TRAS LA PRIMAVERA ÁRABE EL VERANO DEL DESCONTENTO

Las protestas en la Plaza Tahrir de El Cairo han revivido a gran escala.Cientos de personas expresan su frustración por lo que ven como un cambio a paso de tortuga, luego de los levantamientos árabes que iniciaron en Túnez hace seis meses.

Ahora es un buen momento para hacer un balance desde que Mohamed Bouazizi, el vendedor de fruta, se inmoló al ver que no podría salir de la pobreza. Los manifestantes tomaron las calles arriesgando sus vidas y sus expectativas eran altas, que el cambio seguiría.

Pero estamos atestiguando una brecha de realidad peligrosa de lo que esperan los manifestantes y de lo que los gobiernos han sido capaces de entregar.

Mustapha Kamel Nabil, gobernador del Banco Central de Túnez, dice que la brecha en la realidad se ha extendido y urge a inversores, regionales y globales, a que aceleren el proceso de asistencia en este rubro.

«Si no actuamos ahora, veremos la derrota después del éxito del levantamiento», dijo Nabil durante Foro Económico Mundial en un seminario virtual con el gobierno y líderes de negocio.

Subrayó el colapso absoluto de facturas turísticas, las cuales se redujeron en 1.5 mil millones de dólares este año.

En Túnez escuchamos muy poco acerca de la batalla diaria para recomponer el tejido social, roto durante la Primavera Árabe. Los números económicos importantes están previstos en 5 % por año durante una década, pero eso enmascara el descontento que está al fondo de la sociedad.

Ahora el reto es empujar las reformas políticas, mientras mejoran las condiciones y se reduce la burocracia para atraer inversión extranjera directa.

El desempleo, que está en dos dígitos, crecerá más rápido durante el periodo de transición, de acuerdo con Masood Ahmed, director de Medio Oriente y Asia Central para el FMI. Mientras los legisladores y empresarios han buscado estabilidad a cualquier precio, Ahmed sugiere que ha habido demasiado «énfasis en la estabilidad en el pasado». Como resultado el Medio Oriente fue superado por Asia quien ofrece un crecimiento más rápido y más oportunidades económicas.

Durante nuestros 90 minutos en línea hablamos de la necesidad de crear otros 75 millones de trabajos para el final de la década. Sin embargo, como dijo Abudulaziz Al Ghurair, director general de Banco del Mashreq de las notas de los Emiratos Árabes Unidos, «de cinco a 10 años ya no es aceptable». Hay una presión intensa por la gente a reducir las capas de burocracia, pero él cree que hay «paciencia si ven un sistema transparente».

La reacción visceral de aquellos con ingresos de petróleo en la región, los estados del Golfo Pérsico, ha sido evitar los problemas. Tradicionalmente el gobierno ha sido el principal empleador con un rol demasiado grande en la sociedad. Danny Truell, del gigante Wellcome Trust del Reino Unido, observó que la estrategia debe ser alterada, «los gobiernos necesitan crear el campo de juego perfecto, pero no debe ser ellos mismos los árbitros».

Luego de la Cumbre del G8 en Deauville hubo mucha discusión acerca de la asociación entre Estados del Golfo, la Unión Europea, el FMI y los países industrializados. Inicialmente se destinó una suma de 20,000 millones de dólares.

El director general del Grupo del Banco Nacional de Kuwait, Ibrahim Dabdoub, dijo que el concepto de un Fondo Árabe Marshall, en referencia al fondo creado para reconstruir Europa después de la Segunda Guerra Mundial, sería excelente.

Aunque hay duda acerca de elegir el medio correcto para canalizar esos fondos para quienes lo necesitan después de los levantamientos. Una sugerencia incluía al Banco de Desarrollo Árabe, mientras que miembros del G8 en Deauville señalaron al Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo (EBRD), el cual podría enfocar el esfuerzo en el Norte de África después de que la reconstrucción de Europa del Este esté casi completa.

Nabli, el Banquero Central de Túnez, hizo la pregunta clave y volvió a señalar la necesidad de resolver una urgencia a corto plazo. «¿Está bien que nosotros solos financiemos esto?» La respuesta e son, pero el reto es obtener respuestas rápidas en la forma de financiamiento y la estructura correcta.

En la ausencia de soluciones a corto plazo, la lucha de la gente sigue en Siria, Yemen, Bahrein, Túnez y de nuevo la Plaza Tahrir en El Cairo.

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