Vivir experiencias traumáticas no siempre nos fortalece

Existe un mito muy extendido que todos hemos escuchado en alguna ocasión, sobre todo cuando lo estamos pasando mal: lo que no te mata te fortalece. Sin duda, la resiliencia se construye sobre los pilares de las experiencias difíciles, esas que nos obligan a desarrollar una fuerza que no creíamos tener o que nos empujan más allá de nuestros límites.

Sin embargo, una cosa es la resiliencia que brota de las situaciones difíciles y otra muy diferente es el impacto psicológico que pueden tener los eventos traumáticos. De hecho, un nuevo estudio ha revelado que las experiencias traumáticas no siempre nos hacen más fuertes. A veces ocurre justo lo contrario.

Lo que no te mata, no siempre te hace mas fuerte

Una investigación realizada en la Universidad de Texas analizó los datos de más de 1.200 sobrevivientes del cambio climático a lo largo de dos décadas. Comprobó que las facultades mentales de las personas disminuyen tras experimentar desastres naturales y fenómenos meteorológicos extremos que alteran profundamente su vida. 

Estos psicólogos dieron seguimiento a personas que vivieron huracanes, inundaciones, sequías, inviernos extremos y emergencias industriales en la zona de Houston entre los años 2000 y 2020. Concluyeron que el viejo proverbio “lo que no te mata, te fortalece” no es del todo Cierto. De hecho, la salud mental se resiente aún más debido al impacto acumulativo de los eventos traumáticos. En esos casos, el bienestar mental cae poderosamente.

Un estudio similar realizado en la Universidad Brown llegó a la misma conclusión. Tras analizar las experiencias traumáticas de personas antes y después de haber vivido el sexto terremoto más poderoso registrado en Chile, los investigadores comprobaron que quienes habían vivido eventos traumáticos anteriores, como la pérdida de un ser querido, tenían más probabilidades de sufrir problemas de salud mental .

En la mayoría de los casos, las situaciones traumáticas generan una sensación de indefensión aprendida que hace que las personas sean más vulnerables al próximo revés. Superar un evento traumático no es una garantía de que no volverá a ocurrir algo similar. Si esas situaciones estresantes se repiten a un ritmo demasiado rápido y no logramos asimilarlas ni superar su impacto, las probabilidades de que debiliten nuestra salud mental son elevadas. Los golpes repetidos se van sumando y minando nuestro equilibrio emocional.

En resumen, las situaciones altamente estresantes del pasado, ya sean vividas a nivel individual o de manera colectiva, pueden hacer que seamos más vulnerables al trauma y aumentar las posibilidades de que desarrollemos algún trastorno mental, como la depresión, la ansiedad, el trastorno de estrés postraumático o una adicción.

¿Cómo protegernos del impacto de los eventos traumáticos?

Ante todo, es importante diferenciar las situaciones estresantes manejables de las experienias traumáticas que no podemos gestionar. Los factores estresantes manejables suelen ser menos graves, lo que nos permite poner en marcha diferentes estrategias de afrontamiento para lidiar con esa situación, sin llegar a exceder nuestra capacidad para gestionar lo que ocurre. Esas situaciones pueden tener un gran potencial de crecimiento ya que nos obligan a salir de la zona de confort , pero al mismo tiempo no generan un estado de angustia extrema.

En cambio, las situaciones traumáticas que no podemos gestionar suelen ser de naturaleza más extrema, como puede ser una violación, la guerra o una catástrofe natural. Esos eventos no solo suelen tomarnos por sorpresa, sino que pueden llegar a superar nuestra capacidad de afrontamiento provocando un elevado nivel de angustia emocional que pone en jaque nuestra salud mental ya menudo hacen tambalear nuestra visión del mundo y sistema de creencias. Ese tipo de eventos traumáticos tienen un poder destructivo mayor, tardaremos más en recuperarnos y es posible que necesitemos ayuda psicológica para salir adelante.

En cualquier caso, es importante recordar que cuando las cosas se tuercen, solemos creer que esa experiencia dolorosa inspirará de alguna forma la resiliencia y nos ayudará a ser mejores o más fuertes. Durante el primer año de la pandemia, por ejemplo, pensamos que “saldríamos más fuertes”, pero no ha sido así.

Debemos ser conscientes de que no son las situaciones traumáticas las que nos cambian y fortalecen sino la manera en que lidiamos con ellas. El sufrimiento no es una especie de iluminación en sí mismo. Si queremos que nuestro dolor tenga sentido, para que pueda ser edificante de algún modo, debemos asegurarnos de encontrar ese significado y no resignarnos a sufrir pasivamente en espera de una revelación mística.

No podemos escapar de algunas experiencias traumáticas y muchas veces tampoco podemos blindarnos ante su golpe emocional, pero siempre podemos intentar encontrarles un sentido para incluirlas en nuestra narrativa vital e impedir que a la larga terminen socavando nuestra salud mental.

fuentes:

Sansom, GT et. Alabama. (2022) Impactos compuestos de la exposición a peligros en la salud mental en Houston, TX. peligros naturales ; 111: 2809–2818.

Fernández, CA et. Alabama. (2020) Evaluación de la relación entre los estresores psicosociales y la resiliencia psiquiátrica entre los sobrevivientes de desastres chilenos. BJ Psiquiatría ; 217(5).

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