Las lluvias arrasan con la agricultura en el norte de Pakistán

Ishaq Khan retratado en la que fuera su fértil parcela de maíz, papas y árboles frutales, y que quedó devastada tras una inundación repentina en 2010 en Pakistán. Crédito: Saleem Shaikh / IPS.

Ishaq Khan retratado en la que fuera su fértil parcela de maíz, papas y árboles frutales, y que quedó devastada tras una inundación repentina en 2010 en Pakistán. Crédito: Saleem Shaikh / IPS.

GHIZER, Pakistán, 10 nov 2015 (IPS) – Ishaq Khan se estremece al recordar la inundación repentina que en 2010 cubrió de barro su cosecha de maíz y patatas y arrasó con 13 árboles frutales que plantó hace 45 años en esta localidad norteña de Pakistán.

Aunque el granjero de 68 años logró reconstruir su casa en un lapso de un año con materiales de barro y madera, no tiene los recursos necesarios para poder recuperar sus 0,8 hectáreas de campo que quedaron bajo el barro y las rocas que arrastró la inundación en su paso por el valle de Damaas, en el distrito de Ghizer de la región de Gilgit-Baltistán.

«Aumentan los incidentes de inundaciones repentinas en los meses de verano, que se producen cuando el aumento de las temperaturas… acelera el proceso de deshielo de los glaciares, lo que se convirtió en una amenaza cada vez mayor y en la causa fundamental del aumento de la migración»: Babar Khan.

La lluvia se desató en la medianoche del 6 de agosto de 2010 y no paró durante horas. “Mientras llovía, vimos cómo una inundación repentina bajaba por la montaña tan rápidamente que solo pudimos salvar nuestras vidas huyendo a tierras más altas”, recordó el padre de seis hijos.

“Lloraba sin poder hacer nada mientras la inundación destruía mi casa. Al menos 13 árboles frutales y mis cultivos de maíz y papa, próximos a la cosecha, quedaron enterrados por el barro que bajó por la montaña con el agua”, añadió.

Khan solloza mientras recuerda la pérdida de 14.000 dólares que le causó la inundación en apenas una hora.

“Ahora mi única fuente de sustento son las cabras y las ovejas. Me quedé sin tierra. Pero espero tener suficiente dinero algún día para recuperar mi campo y volver a cultivar en él”, comentó.

Ishaq asegura que cada año recolectaba 800 kilos de almendras y 2.000 kilos de nueces y uvas, los que vendía en el mercado local en la cercana localidad de Gahkuch.

Los lugareños dicen que las inundaciones son extraordinarias en la zona, pero que la región ya ha sufrido tres desde 2010.

“La zona de Damaas no tuvo inundaciones en los últimos 200 años. Pero… sí en 2006, 2010 y 2015. Esto es muy sorprendente”, señaló Musa Khan, del Departamento Meteorológico de Pakistán, que ha registrado el tiempo local en los últimos 10 años.

El militar retirado Muhammad Saleem, de 63 años, dijo que las 25 familias campesinas desplazadas por la inundación de 2010 todavía viven en tiendas de campaña y muchos de sus integrantes suelen irse a dormir con hambre.

La actividad agrícola quedó paralizada ya que los agricultores no tienen fondos para recuperar sus campos anegados.

Aquellos con dinero se trasladaron a las ciudades de Gilgit, Chilas, Mansehra o Islamabad para intentar reconstruir sus vidas.

“¿A dónde vamos los pobres que no tenemos dinero?”, pregunta Saleem. “No tenemos más remedio que vivir en tiendas de campaña en condiciones desdichadas, a menudo sin comida ni agua potable”, dijo.

Masoom Shah vivía en el valle de Darkut, a 165 kilómetros de Gilgit, la capital de la región de Gilgit-Baltistán.

“Tenía mi propia fábrica de talla de madera en Darkut, donde tenía siete empleados. Pero ahora… soy obrero en (una) fábrica… de Gilgit, después de perder mi fábrica y mi casa por la inundación de 2010, que destruyó nuestros huertos de frutas”, explicó Shah, cuyas pérdidas económicas ascienden a 21.000 dólares.

“Después de haber perdido sus pertenencias y medios de vida, más de 100 familias del valle de Darkut migraron a las ciudades de Ghakuch y Gilgit”, precisó Babar Khan, experto en reducción del riesgo de desastres del Fondo Mundial para la Naturaleza – Pakistán.

En los últimos años, la migración de los remotos valles de montaña a los centros urbanos más próximos, inducida por el cambio climático, se convirtió en un problema grave en la región de Gilgit-Baltistán, que alberga a más de 4.000 glaciares, explicó el experto a IPS.

“Aumentan los incidentes de inundaciones repentinas en los meses de verano, que se producen cuando el aumento de las temperaturas… acelera el proceso de deshielo de los glaciares, lo que se convirtió en una amenaza cada vez mayor y en la causa fundamental del aumento de la migración”, afirmó.

En la actualidad, no hay datos disponibles sobre el desplazamiento inducido por el cambio climático de las comunidades de montaña debido a los desastres naturales, como las inundaciones, las avalanchas, los deslizamientos de tierra, la caída de rocas, la erosión del suelo y fluvial y las lluvias torrenciales, observó Khan.

“La ausencia de estos datos es un obstáculo importante para la gestión de la migración inducida por el cambio climático en la región, que se agrava con cada día que pasa a medida que aumentan la frecuencia y la intensidad de los desastres naturales”, reconoció Shahzad Shigri, director de la Agencia de Protección Ambiental en Gilgit-Baltistán.

A medida que se produce el calentamiento en los valles de montañas, rodeado de picos cubiertos de nieve, de las regiones norteñas del país, los patrones climáticos cambian y se vuelven cada vez más erráticos, advirtió Ghulam Rasul, climatólogo del Departamento Meteorológico de Pakistán.

“Esto provocó el aumento del deshielo de los glaciares, incluso durante los meses de invierno, y muchas zonas de valles, como Damaas, Darkut, Yasin en el distrito Gizer tienen precipitaciones durante los meses de nevadas”, dijo.

“Más inundaciones y aguaceros agravarán (la situación) de las comunidades agrícolas en los remotos valles de montaña, exacerbando la inseguridad alimentaria a causa de los daños más frecuentes a los campos”, subrayó Iftikhar Ahmed, presidente del Consejo de Investigación Agrícola de Pakistán, con sede en Islamabad.

Ahmed sugirió que la diversificación de las economías rurales de base agrícola en los valles de montaña es una forma eficaz para que las comunidades de agricultores se adapten a los patrones climáticos cambiantes y el riesgo de las inundaciones.

En septiembre, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida) puso en marcha un ambicioso programa de ayuda al desarrollo rural, por valor de 120 millones de dólares, para mejorar y diversificar los ingresos y los empleos agrícolas vulnerables al clima en los valles de las montañas del norte de Pakistán, como parte de la adaptación de la economía rural agrícola a los riesgos climáticos.

El programa beneficiará a 100.000 familias rurales en la región de Gilgit-Baltistán, donde más de 90 por ciento de las comunidades de montaña viven de la agricultura.

El Fida acordó aportar 67 millones de dólares para financiar la Iniciativa de Transformación Económica en la región, mientras el gobierno paquistaní contribuirá con 23,63 millones de dólares y dirigirá el programa, informó Ahsan Iqbal, el ministro de Planificación y Desarrollo de Pakistán.

Traducido por Álvaro Queiruga

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