Un truco matemático de hace 800 años podría ayudar en la navegación lunar

Nunca se sabe cómo el pasado puede acabar ayudando al futuro. En este caso, una geofísica ha descubierto que utilizando un truco matemático de hace cientos de años, se podría llegar a mejorar la forma en la que aprovechamos los viajes a la Luna. Y ahora que estos viajes van a ser habituales, no se puede negar que son muy buenas noticias.

El professor Gábor Timár, del Departamento de Geofísica y Ciencias Espaciales de la Universidad Eötvös Loránd de Hungría, ha supervisado un interesante estudio realizado por una de sus estudiantes más avanzadas, Kamilla Cziráki. Lo que ha descubierto su alumna es que, tal y como te vamos a explicar, el conocido método Fibonacci se puede aplicar también en la ciencia espacial.

Se buscan nuevas soluciones

Los viajes a la Luna se van a multiplicar en los próximos años. El plan que tiene tanto la NASA como otras organizaciones y países es muy ambicioso. Buscan dominar la Luna y convertirla en una fuente de recursos que puedan aprovechar tanto comercialmente como para la investigación. Y, para conseguirlo, se necesitan nuevas técnicas y métodos que permitan mejorar la tecnología actual. Por ello, trabajos y descubrimientos como el de Cziráki pueden ser muy importantes.

Concretamente, lo que ella ha hecho, y cuyo estudio ha sido publicado en Acta Geodaetica et Geophysica, ha sido explorar nuevas posibilidades en cuanto a navegación lunar. Porque, al fin y al cabo, este es uno de los campos donde más se están buscando mejoras y uno de los que, al mismo tiempo, está resultando ser más desafiante para los científicos.

Una teoría avanzada e inesperada

La investigación de Cziráki es compleja. Los especialistas están planteándose nuevas formas en las que los vehículos que circularán por la Luna podrán guiarse. Para ello, ya se sabe que se utilizará un sistema de navegación satélite, una tecnología similar al GPS al que estamos habituados en nuestro planeta. Pero todavía quedan muchas cuestiones que resolver, como la forma en la que ese sistema de posicionamiento funcionará.

Para profundizar en ello y conseguir un plan, lo que ha hecho la investigadora ha sido partir del uso de un elipsoide giratorio tal y como ocurre en la Tierra. Este elipsoide se calcula teniendo de referencia que su intersección se materializa en la forma de una curva plana cuyo punto más cercano está en los polos y el más lejano en el ecuador. Pero calcular la de la Luna no es tan sencillo. Tengamos en cuenta que el radio de la Tierra es de 6378 km, mientras que el de la Luna es de 1.737 km, por lo que hay una clara diferencia entre ambos. Además, es obvio que el elipsoide no va a tener la misma forma, dado que la Luna tiene una forma mucho más esférica y hay una gran cantidad de factores que tienen importancia, como que su velocidad de rotación sea muy inferior.

En las conclusiones que saca Cziráki determina que, para poder aplicar el trabajo que se hace en el cálculo en la Tierra, a la situación de la Luna, será necesario disponer de dos datos: los dos semiejes del elipsoide, tanto el mayor como el menor. Y eso implica más cálculos y trabajo. El problema con el que se encontró la investigadora fue que su idea no la había intentado llevar a cabo nadie desde la década de los años 60. Eso la dejaba en tierra de nadie, con pocos datos y un soporte mínimo, dado que además esa investigación previa la llevaron a cabo científicos soviéticos.

Así que hubo que trabajar duro. Primero de todo, como Cziráki menciona, han trabajado con datos teóricos sobre la forma que tiene la Luna. Datos más que conocidos, pero que no son definitorios y que podrían dejar cierto margen al error. A partir de ahí hicieron análisis de altura en distintos puntos de la superficie de la Luna gracias a los que pudieron llevar a cabo la búsqueda de los ejes. Realizaron multitud de pruebas aumentando los puntos de muestra de 100 a 100.000 y vieron que los valores se estabilizaron en 10.000.

Para llevar a cabo estos cálculos dicen que tuvieron en cuenta varias opciones, pero que decidieron recurrir a la esfera Fibonacci que ya hemos mencionado antes. Era la opción más viable teniendo en cuenta que tenían que colocar puntos sobre una superficie de esfera como la que habían planteado para la Luna. También les cautivó que se pudiera aplicar con facilidad dentro del contexto en el que estaban trabajando, sin olvidarse de que, al fin y al cabo, es un método matemático que se sigue utilizando incluso 800 años después.

Recomendamos mucho la consulta del estudio completo que han realizado y que está disponible en este enlace. Como forma de complementar su trabajo, Cziráki también ha aprovechado esta técnica matemática con la intención de hacer una definición del elipsoide ideal de la Tierra. Aplicar la misma técnica en el caso de nuestro planeta ha sido una manera en la que ha podido comprobar que su método funciona, puesto que el resultado obtenido es el del elipsoide que ya conocemos, el WGS84. Tal y como argumenta, no quería buscar un nuevo elipsoide para la Tierra, sino confirmar el que ya existía.

Vía > Phys

https://www.adslzone.net/noticias/ciencia/truco-matematico-8-siglos-atras-ayudar-navegacion-lunar/

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