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LO QUE ELLOS QUIEREN QUE TU SEAS

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PARADIGMA DEL ACTUAL Y DECADENTE SISTEMA EDUCATIVO I

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El modelo de sociedad en el que vivimos actualmente impuesto por una minoría desde el poder es un aberrante sistema que arrastra al ser humano al fracaso y depresión de por vida. Dentro de este sistema, el actual modelo educativo no es una excepción ya que esta diseñado para adoctrinar al ser humano desde la infancia como un producto de una cadena de producción que ha ser preparado para ser exprimido al máximo durante toda su vida activa. El actual sistema educativo progresivamente elimina el pensamiento divergente inherente al ser humano para convertirnos en autómatas preparados para servir al sistema. No contentos con esto, además aquellos niños que se revelan contra esta aberrante educación son tratados como hiperactivos y sometidos a nocivas drogas psiquiátricas como Ritalín.

«Hay 3 tipos de personas en el mundo: los inamovibles, los movibles y los que se mueven»
Estas son palabras de Benjamin Franklin, recitadas por Ken Robinson en enero del presente año, al finalizar su exposición dada en uno de los eventos organizados por RSA, donde desarrolla algunas de las ideas que luego profundizaría en su charla de mayo en TED «Bring on the Learning Revolution». 

SISTEMA EDUCATIVO II

Somos los seres más condicionados y programados que el mundo ha conocido jamás. No sólo nuestros pensamientos y actitudes son modelados continuamente; nuestra percepción misma de la totalidad está siendo sutil e inexorablemente manipulada.
Se trata de ingeniería social, nos engañan en aspectos tan importantes como los avances científicos, la salud o la alimentación, todo ello orquestado a través de los dañinos medios de comunicación. La manipulacion de masa anula la capacidad para decidir libre y responsablemente.
Esto se puede conseguir limitando la cultura.Una vez que la persona carece de principios propios.Ya puede ser perfectamente manipulada.
Hace 2000 años un avatar sagrado nos dijo: …y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Según la ONU, llevar a los niños a la iglesia viola sus derechos humanos

ttp://www.actuall.com/educacion/segun-la-onu-llevar-a-los-ninos-a-la-iglesia-viola-sus-derechos-humanos/

Según la Organización de las Naciones Unidas, llevar a los niños a la iglesia vulnera sus derechos humanos. Desde la ONU alegan que la asistencia a centros religiosos debe ser una decisión de los menores de edad y no de los padres.
Un polémico informe del Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, señala su “preocupación” por los niños que están legalmente obligados a asistir a un acto de adoración colectiva, tal y como publica The Christian Institute.
El Comité recomendó al Reino Unido “derogar las disposiciones legales para la asistencia obligatoria a la adoración colectiva”. Dicho órgano quiere que los niños sean capaces de actuar con independencia de sus padres.
“El gobierno debería tirar este informe a la basura, que es donde pertenece”, afirma el politico tory David Burrowes
Para David Burrowes, miembro del partido conservador británico, el informe es “ridículo” y dijo que el gobierno puede “tirar respetuosamente el informe a la basura, que es el lugar al que pertenece”.
Según Burrowes, “el acto colectivo de culto no es un ejercicio de adoctrinamiento. Es reconocer y respetar la herencia cristiana del país y darle a la gente una oportunidad para poder reflexionar”.
La ONU tiene asuntos más urgentes que atender
“La ONU debería invertir más tiempo haciendo su trabajo principal y prevenir las guerras y el genocidio, en vez de estar metiendo las narices en los salones de las casas”, aseveró Burrowes.
A juicio de muchos de los miembros del parlamento británico, la ONU tiene asuntos de mayor preocupación como los refugiados y desplazados de sus casas debido a las guerras y la persecución.

 

«Grafoterapia: Técnicas para corregir problemas aprendizaje y atención en niños» Ramón Mandado.

www.saludyaprendizaje.com Mindalia Televisión


(desde el minuto 3:40)
Grafoterapia para corregir problemas de aprendizaje y atención (tdah, dislexia, dificultades de comprensión y memoria, desmotivación…)El bolígrafo puede ser el mejor aliado para desarrollar el cerebro. La escritura es un microgesto muy potente y desde la antigüedad se utiliza como terapia. Se diferencia de la caligrafía en que nos descubre la forma de escribir que potencia funciones neurofisiológicas tan importantes como el razonamiento, memoria, atención, tenacidad, motivación por estudiar… Para ello enseñamos los trazos de las letras que corresponden a esas funciones y la forma, presión, tamaño, velocidad… que lleva cada uno de ellos.
Ramón Mandado González: Profesor, especialista en audición y lenguaje, postgrado en Logopedia, certificado en Grafología Racional y Grafoterapia Lledó, master en dificultades de aprendizaje, dislexia y tda-h. Como integración de 25 años de estudio y experiencia profesional, crea el proyecto Aprende saludableMente (www.saludyaprendizaje.com), una metodología capaz de resolver dificultades de aprendizaje, atención, conducta o relación con mayor eficacia y economía de lo habitual.

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Los niños tiranos

http://www.guiainfantil.com/1530/los-ninos-tiranos-entrevista-a-javier-urra.html

Javier UrraDoctor en Psicología

¿Cuándo se puede decir que un niño es tirano? La tiranía infantil existe y es necesario combatirla y controlarla. ¿Cómo? Javier Urradoctor en Psicología, primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid y autor del libro El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas, nos habla de los niños tiranos, un problema de conducta al que nos enfrentamos los padres en la sociedad actual. Saber identificar las causas y poner límites a los hijos en su educación es esencial para frenar esta actitud, que tanto daño puede hacer a los padres.

¿Cuál es el perfil del niño tirano?

Los niños tiranos

El perfil de un niño tirano se inicia a corta edad. Un niño tirano no es solamente un caprichoso, no es el que tiene Déficit de Atención e Hiperactividad (THDA) o se caracteriza por ser hiperactivo. No es solamente un oposicionista, es un niño que, desde muy corta edad, siente placer y disfruta retorciendo la muñeca de su padre o de su madre, para conseguir lo que él se propone. Es un niño que se caracteriza por un principio fundamental filosófico, que es primero yo y luego yo. Piensa que todo el mundo gira a su alrededor, y que no se tiene que poner en el lugar del abuelo o de la abuela. No muestra empatía y no le importa ponerse histérico o gritar en la puerta de un gran almacén para conseguir sus objetivos.

¿Qué rasgos caracterizan la conducta de un niño tirano?

Su conducta se va haciendo cada vez más patológica a medida que crece. Es posible que a los 7 años tire el bocadillo de chorizo porque lo quería de queso, que a los 12 años empiece a insultar a su madre y a los 13 años, entre a hacer sus necesidades fisiológicas en el cuarto de baño, mientras su madre se está duchando.

¿Qué pronóstico tiene un niño que se comporta así?

Este es un proceso que se va degenerando, con muy mal pronóstico en poco tiempo. No tiene nada que ver con el adolescente que pega un portazo a los padres, lo cual es natural y sano, sino con alguien que veja, que es muy despótico, injurioso y, normalmente, contra la madre. Un tercio de los pequeños dictadores son ya chicas, lo que supone un mal pronóstico para esta sociedad, pero lo grave es que se trata de una forma de violencia de género, porque quien la vive siempre es la madre. El chico se caracteriza por agredir a la madre o, incluso, abofetearla porque no le lavó la camisa, por ejemplo, y el riesgo para la futura pareja de ese muchacho es muy alto.

¿Cómo podemos educar a los hijos para evitar la tiranía hacia los padres?

Tenemos que educar a los hijos en la empatía para ponerse en el lugar del otro, en las neuronas espejo, en la sensibilidad, en la compasión, en saber perdonar y saber perdonarse. No se nace dictador.

¿Qué situaciones propician que un niño evolucione hacia la tiranía?

Hay mujeres que están solas en la vida y es difícil educar desde la soledad, hay otras que están con el marido, pero es como si estuvieran solas, hay padres que se separan y malmeten contra el otro o ridiculizan a la madre, hay casos en que la madre aporta dos hijos y el padre otros dos, pero no tienen fuerza moral para instruir al hijo biológico o vemos padres en una hamburguesería sentados frente al hijo de 14 años y sin saber qué decirle porque no lo conoce. En estos casos, los niños crecen en contradicción sin un referente real en su educación.

¿En qué se está equivocando la sociedad con el problema de los niños tiranos?

Hay un aspecto tóxico de la sociedad en general que dice que los niños son lo primero. Vamos a ver, los niños son importantes, pero no son lo primero, lo digo yo, que he sido el primer Defensor del Menor. Me parece esencial que vayan a un hospital a que conozcan a niños enfermos, que vayan con la abuela que tiene Alzheimer, que posiblemente no sepa lo que dice, pero sí sienta, que vayan a un campamento y que sepan lo que es el esfuerzo. Y si no ponemos ese antídoto, esa vacuna, seguiremos con el problema. En el último año, hemos tenido 8.000 denuncias del grupo de 14 a 18 años, que son 1.000 más que el año anterior, y el pronóstico no es bueno, hay que educar desde el primer momento, hay que socializar, y poner límites, aceptar frustraciones y saber diferenciar.

ERRORES COMUNES DE LOS PADRES DE HOY.

karikampakis.com

«Tus hijos no tendrán éxito gracias a lo que hayas hecho por ellos, sino gracias a lo que les hayas enseñado a hacer por sí mismos». Ann Landers
 Lo que se inculca en nuestra cultura no siempre es lo mejor para nuestros hijos.
Error nº 10: Adorar a nuestros hijos. Muchos de nosotros vivimos en comunidades que se desviven por los hijos. Los estamos criando en hogares completamente centrados en ellos. A nuestros hijos les encanta, claro está, porque nuestras vidas giran en torno a ellos. A la mayoría de nosotros tampoco nos importa, porque su felicidad es la nuestra. Nos entusiasma hacer cualquier cosa por ellos, comprarles cosas, cubrirles de amor y de atenciones.
No obstante, creo que es importante tener en cuenta que nuestros hijos han sido creados para ser amados, no idolatrados. Por tanto, cuando les tratamos como si fueran el centro del universo, creamos un falso ídolo. En vez de un hogar centrado en los niños, deberíamos intentar centrarnos más en el amor. Así, nuestros hijos se sentirán queridos, pero entenderán que en el amor, el altruismo va por encima del egoísmo.
Error nº 9: Creer que nuestros hijos son perfectos. Una cosa que suelo oír de los profesionales que trabajan con niños (orientadores o maestros) es que los padres de hoy en día no quieren oír nada negativo sobre sus hijos. Cuando se menciona la palabra preocupación, o problema, la reacción suele ser atacar al mensajero.
La verdad a veces duele, pero cuando escuchamos con la mente y el corazón abiertos, nos mostramos dispuestos a mejorar. Así, podremos intervenir antes de que la situación se nos vaya de las manos. Es más fácil tratar a un niño problemático que reparar a un adulto destrozado.
Una psiquiatra del centro médico Children’s of Alabama me contó hace poco que en la depresión adolescente, resulta clave intervenir con rapidez, puesto que se puede actuar sobre la trayectoria de la vida de un niño. También me dijo que este es el motivo por el que disfruta de la terapia de niños y adolescentes, pues los niños son resilientes, y es mucho más fácil intervenir de forma efectiva cuando aún son jóvenes, ya que cuando el problema continúa durante muchos años se incorpora como parte de la identidad de la persona.

Error nº 8: Vivir a través de nuestros hijos. Los padres nos sentimos muy orgullosos de nuestros hijos. Cuando consiguen algo, nos hace más felices que si lo hubiéramos conseguido nosotros mismos.
Lo cierto es que si nos implicamos demasiado en sus vidas, nos resultará más complicado ver dónde acaban ellos y dónde empezamos nosotros. Cuando nuestros hijos se convierten en una extensión de nosotros, puede que los veamos como nuestra segunda oportunidad. Pero, no se trata de ellos, sino de nosotros. Llega un momento en el que su felicidad empieza a confundirse con la nuestra.
Error nº 7: Tratar de ser el mejor amigo de nuestro hijo. Cuando le pregunté a un sacerdote cuál era el mayor error que cometen los padres, estuvo pensándolo un momento y luego contestó: «El problema ocurre cuando los padres dejan de ser padres y no son capaces de asumir sus responsabilidades, aunque a veces cueste».
Como todo el mundo, quiero que mis hijos me quieran. Quiero que reconozcan mis méritos y me tengan cariño. Pero si quiero hacer bien mi trabajo, tengo que aceptar que se enfaden y que a veces no les gusten mis decisiones. Pondrán los ojos en blanco, se quejarán y desearán haber nacido en otra familia.
Pero, tratar de ser el mejor amigo de tu hijo solo puede llevar a una permisividad excesiva, y a que tomes decisiones desesperadas por temor a no contar con su aprobación. Esto no es amor, sino necesidad.
Error nº 6: Entrar en una competición por ser el mejor padre. Todos los padres llevan algo de competitividad en las venas. Lo único que necesitan para despertar al monstruo es que otro padre ponga a su hijo por encima del tuyo.
He oído muchas historias de este tipo que tienen lugar en patios de colegio; historias de amistades rotas y traiciones en las que se entrometieron familias completas y la cosa acabó mal. En mi opinión, el origen se encuentra en el miedo. Tememos que nuestros hijos se queden aparte. Tenemos miedo de que, si no nos ponemos serios e intervenimos para pararle los pies a cualquiera, se sumirán en la mediocridad para el resto de su vida.
Creo que los niños tienen que esforzarse y entender que los sueños no se cumplen así como así, que para ello tienen que trabajar y luchar. No obstante, si fomentamos una actitud deganar cueste lo que cueste y les permitimos que empujen a otros niños para conseguir ser los primeros, la cosa se nos está yendo de las manos.
Es verdad que en la adolescencia el carácter no nos parece tan importante; en cambio, cuando somos adultos, el carácter lo es todo.

Error nº 5: Olvidarnos de lo maravilloso que es ser niño. El otro día descubrí una pegatina de Tarta de Fresa en el fregadero, lo que me hizo recordar la alegría de vivir con niños.
Llegará un día en que deje de haber pegatinas en el fregadero. Ya no habrá Barbies en la bañera, ni muñecas en mi cama, ni Mary Poppins en el DVD. Las ventanas estarán limpias, sin huellas, y la casa estará tranquila porque mis hijas saldrán con sus amigos en vez de quedarse en el nido.
Criar a niños pequeños puede ser un trabajo duro y monótono. A veces, es tan agotador física y emocionalmente que nos encantaría que se hicieran mayores cuanto antes. Por otra parte, también tenemos curiosidad por saber cómo será su crecimiento. ¿Cuáles serán sus pasiones? Como padres, esperamos poder descubrir sus dones, para saber aprovechar sus puntos fuertes y animarles a que sigan por la buena dirección.
Pero, cuando proyectamos su futuro, y nos preguntamos si ese gusto por el arte le convertirá en Picasso, o si su voz melodiosa hará de ella una Taylor Swift, podemos llegar a olvidarnos de disfrutar de lo realmente bueno: los cuentos de antes de dormir, los pijamas de una sola pieza, las cosquillas en la tripa y los gritos de alegría. A veces, nos olvidamos de dejar que nuestros hijos se comporten como niños y disfruten de su infancia.
La presión sobre los niños comienza demasiado pronto. Si queremos echar una mano a nuestros hijos, tenemos que protegerles de estas presiones. Hay que dejar que disfruten y crezcan a su propio ritmo, así que, en primer lugar, deben explorar sus intereses sin miedo al fracaso y, en segundo lugar, no tienen que sentirse agobiados.
La infancia es un momento de juegos y de descubrimientos. Cuando metemos prisa a los niños, les estamos robando una etapa inocente por la que nunca volverán a pasar.
Error nº 4: Criar al hijo que queremos, y no al que tenemos. Como padres, nos creamos una imagen propia de nuestros hijos. Esta imagen comienza a confeccionarse en el momento del embarazo, antes incluso de saber el sexo del bebé. En secreto, deseamos que el niño se parezca a nosotros, pero un poco más inteligente y con más talento. Queremos ser su ejemplo, y modelar su vida siguiendo el patrón de la nuestra.
Sin embargo, los niños suelen seguir su propio modelo y, además, desconfiguran los nuestros. Al final, son como nunca los imaginamos. Nuestro trabajo consiste en descubrir sus dones innatos, y en tratar de guiarlos por el buen camino. Ante todo, inculcarles nuestros propios sueños no va a funcionar. Solo si entendemos quiénes y cómo son, podremos tener un impacto en sus vidas.
Error nº 3: Olvidar que los hechos pesan más que las palabras. A veces, cuando mis hijas me preguntan algo, me dicen: «Por favor, responde en una frase». Me conocen bien, y saben que aprovecho cualquier lección de la vida diaria y la convierto en un momento de aprendizaje. Quiero que tengan sabiduría, pero de lo que a veces me olvido es de que mis ejemplos ensombrecen mis palabras.
Cómo respondo al rechazo y a la adversidad… Cómo trato a mis amigos y a los desconocidos… Si me peleo con su padre o si nos apoyamos mutuamente… Ellas se dan cuenta de todas estas cosas. Y mi actitud les da permiso para comportarse de la misma manera.
Si quiero que mis hijas sean maravillosas, yo también tengo que aspirar a lo mismo. Tengo que ser la persona que espero que sean ellas.
Error nº 2: Juzgar a otros padres… y a sus hijos. Independientemente de lo mucho que difieras en la forma de educar que tienen otros padres, no es tu misión juzgarlos. Nadie es completamente bueno ni completamente malo; todos somos un poco de todo, todos luchamos contra nuestros propios demonios.
Personalmente, tiendo a ser más benevolente con otros padres cuando yo lo estoy pasando mal. En los momentos en que los niños me lo ponen difícil, entiendo el comportamiento de muchos padres.
Nunca sabemos por lo que alguien está pasando, ni cuándo nos veremos en una situación parecida. Aunque, en ocasiones, no podamos evitar tener nuestros prejuicios, deberíamos controlarlos y tratar de entender a la otra persona en lugar de llegar a conclusiones precipitadas.
Error nº 1: Subestimar el CARÁCTER. Si hay una cosa que espero hacer bien con mis hijos es conseguir que tengan un buen CORAZÓN. El carácter, la fibra moral y una brújula interna son los cimientos que forman la base para un futuro feliz y saludable. Esto es más importante que cualquier boletín de notas o que cualquier trofeo que ganen.
Nadie puede exigir un carácter concreto a sus hijos, y más teniendo en cuenta que el carácter no significa mucho a la edad de 10 o de 15 años. Los niños a esa edad se preocupan por las recompensas a corto plazo, pero nosotros, como padres, conocemos mejor la historia. Sabemos que lo importante con 25, 30 o 40 años no es lo largo que lanzaste una vez un balón o si fuiste animadora, sino cómo tratas a los demás y qué piensas de ti mismo. Si queremos fomentar el carácter, la confianza, la fuerza y la resiliencia, tenemos que dejar que los niños se enfrenten a las adversidades y que experimenten el orgullo que se siente al salir reforzado de una situación difícil.
Es complicado ver a nuestros hijos caer, pero a veces es necesario. En ocasiones, hay que preguntarse si intervenir se encuentra entre las mejores opciones. Hay un millón de formas de amar a nuestros hijos, pero, a la hora de buscar su felicidad, conviene ser conscientes de que a veces la pena a corto plazo será recompensada con creces por los beneficios en el futuro.

El ataque a la educación pública en España

http://librepensamiento.org/

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 25 de agosto de 2016.
Este artículo es una crítica muy fuerte de los recortes de gasto público educativo que han estado ocurriendo en España y que están polarizando, por clase social, el sistema escolar, de una manera muy marcada.
 Subrayo también que esta situación se debe al enorme poder de los grupos más pudientes de la sociedad y de instituciones como la Iglesia Católica, que ejercen una excesiva influencia sobre las instituciones del Estado.
No hay plena conciencia, entre el establishment político-mediático que gobierna España, de las consecuencias de los recortes que han ocurrido durante estos últimos años (2008-2016) en la educación pública, afectando desde las escuelas de infancia (mal llamadas guarderías, en España, y digo mal llamadas porque el término asume que la mayor función de estos centros es guardar a los infantes y niños mientras los padres están trabajando, cuando debería ser la de educar y ayudar al desarrollo emocional e intelectual del/de la niño/a, en una etapa crucial y de enorme importancia en su vida) hasta los programas de formación para personas adultas.
 Estos recortes del gasto público educativo se han estado aplicando (en realidad, debería utilizarse el término “imponiendo”, pues ninguno de los partidos gobernantes en España –ni el PSOE ni el PP- tenían en su programa electoral la realización de tales recortes) con una intensidad que no había ocurrido en ningún momento anterior del periodo democrático.
La intensidad de los recortes
Si un ejército extranjero enemigo hubiera ocupado el país e impuesto estas políticas de recortes, es más que probable que hubiera habido una rebelión popular, oponiéndose a la ocupación del país por una fuerza política extranjera que, con sus políticas, estarían afectando muy negativamente el futuro del país a base de destrozar su sistema educativo.
Sin embargo, no ha habido tal rebelión pues, en parte, no hay plena conciencia del enorme deterioro de la educación pública (ya que, salvo contadísimas excepciones, los medios no han estado informando de la enorme gravedad de la situación).
Pero otra razón de que no haya habido tal rebelión es también debido a que el que realiza estos recortes no es una fuerza extranjera, sino que son los propios gobiernos españoles, los cuales los justifican aludiendo que “no hay ninguna otra alternativa posible” (la frase más utilizada por los dirigentes políticos responsables de tales políticas), pues hay que reducir el déficit público a fin, en teoría, de generar el beneplácito de los mercados financieros, necesario para que los Estados puedan conseguir dinero prestado de los bancos privados (a los cuales, por cierto, los Estados ayudan y rescatan cuando están en dificultades).
¿A qué se debe el silencio ante tal ataque?
Ahora bien, la causa más importante de que no haya una revuelta en las calles en referencia a lo que está ocurriendo con la educación pública de este país es que los sectores más pudientes de la población, el 25-30% de renta superior del país, no queda especialmente afectada por los recortes, pues llevan a sus hijos a la escuela privada (que recibe unos subsidios públicos llamados concierto), siendo las clases populares las que más utilizan las escuelas públicas.
 Las escuelas privadas concertadas tienen un porcentaje muy elevado de escuelas de la Iglesia Católica, institución que, excepto durante la II República, siempre ha ejercido un enorme –y excesivo- poder en el sistema escolar, lo cual explica que haya sido en las escuelas públicas dónde los recortes han sido más acentuados.
En realidad, esta polarización del sistema educativo por clase social (que se refleja, por ejemplo, en la dicotomía clases pudientes – escuela privada y clases populares – escuela pública) es la causa, no solo de la pobreza del gasto público educativo, sino también del hecho que los recortes hayan sido más acentuados en la escuela pública que en la privada concertada. Veamos los datos disponibles en el Ministerio de Educación y en el sistema informático de la UE (Eurostat).
La subfinanciación del sistema educativo público en España
España es uno de los países con uno de los gastos públicos educativos más bajos de la UE-15 (el grupo de países de semejante desarrollo económico al español): un 4,19% del PIB (según los datos de 2013), mucho más bajo, por ejemplo, que el 7,16% de Finlandia. España tiene una escuela clasista, es decir, su escolaridad está definida por la homogeneidad de clase social en cada centro escolar. Finlandia, en cambio, tiene una escuela multiclasista.
El hijo del banquero y el hijo del empleado de la banca van a la misma escuela, un hecho impensable en España.
La escuela de este país dista mucho más de ser el crisol de la sociedad donde se cocina la cohesión social.
En realidad, el sistema educativo produce dos tipos de ciudadanos: uno, el ciudadano de primera, miembro de las clases dirigentes; el otro, el ciudadano de segunda, miembro de las clases populares subalternas.
Hagan un estudio del tipo de escuelas a las que asistieron los miembros de los gobiernos españoles y lo verán. Un 72% de todos los ministros de los gobiernos españoles (fueran estos socialistas o populares) fueron a escuelas privadas.
En realidad, este porcentaje es similar al que otros estudios han mostrado para periodos anteriores, durante el siglo XX.
Esta polarización educativa responde a un enorme poder de las clases pudientes, a través de los partidos políticos de sensibilidad conservadora y liberal (lo que se conoce –a nivel de calle- como las derechas).
A mayor poder político de tal clase social, mayor polarización del sistema educativo. No es de extrañar, pues, que uno de los sistemas escolares más polarizados en España sea el catalán, resultado de haber sido, Catalunya, gobernada durante la mayoría del periodo democrático por una alianza de un partido liberal (CDC) y un partido democratacristiano (UDC).
 El supuesto nacionalismo de esta coalición gobernante promocionó paradójicamente uno de los sistemas educativo más descohesionados de España. Catalunya es una de las Comunidades Autónomas con mayor división de la población por clase social en su sistema escolar.
 
La polarización social del sistema escolar
Otra relación estadística demostrada es que, a mayor poder de las derechas, mayores son los recortes en el gasto público educativo.
España, de nuevo, es uno de los países de la UE-15 que ha recortado tal gasto de una manera más acentuada durante la Gran Recesión (recortes realizados, en su mayor parte, durante la época del gobierno Rajoy), con una reducción del 18,4% durante la mayoría del periodo de austeridad, agravada por el hecho que ha coincidido con una expansión de la población escolar (un 6,67%) durante el mismo periodo (2009-2016). Ningún otro país (excepto Grecia) ha visto unos recortes tan acentuados como en España. Y Catalunya ha sido una de las Comunidades Autónomas que más ha recortado el gasto público educativo.
Es más, los partidos gobernantes en la Generalitat de Catalunya en los que CDC ha sido la fuerza dominante han aprobado en las Cortes Generales la gran mayoría de leyes y propuestas del gobierno del PP, que afectaron directa o indirectamente al gasto público educativo de Cataluña.
Recortes en todos los componentes del gasto público social
Esta pobreza de recursos e intensidad de recortes aparece también en otros componentes del sistema educativo, como es la educación universitaria.
 La universidad pública ha sufrido de una manera muy marcada, no solo en capítulos como investigación, sino también en becas y ayudas al estudiante, así como en formación al cuerpo docente. Algunos de estos capítulos han incluso desaparecido de los presupuestos educativos.
Pero ha sido en los programas de formación ocupacional donde tales recortes han sido incluso más acentuados, recortes que han tenido lugar a la vez que aumentaba significativamente la necesidad por tales programas, debido al gran crecimiento del desempleo.
 Según los estudios del sindicato CCOO, tal gasto se ha reducido casi por la mitad durante el periodo de austeridad. De nuevo, uno de los lugares de España donde los recortes han sido más acentuados ha sido Cataluña.
A la luz de todos estos datos, es acertado definir lo que está ocurriendo en España (incluyendo Catalunya) como un ataque al sistema educativo público, ataque que ha sido diseñado y realizado por partidos gobernantes españoles (incluyendo catalanes), y que excusan tales ataques aludiendo, como indiqué antes, a que no hay otras alternativas, frase que carece de credibilidad ya que es fácil de demostrar, como Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos hecho en el libro Hay Alternativas, que sí que las hay si hay voluntad política para hacerlas. Así de claro.

La niña que pensaba que su nombre era «Idiota» y otros casos de abuso infantil en EE.UU.

http://www.24horas.cl/noticiasbbc/la-triste-historia-de-la-nina-que-pensaba-que-su-nombre-era-idiota-y-otros-casos-de-abuso-infantil-en-eeuu

Abuso infantilImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionSe calcula que 1 de cada 4 niños experimentan alguna forma de abuso en su vida.

Cuando los empleados del Departamento de Servicios Humanos de Arkansas examinaron a una pequeña de 4 años, la única conclusión posible era que había sido abusada.

La niña mostraba «varios moretones profundos en el trasero, espalda baja y piernas; hinchazón en la mejilla derecha; una magulladura en la frente; lesiones en proceso de curación en toda la espalda y sangre seca en la esquina de la boca», se lee en el informe de la policía de Hot Springs.

La pequeña también tenía «marcas de ligaduras sobre las muñecas que indican que había sido sujetada y parecía estar malnutrida».

Según el informe de la policía, cuando se le preguntó a la niña cómo se llamaba, ella respondió «idiota».

El novio de la madre, Clarence Reed, admitió posteriormente que utilizaba ese calificativo para llamar a la niña, pero alegó que «sólo era de broma».

Delitos graves

Según informa el diario The Sentinel Record, de Arkansas, «otro menor en la residencia confirmó que la niña había sido atada y se le llamaba ‘idiota'».

Hoja de arresto de Jennifer DenenImage copyrightGARLAND COUNTY SHERIFF’S OFFICE
Image captionLa madre de la niña fue arrestada en Arkansas y acusada de delitos graves de violencia doméstica en primer grado.

La niña está ahora bajo custodia de los servicios sociales del estado y tanto su madre, Jennifer Diane Denen, de 30 años, como su novio, Clarence Eugene Reed, de 47, fueron detenidos.

Están acusados de los delitos graves de violencia doméstica en primer grado, permitir el abuso de un menor y poner en riesgo el bienestar físico de un menor en primer grado.

Los cargos pueden conducir a una condena de hasta 20 años en prisión. Ambos están detenidos con una fianza de US$500.000 y deberán aparecer en la corte el 23 de agosto.

Los medios locales informan que durante el interrogatorio de la policía, la madre afirmó que «vio a Reed golpear a la niña de 4 años en el trasero con un bate de plástico».

Otros menores en las casa indicaron que la madre les había dicho Reed amarraba a la niña a una silla utilizando ataduras de plástico.

Hoja de arresto de Clarence ReedImage copyrightGARLAND COUNTY SHERIFF’S OFFICE
Image captionClarence Reed admitió llamar a la menor «idiota» pero dijo que «sólo era de broma».

Tal como informa el diario Washington Post, un portavoz del Departamento de Policía de Hot Springs indicó que en la casa vivían seis niños, todos hijos de Denen.

Sólo el más pequeño, un bebé de 11 meses, es hijo de ella y Reed.

«En todo el país»

El caso de Arkansas, del que se ha informado extensamente en los medios estadounidenses, no es el único que conmueve al país.

En julio pasado se informó que un oficial de policía de la ciudad de Franklin, en Ohio, encontró a un menor de 7 años tratando de vender su oso de peluche frente a una tienda.

Cuando el oficial se acercó al niño éste le dijo que no había comido en varios días.

Oficial de la policía de Franklin Steve DunhamImage copyrightFRANKLIN PD
Image captionEl oficial de la policía de Franklin, Steve Dunham, encontró al niño de 7 años tratando de vender su juguete.

Cuando otros dos policías acudieron a la casa del menor encontraron a dos hermanos del menor viviendo en una casa «en condiciones deplorables»,según le dijo el jefe de la policía de Franklin, Russell Whitman, al diario localJournal News.

El informe de la policía indicó que los padres habían crearon «un riesgo sustancial de salud y seguridad al descuidar la limpieza en la residencia, tener grandes cantidades de microbios y comida podrida en toda la residencia».

También se los denunción por «no tener alimentos apropiadamente preparados y empacados para que los niños menores comieran y permitir que un menor de 7 años deambulara lejos de la residencia sin su permiso o conocimiento, en un intento de localizar comida«.

Tal como indicó el jefe de policía Russell Whitman, los padres del menor, Tammy y Michael Bethel, fueron detenidos y acusados de cinco cargos de negligencia infantil, todos delitos de primer grado.

Asimismo, los cinco hijos de la pareja fueron colocados bajo custodia de los servicios sociales del condado.

Según el jefe de policía Whitman, este tipo de casos no son aislados.

«Los oficiales ven esto a lo largo de todo el país, todos los días», le dijo el oficial alJournal News. «En cualquier departamento de policía del país puedes encontrar historias como estas».

1 de cada 4

Un informe de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU., indica que en 2014 hubo 702.000 víctimas de abuso o negligencia infantil reportados a los servicios de protección a la infancia (CPS).

Oso de pelucheImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionUnos 1.580 niños murieron de abuso o negligencia en 2014, según los CDC de Estados Unidos.

«Los niños más pequeños son los más vulnerables», dice el informe. «Casi 27% de las víctimas reportados tienen menos de 3 años de edad».

Y agrega que «unos 1.580 niños murieron de abuso o negligencia en 2014».

Pero el organismo admite que estas cifras podrían ser mucho más altas debido a los casos de abuso infantil que nunca llegan a ser reportados.

EE.UU. tiene uno de los peores récords de abuso infantil en el mundo industrializado.

Estudios independientes calculan que uno de cada cuatro niños experimentan algún tipo de abuso o negligencia a lo largo de su vida en este país.

 

USA: Bang, bang; ¡te maté!

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176170/tomgram%3A_frida_berrigan%2C_guns_for_tots/#more

La educación debe empezar en la más tierna infancia
Bang, bang; ¡te maté!
Pistolas para los más pequeños
Introducción de Tom Engelhardt
Recuerdo bien haber ido al rodeo en el Madison Square Garden de Nueva York con mis revólveres de seis balas colgando en mis orgullosas caderas.
 Seguramente tendría unos ocho o nueve años; es posible que esas dos armas con cachas de marfil –bueno; de plástico, sin duda– fueran de la línea de juguetes Hopalong Cassidy.
Ese vaquero era mi favorito en la televisión y, por supuesto, yo jugaba siempre a ‘indios y vaqueros’ con mis amigos.
Pero la mayor parte de mis juegos de guerra –estamos hablando de la primera mitad de los años cincuenta del pasado siglo– tenían que ver con la Segunda Guerra Mundial, la guerra de mi padre, a pesar de que en ese momento Estados Unidos estaba viviendo un sangriento punto muerto en un conflicto bélico en Corea.
Imaginadme, un chico de ocho o nueve años, corriendo entre las plantas de patata en una parcela detrás de la casa de un amigo en Long Island. Probablemente fuera en 1952.
Estados Unidos está enredado en su segunda guerra asiática del siglo, esta vez contra –para un niño– un espantoso aunque desdibujado enemigo.
 Afortunadamente, la lucha que no cesa en una lejana tierra llamada Corea está de momento inconcebiblemente distante.
 Mi amigo y yo nos agazapamos entre la suciedad y las plantas de patata, que se extienden hasta donde pueden ver nuestros ojos.
Él y yo oteamos el horizonte. En algún sitio está acercándose el enemigo, no el de Corea, sino el enemigo real, los ‘japoneses’ o los ‘nazis’ (los ‘japonazis’, como les llamaban a veces las revistas de cómics de la Segunda Guerra Mundial), o quizá incluso fueran los indios.
 Teníamos para elegir. Nuestros padres no andaban por ahí para decirnos qué debíamos hacer, tampoco los maestros para darnos instrucciones, y nosotros estábamos armados.
Yo aferraba un palo. 
Puedo sentir la curva donde estaba la palma de mi mano, ¿qué otra cosa se puede necesitar más que tener un buen ojo y la habilidad para imitar los sonidos del combate: el rata-ta-ta de la ametralladora, el retumbar de la artillería antiaérea o el prolongado silbido de los proyectiles que nos disparaba el enemigo?
 Ya llevábamos una hora haciendo esto, rechazando ataque tras ataque, y después cavando nuestro hoyo de protección entre los surcos plantados. “¡Ojo!”, grita mi amigo tan fuerte como puede ya que a nadie le importa y el invisible aunque palpable enemigo, está aquí combatiendo en esta huerta.
Sí, ahora también lo noto yo; el leve movimiento de las hojas que podría atribuirse al viento. ¡Son ellos! ¡Un ataque banzai! Nos ponemos de pie disparando a lo loco, pero con una puntería mortal. Los enemigos caen.
Entonces, era toda tan obvio para nosotros, los millones de niños cuyos padres había regresado a casa, a menudo con expresión adusta y silenciosa, después de una terrible guerra mundial. Las películas que glorificaban esa guerra eran moneda corriente en nuestra vida.
 Estaba claro quiénes eran los buenos y los malos. Nosotros podíamos arreglarnos gracias a quienes debían morir, y lo que parecía tan obvio, no solo nosotros sino también los adultos a nuestro alrededor.
 El mundo de la guerra estadounidense estaba, de hecho, cada vez más complicado; una década después, muchos de nosotros nos encontraríamos en la calle manifestándonos contra semejante guerra, pero entonces –en el campo de patatas– no teníamos por qué preocuparnos por esas cosas.
 ¿Como sigue, me pregunto ahora que pienso en el último escrito de la colaboradora habitual de TomDispatch Frida Berrigan sobre sus hijos y nuestro mundo, la versión para jóvenes de la cultura de las armas de aquellos tiempos?
¿Qué guión o guiones están interpretando los niños de hoy?
 ¿Qué zombis, terroristas, alienígenas o vaya uno a saber quién o qué son metidos en cintura a punta de pistola cuando los niños empiezan a disparar –bang, bang– en 2016?
 ¿A qué le dispara exactamente en un mundo tan extraño alguien armado hasta los dientes y dispuesto a matar aquí mismo, en Estados Unidos, un entorno inconcebible en 1952?
En un mundo cubierto de muertos desde Orlando y Saint Paul hasta Baton Rouge (Dallas) y Niza, por no hablar de Bagdad, Kabul, Trípoli y Estambul, en un mundo de asesinatos con drones y dios sabe qué otras cosas, ¿a qué es posible que estén jugando?
* * *
Los niños, las armas de juguete y las de verdad
Era un hermoso atardecer y los niños –Madeline, de casi dos años; Seamus, de casi cuatro; y Rosena, de nueve– estaban corriendo en un cuidado prado de la ciudad. Seamus apuntó a sus hermanas con su bandera arco iris y ‘les disparó’, gritando: “Estáis muertas, chicas; yo os disparé”
Madeline y Rosea se rieron y continuaron corriendo, y Seamus tras ellas.
 Yo me cubrí la cara con las manos. No era solo que él estaba jugando a matar sino que estaba usando una bandera del Orgullo LGTB como si fuese un arma en el velatorio para llorar a los muertos en la discoteca Pulse en Orlando, Florida.
 Patrick, mi marido –pacifista, él–, corrió para tratar de cambiar sus actividades; cambió la bandera por una pelota y un guante de béisbol y los invitó a jugar a coger la pelota. Mientras los organizadores de la ceremonia se turnaban para leer los nombres de los asesinados: “… Juan Ramón Guerrero, 22; Eric Ivan Ortiz Rivera, 36; Luis S. Vielma, 22…”.
Esos tres hombres y otras 46 personas habían sido masacrados el 12 de junio.
Otras 50 personas resultaron heridas. Omar Mateen, el asesino, estaba armado con un fusil de asalto Sig Sauer MCX y una pistola semiautomática Glock 17 de 9 mm; había comprado ambas armas legalmente unos días antes del ataque.
La carnicería motivó a políticos y expertos, quienes expresaron los manidos argumentos a favor y en contra de las armas.
 Dado que la mayor parte de la víctimas eran homosexuales e hispanos, y debido a que el atentado había sido realizado por un ciudadano estadounidense de apellido étnico que podría haber sido cautivado por el discurso del terrorismo islámico, o un homosexual de tapadillo que odiaba a los gay (o ambas cosas a la vez), muy pronto los comentaristas se hicieron un lío.
¿Se trataba de un crimen inspirado por el odio o por el terrorismo islámico o un acto de odio de doble propósito.
Mateen fue abatido al tirotearse con la policía por lo tanto no puede hablar sobre sus motivaciones.
En su búsqueda de respuestas, los investigadores tuvieron que arreglarse con los indicios materiales y una confusa compilación de comentarios en la web, ‘me gusta’ de Facebook y recuerdos de compañeros de trabajo, familiares y posibles amantes.
Sin embargo, los hechos más importantes no son tan complicados: Mateen tenía una licencia para portar armas de fuego, se había adiestrado para ser un guardia privado de seguridad; en este contexto, el odio ya estaba presente.
 Mateen se armó y mató.
Y en todo el país, desde ese fatídico día que suscitó los acostumbrados “nunca más”, los asesinatos continúan: Alton Sterling y Philando Castille, muertos por la policía; el agente de tránsito Brent Thompson y otros cuatro policías de Dallas –Lorne Ahrens, Michael Smith, Michael Krol y Patrick Zamarripa– abatidos por el francotirador solitario Micah Johnson, también él muerto por un robot policial armado; el 17 de julio, tres agentes de policía más en Baton Rouge. “… Montrell Jackson, de 32 años; Matthew Gerald, de 41; Brad Garafola, de 45…”.
Y siguen las muertes. En el Gun Violence Archive (archivo de violencia con armas de fuego), conté otros 306 fallecimientos por disparos en todo Estados Unidos solo en los primeros ocho días de julio de este año.
 La mayor parte de ellos no en tiroteos policiales de repercusión pública ni en tragedias masivas; aunque, en escala más pequeña y localizada, las atrocidades de Baton Rouge, St Paul y Dallas se repitieron en cada rincón de este país, entre ellos Ticfaw (Louisiana), Woodland (California), Tabernacle (New Jersey) y Harvey (Illinois). Más de 300 muertos por disparos de arma de fuego en apenas ocho días.
“Apuñalando a mi conejita”: enseñar a los niños sobre pistolas y violencia
Y entonces, por supuesto, ahí estaban mis hijos, mi marido y esas ‘pistolas’. Cuando era pequeño, a Patrick no le permitían jugar con pistolas de juguete.
En lugar de eso, él, sus padres y sus amigos iban al centro comercial durante los compras de Navidad para poner pegatinas con el texto “No a los juguetes bélicos” en las reproducciones de Rambo o el soldado Joe.
 Cuando iba a la casa de sus amigos, debía decirles que para él los juguetes de guerra estaban verboten*.
Al igual que Patrick, yo me crié en una familia de activistas contra la guerra.
También a nosotros nos prohibían los revólveres de juguete.
Lo más probable es que en vez de jugar a ‘policía y ladrón’ mi hermano y yo jugáramos a ‘manifestantes frente al Pentágono’.
Hace poco tiempo he estado pensando sobre el porqué de que las armas de juguete no nos llamaran la atención cuando éramos niños.
 Sospecho que se debía a que entendíamos –o nuestros padres hacían que entendiésemos– qué había hecho la gran pistola del militarismo estadounidense en Hiroshima, Nagasaki y toda la América Central.
 Nuestro padre había visto muy de cerca y personalmente esa gran pistola.
 El dedo índice de su mano derecha –el mismo conque nos señalaba cuando estábamos en problemas– había apretado el gatillo una y otra vez en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.
Él fue condecorado allí, pero no sentía ninguna nostalgia por lo vivido entonces. De hecho, al regresar a casa desde el frente, se sentía profundamente avergonzado de la gallarda figura que alguna vez había tenido.
 Entonces, papá elaboró un nuevo tipo de valentía para decirle NO a la guerra y la violencia, a matar a cualquiera.
Su conocimiento de la guerra imbuyó su activismo pacifista y no violento de un genuino y arrogante estilo de superhéroe.
Nuestros padres –y nuestra variopinta comunidad de católicos activistas por la paz– hicieron de la no violencia y el ‘no matarás’ a ultranza su guía de vida.
De hecho, mi primera experiencia con las armas de fuego fue el escalofriante temor que sentí al saber que, cuando se manifestaban, mi padre, mi madre y sus amigos penetraban en lo que ellos llamaban “zonas de fuego a discreción” de las bases militares, donde soldados bien armados y adiestrados tenían licencia para matar a los intrusos.
Por eso, nunca nos apuntábamos con una pistola de juguete.
Nosotros no hacíamos ‘bang, bang’ con la mano o una estaca.
Nosotros cruzábamos los dedos índices y esperábamos que nuestros seres queridos estuviesen a salvo.
Vivíamos en un barrio de Baltimore donde la locura del consumo de ‘crack’ estaba empezando a hacerse notar; aunque mínimamente, eso también se notó en casa.
 Aunque no teníamos cosas de valor, nuestra casa fue robada a punta de pistola más de una vez.
 Una vez vimos a un hombre desangrarse hasta la muerte después de ser apuñalado repetidamente en una pelea por alguna insignificancia.
Algunos de mi casa corrieron a ayudar al herido y estuvieron un buen rato allí esperando que llegara una ambulancia.
 Nosotros, niños como éramos, sabíamos que esa violencia era algo muy serio; ningún niño la jugaba.
Era una cuestión grave y había que resistirse a ella.
Como suelen hacer los padres, Patrick y yo estamos transmitiendo esta tradición a nuestros hijos, afortunadamente sin las cicatrices emocionales dejadas por nuestra niñez de resistencia.
 Ellos no tienen pistolas ni figuras violentas ni ninguna otra herramienta de muerte.
Aun así, últimamente hemos visto a nuestro hijo Seamus convirtiendo cualquier palo en un arma imaginaria.
Por supuesto, esto viene pasando –tal como puede verse en los titulares de prensa del momento– las armas de verdad están transformando a quienes antes eran personas de verdad en números en una estadística.
En estas circunstancias, ¿cómo podría dejar de pensar en armas de juguete, armas de verdad, la naturaleza del juego infantil, el papel de la imaginación, el lugar de los progenitores y la forma de (si hacerlo o no) supervisar (¡ha!) esos juegos de imaginación?
Cuando mi hijastra Rosena tenía unos cuatro años encontró en el jardín un puñal de juguete –alguien lo había traído a casa a escondidas– y estaba apuñalando una y otra vez a uno de sus queridos animales de peluche, una conejita.
 Desde la habitación vecina, yo podía oír los golpes en el suelo del dormitorio de Rosena, y pregunté en alta voz: “¿Qué estás haciendo?”.
–Estoy apuñalando a mi conejita. La maté –respondió ella con toda naturalidad.
Sin duda, influida por mi propia infancia y el recuerdo de mis padres, me di cuenta de que debía aprovechar ese “momento de aprendizaje”. Fui al dormitorio de mi hija con una caja de zapatos. “Entonces, tu conejita está muerta”, le dije en mi versión más maternal posible. “Tú sabes qué pasa cuando se mueren las cosas vivas, ¿no es cierto? Es para siempre, ¿no es así? Ahora debemos enterrarla”.
 Entonces, Rosena y yo ‘enterramos’ el peluche en un estante alto de su armario. La dije que no podemos hacer daño o matar las cosas (o a las personas) que amamos. Le dije que como había “matado” a su conejita, ya nunca podría volver a jugar con ella.
Más o menos una semana más tarde, devolví el peluche a su cesta de juguetes, y cuando mi hija me preguntó el porqué, la tranquilicé diciéndole que pensaba que ella no volvería a hacer daño a sus juguetes como lo había hecho.
Ella estuvo de acuerdo.
 Ahora recuerdo ese momento con cierta tristeza, pero cuando hace poco tiempo oí a Rosena explicando la muerte y la pérdida a sus hermanos más pequeños, me dije: “Vaya, es posible que de alguna manera la dramatización del entierro en una caja de zapatos en realidad haya ayudado”.
Los juguetes tienen importancia. En nuestra casa hemos pensado bastante en lo que podría llamarse ‘terapia con juguetes’.
 No compramos nada nuevo o con poco uso. Mayormente, aceptamos cosas regaladas por amigos que solo querían deshacerse de “esos trastos que no sabemos que hacer con ellos”. Afortunadamente, ninguno de esos ‘trastos’ era un arma de fuego. Después de todo, en circunstancias equivocadas, incluso las pistolas de juguete pueden significar la muerte.
Hace un año, mi hija Madeline, unos amigos y yo visitamos el Centro Recreativo Cuddell en Claveland.
En esa vasta extensión de canchas de pelota y senderos, junto a unos columpios y una glorieta, fue donde Tamir Rice, de 12 años, fue mortalmente tiroteado por el agente de policía Thimoty Loehmann en noviembre de 2014. Rice, afroestadounidense, estaba jugando con un arma Airsoft** que un amigo de su padre había comprado en Walmart.
 El juguete, una réplica exacta de una pistola Colt, disparaba unos balines de plástico y parecía bastante real, ya que la pieza anaranjada que indicaba que se trataba de un juguete se había perdido.
No obstante, el agente Loehmann, que estaba investigando a partir de una información que decía que en un parque había un hombre con una pistola, tenía demasiada prisa para darse cuenta de algo. Se acercó velozmente a Rice y empezó a disparar incluso antes de que su coche de patrulla se detuviera. Después se informó de que cuando Rice murió aún tenía las manos en los bolsillos.
A pesar de que Loehmann no recibió acusación alguna, la ciudad de Cleveland pagó una compensación de seis millones de dólares a la familia Rice y demolió la glorieta donde el chico había sido tiroteado. El día de nuestra visita al parque, un grupo de activistas locales nos contó cómo había sido el tiroteo y los hechos posteriores.
Escuchando a medias, fui tras Madeline que se dirigía a la zona de los juegos. Intenté imaginar la pena de Samaria Rice en ese lugar tan corriente convertido parcialmente en un altar y tarima de discursos por el dedo de un policía de ‘gatillo fácil’, el racismo y la sangre de su hijo.
Pensé en esa pistola de juguete en las manos de Tamir Rice y qué pasaría por su cabeza cuando apuntaba y disparaba con ella.
 A pesar de la diferencia de edad, no puede haber sido muy distinto que lo que normalmente pasa por la cabeza de mi hijo cuando recoge del suelo un palo y ¡apunta con él, dispara con él y mata con él! Por supuesto, la diferencia es que Seamus –rubio, pecoso e inconfundiblemente blanco– no habría corrido el riesgo de que un policía le matara por tener una pistola de juguete en sus manos, aun ocho años después.
Pistolas detonadoras *** por doquier
El de los juguetes es un buen negocio en este país, que en 2015 llegó a los 19.400 millones de dólares, según la firma de seguimiento del comercio minorista NPD. Nuestra familia no ha colaborado ni siquiera con una moneda para lograr este éxito.
 Por eso, cuando anuncié que todos iríamos a pasar una tarde lluviosa en una tienda local de Toys “R” Us fue una sorpresa mayúscula para los pequeños, como si hubiera caído una rayo desde el cielo azul.
Yo quería ver qué tipo juguetes bélicos se vendía allí. Tenía curiosidad, entre otras cosas, acerca de si acaso los escolares que habían enseñado a Seamus sobre superhéroes, tipos malos y La guerra de las galaxias habían despertado en mi hijo el gusto por las armas; es decir, tenía curiosidad y quería ver cómo reaccionaría él ante el despliegue de armas de fuego en Toys “R” Us, donde yo suponía se exhibían cientos de ellas.
Nos subimos al coche como si fuese la Nochebuena; Seamus estaba bastante excitado. Madeline contagiada del entusiasmo de su hermano. Yo vivía mi propio entusiasmo por haber traído a los niños en mi primera salida de investigación.
Lo que encontramos no era exactamente lo que yo esperaba; en varios aspectos.
Rápidamente, Seamus se vio superado por la superabundancia de todo; muchas fotos de juguetes en su cajas pero nada que pudiese ser tocado (en este sentido, era lo opuesto a lo que veíamos en nuestras visitas a la tienda de Goodwill, donde es posible sentarse en el suelo y jugar con todos esos juguetes de segunda mano; la única condición es volver a dejarlos en su sitio).
 Hoy no me sorprende que en ese momento fuese directamente hacia lo que le resultaba conocido, lo que podía coger en su mano y él buscaba: los libros.
Me costó bastante alejarlo de Five Stories About Princesses (Cinco historias de princesas); para entonces, Madeline, se había dormido.
Por fin encontré las pistolas detonadoras Nerf, pero Seamus no se interesó por ellas. “Llévanos a otro sector; ¿eh, mamá?”.
Por supuesto, yo estaba buscando lo peor de lo peor en materia de armas, pero me resultó bastante difícil de encontrar. En ese sector, admitámoslo, tenían los fusiles de asalto Nerf Zombie Strike Doominator y Nerf Modulus Recon MKII por 34,99 dólares cada uno.
 Ciertamente, dado el eterno combate contra los muertos vivientes, aquello podía ser algo lúgubre, pero las armas detonadoras con sus brillantes colores tan propios de una viñeta de cómic y tan irreales que se ofrecían a chicos de “ocho años y más” parecían muy ajenas a las carnicerías estadounidenses con armas de fuego (y nuestras guerras en tierras remotas).
 Debo admitir que no me atrae la idea de ver a Seamus disparando contra cualquier cosa o persona –ni siquiera un zombi hambriento­– pero tal como se han dado las cosas, no necesito preocuparme, al menos de momento. El matar zombis no está en sus planes.
Aun así, continué buscando el sector de las armas de verdad, y vi más pistolas detonadoras, lanzadores de dardos y cosas por el estilo, aunque ninguna de ellas llevaba el rótulo de “pistola”.
Por supuesto, nosotros vivimos en Connecticut, a unos 150 kilómetros de Newtown donde, en 2012, Adam Lanza, un adicto a los videojuegos violentos que se había criado en una casa llena de armas de fuego, mató a 20 niños apenas un poco más grandes que Seamus y a seis adultos en la escuela primaria de Sandy Hook.
Quizá por eso, nuestro punto de venta de juguetes estaba sensibilizado, aunque lo dudo. Ahí se encuentran la Halo UNSC SMG Blaster (la sigla le agrega un atractivo extra pese a que está ahí sin razón alguna) por 19,99 dólares, ya la NERF Star Wars Episode VII First Order Stormtrooper Deluxe Blaster , que dispara 12 dardos a 20 metros sin recargar, por 41,99 dólares.
 Lo peor que encontré era el Xploderz Mayhem cuyo reclamo era “mayor distancia y más proyectiles”, que dispara bolas de agua coloreada. Estaba en liquidación por 18,89 dólares.
Para entonces, Seamus estaba arrastrándome desesperadamente hacia el sector de ‘Congelados’. Madeline ya se había despertado y se sentía en el paraíso.
Entonces los dejé ahí un momento y me escabullí para hacer una última comprobación de las ‘verdaderas’ armas de juguete.
No tuve suerte. No encontré una pistola Airsoft como aquella con que Tamir Rice estaba jugando cuando lo mataron. Tampoco encontré una imitación del fusil de asalto Sig Sauer.
Resulta que la mayoría de las tiendas de venta directa de juguetes ya no ofrecen armamento para niños que parezca real, tampoco existe la juguetería con el equivalente al reservado de las viejas tiendas de barrio para alquiler de vídeos donde el porno estaba disponible.
Para este tipo de juguetes es necesario recurrir al mundo de la venta online, como Kids-Army.com , donde es posible comprar fusiles, escopetas y pistolas de juguete de aspecto real; incluso en Amazon es posible encontrar la versión Airsoft del fusil Sig Sauer por 249,99 dólares.
“Iniciarlos cuando sean jóvenes”
La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) estaría decepcionada con mi tienda local de Toys «R» Us, como sin duda lo está con la decisión de la mayoría de los grandes comerciantes de juguetes de dejar la venta de las armas más realistas para el mundo del comercio online. Esto pasa, en parte, en respuesta a la presión social en la que mi marido está comprometido desde que estudiaba en la universidad y –sobre todo– al rutinario horror de la borrosa frontera ente las armas de juguete y las reales.
 Ya sabéis, nuestro país es extravagantemente loco por las armas; sin embargo, en aras de la seguridad, puede prohibir las pistolas de juguete y los paraguas con punta aguda en la zona que rodea a la Convención Republicana de Cleveland, pero es incapaz de impedir que la gente porte armas sin ocultarlas en Ohio.
La NRA quiere que los niños jueguen con armas de juguete que parezcan reales y las que disparan balines, ya que están convencidos que ese tipo de armas forman parte de la iniciación de un niño en la futura tenencia de armas verdaderas.
 De momento, los grupos de presión que trabajan en pro de las armas están preocupados por el hecho de que las personas que poseen armas no son suficientes, a pesar de que 270 millones de una población de 310 millones ya las tienen en todo este país (según el Instituto de Investigación Pew), y podrían armar a casi todos los hombres, mujeres, personas trans y niños.
Aun así, pese al hecho de que los estadounidenses ya pueden portar armas en los 50 estados y la NRA continúa ganando la mayor parte de las grandes luchas políticas, el número de hogares con armas de fuego en realidad ha bajado desde el pico al que se llegó en los últimos años sesenta (aunque quienes están armados tienen más armas y más letales que nunca antes).
No dudéis que la industria de las armas de fuego y el correspondiente lobby están luchando para crear un ejército de niños.
“ Start Them Young ” (Iniciarlos cuando sean jóvenes), un informe del Centro de Estudio de la Violencia Política (VPC, por sus siglas en inglés) publicado en febrero de 2016, explica detalladamente que los fabricantes de armas y la NRA hacen todo lo posible para vender armas reales a consumidores cada vez más jóvenes.
El informe comienza con una selección de citas de la industria, entre ellas esta verdadera joya de Craig Cushman, director comercial de Thompson/Center Arms, refiriéndose a su fusil Hot Shot para niños: “[Hablamos] de un arma de fuego de reducidas dimensiones diseñada para los tiradores más pequeños: el verdadero primer fusil. Nuestro objetivo es la franja de niños entre los seis y los 12 años”.
 Dicho de otro modo, los niños están literalmente en su mira.
Vivimos en un mundo extraño. La industria del juguete se ha hinchado y decorado sus armas de juego como si se trataran de golosinas, aumentado el volumen de la violencia en la web y en los videojuegos y envuelto todo con plástico lleno de advertencias de seguridad.
 Al mismo tiempo, la industria de las armas de fuego está fabricando pistolas cada vez más pequeñas y atractivas para los niños y consagrando sus esfuerzos al importante mercado de los más pequeños.
¿Podemos estar seguros –todos nosotros– en un país inundado de armas de fuego? La industria de las armas y la munición presume de haber tenido unos ingresos de 16.000 millones de dólares en 2015. El comercio de venta de armas –tanto en tiendas minoristas como en sitios online– tuvo unos ingresos de 3.100 millones de dólares en el mismo lapso.
Esta industria, como un todo, se declara responsable de una “actividad económica” por un valor cercano a los 50.000 millones de dólares solo en 2015. Esto representa un importante número de puestos de trabajo, pero esto se contrapone al guarismo que realmente está subiendo como la espuma: 229.000 millones de dólares.
 Este es el costo anual de la violencia con armas de fuego –la letal y la no letal– en este país, según Mother Jones y el analista Ted Miller, del Pacific Institute for Research and Evaluation, que se asociaron para calcular los números.
Ese guarismo incluye tanto el costo directo de las heridas por arma de fuego como las muertes –investigaciones policiales, personal de emergencia, facturación de los hospitales, cuidados a largo plazo de los heridos, funerales para los muertos y el costo de juzgar y encarcelar a los perpetradores–. El informe llega a esta conclusión: “Incluso antes de tener en cuenta los costos más intangibles de la violencia… el costo promedio de cada homicidio con arma de fuego en Estados Unidos se acerca a los 400.000 dólares para el contribuyente.
Y los pagamos multiplicados por 32 cada día”.
Estamos inundados de armas de fuego. ¿Cómo acaba esto? La violencia con armas de fuego está incrustada en nuestra mitología nacional, nuestra política exterior, nuestra noción de la masculinidad, nuestra industria del entretenimiento y los juegos de nuestros hijos. Todas las pantallas nos muestran cómo se resuelven –violentamente– los problemas, desde el Apocalipsis de los zombis hasta el surgimiento del Daesh.
La máxima del dramaturgo ruso Anton Charkhov continúa vigente: “No debería ponerse una pistola cargada en el escenario si nadie está pensando en dispararla”. Seguro que más pronto que tarde esa arma se disparará; puede que sea accidentalmente, o para aterrorizar, o por odio. Pero se disparará. Sea donde sea, mientras usted lee esta nota, ahora mismo. Yo no quiero controlar la imaginación de mis niños.
 Aunque hay muchísima literatura para progenitores que me dice que debo hacerlo. Esa literatura dice que no debemos meternos en los juegos de nuestros hijos, incluso aunque haya en ellos pistolas, tiroteos y muertes. La imaginación no es más que eso, imaginación, y la violencia no es real. Incluso podría ser –para esta línea de pensamiento– una forma saludable de procesar la agresividad.
Entiendo lo que dicen, pero para mí eso es como una evasión. A mí me parece que muchas veces no intervenir es una oportunidad perdida en la tarea parental. Seguro, la violencia no es real. En realidad, los “bang, bang” no desgarran piel ni rompen tendones ni paran el latir de un corazón, pero Estados Unidos, que ha estado librando guerras lejanas sin cesar en los últimos 15 años, de verdad tiene un problema con la violencia, con la virilidad y con las armas de fuego.
Sabemos dónde acaba ese problema, pero también comienza en algún lugar. Al menos, un lugar que debemos empezar a observar es la forma en que juegan nuestros niños –particularmente nuestros varones– y la forma en que son educados (o no) y enseñados (o no) a expresar sus emociones. Se trata, al menos parcialmente, de que nosotros, sus progenitores, decidamos si acaso serán ellos quienes ayuden a arreglar nuestra sociedad y reorientarnos (o no). Eso empieza con el cuidado y amor que ellos reciben, la conversación a la que están invitados, las expectativas que ellos reciban acerca del comportamiento y las relaciones.
No quiero que Seamus, Madeline y Rosena crezcan en la atmósfera dura, desgarrada y de enfrentamiento mostrada por los horribles titulares que era la esencia de mi propia niñez. Pero tampoco quiero que se sientan cómodos con la muerte violenta.
Quiero para mi pequeño hijo –y de él– mucho más que “Bang, bang; ¡estás muerto!”. Eso empieza por quitar de sus manos ese fusil o asta de la bandera del Orgullo LGTB, invitándolo a que se siente y teniendo con él una conversación fuerte sobre lo que hacen en realidad las armas de fuego a las personas y el enorme daño que a todos nos hace tanto asesinato.
* En alemán en el original. Verboten significa prohibido. (N. del T.)
** Las armas Airsoft son imitaciones muy exactas de armas de guerra reales; suelen ser utilizadas en los juegos de guerra por los aficionados a estos juegos. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Airsoft. (N. del T.)
*** ‘Pistola detonadora’ es una traducción muy libre que hago de ‘blaster’. Blast, en inglés significa explosión, detonación; entonces blaster –que no figura en ninguno de los tres diccionarios con los que trabajo– sería una ‘cosa’ que produce detonaciones. Como en los últimos tiempos la palabra gun (arma de fuego) tiene algo de políticamente incorrecto, la estrategia comercial sugería no utilizarla. En lugar de ella, la industria juguetera inventó la palabra blaster para referirse a la panoplia de armas de fuego de juguete que se ofrecen a los niños para que vayan familiarizándose con ellas. En este capítulo de la nota, el lector puede visitar varias páginas web en las que se ofrece este tipo de armas de ‘juguete’. (N. del T.)
TomDispatch
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García
Frida Berrigan , colaboradora habitual de TomDispatch, escribe el blog Little Insurrections para la WagingNonviolence.org; es autora de It Runs In The Family: On Being Raised By Radicals and Growing Into Rebellious Motherhood. Vive en New London, Connecticut.

La medicina para los niños de hoy: La entrega a sus procesos

 

http://www.caminosalser.com/i1850-la-medicina-para-los-ninos-de-hoy-la-entrega-a-sus-procesos/

entregaalosprocesos

Cuando estamos atravesando un momento difícil con los niños, lo primero que solemos hacer es resistirnos, haciendo gran esfuerzo por cambiarlo.
No nos entregamos, luchamos, nos enojamos, nos sentimos angustiados, perdidos, culpables, victimas.
Enfrentamos los conflictos y dificultades con la ansiedad y urgencia  de sacarnos de encima el problema.

No queremos vivir los procesos, rápidamente queremos ver la meta resuelta. Nos queremos saltear mil pasos, y muchas veces, ni dar el primero, y ya sentirnos victoriosos por haber alcanzado la línea de llegada.  Si el niño tiene fiebre: un antifebril; si está manifestando ciertos comportamientos: probamos miles de fórmulas, sin dejar que esto nos toque y nos modifique en algo.

No queremos parar, no nos gusta mirarnos u observar el alrededor. Nos negamos a atravesar un tiempo de proceso junto a los niños. Permitir el paso de las horas, los días, para convivir con la incomprensión, la incomodidad y el dolor que toda dificultad nos trae al principio.
Necesitamos dejar de buscar la salida, y comenzar a buscar la entrada. Un tiempo de “no sé qué te sucede, pero acá estoy formando parte de ello”.
Necesitamos aprender a entregarnos, dejando de lado los juicios de “es mejor o es peor”,  que solo nos aleja del todo, por analizar una parte.

Las dificultades nos traen algo; nos ablandan, nos detienen, nos hacen reflexivos, humildes, tranquilos. Pero nos separamos de ellas, calificándolas negativamente. Creemos que vienen a interrumpirnos la vida que funcionaba sin problemas, y que estaba… ¿ordenada y tranquila?


No corras, ¿sabes a dónde tienes que ir?

“No corras, ve despacio, que a donde tienes que ir es a ti mismo.” , dice un conocido poema de J. R. Gimenez.

Si cuando pasamos un momento de dificultad con los niños, lo único que tenemos en mente es cambiarlo ya, no estamos yendo a ningún lado.

Ante panoramas difíciles, se necesitan dos cualidades: la paciencia y la entrega.

Tomémonos un tiempo y no hagamos nada, y con ello, entremos y entreguémonos a todo lo que ocurre.

Ese tiempo nos hará mejores personas; seres humanos más sabios, ricos en valores, respetuosos ante las situaciones diversas y adversas. Y quién te dice, que ahí, justo ahí, estaba la solución, o la situación te dice lo que puedes dar o hacer para moverla a otro estado y hacerla evolucionar…

El desafío no es el problema que está afuera, son las propias limitaciones; es nuestra habitual forma de abordar la vida; nuestra tendencia a salirnos en vez de querer entrar.  Somos nuestros propios desafíos, y somos también, la resolución.
No hay situaciones afuera que no podamos resolver, comenzando con sentirnos parte de ello, amorosa y pacientemente.

Si hay algún conflicto que estés atravesando con un pequeño, deja de hacer fuerza en contra y ponte a favor. Acéptalo, para darle lugar a la confianza, a la inteligencia divina que hay por detrás de todo lo que vivimos.

Seguramente, ya lo has comprobado, muchas cosas son al revés de lo que nos han enseñado; entonces, detente, no hay que hacer mucho. Ponte a disposición y servicio de lo que está ocurriendo, y déjate llevar por ello. Eso está ahí para regalarte algo… déjalo entrar.

¿A quién se le ocurrió inventar los exámenes que nos atormentan por el resto de nuestras vidas?

http://www.msn.com/es-pe/noticias/mundo/%C2%BFa-qui%C3%A9n-se-le-ocurri%C3%B3-inventar-los-ex%C3%A1menes-que-nos-atormentan-por-el-resto-de-nuestras-vidas/ar-BBuoynQ

Chica cuestionandoImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionEn serio, ¿quién fue?

«Llevo 40 años teniendo pesadillas en las que voy a un examen y me doy cuenta de que me preparé para un tema distinto. O miro el examen y está en un lenguaje que nunca he visto antes. O tomo mi lápiz para contestar, pero no puedo escribir la palabra que quiero», revela Simon Goldhill, director de Estudios Clásicos en King’s College, Londres.

«Es mi sueño recurrente por excelencia: tener que hacer un examen de matemáticas o de alguna asignatura que no sé. ¡El horror de tener que presentar un examen para el que no te preparaste!«, señala el comediante Richard Herring.

Por suerte, te despiertas, aunque tremendamente agitado y hasta con escalofríos.

Yo no he tenido que hacer un examen por décadas pero, como miles de otros, todavía tengo pesadillas como esa.

Ahora, como profesora de Estudios Clásicos en la Universidad de Cambridge, estoy oficialmente al otro lado del proceso, y lo que me ha intrigado durante los 40 años que he estado enseñando es cómo los exámenes y sus graciosos rituales se metieron en nuestra psiquis colectiva.

¿Dónde, cuándo y por qué?

No olvidemos que a algunas culturas le han ido perfectamente bien sin ningún examen.

La antigua Roma era felizmente libre de exámenes.

Y países como Reino Unido no tuvo los exámenes escritos como los que conocemos hasta el siglo XIX; antes de eso, la mayoría eran orales.

A los que tenemos que acreditarles -o culparlos- por este invento en particular es a los chinos.

En el siglo VII a.C. crearon lo que era «una prueba estupefaciente durante la cual algunos se enloquecían y otros morían«.

«Hay imágenes de las salas de exámenes de provincia, con fila tras fila de celdas abiertas por un sólo lado», cuenta Peter Bol, de la Universidad de Harvard, quien es un experto en esos primeros exámenes.

Complejo para exámenes chinoImage copyrightCREATIVE COMMONS
Image captionEsas casetas con cortinas blancas y letras chinas son las celdas de uno de los complejos donde tomaban los exámenes imperiales.

«En las celdas separadas no podías copiar de otro. Entrabas, traías algo en qué dormir, te daban un orinal, tenías un escritorio, tinta y te sentabas, te entregaban el examen y empezabas».

El sistema de examen imperial chino -como se llamaba- duraba 3 días… y noches, y versaba más que todo sobre clásicos de Confucio.

Había quienes no lograban llegar al final. Si un candidato moría, las autoridades envolvían su cuerpo en una estera de paja y lo tiraban al otro lado de los altos muros que rodeaban el complejo.

Los exámenes eran increíblemente competitivos.

Ilustración del examen en Kaifeng, dinastia Song, China.Image copyrightCREATIVE COMMONS
Image captionIlustración del examen en Kaifeng, dinastia Song, China.

«Tenemos evidencia de que en 1250 alrededor de 450.000 personas participaban en estas pruebas, pero sólo entregaban 600 diplomas«, señala Pot.

«¿Por qué los hacían? ¿Por qué invertían tanto, muchos años de educación, tutores privados, todos los gastos que involucraba eso, si la vasta mayoría no iba a tener éxito?», se pregunta, y contesta:

«Lo hacían porque les daba estatus, reconocimiento, conexiones y membresía en la élite local».

«Si me pidieran que señalara un logro extraordinario del Estado chino, diría el haber establecido el valor de los exámenes para la participación en la vida nacional y pública», declara el experto.

No estoy segura de si fue un logro o un autogol, pero el objetivo de ese sistema chino era noble.

Al crear esos primeros exámenes, no estaban sólo separando la paja del trigo, sino tratando de hacerlo según una medida justa de las habilidades, no de acuerdo a la posición social o riqueza del candidato.

Eso, se supone, es lo que seguimos haciendo, sin embargo aún no entiendo…

¿Qué estamos poniendo a prueba y para qué?

Es probable que queramos que todos nuestros médicos potenciales demuestren en muchas pruebas que saben lo que van a hacer.

Pero, ¿podemos decir lo mismo de exámenes para jóvenes de 18 años sobre la Guerra de los Cien Años?

Lápiz mordisqueadoImage copyrightTHINKSTOCK
Image caption¿Vale la pena tanta ansiedad?

A pesar de sus pesadillas, Simon Goldhill piensa que las pruebas académicas «son una buena prueba de tu habilidad para procesar y empaquetar una gran cantidad de información de una manera eficiente e ingeniosa».

Pero, «te dicen muy poco de tu capacidad como profesional. Y todos sabemos que los mejores alumnos no necesariamente obtienen los mejores resultados en los exámenes».

«Para lo que sí sirven, en mi opinión, es para prepararte para muchas cosas en la vida: si te va muy bien en los exámenes, te puede ir bien en otras cosas», dice Goldhill.

No obstante…

La lista de la gente que ha hecho cosas maravillosas en su vida a pesar de que no les fue bien en los exámenes es larga: en la universidad, Charles Darwin, por ejemplo, estaba demasiado ocupado buscando escarabajos para prestarle atención a las asignaturas que no lo aburrían.

¿Cómo serían los exámenes en su época?

«No se parecían a los de hoy en día», le dice a la BBC Gillian Cooke, archivista de Cambridge Assessment, que guarda tesoros de historia de los exámenes.

Describa en detalle el método que usted adoptaría para la desinfección de barcos en relación a la peste, la cólera y la fiebre amarilla»

Pregunta de un examen de Ciencia Sanitaria de la Universidad de Cambridge de hace un siglo
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«Hacían exámenes sobre electricidad y magnetismo, navegación, calor, luz, higiene».

Algunos son asombrosos, otros monótonos: «Cuáles son las fronteras de Austria, sus principales ríos y el curso de estos«.

Aunque están guardadas las preguntas no quedó registro de las respuestas.

Lo que sí podemos ver son los reportes de los profesores y, dice Cooke, «en ese tiempo eran muy directos; brutales».

«Rara vez dieron respuestas satisfactorias a las preguntas sobre las peculiaridades gramaticales»

«Muchos candidatos tuvieron pocos escrúpulos a la hora de escribir puras tonterías»

Encuentra la sombra correctaImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionTras estas historias, una tarea fácil para entretenernos antes de seguir tratando de entender para qué sirven.

Aún no entendemos para qué son

Hay mucha evidencia de que los exámenes no son buenos para predecir el futuro.

No sólo está el caso Darwin, quien en su autobiografía escribió «Intenté matemáticas (…) Me repugnó, principalmente porque no pude encontrar ningún significado en los primeros pasos de álgebra».

El inventor del teléfono Alexander Graham Bell, según su biógrafo, «disfrutaba del ejercicio mental» de las matemáticas, pero una vez entendía el método «se aburría y descuidaba la respuesta final», lo que se reflejaba en sus calificaciones.

El inventor Thomas Edison llegó a decir: «Puedo contratar matemáticos, pero ellos no me pueden contratar a mí«.

Y estos son apenas unos pocos.

¿Entonces?

Comic de chico dándose en la cabeza con el pupitre y diciendo grocerías.Image copyrightTHINKSTOCK
Image caption¿Concuerdas con lo que expresa tan elocuentemente este chico?

Tras explorar nuestra cultura de exámenes, estoy dispuesta a desafiar a cualquiera a que defienda la enorme cantidad de tiempo, dinero, estrés y esfuerzo que invertimos. Quizás sea necesario, pero es un sistema ciertamente defectuoso.

No tengo ninguna solución radical para ofrecer, excepto sugerir que nos relajemos un poco.

A los historiadores del futuro esta costumbre seguro les va a provocar tanto asombro como a nosotros los exámenes imperiales chinos.

Y se preguntarán por qué estuvimos dispuestos a someternos y someter a nuestros niños a tal calvario.