¿Qué hay después de la muerte?

Nuestra experiencia, conocimiento, y reflexiones sobre lo escuchado a grandes investigadores del alma-conciencia-espíritu humano, metafísica, además de nuestro conocimiento interior e intrínseco, nos hace concebir la muerte como la vuelta de nuestra conciencia a su lugar de origen, ésto es, el Universo, en un plano no material, no físico, pero sí energético y que vibra en otro rango y patrón holográfico, donde continúa existiendo la Vida

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La reencarnación del ser humano ha sido tomado como locura por muchas filosofías, culturas y religiones. La locura realmente es pensar que después de la muerte y antes del nacimiento no hay nada. Ese pensamiento, esa doctrina dista mucho de conocer realmente el funcionamiento del Universo y de la Vida en los multitudinarios y diversos planos de conciencia.

El fin de la conciencia, del alma, es evolucionar en un campo de batalla como lo es planeta Tierra. Este planeta alberga las mejores condiciones de polaridad -bueno y malo, frio y calor, luz y oscuridad, arriba y abajo- para que, siempre conectados a nuestras emociones, sensaciones, y sentidos físicos, podamos ir moldeando nuestra conciencia-alma a través del conocimiento adquirido por la experiencia de la vida en la tercera dimensión, que es la actual en la que nos encontramos.

La vida en la Tierra tiene unas características que no se encuentran en otros planos vitales del Universo. Éstas son principalmente el tiempo y la materia. La materia es un nivel vibratorio decodificado por nuestro cerebro donde transcurre la ‘realidad’ de esta dimensión, la realidad de este patrón energético concreto, donde se desarrolla nuestra vida física y donde nos encontramos con las personas y situaciones que nos irán poniendo a prueba y haciendo evolucionar en distintos caminos y significados para nosotros, para nuestro verdadero Ser Interior.

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El tiempo es una porción del infinito que existe en el universo. El tiempo es una coordenada que existe en la vida humana para que seamos capaces de manejar y organizar nuestras actuaciones, existe para que seamos capaces de ser conscientes del lugar en el que nos encontramos, y el momento evolutivo en el que se encuentra nuestra conciencia o alma. Una vida media actualmente está en torno a los 80 años, poco tiempo para evolucionar, y para aprender todo lo que un alma debe aprender para seguir siendo útil a los compañeros de evolución y a otros seres vivos del cosmos que se encuentren en estados evolutivos inferiores.

Por ello, después de la muerte hay vida, y depende de las vidas que hayamos llevado, y la lucidez de nuestra muerte en este proceso, nuestra continuación en el camino evolutivo del alma humana se verá condicionada por nuestro proyecto de vida, ésto es, el camino que deberá llevar nuestra conciencia, renacida en un nuevo cuerpo de bebé en una próxima encarnación, con un fin y claro propósito: favorecer a nuestra evolución, a la de nuestra familia evolutiva de procedencia, y sobre todo, para sanar y concluir capítulos pendientes.

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