Los 4 obstáculos que nos impiden pensar libremente, según Francis Bacon

Teoría de los ídolos de Francis Bacon

En una época en la que todos desean imponernos una verdad con mayúsculas, categórica e incuestionable, vale la pena volver la vista atrás para reencontrarnos con las ideas del filósofo Francis Bacon.

Fiel defensor del empirismo y el método inductivo, Bacon enfatizaba en el papel de la experiencia y la evidencia en el conocimiento. Sin embargo, también se dio cuenta de los obstáculos que nos impiden ver la realidad tal como es.

Identificó los sesgos del pensamiento más comunes 400 años antes de que la Psicología Moderna reconociera la existencia de los sesgos cognitivos. Pionero del pensamiento científico moderno, Bacon pensaba que, si nos planteamos profundizar en la realidad y buscar una verdad propia, necesitamos deshacernos de nuestros prejuicios.

El primer paso consiste precisamente es reconocer que no somos objetivos. Todos cargamos con una mochila de experiencias, expectativas, sentimientos, prejuicios y preocupaciones que influyen en nuestros juicios. Además, la cultura en la que hemos crecido nos proporciona una lente a través de la cual vemos el mundo.

Cada una de esas variables es una especie de velo que, colocado uno tras otro, distorsiona nuestra visión del mundo. Eso no significa que la realidad sea incognoscible y que no podamos llegar a una verdad propia, solo implica que debemos esforzarnos más para apartar los velos que obstaculizan nuestra visión.

Francis Bacon hizo referencia a cuatro prejuicios que pueden considerarse como obstáculos a la verdad a los que llamó “ídolos y nociones falsas”. Los describió en “Novum organum scientiarum” y se le conoce como la “teoría de los ídolos”.

La teoría de los ídolos de Francis Bacon

1. Idola tribus o ídolos de la tribu

Se trata de un sesgo propio de la condición humana que nos lleva a proyectarnos sobre el mundo, distorsionando la realidad y sacando conclusiones erróneas. Bacon explicó: “el entendimiento humano termina siendo un espejo que refleja desigualmente los rayos de la naturaleza, pues mezcla su naturaleza con la naturaleza de las cosas, distorsionando y recubriendo a esta última”.

“El intelecto humano, cuando encuentra una noción que lo satisface porque la considera verdadera o porque es convincente y agradable, lleva todo lo demás a legitimarla y coincidir con ella. Y aunque sea mayor la fuerza o la cantidad de las instancias contrarias, se las menosprecia sin tenerlas en cuenta, o se las confunde a través de intenciones y se las rechaza, con perjuicio grave y dañoso, para mantener intacta la autoridad de sus primeras afirmaciones».

Nuestras expectativas, deseos y emociones influyen en nuestros juicios. “Ello sucede porque el hombre cree que es verdad aquello que prefiere y rechaza las cosas difíciles debido a su poca paciencia para investigar; evita la realidad pura y simple, porque deprime sus esperanzas”, alertó Bacon. Por tanto, debemos aprender a identificar hasta qué punto estamos proyectando nuestros deseos sobre la realidad, de manera que no somos capaces de tener una visión objetiva.

2. Idola specus o ídolos de la caverna

“Cada uno de nosotros, además de las aberraciones propias del género humano, posee una caverna o gruta particular, en la que se dispersa y se corrompe la luz de la naturaleza; esto sucede a causa de la propia e individual naturaleza de cada uno; a causa de su educación y de la conversación con los demás, o debido a los libros que lee o a la autoridad de aquéllos a quienes admira u honra; o a causa de la diversidad de las impresiones, según que éstas se encuentren con que el ánimo está ocupado por preconceptos, o bien se encuentra desocupado y tranquilo”, explicó Bacon.

Este sesgo se refiere a las ideas preconcebidas que tenemos y que se han formado debido a la educación que hemos recibido, las teorías a las que recurrimos para explicar el mundo o las figuras de autoridad relevantes con las que nos identificamos. Todas esas ideas preconcebidas se convierten en límites para entender la realidad y llegar a una verdad lo más objetiva posible.

De hecho, es el mecanismo en el que se sustentan las redes sociales ya que tienden a mostrarnos contenidos en sintonía con nuestras creencias, lo cual termina estrechando aún más nuestra perspectiva. Cuando nos adherimos a determinados sistemas cerrados de pensamiento, nos quedamos estancados y vemos todo a través de su prisma, perdiéndonos parte de la riqueza y complejidad del mundo que nos rodea.

3. Idola fori o ídolos del mercado

Este sesgo surge del acuerdo y la asociación de las personas, por eso se denomina ídolos del foro, la plaza o el mercado. Bacon lo asocia a la palabra y el discurso ya que el lenguaje no solo es la herramienta que nos permite entendernos, sino que también da forma nuestro pensamiento.

Bacon afirmó que “las palabras ejercen una extraordinaria violencia sobre el entendimiento y perturban todo, llevando a los hombres a innumerables e inanes controversias y ficciones”. Los políticos, por ejemplo, son particularmente hábiles usando la retórica para persuadir a las masas, provocar determinadas respuestas o generar tendencias de opinión. Sin embargo, las palabras no son la realidad sino una tergiversación de esta.

Bacon nos alertaba sobre aquellas palabras “confusas aún y mal definidas […] que surgen de una abstracción defectuosa e inadecuada” pero que se han enraizado profundamente en nuestra mente y guían nuestras reacciones a golpe de emociones, sin que sepamos muy bien qué significan. Tal es el caso de conceptos como democracia, libertad o derechos que esconden significados débiles y dispares, pero generan emociones intensas que los salvan de la crítica y la refutación o reformulación. Por eso, muchas veces las palabras y el significado que les atribuimos se convierten en una trampa para comprender la realidad.

4. Idola theatri o ídolos del teatro

Las modas actuales o los sistemas en boga también influyen en nuestra manera de ver el mundo. Ni siquiera los intelectuales escapan a las modas pasajeras, que pueden ser desde creencias religiosas hasta determinadas agendas sociales, movimientos políticos o simplemente lo que se conoce como “el espíritu de la época”.

El propio Bacon afirmó que esas modas no se limitan a las “filosofías generales, sino también a muchos principios y axiomas de las ciencias, los cuales se impusieron por tradición, por credulidad y por negligencia”. Según el filósofo, son modelos que “han sido acogidos o elaborados como otras tantas fábulas aptas para ser representadas en un escenario y útiles para construir mundos de ficción y de teatro”.

Los ídolos del teatro son, por tanto, narrativas de carácter eminentemente social o cultural que no son del todo ciertas pero que, al ser abrazadas por muchas personas, se imponen como verdades absolutas. Sin embargo, según la teoría de los ídolos de Francis Bacon, esas narrativas son tan solo un guion compartido que nos impide ver más allá y que probablemente perderá vigencia con el tiempo.

Fuente:

Bacon, F. (1984) Novum organum: aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre. Ediciones Orbis: España.

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