Archivos de la categoría CONSCIENCIA-FILOSOFÍA

EL PODER DE LA PLEGARIA PARECE TENER QUE VER CON QUE ABRE EL FLUJO AL INCONSCIENTE Y SU CAUDAL DE NUMINOSIDAD

Como si nada, en su libro más controversial -al menos de los que publicó en vida-, C. G. Jung deja una nota al pie:

La plegaria, por ejemplo, refuerza el potencial del inconsciente, de esta forma se explica el a veces inesperado poder de la plegaria.

(Respuesta a Job, p. 94)

La plegaria -o la oración o el rezo-, nos dice Jung, nos hace entrar en relación y tensión dinámica con el inconsciente. Esto es muy importante, pero es necesario explicarlo. Jung considera que el inconsciente es la fuente de instintos, imágenes y hasta propósitos no sólo individuales sino también colectivos, es “el tesoro espiritual de la humanidad”, un gran océano en el que está registrada toda la historia de la humanidad y posiblemente del cosmos. Un fondo que además parece tener una intencionalidad o propósito, que es unificar la psique, integrar los opuestos, hacer completo al ser humano, algo que es equivalente a lo que en la tradición cristiana es llamado teosis -la divinización del hombre- y en el hinduismo es la realización del Atman. Jung, sin embargo, no afirma que el hombre se convierta en dios a través de la manifestación de su inconsciente, sino que el inconsciente en su hacerse consciente produce imágenes similares a las que se han generado en las grandes religiones y que dicho proceso es acompañado de un efecto numinoso, o de una sensación de encontrar sentido en la vida.

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El derecho a morir: la última libertad

La defensa del derecho al suicidio tiene una larga historia. Sus orígenes, al menos para la tradición occidental, pueden remontarse a los filósofos cínicos y estoicos de la Antigüedad, quienes, siguiendo el ejemplo socrático, eran dados a cometer lo que podríamos denominar “suicidios virtuosos” y a teorizar moralmente sobre esta práctica, que, de todos modos, no era totalmente extraña en la sociedad de la Antigüedad pagana. Según los doxógrafos de estas escuelas helenísticas de filosofía, ZenónCleantes y Antípater de Tarso, escolarcas estoicos, cometieron este tipo de suicidio: hay ocasiones en las que el hombre sabio puede o debe quitarse la vida, si hay una razón apropiada para morir, como pueda ser por el país, por los amigos, o si está afectado por un dolor intolerable y una enfermedad incurable.

El tema vuelve a aparecer en Plutarco y Cicerón y otros autores que trataron la muerte del repúblico Catón de Útica o “El Joven”: antes que rendirse al triunfo de César en la guerra civil que acabaría con la República romana, decidió suicidarse. Pero tras el primer intento, algo teatral, falló, y tras encontrársele desmayado con la espada en el vientre, consiguieron salvarlo y vendarlo. Cuando recuperó el sentido, enfurecido, con sus propias manos, arrancó las vendas, se abrió la herida y sacó por ella todos sus intestinos hasta morir.

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El destino no hace visitas a domicilio

El destino, también llamado sino, hado o estrella, no hace visitas a domicilio. Si queremos encontrarnos con él, hay que salir a buscarlo. Porque aunque pensemos que la realidad está ahí para satisfacer nuestros deseos como por arte de magia, nuestros anhelos no se harán realidad hasta que no nos pongamos manos a la obra para cumplirlos. Incluso, a veces puede que esto no sea suficiente.

Me atrevo a decir que los mejores momentos de nuestra vida suelen ser aquellos en los que tomamos las riendas de nuestra vida, esos en los que actuamos bajo nuestras decisiones y en los que adquirimos de algún modo, el control de nuestro destino. Porque en lugar de rezar al universo o esperar a que los planeas se alineen, es necesario que nos planteemos qué queremos conseguir y una vez que lo tengamos claro, ponernos manos a la obra para emprender el camino a nuestras metas.

El destino lo escribimos con nuestras decisiones

El destino lo creamos a cada paso que damos y con cada elección que hacemos. No obstante, demasiada gente cree que simplemente con dejarse llevar y desear que algo suceda, se cumplirá. Pero desde mi perspectiva, no es cierto. La única manera en la que podremos tener lo que queremos es luchando por ello.

Hombre mirando al cielo

Por otro lado, algunos creen que cada persona viene a este mundo con un destinoespecífico. Según esta idea, todos tenemos algo que cumplir, algún mensaje tiene que ser entregado o algunos trabajos tienen que ser completados. De esta forma, no estaríamos aquí por accidente, habría un propósito para nuestra existencia.

Ahora bien, no es tan importante lo que creamos sobre nuestro fin, porque cada uno de nosotros tiene su propio destino, ese en creado bajo los hilos de nuestras decisiones. El único imperativo es seguirlo, luchar por él, aceptarlo. Cada uno de nosotros debe hacer lo que considera en cada momento de su vida.

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EL ENCUENTRO CON LA BELLEZA NO ES INSIGNIFICANTE, ES UNA OPORTUNIDAD PARA ENCONTRAR LO INFINITO EN LO FINITO

En una época que idolatra la imagen de las celebridades de Instagram, la belleza parece ser algo muy frívolo; sin embargo, si nos atenemos al entendimiento clásico de la belleza, no hay nada más profundo, pues es en la belleza que se revela lo infinito. Esto aplica tanto para el arte como para la ciencia y la religión. Por ejemplo, Tarkovski entendió el arte como la manifestación del infinito dentro de lo finito; Einstein y muchos otros físicos hablan de una belleza cósmica y de una elegancia en las teorías de la física; Platón y otros filósofos consideran que la belleza es lo que media y vincula lo celeste y divino con lo humano y terrenal.

David Bentley Hart, un teólogo cristiano, ha escrito uno de los libros más importantes para entender y revalorar lo que es realmente la belleza, The Beauty of the Infinite. Hart emparenta la belleza, más que con el bien (como ha ocurrido clásicamente), con el infinito. La belleza es el infinito manifestándose, lo divino que se conoce a través de la creación. Quizás esto no es del todo distinto a la idea budista de “la forma es vacuidad; la vacuidad es forma”. La belleza y el infinito son inseparables, de la misma manera que la vacuidad y la forma lo son, y lo trascendente tiene su ser en lo inmanente. Vamos a explicar esto.

En una conferencia sobre este tema, Hart explica su lectura creativa de la idea cristiana de la belleza, que se distancia en parte de la de Tomás de Aquino. Para Aquino la belleza es, sencillamente, aquello que es placentero. Aquino encuentras tres cualidades fundamentales en la belleza: completud o integralidad, consonancia o armonía entre las partes y brillantez o luminosidad. Hart nota que en realidad lo bello, aunque generalmente es una impresión sensorial, puede ser también lo conceptual o imaginativo. Su definición de la belleza es mucho más majestuosa y grandilocuente.

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LA GLÁNDULA QUE SECRETA DMT Y LA CUAL PARECE EXHIBIR UNA EXTRAÑA CONEXIÓN CON LOS PROCESOS DE MUERTE Y REENCARNACIÓN

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es único, todo tu cuerpo estará lleno de luz.

Mateo 6:22

We are led to believe a lie, when we see not through the Eye.

William Blake

Los fuegos siempre están jugando alrededor de la glándula pineal pero cuando el kundalini los ilumina, por un breve momento el universo entero se hace visible.

Madam Blavatsky

Desde la antigüedad la glándula pineal ha sido objeto de la más alta especulación metafísica. Considerada como un tercer ojo o un misterioso ojo espiritual, es uno de los centros anatómicos principales a los que se dirigen el yoga tántrico y otras disciplinas místicas en el afán de abrir o activar una percepción sutil y, al provocar un estado de expansión de conciencia, unir al practicante con la divinidad o los principios universales. “En el  esoterismo la glándula pineal es el vínculo entre los estados objetivos y subjetivos de conciencia o, en términos exotéricos, entre los mundos visbles e invisibles de la naturaleza”, dice Manly P. Hall (Man: Grand Symbol of the Mysteries).

Esta especulación (que en las tradiciones ocultas seguramente es acompañada de una serie de experimentos de anatomía teúrgica) ha sido revivida en la actualidad con el descubrimiento de que la glándula pineal secreta DMT (un poderoso enteógeno endógeno) y una misteriosa coincidencia encontrada por el doctor Rick Strassman: esta glándula se forma a partir de la séptima semana dentro del feto (el mismo momento en el que se identifica el sexo); son también exactamente 7 semanas o 49 días los que se dice que tarda un ser humano en reencarnar según el Libro tibetano de los muertos (Bardo Thödol), la gran autoridad en escatología que tiene el budismo. En este artículo intentaremos conectar la concepción antigua de la glándula pineal como una puerta espiritual y un órgano de percepción metafísica con los hallazgos y algunas de las hipótesis más radicales de Strassman. Para hacer esto primero sentaremos un contexto científico, histórico y simbólico de la glándula pineal.

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Cómo conectar con el espíritu de una planta (lecciones de la etnobotánica Kathleen Harrison)

Hoy en día las plantas son para el ser humano, alienado en ciudades, casi el único rescoldo que le queda para reconectar con un mundo natural vivo, lleno de “espíritu”. Sabemos que las plantas tienen una cierta inteligencia -tienen memoria, aprenden y comunican información, entre otras cualidades-, además de ser la fuente de la vida, del alimento y del oxígeno. Para muchas culturas antiguas, sin embargo, eran mucho más que esto, eran espíritu vivientes que permitían entrar en contacto con un mundo de conocimiento, un puente entre el mundo humano y el mundo espiritual.

La etnobotánica Kathleen Harrison, esposa del famoso psiconauta y también etnobotánico Terence Mckenna, es una de las personas que mantiene viva esta forma sagrada de relacionarse con las plantas. Se define como “parte botánica y parte espiritista”. En su libro Cannabis and SpiritualityHarrison hace un notable recuento de cómo ella busca conectar con una planta que no conoce:

Cuando en un sendero me encuentro con una especie de planta que me es desconocida, trato de recordar seguir el respetuoso protocolo que he desarrollado. Realmente observo a la planta y trato de ver su forma verdadera y su textura, cómo y dónde sus hojas se conectan con su tallo, lo que sus flores o semillas me hacen recordar, qué otras especies crecen a un lado. Me pregunto cuál podría ser su familia, la cual puedo adivinar si conozco las características salientes de su familia, o tal vez conozca a algunos de sus primos también. Luego pregunto, en mi voz interna, “¿Quién eres?” Nos doy algo de tiempo. Mente vacía y quieta, y espero hasta que un sentido de lo que surge en mí parece una respuesta. Puede ser una imagen o palabras o un nombre, pero lo más probable es que sea una sensación. Pero este es sólo mi saludo, mi primera introducción. Tarda mucho en verdad conocer a una persona, y lo mismo es cierto para una planta.

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Esta parabola zen revela cómo dejar de aferrarnos a lo que nos hace daño

Un discípulo zen, se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos se lo impedían. Estaba desesperado, no sabía qué hacer, así que decidió contárselo a su maestro para que le brindara una solución: 
 
– Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar. Desaparecen durante unos segundos pero luego vuelven con más fuerza. No puedo meditar. No me dejan en paz. 
 
El maestro le explicó que esa situación dependía de él mismo y que dejara de darle vueltas al asunto. 
 
Sin embargo, el discípulo no se dio por satisfecho con esa respuesta. Siguió lamentándose de que los pensamientos no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa. Cada vez que intentaba concentrarse, un tren de pensamientos y reflexiones, a menudo inútiles y triviales, irrumpían en su mente… 
 
Entonces el maestro le dijo: 
 
– Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita. 
 
El discípulo no entendió el propósito de aquella extraña sugerencia, pero obedeció. Al cabo de un rato, cuando el maestro notó que el joven se sentía muy incómodo aferrando la cuchara y que no lograba meditar, le ordenó: 

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Séneca, quien fuera el hombre más rico del mundo, sobre cómo no ser esclavo del dinero y la riqueza

La riqueza de Séneca es un tema célebre y controversial. Sabemos que el filósofo nacido en Cordoba al servicio de Nero obtuvo enormes riquezas. Tenía numerosas propiedades, en Bayas, en Mentana, en Alba Longa, varias en Egipto, etc. Casio reporta que una revolución ocurrió en Bretaña cuando Séneca cobró sus préstamos a la aristocracia. Nassim Taleb incluso habla de que Séneca habría sido en algún momento el hombre más rico del mundo, algo que es discutible, pero de cualquier manera la idea es la misma. El tema es controversial pues Séneca es uno de los filósofos estoicos más importantes y en apariencia dicha riqueza entra en conflicto con los postulados del estoicismo.

La controversia sobre su riqueza no es un tema a posteriori, en su misma vida Séneca recibió estas acusaciones y respondió a ellas. La clave estriba, según el orador y estadista romano, en la forma en la que se gana la riqueza (que debe de ser ética) y en la relación que se tiene con ella (que debe de ser de indiferencia y desapego). Algunos historiadores ponen seriamente en duda la coherencia de Séneca ya que al parecer hizo sus riquezas en parte recolectando interés sobre préstamos y argumentan también que a diferencia de otros estoicos Séneca trata con mucho mayor fijación el tema de la riqueza. De cualquier manera, todo esto es una interpretación basada en fuentes un tanto oscuras. Tenemos, sin embargo, las propias palabras de Séneca sobre la riqueza, las cuales, vengan de una persona congruente o no, siguen siendo algunas de las reflexiones más agudas sobre el tema. Una primera muestra:

Aquel que añora riquezas siente temor a causa de ellas. Ningún hombre, sin embargo, disfruta de una bendición que trae ansiedad; siempre está  tratando de añadir algo más. Mientras que se pregunta cómo incrementar su riqueza, se olvida de cómo usarla… cesa de ser el amo y se convierte en el esclavo.

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Las emociones

Las emociones están ligadas al cuerpo y, por tanto, sus manifestaciones son visibles (gestos, tono de la voz, ritmo cardiaco…).

Preceden a los sentimientos y se dieron antes en nuestro proceso evolutivo. Ocurren de forma automática, sin necesidad de pensar.

Su objetivo es regular el proceso vital y promover la supervivencia y el bienestar (homeostasis). En un principio (aunque hay algunas emociones que hoy en día no resultan adaptativas, como las que están detrás del racismo), las emociones apuntan directamente a la regulación vital a fin de evitar los peligros o ayudar al organismo a sacar partido de una oportunidad.

“Desde los procesos químicos homeostáticos hasta las emociones propiamente dichas, los fenómenos de regulación vital, sin excepción, tienen que ver, directa o indirectamente, con la integridad y la salud del organismo”. (A. Damasio)

Las emociones proporcionan un medio natural para que el cerebro y la mente evalúen el ambiente interior y el que rodea al organismo, y para que respondan en consecuencia y de manera adaptativa.

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Por qué estar bien adaptado a una sociedad enferma (como la nuestra) no es sano

“Estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma no es una buena forma de medir la salud”, dijo Jiddu Krishnamurti, según el escritor Mark Vonnegut, quien recupera esta frase en su libro The Eden Express. La frase es una de las más citadas de Krishnamurti y parece resonar con el espíritu de nuestros tiempos, en el que las personas sienten a la vez un fuerte deseo de pertenecer y encumbrarse en la sociedad y a la vez una repulsión, ya que para hacerlo suelen tener que  hacer a un lado su auténtica individualidad, consideraciones éticas y espirituales e incluso someterse a presiones laborales y sociales que ponen en riesgo su salud física y mental.

Hay que decir que es natural que la persona busque pertenecer a la sociedad y obtener estatus, esto es algo que en gran medida está codificado biológicamente y es además -al menos sentirse aceptado- una necesidad psicológica. El conflicto aparece al tiempo que el individuo nota que para ser aceptado por el grueso de la sociedad y para obtener los beneficios de dicha adaptación -bienes materiales, familia, pareja, fama y demás- debe de hacer cosas que en ocasiones van en contra de su propia visión del mundo y de ciertos principios que le parecen menos contingentes o efímeros que aquellos en los que se basa la sociedad actual. Evidentemente para el individuo que no tiene mucha conciencia moral o que no tiene una vida crítica intelectual y espiritual, el conflicto no suele surgir y simplemente abraza la visión materialista de la realidad en la cual está basada la sociedad moderna. Para este individuo no hay mucho que cuestionar o dudar; si sólo existe este breve intervalo de vida en medio de la nada absoluta, vida que no tiene ningún sentido trascendente ya que vivimos en un universo ciego y mecánico e inerte, entonces las cosas son bastante claras: hay que subir la pirámide del éxito, hay que buscar el placer y hay que dejarnos llevar por la voluntad de poder, que está a fin de cuentas justificada por la evolución biológica (la supervivencia del más apto). Esta visión literalmente sugiere que el mejor adaptado es el mejor, el más sano y el que obtendrá todos los beneficios, como el macho de las langostas más fuerte que tiene acceso a todas las hembras y obliga a los demás machos a sufrir la marginación.

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UNA HISTORIA DEL MISTICISMO ISLÁMICO QUE REVELA LA NATURALEZA DE LA SABIDURÍA

Existe un entendimiento que atraviesa las diversas tradiciones místicas: que la auténtica sabiduría es distinta del conocimiento. Es decir, no se trata de conocer cosas -siempre más-, cosas distintas y separadas de nosotros, ni tampoco de crear algo nuevo, de producir algo que no éramos. Se trata de des-cubrir lo que ya es, lo que siempre ha sido, lo que en el zen llaman el “rostro original”, la esencia universal que se ve limitada o bloquedada por lo temporal y particular. En un famoso poema, W. B. Yeats exclama: “estoy buscando el rostro que tenía antes de que fuera hecho el mundo”. Sin embargo, como nos dice el budismo, este buscar es probablemente la principal razón por la cual uno no encuentra. Y es que nos enfrascamos en una paradoja; como dice San Francisco, lo que buscamos es aquello con lo que buscamos.

En su libro The Rhythm of Being, Raimon Pannikar, el gran erudito de las tradiciones religiosas de Occidente y Oriente, cita esta historia sufí:

“¿Qué hace a alguien sabio?”, preguntó el discípulo.

“La sabiduría”, dijo el maestro.

“¿Qué es la sabiduría”, interpeló el discípulo.

“Es simplemente la habilidad de reconocer”, dijo el maestro.

“¿Reconocer qué?”, preguntó el discípulo.

“La sabiduría espiritual”, respondió el maestro, “es el poder de reconocer la mariposa en la oruga, el águila en el huevo, el santo en el pecado”.

La sabiduría es, como también creía Platón, reconocimiento, es decir, volver a conocer, recobrar algo que ya existía en nosotros, apreciar o apercibirse de algo que existe como nuestra más pura esencia, la cual, al reconocerse, se libera y encuentra espacio para manifestarse sin velos. Ver la flor o el fruto del ser -la posibilidad más alta de la expresión del ser- es mirar con inocencia, tener fe. Reconocer el potencial, lo cual es ya el principio del florecimiento. Ver el destino final es también ver el principio, pues vemos la flor y creemos en su florescencia porque conocemos el poder de la semilla y de la fuerza del Sol. La sabiduría, como muestra Aristóteles, siempre es un conocimiento de los orígenes, de las causas, de las esencias, del ser (una proté philosophia), y no de los accidentes.

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Un tierno corto que cambiará tu forma de ver la vida

La vida es un constante aprendizaje y eso es lo que nos muestra Piper, el nuevo corto animado de Pixar.

Protagonizada por un simpático pichón que está aprendiendo a comer por sí mismo, esta historia nos enseña que crecer o lanzarse a lo nuevo puede tener sus momentos difíciles pero es necesario atravesarlos para alcanzar lo que buscamos.

Muchas veces las situaciones desagradables o traumáticas que nos toca vivir son la mejor escuela para convertirnos en personas más fuertes. Afrontar los miedos es el primer paso para superarlos y una vez que lo logramos somos más fuertes, seguros de nosotros mismos y tenemos un mundo nuevo por descubrir.

Piper nos muestra que por vulnerables y pequeños que nos sintamos podemos revertir eso para lanzarnos a la aventura, el desafío, crecer y hacernos más fuertes y libres.

También es importante saber que los otros pueden mostrarnos un mundo nuevo que, de otra manera, permanecería sin revelarse ante nuestros ojos. Las experiencias compartidas pueden ser las más enriquecedoras y la vida siempre nos pone al lado de alguien que tiene algo para enseñarnos.

Hay que saber convertir las frustraciones en posibilidades y asumir los desafíos con valentía y determinación. Cada día es una nueva aventura y nunca sabemos lo que la vida tiene para enseñarnos, hay que salir al mundo y animarse a vivir.