Por Enrique Ribeaux Roig 4 de septiembre 2022

Por Enrique Ribeaux Roig 
yoga

Según el Advaita Vedanta, la encarnación en este cuerpo físico se debe al karma de vidas pasadas. La ignorancia sobreimpuesta a la conciencia pura (sin formas) mantiene en movimiento el ciclo de nacimientos y muertes.

La conciencia, mientras está en el cuerpo, cree ser ese cuerpo y esa mente. En la vigilia, el cuerpo y la mente están despiertos y la conciencia cree ser eso. En el sueño con sueños, la mente está despierta pero el cuerpo está dormido, por lo que la mente no funciona en base a los sentidos de percepción del cuerpo, sino en base a los recuerdos; y la conciencia cree ser eso. En el sueño profundo, el cuerpo está dormido y la mente también. Silencio total. Y la conciencia cree ser eso, cree ser ese no conocimiento de nada, ese no saber, precisamente por su falsa identificación con el cuerpo y la mente. La ignorancia de su propio ser, de su sí mismo, la hizo «dormir» a ella también. Lo puse entre comillas porque en realidad no está dormida, sino que cree estarlo, por identificarse con un cuerpo y una mente que sí están dormidos.

Cuando la mente se despierta, regresan los sueños, y la conciencia cree ser eso. Luego, el cuerpo se despierta y regresa el estado de vigilia, y la conciencia cree ser ese cuerpo y esa mente. Y así, continúa el ciclo, una y otra vez. Y para la mayoría de las personas es algo normal. Creen que así es como debe ser siempre para la conciencia. Y es que la mayoría de las personas son esa misma conciencia creyendo ser el cuerpo y la mente. Es la misma conciencia atrapada en esa errónea identificación.

Cuando el cuerpo muere, la mente queda viva en el mundo espiritual, sin cuerpo. Y la conciencia cree ser eso. Cree ser un espíritu, un ángel, o un demonio. Es parecido al mundo de los sueños, está hecho de eso, es materia mental, no física. La conciencia continúa su viaje identificada con esos cuerpos sutiles. Es como estar en un sueño con sueños, o sueño onírico, pero sin poder despertar a la vigilia porque no hay cuerpo físico en donde despertar.

En esa etapa desencarnada, también hay algo parecido al sueño profundo. Es como el vacío. No hay conciencia de nada en ese período. Pero esto se debe a la errónea identificación que aún tiene la conciencia con la mente, con las formas tanto físicas como sutiles. Esa nada, es el mismo estado de ignorancia que la conciencia experimenta durante el sueño profundo.

Luego, viene un nuevo nacimiento. Es karma. Todavía hay identificación con el cuerpo y la mente. Es Samsara. Y así, se repite el ciclo una y otra vez.

No recordamos nada de lo que había antes de nacer porque ahora, nosotros, como conciencia, estamos en otro cuerpo y otra mente, «atrapados» por así decirlo. Pero eso no significa que ese no conocimiento, o ese no saber, que había antes de nacer sea nuestro estado natural. Solamente significa que estamos «atrapados» en el no conocimiento o ignorancia de nuestro verdadero Ser.

¿Cuál es la salida entonces?

La respuesta se hace evidente. La salida es el autoconocimiento. Moksha, liberación, es salirnos de esa falsa identificación. Y para eso, es preciso conocernos como lo que somos: conciencia. Es cierto que ya lo somos. En realidad, nunca hemos dejado de serlo pero estamos atrapados en la ignorancia de nuestro verdadero ser. Por eso se hace necesario autoconocernos, para recuperar nuestra identidad, que es conciencia pura. Una vez que nos experimentamos como tal, ya no nos dormimos con el cuerpo y la mente. Ya sabemos que no somos eso que se despierta y se duerme. Y estamos siempre despiertos.

La conciencia es como una luz permanente que nunca se apaga. Creía apagarse por su falsa identificación. Pero una vez que recupera su verdadero ser, ya no vive ese apagar, sino que vive estar siempre encendida, despierta. Es una conciencia que se ha liberado del cuerpo y la mente. Un jivanmukta, en sánscrito. El cuerpo sigue haciendo cosas, y la mente sigue teniendo pensamientos, pero la conciencia ya no se identifica con nada de eso. No es hacedora ni pensadora de nada. Sólo es ella misma, conciencia pura, conocimiento puro de ser ella misma.

Cuando el cuerpo muere, la mente sigue su devenir en el mundo espiritual. Pero la conciencia no se identifica con nada de eso, porque ya se había liberado de esa mente con anterioridad. Ella sigue siendo ella misma, conocimiento puro de ser ella misma.

Luego, la mente se disuelve en el mundo espiritual y lo que queda es un vacío de formas sutiles, es como un sueño profundo. Pero la conciencia sigue siendo ella misma, puro conocimiento de ser ella misma. Sat-Chit-Ananda. Ser-Conciencia-Felicidad. Es lo que queda. Y es lo que somos. No hay un «Yo soy Ser-Conciencia-Felicidad», porque eso sería un pensamiento más, un nombre y una forma sutil más. Hay un ser, puro, sin nombres ni formas. Pura conciencia de ser, sin nombres ni formas.

Tienes que experimentar eso en vida para saber de qué se trata. Ya lo eres, pero tienes que vivirlo. Te liberas en vida, por eso naces una y otra vez. Con cada nacimiento, estás buscando la liberación, que no es más que el recuerdo de tu propio ser. Eres la conciencia buscándose a sí misma.

© Enrique Ribeaux Roig
Por Enrique Ribeaux Roig 4 de septiembre 2022
yoga

Según el Advaita Vedanta, la encarnación en este cuerpo físico se debe al karma de vidas pasadas. La ignorancia sobreimpuesta a la conciencia pura (sin formas) mantiene en movimiento el ciclo de nacimientos y muertes.

La conciencia, mientras está en el cuerpo, cree ser ese cuerpo y esa mente. En la vigilia, el cuerpo y la mente están despiertos y la conciencia cree ser eso. En el sueño con sueños, la mente está despierta pero el cuerpo está dormido, por lo que la mente no funciona en base a los sentidos de percepción del cuerpo, sino en base a los recuerdos; y la conciencia cree ser eso. En el sueño profundo, el cuerpo está dormido y la mente también. Silencio total. Y la conciencia cree ser eso, cree ser ese no conocimiento de nada, ese no saber, precisamente por su falsa identificación con el cuerpo y la mente. La ignorancia de su propio ser, de su sí mismo, la hizo «dormir» a ella también. Lo puse entre comillas porque en realidad no está dormida, sino que cree estarlo, por identificarse con un cuerpo y una mente que sí están dormidos.

Cuando la mente se despierta, regresan los sueños, y la conciencia cree ser eso. Luego, el cuerpo se despierta y regresa el estado de vigilia, y la conciencia cree ser ese cuerpo y esa mente. Y así, continúa el ciclo, una y otra vez. Y para la mayoría de las personas es algo normal. Creen que así es como debe ser siempre para la conciencia. Y es que la mayoría de las personas son esa misma conciencia creyendo ser el cuerpo y la mente. Es la misma conciencia atrapada en esa errónea identificación.

Cuando el cuerpo muere, la mente queda viva en el mundo espiritual, sin cuerpo. Y la conciencia cree ser eso. Cree ser un espíritu, un ángel, o un demonio. Es parecido al mundo de los sueños, está hecho de eso, es materia mental, no física. La conciencia continúa su viaje identificada con esos cuerpos sutiles. Es como estar en un sueño con sueños, o sueño onírico, pero sin poder despertar a la vigilia porque no hay cuerpo físico en donde despertar.

En esa etapa desencarnada, también hay algo parecido al sueño profundo. Es como el vacío. No hay conciencia de nada en ese período. Pero esto se debe a la errónea identificación que aún tiene la conciencia con la mente, con las formas tanto físicas como sutiles. Esa nada, es el mismo estado de ignorancia que la conciencia experimenta durante el sueño profundo.

Luego, viene un nuevo nacimiento. Es karma. Todavía hay identificación con el cuerpo y la mente. Es Samsara. Y así, se repite el ciclo una y otra vez.

No recordamos nada de lo que había antes de nacer porque ahora, nosotros, como conciencia, estamos en otro cuerpo y otra mente, «atrapados» por así decirlo. Pero eso no significa que ese no conocimiento, o ese no saber, que había antes de nacer sea nuestro estado natural. Solamente significa que estamos «atrapados» en el no conocimiento o ignorancia de nuestro verdadero Ser.

¿Cuál es la salida entonces?

La respuesta se hace evidente. La salida es el autoconocimiento. Moksha, liberación, es salirnos de esa falsa identificación. Y para eso, es preciso conocernos como lo que somos: conciencia. Es cierto que ya lo somos. En realidad, nunca hemos dejado de serlo pero estamos atrapados en la ignorancia de nuestro verdadero ser. Por eso se hace necesario autoconocernos, para recuperar nuestra identidad, que es conciencia pura. Una vez que nos experimentamos como tal, ya no nos dormimos con el cuerpo y la mente. Ya sabemos que no somos eso que se despierta y se duerme. Y estamos siempre despiertos.

La conciencia es como una luz permanente que nunca se apaga. Creía apagarse por su falsa identificación. Pero una vez que recupera su verdadero ser, ya no vive ese apagar, sino que vive estar siempre encendida, despierta. Es una conciencia que se ha liberado del cuerpo y la mente. Un jivanmukta, en sánscrito. El cuerpo sigue haciendo cosas, y la mente sigue teniendo pensamientos, pero la conciencia ya no se identifica con nada de eso. No es hacedora ni pensadora de nada. Sólo es ella misma, conciencia pura, conocimiento puro de ser ella misma.

Cuando el cuerpo muere, la mente sigue su devenir en el mundo espiritual. Pero la conciencia no se identifica con nada de eso, porque ya se había liberado de esa mente con anterioridad. Ella sigue siendo ella misma, conocimiento puro de ser ella misma.

Luego, la mente se disuelve en el mundo espiritual y lo que queda es un vacío de formas sutiles, es como un sueño profundo. Pero la conciencia sigue siendo ella misma, puro conocimiento de ser ella misma. Sat-Chit-Ananda. Ser-Conciencia-Felicidad. Es lo que queda. Y es lo que somos. No hay un «Yo soy Ser-Conciencia-Felicidad», porque eso sería un pensamiento más, un nombre y una forma sutil más. Hay un ser, puro, sin nombres ni formas. Pura conciencia de ser, sin nombres ni formas.

Tienes que experimentar eso en vida para saber de qué se trata. Ya lo eres, pero tienes que vivirlo. Te liberas en vida, por eso naces una y otra vez. Con cada nacimiento, estás buscando la liberación, que no es más que el recuerdo de tu propio ser. Eres la conciencia buscándose a sí misma.

© Enrique Ribeaux Roig

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.