domi Morir a sí mismo (Ráphael)

Lo siguiente es un extracto del libro «Más allá de la duda. Aproximación a la No-Dualidad«, de Ráphael, publicado por la editorial Asram Vidya España. El extracto corresponde al capítulo titulado «Morir a sí mismo«, del que lo que más me ha gustado es la extensa pregunta final, así como su respuesta (copio desde un poco antes):

Interlocutor: ¿Y si alguien que vive en este mundo tan opresivo —por lo menos, para mí lo es— no tiene ya ambiciones de «posesión», ni de «hacer», adónde tendrá que irse?

Ráphael: En el universo hay muchos tipos de expresiones y de modalidades de vida, y sólo tienes que aguardar a que tu forma psicofísica libere la conciencia para dirigirse hacia condiciones más adherentes a tu estado vibratorio.

I: ¿Pueden existir factores morales que nos impidan abandonar y volver la espalda a experiencias que ya no nos corresponden?

R: No es cuestión de moral, sino de vibración. Si para ti esta modalidad de vida ya no tiene sentido, sólo tienes que volverle la espalda, como dices tú, y aguardar la liberación de la conciencia aprisionada en la forma o soma-sema, como dice Platón. [soma=cuerpo; sema=tumba; soma-sema vendría a ser el cuerpo visto como una tumba/cárcel/limitación; «el cuerpo es una tumba» o «soma sema», es algo que también decían los pitagóricos]

I: Planteo este problema porque lo único de lo que me he de liberar es de un problema moral, de un complejo de culpa. Por lo menos esto espero. No sé si me explico bien.

R: Claro que sí. Mientras estemos condicionados por algo, positivo o negativo, permaneceremos limitados por cercos de cautiverio.

Si la tuya es una fuga, sería una acción incorrecta, pero si tu conciencia está «madura», entonces abandónalo todo, no crees resistencias de tipo alguno y entrégate a la fuerza de la reintegración. Cuando el fuego ha conseguido su finalidad, puede incluso apagarse y el nirvana desvelarse en su majestuosa beatitud sin retener nada, sin poseer nada.

I: ¿Si asumo esta actitud de desapego consciente, de simple testigo del ir y del venir de la vida, que observa el movimiento caótico de los hombres como desde la cima de una montaña, estoy en la posición correcta? o bien, ¿existe algo más eficaz que puede acelerar lo que anhelo, mi reintegración en Aquello?

Tenga presente que no utilizo técnicas, no frecuento círculos espirituales, no voy viajando por el mundo en busca de gurús, porque todo esto lo considero un pretexto del yo.

Si no logramos morirnos en donde nos hallamos, en otro lugar no va a ser más fácil. Usted verá, no trato de alcanzar nada, no intento transcenderme, no intento disciplinarme, sino que intento «morirme» a todo; cada vez que dentro de mí nace un deseo, una ambición, por pequeña que sean, me pregunto quién es el que dentro de mí desea y quiere algo; al plantearme esta pregunta me parece que el impulso a la extraversión retrocede y me quedo en paz. Vivo mi modesto karma con desapego, como si perteneciera a otro, pensando que lo que nace ha de morir, mientras que el de mí mismo es eterno, es inmortal. Estoy profundamente seguro —y tal vez sea incluso fe— de mi infinitud, por lo que soporto con serenidad mis limitaciones contingentes.

He descrito mi estado de conciencia porque encontrándome por vez primera ante alguien que ya ha recorrido el camino, puede confirmarme si mi actitud es correcta o no. Sea como fuere, me excuso por haberme explayado con mis preguntas.

R: Te agradezco con toda mi alma el don que nos has hecho. No existe nada más bello que comtemplar como Testigos el movimiento vital demaya. Ante la comprensión y la madurez, que empujan a la reintegración, no existe nada más correcto que permanecer en el mundo sin pertenecer al mundo.

No sé si alguna vez habéis contemplado un grupo de niños ocupados con sus juegos: ¡qué alegría observar sus movimientos, sus llantos, sus sonrisas, sus dudas, sus volteretas, oír sus gritos; percibir sus intercambios energéticos, verlos azorados, apocados y metidos en los eventos! Ante la belleza no hay ni que moverse ni ejecutar acción o plantear pregunta alguna; todo problema desaparece: se da contemplación pura. Sólo el Testigo desapegado puede percibir la hermosura de la expresión multiforme de la vida. El que se encuentra sobre la cumbre de la montaña de la «divina indiferencia» puede contemplar el movimiento de millones de niños que lloran, gozan, caen y se levantan, tropiezan y se abrazan, se abren o se cierran como flores al atardecer. Un Testigo se mueve entre la gente sin ser atraído o repelido por la fuerza electromagnética de los entes. Un Testigo ha dejado de ser porque quiere Ser, ha dejado de vivir porque quiere Vivir, ha dejado de hacer y actuar porque vive del movimiento rotatorio sobre su propio eje.

Como ha dicho justamente nuestro hermano, no existe nada por alcanzar, no existe nada por lo que esforzarse; sólo queda una cosa por hacer: cada día morir a sí mismo.

¡Oh, dulce e inefable «muerte de los Filósofos», cuántos dones puedes ofrecer a los que te han comprendido, a los que te han rasgado el velo y visto en tu escueta desnudez e ilusión!

http://jugandoalegremente.blogspot.com.es/

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