LA IGNOMINIA DE LAS FRONTERAS

Frontera de Gonzoo, entre India y Pakistán

Las fronteras son la manifestación física o mental del control sobre algo o sobre alguien. Su función es separar aquello que se desea dominar, poseer o esconder y facultan, a los órganos de poder, implantar y ejercer su autoridad de la manera en la que lo crean conveniente. Son la expresión máxima de la propiedad, del nosotros o del yo frente al resto.

En cualquier campo, las fronteras no son más que líneas imaginarias o abstractas, arbitrariamente creadas sin ninguna justificación. Prueba de ello son lo fácilmente movibles que han resultado a lo largo de la historia; por supuesto, siempre en interés de los que poseen el poder, ya que son ellos los que se encargan de su creación. Ya sean territoriales, económicas, de conocimiento o de cualquier ámbito, las fronteras se crean y se utilizan con el único propósito de delimitar lo accesible en función de qué papel desempeñas.

Las fronteras son contrarias a la vida: constriñen, encierran y reprimen mientras que la vida trata de emerger y expandirse. No es posible defender la vida y las fronteras al mismo tiempo, éstas matan de forma directa y violenta y, también de una forma más sibilina, lentamente y con una violencia tan aceptada por los seres humanos en su conjunto, que causa terror.

Alambres, espinos, concertinas, muros, vallas, armas, balas, militares, policía, religiones, leyes, normas ……

Mediante todo ello se erigen las fronteras en el mundo físico, mental y espiritual. Ésta es la manera de seleccionar, de separar, de diferenciar el lado correcto del incorrecto. Ya los Estados se encargan de hacernos creer que estamos en el lado conveniente y que toda esa infraestructura necesita ser defendida con uñas y dientes y que cualquier precio a pagar por ello es justo.

Se alienta el fanatismo, bajo la etiqueta del patriotismo, cuya única utilidad es enmascarar la estupidez humana que nos arrastra a odiar al otro, al que está al otro lado de la frontera, sea ésta física o mental, hasta tal punto que creamos justo su sufrimiento y su muerte si intenta traspasarla.

Miedo, dolor, resignación, impotencia, muerte intelectual y espiritual; así se erigen las fronteras en el mundo psíquico. Esta es la manera de acotar, de establecer, de delimitar la zona segura de la peligrosa.

Nosotros mismos nos encargamos de hacerlas posibles y de creer que las necesitamos para poder desarrollar nuestras vidas, conforme a unos patrones establecidos, en los que andamos deseosos de encajar. Estos patrones, sólo dibujan modos de vida ajenos a lo que podría ser, pero suficientemente confortables como para aceptarlos y, por tanto, desear defenderlos al precio que sea. Incluso con la construcción de fronteras mentales, a pesar de saber que constriñen nuestra existencia y nos sitúan más cerca de una vida carente de significado hasta para nosotros mismos.

Todas las fronteras forman parte de una realidad inhumana y dolorosa que sólo engendra desesperanza y muerte. Cada vez que una frontera se levanta, el odio se hace dueño de la situación y la esperanza de ir recuperando la esencia de lo humano se aleja un poco más.

LA IGNOMINIA DE LAS FRONTERAS

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