Samsara.

Silencio.
El canto de un pájaro,
la respuesta de otro.
El aire en las plantas, haciéndolas danzar.
Silencio gris.
El sonido del trabajo en algún taller del barrio.
El motor que no cesa.
El motor de este mundo no se para.
La mente lo mantiene en movimiento, creando más mundo.
La conciencia a veces se disfraza de fascinación y asombro,
a veces de cansancio.
Más mundo es demasiado mundo
cuando lo que anhela es el descanso,
dormir, soltarlo todo
y disolverse.
Y entonces se da cuenta de que incluso en el sueño
sigue produciendo mundo.
Más mundo, más imágenes, más historias.
La alternativa es no retenerlas,
olvidarlas cuando ya han pasado.
Como si nunca hubieran existido
esos sueños de la noche.
Pero ahí estaban.
Como los sueños del día.
El motor, ahora en funcionamiento, al llegar el día,
no ha dejado de funcionar tampoco durante la noche.
No hay escapatoria
ni siquiera en la vida onírica.

Quizás en la meditación.
Sólo en la meditación.
Quizás sólo en la contemplación del silencio.
Sin embargo, tan habitado,
el silencio también.

Quizás, hoy por hoy,
no hay escapatoria.

http://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2022/05/samsara.html

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