Chartres y la reactivación de los Lugares Sagrados. 1/3

Se acerca el solsticio de verano y su consiguiente día de san Juan Bautista, días de máxima energía solar y que, por tanto, son fechas muy señaladas tradicionalmente, pero en este año van a ser todavía más especiales. Así lo consideran los iniciados en el conocimiento sagrado, ancestral y perenne… Estamos en el año en el que los lugares de poder tienen que resurgir; los dólmenes, menhires, cromlechs, pirámides, ciertas catedrales y otros templos tienen que volver a tener el nivel de energía cosmotelúrica por la que fueron diseñados y construidos formando una red mundial para el bien de la humanidad. Por tanto, estamos en una época clave para la humanidad, y esta debe implicarse…

Lo que quiero contar y expresar lo podría haber empezado de otras maneras, pero una circunstancia destacada me hace inclinarme por esta en particular, la de la “casualidad” de tener en mis manos un libro, “Curiosità e misteri di Torino”, de Renzo Rossotti, del que extraje un interesante texto sobre el “ángel de la estrella” que une Chartres, Santiago de Compostela y Turín, y que incluye una poco conocida profecía sobre el fin de los tiempos:
Un ángel vuela en el corazón de Europa. En el pelo tiene una estrella brillante, en una de las alas Amiens, Ruán, Chartres y París, casi toca con el brazo Lyon. Su mano izquierda indica Turín, con la derecha Santiago de Compostela. Él es un ángel representado en un grabado de finales del siglo XVII, descubierto por casualidad en la cubierta de un viejo almanaque almacenado en un restaurante de Chartres.
Se podría interpretar como una especie de guía celeste para los peregrinos, atraídos por la catedral, que en multitud rezan para trasladarse a lo largo de las rutas conocidas para completar el viaje a Santiago de Compostela.

Suspendido en el cielo europeo, el ángel estrellado fue utilizado para identificar las etapas de la Vía Láctea creada por la religión, una especie de cometa mágica. Por encima, en el fondo del grabado se pueden ver las Islas Británicas, el Canal de la Mancha y bien claro Londres. Turín con Lyon y Londres a menudo se consideran como «mágicas» junto a Praga, sin embargo, esta no se ve pues está fuera del espacio que rodea al ángel.

Turín parece lejos de las rutas de las catedrales, sólo apoyan su inclusión en el mapa misteriosos designios. Hay personas que piensan que el grabado original pudo haber sido hecho después de que la Sábana Santa fue llevada de Chambery a Turín, guardándola en la catedral de San Giovanni. Más imaginativa interpretación es que Turín, con Chartres y Santiago de Compostela, sería uno de los vértices del gran triángulo del ángel que sintetiza una fuerza «mágica».

El mensajero alado parece en sintonía con el dragón, también de origen antiguo, idéntico al que en Londres marca la frontera con la City y los dos dragones que sostienen el emblema de la capital británica. En un grabado se representa con un ala que llega a Praga, las garras plantadas en Lyon y Turín, y Londres en el pico de la boca.

Praga vibra misterio kafkiano grabado en piedra, que repite a quien le pregunta la locura del Golem, y Fausto sigue persiguiendo el misterio último de la Cábala; es la punta de las alas del dragón. Lyon, entre el Ródano y el Saona, parece contener bajo la apariencia de su guiñol las cenizas de la romana Lugdunum desaparecida por Séneca. Lyon es como el comienzo de un túnel lleno de sorpresas y de incertidumbre en su punto de llegada. Londres, en la majestuosidad de las torres de Wren, fue la sacralidad de su rey, y emana de Westminster un encanto que apareció antes de Merlín y continuó hasta bien después de Shakespeare.

Turín es el único sitio que está en el mapa con el ángel y está con el dragón en este lado de los Alpes. Aquí, al pasado romano y la historia medieval, inagotable río, se añade la leyenda de Faetón, hijo de Helios, que es el Sol, que guiaba el carro de fuego de su padre. Acercándose demasiado a la tierra, Zeus, por temor a que la incendiase, lo golpeó con un rayo. Faetón, herido, cayó en el río Eridano, es decir, el Po, cerca de Turín. En la Metamorfosis de Ovidio se nos da una explicación naturalista de esa leyenda, con el Sol, el calor abrasador del verano, las tormentas y la lluvia sin la cual se quemarían los cultivos y los árboles.

Aceptando, aunque sea como hipótesis, el concepto de lo mágico, queda la duda si es aplicable a algo concreto y amplio en gran medida como una ciudad. Para Sir James Frazer, la magia puede cofigurarse como etapa necesaria en el camino a la religión. Por lo tanto, incluso para una ciudad, su valor «mágico», su, si podemos llamarlo así, «peso arcano», sería algo intangible vinculado a una creencia antiquísima, incluso a una inicial alquimia remota de la cual no queda más que un pálido recuerdo.

Pero el ángel que vuela sobre Europa está acompañado de un comentario que no puede dejar de intrigarnos. Dice:
Cuando desde Turín
el ángel llamará Le Penseur,
en Notre-Dame aullido de quimeras
y se despertará el ángel de Chartres,
que romperá el reloj
significando que el tiempo ha terminado.
El asno hará sonar la zanfonía.
En Amiens brillará la cabeza
del Bautista y el ángel no llorará más.
En Ruán volverá a latir
el corazón de Ricardo
y la armonía de las campanas
anunciará al Salvador.

Una profecía que parece anunciar el fin del mundo después de una señal dada en Turín por un ángel difícil de identificar, oculto en cualquier iglesia turinesa, en una pintura o, más probablemente, tallado, pero desde luego no hay evidencia. El ángel llamará Le Penseur, es decir, «El Pensador», una de las más célebres entre las muchas quimeras que en París adornan las torres de Notre-Dame.

La quimera «el Pensador», de la catedral de Notre-Dame de París.

Las quimeras gritando y en la catedral de Chartres el ángel que sostiene un reloj, en realidad un reloj de sol, lo romperá. El asno músico, otro monumento de la iglesia, hará sonar la zanfonía. En ese momento, en Amiens el cráneo de Juan Bautista brillará y el ángel que llora, una conocida escultura conservada en el templo, dejará de hacerlo.

El ángel llorando, de la catedral de Amiens.

Bajo la bóveda de la catedral de Ruán, dentro de la custodia de piedra, de nuevo latirá el corazón de Ricardo, rey de Inglaterra. Entonces las campanas sonarán para decirle al mundo que el Salvador está volviendo. Una profecía insólita y, pensamos, poco conocida. Se conecta Turín a las otras ciudades sobrevoladas por el ángel y, sobre todo, la une a las tres catedrales que hemos dicho, Chartres, Amiens y Ruán.

Este es el texto del libro de Renzo Rossotti que describe el grabado del “ángel de la estrella” y su enigmática profecía. Para este autor italiano parece que no es más que otra de las curiosidades históricas que recopila en sus obras pero para otros es mucho más. Enrique de Vicente (periodista y escritor, director de la revista Año/Cero), cuando leyó este texto, enseguida pensó que es una prueba más, entre otras muchas, de una antigua tradición que vincula a Chartres y otros lugares con «el fin de los tiempos» y el Apocalipsis bíblico, teniendo en cuenta que nadie debería confundir estos términos con el fin del mundo ni identificarlos con algo a lo que debamos tener miedo; por el contrario, Apocalipsis es una palabra griega que significa Revelación.

Siguiendo con los comentarios que Enrique de Vicente hizo al respecto, recuerda que ese libro simbólico que cierra la Biblia termina en su capítulo 21 con el maravilloso descenso a la Tierra de la “Jerusalén Celestial”, precedido por las palabras “vi un cielo nuevo y una nueva tierra”. Su capítulo 22 y último, que se refiere a la venida del espíritu crístico, se inicia con la visión de “un río limpio de Agua de Vida”, junto al cual está “el Árbol de la Vida” que otorga la inmortalidad y cuyos frutos se denegó comer a Adán y Eva, suponiendo su expulsión del Paraíso; y añade el Apocalipsis: “y no habrá más maldición… no habrá allí más noche… porque el Señor los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos”.

Es cierto, el Apocalipsis, al contrario de la opinión general, es un libro de esperanza, pues es la promesa de un nuevo y mejor mundo, para cuyo inicio da una serie de señales o avisos que se producirán al final del viejo mundo. Da las claves que significan que el tiempo ha terminado, como dice el texto que acompaña la imagen del ángel de la estrella; es el tiempo, y nuestra vivencia del mismo como prisión mortal, el que se anuncia va a terminar y no el mundo, sino este mundo que dejará paso a uno nuevo.

Enrique de Vicente considera que el momento en el que todo esto comenzará es el nuestro. Se basa en sus muchos años de estudios sobre las profecías y los indicios que hay en numerosos antiguos monumentos de todo el planeta y que le corroboraron varios sabios, comenzando por uno que encontró en Chartres mientras realizaba su Camino de Santiago. Así está señalado por los mapas astronómicos y simbólicos encriptados en esta catedral francesa y toda la zona que la rodea, comenzando por ese “ángel que romperá el reloj (solar) significando que el tiempo ha terminado” y ese asno que hará sonar la zanfonía, a los que alude el texto profético.
¿Será el final del Quinto Sol, al que aluden todas las tradiciones proféticas mesoamericanas, y el comienzo de uno nuevo?

Catedral de Chartres.

Fuente: http://ianuacaeli.blogspot.com/

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