Los Reyes, a favor de un Gobierno socialista, apoyado por C’s, que frene la ofensiva para proclamar la Tercera República

La filtración de los mensajes privados de los Reyes Felipe y Letizia con el empresario Javier López Madrid, investigado por la Operación Púnica, forma parte de la ofensiva en curso para desmontar la jefatura del Estado y proclamar la Tercera República. En la operación intervienen transversalmente dirigentes de la mayoría de los partidos políticos y altos funcionarios que no ven ventajas en la Monarquía como sistema de gobierno hereditario basado en el linaje de sangre, en su carácter vitalicio y que goza del blindaje ante la Justicia.

Los acontecimientos que se están produciendo, gota a gota, para socavar la imagen de los Reyes Felipe y Letizia tienen como objetivo deteriorar la jefatura del Estado para crear las condiciones que permitan la proclamación de la Tercera República Española. La publicación de los mensajes de los teléfonos móviles de los Reyes con el empresario Javier López Madrid, amigo de infancia del rey Felipe, filtrados a la prensa, forman parte de una operación encaminada a mostrar a la opinión pública que también el actual Monarca, al igual que su padre el rey emérito Juan Carlos de Borbón, tiene amistades peligrosas, y sembrar la duda sobre posibles negocios.

La filtración de los mensajes privados de Felipe y Letizia al empresario López Madrid, forman parte de la operación de acoso a la Monarquía

En la operación republicana intervienen transversalmente dirigentes de los partidos políticos y altos funcionarios que no ven ventajas en la Monarquía como sistema de gobierno hereditario basado en el linaje de sangre, en su carácter vitalicio y que goza del blindaje ante la Justicia.

Pacto tácito, no firmado

La abdicación de Juan Carlos I, el 2 de julio del 2014, evitó que se hicieran públicas informaciones relacionadas con los negocios del Rey de España que hubieran puesto en peligro la continuidad del régimen monárquico. Hasta el episodio de la caza de elefantes en Botsuana, dos años antes de su abdicación, existía un pacto tácito, no firmado, entre los directores de los medios de comunicación españoles para no publicar las andanzas de Juan Carlos con sus sucesivas amigas íntimas, así como toda noticia relacionada con las comisiones petroleras y donaciones que determinadas empresas pagaban al Monarca por su intermediación, sobre todo en negocios de ámbito internacional.

La gota que colmó el vaso fue descubrir la vida de lujo que Juan Carlos llevaba con su amante, la denominada princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, a la que había alojado, con su hijo, en “La Angorilla”, un pabellón dentro del recinto de Zarzuela, y a la que se le daba servicio de protección como si de un miembro más de la familia se tratara. Tras el episodio de Botsuana, entendiendo que la Monarquía corría un peligro inminente, el servicio secreto convenció a Corinna para que se trasladase a vivir a Londres. Luego resultó que Corinna también era testaferro en muchos de los negocios de Juan Carlos, como lo fue Manolo Prado, Villar Mir y otros empresarios con acceso directo en Zarzuela.

Sembrar la duda

Desde hace meses se persigue que todo el asunto relacionado con el yerno de Villar Mir, Javier López Madrid, salpicase a Felipe VI dada su amistad con quien fuera su compañero de colegio. López Madrid está investigado por la Operación Púnica de financiación ilegal del Partido Popular, asimismo fue uno de los beneficiarios de las tarjetas “black” de Cajamadrid, y está implicado en un turbio asunto de sexo con la doctora dermatóloga Elisa Pinto que le llevó a los tribunales.

La filtración de los mensajes del 14 de Octubre de 2014 de López Madrid con la reina Letizia sobre un reportaje publicado en el suplemento dominical del diario “El Mundo”, La Otra Crónica, relativo al escándalo de las tarjetas, forma parte de la operación para crear el clima en la opinión pública de que los nuevos Reyes también están tocados por la corrupción.

Yerno del constructor Villar Mir

Para ello se filtran los mensajes reenviados por el yerno de Villar Mir a su amante, la doctora Elisa Pinto, entre los que figura el que da cuenta de una reunión privada de Felipe VI con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, significativamente en el edificio de la empresa constructora OHL, propiedad de Villar Mir. Se quiere dar a entender que en el encuentro se habló de negocios.

En medios periodísticos se comenta que los mensajes estaban en poder de varios directores de diarios y que, tras consultar con Zarzuela, decidieron no hacerlos públicos ya que al corresponderse con la actividad privada de personas se incurría en un delito de revelación de secretos, tipificado como tal en el Código Penal con pena de prisión. Se da la circunstancia de que ya han sido condenados por revelación de secretos varios periodistas y que el Tribunal Constitucional desestimó la pretensión de la defensa en el sentido de que se trataba de información de relevancia social y, por lo tanto, no debía considerarse de aplicación dicho precepto.

Agitar el gallinero

En estos momentos un prestigioso bufete de abogados estudia, a instancias de Villar Mir, López Madrid y Zarzuela, si procede emprender acciones legales por la publicación de los mensajes privados. Las opiniones son contradictorias y, en su mayoría, los letrados entienden que la vía judicial agitaría el gallinero y provocaría una cascada de informaciones que darían más combustible a la operación de derribo de la Monarquía. Entienden que es más conveniente dejar que la política protagonice la actualidad informativa dado que la formación de Gobierno o la repetición de elecciones ocuparán los titulares durante los próximos meses.

En Zarzuela preocupa que la actual mayoría de izquierda parlamentaria, con Podemos como ariete, llegue a gobernar y proponga una reforma de la Constitución que cuestione la figura del Jefe del Estado, dado que en pleno siglo XXI un cargo vitalicio y hereditario no es muy popular. De ahí el interés de Felipe y Letizia de que el PSOE apoyado por Ciudadanos forme Gobierno para dar estabilidad a la Corona frente al envite republicano, como ya ocurriera cuando al inicio de la Transición democrática Juan Carlos se apoyó en el PSOE de Felipe González para consolidar la recién estrenada Monarquía.

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