El I Ching: Fractales y Sincronicidad

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Una de las más curiosas manifestaciones de los conjuntos fractales es el Buddhabrot. La imagen fue generada con una simple fórmula matemática sin intervención humana.

El Buddhabrot es una representación gráfica especial del conjunto de Mandelbrot que orientada de forma tradicional, muestra ciertas semejanzas con la iconografia de Buda Gautama sentado en una pose de meditación con una marca en la frente ( tikka ), un moño tradicional ( ushnisha ) y el pelo rizado.

La meditación en el budismo juega muy de cerca con el concepto del infinito, una de las bases claves en la construcción de fractales, los cuales muchas veces son denominados por los matemáticos como una «expresión del infinito». Es como si el espacio mismo contuviera la forma búdica codificada. Quizás la versión matemática de aquella frase del Mahavaipulya Sutra: “En cada partícula de polvo hay innumerables budas”.

Las manifestaciones de la vida provienen de un único manantial de causalidad que incluye cada átomo del universo. De las partículas subatómicas a las galaxias gigantes, todo es al mismo tiempo parte infinitesimal y totalidad del “todo.” 

El conjunto de Mandelbrot es el más estudiado de los fractales.
El conjunto de Mandelbrot es el más estudiado de los fractales.

La autoorganización está estructurada y conformada por leyes básicas. Desde esta perspectiva, la autoorganización puede entenderse como la capacidad de crear información basada en el vector de Mandelbrot 0 ->: z -> z² + c considerado como un proceso creativo continuo. Como hemos visto, la clave de este proceso es la improvisación espontánea en el momento. Esto significa volver a cero, a la conciencia pura, y actuar desde allí.

Sobre el Buddabrot  es importante señalar que no es un fractal diferente al conjunto de Mandelbrot, sino una diferente forma de representarlo Generalmente en un fractal del conjunto de Mandelbrot vemos muchos colores, estos colores no son decorativos o artísticos, sino que matemáticamente nos indican la velocidad con la cual diverge la sucesión en su tendencia al infinito.

Otra vez la complejidad de las matemáticas nos azora en su infinita belleza. Vemos como la misma es el lenguaje de la naturaleza, tal como ha sido definida por muchos científicos, ya que con esta podemos explicar y modelar todos los fenómenos naturales. Realmente en los fractales podemos ver la belleza de la naturaleza y cómo las matemáticas son el lenguaje de la misma.

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El círculo vacío en un trazo tipo sumi simboliza al WU CHI

WU CHI, el lugar del que brota toda la creatividad

La idea de de creatividad espontánea y el punto cero fue considerada por los chinos hace milenios.

Wu Chi es un concepto de la visión cosmogónica de la tradición Taoista. Wu Chi, el vacío absoluto, se refiere al estado inicial del Universo antes de la formación de la materia, y a partir del cual aparecen las dos fuerzas complementarias (ying-yang) correspondientes al Tai Chi, “el gran principio”. En el Taoismo, el concepto filosófico de vacío no es el de la Nada. Vacío abarca a la vez lo existente y lo no existente, lo que es potencial y lo que es real.

 En chino, la conciencia pura se llama Wu Chi .La atención pura / completa es llamada wu-chi.  Es el lugar infinito y sin forma justo antes de todo significado y forma. Es la unión con lo ilimitado, sin forma – previo a la forma. El lugar de donde surge lo creativo. Cuando está conectado en wu-chi, está en el Tao y la creatividad sucede naturalmente.

En el  Tao De King se dice:

“En el principio no había nada (el vacío)

De la nada nace el uno (la energía primordial o Qi original)

Del uno nace el dos(el Yin y el Yang)

Del dos nace el tres(la zona centro entre ambas fuerzas)

Del tres nacen los 10.000 seres” (todas las cosas del universo)

Cuando estás conectado con Wu Chi estás en el Tao. Cuando estás en el Tao, la creatividad ocurre naturalmente. WU CHI, vacío, está simbolizado por el círculo vacío, y TAI CHI, plenitud, está simbolizado por el antiguo fractal chino yin / yang:

No solo se refiere a la creación de objetos de arte. Los chinos entendieron toda la vida como el campo apropiado de creatividad, no solo cerámica, música, libros y pinturas, sino también beber té y tiro con arco. Todo lo que hacemos puede ser un arte. Todo se puede infundir con creatividad y belleza.

La creatividad es considerada aquí con el máximo sentido de la palabra Arte.  Es la forma en que la vida, de manera espontánea, crea mas vida, de manera inteligente, organizada y sustentable. Todo en la naturaleza es un acto creativo.

La autoorganización se desarrolla sin predeterminación.  Hay libre albedrío, este es el Gran Misterio,  el ser humano esta dotado de capacidad de autoregulación., pero como toda entidad en el plano físico y temporal también debe acatar las leyes matematicas que hacen posible la existencia.

Un aspecto básico del proceso de autorregulación consiste en que el sujeto esté comprometido con el logro de las metas. La autorregulación es el proceso a partir del cual se genera la posibilidad de crear nuevas situaciones, es decir, un proceso creativo consustancial e inseparable al ser humano

(Briggs y Peat, 1999).

En las artes marciales chinas este es un concepto importante porque se utilizada el flujo de la creatividad en la auto-defensa. El movimiento marcial es un fractal: quien se sostiene en estado de auto-organización, vence, quien pierde la base de auto-organización, es vencido.

La postura de Wu Chi es la preparación al movimiento, de pie, inmóvil, tratando de vaciar el cuerpo y la mente. La nada se refleja en la postura de no acción “Wu Wei”. Es la postura de la que se parte hacia el primer movimiento en el momento de iniciar la acción. Cuando se empieza la forma, ya se está en el Tai Chi, del que se generan los continuos cambios Yin y Yang, representados en las 13 fuerzas “Shisan Shi” mediante las 8 puertas, simbolizadas por los movimientos de las manos y brazos y las 5 direcciones, simbolizadas por los desplazamientos de pies y piernas. Luego de toda la secuencia de movimientos se cierra la forma, se termina regresando al origen, a la postura de Wu Wei, es decir se vuelve a estar en Wu Chi.

La Filosofía china fue la primera precursora de la “idea de la sincronicidad”  a través del Tao Te King. La nada que ordena el mundo sensorial, concepción taoísta de la totalidad, teoría filosófico-natural medieval de la correspondentia, la simpatía de todas las cosas

La filosofía taoísta china dedujo el concepto de Tao, como la ciencia de las coincidencias significativas. El filósofo de la antigua China Chuang Tse (siglo IV) dijo: “utiliza tu ojo interno y tu oído interno para penetrar en el corazón de las cosas y no tengas necesidad del conocimiento intelectual”. Según Jung esta expresión es un llamamiento a conectarse con el inconsciente y abrirse al a los acontecimientos internos (microcosmos) y a los externos (macrocosmos). El inconsciente siempre se comunica con un lenguaje ancestral y primitivo basado en arquetipos fundamentales que se encuentran en el interior de cada uno de nosotros y forma parte del inconsciente colectivo.

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Las aplicaciones psicológicas y políticas del proceso creativo se pueden ver en el antiguo libro chino, el I Ching, o como a veces se le llama, El Libro de los Cambios. Según muchos estudiosos, este es el libro más antiguo de la Tierra. El I Ching está hecho de 64 hexagramas, que son combinaciones de seis líneas yin o yang. Las sesenta y cuatro combinaciones posibles de yin-yang Ò los hexagramas Ò representan las situaciones básicas del tiempo creativo.

En tal sentido, la construcción del hexagrama nos abre la puerta a la sincronicidad. El texto del I Ching es un código simbólico que sirve de herramienta para comprender nuestro aquí y ahora en función de lo que nos pasa. Pero puntualmente el Yi, cambio o versatilidad, es la posibilidad concreta u oportunidad que la sincronicidad nos brinda para que modifiquemos aspectos y cuestiones en nosotros mismos, poniéndonos así en consonancia con el Tao.

Confucio dijo que siguiendo los consejos del libro y estudiándolo continuamente, una persona podría lograr una conciencia creativa en cada situación. Comprender el Libro de los cambios es la clave para la comprensión de las leyes chinas de la creatividad.

Los fractales son como la propaganda subversiva que tiene el universo para hacernos ver que en cada parte está oculta la totalidad, en distintas magnitudes, reflejos de una unidad cósmica que se proyecta a sí misma a través del espacio infinito, que cada copia de la divinidad inmanente mantiene la misma forma: la huella de un mismo génesis energético y matemático.

La vida es un magma en permanente cambio Va cambiando constantemente en una especie de «orden implicado» que determina patrones que podemos conocer y anticiparnos a los mismos o adaptar nuestro proceso de toma de decisiones a la dinámica dominante a fin de obtener un resultado óptimo.

Si consiguiésemos comprender de antemano las posibles consecuencias de una determinada idea, palabra, hecho o actitud, algunos podrían creer que están adivinando el futuro, aunque realmente, se trataría de una simple previsión, resultado de la comprensión de la relación que existe entre los acontecimientos y que Carl Gustav Jung describió como “sincronicidad”

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La adivinación del I Ching requiere obtener un hexagrama por generación al azar para después leer un capítulo asociado con ese hexagrama.

Carl Gustav Jung y  el I Ching

En este punto queremos remitirnos a la aportación de Carl Gustav Jung sobre el I Ching en el Prólogo a la traducción del Libro de las Mutaciones realizada por Richard Wilhelm.

SINCRONICIDAD (sin-, del griego συν-, unión, y χρόνος, tiempo) es el término elegido por Carl Gustav Jung para aludir a «la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal». «Así pues, emplearé el concepto general de sincronicidad en el sentido especial de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar». Para evitarse malentendidos «lo diferenciaré del término sincronismo, que constituye la mera simultaneidad de dos sucesos».

Hasta que no te hagas consciente de lo que llevas en tu inconsciente, éste último dirigirá tu vida y tú le llamarás destino.

Carl Gustav Jung

Más tarde Jung trabajó con el físico cuántico austríaco y premio Nobel de Física Wolfgang Pauli. Realizaron un estudio conjunto que, por primera vez en la historia, abrió las puertas a la posibilidad de que el fenómeno de la sincronicidad pudiera ser estudiado en un marco científico, en el que la realidad de la materia y de la psique se combinara en una única “realidad psicofísica”.

Al igual que Jung, Wolfgang Pauli, premio nobel de la física pensaba que la sincronicidad era una de las expresiones que caracterizaban al unus mundus, una realidad unificada de la que emerge y regresa todo lo existente.

 Unus mundus (en latín un mundo, o un solo mundo) es un término que se refiere al concepto de una realidad subyacente unificada a partir de la cual todo emerge y a la cual todo retorna.

Gracias al descubrimiento, por parte de Pauli de un principio de exclusión añadido a la mecánica cuántica que reconocía un patrón abstracto y acausal por debajo de la superficie atómica de la materia, fue posible entender la sincronía como un “principio conector acausal”, llegándose con ello a una junción de la psicología y de la física. El resultado de la nueva concepción de la naturaleza lo expresó Jung a través de este esquema a cuatro.

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Esquema clásico del concepto de sincronicidad.

El Esquema clásico del concepto de sincronicidad, es una evidente relación con la Rueda Medicinal de los chamanes nativos

Y Pauli lo rectificó del siguiente modo:

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Revisión del esquema clásico para satisfacer los postulados de la física moderna y los de la psicología.

Al interesarse por los sistemas oraculares, Jung observó que la sincronicidad no se daba únicamente de manera espontánea, sino también se podían crear situaciones de manifestación sincronística; de lo contrario un oráculo, como el I Ching, no podría dar respuestas a preguntas específicas. Cuando esto sucede es porque pregunta y respuesta coinciden significativamente en tiempo y espacio. En realidad, pregunta y respuesta no son tales: son una misma cosa disociada en el plano de la mente.

Jung fue el primer científico occidental que conoció y estudió a fondo el I Ching, inspirándole a conocer el universo consciente y subconsciente del ser humano y su capacidad de transformación de la psique, que denominó «el proceso de individuación» y la transferencia de liderazgo de factores conscientes y subconscientes, entre el movimiento pendular del Yin y el Yang y al intercambio de los pares de opuestos.

La primera vez que Jung utilizó públicamente la palabra “sincronicidad” fue en un discurso de homenaje a Richard Wilhelm en 1930. Wilhelm fue quien tradujo al alemán el I-Ching. Jung utilizó, en este contexto, la palabra sincronicidad, como una explicación de cómo el I-Ching logra su magia.

La  historia de la tradición china EL HACEDOR DE LLUVIA  era la preferida de Jung para transmitir la esencia de la sincronicidad y el Tao. La concepción de que existe un principio unificador en el universo, una extraña fuerza que es origen y motor de todo, y que brinda armonía y estructura en el caos, ha estado presente en diversas filosofías y cosmovisiones. A este principio unificador se le ha llamado Tao, Logos, Sentido y con características similares es el fundamento de las principales religiones orientales como el Taoísmo, el Budismo, Hinduismo, el Zen. A pesar de que se le ha dado diferentes nombres, todas estas descripciones sostienen que la realidad, es decir, los elementos concretos y observables, así como nuestras abstracciones duales, son la manifestación externa del Uno. La historia del universo y de la humanidad sería un despliegue de los diferentes aspectos de este principio unificador.

Uno de los mayores especialistas occidentales en el I Ching fue el misionero y sinólogo alemán Richard Wilhelm responsable de la primera traducción del I Ching, el Libro de los Cambios o Transformaciones en 1923. Una nueva versión, publicada en 1948, llevaba un prólogo del psiquiatra suizo Carl Jung, autor de la teoría del inconsciente colectivo. Wilhelm fue amigo personal de Carl Gustav Jung.

Richard Wilhelm, quien publicó una versión del libro en 1923. Una nueva versión, publicada en 1948, llevaba un prólogo del psiquiatra suizo Carl Jung, autor de la teoría del inconsciente colectivo. La versión de Wilhelm presenta el libro en tres grandes secciones, con los textos más antiguos en la primera y reservando la segunda y la tercera para Las diez alas o comentarios de la escuela confuciana. Esta traducción alemana fue a su vez traducida en 1949 al inglés y en 1950 al italiano.

La versión de Wilhelm presenta el libro en tres grandes secciones, con los textos más antiguos en la primera y reservando la segunda y la tercera para Las diez alas o comentarios de la escuela confuciana. Esta traducción alemana fue a su vez traducida en 1949 al inglés y en 1950 al italiano.

Luego de su presentación a Occidente el interés por el I Ching ha ido en aumento a través de los años, en gran parte estimulado por los descubrimientos del famoso psicólogo Carl Jung. Esta es sin duda una versión muy completa. Hoy son millones quienes usan el libro a diario. En ella además se explica el método más simple para procurar adivinar algo con este libro mágico.

Terence McKenna, un filósofo de la Nueva Era considerado como el sucesor de Timothy Leary. Realizó graficaciones matemáticas con el I-Ching, y lo convirtió en una especie de Mapa del Tiempo, verificando la Profecía Maya de que el tiempo, tal como lo conocemos, se detendrá en seco el 21 de Diciembre del 2012. McKenna descubrió que, al multiplicar el número de Hexagramas por el número de líneas por Hexagramas, obtenía 384, que corresponde al número de días que abarcan 13 Lunas en el Calendario Lunar utilizado por los antiguos chinos. Así, comenzó a formarse la opinión de que la Secuencia del Rey Wen representaba de alguna manera el tiempo.

Luego descubrió que la Secuencia del Rey Wen podía ser convertida en un gráfico de picos y depresiones, según cada Hexagrama. Convencido de que el I-Ching representaba el flujo del tiempo, McKenna se dispuso a diagramar la historia, desarrollando un Fractal de Mandelbrot, en el que cada nivel es 64 veces mayor que el anterior.

Según el pensamiento del I Ching, el espacio y el tiempo se conciben como un todo, de tal modo que es posible establecer una vía de conexión entre lo que está arriba y lo que está abajo, entre el pasado, el presente y el futuro y entre los distintos multi universos posibles o alternativos.

Siguiendo esta línea, una vez que conozcamos los patrones ocultos que rigen el modelo, podremos llegar  a comprender con enorme precisión los patrones  que están por venir y así, estar mejor preparados para gestionar los acontecimientos.

Ahora bien: ¿Este futuro es predeterminado o susceptible de mutación?.

El I Ching no es un libro para ver el destino, bien al contrario, es la persona que se acerca a él que va desentrañando desde el fondo de sí misma las respuestas que busca. El I Ching siempre ofrece una posibilidad de acción entre muchas otras, pero siempre indica aquella que es la más acertada para optimizar esfuerzo y recursos empleados para obtener los mejores resultados de nuestras decisiones.

Pues bien, si como nos dice el I Ching, la esencia del Universo es el Cambio, el patrón que marca el destino puede ser modificado puesto que siempre estamos hablando de múltiples posibilidades alternativos que conducen a conclusiones distintas según el camino que tomemos. Entonces el I Ching es un oraculo y no una mancia  como las cartas del tarot. Un mecanismo similar  al I Ching tiene lugar  en las antiguas runas celto-germánicas y en otros oráculos.

Todo el Universo que percibimos es una proyección holográfica de la conciencia cósmica y el cuerpo físico también. Este campo está en constante transformación dinámica, es la fuente de energías opuestas. Cuando dejamos de juzgar y la mente se vuelve silenciosa, entramos en el campo de la conciencia pura.

La misma filosofía taoísta concibe la sincronicidad como una de sus bases fundamentales, y tiene su raíz en un concepto de “interconexión” que impregnaría todo el universo.

La Geomancia (en griego γεωμαντεία, geomanteia ‘adivinación [por] tierra’) es un método de adivinación que interpreta marcas en el suelo o cualquier patrón que se forme a partir de manchas al arrojar un puñado de piedras, arena o tierra, mar, ríos y lagos. El tipo más frecuente de geomancia adivinatoria implica la interpretación de una serie de 16 figuras formadas por un proceso aleatorio, a menudo aumentado con las interpretaciones astrológicas.

Sus seguidores creen en la existencia de una «energía vital» y consideran que poseen la capacidad de interpretar el fluir de esa energía, que sería diferente en cada lugar determinado.

El I Ching: Fractales y Sincronicidad

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