Financial Times publica un duro artículo contra Sánchez/La sospecha

Advierte de las consecuencias de la amnistía acordada por el PSOE con los separatistas.

Advierte de las consecuencias de la amnistía acordada por el PSOE con los separatistas.
Europa Press

En medio del escándalo provocado por la Ley de Amnistía que ha propiciado la reelección de Pedro Sánchez como presidente del gobierno, el Financial Times ha publicado un artículo opinión en el que alerta de la «amenaza al imperio de la ley» que encierra el acuerdo suscrito por el Partido Socialista con las formaciones separatistas catalanas.

La columna, que lleva la firma de Míriam González, denuncia que «la mayoría de los artículos publicados en la prensa internacional destacan que la extrema derecha no tocará poder en España pero no caen en la cuenta de que el acuerdo de investidura rompe principios esenciales del Estado de Derecho que jamás deberían verse comprometidos en una democracia madura». «Las consecuencias de largo plazo derivadas de este acuerdo de corto plazo pueden ser muy serias, tanto para España como para la defensa de la democracia en toda Europa«, advierte el texto.

«El país ibérico se ha consolidado como una democracia de éxito desde 1978, habiendo completado una transición que a menudo se cita como modelo a seguir. Sin embargo, la prensa internacional sigue hablando de España como si Franco pudiese salir de la tumba en cualquier momento. Al centrarse continuamente en el conflicto histórico, la guerra civil y la extrema derecha, Pedro Sánchez ha encontrado la coartada perfecta para socavar la independencia judicial y el imperio de la ley», lamenta la autora del texto.

González, fundadora de la organización España Mejor y profesional dedicada al ámbito del derecho, critica en las páginas del diario londinense que «la reacción internacional a la declaración inconstitucional de independencia perpetrada por los separatistas catalanes en 2017 ilustró el trato diferencial que se le sigue dando a los asuntos referidos a nuestra democracia. Los formadores de opinión globales se mostraron reacios a condenar aquel acto, a pesar de que se trataba de un claro asalto a la constitución. Esas mismas voces no dudaron en condenar lo sucedido en Estados Unidos unos pocos años después, cuando las autoridades emplearon la fuerza y los tribunales aplicaron la ley para sofocar el intento de toma del Capitolio».

Así, el artículo del FT considera que, «mientras la opinión pública internacional habla de la Constitución como si fuese un documento casi sacro-santo, a la Carta Magna española no se le reconoce el mismo estatus cuando se analiza la actualidad de nuestro país, a pesar de ser nuestro contrato social más básico y el pilar fundacional de una democracia que dejó atrás la guerra civil, la represión y la conflictividad. En este sentido, el orden constitucional español no es menos que el de Estados Unidos o el de cualquier otra democracia».

El salmón recuerda que «la amnistía es una herramienta que solamente tiene sentido cuando un país está intentando abandonar una situación crítica y busca asentar la paz después de un conflicto grave, motivo por el cual se debe aplicar solamente de forma excepcional y con todo el cuidado debido, ya que hablamos de una ruptura consciente del principio de igualdad ante la ley. Una amnistía debe llegar de la mano de un acuerdo prudente, transparente y amplio, con un consenso social generalizado y un debate previo transparente y somero. En este caso, lo que hemos visto ha sido una amnistía apresurada, negociada a puerta cerrada y motivada solamente por el puro interés político de sus promotores».

El acuerdo de Sánchez con los separatistas «incluía una mención explícita a la posibilidad de que el poder judicial mine el alcance de la amnistía y propone el establecimiento de comisiones parlamentarias que evalúen el proceder de los magistrados». Este compromiso «ha sido denunciado de forma unánime por todas las asociaciones judiciales, que entienden tal cláusula como un asalto directo a la separación de poderes«.

La columna señala que, «al contrario de lo ocurrido con otros países europeos, con lo que está pasando en España no hay una condena inequívoca. El hecho de que el acuerdo de gobierno facilite la investidura de un Ejecutivo socialdemócrata no convierte en tolerable lo inaceptable». Así, «en un sistema democrático, no es de recibo quebrar el imperio de la ley y justificarse por el miedo a la extrema derecha. La única forma legítima de mantener a un rival político fuera del gobierno es cumpliendo la ley y ganando las elecciones. Sin embargo, si lo que se hace es acabar con el imperio de la ley y provocar una brecha en la separación de poderes, lo único que sucede es que la democracia se ve debilitada y sus enemigos salen ganando».

https://www.libremercado.com/2023-11-17/articulo-financial-times-contra-pedro-sanchez-ley-amnistia-amenaza-separacion-de-poderes-imperio-de-la-ley-7070602/

La sospecha

El presentador estadounidense Tucker Carlson, en Madrid junto a Santiago Abascal

Roger Douthat, columnista conservador del New York Times, hizo la mejor descripción del fenómeno de Tucker Carlson, el agitador ultra que fue estrella de Fox News hasta su salida forzada y que apareció en medio de las protestas de esta semana en Madrid. “La llave maestra para entender los programas de Tucker Carlson no era la ideología, era la sospecha”, escribió en agosto de este año, unos meses después de la expulsión de Carlson de su cadena.

En su programa de opinión, el presentador abrazaba cualquier teoría que pusiera en cuestión las instituciones, fuera hablando de migrantes mexicanos, judíos «globalistas», el covid, la guerra de Ucrania o los extraterrestres. Su cercanía a Trump, de hecho, viene, según Douthat, sobre todo de su “tendencia común a rechazar todo lo que defendía el establishment político occidental”. La nueva generación de extrema derecha en Estados Unidos comparte la profunda desconfianza de Carlson –y de ahí su éxito– por la que “si una institución estadounidense toma una posición, el lugar donde tienes que estar es probablemente del otro lado”. En ese estado autodestructivo, es fácil ver fantasmas de amenazas irreales o exageradas, sea la inmigración, el terrorismo o la crisis de la masculinidad.

La sospecha por lo establecido, tenga o no sentido, sea por algo que es o no verdad, está habitualmente radicada en el descontento y el pesimismo y es un fenómeno que hemos visto también en España. El escepticismo a menudo no es un impulso para mejorar, sino la antesala de la desesperanza, el sueño de los autoritarios que afianzan su poder explotando la creencia de que todo es igual de malo y nada se puede cambiar.

La fascinación por las conspiraciones está embebida en la historia de Estados Unidos de una manera difícil de emular, pero algunos de sus rasgos se ven por todo el mundo.

No se trata de una alucinación colectiva, aunque pueda acabar en ella. El descrédito de las instituciones también suele ser culpa del comportamiento de sus propios gestores, que a veces incluso lo alientan por su propio interés económico o partidista. Los mensajes contra la política y la prensa van calando ya veces estan de maneras excéntricas, como algunas de las protestas que hemos visto estos días sobre todo en Madrid.

La confianza en las instituciones en España ya está en niveles muy bajos: el 90% de los ciudadanos dicen no confiar en los partidos políticos y más del 70% aseguran lo mismo sobre el Parlamento y el Gobierno, según el Eurobarómetro, la encuesta de la UE. Tampoco salen bien parados el poder judicial y la Unión Europea. Estas cifras vienen de atrás, pero especialmente ahora, visto el nivel de oposición al acuerdo de investidura con Junts, luchar contra esta desconfianza debería ser una de las prioridades del nuevo Gobierno.

Cualquier político está tentado de utilizar esa desconfianza cuando le conviene, para atacar al rival, cuestionar una sentencia judicial o zafarse de un periodista incómodo. Pero el daño de fondo es un boomerang peligroso. Ya hemos visto el efecto a medio plazo en España y más allá, con el ascenso de las voces más extremas y más dañinas para el respeto mutuo.

Tucker Carlson es irrelevante para España –y cada vez más para Estados Unidos– pero es un recordatorio más de qué pasa cuando no te crees nada y empiezas a ver fantasmas.

https://www.eldiario.es/opinion/sospecha_129_10690441.html

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