Pfizer: la historia de un imperio farmacéutico de corrupción

La historia de Pfizer comienza en Nueva York en 1849, cuando un par de inmigrantes alemanes, los primos Charles Pfizer y Charles F. Erhart, recibieron un préstamo de 2.500 dólares del padre del primero para comprar un edificio comercial en Williamsburg, Brooklyn, donde se embarcarían en una empresa conjunta en la incipiente industria de fabricación de productos químicos.

Charles Pfizer había sido aprendiz de farmacéutico en Alemania y poseía formación como químico. Charles Erhart era pastelero.

Originalmente la empresa se centró en la producción de compuestos químicos. Su primer producto fue un antiparasitario llamado Santonin que se utilizó para tratar gusanos.

Combinando sus talentos, los primos albergaron su producto dentro de dulces sabrosos como pastillas de caramelo y conos de crema de azúcar con sabor a caramelo. Esta estrategia demostró ser un éxito y sentó las bases para el desarrollo futuro de la empresa.

El Santonin se utilizó hasta la década de 1950, cuando cayó en desgracia debido a los efectos tóxicos señalados que planteaban graves riesgos para los pacientes.

Pfizer se expandió rápidamente y en 1862 Pfizer se convertiría en la primera empresa estadounidense en producir ácido tartárico y crémor tártaro en el país.

Con el estallido de la Guerra Civil surgió una necesidad masiva de analgésicos y antisépticos, lo que creó una buena oportunidad para ganar mucho dinero.

Pfizer amplió rápidamente su producción de ambos, así como de yodo, morfina, cloroformo, alcanfor y mercuriales. En 1868 los ingresos de Pfizer se habían duplicado y su línea de productos había aumentado sustancialmente.

El gran éxito para la empresa llegaría en 1880 con la producción de ácido cítrico de grado industrial, ampliamente utilizado en refrescos como Coca-Cola. Fue la pieza central de la empresa e impulsaría su crecimiento durante décadas.

La penicilina

Otro cambio llegó en 1919 cuando desarrollaron un proceso de fermentación en tanque profundo, cuyos principios se aplicarían más tarde a la producción de penicilina.

Esta destreza en la fermentación y la producción farmacéutica a gran escala colocó a Pfizer en una posición cabecera en la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno solicitó apoyo a la industria farmacéutica para producir penicilina.

Trabajando con científicos del gobierno, Pfizer comenzó a buscar la producción en masa de penicilina utilizando su tecnología de fermentación en tanque profundo y en 1944 se convirtió en la primera empresa en producir penicilina en masa.

A medida que los precios y la penicilina disminuyeron después de la Segunda Guerra Mundial, Pfizer comenzó a buscar antibióticos más rentables. El paso a la producción comercial de antibióticos marcó un giro en el modelo comercial de Pfizer.

Las operaciones de la empresa pasaron de la fabricación de productos químicos finos a productos farmacéuticos basados en la investigación, lo que dio origen al nuevo programa de descubrimiento de fármacos de Pfizer, que se centró en la síntesis in vitro.

En 1950 Pfizer desarrolló su primer producto farmacéutico patentado, la terramicina, un antibiótico de amplio espectro.

La expansión multinacional

Para entonces Pfizer tenía oficinas en Bélgica, Brasil, Canadá, Cuba, Inglaterra, México, Panamá y Puerto Rico. A medida que su poder y sus ganancias aumentaron, Pfizer aumentó su negocio a través de varias adquisiciones y entradas en múltiples áreas de investigación y desarrollo, incluida una división de salud animal.

Sin embargo, a medida que el reino farmacéutico de Pfizer se expandía, comenzaron a surgir preguntas sobre sus prácticas comerciales.

En 1958 fue una de las seis empresas farmacéuticas acusadas por la Comisión Federal de Comercio de formar un cártel para la fijación de precios abusivos.

En 1961 el Departamento de Justicia presentó cargos penales antimonopolio contra Pfizer, American Cyanamid y Bristol-Myers, acusando a los directivos de cada empresa de cobrar precios escandalosamente altos y de monopolizar la producción y distribución de medicamentos desde 1953.

En 1963 la FTC dictaminó que las empresas acusadas en su denuncia de 1958 manipularon los precios de los antibióticos. La FTC también señaló que “las manos sucias y la mala fe jugaron un papel importante” en la concesión de la patente de tetraciclina a Pfizer.

En la década de los sesenta la empresa se encontraba en el punto más diversificado de su historia, con intereses que iban desde píldoras hasta perfumes, petroquímicos y productos para mascotas.

El cambio de la empresa hacia el lanzamiento de nuevos productos culminó con el establecimiento de la División Central de Investigación a principios de la década de 1970. Un 15 por cien completo de los ingresos de Pfizer se dirigió a este departamento de investigación.

Los medicamentos de los mil millones

El enfoque en la innovación permitió el desarrollo de medicamentos de gran éxito, que se definen como aquellos que generan al menos mil millones de dólares en ingresos al año para las empresas farmacéuticas que los producen.

Si bien estos medicamentos pueden ser extremadamente rentables para las empresas, el modelo comercial de los superventas presenta ciertos problemas a largo plazo. Más allá del tiempo y el dinero que se invierte en su desarrollo, están las exigencias de las patentes. Hay que venderlo todo en 20 años, algo muy difícil porque a menudo lleva toda una década lanzar un nuevo medicamento al mercado.

Debido a las patentes, el éxito de los medicamentos de gran éxito suele ser efímero. Además, confiar en los superventas significa que si un producto falla, las consecuencias para el fabricante pueden ser catastróficas.

Con este modelo de negocio, las farmacéuticas necesitan producir constantemente medicamentos de gran éxito. Acompañando a la serie de éxitos de Pfizer, hubo un aumento masivo en el tamaño de la empresa, junto con una procesión de productos controvertidos, delitos y múltiples multas, incluida la multa penal más grande en la historia de Estados Unidos.

El antiinflamatorio Feldene

Tomemos, por ejemplo, el primer fármaco de gran éxito de Pfizer, el antiinflamatorio Feldene, que también se convertiría en uno de sus productos polémicos iniciales.

En marzo de 1978 Pfizer presentó una solicitud a la FDA para Feldene y lo volvió a repetir en mayo de 1980. Las solicitudes fueron rechazadas debido a protocolos de prueba deficientes. En septiembre de 1981 Pfizer volvió a presentar una solicitud a la FDA utilizando datos antiguos.

Hay múltiples interrogantes en torno a Feldene, incluida la ruta tomada hasta su aprobación final, que convertirían al fármaco en una de las principales noticias censuradas en 2015.

Mientras la FDA aún estaba estudiando la solicitud, Pfizer patrocinó una recepción en la reunión de la Asociación Estadounidense de Reumatismo en Boston y mostró una película que promocionaba Feldene que la FDA dijo que era ilegal. Sin embargo, el 6 de abril de 1982, la FDA aprobó el Feldene para su uso en Estados Unidos.

Fue la mercancía más lucrativa de Pfizer, aunque pronto surgieron dudas sobre el medicamento. En 1986 se solicitó a la FDA que volviera a etiquetar el medicamento debido a serias preocupaciones sobre su larga vida media y su tendencia a acumularse en la sangre.

La organización de vigilancia Public Citizen Health Research Group (PCHRG) aseguró que este fármaco para la artritis, ampliamente recetado, creaba riesgos de hemorragia gastrointestinal entre los ancianos.

La organización recopiló informes de 2.621 eventos adversos y hasta 182 muertes entre pacientes que tomaban el medicamento y solicitó a la FDA que lo prohibiera para pacientes de 60 años o más, “como un peligro inminente para la salud pública”.

Según Sidney Wolfe, director de PCHRG, “al menos 1,75 millones de estadounidenses de edad avanzada que ahora reciben este medicamento corren el riesgo de desarrollar reacciones gastrointestinales potencialmente mortales”.

Mientras tanto, el Consejo Nacional de la Tercera Edad instó a la FDA a retirar completamente el medicamento del mercado.

Wolfe consiguió documentos internos de Pfizer que aumentaron la preocupación sobre el mewdicamento y en 1995 pidió una prohibición total de su ingesta para todas las edades.

Fue el comienzo de una serie de escándalos y problemas legales que han acabado definiendo a Pfizer.

Las válvulas tampoco funcionan

Los graves problemas relacionados con una válvula cardíaca producida por la división Shiley de Pfizer también comenzaron a afectar a la empresa. El problema daría lugar al cese de la producción de todos los modelos de las válvulas defectuosas en 1986.

En 1991 un grupo de trabajo de la FDA acusó a Shiley de ocultar información sobre problemas de seguridad a los reguladores para obtener la aprobación inicial de sus válvulas. Una investigación del 7 de noviembre de 1991 publicada por el Wall Street Journal afirmó que Shiley había falsificado deliberadamente registros de fabricación relacionados con fracturas de válvulas.

Las fracturas tuvieron consecuencias catastróficas para numerosos pacientes. Hasta 2012 habían muerto 663 pacientes como resultado de las válvulas defectuosas. Pfizer finalmente acordó pagar entre 165 millones y 215 millones de dólares para acabar con los juicios por el mal funcionamiento de las válvulas.

También acordó pagar 10,75 millones de dólares para resolver los cargos del Departamento de Justicia de Estados Unidos de que mintió a los reguladores al buscar la aprobación de las válvulas.

Un delinciente habitual en los banquillos

A partir de entonces una parte de la vida de Pfizer fueron los banquillos. Se había convertido en un delinciente habitual, con una variada gama de crímenes, como la fijación monopolista de precios, la falta de seguridad de los fármacos, sobornos, publicidad engañosa…

En 1999 Pfizer se declaró culpable de cargos penales antimonopolio y acordó pagar multas por un total de 20 millones de dólares. Habían acusado a la multinacional de “participar en una conspiración para aumentar y fijar precios y asignar cuotas de mercado en Estados Unidos para un conservante de alimentos llamado eritorbato de sodio, y para asignar clientes y territorios para un agente saborizante llamado maltol”.

Al año siguiente el Washington Post publicó seis reportajes acusando a Pfizer de probar un peligroso antibiótico experimental trovafloxacino (nombre comercial Trovan) en niños en Nigeria sin recibir el debido consentimiento de sus padres.

Trovan estaba programado para convertirse en el próximo superventas de Pfizer. Podría obtener mil millones de dólares al año si Trovan pudiera obtener la aprobación para todos sus usos potenciales. Pero cuando la empresa no pudo encontrar suficientes pacientes en Estados Unidos, sus investigadores fueron en busca de nuevos pacientes en Kano, Nigeria.

Este ensayo clínico no aprobado en 200 niños nigerianos resultó en la muerte de 11 niños. Muchos más niños sufrieron más tarde graves efectos secundarios que van desde insuficiencia orgánica hasta daño cerebral.

En 2001 Pfizer fue demandada por 30 familias nigerianas, que acusaron a la empresa de utilizar a sus hijos como “conejillos de indias humanos”. Las familias sostuvieron que “Pfizer violó el Código de Nuremberg, así como las normas de derechos humanos de la ONU y otras pautas éticas” y alegaron que Pfizer expuso a los niños a un “trato cruel, inhumano y degradante”.

Después de años de batallas legales, Pfizer acordó en 2009 pagar 75 millones de dólares para resolver algunas de las demandas que se habían presentado en los tribunales de Nigeria.

Trovan nunca se convirtió en el superventas que Pfizer había calculado. La empresa admitió ante los accionistas que había “sufrido una decepción” con este fármaco experimental contra la meningitis. Trovan nunca fue aprobado para su uso por niños en Estados Unidos, por lo que se detuvo la producción. La Unión Europea lo prohibió en 1999.

—https://healthfreedomdefense.org/the-story-of-pfizer-inc-a-case-study-in-pharmaceutical-empire-and-corporate-corruption

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