Nuestros cerebros se sincronizan cuando nos besamos: la ciencia detrás de juntar los labios (con amor)

Besar es una acción extraña, maravillosa y casi exclusivamente humana. Sí, algunos primates se besan pero, curiosamente, no todos los humanos lo hacen. Solo el 46% de las culturas a lo largo de la historia se han involucrado en besos románticos. Sin embargo, en las sociedades que han desarrollado un «gusto» por ellos, se ha trabajado duro para dominarlos. Usamos hasta 146 músculos diferentes y también pasamos gran parte de nuestra vida besándonos: 20.160 minutos (14 días) de media.

Desde que la pandemia del Covid entró en nuestras vidas, ya no lo hacemos tanto como antes. Por eso es un buen momento para recordar qué procesos fisiológicos sorprendentes suceden cuando dos personas juntan sus labios en un intercambio de saliva apasionado.

El estudio. La actividad cerebral y el acoplamiento neuronal durante la interacción social humana se han convertido en un tema de investigación científica. Ejemplos destacados de ello son las actividades que requieren una estrecha coordinación del comportamiento, como la interpretación de música, canto, baile, deportes colectivos y claro, conductas de vinculación como los besos. Y existe evidencia neurofisiológica de que ese comportamiento coordinado va acompañado de una actividad cerebral sincronizada y un acoplamiento oscilatorio de otras funciones biológicas, como la respiración y la actividad cardíaca. Besarnos nos sincroniza.

Para investigar estos fenómenos, los autores de este estudio se propusieron utilizar diversas medidas de sincronización o acoplamiento. Por lo general, cuando se utilizan descomposiciones de tiempo-frecuencia, las redes cerebrales se construyen y se consideran para frecuencias específicas. Por ejemplo, las teorías de la organización neuronal sugieren que el acoplamiento de frecuencia cruzada (CFC) juega un papel importante en el intercambio de información neuronal. Así, usaron esos índices de acoplamiento para construir redes hipercerebrales que representan la sincronización intra e intercerebral dentro y a través de frecuencias.

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Sincronizados cerebralmente. Al registrar simultáneamente el EEG de dos cerebros, compararon la CFC en parejas que participaron en diferentes variedades de besos y concluyeron que en particular, las propiedades de la red CFC durante los besos románticos, una actividad de dos personas con un intenso contacto sensorial y motor recíproco se activaron más, sobre todo en mecanismos neuronales de coordinación de acciones interpersonales.

Y demostraron que la topología de la red hipercerebral basada en CFC difiere entre los besos solitarios y los orientados a la pareja. Es decir, no sucede lo mismo si te besas tú mismo la mano.

También liberamos dopamina. Nuestro cerebro también libera dopamina cuando nos besamos, que está directamente relacionada con la sensación de placer en el cerebro. Besar también provoca la liberación del neurotransmisor serotonina para sentirse bien. A medida que aumentan los niveles de serotonina en el cuerpo, el estado de ánimo mejora Y nuestros cuerpos también aumentan la producción de una hormona llamada oxitocina durante un beso. Conocida como la hormona del amor, la oxitocina también se produce durante los juegos previos y los orgasmos y se cree que aumenta el vínculo o el apego dentro de las parejas. El libro La ciencia de los Besos, de Sheril Kirshenbaum, da una comprensión científica de cómo se comportan nuestros cuerpos cuando realizamos esta práctica.

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Con los ojos cerrados, mejor. Hay una razón por la que los humanos nacen sabiendo que debemos cerrar los ojos durante un beso. No es algo que hayamos aprendido en las películas. No se trata de una costumbre o del miedo a que la persona a la que besamos nos devuelva la mirada desde solo un par de centímetros de distancia. No, la razón real por la que nos besamos con los ojos cerrados es porque besar es muy estimulante, nuestro cerebro tiene dificultades para procesar un beso apasionado cuando lo hacemos con los ojos abiertos, según sugiere este estudio en el Journal of Experimental Psychology.

Este hallazgo implica que reducir las demandas visuales al cerrar los ojos puede mejorar la conciencia táctil, lo que también podría ayudarnos a sentir un beso con más intensidad. Y claro, mantener los ojos cerrados también bloquea otras distracciones, dejando al cerebro con más capacidad para concentrarse.

La primera batalla siempre es un besoOtra investigación publicada en Evolutionary Psychology concluía que el 59% de los hombres y el 66% de las mujeres han dejado de estar interesados ​​en alguien después de besarlos. Los investigadores hicieron el interesante descubrimiento después de encuestar a casi 200 personas. Si bien la técnica de los malos besos de una persona puede influir en esa decisión, también es probable que sea el resultado de la química. Besar es una actividad compleja y tocar los labios ayuda a transferir todo tipo de información sobre nuestra salud física a nuestras parejas, explicaban los autores del estudio.

Este intercambio de información química parece ayudarnos a evaluarnos subconscientemente para ver si somos una buena pareja para el apareamiento futuro. A veces lo somos, y otras veces simplemente no hacemos clic con el otro individuo químicamente. Y no todo el mundo está igual de sincronizado. Lo hemos visto en cualquier pista de baile. Pero cuando se está, es maravilloso.

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