Walter Bryon Emery …en busca de la tumba de Imhotep..

El arqueólogo británico Walter Bryon Emery, llegó a una conclusión después de estudiar largo tiempo la región de Saqqarah: la llave que conduciría al conocimiento del mundo egipcio antiguo ha de encontrarse por fuerza en esta zona. Y dentro de la zona de Saqqarah, el lugar más importante debe ser la tumba de Imhotep.
Este arqueólogo había llegado ya al convencimiento de que la región ocultaba otro enigma más. No comprendía cómo no han aparecido huellas de civilización en el Egipto anterior al año 5000 antes de Cristo y, de pronto, el pueblo que los historiadores consideraban en estado aún primitivo comenzó a construir edificios, a esculpir estatuas, a fabricar piezas de arte, a utilizar la escritura, a practicar la medicina y a demostrar que poseía increíbles conocimientos científicos. ¿Fue gracias a maestros como Toth e Imhotep que Egipto se convirtió casi de un día para otro en un pueblo supercivilizado, que nos sigue maravillando?. No había más remedio que hallar la tumba de Imhotep. Sólo así podría aclararse el enigma.
El 5 de octubre de 1964, Walter Bryon Emery inició la tarea. Suponía que, puesto que la tumba de Imhotep no había sido hallada, podía suponer que jamás fue saqueada por los ladrones y que este hombre genial supo tomar precauciones antes de su muerte. Sin embargo, Emery estaba convencido de que Imhotep construyó su propio mausoleo, aunque no pensó jamás utilizarlo, y que tenía que ser diferente de la enorme pirámide escalonada construida para el faraón Djoser.
Descubrir la tumba significaría alcanzar un completo conocimiento del antiguo Egipto. Pero ¿dónde iniciar las excavaciones, si carecía de información? El día 10 de diciembre descubrió a diez metros de profundidad el pozo de excavación de una tumba de la dinastía de Djoser, frente a una red de corredores que se interrumpían bruscamente. Sólo halló el inglés en aquel lugar unas momias de ibis, el ave sagrada del Nilo. Siguió Emery buscando algún tiempo más, sin obtener resultados.
El jueves 11 de marzo de 1971, derrotado ante tantos fracasos, víctima del desaliento más completo, Walter Bryon Emery murió en el hospital británico de El Cairo. Algunos colegas declararon que era una víctima más de la maldición faraónica, que a nadie perdona, y relacionaron su muerte con la del eminente arqueólogo egipcio Zakaria Ghoneim, acaecida unos años antes, quien también sintió un enorme interés por la región de Saqqarah.
Había iniciado el profesor Ghoneim la exploración de una pirámide cercana a la de Djoser, que no terminó de construirse, por causas que se ignoran. Los arqueólogos habían buscado sin éxito la entrada a esta pirámide, hasta que apareció Ghoneim y dio con ella. Pero no se debió a la suerte, sino gracias a unos cálculos realizados con base en la estructura de la pirámide principal.
Los trabajos fueron arduos. Dos veces tropezaron los obreros con barreras macizas infranqueables y se produjeron hundimientos. Finalmente, el arqueólogo y sus colaboradores llegaron a una cámara funeraria situada a unos cuarenta metros bajo el nivel del suelo. Y dieron comienzo al instante los misterios.
En el centro de la cámara vieron un sarcófago de mármol cerrado herméticamente. Estaba intacto. Ningún ladrón de tumbas lo había abierto. Pero al levantar la tapa, Ghoneim recibió la gran sorpresa: no apareció ninguna momia en el interior del sarcófago. La presencia de las joyas, además de los sellos inviolados, descartaban la posibilidad de cualquier robo. ¿Estuvo el sarcófago vacío desde siempre, para engañar a los posibles profanadores? ¿Sirvió de morada ocasional al huésped, que sería trasladado a otro lugar más seguro, una vez momificados sus restos mortales ?
El profesor Ghoneim supuso entonces que existía otra cámara sepulcral en esta pirámide. Todo obligaba a creer en ella, igual que Herodoto estaba convencido de que la Gran Pirámide ocultaba una cámara subterránea, rodeada por las aguas del Nilo, donde se conservaba perfectamente la momia del faraón que la mandó construir.
El arqueólogo egipcio descubrió finalmente otra entrada y penetró por ella, dispuesto a dar con la cámara secreta. Todo parecía indicar que no tardaría en alcanzarla y descubrir así el secreto de la pirámide. Pero jamás se pudieron cumplir sus deseos.
Se produjo por aquellos días la crisis de Suez, cuando Egipto nacionalizó el Canal y el país pasó por momentos muy difíciles. Se suspendieron los trabajos en Saqqarah y, cuando algún tiempo después fueron las autoridades en busca del profesor Zakaria Ghoneim, ya no pertenecía a este mundo. Había comenzado a sufrir pesadillas y fuertes ataques de nervios, a raíz de sus trabajos en la zona de Saqqarah, y terminó quitándose la vida en 1959…..

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