La Resonancia Schumann y Gaia: la conexión entre el cerebro humano y el planeta

Más allá de las energías «sutiles», casi espirituales o astrales, existe una dimensión de energías perfectamente conocidas y tipificadas por la ciencia académica, hablamos de fuerzas de naturaleza electromagnética, de campos de radiación, magnetismo terrestre, radiaciones cósmicas, etc. En este espectro cae la resonancia Schumann.

Llamada así por el físico teórico que las propuso y demostró su existencia, Winifred Schumann (1880-1974), consiste en una banda de picos de ELF («frecuencias extremadamente bajas», por sus siglas en inglés) de aproximadamente 7,83 Hz, que rodea la Tierra en la banda entre el suelo y la ionósfera como «fondo» del campo electromagnético del planeta.

Antes de continuar, debemos discriminar algunos errores conceptuales, pues así se han vulgarizado:

  • Uno, que para el tiempo de su descubrimiento ese valor dado era «aproximado» —es decir, hay zonas y épocas de fluctuación—. Por ejemplo, el clima: incremento en la cantidad de tormentas eléctricas en el mundo aumenta esa frecuencia, a la inversa, decrece.
  • Segundo, se afirma que hoy es de 12 Hz, lo cual también es variable.
  • Tercero (y éste es el error más grueso) que eso significa que el día terrestre ha acelerado, con lo cual hoy el mismo sería de 16 horas. Error grosero porque nada tiene que ver la frecuencia electromagnética de esas ondas con la velocidad de rotación terrestre —y en ese sentido puedo decir que he observado que las personas que repiten de buena fe ese desacierto carecen, en general, de formación o comprensión intelectual mínimamente técnica o científica—.

Así se presentaría:

Es indudable a esta altura que el aumento en la resonancia Schumann tiene que ver con la actividad humana: emisoras de TV, radio, tendidos de baja, media y alta tensión eléctrica y un largo etcétera se esconden detrás de ese incremento —sin desmedro de factores naturales, como los terremotos, que también actúan aumentando la intensidad de picos—.

Y precisamente el estudio de este «campo resonante» ha sido uno de los objetivos del tan mentado (y hoy, desactivado) proyecto HAARP, una red de antenas bajo control militar estadounidense cuyo propósito «oficial» sería el estudio de la ionósfera y que, hasta dónde hemos averiguado, no se limitaba a una «observación pasiva» sino también experimentaba con la ionósfera, entre otros proyectos, con el bombardeo de microondas a la misma —ignoramos con qué fines específicos, aunque podemos tener ciertas sospechas que comentaré en este artículo—.

Antenas del HAARP.

Pero volvamos al punto de partida de la «resonancia Schumann» y preguntémonos el porqué del interés que el tema ha despertado entre numerosísimas personas, generalmente reacias al aséptico campo académico, motivándoles a interiorizarse y —como señalamos— en ocasiones siendo eco de conclusiones y planteos equivocados (aunque me pregunto si esa «desinformación» no fue precisamente estimulada de manera indirecta por servicios de inteligencia para así dejar en ridículo a los investigadores outsiders del Sistema y, en consecuencia, devaluar los resultados que hubieran obtenido).

¿Y por qué tan desmesurado interés de ese público por este fenómeno? Porque distintos autores han señalado que tendría una vinculación directa con la naturaleza sutil del ser humano. La resonancia tendría la misma frecuencia que el estado Alfa producido por el cerebro humano, con lo que suponen que su aumento o incremento se trasladaría a incrementar las frecuencias del mismo y esto sería una evidencia del «salto cuántico» de la humanidad, es decir, su salto hacia adelante en la apertura de consciencia.

Aquí es donde debemos señalar algunos detalles.

Principio de Correspondencia

Es cierto que la Analogía es uno de los principios fundamentales y sutiles de la comprensión espiritualista del Universo. Si bien los academicistas argumentarán que es una falacia, conocida como ergo propter hoc, es decir ‘con esto y por tanto a causa de esto’, la observación experimental la ratifica constantemente.

Sin embargo, que el ser humano tenga un comportamiento cerebral que tenga el mismo rango que un comportamiento ELF del planeta donde vive y se interprete como que la resonancia Schumann actúa sobre y modifica la actividad electroquímica del cerebro, sería tan absurdo como sostener que la actividad electroquímica modifica las ELF del planeta, ya que ignora una Ley Fundamental del Universo: el Principio de Correspondencia.

Este fenómeno se llama así en honor de Winfried Otto Schumann (1888-1974), quien predijo matemáticamente su existencia en 1952,​ a pesar de ser observada por primera vez por Nikola Tesla y formar la base de su esquema para transmisión de energía y comunicaciones inalámbricas.

Es decir, está alineado con el tal principio (lo Microcósmico en lo Macrocósmico y lo Macrocósmico en lo Microcósmico), sí, pero insistimos en recordar que el principio de Correspondencia es llamado así porque a un hecho le corresponde otro, pero eso no significa que uno de ellos produzca el otro.

Insto al lector recién llegado a estas lides quizás detenerse aquí y dirigirse a profundizar ese concepto que —estoy convencido— es «liberador» en términos de apertura mental para comprender no sólo lo que aquí estamos desarrollando sino la eficacia toda del propio Esoterismo.

Armonización electromagnética

Dicho esto, volvamos a lo que nos ocupa. Porque hay que destacar otro hecho: el ritmo cerebral que conocemos como Alfa (inductor de lo que percibimos con estado de profunda miorelajación, meditación, el estado de mente Ku al decir del Zen, etc.) no es de 7,8 (redondeemos: 8) ciclos por segundo: es entre 8 y 12 c/seg. Y cuando la frecuencia cerebral cambia —sea hacia arriba o hacia abajo— deja de ser un tipo de categoría de onda cerebral para transformarse en otra que es acompañada por un cuadro psíquico diferente (no el mismo y mejorado).

Pero existe otro detalle a tener en cuenta: estas frecuencias cerebrales de las que estamos hablando son, como dijimos, electroquímicas, y si bien actúan sobre la naturaleza electromagnética de la naturaleza humana constituyen apenas una variable más.

En cambio, la resonancia Schumann es pura y excluyentemente electromagnética, de manera que es por esa paridad, esa correspondencia, donde debemos buscar efectos que a nosotros puedan interesarnos. Con lo cual estamos aceptando que sin duda hay una relación entre el descubrimiento de Schumann y la naturaleza humana, pero tal vínculo no sería quizás psíquico sino electromagnético.

En ese sentido, toda alteración de ese campo de ELF puede tener impacto primero en la biología, en la mayor o menor intensidad del campo áurico —entendido éste como la parte excedente del cuerpo físico de su «huevo bioplasmático» o «bioenergético»—. En consecuencia, impacta (armoniza o desarmoniza) electromagnéticamente (y en una fase sutil, bioenergéticamente).

Es aquí donde el conocimiento y práctica de la Bioenergética —en el paradigma de Willhem Reich y su discípulo Alexander Lowen— muestra su importancia, pues tales ejercicios se proyectan en promover el equilibrio áurico como una consecuencia del equilibrio electromagnético.

También y por esta correspondencia es bastante obvio que toda alteración significativa de la resonancia Schumann a nivel planetario resultará en una alteración de nuestros propios campos electromagnéticos, y el abuso de Internet y la WiFi, la proximidad de tendidos eléctricos y transformadores públicos, maquinaria pesada en constante funcionamiento serán, precisamente, factores que nos perturbarán.

Sin andar con la conspiranoia de colocarnos sombreros hechos de papel aluminio mientras andamos por la vida, señala la importancia de aplicar las enseñanzas de la Radiónica pues las misma actúan, precisamente a ese nivel, aunque en un rango muy limitado, constreñido a la persona o la vivienda donde se aplica. Inevitablemente, explicaré en un inmediato trabajo algunas de las opciones de hacer jugar la Radiónica a nuestro favor, pero lo que aquí queremos es llamar la atención sobre el hecho que el aumento de perturbaciones en el campo Schumann se traducen en alteraciones de nuestros campos electromagnéticos y ellos también están detrás de ciertas enfermedades, conflictos interpersonales y demás.

Entonces, la «armonización parapsicológica» sobre la que aquí insistimos debe también incluir «armonizaciones radiónicas» o «armonizaciones electromagnéticas» si ustedes prefieren llamarlas así.

Gaia

Pero el «campo Schumann» (como lo llamaré de ahora en más) tiene un aspecto muy interesante sobre todos nosotros y en deuda a ese principio de Correspondencia del cual hablábamos: que en tanto es campo electromagnético —o, mejor aún, pulsos electromagnéticos sobre un «campo» mayor también electromagnético pero a la vez, correspondiente al campo electromagnético humano—.

Gaia, a la que entendemos como la «consciencia» de la Tierra bien puede ser un hecho, tanto como que nuestra natural disposición parapsicológica nos permita «contactar», «sintonizar», «empatizar» (llámenlo como deseen) con la misma.

Lo que entonces debemos preguntarnos aquí es: ¿cuántos «contactos espirituales o extraterrestres», cuántas canalizaciones no serán más que la malinterpretación de Gaia hablándonos en los momentos episódicos que el campo Schumann se «corresponda» con un número importante (pero no absoluto) de humanos?

Daré un paso en el vacío y propondré mi sospecha: que el «campo resonante Schumann» y los «Registros Akhásicos» son lo mismo. O también, que el «campo Schumann» y el backup del Inconsciente Colectivo son lo mismo. ¿Qué pensar sobre la necesidad de la fisiología humana de un «depositorio de información» extra cerebral y que el mismo sea ese campo Schumann? (no discutiremos aquí lo que es un hecho constatado pero que molesta a neurocientíficos: el cerebro no tiene capacidad de almacenaje de la información que una persona promedio acumula no ya en toda su vida, sino simplemente en los primeros cuarenta años de la misma).

No estoy necesariamente pensando en una Gaia consciente y autónoma que nos «habla», sino que muchos fenómenos que percibimos (y cometemos el error de interpretar literalmente, sin pasar siquiera por la reflexión de su naturaleza simbólica) representan cómo racionaliza nuestro inconsciente las pulsiones de la Realidad de esa Gaia. Y aquí debemos regresar sobre qué entendemos por Realidad.

Recientes estudios científicos sugieren que la consciencia es información físicamente integrada, causalmente activa, codificada en un campo electromagnético global del cerebro.

Ya queda más que claro que no es Aquello «que se ve y se toca». Lo que postulo es que la Realidad —así, con mayúsculas— es mayor, trascendente a la «realidad» cotidiana, ya que ésta está limitada a lo que podemos no tanto «percibir» sino «comprender», por lo que todo aquello que trascienda el paradigma de realidad de un individuo sería percibido, sí, pero mal interpretado en su decodificación.

Otrosí digo: quien «empatiza» con el campo Schumann conscientemente accede a la «información». Luego, si «cree» (y esto es todo un tema: las creencias preexistentes que distorsionan la comprensión —no la percepción— de la Realidad) que es alguna percepción extrasensorial, regresión a vidas pasadas o lectura de registros akhásicos es solo una (respetable) creencia personal que al final del día no cambia la naturaleza del resultado práctico que obtiene.

¿Por qué sospechamos que el campo Schumann acumula información?

Porque en él no existe sólo esas ELF (o, mejor dicho, ese conjunto de ELF están a su vez en interacción con otros campos electromagnéticos). Como sabemos, las emisiones de radio necesitan dos tipos de ondas: la que llamamos «portadora» y la «moduladora» (como en las emisoras AM comerciales). La «portadora» es la emisión «de base» que es afectada luego (modulada) por otra señal, haciendo que la primera porte a la segunda. La portadora es alcance, la moduladora es información. En analogía a ello, el campo Schumann es posible que sea la «portadora» donde nuestro psiquismo inconsciente «monte» la información.

¿Cuál pueden ser entonces aplicaciones prácticas de este conocimiento?. Veamos:

A) En la vida cotidiana

Que una persona puede entrar en Alfa en un momento de baja actividad Schumann (existen en la Web sitios que dan acceso a grabaciones actualizadas de la resonancia y viceversa: el sonido Schumann induce el estado Alfa), es decir, cuando las misma está más próxima a los 7,83 Hz, le posibilitaría acceso a la información tanto la alojada en el mismo —según la teoría que hemos presentado— como usarla como «portadora» de su energía psíquica, manifestándose esta en una amplia gama de fenomenología parapsicológica (con preferencia hacia aquella que exista predisposición en el individuo, predisposición hacia uno u otro fenómeno que fácilmente se discrimina con un a sencilla evaluación ESP con cartas Zenner).

En otro sentido, las variaciones del campo Schumann a su vez puede actuar (bloqueando o exacerbando, según los casos) en las «venas del Dragón», los entramados energéticos de la Tierra misma que conocemos como «Red de Hartmann» y «Líneas de Curry», sobre las que hablaremos en otro trabajo.

B) En el Conocimiento espiritual

Siendo entonces «campana» o «caja de resonancia» del Inconsciente Colectivo, se comprenden conceptos milenarios como «kosmocrator», «genio planetario» y, por supuesto, «egrégoros», ya que ese campo se transformaría en el llamado «mediador plástico» bien conocido entre los esoteristas.

En efecto, se ha llamado «mediador plástico» a aquello que permite que lo «psíquico» se materialice como lo «físico».

Para ser consistentes con las enseñanzas esotéricas, ¿cómo puede una idea, por intensa que sea, «saltar» el abismo de la Realidad para hacerse tangible? (tal como enseñan las corrientes espiritualistas en general y muy particularmente como propone el Principio del Mentalismo). Tales serían entonces «imágenes arquetípicas» que actúan sobre, o para el ser humano, cuando la disposición del paradigma de éste le permite incluirles en su Realidad, por ejemplo, cuando en meditación aceptamos sin cuestionar y sin extrañeza las manifestaciones más bizarras que puedan presentársenos.

Detengámonos un momento en este punto. Casi todos los meditadores estarán de acuerdo conmigo en lo que acabo de afirmar: en estado meditativo percibimos (o se producen) manifestaciones que, más allá de su naturaleza, propósito o «mensaje», en estado de vigilia normal (es decir, en estado cerebral Beta) calificaríamos como extrañas y buscaríamos «racionalizar» con explicaciones convencionales (como decir «alucinaciones» creyendo que así lo explicamos, cuando la palabra «alucinación» es sólo una etiqueta que nombra al fenómeno, pero no lo explica pero que en ese estado aceptamos con naturalidad. Es decir, «internalizamos», lo cual es engañoso porque, con el mismo argumento, podemos afirmar que nuestro psiquismo es el que es subsumido en el «campo Schumann». Diré más: quienes expresan su escepticismo ante este postulado de «suspensión de la extrañeza», rara vez han meditado.

En general, los autores esotéricos han supuesto que el «mediador plástico» citado es el plano astral. El punto es que aún sigue habiendo una diferencia notable de naturaleza entre lo «mental» y lo «astral». Es allí cuando podemos proponer que el «campo Schumann» es ese mediador entre lo psíquico y lo astral, y éste (el astral) a su vez mediador con lo físico. Y extrapolando, bien podemos preguntarnos si ese «campo» a su vez no es un «nivel», «plano» o «limbo» donde permanecen ciertas entidades de naturaleza intermedia.

Para finalizar, comentaré sobre el hecho mencionado que haya sido desactivado el Proyecto HAARP. Una de dos posibilidades: o fue un fracaso porque no consiguieron el propósito (presuntamente, de impactar sobre el inconsciente colectivo de las masas mediante una «ingeniería social 2.0» que podría consistir en «modulaciones» en el campo de información) o, por el contrario, están abocados a estrategias con mejor relación costos-beneficios.

Por Gustavo Fernández. Edición: MP.

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