Coordinadores de intimidad: ¿el nuevo puesto que acabará arruinando las escenas de amor en las películas?

Los coordinadores de intimidad (intimacy coordinators) son un nuevo puesto, fruto del movimiento #MeToo , que la mayoría de las grandes producciones de cine está contratando para asegurarse que no haya problemas en las escenas sexuales.  Su labor consisten en estar presentes en escenas íntimas y establecer qué es apropiado en la filmación de las mismas.  La idea inicial al parecer tiene que ver con proteger a actores y actrices vulnerables que podrían estar en una situación en la que no se sienten seguros, puesto que otros actores o el mismo director tiene mayor poder que ellos y los lleva hace cosas incómodas.

Recientemente el actor Sean Bean, famoso por su papel como Eddard Stark en la serie Game of Thrones cuestionó este rol. Bean dijo a un diario británico que dichos coordinadores arruinan «la espontaneidad» de filmar una escena de sexo. El actor comentó: «Me inhibiría más, porque está llamando la atención a esto. Alguien diciendo: ‘has esto, pon tus manos ahí, mientras tocas esto». Y agregó: «Creo que la forma natural de los amante sería arruinada por alguien llevándolo a un ejercicio técnico». Bean habló de que las escenas de El amante de Lady Chatterley (miniserie de 1993 basada en la novela homónima de D. H. Lawrence) que filmó con Jeoly Richardson, las cuales, según él, fueron espontáneas y lograron reflejar alegría y una gran química natural. Presumiblemente, con la presencia del coordinador de intimidad esto se pierde en la escena y el público resentiría los resultados.

Las palabras de Bean, sin embargo, no convencen a todos. El actor ha recibido el esperado backlash por sus comentarios. La actriz Rachel Zegler, que actuó en la adaptación más reciente de West Side Story (Steven Spielberg, 2021), criticó a Bean diciendo que los coordinadores de intimidad son importantes «para establecer un ambiente seguro para los actores», asegurando además que «la espontaneidad en las escenas íntimas puede ser insegura». Zegler no dudó en increpar a Bean con un imperativo; «¡Despierta!».

La palabra clave aquí parece ser «seguro» (safe, en inglés). Este término protagoniza muchas de las discusiones en ámbitos de trabajo que buscan eliminar patrones de abuso. En las universidades y el sector educativo en general, maestros y staff intentan evitar que los estudiantes tengan momentos traumáticos o de «microagresiones», creando también «espacios seguros». En este caso, Zegler parece decir que la espontaneidad no es importante y puede ser peligrosa, pues, después de todo, el cine y la televisión son creaciones artificiales: los actores reciben dinero para actuar en este tipo de condiciones, en las que las cosas no son espontáneas. La espontaneidad parece entonces un ideal romántico que además no se compara con los daños que puede producir la falta de coordinación y regulación en la intimidad. Existen antecedentes en los que varias actrices han sufrido experiencias traumáticas por filmar escenas sexuales.

Al mismo tiempo esta posición tiene sus críticos. Especialmente en oposición a lo que conoce como la cultura woke, de la que consciente o inconscientemente Zegler se hace portavoz al decirle a Bean «despierta». Estar despiertos para los woke significa una forma de corrección política.

Los críticos de lo woke señalan que la corrección política se convierte en una sobreprotección que no sólo está limitando la libertad de expresión, sino que además está creando una sociedad de personas frágiles que no saben hacerse responsables de sí mismas y enfrentar, desde la madurez, la realidad del mundo. Los «coordinadores de intimidad» son parte de una tendencia que reprime la libertad y la expresión espontánea, regulando la conducta con una nueva moralidad. A la par se crítica la tendencia a «cancelar» obras o personas que no se alinean con esta moralidad.

Particularmente notable es el caso de las universidades en Estados Unidos, el epicentro de lo woke. Un ejemplo de estas nuevas manifestaciones culturales son los trigger warnings (avisos de que la sensibilidad de los estudiantes puede ser herida). Profesores en muchas escuelas deben clasificar ciertas obras clásicas como con el potencial de herir la sensibilidad de los alumnos o anteponer a un tema sensible uno de estos «trigger warnings». Los alumnos entonces pueden elegir no leer ese material.  Se quiere evitar que los estudiantes, particularmente ciertas minorías, «revivan» experiencias traumáticas. Los críticos señalan que la universidad es justamente para pensar críticamente y hablar de las cosas incómodas, no para evitarlas.

Volviendo al tema de los coordinadores de intimidad, algunos consideran que son parte de esta tendencia a querer evitar todo lo incómodo, a regular la conducta moralmente y a crear un orden robótico en las relaciones humanas. Las actividades más íntimas y espontáneas del ser humano –como el sexo, sin duda, pero prácticamente cualquier otra actividad creativa y significativa– son tratadas como relaciones «profesionales» en las que debe de haber una especie de contrato o protocolo explícito que sancione todo lo que pueda ocurrir en el marco de éstas. La razón de este puesto, sin embargo, seguramente obedece a la precaución que están tomando los grandes estudios, que buscan evitar demandas y polémicas mediáticas.

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