El vacío como camino hacia la plenitud

Marco Antonio de la Rosa Ruiz Esparza
La plenitud del vacío

Cuando los ojos de la persona se han abierto, cuando ha caído el velo, experimenta aquella ambas cosas a la vez: vacío y plenitud, un estar vacía del mundo y un estar llena de Dios. Ambas cosas están unidas y son el todo, como las dos caras de una misma moneda. (1)

El autovaciamiento y desprendimiento son fundamentales para todo camino espiritual. (2) Es decir, un nivel del vaciamiento de uno mismo. En nuestro viaje de peregrinación, nos despojamos de nuestros apegos, experiencias, incluso de nuestros puntos de vista. (3) Abandonarse, vaciarse de todo lo superfluo. La vida se vuelve por ello más simple y despejada. (4) Es todo aquello que de manera falsa habíamos identificado con nosotros mismos: nuestra autoestima, nuestra posición, nuestras seguridades, nuestras posesiones materiales o espirituales incluso, nuestros deseos y talentos naturales, así como nuestras limitaciones y debilidades; todo eso está asociado a nuestra propia autoimagen. (5) Tenemos que vaciarnos y quedar completamente limpios (Thomas Merton). (6) La etapa de purificación termina en el desprendimiento del apego a los bienes y a sí mismo, y en el vaciamiento del sujeto al que viene a colmar la plenitud de Dios. (7) Pero este vacío es un camino hacia la plenitud; su nada es camino hacia el todo; su humillación es camino hacia la gloria. (8) La humildad es la disposición de la persona a permitir que Dios la desnude de todos sus velos y corazas, para de este modo, con el corazón en carne viva, poder encontrarse con Él en el amor. (9) La humildad hace que seamos capaces de encontrarnos con Dios en el prójimo y percibir por intermedio suyo la voz de Dios. (10) Desde el punto de vista psicológico y espiritual, el yo es un conglomerado de condicionantes que hemos adquirido a lo largo de la vida. Construimos una identidad durante muchos años, y esos aprendizajes son los que han formado la personalidad. Han contribuido a ella los padres, la escuela, la religión, la sociedad, la pareja, los amigos y amigas, los ideales, los miedos, los deseos, los prejuicios y las ilusiones. (11) Es lo que se llama el condicionamiento cultural, otro aspecto del falso yo. La influencia del falso yo se extiende a todos los aspectos y actividades de nuestra vida, incluida la vida espiritual. (12)

El budismo pone el acento en el «vacío» diciendo que todo cuanto existe es vacío. Todo gira en esta tradición budista zen en torno a la experiencia fundamental del vacío, tanto en sus escrituras como en sus prácticas meditativas. (13) Aunque este es un asunto muy importante para el budismo en general y el zen en particular, temo que resulte muy equívoco o, al menos muy difícil de entender, sobre todo para la mente occidental. Por esto considero que «todo es vacío» mejor se expresa de la siguiente manera «todo es simplemente tal cual es». (14)

Durante el proceso de abismamiento del Zen se disuelve la estructura de la conciencia de vigilia, esto conlleva un ablandamiento y un desmoronamiento de la estructura del yo. Las expresiones místicas como, por ejemplo, disolución del yo, vaciamiento del yo, desvanecimiento del yo, pérdida del yo, desaparición del yo, se basan, en parte, en este hecho. (15) Es la noche de los sentidos, la cual tiene como objetivo llevar a cabo el desmantelamiento de esos programas emocionales y la muerte del falso yo. (16)

El desasimiento, en mística, es la liberación del propio yo, el desalojo de todas las preocupaciones y temores sobre nosotros mismos, para que Dios pueda nacer en nuestro corazón, para que conozcamos en la interioridad nuestro verdadero ser, el núcleo personal insobornable. (17) El nivel más profundo del autovaciamiento, es caer en la cuenta de que finalmente nos hallamos en el misterio. Somos misterio. Somos uno con la realidad entera, somos uno con Dios, no estamos perdidos. Cuando hayamos experimentado esta dimensión, nacimiento, vida y muerte ya no nos dará miedo, dejarán de tener un significado inquietante para nosotros. Podremos aceptar entonces la vida entera y vivir libres. (18) Para entrar en el misterio hace falta este abajamiento, que es impotencia, vaciamiento de las propias idolatrías… adoración. Sin adorar no se puede entrar en el misterio. (19)

Precisamente la búsqueda espiritual del corazón humano es el terreno preparado para la evangelización que proclama Cristo que es el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6); es el Salvador, la plenitud de vida y el camino seguro a Dios.

Tenemos que volver a entrar en el itinerario pascual de vaciamiento de sí. (20) Es el despertar a la voz del Señor, esa escucha reclama una respuesta radical de humildad que no es otra sino la del seguimiento de Jesucristo, quien por amor llegó al extremo de darse, es decir, de vaciarse de sí por completo, para llenarse (completamente) de Dios. (21) Lo que acabamos de decir de Cristo puede servir de guía al cristiano que marcha por el camino del Zen. El cristiano puede muy bien avanzar interiormente por el camino del vacío, del misterio, del silencio, del no saber, en la espera de la explosión de su conciencia profunda en el nivel de su naturaleza. Y, al mismo tiempo, avanzar siendo asiduo a la lectura de las Escrituras y tomado por el amor del Señor que se manifiesta en todas las cosas. La práctica del zen en una persona cristiana se vive como experiencia viva de Dios, (22) del amor de Dios.

Por un lado avanzará en un vacío abierto hasta el término del camino, viviendo un kénosis sin fin. Por otro, irá de plenitud en plenitud, envuelto por la presencia divina. En Evangelii Gaudium el Papa Francisco nos pide osadía, pide un arriesgar, un primerear, una salida. Respondiendo también a nuestras primeras cuestiones, decimos que la salida debe ser de modo kenótico, despojándose de todo lo que nos sostiene y limita nuestro ser y estar, y aún abierto a la novedades que la misión nos provoca. Siguiendo un panorama bíblico, decimos que los laicos deben tener el mismo sentimiento de Cristo Jesús (cf. Fil 2, 5); ahí se encuentra la salida, y es así como deben abrirse hacia un nuevo camino y un nueva llamada, una forma de ser y estar en el mundo. Esta es la misión y la identidad del Pueblo de Dios: una Iglesia en salida y llamada al Reino. (23)

En definitiva, el camino de la mística comienza y acaba en la humildad. (24) De Dios tiene verdadera experiencia únicamente la persona que es humilde y que tiene los pies bien puestos sobre la tierra. El hombre no puede tener experiencia de Dios sin a la vez tener experiencia de sí mismo ante Él. Humildad es la experiencia de sí mismo en la experiencia de Dios. Humildad y experiencia de Dios son, en último término, los dos polos de una misma y única experiencia, en la que la persona toma consciencia de la grandeza y santidad de Dios y de sus simultáneas finitud y pecaminosidad. Es ponerse humildemente en manos de Dios, que es quien purifica su corazón expulsando de él hasta el último vestigio de sus anhelos de autojustificación. Uno se considera entonces superior al resto de los mortales que no han sido todavía iluminados. Pero sabemos que la humildad es un don de Dios que nos protege impidiendo complacerse en la propia perfección. (25) Cuando soy humilde y estoy totalmente vacío puedo recibir a otros en mi corazón; cuando se olvida el yo, tengo espacio para todos los hombres y para Dios. (26)

El Budismo Zen se esmera en suprimir toda posible triquiñuela o trampa por la que el deseo del yo pudiera escabullirse, salvándose por sus propios medios del naufragio del mundo de ilusión y dolor. Se niega a consentir embellecimientos o cultivos del alma. Desnuda implacablemente todo deseo de iluminación o salvación encaminado en un reino trascendente. No porque sea inmoral o inapropiado, sino porque sencillamente es imposible: el deseo del yo jamás puede culminar en felicidad, satisfacción y paz, porque es un fractura que nos separa del fondo de la realidad, donde se encuentran la verdad y la paz. Mientras el yo intente asir o coger dicho fondo como contenido objetivo de conciencia, resultará frustrado y quebrantado. Uno no debe poseer ni retener absolutamente nada, ni siquiera un yo en el cual pueda recibir angélicas visitas, ni tan siquiera una desyoización o desegotización de la que pueda enorgullecerse. En este punto, el concepto de humildad de los Padres del Desierto y la pobreza espiritual que describe el Zen se corresponden muy estrechamente. (27) Hay que tener en cuenta que la experiencia de Dios tiene como presupuesto la pureza de corazón. (28) Pues el hombre no puede tener experiencia de Dios sin a la vez tener experiencia de sí mismo ante Él. Humildad es la experiencia de sí mismo en la experiencia de Dios. Humildad y experiencia de Dios son, en último término, los dos polos de una misma y única experiencia. (29) Una experiencia sobrenatural de nuestra contingencia es la humildad, que nos permite amar y valorar, por encima de todo lo demás, nuestro estado de desamparo metafísico y moral ante Dios. (30)

Marco Antonio de la RosaMarco Antonio de la Rosa Ruiz Esparza, M.G. (Misionero de Guadalupe). Nacido en Aguascalientes, Ags., (Méx.). Estudió filosofía en la Universidad Iberoamericana y teología en la Universidad Intercontinental, obteniendo el título de licenciado en teología. Ordenado sacerdote en 1983. Reside en Japón desde 1986. Párroco de Sukugawa, Pref. Fukushima (1992-1996). Representante de los Misioneros de Guadalupe ante el Consejo Diocesano de Pastoral de la Diócesis de Sendai, noroeste de Japón (1993-97) y del 2004 a la fecha miembro del Consejo Presbiteral y en ausencia del obispo del Consejo de Gobierno de la misma. Trabajo de Pastoral de Conjunto en la región de Aizu, Prefectura de Fukushima (1996-2004), donde fue director de dos grupos de contemplación Sadhana y Moderador de la misma (2002-2004). Practicó zazen con los Maestros Zen, Drs. Sato Kenko y Klaus Riesenhuber, S.J., y continúa bajo la asesoría del último. Desde febrero 2005 formará parte del Consejo Regional de la Misión de Japón de los Misioneros de Guadadalupe para el período 2005-2009. Actualmente reside en la catedral de Sendai.

Notas:

  1. G. ZUNIGA, Está todo ahí, op. cit., p. 145.
  2. A. Ma. AROKIASAMY, Vacío y plenitud, op. cit., p. 93.
  3. Idem p. 41.
  4. G. ZUNIGA, Está todo ahí, op. cit., pp. 115-116.
  5. Ruben L. F. HÁBITO, Liberación total. Espiritualidad Zen y la dimensión social. Col. Betania 55. Paulinas 1990, p. 35.
  6. G. ZUNIGA, Está todo ahí, op. cit., p. 132.
  7. Detallada la descripción del camino místico en E. Underhill, La vía mística, pp. 192-495. También el fenómeno místico, 302-304. Citado por J. MARTÍN VELASCO, Mística y vida monástica, p. 10 nota 25. Apuntes proporcionados por el autor en la cátedra de Fenómeno místico, Curso de Máster en Mística y Ciencias Humanas. Universidad de la Mística, Ávila 2008.
  8. W. JOHNSTON, El ojo interior del amor. Misticismo y religión. Col. Betania 6. Paulinas 1987, p. 135
  9. Anselm GRÜN, O. S. B., Humildad y experiencia de Dios. Col. Caminos 134. Desclée De Brouwer 2015, p. 81.
  10. Idem p. 42.
  11. Willigis JÄGER, Partida hacia un país nuevo. Desclée De Brouwer, pp. 147-148.
  12. Elisabeth SMITH, Joseph CALMERS, O. Carm., Un amor más profundo. Una introducción a la oración centrante. Col. Caminos 84. Desclée De Brouwer 2008, pp. 110 y 116.
  13. A. Ma. SCHLÜTER RODÉS, ¿Bilingüismo religioso? Pasos 87 (2004) 3-21, espec. p. 11.
  14. Masao ABE, Vacío es talidad. Pasos 63 (1998) 3-7, espec. p. 3.
  15. Carl ALBRETCH, Psicología de la conciencia mística, p. 67. Citado por H. M. ENOMIYA-LASSALLE, La meditación, camino para la experiencia de Dios. Zendo Betania, Brihuega 2006, p. 62
  16. E. SMITH, J. CALMERS, Un amor más profundo, op. cit., p. 131.
  17. A. GRÜN, El ángel del desasimiento. En: Idem, Cincuenta ángeles para comenzar el año, Col. Nueva Alianza Minor 4. Sígueme 2001, pp. 156-157.
  18. A. Ma. AROKIASAMY, Vacío y plenitud, p. 45. Papa FRANCISCO, Homilía. https://w2.vatican.va/content/francesco/homilies/2015/documents/papa-francesco_20150404… Tomado el 29 de Mayo de 2018
  19. Adolfo DE NICOLÁS, S. J., Formation and Spirituality, in Toward a New Age in Mission. The Good News of God’s Kingdom to the Peoples of Asia, p. 360.
  20. Bonifacio FERNÁNDEZ, C. M. F., Caminos de crecimiento y transformación. (05/05/2017). www.vidareligiosa.es/propuesta-de-retiro-mayo/ Consultado el 30/06/2023.
  21. Fernando BELTRÁN LLAVADOR, Thomas Merton. El verdadero viaje. Col. Servidores y Testigos 150. Sal Terrae 2015, pp. 59 y 91.
  22. H. M. ENOMIYA-LASSALLE, Meditación, camino a la experiencia de Dios. Sal Terrae 1981. Zendo Betania. Brihuega 2002. Citado por A. Ma. SCHLÜTER RODÉS, Convertir el alma de tierra abonada en tierra fértil. Pasos 122 (2013) 4-13, espec. p. 11 nota 25.
  23. César KUZMA, Misión e identidad del pueblo de Dios. Una Iglesia en salida y llamada al Reino. CONCILIUM 376 (2018) 343-351, espec. p. 351.
  24. W. JOHNSTON, Mística para una nueva era. De la teología dogmática a la conversión del corazón. Desclée De Brouwer 2002, p. 202.
  25. A. GRÜN, Humildad y experiencia de Dios, op. cit., p. 10, 15-16, 30, 35 y 50.
  26. W. JOHNSTON, El ojo interior del amor, op. cit., p. 130.
  27. F. CAMPILLO RUIZ, Nota como traductor de Robert E. KENNEDY, S. J., Los dones del zen en la práctica cristiana. Desclée De Brouwer 2008, p. 177 y nota al calce.
  28. Cf. A. GRÜN, Reinheit des Herzens Wege der Gottesuche im alten Mönchtun, Frankfurt 1978. Citado por A. GRÜN, Humildad y experiencia de Dios, op. cit., p. 20 nota 1.
  29. Juan CLÍMACO, Leiter zum Paradiese, p. 271. Citado por Idem p. 53.
  30. Emilia RÓDENAS, Thomas Merton. El hombre y su vida interior. Narcea 2010, p. 81.
Fuente: PLENITUD Y TOTALIDAD – La mística como experiencia integral u holística de la realidad
https://www.nodualidad.info/colaboraciones/el-vacio-como-camino-hacia-la-plenitud.html

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