LA BOMBA DEMOGRÁFICA MUNDIAL HA SIDO DESACTIVADA

La urbanización y educación están frenando un problema que iba a hacer colapsar al planeta.


Incluso China tiene hoy una tasa de 1,05 hijos por mujer. En el 2017 hubo 630.000 nacimientos menos que en el 2016.

Algunas de las predicciones más espectacularmente incorrectas en la historia han sido hechas por quienes afirman que la superpoblación va a inundar el planeta. Thomas Malthus, economista británico que escribió sobre el tema a finales de 1700, es el más famoso.

Extrapolando tendencias pasadas al futuro, predijo que el crecimiento de la población inevitablemente saturaría los recursos alimenticios disponibles, que desencadenaría una hambruna masiva. Eso no sucedió, y continuamos desarrollando nuevas tecnologías que nos permiten anticiparnos al desastre.

En 1968, el biólogo de Stanford Paul Ehrlich escribió ‘La bomba demográfica’, en que advertía que el crecimiento descontrolado de la población conduciría a una hambruna masiva en la década de 1970. Estaba tan equivocado como Malthus. La población mundial aumentó, pero la producción de alimentos logró crecer al mismo ritmo.

Hasta ahora, los profetas de la superpoblación han sido derrotados por la tecnología. No obstante, el crecimiento de la población sigue abrumando la capacidad de la Tierra para proporcionar calorías y el ingenio humano nunca podrá ofrecer por sí solo una victoria final en la batalla para alimentar al mundo. Es por eso que para que Malthus y Ehrlich finalmente puedan descansar en paz, se necesita un segundo componente: menores tasas de fertilidad. Para salvar tanto al medioambiente como a sí mismos, los humanos deben tener menos hijos.

Afortunadamente, esto está sucediendo. Durante las vidas de Malthus y Ehrlich, los humanos aún tendían a tener familias numerosas, y cada mujer tenía un promedio de cinco hijos durante su vida. Pero poco después del libro de Ehrlich, eso comenzó a cambiar.

La tasa total de fertilidad es una estimación que se basa en el número de hijos que las mujeres han estado teniendo. Cuando la tasa es menor que 2,1, significa que la población total finalmente se estabilizará y disminuirá.

La tasa total de fertilidad es una estimación que se basa en el número de hijos que las mujeres han estado teniendo. Cuando la tasa es menor que 2,1, significa que la población total se estabilizará

Una positiva transición

El mundo se está acercando a ese nivel mágico, gracias a un fenómeno conocido como ‘la transición de la fertilidad’. En la mayoría de los países, la fertilidad total cae desde un alto nivel de alrededor de seis o siete niños a dos o menos, y se mantiene allí. Y una vez que las familias más pequeñas se convierten en la norma en un país o región, muy rara vez vuelven a crecer.

Hay una serie de teorías de por qué sucede esto. El cambio de la vida rural y agrícola a la vida urbana significa un menor incentivo para que las familias tengan hijos que trabajen en las granjas. Y además, la vida urbana aumenta el costo de criar a un niño. Paralelamente están los mayores niveles de educación: un factor preponderante, y especialmente en el caso de las mujeres, ya que las liberan de las normas de género tradicionales. Y es muy importante destacar que ninguno de los factores citados es temporal.

En otras palabras, la transición de la fertilidad probablemente representa la última victoria final sobre la amenaza malthusiana. Los países supergigantes, China e India, han sido especialmente importantes en este proceso.

Aun así, con la disminución de la fertilidad mundial general, las preocupaciones sobre la superpoblación han pasado de ser globales a regionales. Si algunas regiones continúan teniendo grandes familias por siempre, al final superarán a las regiones con crecimiento demográfico limitado, causando que la tasa mundial de fertilidad vuelva a subir.

También está el factor cultural. Hasta hace poco parecía que algunas culturas simplemente siempre tendrían más hijos. Afortunadamente, ahora esas preocupaciones parecen ser infundadas. Hace una década, muchos creían que la cultura musulmana, con su énfasis en los roles tradicionales de género, desafiarían la transición de la fertilidad. Pero las tasas de fertilidad en los países de mayoría musulmana se han venido desplomando. Irán, Arabia Saudita, Bangladés e Indonesia en su mayoría completaron sus transiciones de fertilidad, mientras que Egipto y Pakistán están en proceso.

Además vale la pena señalar que estas estimaciones de las tasas de fertilidad totales delBanco Mundial tienden a ser exageradas; la CIA, que también rastrea la fertilidad, ubica la cifra de Pakistán en 2,62 hijos por mujer, es decir, muy cerca ya de los que sería un nivel ideal.La región que más preocupa

Ahora la preocupación se ha trasladado al África subsahariana. Con una tasa de fertilidad de aproximadamente cinco nacimientos por mujer, es la única región del mundo que aún no ha dado el salto a las familias pequeñas. Pero incluso aquí, hay signos de cambio en un pequeño pero creciente número de países.

Nigeria, Etiopía, Tanzania y la República Democrática del Congo todavía tienen tasas de fertilidad muy altas. Pero si estas naciones logran disminuirlas, el triunfo mundial de las familias pequeñas se habrá completado.

Afortunadamente hay otros dos patrones que sugieren que África no invertirá la tendencia y no terminará sobrepoblando el mundo. Primero, que hay una fuerte asociación entre fertilidad y niveles de ingreso. Una vez que un país supera los 5.000 dólares ‘per capita’ en producto interno bruto anual, casi nunca tiene una tasa de fertilidad alta. Y el rápido crecimiento en varios países africanos indica que este nivel se podrá alcanzar dentro de unas pocas décadas.

Además, la transición parece estar ocurriendo mucho más rápido que en el pasado: al Reino Unido le tomó 95 años pasar de una tasa de fertilidad de seis hijos por mujer a tres, pero a Botsuana le tomó solo 24; a Bangladés, 20, y a Irán, solo 10.

Por supuesto, vale la pena mencionar que una menor fertilidad no desactivará inmediatamente la bomba demográfica. La cantidad de personas en un país sigue aumentando durante años después de que los jóvenes dejan de tener un montón de hijos, un fenómeno conocido como el impulso demográfico. Y esto explica por qué Naciones Unidas sigue proyectando que la población mundial aumentará de aproximadamente 7.600 millones en la actualidad a más de 11.000 millones para el final del siglo.

Un menor crecimiento de la población mundial tampoco significa el final de todos los problemas demográficos. Gran parte del África subsahariana estará llena de personas en las próximas décadas, y muchas de esas personas querrán migrar a países ricos y envejecidos en busca de mejores oportunidades económicas o para escapar de las guerras. Esa presión migratoria será un tema delicado para muchas naciones, como lo ha demostrado la reciente ola de refugiados en Europa.

No obstante, parece que las catastróficas predicciones de Malthus y Ehrlich nunca llegarán a ocurrir. A diferencia de otros animales, la humanidad ha limitado voluntariamente su reproducción. La bomba demográfica probablemente ha sido desactivada.

Por lo menos 3.200 de los 7.500 millones de habitantes del planeta sufrirán impactos negativos por el deterioro de los suelos, el agua y el aire, lo que, junto a otros efectos del cambio climático, reducirá el rendimiento de los cultivos entre 10 y 50 por ciento y obligará a desplazarse a entre 50 y 700 millones de personas para el 2050. Así lo advirtió esta semana en Medellín la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), un organismo independiente con 129 Estados miembros.

“La degradación de la superficie de la Tierra a causa de las actividades humanas está empujando al planeta hacia una sexta extinción masiva de especies”, la primera causada por el hombre y la primera desde la desaparición de los dinosaurios, dijo el científico sudafricano Robert Scholes, codirector del primer informe global sobre degradación de suelos, que fue elaborado durante tres años por un centenar de expertos voluntarios de 45 países.

Baste con señalar que la Tierra ya ha perdido el 87 por ciento de sus humedales.

¿La solución? Que la humanidad entienda que su supervivencia está en juego y que debe cambiar y actuar en múltiples frentes. ¿Cómo? Combatiendo el consumo irracional, promoviendo el ahorro de agua y energía, reduciendo el nivel de desperdicio de comida (que hoy alcanza el 40 por ciento), bajando el consumo de carne de res (por salud, emisión de gases de efecto invernadero y deforestación), invirtiendo en recuperar tierras, humedales y cuencas fluviales degradadas, limpiando y reutilizando el agua, impulsando el etiquetado ‘serio’ de alimentos y cortando el subsidio a fertilizantes, entre otras muchas ideas más al alcance de todos.

“Todo tiene que ver con nosotros y la forma en la que protegemos el planeta. Sobre qué consumimos, qué comemos y con qué nos vestimos (…). Es hora de cambiar nuestros patrones de consumo”, puntualizó en Medellín Mark Rounsevell, que dirigió el documento de Ipbes sobre Europa y Asia Central.

https://www.periodicoelnuevomundo.com/2018/11/la-bomba-demografica-mundial-ha-sido.html

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