Aida. ¿Conectar con tu interior? ¡Recuerda lo que eres!

por

Mucha gente me dice que quiere conectar con su interior, con su verdadero ser. Desean que les proporcione algún método o consejo para conseguirlo. Pero lo único que puedo compartir con ellos es que eso de conectar contigo mismo es una idiotez, otra de las muchas falacias de la mente. No le hagas el juego y no pretendas conectar con tu interior, con lo eres. Porque a ver, ¿quién, qué o desde dónde va a conectar contigo, con lo que eres? ¿A caso puedes dejar de ser tú para, desde lo que no eres, conectar con lo que eres? ¿No te das cuenta de la incongruencia que esto representa?

Tú no necesitas conectar contigo mismo porque es precisamente lo que eres y es imposible que no lo seas. Lo único que sucede es que te has identificado tanto con el “coche” –el yo físico, mental y emocional- que te has olvidado de que no eres ese coche, sino su “Conductor” -divino, infinito y eterno- que ha encarnado en él para experienciar la vivencia humana. Y es este olvido el que te lleva a la estupidez de querer conectar con lo que eres. ¿Lo entiendes? El coche ansiando conectar con el Conductor… ¡Qué absurdo!

En lugar de desear conectar contigo, sencillamente recuerda lo que eres, sé lo que eres y pon tu divinidad en acción en el aquí-ahora. Mientras insistas en conectar contigo mismo, seguirás en el olvido de lo que eres y en la identificación con el coche. La mente es la que crea esa bobada de pretender conectar con tu interior, con tu Corazón, con tu energía, con lo que eres… La mente es el sistema operativo del coche y el coche nunca podrá conectar con el Conductor que eres. Y el Conductor no precisa conectar consigo: lo único que tiene que hacer es coger el volante del coche y llevar el mando consciente del mismo y de la vida. Cuando persigues conectar con lo que eres es señal inequívoca de que no llevas ese mando consciente y que como Conductor estás dormido, ante lo cual la mente habrá activado el piloto automático del ego, que será quien dirija lo que llamas tu vida, aunque realmente no es tal, sino el devenir del ego.

Por tanto, recuerda lo que eres –tu divinidad, infinitud y eternidad…- y ponlo en práctica aquí-ahora. Recupera el mando consciente de tu vida y, al hacerlo, abrirás las puertas a la inefable experiencia de vivir diciendo sí a la vida de instante en instante Esta es la consecuencia directa e inmediata de recordar lo que eres: decir sí a todo lo que hay, a todo lo que es, a todo sin excepción, a la vida en su integridad y totalidad sin querer cambiar nada… Y tu vida se expandirá en una nueva dimensión: te darás cuenta de que no hay separación entre la vida y tú porque tú eres la vida–; comprobarás que la Creaciónse hace una contigo y tú con ella, desapareciendo todos los conflictos, inquietudes y quejas; y verás a Dios en todas partes, porque el sí penetra hasta en lo más denso y halla ahí lo divino, constando que Dios no es una creencia, sino una experiencia: la Experiencia.

Ante cualquier situación o circunstancia –sea de placer, dolor, alegría, tristeza, compañía, soledad, entusiasmo, depresión, serenidad, ira, concordia, conflicto, salud, enfermedad…–, estate con ella y vive plenamente la experiencia sin dejarte enredar por el “color” –blanco o negro, positivo o negativo, bueno o malo, agradable o desagradable…- que la mente pretenda otorgarle. No desees ni persigas el placer, la alegría, la compañía, el entusiasmo, la serenidad, la concordia o la salud; y no te resistas (la resistencia es persistencia) ni luches contra el dolor, la tristeza, la soledad, la depresión, la ira, el conflicto o la enfermedad. Simplemente, confía y acepta la experiencia, sea la que sea, diciendo siempre sí a la vida en su totalidad. Y no pongas tu atención y consciencia en lo que pasa o deja de pasar, sino en cómo vives lo que pasa: lo importante no es el qué (qué pasa o deja de pasar; qué hace o dejas de hacer…), sino el cómo vives el qué.

De hecho, todo lo que acontece en tu vida y en la de los demás, en el mundo y en el Cosmos tiene un sentido profundo, un porqué y un para qué en clave consciencial y evolutiva. Pero la mente jamás lo podrá vislumbrar. Por tanto, no te dejes liar por sus diatribas, dualidades, pensamientos y emociones y céntrate en cómo vives el qué, sea lo que sea. De este modo, todas las experiencias se transforman en algo hondo y trascendente, muy distinto a lo que hasta ahora habías pensado y sentido acerca de ellas. Y se comprueba que la vida es el Milagro y que tú no eres lo que pensabas ser, sino esa misma vida, ese Milagro.

Recordando lo que eres y viviendo en un sí consciente y constante a la vida, se abandona toda oposición contra el aquí-ahora y la forma y los contenidos –hechos, personas, situaciones, circunstancias…- con los que la vida se manifiesta y se hace presente de instante en instante. Esto no es algo teórico, sino radicalmente práctico. En tu cotidianeidad, dejas de etiquetar, clasificar, encasillar, circunscribir y reducir a conceptos y esquemas mentales todo lo que te rodea y a ti mismo. Igualmente, cesas de poner nombre a todo, de colocar palabras encima de los objetos y la gente, y permites que lo real emerja por encima del lenguaje: del árbol, ves mucho más que el “árbol”; de la mesa, mucho más que la “mesa”; de esa persona, mucho más que esa “persona”; de la montaña, mucho más que la “montaña”; de tu hijo, mucho más que tu “hijo”;… Y, por fin, terminas con esa obsesión, que te impedía gozar la vida, de interpretar y enjuiciar cada cosa, cada persona que encuentras, cada acontecimiento, cada acción propia o ajena, cada emoción, sentimiento o pensamiento…

Toma consciencia de todo ello. Observa, obsérvate y libérate y ríete a carcajadas de tantos lastres mentales con los que has venido cargando hasta ahora. Se trata, en definitiva, de que no discutas con lo que es. ¿Tan difícil te parece? Pues es lo que hacen de manera natural y espontánea la tierra y el agua, el Sol y la lluvia, la Luna y las estrellas, las piedras y las nubes, las plantas y los animales, la Naturaleza, el Cosmos y la Creación entera. ¿O es que acaso te has desnaturalizado y transformado en un robot bajo la abducción de la mente?; ¿no será que, en lugar de vivir, pasas tus días actuando automática y mecánicamente como respuesta a las indicaciones y mandatos de los programas informáticos –es decir, los sistemas de creencias- que han introducido en tu cabeza desde que viniste a este mundo?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *