¿Qué se esconde detrás de la guerra en Ucrania?

Autor: Manel Sancho

Estaba escribiendo un artículo sobre otro tema, cuando empezó la dramática invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin, por lo que decidí cambiar a un nuevo artículo sobre Ucrania y la Rusia de Vladímir Putin, cuyo nombre se ha convertido en portada de todos los medios de comunicación. Ante Imagen 5todo deseo expresar mi más ferviente deseo de que, cuanto antes, se termine esta terrible guerra que tanto sufrimiento está causando en la población ucraniana. Pero conociendo la personalidad de Putin, que trataremos de explicar en este artículo, soy pesimista al respecto, ya que creo que Putin solo aceptará una rendición incondicional de Ucrania. Pero, ¿que sabemos realmente sobre este misterioso personaje que está poniendo al mundo al borde de una tercera guerra mundial? De Putin, actual Presidente de Rusia y que en realidad podríamos considerar emperador absoluto de Rusia, sabemos que fue miembro del KGB durante la época soviética así como conocemos su meteórico ascenso en su carrera política. Pero probablemente la mayoría de la gente ignore algunos puntos importantes de su historia personal, así como su vinculación a la masonería y sus técnicas mafiosas para acrecentar su poder. Para explicarlo, viajaremos adelante y atrás en el tiempo para intentar hacer más interesante este relato. Y aquí demos entrada a Sergei Pugachev, que era un banquero ruso que dirigió la estructura financiera del Kremlin de Yeltsin, el predecesor de Putin, y luego se dio a conocer como el banquero de Putin. Además. Fue cofundador del banco Mezhprombank y estuvo relacionado con la denominada Familia, la cuadrilla de parientes, funcionarios y empresarios que rodeaba al entonces primer presidente ruso, Boris Yeltsin, y que luego se pasaron al actual presidente, Vladímir Putin. Pero para situarnos, empecemos con el caso del mencionado Sergei Pugachev, cuya vida hasta su exilio estaba ligada al gran poder que había disfrutado una vez en Moscú, con los interminables acuerdos tras bambalinas en los pasillos del poder del Kremlin. Pero esta vida en Rusia parecía estar ya muy lejos. Sin embargo, aun estando exiliado de Rusia, la influencia del Moscú de Putin todavía le acechaba como una siniestra sombra. Pugachev se vio obligado a buscar la protección del escuadrón antiterrorista del Reino Unido, ya que sus guardaespaldas habían encontrado cajas de apariencia sospechosa con cables pegados al chasis de su Rolls-Royce, así como en el automóvil utilizado para transportar a sus tres hijos menores a la escuela. Tal como ya hemos dicho, quince años antes Pugachev había sido un miembro del Kremlin, conocido como el banquero del Kremlin, que había maniobrado entre bastidores para ayudar a llevar a Vladimir Putin al poder. Durante años había sido un miembro del círculo íntimo en la cúspide del poder, que había ayudado a torcer las leyes para que se adaptaran a ellos, influyendo en los tribunales e incluso en las elecciones que fueron alteradas para satisfacer las necesidades de la élite en el poder.

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Pero ahora la maquinaria del Kremlin, de la que había formado parte, se había vuelto contra él. Pugachev era un creyente ortodoxo ruso que se había convertido en víctima de la expansión implacable de Putin. En primer lugar, y como ya hizo en otros casos, el Kremlin se había apoderado de su imperio comercial,. Pugachev había dejado Rusia, huyendo primero a Francia y luego a Inglaterra cuando el Kremlin le atacó. Los hombres de Putin le habían quitado su proyecto hotelero en la Plaza Roja sin compensación alguna. Luego, sus astilleros, dos de los más grandes de Rusia, fueron adquiridos a precio de saldo por uno de los aliados más cercanos de Putin, Igor Sechin. También su proyecto de carbón en la región siberiana de Tuva, fue adquirido, a precio de saldo, por un colaborador cercano de Ramzan Kadyrov, el presidente checheno, famoso por su genocidio del pueblo checheno y su estrecha alianza con Putin. En su línea para hacer caer a Pugachev, como a otros oligarcas, los hombres de Putin lo culparon por el colapso de Mezhprombank, el banco que cofundó en la década de1990 y que alguna vez había sido la clave de su poder. Las autoridades del Kremlin habían abierto un caso penal alegando que Pugachev había causado la quiebra del banco. El Kremlin seguía su política de robar propiedades a otros para repartirlas entre el núcleo del poder. Según Richard Hainsworth, un veterano experto en banca rusa, la mano del Kremlin parecía clara. «La gente dentro del estado manipuló las reglas en su contra para derribar el banco, y como era de esperar, se benefició a sí misma«. Era una historia típica de la maquinaria del Kremlin de Putin, que se había vuelto implacable. Primero había ido tras los enemigos políticos, pero luego estaba empezando a volverse en contra de sus antiguos aliados. Pugachev fue el primero del círculo íntimo en caer. Y ahora el Kremlin había ampliado su campaña contra él, desde los manipulados tribunales de Moscú hasta los tribunales influenciables de otros países. En los tribunales de Londres obtuvieron una orden de congelamiento de sus activos. Desde que Pugachov abandonó Rusia, el Kremlin lo perseguía. En su casa, en Francia, había sido amenazado por miembros de un grupo mafioso de Moscú, que lo habían llevado a un yate frente a la costa de Niza y le exigieron que pagara 350 millones de dólares para garantizar la ‘seguridad‘ de su familia. Era ‘el precio de la paz’, le dijeron, el precio por conseguir que el caso penal ruso en su contra por la quiebra de Mezhprombank se desestimasen. Aquí podemos ver un ejemplo de las tácticas que utiliza el régimen de Putin.

Vladímir Vladímirovich Putin, nació en Leningrado, actualmente San Petersburgo, el 7 de octubre de 1952, en el seno de una familia de clase media baja, hijo de un antiguo oficial de la Marina Soviética y de una trabajadora en una fábrica. Estudió en la Escuela Nº193, ubicada al frente de su residencia, y allí comenzó a practicar judo y otras artes marciales. En 1970 ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Leningrado, en donde en 1975 obtuvo honores académicos con una tesis sobre la política de Estados Unidos en África. Al final de su carrera universitaria fue reclutado por el KGB y posteriormente fue enviado a la Escuela 401, donde ese mismo año de 1975 terminó unos cursos orientados a agentes operativos obteniendo el grado de Teniente de Justicia. Trabajó en tareas de contraespionaje en la filial del KGB en Leningrado y en 1979 hizo en Moscú un curso de capacitación de seis meses, después de lo cual regresó a su ciudad natal. Cinco años más tarde, ya con el grado de Mayor de Justicia, retornó a la capital rusa, esta vez para estudiar durante un año, con el falso nombre de Plátov, en el Instituto Andrópov del KGB, que en realidad era una academia de espionaje. Richard Tomlinson, ex agente del MI6 británico, en su libro “The Golden Chain” (La cadena de oro), nos cuenta que, en 1979, los aspirantes a espía en Inglaterra pasaban diversas pruebas de formas de coerción, hipnosis y drogas psicológicas, para inducir un fortísimo estrés físico y psicológico en el candidato a espía y a continuación sosegarlo. Entre el estrés y el sosiego, los candidatos, ya fueran reclutas del ejército, agentes de inteligencia o civiles, terminaban profundamente sugestionados. El «impoluto cuarto oscuro», donde la OSS norteamericana, precursora de la CIA, los interrogaba, se convirtió en la cámara de los horrores para los nuevos reclutas del MI6 británico. Uno de estos lugares secretos era el de Powergen, en Solihull, Reino Unido. Según Tomlinson, los jóvenes reclutas de la Inteligencia Británica que entraban en aquel edificio no tenían ni idea de que se les iba a obligar a convertirse en esclavos de un programa de control mental llevado a cabo por el MI6 y autorizado por la francmasonería del Arco Real mediante el Instituto Tavistock, según explica Daniel Estulin en su libro El Instituto Tavistock.

Un tema relevante es que Putin fue miembro de la francmasonería del Arco Real, aunque ignoramos si lo sigue siendo. Y es un tema relevante porque desde la antigüedad pueden rastrearse las interrelaciones entre las distintas sociedades secretas y su influencia en el devenir histórico. Pero ello será objeto de un futuro artículo. Por ello, antes de avanzar explicaremos someramente en qué consiste dicha francmasonería del Arco Real. La francmasonería parece que empezó con los Caballeros Templarios. El que los historiadores no masones considerasen la historia del origen de la masonería como un mito, era debido a que sólo conocían los rituales y enseñanzas de las órdenes masonas públicas: el Libre y Aceptado Rito Escocés y el Arco Real. Los que estaban al tanto de los secretos de las órdenes más arcanas, como la Brethren de la Rosa Cruz y el Amanecer Dorado, podían ver fácilmente la continuidad directa desde los Caballeros Templarios hasta el presente. La Gran Logia Unida de Inglaterra, consolidada en 1813 con la unión de los antiguos y los modernos masones, incluyó en su sistema el lema del “Arco Real”, como aportación específica de los antiguos, si bien indicando que era un medio para mejorar el modo de trabajo de los maestros simbólicos. El lema trata de la búsqueda de la Palabra Perdida tras la muerte del  Maestro Hiram Abif, encontrada bajo una bóveda o arco por tres maestros que ayudaban a preparar el terreno para reconstruir el Templo de Jerusalén, tras  su destrucción por los babilonios. Esa palabra  contendría el Principio trinitario que la Masonería anglosajona atribuye al Gran Arquitecto del Universo, identificando a éste con la trinidad del Dios cristiano, que simbolizan con la triple tau. Los diez siguientes grados (del 4° al 14°) se  trabajan en logias llamadas de Perfección y su temática sigue siendo la construcción del Templo y sus vicisitudes. Cada grado contiene un lema característico y unos símbolos que se utilizan como utensilios de trabajo. Tanto las lemas como los demás símbolos son síntesis cuya riqueza espiritual y filosófica va siendo desglosada mediante el estudio-trabajo de los masones simbólicos. El descubrimiento del deber personal, a través del concepto de Ley universal, es parte fundamental de la búsqueda de la Palabra Perdida y del “sentido” de la vida. En ese camino, la realización de la Justicia y la  práctica de la Equidad que la equilibra, nos van acercando al Conocimiento. En el  grado 13° (Arco Real), el lema alude al descubrimiento, en una cripta, de una trascripción de la Palabra Perdida, aunque ilegible aún para sus descubridores, que deben proseguir esforzándose en la práctica de la Justicia y del Bien. Estos principios deben ser difundidos por toda la Tierra y éste es el tema de la leyenda del grado 14°.

En 1979, en Powergen, a Richard Tomlinson, que era por aquel entonces un recluta de veintiún años que asistía a su primer curso del Integrated National Security Enforcement Team (INSET) de la Inteligencia Británica, le enseñaron por primera vez una fotografía de su homónimo ruso Vladimir Putin, que le había proporcionado uno de los contactos de Oleg Gordievsky, el funcionario de mayor rango del KGB que había escapado a Occidente, y que era un francmasón del Arco Real, al igual que Vladimir Putin. El curso fue dirigido por Stelia Rimington, del MI5, y John Scarlett, el Director General de los módulos del MI6. Los nombres de los programas diseñados por Tavistock para los graduados en prácticas de la Inteligencia Británica eran “Bestia del MI6”, “Quesos apestosos” y “Juan Salvador Gaviota”. El programa “Bestia del MI6”, se refería a un programa que formaba parte del control mental de todos los reclutas durante el período de formación, tanto en el MI5 como en el MI6. Una de las tareas impuestas a los reclutas por parte los programadores del control mental que dirigían el curso, y que pertenecían a la francmasonería del Arco Real, era la llamada búsqueda del tesoro, que tenía por objeto poner a prueba la habilidad para espiar y para no tener compasión de los rivales. Parte del curso se basaba en un juego que practicaban los antiguos soldados romanos con sus prisioneros, denominado rito de Saturno, que era un juego sadomasoquista en el que se torturaba y maltrataba a los reclutas como se hacía con los prisioneros en la antigua Roma. La práctica se llamaba la “Vía Dolorosa”, que era una tortura diseñada por Tavistock en la que los programadores de la Inteligencia Británica provocaban en el recluta una experiencia cercana a la muerte para doblegar su voluntad y obligarlos a obedecer órdenes. La idea era que un recluta no les servía de nada si era capaz de desobedecer órdenes de arriba. El programa “Quesos apestosos” se llevaba a cabo leyendo y escenificando la novela Tres hombres en una barca, del escritor inglés Jerome K. Jerome, publicada en 1889. En el capítulo 4 de la novela se habla de lo importante que es no tocar los “quesos que apestan” durante un viaje, es decir, no tocar la mercancía, ni siquiera una vez llegados al destino. Tomlinson explica que a los otros reclutas que estaban siguiendo este curso les aplicaban tremendas descargas eléctricas después de la actividad de formación, en que escenificaban aquella novela.

El objetivo principal del programa “Quesos apestosos” del MI6 era que los futuros reclutas de la Inteligencia Británica interviniesen en diversas misiones por el mundo, para llevar material de contrabando a entornos dominados por los británicos, tanto en las rutas asiáticas de la droga como, sobre todo, en las rutas africanas de diamantes. El programa “Quesos apestosos” se ponía en marcha al mismo tiempo que el de “Juan Salvador Gaviota”, cuyo objetivo era estimular y entrenar a los que habían sido captados y que más tarde regresarían, al igual que palomas mensajeras, cuando el programador los llamase. A finales de la primavera de 1980 había un monasterio en el complejo ruso de Ein Kerem, en Jerusalén, que se decía era un convento de monjas, propiedad de la Iglesia ortodoxa rusa, aunque en realidad era un centro de espías del KGB. Según Tomlinson: “Vladimir Putin y demás francmasones del Arco Real del KGB se alojaron en este complejo de máxima seguridad. Los reclutas de la Inteligencia Británica lo hicieron principalmente en el albergue juvenil situado detrás de la iglesia de San Juan, en el centro de Ein Kerem. Por las tardes, los graduados se sentaban a fumar, beber vodka y charlar, junto con sus homólogos rusos, en el porche de los edificios«. Tomlinson hablaba ruso e hizo de intérprete para el grupo del KGB. Este iba a ser el primero de muchos futuros encuentros entre Richard Tomlinson y Vladimir Putin. Putin era unos cuantos años mayor, ya que tendría unos veintiséis años, pero parecía mucho más joven. Nadie sabía en realidad quién trabajaba para qué organismo ni qué organismo era aliado de quién, ni quien los dirigía desde la sombra.

Pero demos un paso hacia adelante y sigamos con los temas relacionados con Pugachov y otros jerarcas rusos. El Kremlin aprendió a abrirse camino a través del sistema judicial del Reino Unido durante su victoria judicial contra Boris Berezovsky, el oligarca exiliado que se convirtió en el crítico más feroz de Putin. Berezovsky había sido también un antiguo miembro del Kremlin que había intentado en vano demandar a su antiguo socio comercial Roman Abramovich, un aliado del Kremlin de Putin y luego propietario del club de futbol Chelsea, en el Tribunal Superior de Londres. La jueza que supervisó el caso, Elizabeth Gloster, no aceptó la afirmación de Berezovsky de que él era propietario de una de las mayores petroleras de Rusia, Sibneft, y con una participación en Rusal, el mayor consorcio del aluminio de Rusia, junto con Abramovich. Pero Abramovich le había obligado a vender sus participaciones a un precio de saldo. ¿Os suena? Pero la jueza Elizabeth Gloster se puso del lado de Abramovich, quien afirmó que Berezovsky nunca había poseído estos activos. Más tarde se supo que supuestamente al hijastro de la jueza Elizabeth Gloster se le habían pagado casi 500.000 libras esterlinas para representar a Abramovich en las primeras etapas del caso. Pero el Kremlin todavía perfeccionó más sus operaciones en el sistema judicial del Reino Unido mediante la persecución de Mukhtar Ablyazov, un multimillonario kazajo que era el mayor adversario político del presidente kazajo, Nursultan Nazarbayev, un aliado clave del Kremlin. Ablyazov fue perseguido por una agencia estatal de Rusia, que lo acusó de desviar fondos del Kazakh BTA Bank, del cual había sido presidente, y que tenía sucursales en toda Rusia. La agencia rusa contrató a un equipo de abogados del principal bufete de abogados londinense Hogan Lovells, que inició once demandas civiles por fraude contra Ablyazov en el Reino Unido, así como una orden de congelación de sus activos.

Sin embargo, en el caso de Pugachev no parece que se encontrasen posibles fraudes. Pero únicamente sobre la base de un fallo judicial ruso, el mismo equipo de abogados londinenses Hogan Lovells había conseguido una orden de congelación de los activos de Pugachev. Al juez no pareció importarle que la venta de su empresa de carbón se hubiera vendido a un precio inferior a la vigésima parte del valor real del negocio. Pugachev se vio obligado a entregar sus pasaportes y se le prohibió salir del Reino Unido durante los interrogatorios sobre sus activos mientras los abogados del Kremlin estrechaban el cerco legal. Al principio, Pugachev había creído que el caso en su contra estaba siendo impulsado por personas de segundo nivel del Kremlin ansiosos por la expropiación de su imperio comercial. Pero a medida que la campaña contra él se amplió y Pugachev comenzó a temer por su propia seguridad física y la de su familia, se convenció de que el propio Putin estaba detrás de ello. Pugachev había detectado la creciente influencia del Kremlin en Londres. Según Pugachev la lista de funcionarios rusos residentes en Londres era interminable. En el Reino Unido, lo principal siempre fue el dinero. Y Putin envió a sus agentes a corromper a la élite británica. Londres se había acostumbrado a la avalancha de dinero ruso. Los precios de las propiedades aumentaron cuando los magnates rusos primero y luego los funcionarios rusos compraron mansiones de lujo en Knightsbridge, Kensington y Belgravia. Los lores y los ex políticos británicos recibieron salarios generosos para servir en los directorios de las empresas rusas. La influencia de Rusia estaba en todas partes. Alexander Lebedev, ex oficial de la KGB y banquero había adquirido el diario más leído e influyente de Londres, el Evening Standard. También tenemos a Dmitry Firtash, un magnate ucraniano que se había convertido en el magnate del gas elegido por el Kremlin y que, a pesar de sus vínculos con un importante mafioso ruso, se había convertido en un donante multimillonario de la Universidad de Cambridge. Pero aún había otros participantes rusos menos notables. Al menos uno de ellos se había convertido en amigo de Boris Johnson, entonces alcalde de Londres. Según Pugachev los espías rusos estaban por todas partes. Pugachev temía que el gobierno del Reino Unido estuviera preparando un trato con los rusos para extraditarlo. Su preocupación aumentó cuando su amigo Boris Berezovsky, muy crítico con el Kremlin, en marzo de 2013 fue encontrado muerto en el baño de su mansión en Berkshire, con su bufanda de cachemira negra favorita alrededor del cuello y una huella dactilar no identificada. en la escena. Por alguna razón desconocida, Scotland Yard no investigó la muerte, dejándolo en manos de la policía local de Thames Valley, que lo calificó de suicidio y cerró el caso.

Y así, un día de junio de 2015, Pugachev había abandonado el Reino Unido. Unas semanas más tarde apareció en Francia, donde obtuvo la ciudadanía y donde la ley francesa protege a sus ciudadanos de la extradición a Rusia. Había huido a la relativa seguridad de su villa en lo alto de una colina sobre la bahía de Niza, una fortaleza rodeada por una alta valla de hierro impenetrable, un equipo de guardaespaldas y una batería de cámaras de seguridad. Pero a pesar de que los abogados del Kremlin no habían abierto un caso de fraude en su contra en el Reino Unido, la persecución legal de Pugachev fue implacable. A pesar de que el Kremlin había expropiado su imperio comercial y Pugachev había comenzado a temer por su vida, fue condenado por desacato por huir del Reino Unido y sentenciado a dos años de cárcel. A pesar de que Pugachev no era ningún ángel, insistió en que lo habían atrapado en una vendetta del estado ruso a través de los tribunales del Reino Unido. con el seguimiento de la amenaza terrorista islámica, y el propio perfil bajo de Pugachev. Antes de que las cosas se pusieran difíciles en Londres, Pugachev nunca había dado una entrevista en su vida. La mayoría de la gente creía que era el oligarca Boris Berezovsky quien había ayudado a llevar a Putin al poder. Pero, de hecho, Pugachev había trabajado en el núcleo del Kremlin y había estado al corriente de algunos de sus secretos más profundos, incluido cómo Putin llegó al poder. Esta parecía ser una de las principales razones por las que el Kremlin estaba tan decidido a perseguirlo y a asegurarse de que estuviera amordazado. Pugachev estaba siendo castigado precisamente por tratar de salir del sistema que gobernaba Rusia. el clan mafioso que nadie podía abandonar sin represalias. En noviembre de 2007 solo faltaban unos meses para que Putin llegara al final de su segundo mandato consecutivo como presidente, momento en el que la constitución de Rusia marcaba que debía dimitir.

Ahora volvamos de nuevo atrás en el tiempo. 1985 fue el año en que Putin terminó sus estudios en la Academia de Espionaje, el antiguo Instituto Andrópov del KGB, y fue enviado a República Democrática Alemana, donde sirvió en la ciudad de Dresde. Pero, tras la Caída del Muro de Berlín y el comienzo de la Reunificación Alemana, fue reclamado para regresar a la Unión Soviética. Según afirma Tomlinson, Vladimir Putin regresó a casa una vez se había extinguido la República Democrática Alemana y, por lo tanto, su puesto como director de KGB dentro de la Stasi, que era el Ministerio para la Seguridad del Estado, la policía secreta de Alemania del Este. Durante mucho tiempo la Stasi tuvo un gran éxito infiltrando espías en los círculos políticos y empresariales de la República Federal de Alemania. La colaboración entre la Stasi y la KGB soviética fue muy estrecha. Como curiosidad tenemos que el líder socialdemócrata alemán, Willy Brandt, dimitió como canciller alemán en 1974, después que se supiese que Günter Guillaume, uno de sus colaboradores más cercanos, se descubriese que era un agente de la Stasi. Ya de regreso en Rusia, en 1988, Putin actuó como agente de la KGB durante la visita del entonces presidente estadounidense Ronald Reagan a Moscú. Luego Putin fue destinado a la Universidad Estatal de Leningrado como asesor de asuntos exteriores del rector, Stanislav Merkúriev. Fue este quien lo puso en contacto con Anatoli Aleksándrovich Sobchak, un político ruso de la época de la perestroika, coautor de la Constitución de la Federación Rusa, que también fue el primer alcalde de San Petersburgo elegido democráticamente y mentor tanto de Vladímir Putin como de Dmitri Medvédev. Pero Putin continuó oficialmente en el KGB, aunque después de comenzar a trabajar como asesor de Sobchak, que en 1990 era presidente de la Diputación de San Petersburgo, presentó en dos ocasiones su dimisión del KGB, que se hizo efectiva el 20 de agosto de 1991, cuando su jefe intervino contra el intento de Golpe de Estado para defenestrar a Mijaíl Gorbachov, aunque según Richard Tomlinson: “Putin estaba desde 1979 en el programa de control mental del MI6 de la Francmasonería del Arco Real y hasta 1994, siendo uno de los agentes que operaba en el KGB”. Putin se ganó la confianza de Sobchak y cuando éste ganó las elecciones a alcalde de San Petersburgo el 12 de junio de 1991, le nombró presidente del Comité de Relaciones Exteriores de San Petersburgo, con el objetivo de atraer inversores y desarrollar la colaboración con socios extranjeros.

A partir de 1993, cuando Sobchak comenzó a viajar al extranjero fue dejando la alcaldía a Putin y en marzo de 1994 lo nombró vicealcalde primero. Fue cuando se ocupaba en estas tareas municipales cuando Vladímir Putin entró en contacto con Anatoly Chubáis, entonces ideólogo del proceso de privatizaciones y responsable de la economía rusa. Tanto Chubáis como Sobchak fueron claves en el movimiento de Putin desde el nivel regional al nacional. En 1993, cuando la Unión Soviética se estaba desintegrando, Polonia se convirtió en el centro más grande del mundo para los servicios de inteligencia. Polonia tenía una gran riqueza minera, importantes reservas de petróleo y mucha madera, además de un gran almacén de armas de la época soviética. Por todas estas razones el país estaba siendo esquilmado. Había el claro objetivo de conducir a Rusia a la anarquía, hasta a fin de que no pudiera hacer frente a las operaciones militares de Occidente. En aquellos momentos nadie sabía quién trabajaba para qué organismo ni quien era aliado o adversario. Servicios secretos como el MI5, el MI6 o la CIA fueron algunos de los que participaron en aquella lucha por hacerse con información, drogas, arma, etc…. Casi todos los organismos de inteligencia y casi todas las organizaciones mafiosas estaban involucradas, ya que todo estaba en venta. Además, numerosos bancos occidentales, como Goldman Sachs y otros, se llevaron un botín de casi quinientos millones de dólares. aquí podemos aplicar la frase de que ¡A río revuelto ganancia de pescador! En aquel período de desintegración de la URSS, San Petersburgo sufría una hambruna y el KGB debía a sus empleados varios meses de salario. Mucha gente moría de hambre en las ciudades y la familia de Vladimir Putin no fue una excepción. Putin necesitaba ayuda y consideró que debía buscarla en personas de los servicios secretos occidentales, que aunque habían sido rivales, tal vez pudiesen necesitar sus servicios. Entre estas personas a contactar estaba John Scarlett, agente del MI6 en Moscú. Además, Scarlett, al igual que Putin, era un francmasón del Arco Real. Según Tomlinson, Putin necesitaba una salida segura para su familia y para él, a fin de salir de la dramática situación en que se encontraba en San Petersburgo, donde todo se deterioraba rápidamente. Scarlett se había comprometido a darle una nueva identidad en el Reino Unido, como profesor de alemán, cuyo idioma Putin dominaba. Su esposa y sus dos hijas irían más adelante al Reino Unido.

Pero el MI5, en lugar de facilitar a Putin un salvoconducto para salir de Rusia, decidió, por razones que se ignoran, apresarlo para torturarlo y asesinarlo cuanto llegase a suelo británico. Pero el MI5 británico subestimó al futuro presidente de Rusia, ya que a través de su red de contactos, entre los que seguramente se encontraba su compañero masón Scarlett, se enteró de las reales intenciones del MI5 y canceló su viaje al Reino Unido. Ahora tal vez podamos comprender su odio a Occidente. En 1994, Putin empezó a vengarse, ya que aquel año comenzaron a desaparecer de Europa los ordenadores portátiles del MI6. Putin y sus colaboradores estaban siguiendo el rastro de altos funcionarios del MI6, a través de la información codificada en sus ordenadores portátiles. Tomlinson explica que: “cuando se descifran los códigos, resulta relativamente sencillo controlar a cualquiera de los operativos que figuran en la lista, y también saber cómo hacer para controlar a otros que han sido adoctrinados de un modo similar y volverlos contra sus jefes”. La pista principal se encontraba en una antigua máquina de escribir británica modelo que se exponía en el museo de la cárcel de Jerusalén. El código impreso de las letras muestran diez secuencias que representan diez ramas distintas de los departamentos de la Inteligencia Británica en los que ha habido francmasones del Arco Real infiltrados, desde sus orígenes hasta el MI5 y MI6. Todos estos departamentos siguen existiendo hoy en día. Los francmasones del Arco Real del KGB constituían uno de esos departamentos, dentro de esta compleja organización masónica. En 1995 Putin encabezó la filial regional del partido Nuestra Casa es Rusia, hoy desaparecido, del entonces primer ministro Víktor Chernomyrdin. También dirigió la campaña para la reelección de Sobchak a la alcaldía de San Petersburgo. Pero después de sufrir una derrota electoral dimitió de sus cargos y se trasladó a Moscú, para ocupar un cargo en la administración presidencial. En agosto de 1996 Putin fue nombrado vicedirector del departamento de Gestión de Bienes en la Administración del Presidente Borís Yeltsin. Su carrera en Moscú fue meteórica: ya que al año siguiente ya era jefe del departamento de Control y, a partir de mayo de 1998, vicejefe primero de la Administración y responsable de las regiones.

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Ahora volvamos de nuevo a los tiempos posteriores a la URSS. El primer mandato de Putin estuvo bañado en sangre y controversias. Se enfrentó a una serie de supuestos ataques terroristas mortales, incluido el asedio del teatro Dubrovka en Moscú por parte de terroristas chechenos en octubre de 2002. La toma de rehenes terminó con más de un centenar de muertos cuando los servicios de seguridad rusos asaltaron teatro y gasearon también a los rehenes que habían estado tratando de liberar. Las batallas entre Putin y los rebeldes de la república de Chechenia, en el norte del Cáucaso, habían causado miles de muertos. Pero muchos en Moscú pensaban que los servicios de seguridad de Putin estaban detrás de estos ataques sangrientos, ya que el resultado final fue una represión que fortaleció su poder. Por otro lado, los oligarcas rusos de la década de 1990 pronto fueron sometidos. Solo se necesitó un gran caso contra el hombre más rico del país para que Putin y sus hombres controlaran el mercado, más o menos libre, de la era de Yeltsin y emprendieran una toma de control por parte del estado ruso. Para Pugachev la estructura de poder construida por Putin implicaba que el presidente había acumulado tanto poder que ahora todo dependía de él. Pero esto hacía que el régimen ruso fuese poco estable. Putin había justificado su control de todas las palancas del poder diciendo que tales medidas eran necesarias para iniciar una nueva era de estabilidad, poniendo fin al caos y al colapso del poder. Pero detrás de este supuesto patriotismo había otra razón muy perturbadora. Putin y los hombres de la antigua KGB que dirigían la economía ahora monopolizaban el poder y habían introducido un nuevo sistema en el que los cargos estatales servían para el enriquecimiento personal. Putin se había rodeado de hombres de confianza, todos los cuales le decían que había sido enviado por Dios para salvar el país, mientras se enriquecían sin escrúpulos. Sin embargo, Pugachev creía que estos hombres de confianza de Putin eran conscientes de la profunda hipocresía del sistema, así como la falsa democracia representada por el partido gobernante del Kremlin, Rusia Unida, en un sistema mafioso que se había vuelto profundamente corrupto.

Todos los logros de la era Putin, como el crecimiento económico, el aumento de los ingresos, y las riquezas de los multimillonarios se debían principalmente al fuerte aumento en el precio del petróleo durante los años de Putin. Es la historia del traspaso apresurado del poder de Yeltsin a Putin, y de cómo se permitió el surgimiento de un ‘Estado profundo’ formado por hombres de la KGB, que siempre había estado al acecho durante los años de Yeltsin, pero que ahora habían surgido para monopolizar el poder y, tal vez, como ahora se está viendo, poner en peligro a Occidente. Lo que surgió como resultado de la toma de control de la economía rusa por parte de los antiguos miembros del KGB, así como del sistema político y legal del país, fue un régimen en el que miles de millones de dólares se utilizarían activamente para socavar y corromper las instituciones. El actual Kremlin se ha vuelto experto en el mundo de los mercados y ha hundido profundamente sus tentáculos en las instituciones de Occidente, en una manera muy típica de la mafia. Miembros de la antigua KGB, entre ellos Putin, han adoptado el capitalismo como una herramienta para vengarse de Occidente, en un largo proceso que comenzó en los años previos al colapso soviético. La toma de control de Putin siempre fue algo más que controlar la economía del país. Para el régimen de Putin, la riqueza no era para aumentar el bienestar de los ciudadanos de Rusia sino que representaba una proyección de su poder, reafirmando además la posición de Rusia en el escenario mundial. El sistema que crearon los hombres de Putin era un capitalismo que buscaba acumular efectivo para sobornar y corromper a los funcionarios de Occidente. Los mercados occidentales aceptaron la nueva riqueza proveniente de Rusia y prestaron poca atención a las fuerzas mafiosas de la KGB que había detrás. El KGB había forjado una alianza con la mafia rusa desde hacía mucho tiempo, antes del colapso soviético, cuando miles de millones de dólares en metales preciosos, petróleo y otras mercancías fueron transferidos del estado ruso a empresas vinculadas al KGB. Durante un tiempo, bajo la presidencia de Yeltsin, las fuerzas del KGB permanecieron en un segundo plano. Pero cuando Putin subió al poder, la alianza entre el KGB y el crimen organizado salió a la superficie sin reparos. Los hombres que ayudaron a llevar a Putin al poder, como Pugachev y Yumashev, al ver la precaria salud de Yeltsin, intentaron asegurar el futuro del país y su propia seguridad, ante una posible amenaza comunista. Pero Putin y los miembros del KGB que trajeron al poder no se detendrían ante nada para prolongar su poder.

Más allá de los montes Urales se encuentra la vasta llanura de la cuenca petrolífera de Siberia occidental. Desde que los geólogos soviéticos descubrieron allí enormes reservas de petróleo y gas en la década de 1960, la región ayudó a convertir a la Unión Soviética, por un tiempo, en una potencia económica como el mayor productor de petróleo y gas del mundo. Las exportaciones de petróleo fueron vigiladas celosamente por la KGB. Las ganancias que obtuvo el exportador de petróleo del monopolio estatal soviético, Soyuzneftexport, ayudaron a llenar las arcas con divisas fuertes. Cuando la Unión Soviética se derrumbó, la industria petrolera se dividió inicialmente en cuatro empresas de producción: Lukoil, Yukos, Surgutneftegaz y Rosneft. Hubo un colapso generalizado en la producción, ya que los campos petrolíferos del oeste de Siberia se habían agotado por décadas de mala gestión soviética. Pero, escondidos en la sombra, a inicios de la década de 1990 miembros de la inteligencia exterior de la KGB mantuvieron el control de la mayor parte de las exportaciones de petróleo. Los fondos que se generaron se desviaron frecuentemente en forma de dinero negro para la KGB y el Kremlin, lo que les permitió financiar campañas electorales y asegurarse de que los votos parlamentarios fueran a favor del Kremlin. Cuando los sectores más estratégicos y lucrativos de la industria soviética fueron vendidos a mediados de la década de 1990 en las subastas de préstamos por acciones, muchas de estas empresas pasaron a manos privadas. La petrolera Yukos y Sibneft, un productor de petróleo de Siberia occidental, fueron vendidos a precios de saldo a jóvenes banqueros cercanos al entonces gobierno de Yeltsin, como Khodorkovsky y la sociedad de Berezovsky y Abramovich. El acceso al capital que los jóvenes magnates obtuvieron a través de la gestión de las cuentas de tesorería del gobierno ruso por parte de sus bancos les ayudó a proporcionarles ventaja para hacerse con los recursos del país. Mientras tanto, los agentes de la KGB no podían acumular tales cantidades. Las consecuencias de ello fueron muy importantes. El petróleo, a pesar de los bajos precios mundiales en aquel momento, aún constituía una gran parte de los ingresos de exportación de Rusia. Los hombres de Khodorkovsky, por ejemplo, establecieron sus propias redes comerciales para la petrolera Yukos tan pronto como se hicieron cargo de la empresa en 1996. Las ganancias se escondieron en cuentas privadas en el extranjero a través del grupo Menatep de Khodorkovsky, lejos del alcance del Estado ruso, al mismo tiempo que Menatep encontró lagunas en las leyes rusas para minimizar el pago de impuestos.

El equilibrio de poder se estaba inclinando claramente hacia los magnates de la órbita de Yeltsin. La privatización de la exportación de petróleo convirtió a personas como Khodorkovsky y Berezovsky en oligarcas en toda regla, capaces de sobornar a los hombres de Yeltsin y conseguir votos a su favor. Según el ex oficial de la KGB, Andrei Pannikov, el, traspaso del comercio del petróleo a la propiedad privada era una amenaza para la integridad del Estado ruso. Para Putin y sus hombres de la KGB, fue un asunto que atrajo su atención inmediata. De hecho los precios mundiales del petróleo comenzaron a subir cuando Putin fue nombrado sucesor de Yeltsin en el verano de 1999. A mediados del 2002 Khodorkovsky era el hombre más rico de Rusia. A pesar de que había eliminado sin piedad a los magnates de los medios, Putin no había dado ninguna señal de que quisiera aumentar la propiedad estatal en ningún otro sector. Pero para los hombres del KGB que habían llegado al poder con Putin, el nuevo estatus de Khodorkovsky como el hombre más rico del país, operando fuera de su control, era intolerable. Habían estado esperando en la sombra desde el colapso soviético, esperando restaurar el poder de Rusia. El ascenso de Putin a la presidencia, a través de sus falsas promesas a la Familia Yeltsin, era el primer paso para conseguirlo. Los hombres del KGB siempre habían visto la industria petrolera del país como fundamental en el poder geopolítico. Por ello consideraban que tomar el control de los recursos petrolíferos de Rusia era básico para asegurar su propia posición en el poder y para restaurar la posición de fuerza de Rusia frente a Occidente. Todo ello incluyendo, por descontado, su propio enriquecimiento. A diferencia de la época comunista, la nueva generación de miembros del KGB se habían declarado a favor del mercado. Pero su objetivo era utilizar el mercado como arma. Querían establecer una forma de capitalismo estatal que impulsara su propio poder y el de Rusia. A diferencia del petróleo, el gas se había conservado casi en su totalidad como un vasto monopolio controlado por el Estado. Gazprom, el gigante estatal del gas, era el activo más estratégico del país. Con las reservas de gas más grandes del planeta, era el productor de gas número uno del mundo y generaba el flujo de ingresos más grande del país. No solo proporcionaba calor y luz a los hogares de Rusia, sino que también suministraba a Europa el 25% de sus necesidades de gas. Su papel como principal proveedor de gran parte de Europa Central y del Este, así como de Ucrania y Bielorrusia, significaba que podía utilizarse como una herramienta de influencia política, mientras que sus vastos fondos y activos financieros eran una gran oportunidad para los hombres de Putin. Bajo Yeltsin, la alta dirección de Gazprom había tomado el control de la empresa.

Pero Putin los reemplazo con sus propios hombres, lanzando una purga radical con respecto a los gerentes de la era de Yeltsin, a los que se acusaba de que habían desviado activos de Gazprom hacia compañías que controlaban. Los hombres que nombró para gestionar Gazprom habían servido en puestos ejecutivos en el puerto marítimo de San Petersburgo, una infraestructura estratégica de la que se habían apoderado los hombres del KGB de Putin, uniendo fuerzas con el grupo del crimen organizado Tambov. Fue el primer indicio de que la alianza con la mafia se haría cargo de activos a escala estatal. Se eligió como director ejecutivo de Gazprom a Alexei Miller, que había sido adjunto de Putin en el Comité de Relaciones Exteriores de la oficina del alcalde de San Petersburgo y también director del puerto marítimo. En San Petersburgo, los antiguos miembros del KGB habían podido controlar las fuerzas del orden de la ciudad para expulsar a los rivales. pero enfrentarse a los oligarcas de Moscú sería mucho más complejo. A pesar de todo el poder que ejercían a través del FSB, el nuevo nombre del KGB, los seguidores de Putin aún no habían consolidado el control sobre todo el sistema y los magnates de Moscú eran figuras bien conocidas en Occidente, que habían creado empresas que cotizaban en los mercados occidentales. Putin comprendió que eran esenciales para acelerar la recuperación económica de Rusia. Los antiguos miembros del KGB, afines a Putin, iniciaron en secreto lo que se conoció como ‘Operación Energía’. Mientras tanto, la Familia de Yeltsin siguió sintiéndose segura sin sospechar de Putin, ya que, para ellos, era un presidente novato, sin experiencia de gobierno. Pero Putin estaba recibiendo clases intensivas de inglés, así como informándose sobre la administración y la historia del estado ruso. Sin embargo, La Familia de Yeltsin todavía creía en la lealtad de Putin y en su obediencia hacia ellos. Asimismo también creían que tenían el control de la mayor parte de la economía rusa durante el primer mandato de Putin. La Familia se sentía tan cómoda que comenzaron a idear planes para privatizar la última gran petrolera estatal que quedaba, Rosneft. Pero los antiguos miembros del KGB de San Petersburgo ya estaban conspirando para mantener a Rosneft fuera de manos privadas. A espaldas de la Familia de Yeltsin habían estado poniendo en marcha un sistema paralelo de gobierno.

Al frente de este proceso estaba Igor Sechin, un leal colega de Putin en la KGB de San Petersburgo, además de Gennady Timchenko, ex agente de la KGB. y estrecho aliado de Putin en San Petersburgo. Timchenko era uno de los operadores más influyentes en el séquito de Putin, pero se mantuvo en la sombra. Una de las primeras tareas de este grupo de antiguos KGB fue asegurarse de que Putin fuera elegido para un segundo mandato como presidente, Para lograrlo, necesitaban reforzar su posición en el poder, pero les preocupaba que la Familia estuviera controlando ciertos sectores de la economía. Por ello los hombres del KGB habían estado elaborando listas de objetivos en el sector petrolero. Entre las primeras de la lista estaba Surgutneftegaz, el productor de petróleo de Siberia occidental dirigido por Vladimir Bogdanov, que ya habían establecido una estrecha relación con los hombres de la KGB de Putin a través de Timchenko. No obstante, los antiguos miembros del KGB se habían fijado en Lukoil, la principal petrolera de Rusia en aquella época. Lukoil había vendido petróleo a través de Urals Trading, el comerciante de petróleo creado por el antiguo oficial de la KGB y socio de Timchenko, Andrei Pannikov, por lo que no pasó mucho tiempo antes de que los hombres de Putin controlaran a Lukoil. Para conseguir el control se abrió una investigación sobre el presunto fraude fiscal de Alekperov, el anterior presidente de Lukoil. Por si no fuese suficiente, el primer vicepresidente de Lukoil, Sergei Kukura, fue secuestrado por hombres vestidos con uniformes de policía y con máscaras. Alekperov había accedido a mantener parte de su participación en nombre de Putin, como una fachada del Kremlin para consolidarse en las industrias más estratégicas de Rusia. Pero aunque Lukoil cedio a la voluntad de los hombres de Putin, una gran parte de la producción de petróleo aún estaba fuera del alcance del Kremlin. Fue un momento decisivo del gobierno de Putin, cambiando la faz de la industria petrolera rusa y desplazando al país definitivamente hacia una forma de capitalismo de Estado en manos de los aliados de Putin. El poder de los hombres de la KGB de Putin se fue consolidando, en un conflicto que acabaría con el empresario más rico de Rusia y subvertiría todo el sistema legal ruso.

De todos los oligarcas de Moscú, Mikhail Khodorkovsky fue el que buscó más activamente integrar su empresa en Occidente. El conflicto que se desarrolló mientras los hombres de Putin intentaban arrebatarle a Jodorkovsky el control de los yacimientos petrolíferos de Siberia occidental de la petrolera Yukos, involucro una lucha de visiones sobre el futuro de Rusia, en que Putin quería conseguir que su país fuese una fuerza independiente contra Occidente. Pero también había un componente personal. Ello sucedió a fines de la década de 1990, cuando Khodorkovsky les quitó a los hombres de Putin uno de los últimos canales para el dinero negro que quedaban y que en la época soviética habían servido al KGB para transferir fondos del Partido Comunista para sus operaciones. La adquisición de VNK por parte de Khodorkovsky fue una de las últimas grandes privatizaciones de la industria petrolera durante la década de 1990, y ello fue la gota que colmó el vaso para los hombres de Putin. La primera vez que Khodorkovsky escuchó que podría estar en peligro fue a mediados de 2002, cuando antiguos miembros del KGB que tenía en su propio servicio de seguridad le advirtieron que el FSB había lanzado una operación para recopilar información comprometedora sobre los gigantes energéticos del país. Pero Khodorkovsky no dio demasiada importancia a dicha información, ya que era aplaudido en Occidente por su transformación, mientras el precio de las acciones de Yukos continuaba aumentando. Estas actividades con Occidente le enemistaron aún más con los hombres de la antigua KGB de Putin. A inicios del 2003, cuando los hombres de Putin comenzaron a intensificar sus planes de venganza, Khodorkovsky vio que estaba en peligro. Cuando los oligarcas de Rusia se reunieron más tarde con Putin alrededor de la gran mesa ovalada del Ekaterinsky Hall del Kremlin, Khodorkovsky decidió plantear la cuestión del aumento gradual de la participación estatal en base a la corrupción estatal mediante una presentación titulada ‘Corrupción en Rusia: un freno para el crecimiento económico‘. Dijo, entre otras cosas, que el nivel de corrupción en el país había alcanzado el 10% del PIB.

Pero esta intervención fue un error de cálculo por parte de Khodorkovsky, ya que había puesto el dedo en la llaga de Putin. A juzgar por la reacción de Putin, Khodorkovsky había tocado un punto sensible. Para Putin, era impensable que Khodorkovsky lo desafiara abiertamente. Le molestaba profundamente la acusación de corrupción cuando, en su opinión, Khodorkovsky había adquirido su fortuna, en particular Yukos, de manera corrupta. Khodorkovsky había abierto la puerta para que el Kremlin atacara su riqueza. A partir de ese momento, fue como si Khodorkovsky estuviera poniendo todas sus fichas sobre la mesa y acelerara la expansión de su imperio, impulsando un acuerdo que fusionaría Yukos con Sibneft de Abramovich, creando el cuarto productor de petróleo más grande del mundo y el segundo más grande en términos de reservas. El acuerdo se anunció en el elegante vestíbulo del hotel de lujo más nuevo de Moscú, el Hyatt, muy cerca de la sede del FSB en Lubyanka. Era como si Khodorkovsky creyera que la fusión le brindaría una mayor protección, ya que estaba uniendo su empresa con la Familia de Yeltsin. Pero algunos analistas creen que Abramovich en realidad le estaba tendiendo una trampa, buscando apoderarse de Yukos a través de la fusión para, de esta manera, poner en jaque a Khodorkovsky. Al principio, Putin pareció estar de acuerdo con las negociaciones ya que, con la ayuda de préstamos de los bancos estatales rusos, Yukos-Sibneft tomaría el control de uno de los gigantes energéticos de Estados Unidos. Sin embargo, Khodorkovsky comenzó a extender sus actividades al campo político. Poco antes de que se anunciara la fusión entre Yukos y Sibneft, dejó en claro sus ambiciones políticas personales y le dijo al mundo que quería dejar el timón de Yukos cuando cumpliera cuarenta y cinco años. Eso sería en 2007, justo antes de las elecciones presidenciales previstas para 2008, con lo que indicaba que se presentaría a las elecciones presidenciales. Khodorkovsky también había estado en conversaciones con líderes parlamentarios sobre la transformación de Rusia en una república parlamentaria, que eliminaría la excesiva concentración de poder en manos del presidente. Como muchos de los magnates de los negocios de Rusia, Khodorkovsky estaba financiando partidos políticos en la Duma. Esto fue alentado inicialmente por Alexander Voloshin, el jefe de gabinete del Kremlin, y su adjunto Vladislav Surkov. Pero crecía la preocupación de que Khodorkovsky estaba llevando la práctica demasiado lejos.

La dependencia de Rusia de los precios mundiales de la energía sin que tuviese su control tenía al ala más liberal del gobierno de Putin buscando salidas. En los años de Yeltsin, el gobierno estaba demasiado ocupado saltando de una crisis a otra para reducir la dependencia de Rusia de los ingresos del petróleo y el gas: necesitaba todas las fuentes de ingresos que pudiera obtener mientras luchaba por recaudar impuestos. Pero ahora que los precios del petróleo estaban subiendo, la facción liberal en el gobierno, encabezada por Alexei Kudrin, el ministro de finanzas que sirvió bajo Sobchak con Putin en San Petersburgo, y German Gref, el ministro de economía, que también trabajó en San Petersburgo como jefe de la propiedad federal, finalmente podrían buscar usar una situación más estable así como unos ingresos crecientes para reestructurar la economía rusa. El gobierno buscaba aumentar los impuestos sobre la industria petrolera mediante la aplicación de mayores impuestos a la exportación. Pero Khodorkovsky se resistía a los impuestos. Cuando sus hombres en el parlamento lograron derrotar uno de los primeros intentos gubernamentales de imponerlo, los liberales del gobierno de Putin. Gref y Kudrin, se lo tomaron como algo personal. Hasta entonces, según un banquero cercano a Kudrin, habían estado tratando de defender a Khodorkovsky del ataque de los antiguos miembros del KGB aliados a Putin. Pero la situación, creían Gref y Kudrin, se estaba volviendo insostenible. Khodorkovsky empeoró aún más las cosas cuando, después de la votación exitosa, comenzó a llamar a los futuros candidatos para el puesto de primer ministro y les dijo que tendrían que acordar su agenda con él. Khodorkovsky había cruzado una línea roja. Unas semanas más tarde se publicó un informe en los medios de comunicación que afirmaba que él era el líder de un grupo ‘peligroso’ de oligarcas pro-occidentales que buscaban socavar el gobierno de Putin. El informe reflejaba la mentalidad de los hombres de Putin. Pronto el mismo Putin también comenzó a dejar en claro sus sentimientos. Mientras Putin se preparaba para salir de Rusia para una visita de estado al Reino Unido, la primera como presidente, donde iba a ser agasajado por el primer ministro Tony Blair y la Reina, dio la primera pista de problemas en el futuro. En una conferencia de prensa anual, criticó a los magnates de los negocios por bloquear las reformas en el parlamento para aumentar la recaudación de impuestos sobre la industria energética. Aunque no mencionó a Khodorkovsky por su nombre, su referencia fue inequívoca. Por primera vez, Putin también se había pronunciado públicamente en contra de la reforma del sistema político para transformar el país en una república parlamentaria.

Orquestados para que pareciera que no tenía nada que ver con Putin, los fiscales rusos estaban dando silenciosamente el primer y fatídico paso en el ataque a Yukos. Arrestaron al jefe de seguridad de la empresa, Alexei Pichugin, y lo acusaron del asesinato de una pareja. Pero el arresto de Pichugin podría haber pasado desapercibido si no hubiera sido por un arresto que se produjo una semana después. Se trataba de Platon Lebedev, la mano derecha de Khodorkovsky desde hacía mucho tiempo. De repente, el mundo de Khodorkovsky estaba en llamas. Las acciones de Yukos se vieron afectadas cuando los fiscales intensificaron sus investigaciones. A fines de julio, cuatro días después de que Khodorkovsky regresara de un viaje a los Estados Unidos para recabar el apoyo de los inversores, los fiscales anunciaron cuatro investigaciones penales separadas por asesinato e intento de asesinato por parte de Pichugin. Khodorkovsky negó con vehemencia cualquier participación de él o cualquiera de sus asociados en asesinatos. Khodorkovsky buscó refugio y protección en los Estados Unidos. Inmediatamente después del arresto de su lugarteniente clave Lebedev, se dirigió directamente a la embajada de los Estados Unidos. Poco después, asistió a una conferencia en Sun Valley, Idaho, donde habló con Bill Gates y Warren Buffet. A su regreso a Moscú declaró en la televisión nacional que cualquier continuación del ataque a su organización conduciría a un aumento en la fuga de capitales de Rusia, lo que arruinaría las inversiones y haría retroceder a Rusia al pasado totalitario, cosa que, de hecho, ya estaba sucediendo. Si Khodorkovsky alguna vez tuvo alguna oportunidad de escapar de la campaña del Kremlin, la gota que colmó el vaso para Putin llegó durante su visita a Estados Unidos. Había sido invitado a la Bolsa de Valores de Nueva York, donde se dirigió a decenas de destacados ejecutivos estadounidenses y les aseguró el compromiso de Rusia con una economía de mercado en la que no se anularían las privatizaciones. Al margen, se había reunido en privado con el director ejecutivo de ExxonMobil, Lee Raymond, que había llevado a Exxon a través de su fusión con Mobil para convertirse en la compañía petrolífera más grande del mundo. Conocido por su estilo agresivo, Lee Raymond no se anduvo con rodeos con Putin, diciéndole que eventualmente quería adquirir el control de Yukos-Sibneft, después de la primera etapa de un acuerdo en el que Exxon compraría una participación minoritaria.

Putin estaba fuera de sí, ya que nunca había imaginado ningún escenario en el que un gigante energético estadounidense pudiera tomar el control de las reservas rusas con Khodorkovsky o con Abramovich. Para Putin, la venta de una participación mayoritaria en Yukos-Sibneft a ExxonMobil estaba absolutamente fuera de discusión, ya que no podría aprobar la venta del control de las reservas estratégicas de Rusia a Estados Unidos. Iba en contra de todo lo que representaba para sus hombres de la KGB en su intento de restaurar el poder imperial de Rusia. Lee Raymond llegó a Moscú solo una semana después, aparentemente con la esperanza de cerrar el trato. Ese día, el Financial Times publicó en primera plana la noticia de que Exxon estaba en conversaciones para adquirir una participación del 40% en Yukos-Sibneft. Pero en lugar de apretones de manos y brindis, Lee Raymond recibió la noticia de que más de cincuenta policías armados con ametralladoras y chalecos antibalas estaban allanando lugares relacionados con Yukos en todo Moscú, incluidas las casas de algunos de los socios más cercanos de Khodorkovsky. Cuando Khodorkovsky recibió una llamada de su esposa de que la policía estaba en la puerta, de su casa, se apresuró a disculparse con Raymond y se fue. La señal del Kremlin no podría haber sido más clara. ExxonMobil nunca iba a conseguir su trato. Cuando Khodorkovsky recibió la llamada de su esposa, él y Raymond asistían a una conferencia organizada por el Foro Económico Mundial, en la que Putin debía dar un discurso de apertura. Pero mientras Khodorkovsky corrió a casa para proteger su casa contra las redadas, todo lo que Lee Raymond pudo hacer fue advertir a la conferencia que Rusia no debería restringir arbitrariamente a ningún inversionista si quería participar en los mercados mundiales. Putin habló elogiosamente del mercado, mientras detrás de escena sus hombres del antiguo KGB hacían todo lo posible para tomar el control. No obstante la situación, Khodorkovsky se negó a dar marcha atrás y anunció al mundo que estaba listo para ir a la cárcel, si eso era lo que se necesitaba para defender a su empresa. Pero en privado había estado buscando desesperadamente una salida, incluso visitando a Pugachev, su viejo rival que entonces aún estaba próximo a los hombres de Putin. Pugachev, después de hacer averiguaciones, le dijo que si quería seguir siendo libre debería abandonar el país. De lo contrario iba a ir a la cárcel. Khodorkovsky creyó que el Kremlin no se atrevería a arrestarlo, y si lo hiciera, Estados Unidos intervendría para defenderlo. Muy ingenuo por su parte.

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Khodorkovsky estaba de gira por Siberia en un viaje de negocios cuando todo se precipitó. Los fiscales lo habían llamado para interrogarlo el día anterior, pero estaba lejos de Moscú. Poco antes del amanecer de la mañana del sábado 25 de octubre de 2003, su jet privado había aterrizado en una pista de aterrizaje en Novosibirsk para repostar cuando un escuadrón de comandos armados del FSB subió a bordo por la fuerza. Khodorkovsky estaba en un compartimiento de primera clase cuando fue arrestado por cargos de fraude a gran escala y evasión de impuestos, y por la noche ya estaba en la cárcel Matrosskaya Tishina de Moscú. Este fue el momento en que el curso político y económico de Rusia se alejó irrevocablemente de una integración global con Occidente y tomó un curso propio que se dirigía irremediablemente a la colisión con Occidente, como ahora estamos viendo con la invasión de Ucrania. Ello convencido a Putin de que no había otra manera de asegurar el resurgimiento del estado ruso y su propia influencia financiera. El arresto de Khodorkovsky conmocionó a toda la comunidad empresarial. Era el hombre más rico del país, el defensor más destacado del mercado, el hombre que estuvo a punto de concretar el negocio del siglo, la venta de su empresa. Si podía ser derribado, podría pasarle a cualquiera de ellos. El día que arrestaron a Khodorkovsky, miembros destacados de la Unión Rusa de Industriales y Empresarios, que se había convertido en el principal órgano representativo oficial de los oligarcas, se reunieron para una reunión de emergencia en el hotel Baltschug de Moscú. Muchos tenían demasiado miedo de hablar directamente con la prensa, pero colectivamente escribieron una carta a Putin condenando el arresto y pidiendo una audiencia con él. Anatoly Chubais, el promotor de las privatizaciones y autor de las reformas liberales de Rusia, en una entrevista televisiva advirtió que el arresto de Khodorkovsky y la falta de claridad sobre si otros líderes empresariales podrían ser los próximos, podría conducir a una división incontrolable en la élite. Lo que había hecho iba en contra de todo lo que Putin había afirmado representar cuando se postuló para la presidencia. Fue un engaño en la creencia de los antiguos miembros del KGB de que todo lo que los nuevos multimillonarios habían ganado se lo debían a ellos. Lo que le sucedió a Khodorkovsky fue una venganza.

Y así, durante los días que siguieron al arresto de Khodorkovsky, el resto de los multimillonarios de Rusia observaron con miedo cómo los fiscales confiscaron su participación en Yukos-Sibneft. Putin les dijo que no habría diálogo sobre el arresto, por lo que el mercado de valores cayó en picado. Era una nueva era en que los nuevos amos del Kremlin estaban listos para repartirse los activos estratégicos del país. Putin, durante su primer mandato, comenzó a limitar la influencia de los oligarcas, para lo cual introdujo medidas querepresentaban un retroceso en las conquistas democráticas después de la desintegración de la URSS. El primer conflicto estalló con Borís Berezovski, un multimillonario ruso de origen judío, que había desempeñado un papel clave en la elección de Putin y en la formación y financiamiento del partido que apoyaba al nuevo líder ruso. El problema era que Berezovski, como oligarca, quería continuar con su enorme influencia política, mientras que Putin opinaba que los oligarcas debían concentrarse en los negocios y no interferir en la política. Para construir su poder absoluto, Putin impulsó una reforma por la cual los gobernadores, presidentes de repúblicas rusas y alcaldes de Moscú y San Petersburgo, así como los presidentes de las distintas asambleas legislativas pasaban a ser designados por el presidente. Berezovksi protestó contra esta reforma y se convirtió en enemigo político de Putin. Posteriormente solicitó y se le concedió asilo político en el Reino Unido, desde donde . anunció públicamente que tenía la misión de derrocar a Putin. El Presidente también justificó la ofensiva estatal desencadenada contra la prensa, especialmente el grupo mediático privado Media Most, presidido por Vladimir Gusinski, que fue arrestado el 13 de junio de 2000, acusado de estafa, pero luego huyó del país. Gusinski además era presidente del Consejo Supremo de los Judíos Rusos y grado 33 de la Masonería de Rito Escocés. Al mismo tiempo iba surgiendo un nuevo grupo de magnates de los negocios, como Guennadi Tímchenko, Vladímir Yakunin, Yuri Kovalchuk, Serguéi Chémezov, todos relacionados con Putin, algunos de ellos provenientes, como Putin, de la antigua KGB. Era evidente que los magnates rusos con ambiciones políticas  que aceptasen las reglas del presidente podían seguir ampliando sus fortunas.

En el año 2007 un tribunal moscovita declaró a Berezovski culpable de desfalco y fue sentenciado a seis años de cárcel. Pero, además, las autoridades rusas también lo acusaron de estar involucrado en los asesinatos de varios líderes críticos del régimen de Putin, entre los cuales están el tránsfuga del Servicio Federal de Seguridad Alexander Litvinenko y la periodista Anna Politkóvskaya, en un intento de desestabilizar al país y desacreditar a Putin. Aunque todo indica que fueron asesinados por orden del propio Putin. Se dictaron contra Berezovski órdenes de arresto en Rusia y Brasil por acusaciones de fraude, desfalco y lavado de dinero. El 23 de marzo Berezovski fue hallado muerto en el cuarto de baño de su domicilio de Londres con signos aparentes de ahorcamiento. Según Katerina Sabirova, su compañera de 23 años, Berezovski decayó mucho anímicamente luego de perder un juicio en Londres contra su ex socio Roman Abramovitch, al que le reclamaba miles de millones de euros. Según ella, Berezovski habló entonces de regresar a Rusia y solicitar el perdón de Putin. Katerina Sabirova, que no estaba en Londres cuando éste murió, excluyó que hubiese podido suicidarse. La detención a principios de 2003 de Platón Lébedev, socio del entonces multimillonario Mijaíl Jodorkovski y segundo mayor accionista de la petrolera Yukos, bajo la sospecha de adquirir ilegalmente una participación en una empresa de fertilizantes de propiedad estatal, Apatit, en 1994, presagiaba la destrucción del imperio de Jodorkovski, quien se negaba a cumplir las normas implantadas por el Kremlin y lo desafiaba financiando a la oposición. El mismo Jodorkovski fue detenido en 2003, encarcelado, juzgado y condenado por delitos económicos a 10 años de prisión. Alexandr Voloshin, jefe de la administración presidencial desde 1999, estaba en contra de la persecución contra Jodorkovski y renunció a su cargo, siendo reemplazado por Dmitri Medvédev, persona de confianza de Putin. El proceso contra Jodorkovski fue visto en Occidente como un ejemplo del uso selectivo de la justicia para acabar con los oponentes del Kremlin. El 8 de febrero de 2008, Putin pronunció un discurso ante el Consejo de Estado titulado “Estrategia de desarrollo de Rusia hasta el año 2020”. En este discurso planteó objetivos ambiciosos de crecimiento económico para los próximo 12 años, condenó la expansión de la OTAN y el plan de EEUU para incluir a Polonia y la República Checa en un escudo de defensa antimisiles y advirtió que “Rusia tiene y tendrá siempre las respuestas a estos nuevos desafíos”. En la invasión a Ucrania podemos ver ejemplos de este discurso de 2008. Premonitoriamente Alexander Litvinenko, antes de morir, afirmó:»Hoy por hoy, la OTAN insiste en la integridad territorial de Ucrania. Putin ha puesto en estado de alerta a sus tropas«.

Cuando Vladimir Putin fue catapultado al poder, le dijo a Boris Yeltsin que no estaba listo para asumir el cargo y se describió a sí mismo ante los miembros de la Familia Yeltsin como un gerente que ejercería solo unos pocos años. Pero ahora, que había ordenado el arresto del hombre más rico de Rusia, no había vuelta atrás, ya que los antiguos miembros del KGB  de San Petersburgo lo presionaron para que se quedara. Ahora que habían degustado el poder, los hombres del KGB no estaban dispuestos a dejarlo. Tras la reelección de Putin en 2004 se liberarían de los acuerdos con la Familia de Yeltsin. Putin ya había eliminado a los magnates de los medios de comunicación Vladimir Gusinsky y Boris Berezovsky. Además habían reducido drásticamente el poder de los gobernadores regionales, centralizándolo en el Kremlin. Estas medidas, dirigidas por Dmitry Kozak, un ex oficial de inteligencia militar y fiscal de San Petersburgo, habían revertido las políticas de Yeltsin, de otorgar gran libertad a los gobernadores regionales. Los liberales y los ex magnates de los medios de comunicación se dieron cuenta del revanchismo del KGB y del control cada vez más autoritario del Kremlin. El arresto de Khodorkovsky y la incautación de su participación en Yukos-Sibneft había hecho temblar la comunidad empresarial. Pero Putin y el Kremlin se beneficiaban del aumento en los precios del petróleo, por lo que la aprobación popular de Putin durante su primer mandato estaba en alrededor del 70%. Ello implicaba que Putin pudiese aspirar a un segundo mandato. En la noche del miércoles 23 de octubre de 2002, unos cuarenta combatientes chechenos armados entraron en el teatro Dubrovka en un suburbio de Moscú, disparando rifles de asalto al aire. El teatro estaba lleno con casi novecientas personas. Los chechenos procedieron a llenar el edificio con explosivos, mientras que algunas de las mujeres secuestradoras, viudas de chechenos muertos por las tropas rusas, parecían tener cinturones de explosivos atados a sus cuerpos. Los combatientes chechenos, encabezados por Movsar Barayev, sobrino de uno de los rebeldes más famosos de Chechenia, exigían el fin de la guerra de Rusia en aquella zona. La pregunta que se plantearon algunos analistas fue de cómo tantos rebeldes, armados con explosivos, habían podido entrar en el teatro?

Los secuestradores habían permitido que algunas personas entraran en el teatro para negociar, incluido el cantante Iosif Kobzon, políticos liberales de la oposición y la periodista Anna Politkovskaya, reconocida por su reportaje sobre la guerra en Chechenia. Aunque lograron la liberación de varios rehenes, los atacantes se negaron a dar marcha atrás en su demanda de poner fin a la guerra de Chechenia. Los servicios de seguridad rusos finalmente actuaron justo antes del amanecer del sábado 26 de octubre. Para evitar que los secuestradores hicieran estallar los explosivos, se liberó un gas en el auditorio a través del sistema de ventilación del teatro. Pero el gas dejó muertos a muchos de los rehenes, mientras que los servicios de emergencia no estaban preparados para ocuparse de los que seguían con vida. Al final del día siguiente, el número de muertos entre los rehenes era de al menos 115. Solo dos habían muerto por disparos, mientras que el resto había muerto por el gas. Lo que sucedió en el Kremlin la noche en que asaltaron el teatro ha estado sujeto al mayor secreto. Según algunos informes el ataque al teatro fue planeado por Nikolai Patrushev, el jefe del FSB, los actuales servicios secretos rusos, para ayudar a consolidar aún más a Putin como presidente. Se dice que Patrushevç le dijo a Putin que los terroristas no estaban armados con bombas reales, y que cuando terminara el asalto serían trasladados a Turquía bajo la protección del FSB, mientras que Putin se presentaría como un héroe. no fuera por un informe de los fiscales de Moscú que apareció un año después del asedio, este relato podría descartarse como parte de las teorías de conspiración. Pero cuando los fiscales finalmente completaron su investigación, descubrieron que las dos bombas colocadas dentro del teatro eran falsas. Lo mismo sucedió con los cinturones explosivos que portaban algunas de las mujeres, así como con otros artefactos explosivos. Luego, en lugar de interrogarlos para llegar al fondo del complot terrorista, los servicios de seguridad rusos los mataron a tiros a todos ellos. También surgieron preguntas sobre algunos de los terroristas involucrados. Su aparente líder, Movsar Barayev, habría sido arrestado por las autoridades apenas dos meses antes. Pero finalmente los informes de los fiscales quedaron enterrados. Además, el ataque permitió a los hombres de Putin intensificar su acción militar en Chechenia. Muchos chechenos comenzaron a desaparecer de sus hogares en redadas nocturnas y la presión para iniciar conversaciones de paz con el líder checheno Aslan Maskhadov se desvaneció de la noche a la mañana. Las autoridades rusas acusaron a Maskhadov de estar detrás del ataque, pero nunca presentaron ninguna evidencia. El asedio también ofreció al Kremlin la oportunidad de presentar su guerra en Chechenia como una guerra contra el terrorismo.

Gradualmente, la constante reverencia que recibía Putin se le subió a la cabeza, comenzando a creer en sus poderes como nuevo zar, por lo que se animó a tomar decisiones cada vez más duras y autoritarias, incluida la de enfrentarse a Khodorkovsky y sus hombres. Putin siempre había tenido estas tendencias autoritarias, pero en algún momento se intensificó su creencia en sí mismo como un zar de toda Rusia. Si al principio Putin había compartido la maquinaria del Estado con los representantes de la Familia de Yeltsin, una vez arrestado Jodorkovsky, se hizo con el aparato del Estado. Ya hemos dicho que Alexander Voloshin, que se había desempeñado como jefe de gabinete del Kremlin, fue reemplazado por un colega de Putin en San Petersburgo: Dmitry Medvedev, un abogado que había trabajado en asuntos legales para Putin. El mismo día que se anunció el nombramiento de Medvedev, los antiguos miembros del KGB de San Petersburgo pusieron en evidencia sus intenciones, ya que no solo tenían la intención de arrestar a Khodorkovsky, sino también apoderarse de Yukos. Además, el movimiento fue visto como el fin de los oligarcas de la era de Yeltsin, los de la Familia. El mismo día en que se incautaron las acciones de Yukos y se nombró a Medvedev jefe de gabinete del Kremlin, Putin celebró una reunión con los jefes de algunas de las instituciones financieras más grandes del mundo. Putin les dijo a los inversores que la campaña de Yukos de ninguna manera implicaba un ataque contra las empresas privadas. Los hombres de Putin ya estaban construyendo un sistema de comunicación con las finanzas globales, cuyos responsables algún día estarían de rodillas ante los cientos de miles de millones de dólares en activos que Putin controlaba. En las elecciones parlamentarias de 2003 los partidos liberales pro-occidentales, a través de la Unión de Fuerzas de Derecha de Anatoly Chubais y el Yabloko de Grigory Yavlinsky, fueron derrotados. Gracias al fuerte apoyo mediático, el partido pro-Kremlin Rusia Unida, que había sido creado apenas cuatro años antes para llevar a Putin al poder, consiguió una mayoría parlamentaria absoluta. Ahora Putin iba a tener las manos libres para llevar a cabo las políticas que quisiera. En tal situación, la elección de Putin para un segundo mandato como presidente parecía inevitable.

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La tensión había ido en aumento entre Putin y Mikhail Kasyanov, primer ministro y el último reducto de Yeltsin en el poder. El gobierno de Kasyanov había liderado las reformas económicas aparentemente liberales del primer mandato de Putin: la reducción del impuesto sobre la renta y las reformas agrarias para finalmente permitir la privatización de la tierra. Como primer ministro, también encabezó las conversaciones con Lee Raymond de Exxon sobre la posible venta de Yukos-Sibneft a ExxonMobil. Pero en 2003 comenzaron a surgir enfrentamientos frecuentes entre Kasyanov y los hombres del KGB de Putin. Bajo las órdenes de Putin, Gazprom se estaba volviendo mucho más duro con el pago de sus suministros de gas a Bielorrusia y Ucrania, ya que el Kremlin buscaba obligar a las ex repúblicas soviéticas a acatar las reglas. La posición de Kasyanov se estaba volviendo insostenible. Cuando Khodorkovsky fue arrestado un mes después, Kasyanov fue uno de los dos altos funcionarios rusos que se atrevió a hablar en contra de esta decisión. Kasyanov era casi la única voz en el poder que se pronunciaba en contra del acaparamiento del sector energético por parte de Putin y sus hombres. A mediados de febrero, cuando las temperaturas eran de -24 grados, Gazprom dio el primer paso para cortar el suministro de gas a un vecino, en este caso, Bielorrusia, por lo que la tensión entre los Putin y Kasyanov escaló hasta convertirse en una confrontación abierta. Poco después, Kasyanov fue despedido. Faltaban solo dos semanas para las elecciones presidenciales y se esperaba que Putin hiciera cambios en su gabinete. Pero él y sus hombres no dejaban nada al azar. Ahora que estaban consolidando su control sobre el poder, no podían permitirse que si algo le sucediera a Putin, el primer ministro Kasyanov asumiera el gobierno del país. Putin había eliminado el último vestigio de los años de Yeltsin en el poder capaz de desafiarlo. Para reemplazar a Kasyanov, nombró a Mikhail Fradkov, un tecnócrata poco conocido que había trabajado en las sombras del sistema de seguridad. Incluso después de su despido, Kasyanov todavía pensaba que se podía cambiar la situación con Putin. En las elecciones presidenciales Putin ganó con facilidad, con más del 71% de los votos. Los hombres de la KGB de Putin pronto ocuparon todos los puestos más poderosos del gabinete. Se estaban embarcando en un segundo mandato en el poder sin los controles de los jerancas de la era de Yeltsin.

Curiosamente, la única persona que expresó alguna objeción a este segundo mandato de Putin fue su propia esposa, Lyudmilla. Había sido difícil para Lyudmilla adaptarse a las constantes ausencias de Putin, que ahora se extendían cada vez más. Como si se avergonzara de ella, Putin mantuvo la distancia, llevándola con él cada vez menos en visitas oficiales y viajes. De hecho, actualmente Putin vive son su amante, la reconocida gimnasta Alina Kabaeva. Mientras tanto, Pugachev, al que nos hemos referido al inicio del artículo, había estado observando con inquietud el poder creciente de los hombres de la KGB. Pugachev estaba preocupado por los eventos que habían cimentado el poder y control de Putin. Pensó que podría actuar mejor como un freno a las tendencias más autoritarias de Putin y sus hombres si permanecía cerca de ellos. Pero, de hecho, disfrutaba de su estatus tanto como cualquiera de ellos. Estaba surgiendo una nueva ideología para restaurar la grandeza del estado ruso y reforzar los lazos imperiales con las antiguas repúblicas soviéticas, que había sido propuesta por los hombres del KGB. Uno de los primeros actos de Putin como presidente, que eran una clara señal de lo que pretendía, fue restaurar el himno soviético, que era una señal para revivir el pasado imperio soviético. Junto a este guiño al pasado soviético, pareció apoderarse de la élite gobernante un nuevo fervor por la Iglesia Ortodoxa rusa. ¿Tendría ello que ver con la pertenencia de Putin a la francmasonería del Arco Real? Durante su primer encuentro con George W. Bush en 2001, cautivó al presidente estadounidense con la historia de cómo había salvado su cruz del incendio que destruyó su dacha (casa de campo) a mediados de la década de 1990. Parecía extraño que profesara creencias religiosas un oficial de la KGB que había estado sirviendo a un estado que prohibía a la Iglesia Ortodoxa. Pero los hombres de la KGB que llegaron al poder con Putin siguieron su extraño ejemplo. De hecho había una razón para esta extraña conversión religiosa, ya que la Iglesia Ortodoxa proporcionaron un poderoso medio unificador que se remontaba hasta los días del pasado imperialista de Rusia, y pronosticaba que Rusia sería el próximo imperio gobernante de la tierra. Era una forma perfecta para reconstruir una nación a partir de las dificultades. Algunos oligarcas rusos veían que este aumento de las creencias religiosas estaba diseñado para volver a convertir a los rusos en siervos y mantenerlos en la Edad Media, posibilitando que Putin pudiera gobernar con un poder absoluto.

Según Pugachev, quien había sido un devoto creyente ortodoxo, Putin entendía poco de la verdadera fe ortodoxa. Pugachev a menudo se culpaba a sí mismo porque fue él quien presentó a Putin al sacerdote ortodoxo Tikhon Shevkunov, que fue conocido como el confesor de Putin. Pero la alianza, dijo Pugachev, había sido de conveniencia para ambos lados. En una ocasión, cuando Putin y Pugachev asistieron juntos a un servicio del Domingo del Perdón, el último domingo antes de la Cuaresma ortodoxa, Pugachev le dijo a Putin que debería postrarse frente al sacerdote, como era la costumbre, y pedir perdón. Pero Putin respondió: “Soy el presidente de la Federación Rusa. ¿Por qué debo pedir perdón?«. Ello deja clara la opinión que tenía Putin de sí mismo. En los primeros años de su gobierno, cuando se enseñó al nuevo presidente la historia del estado ruso, principalmente se centró en el pasado imperial ortodoxo de Rusia. Los pensadores que influyeron en Putin promovían la filosofía euroasiática como una alternativa al atlantismo de Occidente. Putin se refirió repetidamente a esta filosofía mientras buscaba crear una zona económica común euroasiática que atrajera a Bielorrusia, Ucrania y Kazajstán, para continuar con alianzas con los antiguos estados soviéticos y finalizando con toda Europa. ¿Sigue teniendo estos objetivos tras la invasión a Ucrania?  El objetivo para el régimen de Putin era forjar una identidad que lo fortaleciera, liderando un esfuerzo para construir un puente con el pasado imperial de Rusia. Este camino se basaba en tres pilares: un régimen autocrático, basado en la patria y en la Iglesia. Putin fue muy cuidadoso en unir estos tres pilares, que consideraba era la única manera de mantener el país. Esta filosofía era una copia de ‘Ortodoxia, Autocracia y Nacionalidad’ de Nicolás I, uno de los zares más reaccionarios, conocido por su brutal represión de uno de los primeros levantamientos democráticos de Rusia. Ahora los hombres del KGB de Putin buscaban reciclar esta ideología y justificar su represión contra cualquier oposición. A fines de 2004 se enfrentaron a un desafío al control del Kremlin sobre la ex república soviética de Ucrania, Putin y sus aliados, basándose en el pasado imperial ortodoxo de Rusia, trazó un camino que subvirtió lo que quedaba de democracia de Rusia y buscó unir al país en un enfrentamiento con Occidente, lo que nos da algunas claves para entender la invasión de Ucrania. Las causas de la crisis en Ucrania del 2004 indicaban a los hombres de Putin que Occidente estaba conspirando para alejar a Kiev de Moscú. Pero, al mismo tiempo, no estaban claras las causas de un horrible acto terrorista, que dejó más de trescientos rehenes muertos, y que impulsó al Kremlin de Putin a reforzar aún más su control.

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En efecto, la mañana del 1 de septiembre de 2004, niños de toda Rusia se preparaban para su primer día de clase. Pero en Beslan, un pequeño pueblo en el norte del Cáucaso,  a unos 112 km. de Chechenia, fue perturbada la tradicional ceremonia de inicio de curso. Mientras los niños de Beslan se arremolinaban alrededor de las puertas de la escuela, decenas de terroristas armados llegaron en un camión de la policía rusa y dispararon contra el puñado de policías que custodiaban la escuela. Tomaron la escuela y 1100 rehenes, entre padres, niños y maestros. Varios de los rehenes describieron más tarde cómo los terroristas habían recuperado montones de municiones de debajo de las tablas del suelo de la escuela, que supuestamente alguien debía haber colocado antes. Los terroristas llevaron a los rehenes al gimnasio y colocaron explosivos en todo el edificio de la escuela. Además se colocaron cables trampa alrededor de la escuela para disuadir los intentos de rescate. Para evitar ser eliminados por gas como en el sitio de Dubrovka, los terroristas se pusieron máscaras de gas y rompieron todas las ventanas del gimnasio. Los terroristas exigían nuevamente la retirada inmediata de las tropas rusas de Chechenia, el reconocimiento de la independencia de Chechenia y el fin de las actividades armadas en la república. Pronto comenzaron las negociaciones. Pero solo una hora después de que hablaran, una serie de explosiones resonaron en el gimnasio. Se produjeron disparos cuando las fuerzas especiales rusas comenzaron a lanzar cohetes lanzallamas en la escuela. Aproximadamente a las 14.30 horas, según relatos de testigos presenciales, al menos un tanque ruso avanzó y disparó contra las paredes de la escuela. A medida que se propagaba el fuego, los terroristas ordenaron a muchos de los rehenes que salieran del gimnasio en llamas y se dirigieran a la cafetería, donde los obligaron a ponerse junto a las ventanas como escudos humanos. Muchos de los rehenes, incluidos niños, murieron en el incendio, mientras que otros que intentaron salir corriendo de la escuela recibieron disparos en el fuego cruzado. Solo unas pocas ambulancias asistieron para trasladar a los heridos al hospital, mientras los disparos continuaron durante la noche. En total murieron 330 rehenes, más de la mitad de ellos niños. Hasta el día de hoy hay muchas preguntas sin responder, tales como por qué las fuerzas especiales rusas comenzaron a atacar el edificio con cohetes y disparos y sobre qué provocó la primera explosión en el gimnasio.

Putin accedió con reticencias a una investigación parlamentaria, pero fue dirigida por un aliado cercano a Putin, Alexander Torshin, un senador con vínculos con el FSB, los nuevos servicios secretos rusos. El informe final, que exculpaba a las fuerzas especiales rusas, era completamente inconsistente con los relatos de testigos oculares. Una nueva investigación, dirigida por un experto en armas y explosivos, Yury Savelyev, diputado independiente de la Duma, descubrió que las explosiones iniciales solo podrían haber sido causadas por cohetes disparados desde fuera de la escuela. Su informe concluyó que las fuerzas especiales habían disparado granadas propulsadas por cohetes sin previo aviso, incluso cuando las negociaciones aún estaban en curso. En esencia descubrió que fue la intervención de las fuerzas rusas la que condujo a la cadena de explosiones que causó tantas muertes innecesarias. En lugar de los elogios que Putin había obtenido por la resolución del ataque al teatro de Dubrovka, surgieron preguntas sobre el baño de sangre que estalló cuando las fuerzas rusas asaltaron la escuela, además de cómo los terroristas lograron viajar allí armados hasta los dientes. Los índices de popularidad de Putin se habían desplomado constantemente desde su reelección, por la fatiga por la interminable guerra de Chechenia y por los trágicos hechos de Beslan. Pero la respuesta con la que emergió Putin fue que el ataque había sido organizado por fuerzas fuera de Rusia, que querían socavar la integridad territorial del país y provocar su colapso. Sorprendentemente, en lugar de señalar a los terroristas en Chechenia, afirmó que el ataque era parte de un complot más amplio que venía de Occidente, como también está insinuando en su actual invasión a Ucrania. En una reunión anual con académicos occidentales estableció paralelismos entre el ataque de la escuela de Beslan y el enfrentamiento de la Guerra Fría entre la URSS y Occidente. Aunque las investigaciones posteriores parecían mostrar que la mayoría de las muertes en Beslan habían sido causadas por la propia intervención de las fuerzas rusas, lo que sucedió a continuación fue el comienzo de un cambio radical en la Rusia de Putin, ya que sus hombres del KGB buscaron fortalecer aún más su poder, mediante el mayor cambio constitucional en la historia postsoviética de Rusia, que abolía las elecciones para gobernadores regionales.

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Pero antes de continuar con el gobierno de Putin, veamos la historia de las relaciones entre Ucrania y Rusia, que pueden explicar que hay detrás de las pretensiones de Putin. En una carta que el Príncipe Grigory Potemkin envió a la emperatriz Catalina la Grande, decía:»Imagina que Crimea es tuya y la verruga en tu nariz ya no existe… Este hecho te otorgará una gloria inmortal mayor que la de cualquier soberano ruso. Crimea asegura el dominio del Mar Negro… ¡Rusia necesita el paraíso!». El billete de mil rublos ruso tiene una imagen de Yaroslav el Sabio (978–1054), Gran Príncipe de Kiev, venerado gobernante de la Rus de Kiev, una federación de tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta mediados del XIII, regida por la dinastía rúrika.. Su padre, Vladimir (o Volodymyr en ucraniano), fue bautizado como cristiano ortodoxo en Crimea y aceptó el cristianismo como la religión de la Rus de Kiev. Tanto Rusia como Ucrania reclaman a Yaroslav como su soberano, el primero en darles un código de leyes. ¿Fue la Rus de Kiev el origen del estado ruso, como han argumentado muchos historiadores, o fue la cuna de la nación ucraniana? De hecho, la competencia por la figura de Yaroslav ha sido tan feroz que en 1943, con el avance del ejército soviético, el clero ucraniano retiró sus restos de la catedral de Kiev donde está enterrado y supuestamente los trasladó a Nueva York, para evitar que fueran llevados a Moscú. Tal como ha reiterado recientemente, Vladimir Putin no acepta que Rusia y Ucrania sean dos naciones diferentes. Además, no cree que Ucrania sea realmente un estado separado de Rusia, como le dijo a George W. Bush en 2008. Como resultado de la anexión de Crimea por parte de Rusia y el apoyo a un conflicto en la región de Donbas en el sureste de Ucrania, que ha sido precursor de la actual invasión Rusa, más de diez mil personas han muerto y más de dos millones se han convertido en refugiados, Además, el estado de Ucrania ha estado bajo presión constante, ya que los sucesos de 2014 precipitaron la ruptura del consenso posterior a la Guerra Fría que aceptaba las fronteras de las ex repúblicas soviéticas como las fronteras de los nuevos estados independientes. Pero el Kremlin observa la orientación internacional de Ucrania como una cuestión existencial para Rusia. Opina que si Ucrania se uniera a Occidente, ello representaría una amenaza directa para Rusia. Pero Ucrania, a su vez, ve a Rusia como una amenaza existencial para su soberanía y existencia que, por desgracia, ahora se está confirmando. ¿Por qué Rusia se niega a aceptar el derecho de Ucrania a la autodeterminación desde el colapso de la URSS?

En el caso de Rusia y Ucrania, vemos que las relaciones han cambiado notablemente desde el colapso soviético. Además, la discusión sobre la identidad también está vigente entre los propios ucranianos. La palabra «Rus» se usó por primera vez para describir a los vikingos que poblaron Europa del Este. La palabra “Ucrania” significa “tierra fronteriza”, pero pronto cayó en desuso como término para un territorio específico y no se revivió hasta principios del siglo XIX. Se sabe que Kievan Rus era un país habitado por diferentes tribus, entre ellas los eslavos orientales, cuyo centro estaba en Kiev, y abarcaba parte de lo que hoy es Rusia occidental y Ucrania. Surgió en algún momento a mediados del siglo X y terminó el 7 de diciembre de 1240, cuando los invasores mongoles tomaron Kiev. Después de que los mongoles se retiraron, la actual Ucrania se convirtió en parte de la Mancomunidad Polaco-Lituana y permaneció bajo su dominio hasta 1648. La Mancomunidad era un estado multinacional y su población sufrió oleadas de diferentes migraciones, incluidas las de los cosacos ucranianos. Fue un cosaco, Bohdan Khmelnytsky, el primero que condujo a los ucranianos a la independencia de los polacos, para unir las tierras ucranianas con Rusia. Khmelnytsky organizó una entrada triunfal en Kiev en diciembre de 1648, donde fue aclamado como el nuevo líder de la Rus por liberar a la nación de la esclavitud polaca. Ahora es curioso ver como gran parte de los refugiados ucranianos van a Polonia. En 1654, en la ciudad de Pereiaslav, un grupo de oficiales cosacos y su líder juraron lealtad al nuevo soberano de Ucrania, el zar Aleksei Romanov de Moscovia, el segundo zar de los Romanov. Así terminó aquel primer y breve período de independencia de Ucrania y comenzó la larga y compleja relación con Rusia. El zar, a diferencia del rey polaco, estaba dispuesto a otorgar a los cosacos un estatus privilegiado y reconocer su condición de estado. De ahí la decisión de Khmelnytsky de alinearse con Moscovia. En 1954, la URSS celebró la “reunificación” de Ucrania con Rusia. Entre finales del siglo XVIII y el año 1917, los ucranianos vivían tanto en el imperio ruso como en el austrohúngaro. Esta experiencia histórica es la base de la afirmación de Putin ante Bush de que la mayor parte “fue entregada” a Rusia. También explica por qué algunos ciudadanos ucranianos en el este del país sienten más afinidad con Rusia que con Ucrania.

El Hetmanato fue un Estado ucraniano cosaco localizado en las regiones centrales y noroccidentales de la actual Ucrania que existió entre los años 1648 y 1775. Pero este relativamente breve período de mayor autonomía terminó después de que Pedro el Grande de Rusia derrotara a los suecos en 1709 en la batalla de Poltava, se autoproclamara emperador en 1721 y cambiara el nombre del zarismo de Moscovia por el de Imperio Ruso, marcando así el surgimiento de Rusia como un gran potencia europea. Los ucranianos que vivían bajo el dominio ruso fueron absorbidos gradualmente por el sistema imperial ruso, mientras que los rusos comenzaron a llamar a los ucranianos “pequeños rusos”. En 1768, Catalina la Grande entró en guerra con el Imperio Otomano y, por primera vez, Rusia obtuvo el control de lo que hoy es la región de Donbas en el sureste de Ucrania, el territorio en manos de los rusofonos apoyados por Rusia desde el 2014, y que fue el inicio del reciente conflicto entre Rusia y Ucrania. Catalina la Grande llamó a estas tierras, incluyendo el puerto de Odessa, Novorossiya (Nueva Rusia). También en aquella época Rusia conquistó Crimea por primera vez, ya que la península había estado bajo el dominio otomano y sus habitantes eran principalmente musulmanes tártaros de Crimea. El amante de Catalina la Grande, el príncipe Grigory Potemkin, que administraba estos territorios, convenció a la zarina de que visitara sus nuevas conquistas. En 1787, partió de San Petersburgo en un viaje de seis meses a Sebastopol en Crimea. Catalina la Grande se sintió satisfecha mientras atravesaba las nuevas tierras de Ucrania. Mientras Rusia conquistaba el sureste de Ucrania, la Mancomunidad polaco-lituana comenzó a dividirse y terminó en 1772 con la primera de las tres particiones de Polonia. El desarrollo social y cultural de los ucranianos entre finales del siglo XVIII y la revolución bolchevique fue claramente divergente. Los ucranianos en Ucrania occidental conservaron su idioma y sus costumbres, y comenzaron a desarrollar una conciencia nacional distinta, participando en las revoluciones de 1848 y declarando su autonomía. Las revoluciones de 1848 se refiere e la oleada revolucionaria que acabó con la Europa de la Restauración, en que predominaba el absolutismo en el continente europeo desde el Congreso de Viena de 1814-1815. Durante el siguiente medio siglo esta conciencia nacional ucraniana creció. Pero la mayoría de los rusos no consideraban a los ucranianos como una nacionalidad aparte.

Sin embargo, Vladimir Lenin prometió a los grupos étnicos no rusos que vivían en el imperio que, si llegaba la revolución, lograrían la independencia. En marzo de 1917, después de que derrocasen al zar, los representantes de las organizaciones políticas y culturales ucranianas en Kiev formaron un organismo de coordinación, la Rada Central. La revolución rusa llegó en octubre de 1917 y los ucranianos aplicaron lo que Lenin les había prometido. Tras el golpe bolchevique la Rada Central proclamó la República Popular de Ucrania y en enero de 1918 declaró la independencia de Ucrania. Así comenzó un segundo y breve período de independencia de Ucrania en relación a Rusia durante el caótico período posrevolucionario. Pero el colapso del Imperio austrohúngaro también creó un nuevo estado polaco independiente. A medida que se intensificaba la guerra ruso-polaca, el objetivo a largo plazo de Lenin de la revolución mundial se subordinó al objetivo de lograr una victoria militar sobre los polacos. Pero sin los cereales y el carbón ucranianos está misión sería muy difícil. Por ello, la rica tierra negra de Ucrania y los abundantes suministros de cereales fueron indispensables para la victoria rusa. Sin embargo, en 1920, los polacos derrotaron a los rusos y se apoderaron de las tierras del incipiente estado ucraniano. Según los términos del Tratado de Riga de marzo de 1921, Ucrania se dividió una vez más, esta vez entre Rusia, Rumania, Polonia y Checoslovaquia. Durante los inicios del gobierno de Stalin, la Ucrania soviética experimentó un breve renacimiento cultural, con un mayor uso del idioma ucraniano en las instituciones educativas. Pero a este breve resurgimiento le siguió una década oscura de hambruna y violencia a causa de la colectivización y las purgas. En efecto, cuando Stalin comenzó su campaña de colectivización forzosa del campo soviético, muchos campesinos en toda la URSS quemaron sus cosechas y sacrificaron su ganado como actos de resistencia contra las granjas colectivas. A causa de ello, el régimen soviético sometió a Ucrania a un trato especialmente duro. Entre 1932 y 1934, se impusieron a los campesinos ucranianos unas durísimas cuotas de requisición de cereales. Como consecuencia de esta política cerca de cuatro millones de personas en la República Socialista Soviética de Ucrania perecieron a causa de la hambruna subsiguiente. Los ucranianos se refieren a esta hambruna como el Holodomor, un acto de genocidio premeditado por Stalin para eliminarlos. Vemos que la tragedia actual del pueblo ucraniano a causa de los rusos ya tiene precedentes.

Los ucranianos apenas se habían recuperado de la hambruna y las purgas de Stalin cuando Alemania invadió Polonia, seguido poco después por la invasión por parte de la URSS del este de Polonia en donde había parte de la población ucraniana. En junio de 1941, Hitler canceló su acuerdo con Stalin, comenzando la invasión de la URSS mediante la Operación Barbarroja. Esta invasión se lanzó principalmente a través de Bielorrusia y Ucrania, que para los nazis era un espacio vital, un territorio donde podían migrar los alemanes considerados racialmente puros para construir una nueva sociedad. Esto significaba eliminar a la población eslava local, a quienes consideraban infrahumanos, según las teorías racistas nazis. El Reichskommissar alemán de Ucrania, Erich Koch, fue un gobernante particularmente brutal. El primer acto de Koch fue clausurar las escuelas locales, declarando que: «los niños ucranianos no necesitan escuelas. Lo que tendrán que aprender ya les ha sido enseñado por sus maestros alemanes«. Su brutalidad también quedó ejemplarizada por un comentario en que decía: «Si me encuentro con un ucraniano digno de estar sentado en mi mesa, tengo que dispararle«. Debido a la antipatía que muchos ucranianos sentían hacia el gobierno soviético, algunos de ellos recibieron inicialmente a los invasores nazis como libertadores y colaboraron con ellos. Esto, junto al hecho de que uno de sus líderes nacionalistas, Stepan Bandera, fue un aliado de los nazis, ha alimentado la narrativa actual de Putin sobre los “fascistas ucranianos” que dirigen el gobierno en Kiev, a pesar de que han pasado unos 80 años desde aquellos hechos. No obstante, otros ucranianos se unieron a la resistencia a los nazis. Y cuando el Ejército Rojo intervino para recuperar Kiev en noviembre de 1943, Stepan Bandera y otros ya se habían desmarcado de los nazis. Un acuerdo territorial al final de la Segunda Guerra Mundial permitió la reunificación de Ucrania como República Socialista Soviética de Ucrania. Stalin había logrado obtener el consentimiento del presidente norteamericano Roosevelt para permitir que Ucrania tuviera su propia delegación en las Naciones Unidas, lo que le dio un estatus internacional. Su sucesor, Nikita Jruschov, celebrando la “grande e indisoluble amistad” entre los pueblos ruso y ucraniano, transfirió Crimea de la jurisdicción rusa a la ucraniana, convirtiéndola así en parte de la República Socialista Soviética de Ucrania. De ahí viene el hecho de que, una vez Ucrania fuera del ámbito ruso, Putin ocupase Crimea en el 2014.  Jruschov lo hizo porque estaba involucrado en una lucha por el poder en la URSS y quería mejorar el apoyo de las élites ucranianas.

En los años transcurridos entre el ascenso de Jruschov y la llegada al poder de Gorbachov, los ucranianos estaban bastante integrados en la sociedad soviética, con muchos de ellos sirviendo en las fuerzas armadas soviéticas. Gran parte de la intelectualidad ucraniana fue rusificada. Es remarcable saber que, en aquella época, una cuarta parte del complejo militar-industrial soviético estaba ubicado en el este de Ucrania. El mismo Mikhail Gorbachev encarnó esta realidad ucraniana, con una madre ucraniana y un padre ruso. Pero los acontecimientos pronto cambiaron esta relación casi idílica. En 1986, el grave accidente en la central nuclear de Chernobyl, incluido el encubrimiento inicial de las numerosas muertes y consecuencias radioactivas de ucranianos, movilizó a la opinión pública ucraniana. Entre 1986 y 1991 se organizaron diferentes grupos nacionalistas ucranianos, que exigían una mayor autonomía y, en última instancia, la independencia. Aunque gran parte de los gobernantes ucranianos eran reacios a estas exigencias, se vieron atrapados en un proceso acelerado de colapso del estado soviético en que muchos ucranianos insistieron en la autodeterminación. Cuando a Gorbachov se le preguntó en una conferencia en el Congreso norteamericano algunos años después del colapso soviético cuál había sido su mayor error, Gorbachov dijo: «Subestimé la cuestión de las nacionalidades«. Desde que el imperio zarista comenzó a expandirse, abarcando a más de cien grupos étnicos diferentes, el desafío de sus gobernantes fue mantener un control centralizado sobre este complejo entramado de idiomas, culturas y religiones. Lo que se intentó durante la época zarista fue la rusificación, mediante la imposición de la lengua y la cultura rusas a la población. Esta política movilizó a grupos no rusos para unirse a los bolcheviques en su revolución. Al igual que los líderes soviéticos antes que él, Gorbachov creía que el estado federal soviético, que existía desde 1922, había resuelto la cuestión nacional al otorgar una autonomía cultural limitada a los diferentes grupos étnicos. Ello era especialmente cierto en el caso de Ucrania, vista como la cuna de la historia rusa.

Pero en realidad Ucrania jugó un papel decisivo en el colapso de la URSS. A lo largo de 1990 y 1991, Gorbachov intentó negociar un nuevo tratado que habría mantenido unida a la URSS al otorgar más autonomía a las repúblicas de la unión soviética. Pero justo antes de la votación de un nuevo tratado, un grupo de funcionarios soviéticos de la línea dura dio un golpe de estado contra Gorbachov mientras estaba de vacaciones precisamente en Crimea. Poco después del fracaso del golpe de agosto de 1991, el máximo órgano legislativo de Ucrania, el Soviet Supremo, bajo el liderazgo del jefe del partido Leonid Kravchuk, declaró su independencia, para consternación de Gorbachov. Curiosamente el presidente norteamericano George HW Bush hizo todo lo que pudo para mantener viva a la Unión Soviética, ya que en Estados Unidos estaban muy preocupado por las implicaciones de seguridad a causa de un posible colapso soviético, sobre todo debido al vasto arsenal nuclear de la URSS. En diciembre de 1991, el 90% del pueblo ucraniano votó en un referéndum por la independencia, incluido el 83% en la región de Donetsk y el 54% de la población de Crimea, ahora bajo control ruso. Poco después, Boris Yeltsin se reunió con el líder ucranio Kravchuk y con el líder bielorruso Stanislau Shushkevich en las afueras de Minsk, capital de Bielorrusia. Al final, tras dos días de intensas discusiones, los tres líderes salieron con un documento escrito a mano que ¡nada menos que disolvía la URSS! El nuevo acuerdo sobre el establecimiento de una Comunidad de Estados Independientes (CEI) constaba de catorce artículos. Los tres líderes acordaron reconocer la integridad territorial y las fronteras existentes de cada estado independiente. Así, en dos días, terminaron setenta y cuatro años de gobierno soviético. Andrei Kozyrev, ministro de Relaciones Exteriores de Yeltsin, llamó a George HW Bush para darle la noticia. En cuanto a Gorbachov, estaba furioso y le dijo a Yeltsin: “Lo que has hecho a mis espaldas con el consentimiento del presidente de Estados Unidos es una verdadera vergüenza”. Lo que parece indiscutible es que la negativa del líder ucraniano Kravchuk a firmar un nuevo tratado de la unión soviética llevó a la desaparición de la Unión Soviética. Por esa razón, algunos rusos culpan a Ucrania por precipitar lo que Putin ha llamado “un gran desastre geopolítico del siglo XX”, y que posiblemente explique, aunque no justifique, algunas de las recientes declaraciones y acciones de guerra de Putin.

 

A medida que avanzaba la década de 1990, el divorcio ruso-ucraniano se volvió cada vez más agudo. El principal objetivo de Yeltsin al convocar la reunión que disolvió la URSS había sido expulsar a Gorbachov del Kremlin, pero no había tenido en cuenta las implicaciones de permitir el comienzo de una Ucrania independiente. Un decreto presidencial de septiembre de 1995 establecía los intereses de seguridad de Rusia en la CEI y la necesidad de proteger los derechos de los rusos que vivían en Ucrania, por lo que declaró que “esta región es ante todo una zona de influencia de Rusia”. Casi desde el principio, Rusia decidió reforzar esa decisión mediante las extensas redes financieras, comerciales, personales, políticas y de inteligencia que unían Rusia y Ucrania a fin de socavar la soberanía ucraniana y hacerla dependiente de Moscú. Incluso la Duma rusa declaró en varias ocasiones que Crimea era rusa. En la década de 1990, Ucrania desarrolló un sistema político más pluralista que el de Rusia, pero gobernado por clanes oligárquicos corruptos que no lograron resistir la intromisión rusa. El sector energético era particularmente corrupto, con intermediarios que amasaban fortunas en el transporte de gas ruso a Europa a través de Ucrania. Tres temas dominaron las relaciones entre Rusia y Ucrania durante la década de 1990: las armas nucleares, la Flota del Mar Negro y Crimea. Cuando colapsó la URSS, Ucrania era el tercer estado nuclear más grande del mundo, después de Estados Unidos y Rusia, con un tercio del arsenal nuclear soviético y gran capacidad de diseño y producción. Tenía nada menos que 2.000 ojivas nucleares estratégicas y 2.500 armas nucleares tácticas. Inmediatamente después del colapso soviético, el destino del arsenal nuclear de Ucrania se convirtió en un asunto urgente para los estadounidenses. Estados Unidos quería que Rusia fuera el único estado nuclear en el espacio postsoviético. Eso significaba que Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán, todo ellos con armas nucleares en sus territorios, deberían transferir sus armas nucleares a Rusia, que se supone las destruiría. Al final, Estados Unidos negoció con los cuatro estados para lograr la desnuclearización.

El nuevo gobierno ucraniano, que sospechaba de las intenciones a largo plazo de Yeltsin, pidió a los estadounidenses que le dieran garantías de seguridad similares a las de los miembros de la OTAN, es decir, que Estados Unidos acudiría en ayuda de Ucrania si fuera atacada por otra potencia. Pero los Estados Unidos se dieron cuenta de que eso era inviable y propusieron que Rusia también proporcionase garantías de seguridad a Ucrania. En enero de 1994, Bill Clinton tuvo que forzar tanto a Yeltsin como a Kravchuk para firmar un acuerdo trilateral sobre la disposición de las armas nucleares de Ucrania. El Memorándum de Budapest sobre garantías de seguridad para Ucrania fue firmado por Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Los tres signatarios acordaron “respetar la independencia y la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania, abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania y buscar la acción inmediata del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”. para brindar asistencia a Ucrania, si Ucrania se convertía en víctima de un acto de agresión”. Ucrania había renunciado a sus armas nucleares a cambio de «garantías» de seguridad de Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido. La falsedad de este acuerdo quedó claro en marzo de 2014, cuando ni Estados Unidos ni el Reino Unido acudieron en ayuda de Ucrania después de la incursión militar de Rusia en Crimea y más tarde en la región de Donbass. Ni tampoco en la reciente invasión de Ucrania por parte de Rusia, lo que indica la falsedad de los países al firmar acuerdos, o tal vez, como creo, miedo a la fuerza militar de Rusia, con sus misiles hipersónicos armados con bombas nucleares, en que aventaja a Estados Unidos, y que podrían alcanzar Estados Unidos en solo 10 minutos. Tampoco Naciones Unidas pudo intervenir, debido al veto de Rusia en el Consejo de Seguridad. Por desgracia, la lección aprendida por Ucrania es que renunciar a las armas nucleares hace que un país sea vulnerable a una agresión exterior. Otro tema polémicos entre Rusia y Ucrania fue la Flota del Mar Negro, la antigua joya de la corona naval de Rusia, creada por el príncipe Potemkin y con sede en Sebastopol, Crimea. La flota tenía 350 barcos y 70.000 marineros en el momento del colapso soviético. Rusia quería mantener su presencia naval en Crimea, mientras que Gorbachov, mientras que Ucrania, que tenía una deuda de 3.000 millones de dólares con Rusia, principalmente con la proveedora de gas Gazprom, no estaba en posición de negociar. desafiaron unos a otros levantando y luego bajando las banderas de los demás en sus barcos. Ucrania no tenía los medios para hacerse cargo de la flota y Rusia nunca lo habría permitido. Después de una serie de negociaciones prolongadas, Yeltsin y Kuchma finalmente firmaron un acuerdo en 1997 para que Rusia arrendara las instalaciones en Crimea, principalmente en Sebastopol, para su Flota del Mar Negro hasta 2017.

Relacionada con el tema de la Flota del Mar Negro estaba la disputa sobre Crimea. En el momento de la ruptura soviética, los rusos constituían el 60% de la población de la península y el 70% de la población de Sebastopol, sede de la Flota del Mar Negro. Durante la primera mitad de la década de 1990, los legisladores rusos votaron para reincorporar a Crimea a la Federación Rusa, mientras que los líderes locales de Crimea declararían su independencia de Ucrania. En mayo de 1992, el parlamento ruso declaró ilegal la transferencia de Crimea a Ucrania por parte de Jruschov en 1954, y en Crimea se programó un referéndum de independencia, con la aprobación de Moscú. Finalmente, a Crimea se le otorgó el estatus de república autónoma dentro de Ucrania con importantes poderes de autogobierno. En 1997, Yeltsin y Kuchma firmaron el Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación entre la Federación Rusa y Ucrania, en que ambas partes acordaron trabajar hacia una asociación estratégica. Era la primera visita oficial de Yeltsin a Kiev como presidente ruso, y lanzó un mensaje conciliatorio: “Respetamos y honramos la integridad territorial de Ucrania”. Rusia parecía haber aceptado la independencia de una Ucrania que incluía Crimea. El tratado representó el punto culminante de las relaciones Ucrania-Rusia en la era postsoviética. Pero una vez que Putin llegó al poder, las cosas empezaron a cambiar. Putin viajó a Kiev poco después de convertirse en presidente y elogió la relación con Ucrania al tiempo que señaló deliberadamente la deuda de gas que Ucrania debía a Rusia. Los dos presidentes viajaron a Sebastopol y Putin reconoció la soberanía de Ucrania sobre Sebastopol y Crimea. Parecía ser un comienzo prometedor para las relaciones entre ambos países. Sin embargo, en privado, los gobernantes ucranianos mostraban su desconfianza hacia Putin, que además tenía un siniestro pasado en la KGB. Pero la situación interna de Ucrania bajo el gobierno de Kuchma convenía a Moscú, ya que la reforma económica se había estancado, el capitalismo oligárquico y la corrupción iban en aumento, y en el comercio de gas había un sistema corrupto que unía a los magnates rusos y ucranianos, ya que el 80% de las exportaciones de gas de Rusia a Europa pasaba por Ucrania. El comercio de gas, incluido el gas comprado en Asia Central y luego reexportado a Europa a través de Ucrania, estaba en manos de una empresa intermediaria opaca que era propiedad conjunta de rusos y ucranianos, con la que tanto los rusos como los ucranianos involucrados amasaron grandes fortunas. Las débiles instituciones de Ucrania, junto con una economía tambaleante y un sistema político corrupto lo hicieron vulnerable a la influencia rusa. Además, las redes financieras y de inteligencia del período soviético, que conectaban a ucranianos y rusos, habían sobrevivido al colapso soviético.

Pero el pueblo de Ucrania se sentía cada vez más frustrado con su gobierno. Por ello, en las elecciones presidenciales de 2004 el sucesor elegido por Kuchma fue Viktor Yanukovych, un ex delincuente de la región de Donetsk, en el Donbas, que representaba a la parte pro-rusa de Ucrania. Su principal rival era Viktor Yushchenko, cuyo primer idioma era el ucraniano y que representaba a las fuerzas pro-occidentales de Ucrania. La campaña electoral se convirtió en una disputa entre Rusia y Occidente. Ucrania ocupaba un lugar clave en las prioridades de la política exterior de Putin, y estaba decidido a que ganara Yanukovych, el hombre de Kuchma, que garantizaba una subordinación a Rusia. De hecho, durante una visita de la Secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice a Putin en mayo de 2004, le presentaron a Yanukovych,  indicando así que el líder ruso tenía el poder de elegir al próximo líder ucraniano. El Kremlin también ofreció una serie de concesiones económicas y políticas para convencer al pueblo ucraniano de la importancia de la cooperación con Rusia. El gobierno estadounidense y organizaciones de promoción de la democracia vieron las elecciones de Ucrania una prueba para la transformación política en el espacio postsoviético, mientras que el Kremlin lo entendió como un desafío directo a su influencia en Ucrania. Paul Manafort, director de la campaña de Trump en 2016, quien renunció después de que sus conexiones ucranianas y rusas fueran descubiertas, siendo posteriormente encarcelado, fue contratado por Yanukovych en 2004 para ayudarle en su campaña electoral. El día después de la segunda ronda de elecciones, el 22 de noviembre de 2004, Putin felicitó a Yanukovych por su victoria, antes de que se anunciaran los resultados. Pero todas las encuestas a pié de urna y el conteo paralelo de votos de las ONG apuntaban a la victoria de Yushchenko. Miles de ucranianos comenzaron a congregarse en el centro cubierto de nieve de Kiev, en la Maidan Nezalezhnosti (Plaza de la Independencia), en la llamada Revolución Naranja, exigiendo una repetición de las elecciones. Los manifestantes bloquearon el acceso a los edificios gubernamentales, cerrando efectivamente el gobierno durante semanas. El estancamiento terminó cuando el secretario de Estado de Estados Unidos Colin Powell, anunció: “No podemos aceptar las elecciones de Ucrania como legítimas”, declarando que la victoria era de Yushchenko. Cuatro meses después de su toma de posesión como presidente, Yushchenko visitó Washington, habló ante una sesión conjunta del Congreso norteamericano y recibió una ovación.

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El resultado era que el candidato de Moscú había perdido y el de Washington había ganado, al menos así es como lo vio el Kremlin. Para Putin, Ucrania ahora representaba un desafío para los intereses de la política exterior rusa y para la supervivencia del propio régimen ruso. Ello puede hacernos entender las supuestas razones de Putin para agredir a Ucrania. Las intenciones de Yushchenko de inclinarse hacia Occidente amenazaba los lazos políticos y económicos con Rusia, así como su influencia en Ucrania. Como le dijo Putin al cineasta estadounidense Oliver Stone, después de la Revolución Naranja: “Vimos a Occidente expandiendo su poder político e influencia en esos territorios, que consideramos sensibles e importantes para nosotros para garantizar nuestra seguridad estratégica global”. Parece un anticipo de lo que ha ocurrido posteriormente. La batalla de narrativas históricas entre Rusia y Ucrania resurgió. Yushchenko pasó gran parte de su tiempo viajando a Europa, buscando ayuda de la UE y la OTAN, y prometiendo reformas económicas y legales. Pero, mientras tanto, se mantuvieron muchos de los antiguos lazos entre los oligarcas rusos y ucranianos y el personal del servicio de seguridad. Los ucranianos que se habían manifestado en la plaza Maidan se desilusionaron con el gobierno. A lo largo de este período, Rusia mantuvo una importante influencia sobre Ucrania a través del comercio de gas. Como dijo Putin en 2005, si Ucrania quería unirse a Occidente, ¿por qué Rusia debería subsidiar su energía? A medida que se acercaba el 31 de diciembre de 2005, fecha límite para acordar un nuevo precio, los ucranianos rechazaron la última oferta de Gazprom. El 1 de enero de 2006, Gazprom cerró el grifo del gas a Ucrania sin informar a sus clientes en Europa, dejando a muchos sin calefacción a temperaturas bajo cero. Pero Ucrania desvió los suministros destinados a Europa, y los europeos culparon a Rusia por su escasez. Sin embargo, la influencia energética de Rusia sobre Ucrania siguió limitando la libertad de maniobra de Kiev durante la presidencia de Yushchenko.

En enero de 2010 Ucrania acudió a las urnas en unas elecciones presidenciales vistas como un referéndum sobre la Revolución Naranja. Tymoshenko y Yanukovych, el candidato de Putin, fueron los principales contendientes, y Yanukovich salió victorioso. El Kremlin acogió con satisfacción la elección de Yanukovych, sobre todo porque dijo que su primera prioridad era mejorar los lazos con Rusia y que Ucrania no buscaría ser miembro de la OTAN. Durante sus primeros meses en el cargo, revirtió las políticas de la era Yushchenko que enojaron a Moscú. Desde el punto de vista de Putin, Rusia ahora tenía la oportunidad de reafirmar su influencia sobre Ucrania. Pero Yanukovych, para disgusto del Kremlim, también siguió buscando lazos más estrechos con la Unión Europea, algo que los oligarcas del este de Ucrania favorecían porque querían un mejor acceso a los mercados europeos para sus metales y equipos industriales. Después de que Yanukovych se convirtiese en presidente, comenzó las negociaciones con la UE para un Acuerdo de Asociación y un Acuerdo de Libre Comercio. Los burócratas de la UE que llevaron a cabo estas negociaciones se centraron en los detalles técnicos, sin entender el impacto geopolítico, prestando poca atención a cómo podría reaccionar Moscú. A medida que las negociaciones se acercaban a su conclusión en 2013, el Kremlin comenzó a concentrarse en el contenido de los acuerdos de la UE. Un punto crítico llegó cuando se dieron cuenta de que tenían mucho más alcance del que Rusia había creído originalmente. Si Ucrania los firmaba, no podría unirse a la Unión Económica Euroasiática y su relación económica con Rusia se vería interrumpida. Por otro lado, las economías de Rusia y Ucrania, especialmente con el este de Ucrania, son bastante interdependientes. Una vez que el Kremlin comprendió todas las implicaciones del acuerdo de Ucrania con la UE, se puso en acción. El 21 de noviembre de 2013, Ucrania anunció que había suspendido sus conversaciones con la UE. Poco después, se anunció que Moscú prestaría a Ucrania 15 mil millones de dólares para rescatar su economía tambaleante. El Kremlin respiró, ya que había impedido que Ucrania se acercase a la UE. Pero Putin no había contado con la gente ucraniana, que casi una década antes se había movilizado para derrocar a Yanukovych. Desde su elección en 2010, su administración se había vuelto cada vez más corrupta. Para ellos, firmar un acuerdo con la UE significaba comprometerse con una Ucrania más democrática y menos corrupta. Entonces, una vez más llenaron la plaza central de Kiev en señal de protesta. Durante los siguientes tres meses, el número de manifestantes en la plaza Maidan aumentó a 800.000, exigiendo que Yanukovich cambiase de rumbo. A medida que las manifestaciones continuaban, la respuesta del gobierno se volvió más violenta. El secretario de Estado de Estados Unidos., John Kerry, expresó su disgusto con la decisión de las autoridades ucranianas de enfrentarse violentamente a la protesta pacífica en la plaza Maidan de Kiev. Las cosas llegaron a un punto crítico entre el 18 y el 20 de febrero. 2014, cuando las fuerzas especiales ucranianas lanzaron un ataque contra los manifestantes en la plaza Maidan, matando a cien personas e hiriendo a cientos más.

El 21 de febrero de 2014, Yanukovych y los líderes de tres partidos de oposición acordaron que las elecciones presidenciales se adelantarían a diciembre de 2014, que se emprendería una reforma constitucional y que habría una investigación independiente sobre la matanza en Maidan. Pero Yanukovych había huido de Kiev durante la noche, y finalmente apareció en Rostov, en el sur de Rusia. Poco después, los políticos de la oposición anunciaron la formación de un nuevo gobierno y fijaron nuevas elecciones presidenciales para mayo. En lo que fue considerado un gesto de provocación poco inteligente, también votaron para privar al idioma ruso de su estatus oficial, aunque luego revertieron esa imprudente decisión. Putin estaba convencido de que Estados Unidos y sus aliados eran los responsables del derrocamiento de Yanukovych. Dado que Putin ya estaba convencido de que Washington buscaba un cambio de régimen en el espacio postsoviético, vio el derrocamiento de Yanukovych como una amenaza directa a los intereses rusos. Unos días después de la huida de Yanukovych, y justo después de que terminaran los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, el presidente Putin ordenó ejercicios militares sorpresa de las fuerzas terrestres y aéreas en las proximidades de Ucrania, que se parece mucho a lo ocurrido ahora con la invasión a Ucrania. De repente, tropas sin insignias y con indumentaria de color verde, evidentemente tropas rusas, comenzaron a entrar en Crimea. La decisión de invadir fue tomada por Putin en consulta con solo cuatro asesores. Con el supuesto objetivo de proteger a los rusos en Crimea de la opresión de la “junta fascista ilegal” en Kiev, milicianos no identificados tomaron los edificios municipales de Sebastopol, izaron la bandera rusa y luego procedieron a repetir estos movimientos en toda Crimea, intimidando a las fuerzas navales ucranianas en Sebastopol. Las fuerzas ucranianas en Crimea, siguiendo el consejo de Estados Unidos, no desafiaron a los rusos. El ejército ruso pronto controló toda la península. Después de eso, Crimea llevó a cabo un referéndum en el que el 96% de la población que acudió a las urnas votó a favor de unirse a Rusia. 18 de marzo, Putin entró en el Kremlin y anunció, entre estruendosos aplausos, la reunificación de Crimea con Rusia, proclamando: “En los corazones y las mentes de las personas, Crimea siempre ha sido una parte inseparable de Rusia”. Un año más tarde, en la Conferencia de Seguridad anual en Munich, Sergei Lavrov afirmó que la reunificación de Crimea con Rusia a través de un referéndum era más legítima que la reunificación alemana.

Ahora Putin se sentía suficientemente fuerte como para movilizar grupos separatistas en la región de Donbas, aprovechando que estaban resentidos con Kiev y favorecían lazos más estrechos con Rusia. Tan pronto como se anexó Crimea, aparecieron nuevos grupos de hombres vestidos de verde en el sureste de Ucrania, particularmente en Donetsk y Lugansk, y repitieron el escenario de Crimea, tomando los edificios municipales. En realidad eran insurgentes armados por Moscú y dirigidos por señores de la guerra rusos y ucranianos, con el objetivo de arrebatar el sureste de Ucrania del dominio de Kiev y unirlo a Rusia. Sin embargo, a diferencia de Crimea, el ejército ucraniano sí se defendió. En mayo de 2014, en medio de lo que ahora era una guerra en toda regla en el sureste de Ucrania, Petro Poroshenko, un magnate de la confitería, fue elegido presidente de Ucrania. Uno de sus primeros actos fue ir a Bruselas y firmar el Acuerdo de Asociación con la UE. El 17 de julio, un vuelo de Malaysia Airlines despegó del aeropuerto Schiphol de Ámsterdam con destino a Kuala Lumpur, en Malasia, pero fue derribado sobre la zona de guerra en el sureste de Ucrania. Todos los que estaban a bordo perecieron. A pesar de las evidencias, Rusia negó enérgicamente que tuviera algo que ver con la tragedia y culpó al ejército ucraniano. Varias investigaciones sobre la causa del accidente se han visto obstaculizadas por la falta de cooperación rusa. Como en tantos otros temas relacionados con la crisis de Ucrania, el Kremlin continuaba negando cualquier participación. Cuando en agosto de 2014 los ucranianos parecían estar a punto de recuperar el control del Donbas, unidades regulares del ejército ruso cruzaron la frontera, atacaron a las fuerzas ucranianas y recuperaron el territorio separatista. En septiembre del mismo año, Alemania, Francia, Rusia y Ucrania firmaron un acuerdo de alto el fuego en Minsk, pero en diciembre se reanudaron los intensos combates. Otro alto el fuego, Minsk II, se firmó en febrero de 2015. Pero pocos días después de su firma, las fuerzas rusas y separatistas lanzaron un gran asalto en un lugar clave de Ucrania, entre Donetsk y Luhansk, y lo capturaron. El acuerdo de Minsk II se aplica solo a la guerra en el Donbas, pero no menciona Crimea. Muchos observadores temen que la situación en el Donbas ya se haya convertido en un conflicto permanente similar a los de Georgia y Moldavia, donde Rusia apoya a los separatistas, lo que imposibilita que los gobiernos tengan el control total de su territorio. Algunos ucranianos y sus partidarios en América del Norte han comenzado a cuestionar si realmente le conviene a Kiev tratar de recuperar el control sobre un Donbas empobrecido. Tras la anexión de Crimea, Estados Unidos impuso sanciones a personas cercanas a Putin. Pero las sanciones financieras más graves se produjeron después del accidente del avión MH-17. Las sanciones, impuestas por Estados Unidos y Europa, restringieron drásticamente el acceso de los bancos estatales rusos a los mercados de capital occidentales, una fuente importante de préstamos extranjeros. El sector energético de Rusia también fue objeto de sanciones, en que se prohibió el acceso a ciertas tecnologías energéticas y la participación en el desarrollo de esquisto bituminoso en el Ártico en aguas profundas, lo que puso fin a la colaboración de la petrolera rusa Rosneft en el Ártico con Exxon- Mobil. ¿Os suena a lo que está sucediendo ahora?

En represalia, Rusia impuso sanciones a las importaciones agrícolas europeas. En la cumbre del G-20 de 2014, en Brisbane, Australia, Putin soportó críticas de los líderes occidentales sobre Ucrania y abandonó la cumbre antes de tiempo. Sin embargo, era imposible aislarlo, dada la relación de Rusia con China y otros países. Putin, que tiene mucha paciencia, creía que podía superar esta crisis, sabiendo que, al final, Occidente tendría que negociar con él. La reunión del G-20 de Hamburgo de 2017 le dio la razón, ya que fue el centro de atención, y mantuvo una reunión de dos horas y media con el presidente Trump. Ucrania representa un nuevo tipo de guerra que combina la guerra cibernética, una poderosa campaña de desinformación y el uso de fuerzas especiales altamente capacitadas. Ucrania y Occidente entienden que Rusia estaba fingiendo, como ahora se ha demostrado, ya que hay decenas de miles de tropas rusas en el Donbas, pero el constante bombardeo de noticias de la televisión rusa estatal cuenta otra historia, no solo para la propia población de Rusia sino para todo el mundo. Hay pocas señales de que Rusia esté interesada en resolver la crisis de Ucrania, ya que el Kremlin quiere una Ucrania débil y dividida. Aunque a Putin le hubiese gustado que se levantaran las sanciones, aparentemente no estaba dispuesto a moderar la política rusa hacia Ucrania, como hemos visto con la reciente dramática invasión de Ucrania. Putin declaró que Rusia podría retirarse a su lado de la frontera si tanto a las Repúblicas Populares de Donetsk como a las de Luhansk se les otorgase una amplia autonomía, incluida la influencia sobre las decisiones de política exterior tomadas en Kiev. Moscú culpa a Kiev por no implementar Minsk II, y Kiev culpa a Moscú. Mientras tanto, todas las partes se dan cuenta de que el problema de Crimea no se resolverá durante mucho tiempo, si es que se resuelve. cosa que parece alejarse más tras la reciente invasión de Ucrania. Rusia también indicó que una condición previa para que Ucrania recuperase la soberanía sobre su territorio sería la promesa de no buscar pertenecer a la OTAN. Sin embargo, el anterior presidente de Ucrania, Poroshenko, en julio de 2017 comprometió a Ucrania a buscar la pertenencia a la OTAN para 2020. Pero no está nada claro que la OTAN quiera a Ucrania como miembro, para evitar una confrontación directa con Rusia, que podría derivar en una terrible guerra nuclear.

Pero el hecho de que Estados Unidos, Rusia, la OTAN y la UE acuerden mantener a Ucrania neutral resucita los fantasmas de la división de Europa en esferas de influencia de las grandes potencias, con soberanía limitada para los países que se encuentran en la vecindad entre la UE y Rusia. Pero no hay garantía de que dicha neutralidad frene las ansias de la Rusia de Putin por aumentar su influencia en el espacio postsoviético y continuar socavando la capacidad de Ucrania para funcionar como un estado independiente. De hecho, Ucrania es una cuestión existencial para Rusia, como Rusia lo es para Ucrania. Ambos están condenados a entenderse, quieran o no. Estados Unidos y sus aliados continuarán apoyando la independencia, la integridad territorial y el desarrollo político y económico de Ucrania, pero es obvio que se abstendrán de tomar medidas que impliquen cualquier conflicto militar con Rusia. A pesar de las tensiones en las relaciones de Rusia con Occidente que han aumentado desde 2014, Putin sabe que hay un límite en cuanto a qué tan lejos llegará Occidente para contrarrestar las acciones rusas, como se está demostrando en la actual invasión de Ucrania. No parece vislumbrarse en el horizonte una solución a corto plazo para la crisis de Ucrania y ahora aún menos. Pero la identidad nacional ucraniana se ha vuelto más unificada en reacción a la invasión y ocupación rusa de su país. Occidente puede estar lidiando con un conflicto a largo plazo.

Volviendo a los asuntos internos de Rusia, Ahora los gobernadores regionales, en lugar de ser elegidos, serían designados por el Kremlin y confirmados por los parlamentos regionales. Putin opinaba que esta medida fortalecería el sistema contra las amenazas externas. De todos modos, algunos comentaristas políticos independientes como Nikolai Petrov y miembros independientes de la Duma, advirtieron que se trataba de un regreso a las prácticas soviéticas, equivalente a un regreso a un sistema de partido único en el que el Kremlin era el gobernante supremo. Se trató de una completa revocación de una de las libertades más importantes obtenidas en los años de Yeltsin. Pero el Kremlin argumentó que estaba eliminando el anterior sistema que corrupto, ya que había permitido que las elecciones para gobernadores regionales fueran compradas por aquellos que tenían más dinero. Pero, en realidad, los hombres de Putin estaban construyendo su propia fortaleza de poder en Rusia, presentando al país como permanentemente asediado por una amenaza externa, muy propio de los antiguos miembros del KGB. De todas las ex repúblicas soviéticas, Moscú siempre había sentido con más intensidad la pérdida de Ucrania tras el colapso soviético, ya que Ucrania era la tercera ex república soviética más grande, después de la propia Rusia y Kazajistán. Casi el 30% de su población hablaba ruso como lengua materna, y su economía había estado estrechamente vinculada a la de Rusia desde la época soviética. La URSS había invertido mucho en la industrialización de Ucrania, que alguna vez fue una región básicamente agrícola, transformándola en un importante fabricante de armamento, vital para abastecer a Rusia. Sus plantas de acero se habían unido a las de Rusia en la economía planificada soviética, mientras que las fábricas ucranianas seguían siendo proveedores de materias primas para la industria del aluminio de Rusia. Además, el 85% de las exportaciones de gas ruso a Europa se enviaron a través de la red de gasoductos de Ucrania, mientras que la península de Crimea, en Ucrania, al borde del Mar Negro aún albergaba una base naval rusa de importancia estratégica. Mientras Putin estaba buscando un renacimiento imperial ruso, lo último que necesitaba era que Ucrania se volviera hacia Occidente. En juego estaban los planes del Kremlin para el la resurrección del imperio ruso, el llamado Espacio Económico Común entre Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán. En Yalta, Stalin, Roosevelt y Churchill habían dividido Europa en esferas de influencia entre Oriente y Occidente hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Ahora Putin estaba reclamando una esfera de influencia rusa sobre su exterior próximo.

Cuando Putin pronunció uno de sus discursos anuales, cito a Ivan Ilyin, el filósofo religioso que huyó de la revolución bolchevique, y a Sergei Witte, el reformador primer ministro del último zar de Rusia, Putin dijo que Rusia estaba siguiendo un camino único, su propio destino, por lo que su forma de democracia no seguiría los modelos de Occidente. El colapso de la Unión Soviética había sido la mayor tragedia del siglo XX. Antes de eso, los discursos sobre el estado de la nación de Putin se habían centrado casi por completo en la economía y en una mayor integración del país en la economía global y en Europa. Pero el discurso de aquel año tuvo un giro diferente. Putin estaba delimitando la esfera de influencia de Rusia en las antiguas repúblicas soviéticas. Estaba construyendo un puente hacia su pasado imperial. En una declaración escrita que dejó antes de morir, el antiguo espía ruso Alexander Litvinenko, acusó al presidente de Rusia, Vladimir Putin, de estar detrás de su muerte por envenenamiento mediante plutonio, y le calificó de brutal y despiadado. Este comportamiento brutal y despiadado lo estamos viendo en la invasión a Ucrania, en que se está cebando en la población civil. Frente al University College Hospital, de Londres, donde Litvinenko murió, su amigo Alex Goldfarb leyó la nota que el ex agente dejó escrita. “Usted puede tener éxito en silenciar a un hombre, pero los alaridos de protestas de todas partes del mundo van a resonar, Señor Putin, en sus oídos el resto de su vida. Que Dios le perdone por lo que ha hecho, no sólo a mí, sino a la querida Rusia y a su pueblo”. Oleg Gordievsky, antiguo Coronel del KGB, que desertó a Occidente, escribió en The Washington Post: “Sin embargo, estos nuevos agentes del FSB tienen un estilo diferente. Durante la época comunista se mataba, sí, pero había reglas. Los actuales miembros del servicio secreto son como bandidos, no tienen ningún código de respeto y casi no se diferencian de la mafia. Además, hay tantos asesinatos por encargo que es imposible decir cuál es un trabajo del FSB y cuál no”. Vladimir Putin, cuando ocupaba el cargo de Primer Ministro, antes de ocupar la Presidencia, en un mensaje de Navidad televisado, el 7 de Enero de 2008, dijo: “La Iglesia Rusa Ortodoxa contribuye a la promoción de los valores morales en nuestra sociedad. No deberíamos dibujar una línea separadora entre cultura y la iglesia. Por supuesto, la iglesia está separada por ley del estado en nuestro país. Pero en el alma y la historia de nuestra gente están unidas, siempre lo han estado y siempre lo estarán”. Ahora vemos que los valores morales que pregonaba eran totalmente falsos.

Según Daniel Estulin, nacido en la antigua URSS, autor de varios libros, como La verdadera historia del Club Bilderberg y El Instituto Tavistock, entre otros, el principal dolor de cabeza de los miembros del Club Bilderberg es Putin. Al Club Bilderberg, que no es precisamente un modelo de democracia ni de respeto a los derechos humanos, les preocupó especialmente el discurso que pronunció Putin en 2007, en que sorprendió a Occidente al criticar la agenda imperial de George W. Bush: “a través de un sistema que no tiene nada que ver con la democracia y que supondría la extralimitación de sus fronteras nacionales en casi todos los ámbitos”. Ello tal vez ya fue un aviso ante el avance en las fronteras de la OTAN. La principal fortaleza de Rusia son sus reservas de energía, diversos minerales y los cereales, pero en el Club Bilderberg estaban especialmente preocupados por el gasoducto South Stream, un megaproyecto de Gazprom, que podría convertirse en una gran victoria rusa. Cambiando de tema. Según diversos informes Putin ha enviado a su familia a un búnker subterráneo y secreto ubicado en Siberia. Más concretamente en el distrito de Ongudaysky, en la montañosa República de Altái, limitando con Mongolia, China y Kazajistán. «El fin de semana, la familia del presidente Putin fue evacuada a un búnker especial preparado en caso de guerra nuclear. De hecho, no es un búnker, sino toda una ciudad subterránea«, declaró Valery Solovey, politólogo y exjefe del Departamento de Relaciones Públicas del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú.. Se trataría de un búnker bastante lujoso que cuenta con la más alta tecnología y está preparado para afrontar una guerra nuclear. El profesor Solovey aseguró que Gazprom, la mayor compañía de gas de Rusia, fue la encargada de construir este búnker hace ya diez años. Asimismo, muchos analistas se preguntan dónde está Putin actualmente. Normalmente el Kremlin es el lugar donde pasa más tiempo y donde realiza sus actos oficiales. Pero Putin no vive en el Kremlin. Por el contrario, se sabe que Putin tiene hasta un total de ocho hogares oficiales. Pero una teoría que se ha barajado es la de que Vladimir Putin se haya  trasladado con su familia a un búnker subterráneo en Siberia en el que se puede sobrevivir a una guerra nuclear. Si esta información es cierta, ¿por qué se refugiarían en un bunker antinuclear? ¿Será esto una señal de que Putin estaría dispuesto a utilizar su armamento nuclear? Esperemos que no.

Fuentes:

  • Agustin V. Startari – Ucrania y Rusia: Un conflicto en progreso
  • Ana Lázaro Bosch – Ucrania, entre Rusia y Occidente – Crónica de un conflicto
  • Catherine Belton – Putin’s People – How the KGB took back Russia and then took on the West
  • Mark Galeotti – We need to talk about Putin – why the west gets him wrong, and how to get him right
  • Arkady Ostrovsky – The Invention of Russia – The Rise of Putin and the Age of Fake News
  • Angela Stent – Putin’s World – Russia against the West and with the rest

marzo 11, 2022 – Posted by  | Temas Generales

1 comentario »

  1. Esta relación de batallitas y comentarios al estilo pontifical empieza con un imposible, dice: ‘conocerse la psicología de Putin’, aunque cosas como el test de Rorschach darían suficiente información como para que alguien tome decisiones inducidas, pensando que lo hace libremente, esa conclusión es excesiva. El apellido Pugachev tiene su historia, fue un rebelde contra el zarismo, como deferencia le ejecutaron de una forma poco ignominiosa, y es el de un piloto de MiG que ponía su reactor quieto en el aire, al estilo de una cobra.
    Para sacar a relucir el palabro ‘capitalismo’ en el sistema más o menos ex soviético, no se debe olvidar que Lenin propugnaba abiertamente el capitalismo del estado, del partido, y de combinar el carácter americano y el ruso. Remito a don Julio Caro Baroja ‘El mito del carácter nacional’. Si en la URSS hubo un capitalismo saduceo, lo más cercano al ateísmo que se podía ser en el Israel bíblico sin morir apedreado, prescindir del comentario del presidente Mao: ‘El capitalismo es un tigre de papel’, y del desarrollo histórico del capitalismo fariseo occidental, para dar salida a los excedentes de dinero de la usura, monopolio tribal desde la muerte de los templarios en 1307, es comparar churras y merinas. Putin ha hecho el harakiri político del sistema neo-comunista, Zelenski, o como se llame el hebreo que preside Ukrania, lleva a sus seguidores a la muerte. El ejército ruso, soviético de mente y de materiales bélicos, que influiría mucho en Putin, mira su operatividad, de momento, bajo cero, pero enseña los dientes, y los petardos, para irse reorganizando. China es el principal beneficiado, monta una simbiosis con los rusos, coloca sus productos tecnológicos, y se asegura combustibles y espacio vital. Jugada maestra. Pese a que no hay muchas justificaciones para que marinas como la rusa y la yanki circulen por el Mediterráneo, Sión se pudo vengar de que Trump alejarse de sus costas un portaaviones acusándole del asalto al Congreso, y Biden discursea como la izquierda europea marxistoide, no se puede tocar Sebastopol, aunque vaya a quedar anegado por la fusión de hielos del calentamiento global, tema en el que Putin sería un converso reciente, como Japón no debió atacar Pearl Harbor. Queda mucho por hacer en Rusia contra el cambio climático, que se dejen de batallitas, y los sistemas de dictadura perfecta occidentales admitan que los ataques a propiedades de rusos, por el mero hecho de serlo, con la excusa del ataque de Putin a Ukrania, son una repetición de las incautaciones de propiedades de la aristocracia del terror jakobino, el Jakob era un manguis, infame según san Pablo, y las desamortizaciones de Madoz/Madoff que cambiaron de manos el 80% de las tierras de España. Contentos del éxito de sus actividades de latrocinio, Sánchez y Macron se dan besos a tornillo como Brezhnev y Hohnecker y los mafiosos, para reforzar su paranoya, su insensibilidad, ¡Prou, basta! Gesund +

    ¿Qué se esconde detrás de la guerra en Ucrania?

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