La vida, tal como la conocemos, no es la vida.

Las nubes se pintan de rosa pastel,
sobre un cielo que ha comenzado a aclarar.
La luz se despliega sobre un nuevo día.
La noche se retira a dormir, y ya la echa de menos.
Anoche la luna la acompañaba en el trayecto desde el hayedo a casa,
una línea incipiente y luminosa,
de la nueva luna creciente.
La vio hacerse naranja al acostarse sobre el horizonte
y desaparecer.
La tarde en el hayedo de otoño era como un sueño mágico.
Ahora nace un nuevo día sobre el mar
y las tórtolas vuelan.

Meditar en la vacuidad de existencia inherente.
Reconocer el aferramiento ciego.
Las cosas, las personas, las situaciones, el yo,
no son como parecen.
También la vida misma.
«La vida, tal como la conocemos, no es la vida» (Dokusho Villalba).

«Si fuéramos capaces de comprender que la vida y la muerte no son, por naturaleza,
más que Nirvana, no necesitaríamos
intentar escapar de la vida
y de la muerte,
o buscar con tanta energía el Nirvana.
No cometáis el error de creer que la vida y la muerte son diferentes por naturaleza.
La vida no es más que una posición entre otras, con un antes y un después.
De la misma manera, la muerte no es más que una posición en el tiempo,
con un antes y un después.
La muerte, pues, no es la muerte».

(Shobogenzo. Dogen)

La muerte no es el fin.
Y la vida, tal como la conocemos, no es la vida.

Otra creencia que explorar, investigar y, quizás, desaprender.
Esta «vida» que empieza y acaba,
fuente de esfuerzo, lucha y sufrimiento.
La «vida», como el «yo», construcciones imaginadas,
tal como los conocemos,
no existen.
Otra ilusión.
Otro espejismo.
Otro aferramiento insistente.
Otro fantasma que deconstruir.

https://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2023/11/la-vida-tal-como-la-conocemos-no-existe.html

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