El «mal momento» de Zelenski

Joe Biden y Volodímir Zelenski, durante una visita del presidente estadounidense a Kiev el pasado febrero. / Adam Schultz

El próximo martes será el aniversario de la destrucción de tres de los cuatro oleoductos Nord Stream 1 y 2 por parte de la administración de Biden. Tengo cosas que añadir al respecto, pero habrá que esperar. ¿Por qué? Porque la guerra entre Rusia y Ucrania, en la que la Casa Blanca sigue rechazando cualquier conversación sobre un alto el fuego, se encuentra en un punto de inflexión.

Hay importantes integrantes de la comunidad de los servicios de inteligencia estadounidenses que, basándose en informes de campo e información técnica, creen que el desmoralizado ejército ucraniano ha renunciado a la posibilidad de superar las tres líneas de defensa rusas, en las que hay una gran presencia de minas, y de llevar la guerra a Crimea y a las cuatro provincias de las que Rusia se apoderó y anexionó. La realidad es que el maltrecho ejército de Volodimir Zelenski ya no tiene ninguna posibilidad de vencer.

Ni en el cuartel general de Zelenski ni en la Casa Blanca de Biden se habla de un alto el fuego ni hay interés en conversaciones

La guerra continúa, según me ha dicho un funcionario con acceso a los datos de inteligencia actuales, porque Zelenski insiste en que debe continuar. Ni en su cuartel general ni en la Casa Blanca de Biden se habla de un alto el fuego ni hay interés en conversaciones que pudieran poner fin a la matanza. “Es todo mentira”, dijo el funcionario refiriéndose a las afirmaciones ucranianas de un avance gradual en una ofensiva que ha sufrido pérdidas asombrosas, mientras gana terreno en algunas zonas dispersas que los militares ucranianos miden en metros por semana.

“Seamos claros”, manifestó el funcionario.”Putin cometió un acto estúpido y autodestructivo al iniciar la guerra. Pensó que tenía poderes mágicos y que todo lo que quería se cumpliría”. El ataque inicial de Rusia, añadió el funcionario, se planificó mal, estaba infradotado y provocó pérdidas innecesarias. “Sus generales le mintieron e inició la guerra sin logística, sin forma de reabastecer a sus tropas”. Muchos de los generales infractores fueron destituidos sumariamente.

El éxito de la operación llevó a los principales medios a informar de que el presidente ruso padecía diversas enfermedades, entre ellas problemas hematológicos y un cáncer grave

“Sí”, dijo el funcionario. “Por muy provocada que fuera, Putin cometió una estupidez al violar la Carta de la ONU, y nosotros también”, refiriéndose a la decisión del presidente Biden de librar una guerra por poderes con Rusia financiando a Zelenski y sus militares. “Y por eso ahora, para justificar nuestro error, tenemos que pintarlo de negro con la ayuda de los medios de comunicación”. Se refería a una operación secreta de desinformación destinada a desacreditar a Putin y llevada a cabo por la CIA en coordinación con miembros de la inteligencia británica. El éxito de la operación llevó a los principales medios de comunicación de aquí y de Londres a informar de que el presidente ruso padecía diversas enfermedades, entre ellas problemas hematológicos y un cáncer grave. Una anécdota muy citada decía que Putin estaba siendo tratado con fuertes dosis de esteroides. No todos se dejaron engañar. En mayo de 2022, The Guardian informó con escepticismo de que los rumores “abarcaban un amplio espectro: Vladimir Putin padece cáncer o la enfermedad de Parkinson, dicen informes no confirmados ni verificados”. Pero muchas de las principales agencias de noticias mordieron el anzuelo. En junio de 2022, Newsweek publicó lo que calificó de gran primicia citando fuentes anónimas que afirmaban que, dos meses antes, Putin se había sometido a un tratamiento contra un cáncer avanzado: “El control de Putin es fuerte pero ya no absoluto. La pugna dentro del Kremlin nunca ha sido tan intensa… todo el mundo intuye que el final está cerca”.

“En los primeros días de la ofensiva de junio hubo algunas incursiones ucranianas”, afirmaba el funcionario, “en o cerca” de la primera de las tres formidables barreras defensivas de hormigón de Rusia, “y los rusos se replegaron para absorberlas. Y los mataron a todos”. Tras semanas de muchas bajas y escasos avances, además de terribles pérdidas en tanques y vehículos blindados, continuó el funcionario, importantes miembros del ejército ucraniano, sin declararlo, prácticamente cancelaron la ofensiva. Los dos pueblos que el ejército ucraniano recientemente ha reclamado como capturados “son tan diminutos que no cabrían entre dos carteles de Burma-Shave”, en referencia a las vallas publicitarias que parecían estar en todas las autopistas estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial.

Una consecuencia de la hostilidad neoconservadora del gobierno de Biden hacia Rusia y China ha sido una división significativa en la comunidad de los servicios de inteligencia

Una consecuencia de la hostilidad neoconservadora del gobierno de Biden hacia Rusia y China –ejemplificada por las declaraciones del secretario de Estado Tony Blinken, que ha afirmado en repetidas ocasiones que en este momento no tolerará un alto el fuego en Ucrania– ha sido una división significativa en la comunidad de los servicios de inteligencia. Una de las víctimas son las secretas Estimaciones de Inteligencia Nacional (NIE, por sus siglas en inglés), que han definido los parámetros de la política exterior estadounidense durante décadas. En muchos casos, algunas oficinas clave de la CIA se han negado a participar en el proceso de las NIE debido a un profundo desacuerdo político con la agresiva política exterior del gobierno. Uno de los fracasos más recientes fue con una NIE que calculaba el resultado de un ataque chino a Taiwán.

Durante muchas semanas he informado sobre el dilatado desacuerdo entre la CIA y otros miembros de la comunidad de los servicios de inteligencia sobre el pronóstico de la actual guerra en Ucrania. Los analistas de la CIA se han mostrado sistemáticamente mucho más escépticos que sus homólogos de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés) sobre las perspectivas de éxito de Ucrania. Los medios de comunicación estadounidenses han ignorado la disputa, pero no así The Economist, con sede en Londres, cuyos bien informados reporteros no firman sus artículos. Una señal de la tensión interna dentro de la comunidad estadounidense surgió en la edición del 9 de septiembre de la revista, cuando Trent Maul, director de análisis de la DIA, concedió una extraordinaria entrevista en la que defendió la información optimista de su agencia sobre la guerra de Ucrania y su problemática contraofensiva. Fue, como observó The Economist en un titular, “Una entrevista poco común”. También pasó desapercibida para los principales periódicos de Estados Unidos.

Maul reconoció que la DIA “se equivocó” en sus informes sobre la “voluntad de luchar” de sus aliados cuando los ejércitos entrenados y financiados por Estados Unidos en Irak y Afganistán “se desmoronaron casi de la noche a la mañana”. Maul se mostró en desacuerdo con las quejas de la CIA –aunque no citara a la agencia por su nombre– sobre la falta de habilidad de los líderes militares ucranianos y sus tácticas en la actual contraofensiva. Le dijo a The Economist que los recientes éxitos militares de Ucrania eran “significativos” y daba a sus tropas una probabilidad del 40 al 50 % de romper las líneas defensivas rusas de tres niveles a finales de este año. Sin embargo, según The Economist, advirtió de que “la munición limitada y el empeoramiento del tiempo lo harán ‘muy difícil’”.

En una entrevista con The Economist publicada una semana después, Zelenski reconoció que había detectado –¿cómo no?– lo en la revista citaba como “un cambio de ánimo entre algunos de sus socios”. Zelenski también reconoció que lo que él llamaba las “recientes dificultades” de su nación en el campo de batalla algunos lo percibían como una razón para iniciar unas negociaciones serias con Rusia sobre el fin de la guerra. Zelenski lo calificó de “mal momento” porque Rusia “percibe lo mismo”. Sin embargo, volvió a dejar claro que las conversaciones de paz no están sobre la mesa, y lanzó una nueva amenaza a los líderes de la zona cuyos países acogen a refugiados ucranianos y que desean, como ha informado la CIA a Washington, el fin de la guerra. Zelenski advirtió en la entrevista, como escribió The Economist: “No hay forma de predecir cómo reaccionarían los millones de refugiados ucranianos en los países europeos ante el abandono de su país”. Zelenski dijo que los refugiados ucranianos “se han comportado bien… y están agradecidos” a quienes les han dado cobijo, pero no sería una “buena historia” para Europa que una derrota ucraniana “arrinconara a la gente”. Se trataba, nada menos, que de una amenaza de insurrección interna.

El mensaje de Zelenski esta semana ante la Asamblea General anual de las Naciones Unidas en Nueva York ofreció pocas novedades y, según informó The Washington Post, recibió la obligada “calurosa bienvenida»” de los asistentes. Sin embargo, según dicho diario, “pronunció su discurso ante una sala medio llena, en la que muchas delegaciones declinaron comparecer y escuchar lo que tenía que decir”. Los líderes de algunas naciones en desarrollo, añadía el informe, estaban “frustrados” porque los varios miles de millones que la administración Biden estaba gastando, sin rendir cuentas serias, para financiar la guerra de Ucrania estaban disminuyendo el apoyo a sus propias luchas para “hacer frente a al calentamiento global, a la pobreza y garantizar una vida más segura a sus ciudadanos”.

El presidente Biden, en su anterior discurso ante la Asamblea General, no abordó la peligrosa posición de Ucrania en la guerra con Rusia, sino que se reafirmó en su rotundo apoyo a Ucrania e insistió en que “Rusia es la única responsable de esta guerra” –ignorando, al contrario que los líderes de muchas naciones en desarrollo, tres décadas de expansión de la OTAN hacia el este y la participación encubierta del gobierno de Obama, en 2014, en el derrocamiento de un gobierno prorruso en Ucrania–.

Puede que el presidente tenga razón en cuanto a los méritos, pero el resto del mundo recuerda, al contrario que esta Casa Blanca, que fue Estados Unidos quien eligió ir a la guerra en Irak y Afganistán, con poca consideración por su justificación para hacerlo.

Biden ha convertido su inexorable apoyo financiero y moral a la guerra de Ucrania en una cuestión de vida o muerte para su reelección

El presidente no habló de la necesidad de un alto el fuego inmediato en una guerra que Ucrania no puede ganar, y que se suma a la contaminación que ha provocado la actual crisis climática en la que está sumido el planeta. Biden, con el apoyo del secretario Blinken y del consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan –pero con un apoyo cada vez menor en otros lugares de Estados Unidos–, ha convertido su inexorable apoyo financiero y moral a la guerra de Ucrania en una cuestión de vida o muerte para su reelección.

Entretanto, un implacable Zelenski, en una entrevista la semana pasada con un adulador corresponsal de 60 Minutes, antaño la cumbre del periodismo agresivo estadounidense, describió a Putin como otro Hitler e insistió falsamente en que Ucrania llevaba la iniciativa en su actual guerra con Rusia.

Preguntado por el corresponsal de la CBS, Scott Pelley, si pensaba que “la amenaza de una guerra nuclear ha quedado atrás”, Zelenski respondió: “Creo que él seguirá amenazando. Está esperando a que Estados Unidos pierda estabilidad, y cree que eso ocurrirá durante las elecciones estadounidenses. Buscará la inestabilidad en Europa y Estados Unidos. Utilizará el riesgo de usar armas nucleares para alimentarla. Seguirá amenazando”.

El funcionario de los servicios de inteligencia estadounidenses con el que hablé trabajó los primeros años de su carrera contra la agresión y el espionaje soviéticos; respeta el intelecto de Putin, pero desprecia su decisión de ir a la guerra con Ucrania e iniciar la muerte y la destrucción que provoca la guerra. Sin embargo, tal y como me dijo: “La guerra ha terminado. Rusia ha ganado. Ya no hay ofensiva ucraniana, pero la Casa Blanca y los medios de comunicación estadounidenses tienen que continuar mintiendo”.

“Lo cierto es que si al ejército ucraniano se le ordena continuar la ofensiva, se amotinaría. Los soldados ya no están dispuestos a morir, pero esto no encaja con las sandeces concebidas por la Casa Blanca de Biden”.

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Este artículo se publicó originalmente en inglés en Substack.

Traducción de Paloma Farré.

AUTOR >Seymour Hersh

https://ctxt.es/es/20230901/Firmas/44145/Seymour-Hersh-Zelenski-putin-biden-guerra-ucrania-rusia-inteligencia-nord-stream.htm

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