldados del rey Harold II de Inglaterra señalando aterrorizados a un ominoso cometa que se cierne sobre sus cabezas en abril de 1066, convencidos de que esto es una profecía de una derrota inminente. Seis siglos después, el mismo cometa sería bautizado como cometa Halley. Harold II perdió posteriormente la crucial batalla de Hastings frente a Guillermo el Conquistador, quien fue coronado rey de Inglaterra, y con ello empezó un nuevo capítulo de la historia inglesa. Sin embargo, el Tapiz de Bayeux, como otras obras de arte medievales, representa los brazos y rostros de los soldados de Harold como planos, como si una lámina de cristal se hubiese colocado sobre sus cuerpos, comprimiéndolos contra el tapiz.

El arte del Renacimiento fue una revolución contra esta perspectiva plana y empezó a florecer un arte con amplios paisajes y gentes tridimensionales pintadas desde el punto de vista del ojo de una persona. En los magníficos estudios de Leonardo da Vinci sobre perspectiva, vemos las líneas en sus bocetos que desaparecen en un solo punto del horizonte. El arte del Renacimiento reflejaba el modo en que el artista veía el mundo. En los frescos de Miguel Ángel o en los apuntes de Leonardo da Vinci vemos figuras tridimensionales que parecen salir de la segunda dimensión. En otras palabras, el arte del Renacimiento descubrió el mundo tridimensional. Pero, más tarde, los cubistas se preguntaban porque el arte debía ser tan «realista». Esta revolución cubista contra la perspectiva se apoderó de la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) porque afectaba a la tercera dimensión desde todas las perspectivas posibles. Los cuadros de Picasso muestran un claro rechazo de la perspectiva, con rostros de mujeres vistos simultáneamente desde varios ángulos. En lugar de un solo punto de vista, los cuadros de Picasso muestran perspectivas múltiples, como si hubieran sido pintados por alguien desde la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión), capaz de ver todas las perspectivas simultáneamente. Se cuenta una anécdota muy representativa del pensamiento de Picasso: “Un hombre que viajaba en el vagón de primera de un tren español se dio cuenta de pronto de que su compañero de asiento era nada menos que el famoso pintor Pablo Ruiz Picasso. El hombre se armó de valor y se atrevió a decirle al maestro: Usted es un gran pintor, pero, ¿por qué su arte, todo el arte moderno en general, es tan retorcido? ¿Por qué no pinta usted la realidad en lugar de todas esas distorsiones?. Picasso dudó un momento y le preguntó a su vez: Entonces, ¿qué aspecto piensa usted que tiene la realidad? El hombre sacó de la cartera una foto de su mujer: Así, como esta fotografía. Es mi esposa. Picasso cogió la fotografía, la miró y sonriendo socarronamente, le respondió:  ¿De verdad? Su mujer es muy pequeña. Y plana, además“. Para Picasso, cualquier imagen, por muy «realista» que fuera, dependía de la perspectiva del observador. Los pintores abstractos no sólo trataban de visualizar los rostros de la gente como si estuviesen pintados por una persona desde la quinta dimensión, sino que también trataban el tiempo como la cuarta dimensión.

En el cuadro de Marcel Duchamp Desnudo descendiendo por una escalera, vemos una representación borrosa de una mujer, con un número infinito de imágenes suyas superpuestas en el tiempo a medida que baja las escaleras. Así es como se supone que una persona en la quinta dimensión vería a la gente, percibiendo toda la secuencia temporal de una vez, si consideramos el tiempo como la cuarta dimensión. En 1937, el crítico de arte Meyer Schapiro resumía la influencia de estas nuevas geometrías en el mundo del arte, cuando escribió: «Del mismo modo que el descubrimiento de la geometría no euclidiana dio un potente impulso a la idea de que las matemáticas eran independientes de la existencia, así también la pintura abstracta cortó de raíz las ideas clásicas de la imitación artística». O, como ha dicho la historiadora del arte Linda Henderson, «la cuarta dimensión espacial y la geometría no euclidiana emergen entre los temas más importantes que unifican buena parte de la teoría y el arte moderno». La cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) también llegó a la Rusia zarista a través de los escritos del esotérico y escritor ruso Peter Demianovich Ouspensky, quien introdujo a los intelectuales rusos en las enseñanzas de George Gurdjieff y sobre el cuarto camino, siendo uno de los principales difusores de este tipo de conocimientos en el ámbito occidental. Su influencia fue tan pronunciada que incluso Fedor Dostoievski, en Los hermanos Karamazov, hizo que su protagonista, Ivan Karamazov, especulara sobre la existencia de dimensiones más altas y geometrías no euclidianas durante una discusión sobre la existencia de Dios. Debido a los históricos sucesos que se desarrollaron en Rusia, la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) iba a jugar un curioso papel en la Revolución bolchevique. En efecto, Vladimir Lenin se uniría al debate sobre la cuarta dimensión espacial, que llegaría a ejercer una poderosa influencia sobre la ciencia de la antigua Unión Soviética durante los setenta años siguientes. Los físicos rusos han jugado papeles clave en el desarrollo de la teoría multidimensional actual.

El plano astral es la dimensión más cercana al plano físico. El número de formas de pensamiento que se encuentren en el astral también dependerá de cuán cercano nos encontremos de la dimensión física. En una experiencia extracorpórea (EEC) la persona no estará en la dimensión astral  sino que se encontrará como forma astral en la zona intermedia entre el astral y la dimensión física. En el cuerpo físico sólo podemos ver delante de nosotros pero no detrás, por encima y por debajo al mismo tiempo. Sin embargo, en el cuerpo astral tenemos más de 360 grados de visión, ya que podemos ver hacia todos los lados al mismo tiempo, en lo que podríamos llamar una visión esférica. La visión esférica permite ver en todas las direcciones: arriba, abajo, izquierda, derecha, adelante o atrás, todo ello al mismo tiempo, pero nuestro cerebro tetradimensional (3 dimensiones espaciales y una del tiempo) no puede asimilarlo todo a la vez, ya que va en contra de nuestra visión frontal. En el cuerpo astral no se tienen órganos físicos, como los ojos o el oído. El cuerpo astral puede considerarse como un punto de conciencia no-físico que flota en el espacio, ya que tampoco está afectado por la gravedad y por otras leyes de la física de nuestro mundo. En este plano astral no hay arriba ni abajo, ni atrás o delante, ni izquierda o derecha. Es sólo  el cerebro físico que intenta forzar esta perspectiva en nosotros durante la proyección en el astral. Es importante entender la visión esférica para quién pretende viajar en el plano astral. La visión esférica causará a menudo la sensación de que estamos en una dimensión espejo, o en una copia invertida de la realidad. Esto es causado por la pérdida de referencia durante  la proyección astral. Por ello la mente subconsciente corrige la vista, invirtiéndola, o  al menos partes de ella. Esto causa menos problemas para el consciente que si tuviera que tratar y aceptar una inversión de, por ejemplo, izquierda y derecha. Nuestro cerebro físico es incapaz de asimilar esta inversión y por ello da una nueva perspectiva, según lo que el cerebro sienta que es derecha e izquierda en ese momento. Todo lo que vemos mientras estamos en la dimensión astral es percibido directamente por la mente. Es una cuestión simple para la mente subconsciente alterar o invertir toda o incluso la parte de su percepción consciente de la realidad durante una proyección astral. La mente subconsciente tiene mayores poderes de visualización que la mente consciente.

En el plano astral, durante cualquier proyección astral consciente o sueño lúcido, en que la mente consciente está alerta, esta visualización esférica puede causar gran confusión, ya que la mente subconsciente está activa durante cualquier proyección astral. Cuando proyectamos el cuerpo astral y miramos alrededor, todo parece normal. Pero entonces vemos que una puerta está en la pared equivocada, ya que mientras mirábamos alrededor con visión esférica, hemos visto esta puerta en una visión trasera, confundiendo, desde el punto de vista de perspectiva mental, la izquierda con la derecha. El cerebro no puede asimilarlo mediante la normal perspectiva frontal. Esto engaña a la mente subconsciente creando una puerta que parece real, aunque sabemos que está en el lugar equivocado. Una vez que se ha creado esta puerta, no será borrada, porque eso sería inaceptable para nuestra mente consciente, ya que las puertas sólidas normalmente no desaparecen ante nuestra vista. Cuando vamos hacia dónde la puerta realmente debería estar, encontraremos la puerta como es normal. Entonces se da la paradoja de que tenemos dos o más puertas donde debería haber sólo una. Si atravesamos la puerta real, se supone que encontraremos el resto de la casa como debe ser. Pero si atravesamos una puerta falsa nos encontraremos con algo más, como en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll. Normalmente entraremos en un pasillo que no existe en la realidad, que nos llevará a otras partes de la casa que tampoco existen. Estaremos entrando en el País de las Maravillas donde todo es posible. En alguna fase posterior, la mente subconsciente comienza a ponerse en sintonía con otras partes del plano astral. A estas alturas de la proyección astral, se abandona toda la semejanza con la realidad y comenzamos a introducirnos gradualmente en la dimensión astral propiamente dicha. Algunas personas que han tenido una proyección astral han notado que en algún momento durante una proyección parecen perder el control sobre ella, ya que los objetos aparecen, desaparecen y todo se vuelve extraño. Esto se debe, básicamente, a la habilidad creativa de la mente subconsciente al ser activada, ya que empieza a crear y deshacer cosas y a sintonizarse con otras áreas del plano astral. El inmenso poder creativo del subconsciente puede, sin embargo, ser utilizado.

Pero, ¿cómo sucede una proyección astral? Según entornos esotéricos, durante el sueño, el cuerpo energético, también conocido como cuerpo etérico o vital, toma el control. Se expande y se abre para acumular y guardar energía. El cuerpo energético puede normalmente hacer esto sólo en su estado de expansión durante el sueño. Una vez expandido, los chakras liberan energía, en forma de materia etérica, al cuerpo energético. Durante este proceso de recarga, el cuerpo astral se separa del cuerpo físico y se sintoniza con la dimensión astral, probablemente la quinta dimensión, dónde se pueden crear y experimentar sueños. Si esta separación se hace conscientemente, se puede tener algún control sobre la proyección astral. Se transforma entonces en una experiencia extracorpórea (EEC), proyección astral o sueño lúcido. La experiencia extracorpórea (EEC) es una proyección astral en tiempo real próxima al plano físico. Esto ocurre a menudo como parte de una experiencia cercana a la muerte (ECM). Por ejemplo, cuando el cuerpo astral es expulsado fuera de su cuerpo físico como resultado de algún trauma severo, como en el caso de un accidente o paro cardíaco. Quienes están teniendo una experiencia extracorpórea (EEC) son conscientes de las cosas que pasan en el mundo real, y en tiempo real, tales como los acontecimientos y conversaciones que se producen alrededor de su cuerpo físico. En muchos casos estos acontecimientos y conversaciones son explicados con gran precisión por personas que han regresado al cuerpo físico después que han tenido una experiencia de este tipo. Las experiencia extracorpóreas (EEC) son algo diferentes a la proyección astral o al sueño lúcido, básicamente en que se producen en tiempo real y a su objetividad. Esto es causado cuando el cuerpo astral contiene gran cantidad de materia etérica (del cuerpo etérico) que lo mantiene cerca del mundo físico. Hay dos causas principales para una experiencia extracorpórea (EEC) en tiempo real. La primera se produce cuando el cuerpo físico de una persona está cercano a la muerte o piensa que lo está. Ello provoca que una gran cantidad de materia etérica sea canalizada hacia el cuerpo astral como preparación para el proceso de muerte. La segunda es cuando la persona está canalizando materia etérica hacia el cuerpo astral a través de chakras activos. Se pueden tener chakras activos de manera natural, o bien puede ser desarrollado por medio de entrenamiento.

Una persona puede proyectarse conscientemente y tener una experiencia extracorpórea (EEC) en tiempo real si es generada suficiente materia etérica por los chakras. En una EEC se percibe la realidad como objetiva y el tiempo es normal (tiempo real).Técnicamente, cuando uno se proyecta en el mundo astral en tiempo real, como en una EEC, es realmente en el área limítrofe de la zona de mediación, entre las dimensiones física y astral. Si el cuerpo astral contiene suficiente materia etérica puede existir ligeramente desfasado de la realidad. Esto significa que la proyección es en tiempo real y tan cerca de la dimensión física que es indistinguible de ella. Hay limitaciones naturales muy fuertes para la proyección astral consciente, en tiempo real, de una experiencia extracorpórea (EEC) en el mundo físico, siendo la cantidad de materia etérica generada y canalizada al cuerpo astral una de estas limitaciones. También limita la duración de cualquier proyección astral en tiempo real el grado de desarrollo y control de los chakras. Cuando el cuerpo astral es proyectado en la dimensión astral, las cosas son bastante diferentes del mundo real. El tiempo se distorsiona y se extiende, es decir, la sensación de una hora en el astral puede ser como unos  pocos minutos en la dimensión física, dependiendo de en qué parte del astral se esté. La persona toma algún tipo de control consciente sobre el curso de los acontecimientos o convierte la experiencia en una proyección astral. El sueño lúcido es más parecido a una proyección astral que a una experiencia extracorpórea (EEC), dado que el tiempo y la realidad están distorsionados. Muchos de los que se proyectan astralmente se desvanecen antes de hacer una salida consciente de su cuerpo físico y de volver a la conciencia en la dimensión astral. Cuando uno se da cuenta de la real separación del cuerpo físico normalmente ya se está en la dimensión astral. Si no se es consciente de la salida del cuerpo físico, probablemente se está teniendo un sueño lúcido, no una proyección astral, dado que nos hemos dado cuenta después de la separación. Los tres tipos de proyección están estrechamente relacionados, ya que todos ellos involucran al cuerpo astral separado del físico y experimentando una realidad separada del cuerpo físico. Después de que el cuerpo físico se ha dormido, el cuerpo astral siempre se proyecta en el mundo astral. Una vez que el cuerpo de energía se ha expandido, el cuerpo astral flota libremente y levita  sobre el cuerpo físico, pero dentro del campo de influencia del cuerpo de energía expandido. Dentro de  este campo, conocido como rango de actividad del cordón de plata, el cuerpo astral es mantenido cerca del mundo físico al estar dentro de un campo de materia etérica. Durante una proyección astral consciente puede parecer como si uno se estuviera proyectando directamente en el plano astral. Pero hay siempre una fase intermedia cuando se está en una forma astral cerca de la dimensión física. Esta parte en tiempo real de cualquier proyección astral puede perderse si uno se desvanece en el momento de la proyección. El área alrededor del cuerpo físico, dentro del rango de actividad del cordón de plata, se inunda con materia etérica y dentro de este campo el cuerpo astral se mantiene en tiempo real cerca de la dimensión física.

Las ideas de la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) atravesaron el Atlántico y llegaron a Norteamérica. Su mensajero fue un peculiar matemático inglés llamado Charles Howard Hinton. Curiosamente, mientras en 1905 Albert Einstein estaba en su mesa de trabajo en la oficina de patentes suiza, descubriendo las leyes de la relatividad, Hinton estaba trabajando en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos en Washington. Aunque probablemente nunca se encontraron, sus caminos iban a entrecruzarse científicamente. Hinton pasó toda su vida adulta obsesionado con la idea de visualizar la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión). Pasaría a la historia de la ciencia como el hombre que «vio» la cuarta dimensión espacial. Graduado en Oxford en 1877, Hinton se convirtió en un respetable maestro en la Uppingham School mientras trabajaba en su doctorado en matemáticas. En Oxford, Hinton quedó intrigado tratando de visualizar la cuarta dimensión espacial. Como matemático, él sabía que no se puede visualizar un objeto de cuatro dimensiones espaciales en su totalidad. Sin embargo, según Hinton, era posible visualizar la sección o el despliegue de un objeto de cuatros dimensiones espaciales. Hinton escribió el influyente artículo «¿Qué es la cuarta dimensión?» para el Dublin University Magazine y el Cheltenham Ladies College Magazine, reimpreso en 1884 con el enigmático subtítulo «Los fantasmas explicados». Hay que volver a aclarar, aunque me vuelva pesado, que se refería a la cuarta dimensión espacial que yo, de acuerdo con algunos físicos, para distinguirla de la cuarta dimensión tiempo, la defino como la quinta dimensión,  Después de permanecer encarcelado por denuncia de bigamia, Hinton fue contratado como profesor en el departamento de matemáticas en la Universidad de Princeton, donde su obsesión por la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) fue temporalmente marginada cuando inventó una máquina para el béisbol. El equipo de béisbol de Princeton se benefició con la máquina de Hinton, que podía lanzar bolas a 120 kilómetros por hora. Pero Hinton fue finalmente despedido de Princeton, aunque se las arregló para obtener un puesto en el Observatorio Naval de los Estados Unidos, gracias a la influencia de su director, también un defensor de la cuarta dimensión espacial. Luego, en 1902, aceptó un trabajo en la Oficina de Patentes en Washington al que antes nos hemos referido. Hinton pasó varios años desarrollando ingeniosos métodos mediante los cuales cualquier persona, no sólo matemáticos profesionales, podían «ver» objetos de cuatro dimensiones espaciales. Con el tiempo perfeccionó diversos cubos especiales que le permitían visualizar hipercubos, o cubos en cuatro dimensiones. Éstos llegarían a conocerse como cubos de Hinton. Charles Hinton incluso dio nombre oficial a un hipercubo desplegado, un tesseract.

Los cubos de Hinton incluso fueron utilizados en sesiones de espiritismo, donde pronto se convirtieron en objetos de importancia mística. Por medio de los cubos de Hinton, afirmaban los participantes en sesiones de espiritismo, se podía visualizar la cuarta dimensión espacial y, por lo tanto, el mundo de los fantasmas y de los seres queridos muertos. Los discípulos de Hinton pasaban horas meditando sobre estos cubos, hasta que alcanzaban la capacidad de reordenar y recomponer mentalmente estos cubos en un hipercubo a través de la cuarta dimensión espacial. Los que podían realizar este trabajo mental, se decía, alcanzarían el estado más alto del nirvana, un estado de liberación tanto del sufrimiento como del ciclo de renacimientos. Como analogía, tomemos un cubo tridimensional. Aunque un planilandés, que vive en un mundo bidimensional, no puede visualizar un cubo en su totalidad, es posible para nosotros desplegar el cubo en tres dimensiones, de modo que tengamos una serie de seis cuadrados formando una cruz. Pero un planilandés no puede reorganizar los cuadrados para hacer un cubo. En la segunda dimensión, las juntas entre cada cuadrado son rígidas y no pueden doblarse. Sin embargo, estos juntas se pueden doblar fácilmente en la tercera dimensión, la nuestra desde el punto de vista espacial. Un planilandés vería que los cuadrados desaparecían dejando sólo un cuadrado en su universo bidimensional. Del mismo modo, un hipercubo en cuatro dimensiones no puede ser visualizado. Pero uno puede desplegar un hipercubo en sus componentes inferiores, que son cubos tridimensionales ordinarios. Estos cubos, a su vez, pueden ser dispuestos en una cruz tridimensional, un tesseract. Resulta imposible para nosotros, desde el mundo tridimensional, visualizar la forma de plegar estos cubos para formar un hipercubo. Sin embargo, una persona de dimensiones más altas, como la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión) puede «levantar» cada cubo de nuestro universo tridimensional y luego plegar el cubo para formar un hipercubo. Pero nuestros ojos tridimensionales verían simplemente que los otros cubos desaparecen, dejando sólo un cubo en nuestro universo. El famoso pintor Salvador Dalí quedó tan impresionado por los trabajos de Hinton, que utilizó el tesseract en su famoso cuadro Cristo hipercúbico, exhibido en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, que muestra a Cristo crucificado en una cruz de cuatro dimensiones. Hinton también creó una segunda forma de visualizar objetos de más altas dimensiones a través de mirar las sombras que producían en dimensiones inferiores. Por ejemplo, un planilandés bidimensional podría visualizar un cubo tridimensional mirando su sombra bidimensional. Un cubo aparecería en el mundo bidimensional como dos cuadrados unidos. Asimismo, una sombra de hipercubo proyectada en la tercera dimensión se convertiría en un cubo dentro de un cubo.

Además de visualizar el despliegue de hipercubos y examinar sus sombras, Hinton también vislumbró una tercera forma de conceptuar la cuarta dimensión mediante secciones transversas. Por ejemplo, cuando Mr. Cuadrado fue enviado desde la segunda a la tercera dimensión, sus ojos solamente podían ver secciones bidimensionales de la tercera dimensión. De este modo, él sólo podía ver círculos que aparecían, se hacían más grandes, cambiaban de color, y luego desaparecían repentinamente. Del mismo modo, Hinton sabía que si se nos arrojara a la cuarta dimensión especial como seres tridimensionales, veríamos objetos extraños que aparecen repentinamente de la nada, se hacen más grandes, cambian de color, cambian de forma, se hacen más pequeños y finalmente desaparecen. Pero las experiencias ECM o EEC antes relatadas parecen indicar que el cuerpo astral que entra en una dimensión superior, de hecho pertenece a dicha dimensión superior. La contribución de Hinton fue la popularización de las figuras en dimensiones más altas utilizando tres métodos: examinando sus sombras, sus secciones y sus despliegues. Todavía hoy, estos tres métodos de Hinton son las principales formas en las que los matemáticos y físicos profesionales conceptúan objetos de dimensiones más altas. Cuando la gente le pedía que diese un nombre a la cuarta dimensión espacial, Hinton respondía que las palabras ana y kata describían el movimiento en la cuarta dimensión y eran las contrapartidas de los términos arriba y abajo, o izquierda y derecha. La filosofía que adoptó Hinton, luego adoptada por muchos físicos, es la de que todos los objetos en nuestro universo tridimensional existen en la cuarta dimensión espacial, pero que la cuarta dimensión espacial probablemente es tan pequeña que elude cualquier observación experimental. Cuando se preguntaba a Hinton: «¿Qué es la luz?», siguiendo a Riemann, Hinton creía que la luz es una vibración de la cuarta dimensión espacial invisible, que es esencialmente el punto de vista que hoy adoptan muchos físicos teóricos. Pero, ¿Cómo sería para un ser tridimensional, como nosotros, encontrarse con una criatura de una dimensión más alta? Distintos escritores de ciencia ficción han tratado de explicar una hipotética visita a otras dimensiones. En El monstruo de ninguna parte, el escritor Nelson Bond trató de imaginar qué sucedería si un explorador en las selvas de Latinoamérica encontrase una criatura procedente de dimensiones superiores. El protagonista trata de capturar animales salvajes en las altas montañas del Perú. Pero tras algunas semanas, la expedición pierde contacto con el mundo exterior y desaparece misteriosamente sin dejar huella. Tras una larga y vana búsqueda, las autoridades dan de por muertos a los exploradores. Pero dos años después el protagonista reaparece repentinamente.

El protagonista explica que, justo antes de desaparecer, la expedición encontró un animal fantástico en la meseta Maratán del alto Perú, una criatura sobrenatural parecida a una mancha que constantemente cambiaba de forma del modo más extraño. Estas manchas negras se mantenían en el aire, desapareciendo y reapareciendo y cambiando de forma y tamaño. Luego las manchas atacaron inesperadamente a la expedición, matando a la mayoría de los hombres. Las manchas levantaron del suelo a algunos de los hombres que quedaban; ellos gritaron y luego se desvanecieron en el aire. Sólo el protagonista escapó al desastre. Estudió estas manchas a distancia y poco a poco se formó una teoría sobre lo que eran y cómo capturarlas. Había leído Planilandia años antes, e imaginó que cualquiera del mundo tridimensional que abriese y cerrase sus dedos en Planilandia sorprendería a los habitantes bidimensionales. Los planilandeses verían anillos de carne pulsantes flotando en el aire y cambiando constantemente de tamaño. Del mismo modo, razonaba el protagonista, cualquier criatura de más dimensiones metiendo sus pies o brazos a través de nuestro universo aparecería como manchas de carne pulsantes y tridimensionales que surgían de la nada y cambiaban constantemente de forma y tamaño. Esto explicaría también por qué los miembros de su equipo habían desaparecido en el aire, ya que habían sido arrastrados a una dimensión más alta. Pero, ¿cómo capturar a un ser de dimensiones más altas? Si un planilandés, al ver nuestro dedo entrando en su universo bidimensional, tratara de atrapar nuestro dedo, lo haría en vano. Si tratara de echar un lazo a nuestro dedo, nosotros podríamos simplemente apartar nuestro dedo y desaparecer. Análogamente, el protagonista podría colocar una red alrededor de una de estas manchas, pero entonces la criatura de dimensión más alta podría simplemente sacar su «dedo» o «pierna» de nuestro universo, y la red colapsaría. De repente, le llegó la respuesta: si un planilandés tuviera que capturar nuestro dedo cuando se introducía en Planilandia, el planilandés podría clavar una aguja a través del mismo, ensartándolo dolorosamente al universo bidimensional. Así pues, la estrategia del protagonista consistía en introducir una lanza a través de una de las manchas y ensartar a la criatura en nuestro universo. Le llevó dos años capturar a la criatura y enviar la mancha que luchaba y se retorcía a New Jersey. En una gran conferencia de prensa donde muestra la fantástica criatura atrapada en Perú, periodistas y científicos quedan horrorizados cuando la criatura es mostrada, retorciéndose y luchando contra una gran barra de acero. Un periodista, rompiendo las reglas, hace fotografías y el flash encoleriza a la criatura que forcejea tanto con la barra que su carne empieza a rasgarse. De repente, el monstruo queda libre, y estalla el pandemónium. Las personas son descuartizadas, y el protagonista y otros son atrapados por la criatura y luego desaparecen en la cuarta dimensión espacial. Al día siguiente de la tragedia, uno de los supervivientes de la masacre decide quemar cualquier evidencia con respecto a la criatura.

Pero, ¿qué sucede en la situación inversa, cuando nosotros visitamos, como seres tridimensionales, un universo de dimensiones más altas? Como hemos visto, un planilandés bidimensional no puede visualizar un universo tridimensional en su totalidad. Sin embargo, existen, como Hinton demostró, varias formas en las que el planilandés puede intuir fragmentos reveladores de universos de mayores dimensiones. En su clásico relato corto Y él construyó una casa tortuosa, el escritor estadounidense de ciencia ficción Robert Heinlein exploró las muchas posibilidades de vivir en un hipercubo desplegado. En el relato se explica que Quintus Teal es un arquitecto cuya ambición es construir una casa de una forma realmente revolucionaria: un tesseract, un hipercubo que ha sido desplegado en la tercera dimensión. Él convence a sus amigos Mr. y Mrs. Bailey para que compren la casa. Construido en Los Ángeles, el tesseract es una serie de ocho cubos ultramodernos apilados uno encima de otro en forma de cruz. Por desgracia, precisamente cuando Teal está a punto de mostrar su nueva creación a los Bailey, un terremoto asola el sur de California y la casa se colapsa sobre sí misma. Los cubos empiezan a caer, pero extrañamente sólo un simple cubo queda en pie. Los otros han desaparecido misteriosamente. Cuando Teal y los Bailey entran con cautela en la casa, ahora sólo un simple cubo, se sorprenden de que las otras habitaciones que faltan son claramente visibles a través de las ventanas de la primera planta. !Pero eso es imposible! La casa es ahora sólo un simple cubo. ¿Cómo puede estar el interior de un simple cubo conectado a una serie de otros cubos que no pueden verse desde fuera? Suben las escaleras y encuentran el dormitorio principal sobre la entrada. Sin embargo, en lugar de encontrar la tercera planta se hallan de nuevo en la planta baja. Pensando que la casa está encantada, los aterrorizados Bailey corren a la puerta de entrada. En lugar de salir al exterior, la puerta de entrada sólo les lleva a otra habitación. A medida que exploran la casa, encuentran que cada habitación está conectada a una serie imposible de otras habitaciones. En la casa original, cada cubo tenía ventanas que daban al exterior. Ahora, todas las ventanas dan a otras habitaciones. No hay exterior. Presos del pánico, intentan lentamente probar todas las puertas de la casa, sólo para entrar en otras habitaciones. Finalmente, en el salón deciden abrir las persianas y mirar fuera. Cuando abren la primera persiana descubren que están mirando al Empire State Building. Aparentemente, esa ventana se abría a una «ventana» en el espacio precisamente sobre la aguja de la torre. Cuando abren la segunda persiana se encuentran mirando un vasto océano, excepto que está boca abajo. Al abrir la tercera persiana se encuentran mirando la Nada. Finalmente, al abrir la última persiana se encuentran mirando un paisaje desértico, probablemente un paisaje de Marte. Tras un recorrido angustioso por las habitaciones de la casa, con cada habitación conectada de forma imposible a las otras habitaciones, Teal finalmente se imagina lo que ocurrió. El terremoto, razona él, debe haber colapsado las uniones de los diversos cubos y plegado la casa en la cuarta dimensión espacial (quinta dimensión). Desde fuera, la casa de Teal se parecía originalmente a una secuencia ordinaria de cubos. La casa no colapsaba porque las uniones entre los cubos eran rígidas y estables en tres dimensiones. Sin embargo, vista desde la cuarta dimensión espacial, la casa de Teal era un hipercubo desplegado que podía ser recompuesto o vuelto a plegar en un hipercubo. De este modo, cuando la casa fue agitada por el terremoto, se plegó de alguna manera en cuatro dimensiones espaciales, dejando sólo un simple cubo tambaleándose en nuestra tercera dimensión. Cualquiera que camine por el único cubo que queda vería una serie de habitaciones conectadas de una forma aparentemente imposible. Recorriendo las diversas habitaciones, Teal ha entrado en la cuarta dimensión espacial sin advertirlo. Aunque nuestros protagonistas parecen condenados a pasar sus vidas vagando infructuosamente en círculos en el interior de un hipercubo, otro terremoto violento sacude el tesseract. Teal y los aterrados Bailey saltan por la ventana más próxima. Cuando aterrizan, se encuentran en el Monumento Nacional de Joshua Tree, a algunos kilómetros de Los Ángeles. Horas después, tomando un coche de vuelta a la ciudad, regresan a la casa, sólo para descubrir que el último cubo que quedaba ha desaparecido. ¿Dónde fue a parar el tesseract? Probablemente está flotando en alguna parte de la cuarta dimensión espacial.

En 1981 Gordon Greene comenzó a plantearse que podrían existir otras explicaciones a las habituales al almacenar la memoria o sufrir visiones panorámicas. Para ello introdujo el concepto de hiperespacio, que definió como «cualquier espacio con más de tres dimensiones». Supuestamente, cuando el tiempo se materializa en la cuarta dimensión podríamos ser capaces de tener percepciones hiperespaciales y espontáneamente percibir la totalidad de nuestras vidas. Si bien el concepto de hiperespacio se relaciona con ideas actuales de los físicos, aún no hay evidencias experimentales de su existencia. En 1999, el doctor Linz Audain intentó relacionar conceptos neurobiológicos con la posibilidad de la existencia de un hiperespacio, aunque reconoció que este tipo de ideas podían llevar a un debate entre los que defienden una base neurológica y los que defienden una metafísica. Pero no es la primera vez que un científico proveniente del campo de la Física se introduce en el terreno de la metafísica, como le ocurrió el físico Henry Stapp en 1994 al intentar establecer un modelo cuántico que explicase ciertas violaciones de las leyes físicas. En aquel momento Stapp fue despreciado por el resto de la comunidad de físicos, hasta el punto de sufrir serios problemas para publicar sus trabajos, aunque actualmente sean ampliamente aceptados. Parte del trabajo de Stapp se refiere a las implicaciones de la física cuántica y su relevancia para la conciencia y el libre albedrío. Stapp defiende la idea de que las funciones de onda cuántica colapsan solo cuando interactúan con la conciencia, todo ello como consecuencia de la física cuántica ortodoxa. Argumenta que las funciones de onda cuántica colapsan cuando las mentes conscientes seleccionan una de las posibilidades cuánticas alternativas. Su hipótesis de cómo la mente puede interactuar con la materia a través de procesos cuánticos en el cerebro difiere de las ideas del físico-matemático Roger Penrose y el psicólogo Stuart Hameroff, explicadas en su artículo Sobre la teoría cuántica de la consciencia. Mientras que ellos defienden la computación cuántica en los microtúbulos de las neuronas cerebrales, Stapp propone un colapso más global, un colapso de función de onda ‘mental‘ que explota, dentro de las sinapsis neuronales, ciertos aspectos del efecto cuántico Zeno. así llamada la capacidad para suprimir los túneles cuánticos meramente observando a los átomos.

Con los nuevos descubrimientos científicos, la experiencia de las visiones panorámicas en las ECM adquieren una nueva trascendencia. Mediante la aparición de la física cuántica se ha producido una nueva comprensión de la arquitectura vital. Hay dos conceptos relacionados que son fundamentales para entender sus efectos sobre el organismo humano. Se trata de la coherencia cuántica y la comunicación no local. La coherencia cuántica es un fenómeno físico que contempla un elevado número de partículas de luz o de materia que coinciden juntas en un momento determinado. Por ejemplo, el haz de un láser muestra lo que es la coherencia cuántica. Todas las partículas de luz emitidas (fotones) oscilan conjuntamente en la misma frecuencia y fase, dando como resultado un haz de un solo color. Pero mediante estimulación externa, el láser alcanza un nivel crítico de energía, Entonces, por medio de una variación se provoca un salto brusco a un nivel de energía superior. En la luz del láser todos los fotones carecen de identidad individual, por lo que se hallan en el mismo estado cuántico. Por el contrario, las lámparas incandescentes o fluorescentes emiten luz incoherente en todas las direcciones y en un espectro de frecuencias muy amplio, por lo que el resultado es luz blanca. Sin embargo, la coherencia cuántica entre partículas interactúa con la comunicación no local, siendo una interacción que es instantánea, que no sufre aislamiento y que es independiente de la distancia. Es decir, que la no localidad hace referencia a procesos en los que la señal se propaga a cualquier distancia de manera instantánea. Por el contrario, las señales que se propagan durante un periodo finito de tiempo, son locales. Por ejemplo, el espectro visible electromagnético de la luz que percibe el ojo humano no posee ninguna de las tres características a que antes nos hemos referido. Cuando hay una distancia finita que se puede medir entre el transmisor y el receptor, las ondas disminuyen en intensidad a medida que viajan y pueden bloquearse con un aislamiento adecuado. Si llevamos estos conceptos a la escala de la percepción humana, podemos decir que percibimos de manera local y no local. Por ejemplo, cuando vemos a una persona que se encuentra cerca nuestro, nuestros ojos responden a las ondas electromagnéticas de la luz. Pero la mente, según Edgar Mitchell, un autor que ha aplicado las teorías de la física cuántica a la construcción de la consciencia, responde de manera instantánea de un modo no local a la visión remota de la misma persona, aunque se encuentre a kilómetros de distancia. Así pues, tan solo son percibidos por el observador los aspectos no locales, que se muestran con una  imagen poco clara y de aspecto onírico. Ello es congruente con estados alterados de la consciencia, como la clarividencia, la precognición o la telepatía.

Thomas Beck considera que las ECM pueden incluirse entre las percepciones no locales, ya que son prácticamente instantáneas. Con este tipo de experiencias podríamos deducir que el cuerpo humano posee todos los mecanismos biológicos necesarios para la comunicación no local. Pero aún queda mucho por descubrir al respecto. A escala molecular y dentro del propio cuerpo humano ha sido detectada la comunicación no local. Se ha descubierto que en muchos organismos vivientes, incluido el ser humano, podemos encontrar estructuras cristalinas. Pero los cristales son estados de la materia que poseen un amplio rango de fluidez, como cristales sólidos, semisólidos, u otros que poseen propiedades próximas al gel. De este modo, encontramos que los cristales de calcio en los huesos son sólidos, el colágeno que se encuentran en el interior de los huesos son semisólidos, aunque nos referimos a él como cristal líquido. Pero estas estructuras cristalinas se encuentran en todo nuestro cuerpo, incluyendo huesos, tendones, ligamentos, cartílagos, etc… Asimismo, para entender todo esto hay que referirse al efecto cuántico de túnel, que ya ha sido demostrado en proteínas o en el ADN humano. Este efecto cuántico de túnel se refiere al transporte instantáneo de partículas como fotones, electrones, protones o incluso átomos de hidrógeno que saltan desde el punto A al punto B, pero, !oh sorpresa!, sin viajar entre ambas distancias. El físico alemán Günter Nimtz ha demostrado el efecto cuántico de túnel en las partículas fotónicas a través de una barrera en una distancia de unos diez centímetros. Es decir, que el tiempo que tarda la señal en llegar al otro lado es instantáneo, independientemente de la distancia, saltándose la velocidad de la luz. Volviendo a los cristales, tenemos otro ejemplo de sustancias líquidas cristalinas, como lo es el llamado citoplasma intracelular, una sustancia fluida dentro de las células. Pero dentro del citoplasma intracelular, los llamados microtúbulos son los principales constituyentes de su organización. !Y todavía más sorpresas!: existen evidencias de que dichos microtúbulos emiten nada menos que fotones de luz y pueden ser observados como si fuesen microscópicos láseres pulsátiles dentro de la propia célula. Estos microtúbulos se supone que pueden llegar a desempeñar un papel importante en las comunicaciones humanas, la memoria y el aprendizaje. Quizás en un futuro próximo se logre probar que son elementos fundamentales en la red de comunicación no local que sirve de base a las revisiones vitales durante las ECM, lo que implicaría una comunicación con la “células” de los cuerpos sutiles, como el cuerpo astral .

Además, los microtúbulos forman una estructura que da soporte físico a toda la célula, aportando forma y resistencia. Asimismo, más allá de sus atributos meramente físicos, los microtúbulos proveen un complejo sistema de comunicaciones entre cada célula, que finalmente es esencial para el funcionamiento total del organismo humano. De hecho, el sistema de microtúbulos es conocido como «el cerebro de la célula», ya que organizan gran parte de las funciones celulares, incluyendo la división de la misma. En algunas células neuronales los microtúbulos pueden llegar a alcanzar nada menos que un metro de longitud dispuestos en madejas de cientos de miles de microtúbulos. Recuerdan mucho a los cables de fibra óptica utilizados para la comunicación telefónica, que están formados por muchas fibras juntas. Si observamos un microtúbulo a nivel molecular, su complejidad es tan grande que actualmente resulta incomprensible. Sin embargo, a un nivel cuántico, la comunicación que se produce entre dichos microtúbulos parece un proceso relativamente simple. Esta comunicación a nivel de los microtúbulos ha sido descrita matemáticamente por Peter Marcer, de la Royal Chartered British Computer Society, Reino Unido, y Walter Schempp, de la Universidad de Siegen. Pero, a medida que avanzan las investigaciones, cada vez hay más científicos que apoyan la teoría de que los microtúbulos poseen tres importantes propiedades relacionadas con la comunicación intercelular e intracelular: 1) La propagación de microimpulsos coherentes parecidos a los láseres; 2) el procesamiento de información no local cuántica; 3) las propiedades macroscópicas emergentes y acumulativas que se desprenden a partir de un nivel crítico de coherencia de sucesos cuánticos. Con respecto a la propagación de la luz, los microtúbulos propagan microimpulsos de fotones únicos y coherentes, similares al láser, que son resultado de una condensación Bose-Einstein, estado de la materia que se da en ciertos materiales a temperaturas cercanas al cero absoluto. La evidencia sugiere que estos microimpulsos individuales de luz, efectivamente, generan hologramas de un único fotón, de la misma manera que un láser que funciona con muchos fotones individuales puede generar un holograma. Como dijo Thomas Beck: «Si trillones de microtúbulos en el cuerpo humano se dedicaran a generar individualmente hologramas de un solo fotón, la cantidad de información codificada en los hologramas sería prácticamente ilimitada».

Debemos entender que una célula no es un simple recipiente lleno de pequeños orgánulos flotando en su interior. De hecho el citoplasma es un fluido viscoso que llena el interior de una célula y está muy estructurado, lo que permite las comunicaciones a través de sus propiedades cuánticas y electromagnéticas mediante los microtúbulos. El cuerpo humano está influido por estos efectos en su sistema nervioso y en su cerebro. Una segunda propiedad de los microtúbulos es un fenómeno cuántico referente a la comunicación no local, también llamada «acción a distancia». Peter Marcer y Walter Schempp explican cómo la señal se propaga de manera instantánea a través del cuerpo humano mediante los microtúbulos. Esta red instantánea de comunicaciones podría tener relación con estados alterados de la consciencia, como las revisiones vitales que se experimentan durante las ECM. Sin embargo, estas experiencias no parecen corresponderse con los conceptos de tiempo y espacios lineales. Thomas Beck explicó, en 2003, que el sistema de microtúbulos podría proporcionar un mecanismo de comunicación que permitiría visualizar y reproducir toda una vida en cuestión de tan solo unos momentos, como si el proceso ocurriese a una enorme velocidad. Finalmente tenemos las propiedades macroscópicas, emergentes y acumulativas que pueden derivarse de niveles críticos de coherencia durante los sucesos cuánticos. Las señales fotónicas de los microtúbulos generan débiles campos electromagnéticos que se entrecruzan con otros microtúbulos. Codificadas mediante estos mismos patrones de interferencia se podrían acumular ingentes cantidades de información holográfica. También se ha podido observar que los anestésicos alteran el funcionamiento de los microtúbulos, provocandose una pérdida de la conciencia. Esta evidencia indicaría que los microtúbulos podrían constituir una estructura física que, en conjunto, produciría un efecto macroscópico responsable de lo que nosotros llamamos consciencia. Algunos investigadores, como Dejan Raković y Djuro Koruga, afirman que la consciencia es el resultado de los efectos cuánticos colectivos que ocurren en el sistema de microtúbulos dentro del sistema nervioso central. Por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer, los microtúbulos se encuentran alterados, produciendo a su vez alteraciones cognitivas en el aprendizaje y en la memoria. Si se llega a entender este tipo de comunicación instantánea, podremos interpretar los sueños o bien comprender cómo se generan las ideas intuitivas, que acumulan gran cantidad de información y que, no obstante, se producen en tan solo un instante.

Cada vez más investigadores opinan que la memoria podría estar almacenada en campos holográficos fuera de los límites físicos del organismo humano. Y aquí establecemos una relación con lo que serían los planos sutiles que estarían en dimensiones más elevadas y que explicaría el concepto de Registros Akáshicos, al que antes nos hemos referido. Las memorias, pues, serían accesibles por parte del cerebro conectando con esa especie de entorno sutil, que podríamos asimilar al actual concepto informático de la nube. Es decir, los datos no estarían almacenados dentro del propio cerebro, tal como afirma la ciencia ortodoxa. Esto tendría sentido y explicaría que ciertas personas con capacidades de clarividencia accediesen a esa memoria colectiva. Esta teoría también podría relacionarse con el concepto de Carl Jung sobre el inconsciente colectivo. Si llegamos a la conclusión de que ello es sí, entonces nos podemos preguntar para qué sirve el cerebro. En este caso su función sería la de servir de intermediario coherente para acoplar diversos subsistemas. Haciendo una analogía con la informática, el cerebro sería la unidad de proceso central (hardware) relacionada con un sistema operativo (software), aunque sería mucho más sofisticado que cualquier ordenador existente. Para complicarlo más, la memoria holográfica, aunque almacenada de forma global, podría ser accesible de forma local, de la misma manera que un holograma puede ser reproducido en su totalidad iluminando tan solo una pequeña parte de él con un haz de láser. El astronauta Edgar Mitchell, que fue piloto del módulo lunar en la misión Apolo 14 y fue el sexto hombre en pisar la Luna, así como un firme creyente en los fenómenos paranormales y en los ovnis, ha aplicado las teorías de la física cuántica a la construcción de la consciencia. Mitchell afirma que «el descubrimiento del holograma cuántico no local […] nos provee del primer mecanismo físico cuántico compatible con el mundo tridimensional macroescalar, tal cual lo experimentamos en nuestra realidad cotidiana». en efecto, la holografía cuántica podría describir todos los procesos en todas las escalas cosmológicas, desde las partículas subatómicas hasta las interestelares. Es un campo que podría revolucionar nuestras visiones clásicas del tiempo y el espacio. Una de las aplicaciones prácticas de la holografía cuántica en medicina son las imágenes por resonancia magnética, que los hospitales utilizan para obtener imágenes del interior del cuerpo humano.

El ADN es otra de las estructuras importantes en relación a la comunicación cuántica holográfica de la memoria. La capacidad de las moléculas del ADN para comprimir información de manera holográfica es prácticamente ilimitada y ya fue descrita por Marcer y Schempp en 1996: «El ADN define una firma única y espectral o bien un conjunto de frecuencias sobre el cual, potencialmente, se puede escribir la historia o experiencia total de un organismo viviente». De hecho, el ADN es considerado como un medio universal de almacenamiento de información holográfica. Los casi tres billones de pares de bases proteicas contenidas en cada célula humana podrían asimilarse a un enorme almacén de discos duros de ordenador. Sin embargo, un sistema de memoria cuántico holográfico requiere de la «energía del punto cero», que también se refieren al llamado «vacío cuántico». La energía del punto cero es, en física, la energía más baja que un sistema físico mecano-cuántico puede poseer y es la energía del estado fundamental del sistema. El concepto de la energía del punto cero fue propuesto por Albert Einstein y Otto Stern en 1913, y fue llamada en un principio “energía residual“. Se supone que todos los sistemas mecano-cuánticos tienen energía de punto cero. En la teoría cuántica de campos, es un sinónimo de la energía del vacío o de la energía oscura, una cantidad de energía que se asocia con la vacuidad del espacio vacío. En cosmología, la energía del vacío es tomada como la base para la constante cosmológica. En efecto, todo el espacio, incluyendo las áreas entre las partes sólidas de la materia, contiene un potencial de energía enorme. La materia y la energía se están continuamente creando y destruyendo, emergiendo espontáneamente y desapareciendo de vuelta al campo de energía del punto cero. Los científicos actuales consideran que en este vacío cuántico se encuentra la fuente de la materia y la energía en el universo. Marcer y Schempp describen un modelo dinámico cuántico de dicho vacío en relación a un modelo holográfico. Ya que cada partícula emite y absorbe partículas de energía o de información, que se propagan a través del campo de energía del punto cero, la historia de cada partícula se almacena y queda accesible para su posterior recuperación. El campo de energía del punto cero ha sido propuesto como un medio de almacenamiento para la memoria en todas las interacciones de partículas, a una escala macroscópica como serían los acontecimientos de una vida humana. En este modelo, el proceso de la memoria, el cerebro y el sistema nervioso central no serían lugares de almacenamiento propiamente dichos, sino procesos orgánicos que interactuarían directamente con el campo de energía del punto cero a nivel cuántico.

Vemos pues que la materia etérica sería una substancia intermedia entre la materia física y la materia astral, por lo que sería en parte física y en parte astral. Esta materia etérica sería una substancia muy sutil entre la materia y la energía y que sería similar al ectoplasma, que es supuestamente una materia etérea que se halla presente en el cuerpo físico de cualquier ser vivo. La denominación “Ectoplasma” fue propuesta por el médico y fisiólogo francés Charles Richet. Es generalmente descrita por los médiums. Fluye en la oscuridad a través de los poros y los distintos orificios del cuerpo, siendo normalmente de aspecto luminoso. En general es un intento de dar respaldo científico a algunas concepciones metafísicas, en especial apariciones de fantasmas, espíritus y otros entes por el estilo. Se han llevado a cabo estudios científicos sobre estos fenómenos como, por ejemplo, con personas agonizantes en algunos hospitales, en que se han colocado sus camas sobre balanzas de precisión poco antes su posible muerte, estando asimismo conectados a electroencefalógrafos y a monitores de encefalografía. En todos los casos, en el momento exacto de la muerte, es observada una pérdida súbita de peso de aproximadamente unos 21 gramos, a lo que se ha denominado peso del alma. Ello aparentemente es causado por la materia etérica que se transfiere al cuerpo astral en el momento de la muerte física. Esto es equivalente a la transferencia súbita de materia etérica hacia el cuerpo astral durante una experiencia cercana  a la muerte, dónde el cuerpo físico aparentemente está muriendo. Este traslado súbito de materia etérica sería el inicio del proceso de la muerte. El ectoplasma se ha estudiado en una manera similar. Médiums que supuestamente pueden materializar ectoplasma han sido colocados sobre balanzas de precisión y se les pidió que materializasen ectoplasma hacia otro grupo de balanzas de precisión. Estos médiums perdieron peso en exactamente la misma proporción en la que el ectoplasma pesado lo ganaba. Cuando el médium reabsorbía el ectoplasma el peso se invertía. Se considera que el ectoplasma es producido por los chakras, que convierten parte de la masa física del cuerpo de los médiums en ectoplasma. Ya hemos dicho que cualquier entidad no-física o desencarnada, incluyendo al cuerpo astral, debe contener materia etérica para que funcione en tiempo real cerca de la dimensión física. Sin materia etérica las entidades no-físicas se desintegran hacia su dimensión de origen. Pero la materia etérica sólo puede ser obtenida de los seres vivientes en el mundo físico. El  famoso Cordón de Plata cumple más funciones que mantener unidos los cuerpos físico y astral. Es un verdadero cordón umbilical, transmitiendo información y energía entre los cuerpos físico y los cuerpos sutiles, como el astral. El área de la que emane el cordón de plata depende de la actividad de los chakras. El chakra más fuerte, más activo, puede tener el control del flujo de energía hacia los cuerpos más sutiles. Asimismo, hay que considerar también el poder creativo de la mente subconsciente.

Una vez que el cuerpo astral entra en la dimensión astral, que es la que le corresponde, debe tener un buen suministro de energía astral desde los chakras para interactuar eficientemente con esa dimensión más elevada. Asimismo, la memoria astral depende en gran medida de la cantidad de energía disponible. Como la dimensión astral es el entorno natural del cuerpo astral, no desaparecería fuera de la dimensión astral a causa de la falta de energía, como también sucedería en el mundo físico. En efecto, si una persona no ha comido o dormido durante unos días, con la consiguiente reducción de energía, no se disuelve en otra dimensión. Asimismo, la mente astral debe tener bastante energía para proveer al cuerpo astral de recuerdos vívidos. Estos recuerdos astrales deben ser lo bastante fuertes para registrarse en el cerebro físico, a fin de que la mente física pueda evocarlos cuando despierte. Después de un viaje astral con poca energía, en que consiguientemente al cuerpo astral le falta energía, la consecuencia será que no se tendrán impresiones lo suficientemente claras del viaje astral. Esto causará que sus recuerdos astrales no sean los que predominen cuando retorne al cuerpo físico. El total desarrollo de los chakras y aprender a controlarlos pueden llevar muchos años, dependiendo de la habilidad natural de cada uno. Esto no quiere decir, sin embargo, que no se utilicen de una manera básica; para mejorar las experiencias extracorpóreas (EEC) y los sueños lúcidos. Elevar la energía y estimular los chakras no debe ser una misión complicada, ya que esta energía elevada fluirá automáticamente al cuerpo astral, antes y durante una proyección astral. Pero aprendiendo a elevar la energía y controlar el flujo de energía a través de los chakras, podremos cambiar la naturaleza de los sueños, que serán más lúcidos, así como de las experiencias extracorpóreas (EEC), que se volverán experiencias vívidas. Los planos más altos serían similares en su estructura a la dimensión astral pero a un nivel mucho más alto de conciencia. Entre los diferentes niveles están las áreas intermediarias, a veces llamadas sub-planos. Una buena analogía para las dimensiones diferentes y sus zonas intermediarias lo constituiría la atmósfera terrestre: Si el aire en la tropósfera de la Tierra fuera la dimensión astral, podríamos considerar la estratosfera como una zona intermediaria y el vacío de espacio exterior como la dimensión mental. Nosotros podemos volar por la tropósfera de la Tierra en un avión, que simularía el cuerpo astral, pero necesitaríamos un jet para viajar a la estratosfera, y una nave espacial, equivalente al cuerpo mental, para viajar a través del espacio exterior. Esto explica por qué necesitamos un cuerpo cada vez más sutil para viajar por estos niveles o dimensiones diferentes de existencia. El cuerpo astral puede entrar en las zonas intermediarias, o los sub-planos de las dimensiones por encima y por debajo de la dimensión astral, si acumula el tipo correcto de energía. Es decir,  para existir en las zonas intermediarias entre los planos astral y físico, en tiempo real, el cuerpo astral debe contener energía etérica, mientras que para existir en la zona intermediaria entre el plano astral y el plano mental debe acumular energía mental.

Con suficiente control sobre los chakras puede generarse la energía suficiente para una proyección a niveles aún más altos. La producción de un tipo particular de energía elevará la conciencia a este nivel más alto y energizará el cuerpo sutil que corresponda. Esto normalmente se hace a través de la meditación, a fin de elevar la conciencia mediante un trabajo energético sobre los chakras. La conciencia podría entonces experimentar ese alto nivel de existencia. Si se dispone de suficiente energía se podría proyectar este cuerpo sutil a su dimensión natural. Si un cuerpo superior, como el cuerpo causal, es energizado y proyectado también sucede algo similar con los cuerpos inferiores. El cuerpo astral contiene a todos los otros cuerpos sutiles más elevados y puede, por ejemplo, durante una proyección, se lanza el cuerpo mental hacia la dimensión mental y así sucesivamente con los demás cuerpos sutiles. Esto a veces dará múltiples tipos de recuerdos después de una determinada proyección, aunque el cuerpo sutil que contenga más cantidad de energía tendrá los recuerdos más vívidos. Estos recuerdos dominantes serán retenidos por la mente del cuerpo físico al retornar de la proyección. Proyectarse conscientemente a niveles más altos que la dimensión astral requiere un nivel alto de aprendizaje. Normalmente se cree que sólo es posible para un ser humano proyectarse en los niveles Astral, Mental y Causal, mientras que no es posible proyectarse en los niveles del Alma y Espiritual. Como estas dimensiones han sido nombradas en distintas tradiciones, se supone que alguien debe haberse proyectado en ellas para haberlas podido explicar. Comprendiendo la verdadera naturaleza de la mente entenderemos que no hay  límites. Pero hay que tener en cuenta que estas dimensiones no tienen indicadores que nos anuncien nuestra entrada en ellas, como si fuesen los indicadores de una carretera. El plano astral es un mundo como el que Alicia encontró en el País de las Maravillas. Todo parece real, pero es cambiante y fluido. Cualquier cosa puede encontrarse allí, desde zonas de alta energía sexual hasta lugares llenos de armonía espiritual. Asimismo, el tiempo se distorsiona. Una sensación de una hora en el astral puede parecer como sólo unos minutos en el plano físico. Comparado con el mundo físico está a un nivel muy superior de vibración. Y algo similar puede decirse de dimensiones superiores, en que cada vez la vibración es mayor.

Se requieren muchas experiencias para poder hacer viajes astrales planificados a realidades específicas, como parece podían hacer algunos lamas tibetanos. Hay un número infinito de realidades en esta dimensión. Estas diferentes realidades se estratifican y se relacionan con el subconsciente. Cuando tenemos un sueño lúcido, la mente subconsciente crea una especie de representación teatral para nosotros. Cuando estamos conscientes la mente subconsciente adquiere el control sobre dicha especie de representación teatral. Sin dicho control esta representación teatral personal cambiará, por lo que empezaríamos a sintonizarnos con otras zonas del plano astral, por lo que la realidad astral en que estemos se mezclará con otras realidades y asumirá aspectos diferentes. En una proyección consciente en la dimensión astral, podemos sintonizarnos con cualquier zona de ella y viajar en realidades diferentes. Las técnicas que explican los expertos en proyecciones astrales implican generalmente desorientar a la mente subconsciente de alguna forma, para que pase a una realidad astral diferente. Estos métodos desorientan a la mente y engañan al subconsciente para que sintonice con otra zona del plano astral. Y aquí planteamos un tema misterioso. Se trata de los llamados en entornos esotéricos Archivos Akashicos, que se encuentran en las zonas intermediarias entre los planos astral y mental, que en parte son astrales y en parte mentales. En los Archivos Akashicos estaría registrado cada pensamiento y evento que ha ocurrido alguna vez, como si fuese un enorme libro de historia mental ilustrada sin límites. Es como una enorme enciclopedia visual en la nube astral-mental, como si fuese una nube informática. Los Archivos Akashicos también contendrían probabilidades de futuro a partir de eventos, acciones y pensamientos pasados. como una puerta la futuro. Quienes tienen habilidades de clarividencia pueden sintonizar con los Archivos Akashicos para ver determinados eventos, más o menos fácilmente según sea la energía que les envuelve. Por esta razón, las guerras y desastres son más fáciles de visualizar, ya que la energía que les rodea les hace destacar sobre el resto. Si se mira hacia el futuro, el área de probabilidades mostrará una confusa vorágine de simbolismos mezclados con los eventos reales. Este simbolismo futuro es causado por los sistemas de creencias del clarividente, influido por su religión, entre otros factores. Este simbolismo afecta la manera en que las personas piensan y sueñan sobre el futuro. Este simbolismo, a su vez, se manifiesta en los Archivos Akashicos como representaciones simbólicas de eventos futuros. El simbolismo hace que sea más fácil consultar los archivos Akashicos, ya que facilitan que los Archivos Akashicos funcionen como si estuviesen indexados. Algunas personas dicen haber entrado en los Archivos Akashicos y haber encontrado algo como una biblioteca, con libros aparentemente reales. El pasado, presente y futuro estarían grabados en estos libros. Algunas personas inclusive dicen que las visitas han sido guiadas telepáticamente por una especie de bibliotecario en el plano astral-mental.

En la dimensión mental los pensamientos aparecerían como diseños caleidoscópicos de luz y sonido. Los antiguos vikingos hablaban del puente del Arco Iris hacia Asgard, el mundo de los Æsir, gobernado por Odín y su esposa Frigg y rodeado por una muralla incompleta, atribuida a un anónimo hrimthurs, amo del caballo semental Svaðilfari, de acuerdo a Gylfaginning. Dentro de Asgard, se encuentra el Valhalla, donde la mitad de los muertos en combate son elegidos por Odín y viajan allí guiados por las valquirias, mientras que la otra mitad van al Fólkvangr de la diosa Freyja. Y según quienes se han proyectado a la dimensión mental, parece y se siente como si realmente se estuviera caminando sobre un arco iris hacia algún mundo maravilloso dónde seguramente deben morar los dioses. El tiempo incluso se distorsionaría más que en el plano astral y la realidad sería como un caleidoscopio, que consiste en un tubo que contiene tres espejos que forman un prisma triangular, con su parte reflectante hacia el interior. A partir de aquí entraríamos en un terreno que parece solo han explorado ciertos místicos de alto nivel espiritual. En la dimensión del alma, que se corresponde con el cuerpo del alma, hallaríamos un mundo lleno de paz absoluta y amor infinito. En esta dimensión abandonaríamos el pensamiento consciente y la individualidad. Habría como un impulso irresistible que lo arrastraría a uno hacia una calma y quietud totales. En esta dimensión uno dejaría de ser un individuo y se transformaría en parte del todo. En cierto modo es como regresar al útero materno. La individualidad sería asimilada por un tipo de calidez amorosa y entendimiento infinitos. El tiempo en esta dimensión dejaría de tener cualquier significado. Si entramos en esta dimensión no podríamos dejarla, hasta que fuésemos arrastrados de nuevo a un cuerpo físico. Este es el lugar de descanso del alma. En la dimensión del espíritu, que se corresponde con el cuerpo del espíritu, los espíritus esperarían por aquellos a quienes amaron durante su tiempo en el cuerpo físico. Éste sería el lugar donde tendría lugar la reunión de las almas. La luz en este mundo del espíritu sería la más pura y luminosa. Sería tan luminosa que parecería imposible de mirar, pero sería, a fin de cuentas, una luz sumamente suave y reconfortante. Podríamos considerarla la luz del amor divino. Las personas aparecerían en esta dimensión tal como eran en el mundo físico, pero en su máxima magnificencia. En esta dimensión podría sentirse la presencia de lo que podríamos llamar Dios, no en el sentido en que lo describen las religiones, sino como una fuerza tangible y omnipresente. La comunicación se efectuaría telepáticamente, de manera similar a la clarividencia, pero de una manera mucho más vívida y real. El tiempo allí no existiría, mientras que la realidad parecería más real que la realidad del mundo físico. Para proyectarse en este plano espiritual debe practicarse la más profunda meditación a fin de conseguir la elevación de la conciencia, manteniendo todos los chakras muy abiertos y funcionando al máximo, especialmente el chakra coronario.

Quienes afirman que se han proyectado a esta dimensión del espíritu cuentan que su energía ha volado a alturas aparentemente imposibles, llevando su espíritu y conciencia a dichas alturas. En esta experiencia profundamente mística dicen que han oído el sonido de una nota musical larga y pura que subía lentamente de tono, de tal manera que concentrándose y sintonizando con esta nota musical, alcanzaba el centro de su ser y corazón, atrayéndoles. Han abandonado su cuerpo físico, proyectándose directamente en esta dimensión del espíritu. Allí dicen que se percibía una luz plateada y luminosa que penetraba en el alma y parece curarla. También relatan que allí encontraron amigos y familiares ya difuntos así como también muchas personas desconocidas, todas mostrando gran alegría. También afirman haber visto ángeles con grandes alas y el pelo dorado y rizado, que estaban soplando largos cuernos dorados. Entonces llega un momento en que todo empieza a brillar débilmente hasta regresar al cuerpo físico. Pero cuando dejamos el cuerpo físico por última vez, en la muerte definitiva, solo podemos especular en base a lo que algunos testimonios han relatado y a una serie de escritos antiguos que relatan el proceso de la muerte, como los libros de los muertos egipcio y tibetano. Supuestamente nos proyectamos en tiempo real, durante los primeros días aún cerca del mundo físico, hasta que el suministro de materia etérica se agote. Entonces se produciría lo que podemos llamar segunda muerte y entraríamos en la dimensión astral. Allí, nos purgaríamos de todos los deseos terrenales. Ello se llevaría a cabo mediante la habilidad creativa de la mente subconsciente, hasta visualizar estos deseos como las ilusiones que realmente son. Entonces dejaríamos el cuerpo astral, o cuerpo del deseo, y entraríamos en la dimensión mental. Allí veríamos pasar toda nuestra vida, con los correspondientes pensamiento y acciones, seguido del consiguiente examen. Allí se agregarían nuestros pensamientos, recuerdos y experiencias en los Archivos Akashicos, que registran toda la experiencia grabada de la existencia humana completa en la dimensión física. Al dejar el cuerpo mental entraríamos en la dimensión del alma humana (causal) y divina, una dimensión de la que tenemos muy pocas referencias. Allí se permanecería, sin la dimensión tiempo, para la curación, el descanso y la expiación de nuestro ser. En este plano el alma sería sanada y nutrida por el amor divino. Entonces abandonaríamos el cuerpo del alma y entraríamos en la dimensión del espíritu. Luego, un día, en un entorno sin tiempo, avanzaríamos al próximo nivel de existencia; donde el último gran misterio de la vida nos sería revelado, tal vez para reencarnarnos.

Fuentes:

  • José Gaona Cartolano – Al otro lado del túnel
  • Raymond A. Moody – Vida después de la vida
  • Michio Kaku – Hiperespacio
  • Bob Frissell – La cuarta dimensión
  • Francisco Nacher – El cordón de plata
  • Bruce Robert – Tratado experiencias extracorpóreas
  • David Icke – El Mayor Secreto
  • Stanislas Dehaene – La Conciencia en el Cerebro
  • Arthur Powell – El cuerpo astral y otros fenómenos celestes
  • Arthur Powell – El cuerpo astral
  • Arthur Powell – El cuerpo causal
  • Sogyal Rimpoche – El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte
  • Tuesday Lobsang Rampa – El Tercer Ojo
  • Brian Weiss – Los milagros existen
  • Max Tegmark – Universos Paralelos
  • Gregg Braden – La Matriz Divina

¿Hay alguna relación entre el hiperespacio y las experiencias extracorpóreas?  

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