Nunca llega porque siempre está

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(Extractos 1)
Por Javier Olza

Persona. ¿Qué es eso?

«Querer analizar a la persona, escudriñarla o diseccionarla es una pérdida de energía. Lo que somos es perfección, no por cúmulo de cualidades o virtudes.»

La persona es el resultado de una falsa interpretación. Los sentimientos, las emociones del yo desfilan continuamente delante del testigo-consciencia, creando la ilusión de una continuidad. Lo personal volatiliza esos temas surgidos en el pasado, que entran en acción antes de la formación del pensamiento.

«Liberado de la ilusión de ser persona solo queda plenitud» (Jean Klein).

Dejar de creerse persona no es simplemente cambiar de pensamiento. No es una idea más que pueda cambiar a la persona, en el presente o en el futuro No tiene nada que ver con los cambios habituales a los que estamos acostumbrados. Dejar de creerse persona y sentirse bien es tocar «tu realidad», la Única que puede asentarse. O estás ahí o no tendrás realidad.

Cuando te liberas de ser persona, nada te distrae. Nadie te puede quitar nada. Ya tu realidad no es de quita y pon. No hay «quita». Si fuera posible el quitar, aunque fuera lo más insignificante, estarías fuera de tu realidad. Solo una realidad falsa podría actuar así.

Todo empieza a ser distinto. Ya nada cae sobre ti. Simplemente no está en ti lo que creías que era tuyo. La ilusión se esfuma y la realidad deja pasar más luz. Y desde esa luz nueva y renovada, no porque sea otra, todo lo circundante se ve diferente. Siempre es plena. No puede decir aquí sí o aquí no. Siempre entera. Siempre es el Todo, el que no es la suma de las partes.

La liberación de ser persona hace que las manifestaciones de esa realidad dejen de ser y llega la luz. Todo es Luz. La Luz se hace presente y volvemos al original y originario.

Ahora la Consciencia empieza a guiarnos. No hay que preocuparse por nada. Solo ella permanece. A partir de ahora celebraremos la alegría de Ser.

¿Borramos nombres? ¿Ignoramos cuerpos? ¿Ahuyentamos pensamientos? ¿Sentimientos fuera? ¿Cómo es la cosa? ¿Sobra la pregunta? ¿No tiene respuesta?

El final de cualquier encuentro no puede ser la persona. Esta es un concepto. Si digo «quiero que se ausente la persona», ¿quién lo dice? ¿La propia persona? ¿Cómo sale la persona de ahí? ¿Acaso entró?

No hay nadie que se encuentre, solo hay encuentro. No hay a quien liberar.

Si una nueva vida nace y crece, será en la única cuna que existe: el Aquí y el Ahora. No busques comprender haciendo referencia al pasado.

Adelantarse no siempre ayuda

Estoy a la defensiva. Cuando vaya, ya sé la respuesta que voy a dar sin conocer las preguntas. Quizá no exista ninguna de las preguntas que me espero. Y menos todavía la conclusión.

La solución: soltar el mundo falso que cargamos; hace que se disfrute el momento sin comentario, sin desecho. ¿Para qué recordar el mundo que ya fue, pero ya no hay? Dejar de usar prejuicios sobre las personas que «intervienen» es el fin del problema. Lo que salga tiene que ser nuevo, sin intervención de la persona o de yo alguno. Libre, sin mirar atrás. No te adelantes, que eso llega. ¿Olvidaste que tienes prejuicios sobre ti mismo? Solo quien lo ha hecho sabe cómo es. Que actúe él. Es su forma. No hay a quien liberar, pues la persona no existe, es un concepto. Lo que sí es posible es despertar a lo que ya somos. La Libertad estaba ahí, escondida y no la veíamos salir. La expresión correcta es: ahora veo, me quitaron el velo. No vine de ninguna parte. Nadie me liberó… tuve la oportunidad de develar lo que ya estaba en mí. El Sí mismo quedó al descubierto.

El ego, el fluir y la impermanencia

¿Quién es el ego? En expresión de Jean Klein, «el ego es solo una función mental, una idea que aparece en una situación y desaparece con la situación». El ego siempre quiere tener más y más, que se le peguen las cosas.

La fluidez es todo lo contrario; para ella la perfección está en despojarse de las cosas, para estar ligera y que nada le impida caminar con la suavidad del Ser. La Presencia del Ser hace innecesario cualquier esfuerzo.

La impermanencia retira todos los obstáculos que impiden el fluir y además impide que se desvíe el camino que lleva a la Consciencia. La impermanencia siempre te dice: «No te detengas que vienen cosas buenas. Yo hago que “te den paso”».

El fluir en la Consciencia y desde la Consciencia hace innecesaria la presencia de un ego que no tiene asidero, que retirada la situación, ya no hay.

La impermanencia en este caso ayuda al ser humano a ver que permanecer en cualquier situación es estancarse y dejar de fluir. La impermanencia es importante porque siempre señala la Consciencia. Corrige los errores del camino que puedan entorpecerlo. No te preocupes, lo superamos, esto no es permanente.

¿Quién es el ego? «El ego es solo una función mental, una idea que aparece en una situación y desaparece con la situación. Desde el momento que vivimos conscientemente de lo que fundamentalmente somos, este reflejo de visualizarnos a nosotros mismos como una imagen desaparece».

El ego es víctima del filtro al que hacíamos referencia para dejarnos condicionar por todos los prejuicios que hay sobre el ego, por tantas interpretaciones alrededor del mismo. Muchas veces lo llamamos yo separado. Darle ese nombre ayuda a comprender mejor la unidad, la no dualidad. Contraponiendo yo separado a Yo Soy parece quedar más clara la presentación.

La situación siempre será impermanente. Tiene que pasar de esta situación a otra, pero no es solo el aspecto transitorio lo que la hace impermanente. La situación no tiene un asidero para decir «aquí me quedo». Nadie la retira, nadie la quita, pero deja el camino libre en busca del originario. La frase budista, tan querida de Balsekar: «Los hechos suceden, las obras se ejecutan y no hay hacedor».

No puede permanecer porque alguien o algo viene y desplaza la situación. Lo que hoy es, mañana es diferente, o ya no es.

Puede haber un recuerdo, pero el recuerdo está en la memoria, es pasado y ya no existe. La mayor parte de las veces tratamos de esperar el futuro próximo donde nos entreguen la liana para poder agarrarnos y dar el salto salvador. Por lógica esto nos neutraliza y de ahí la tautología que vivimos continuamente. Repetir y volver a repetir. Hábitos y costumbres predominan en nuestras vidas, además con una justificación plena. ¿Qué más se puede hacer?

Así se coarta la fluidez de la Vida y el hallazgo de situaciones renovadas y nuevas vetas en la mina de la Vida. Estancamiento y sequía. No hay nada que no sea impermanente en la vida. Cualquier semilla que quiera ser fecunda, tiene que morir para poder fecundarse. Las ramas no las puedes estirar con tu mano para que crezcan. Ellas saben esperar en «el no permanecer» para crecer y para morir. El mar pasa de tranquilo a marea y fuerte oleaje. El camino de hoy no es el de ayer.

Impermanencia y fluidez van juntas. El grano de trigo, al desaparecer en la tierra, engendra la espiga con más granos. El grano convertido en pan se desparrama por todo el organismo humano o animal. Los amaneceres, aun siendo parecidos, nunca son iguales. Potro no es caballo y huevo no es gallina. Las etapas del ser humano desde la niñez a la senectud son puro fluir.

Cuando veía crecer a mis primeros nietos decía: «Ya me puedo ir, la vida continúa». La vida nunca llegó y nunca se fue, ni se irá. El ego no tiene autoría, ni la personalidad (conjunto de ideas mal combinadas) tampoco. Los nietos crecen y los abuelos decrecen. Ver la conciencia fluir en ellos y encontrarnos en el mismo rio, con la misma agua, con el mismo aire sin que haya otra Consciencia. La Consciencia es una, no hay dos Consciencias, la mía y la del otro. Vivir la realidad del Uno te da una confianza atemporal y omniabarcante que nos hace decir «por ahí vamos», seguro que vamos bien.

La realidad avanza cuando el concepto se abre

Una frase de Mónica Cavallé nos introduce en este punto: «Donde hay acumulación no hay espacio para la irrupción creativa. No hay novedad ni renacer».

Quizá has tenido, no sé si la experiencia o el privilegio o las dos juntas, de haber retirado del concepto sinceridad, de «la sinceridad que vives». Perder toda referencia a los conceptos para vivir la sinceridad.

Si la vives está ella sola, sin concepto, sin ideas, sin un yo que se la apropie y quiera decir: «yo soy sincero». No hay nada de eso, solo hay sinceridad. La Consciencia se separa del yo, de la personalidad y se queda en sinceridad. Se ha roto la dualidad entre pensador y pensamiento, actor y actuación, sujeto y objeto. La identidad del autor es otra.

Sujeto y objeto integrados en una sola Consciencia, autora y protagonista de lo que sucede. La realidad llega cuando la Consciencia llega. El concepto no trae realidad.

Los pensamientos suelen salpicar la meditación, pero no el fundamento de la misma. El vacío, el silencio, la nada. Pensar, reflexionar y concentrarse no es meditar. Cuando descubrimos qué es un pensamiento no es para luchar contra él. A los pensamientos se les deja ir. El pensamiento y el concepto no tocan el fondo de la meditación. Por eso la expresión «me distraje pensando en otras cosas» no toca ni daña la meditación. La deja entera. Las formas pueden cambiar, pero no el Ahora, ni el Aquí.

Vivir la impermanencia es la mejor ayuda para retirar los obstáculos que impiden llegar al Ahora.

La meditación ya está presente cuando se llega a ella. Cuando sales se va contigo. Los conceptos son diferentes en todos los seres humanos. Los puedes tener o no. Sin embargo, el ahora intemporal y omniabarcante nos define y no podemos prescindir de él.

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