Si, podemos tener esperanza

Roshi Joan Halifax reflexiona acerca de la idea de la “esperanza sabia” y por qué debemos abrirnos a ella.

Fotografia por Beau Brashares.

He puesto una buena parte de mi vida relacionándome con situaciones que pudieran ser consideradas como casos perdidos; como activista pacifista, trabajadora de derechos civiles y cuidadora de personas en su lecho de muerte. He hecho voluntariado con prisioneros de cadena perpetua, he servido en clínicas médicas en áreas remotas de los Himalayas, donde la vida es difícil, la comida escasa y el acceso a servicios médicos es nulo -y he trabajado en Katmandú con refugiados Rohingya quienes no tienen ningún estatus en ninguna parte. Quizás te preguntes ¿por qué la molestia? ¿Por qué mantener la esperanza por terminar la guerra o la injusticia? ¿Por qué tener esperanza por personas que están muriendo, o por refugiados escapando del genocidio, o por soluciones al cambio climático?

A menudo me ha causado conflicto la noción de esperanza. Pero últimamente, en parte por el trabajo de la crítica social Rebecca Solnit y su poderoso libro Hope in the Dark [Esperanza en la obscuridad], me estoy abriendo a otro entendimiento de la esperanza -lo que yo llamo esperanza sabia.

Como budistas, sabemos que la esperanza ordinaria está basada en el deseo, en querer un resultado que pueda ser diferente de lo que realmente va a suceder. No obtener aquello que teníamos esperanza de obtener usualmente se experimenta como un tipo de infortunio. Alguien que tiene esperanzas de esta manera tiene una expectativa que siempre está rondando en el fondo, una sombra de miedo de que sus deseos no van a ser satisfechos. Esta esperanza ordinaria es una expresión sutil del miedo y una forma de sufrimiento.

La esperanza sabia no significa negar estas realidades. Significa enfrentarlas.

La esperanza sabia no es ver las cosas de un modo no-realista, sino más bien, verlas tal y como son, incluyendo la verdad del sufrimiento -en su existencia y en nuestra capacidad de transformarlo. Es cuando nos damos cuenta de que no sabemos lo que va a suceder que este tipo de esperanza empieza a vivir; en el espacio abierto de la incertidumbre es justo en el espacio en el que necesitamos actuar.

Demasiado a menudo nos paralizamos por la creencia de que no hay nada por lo cual tener esperanzas- que nuestro diagnóstico de cáncer es una calle cerrada y sin salida, que nuestra situación política no tiene remedio, que no hay manera de salvar la crisis climática. Se vuelve fácil pensar que ya nada tiene sentido, o que no tenemos ningún poder y no hay motivos para actuar

A menudo digo que debería haber sólo dos palabras sobre la puerta de nuestro templo en Santa Fe: Show up! [¡Preséntate!] Sí, el sufrimiento está presente. No podemos negarlo. Hoy en el mundo hay 65.3 millones de refugiados, sólo once países están libres de conflicto, y el cambio climático está convirtiendo los bosques en desiertos. La injusticia económica está llevando a más y más gente a la pobreza. El racismo y el sexismo continúan rampantes.

Pero entendamos; la esperanza sabia no significa negar estas realidades. Significa enfrentarlas, verlas, darles la cara y recordar qué más está presente, como los cambios en nuestros valores que reconocen estas realidades y nos mueven hacia enfrentar el sufrimiento justo ahora. “No culpes al presente”, dice el maestro Zen Keizan. Él nos invita a verlo, ¡No escapes de él!

El hombre de estado checoslovaco Václav Havel, dijo, “La esperanza definitivamente no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo va a salir bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo llegue a suceder”. No podemos saber, pero podemos confiar en que habrá movimiento, habrá cambio. Y que seremos parte de él. Nos movemos hacia adelante en nuestros días y salimos a votar, o nos sentamos al lado de un paciente que está muriendo, o enseñamos una clase a niños de tercero de primaria.

Como budistas, compartimos una aspiración común a despertar del sufrimiento; para muchos de nosotros, esta aspiración no es un programa de auto-superación de mi “pequeño yo”. Los votos de Bodhisattva en el corazón de la tradición Mahayana son, nada más y nada menos, que una poderosa expresión de una esperanza sabia y radical -una esperanza incondicional que está libre de deseo.

Dostoyevsky dijo, “Vivir sin esperanza es dejar de vivir”. Sus palabras nos recuerdan que la apatía no es un camino iluminado. Estamos llamados a vivir con posibilidad, plenamente conscientes de que la impermanencia prevalece. Así que ¿por qué no nos presentamos?

ACERCA DE JOAN HALIFAX

Joan Halifax es la abad y maestra principal del Upaya Institute y Zen Center en Santa Fe, Nuevo México.  Su libro más reciente es Standing at the Edge: Finding Freedom Where Fear and Courage Meet  De pie al borde [Encontrando libertad donde el miedo y el valor se juntan] el cual explora cómo podemos enfrentar los retos que estamos enfrentando en nuestro tenso clima político actual.

Si, podemos tener esperanza.

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