Dejar ir es reconocer que algunas personas son parte de tu historia, no de tu destino

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Ciertamente dejar ir es algo más sencillo nombrarlo que llevarlo a cabo, es un decisión que no se toma de forma imprevista, sino que lleva tiempo dándose forma, es el acto de reconocimiento que nos empuja a la, muchas veces dolorosa, decisión de cerrar un capítulo y seguir adelante con menos acompañantes en nuestro camino.

Dejar ir puede traer consigo muchos cambios, puede ubicarnos en realidades para las cuales no nos sintamos preparados, pero por lo general cuando esa decisión se apodera de nuestro corazón, cualquier camino a tomar resultará más beneficioso que seguir esperando que un milagro ocurra, seguir haciendo esfuerzos sobre humanos o mantener cualquier situación que desde hace mucho perdió el sentido.

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Siempre hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cerrando ci-clos, cerrando puertas, terminando capítulos; no importa el nombre que le demos, lo que importa es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya se han acabado. ― Paulo Coelho

Solemos dilatar la decisión de dejar ir, inclusive cuando aquello a lo hemos generado apego, ya se ha marchado, no es necesario que una persona esté para seguir aferrado a ella. Podemos quedarnos enganchados a situaciones, sentimientos, personas,  lugares, etc… por el sencillo temor de no encontrarnos, de no saber qué será de nosotros luego de que soltemos.

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Aferrarnos a algo o a alguien nos hace estar en lo conocido, aunque esto no nos genere más que sufrimiento, pesar, culpa o angustia, muchas veces preferimos el malestar de lo que sabemos propio, que la incertidumbre de lo que nos puede venir luego.

Pero resulta que lo que nos venga siempre va a depender de nosotros y obviamente nada cambiará mientras nuestras energías estén mal canalizadas en algo o alguien que ya no debe estar en nuestras vidas, en nuestras mentes o nuestros corazones.

Cortar de corazón con aquello que no tiene sentido mantener, es entender que debemos darle cabida a nuevas oportunidades, que soltamos el grillete que no nos deja avanzar y sencillamente ubicar a las personas de forma coherente como parte de nuestro pasado, dándoles el lugar que les corresponda, sin pretender que ese lugar vaya a cambiar en el transcurrir del tiempo, sin guardar falsas esperanzas en las vueltas que dé la vida, solo aceptando que un ciclo debe cerrarse y estamos en capacidad de manejar esa realidad.

Por mucho que nos pueda pesar, si entendemos que hay razones de peso para soltar, no resulta conveniente mayores dilataciones en cuanto a la decisión, mientras más tiempo pase, más consecuencias negativas obtendremos y podemos vernos cada vez más identificados con aquella situación que nos cuesta dejar ir.

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Estamos hechos para fluir con la vida, con cada una de sus situaciones, cuando nos resistimos, cuando no aceptamos, es cuando nos exponemos a mayores sufrimientos. Todo es transitorio, todo cambia, adaptémonos  la realidad tal y como es y fluyamos con ella, procurando siempre nuestro bienestar y el de la mayoría de las personas involucradas.

Dejar ir no significa dejar de querer o arrancar a alguien del corazón, sino darle el lugar que le corresponde, sanando lo que hay que sanar, aunque para ello duela intensamente.

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