Archivo de la categoría: CONSCIENCIA-FILOSOFÍA

Ser importante es del ego, ser feliz es del alma

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Aunque muchas veces intentamos ubicar nuestra felicidad en cosas que solo alimentan nuestro ego, cuando llegamos a sentirnos realmente felices nos damos cuenta de que esto corresponde a un estado tan independiente del ego, que es justo esa distancia, la que lo hace posible.

Es común que apostemos por la felicidad, especialmente que la atemos a logros, a reconocimientos, a eventos, a activos… a sentirnos “importantes”, pero desde el punto de vista de quienes nos ven, es decir, importantes desde los ojos ajenos y no desde la consciencia de que estamos viviendo un milagro y que somos parte de un todo maravilloso.

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A fin de cuentas, la felicidad es estar bien con todas las variables en juego, es la paz que sentimos cuando disfrutamos del camino, el aceptarnos sinceramente desde lo más profundo de nuestro ser y dejar de castigarnos y juzgarnos. La felicidad es la alegría del alma, que sabe que esos pequeños detalles que sentimos como grandes obstáculos para nuestra felicidad, no son sino distorsiones en nuestra percepción, de lo que somos en realidad, de lo que realmente estamos haciendo acá.

Todos somos importantes, igualmente importantes y esa igualdad es la que le resta importancia, es una condición común. A veces solo buscamos quedar bien con los demás, adaptarnos a lo que otras personas quieran, incluso si esto va en contra de lo que nosotros deseamos. Pero le damos más relevancia al sentirnos adaptados y queridos a estar en armonía con quienes somos y con lo que queremos.

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Tres formas de cultivar el desapego a la identidad personal

El grueso de nuestros problemas proviene de nuestra rígida identificación con un yo fijo, estable, aislado. Una especie de absolutismo personal. Sólo soy yo, este cuerpo y esta historia mental -escrita con un carácter aparentemente indeleble- de la cual emerge mi sensación de ser un individuo, un sí mismo separado de todo el universo, el cual se muestra como una serie innumerable de objetos que existen en oposición a mi identidad, y los cuales me generan aversión o avidez y ante los cuales se esgrime mi existencia como una lucha de poder, como un ejercicio de establecer mi voluntad. Pero aunque esta identidad se me presenta con un carácter estructural, con una realidad definida y concretamente limitada, el mundo alrededor es siempre cambiante, fluido e inasible. A veces se me presenta como deleite, maravilla y seducción, a veces como horror, angustia y tortura. Cuando me produce placer suelo aferrarme a él; cuando me produce dolor suelo rechazarlo. En ambos casos me apego a un estado interno, ya sea (transitoriamente) real o ideal, con el cual me identifico y a través del cual -como un lente o una categoría de percepción- miro y juzgó el mundo.

El hecho de que el mundo empírico sea cambiante hace que, por la más básica lógica, el mundo sea sufrimiento siempre que uno se apegue a algo, fundamentalmente a una identidad que busca preservar o incluso dirigir hacia un objetivo. Esta es la lógica budista en su más simple expresión: si el mundo es cambio, y la mente se aferra a algo -teniéndolo en ese acto como inmutable-, la mente se condena al sufrimiento. En cambio, si uno es capaz de existir abiertamente, sin referir toda experiencia a la propia identidad, es posible que el mundo y todas sus apariencias sean experimentadas como un proceso siempre fresco y siempre creciente en sabiduría, donde no deja de haber dolor o placer, pero estos no dejan huella, como el vuelo de un ave en el cielo. Sin la autorreferencia, la experiencia se vuelve incondicionada e ilimitada, pues la condición y el límite es fundamentalmente la adherencia a un yo y a su designación conceptual a los fenómenos que experimenta. Sin este yo-referente, los fenómenos dejan de ser meras experiencias conceptuales, o condicionadas por nuestros conceptos, que son siempre conexiones que hacemos con otros conceptos, los cuales configuran nuestra identidad, nuestro flujo o historia mental. En cierta forma el budismo sugiere que el yo fijo es la gran categoría kantiana que impide que conozcamos el mundo tal como es, la percepción sin concepto -el noúmeno en su paradójica unidad con lo fenoménico, lo absoluto en lo relativo, el dharmata (el cual es conciencia pura no-dual, mente libre de sus categorías y representaciones)-. Pero si fuera posible una existencia sin el lente del yo, entonces sería posible una existencia real en sí. Y veríamos el mundo tal como es, acaso vibrante, siempre abierto, luminoso. Como dijo Blake: “si las puertas [las categorías] de la percepción fueran depuradas, veríamos el mundo como en realidad es: infinito.”

De aquí surge la pregunta de los 84 mil (por usar un número budista), ¿cómo liberarse de la rígida identificación a un yo fijo y separado, a esta rancia, tiesa y fosilizada casa existencial que es nuestra mente apegada a un cuerpo y a una identidad psíquica? Evidentemente quien pueda responder cabalmente a esta pregunta será ya no un hombre común, sino un hombre despierto, un buda. Habiendo dicho eso, y notando que esta respuesta supera por mucho mis capacidades, uno puede apelar a la tradición e intentar responder conforme a los preceptos filosóficos de la misma, y en un acto que conjuga tanto la fe como la razón, tentativamente formular la posibilidad de que dicha existencia, que fue descrita afortunadamente como “fluir en el sin-yo” por el científico mexicano Jacobo Grinberg,  es una actualidad -incluso una naturaleza primordial- a la cual el ser humano puede acceder, justamente cuando se libera de los constructos mentales que se han convertido en una segunda naturaleza, pero que de ninguna manera, como el mismo Kant demostró, constituyen un conocimiento de la auténtica esencia de lo real, sino solamente una visión fosilizada por la proyección metafísica de nuestras propias categorías de
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Cuando sentimos indiferencia hacia la pareja

Preparamos la comida. Nos sentamos a comer. Nuestra pareja está en frente de nosotros. Comemos mientras miramos la televisión. Comentamos un poco cómo ha ido la mañana. Ella bebe un poco de agua. Nos mira. Nos miramos. Llevamos varios años juntos. Nos sonreímos. Nos relata alguna historia sobre su familia. La observamos con atención mientras comemos en silencio. La queremos. Es una parte muy importante en nuestra vida.

Sin embargo, ya no nos sentimos conectados con ella. Jamás desearíamos que le ocurriera algo malo, pero ya nada es lo mismo. ¿Quién no ha vivido una situación similar? La indiferencia hacia la pareja es un tema complejo a la par que doloroso.

Cuando la indiferencia hacia la pareja ocupa cada vez más momentos o se hace más intensa, suele dar paso a una sensación de malestar que termina haciéndose protagonista de nuestro estado de ánimo y de nuestro cuerpo. ¿Qué está pasando? ¿Qué ha cambiado? ¿Se ha acabado el amor? ¿Hemos sido víctimas de la monotonía?

A pesar de que no ha ocurrido nada malo destacado, esa conexión mágica ha desaparecido. Expresiones como, “parecemos más amigos que una pareja” o “la veo más como mi hermana que como mi novia” se repiten de forma frecuente en muchas relaciones. ¿Es momento de poner punto y final o se puede reavivar la llama del amor? 

Mujer aburrida

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5 lecciones para la vida que no nos enseñan en la escuela – aunque deberían

Enseñar a los niños a contar es bueno, pero enseñarles lo que realmente cuenta es mejor”, dijo Bob Talbert, un profesor de Matemáticas de la Grand Valley State University. Por desgracia, la brecha que separa la vida de la escuela sigue siendo enorme.
La escuela nos “prepara” para insertarnos en la sociedad industrializada y contribuir a su desarrollo desde el punto de vista profesional, pero se olvida de las enseñanzas de la vida. Eso significa que muchas veces tenemos que aprender a golpe de adversidad y darnos cuenta, siendo ya adultos, que necesitamos cambiar viejos patrones de pensamiento que nos dañan o nos aportan nada sino que son un obstáculo para nuestro crecimiento.

¿Qué necesitamos saber para enfrentar mejor la vida? 

 
1. El mundo no gira a tu alrededor

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La Muerte y el Morir desde la Perspectiva Chamánica

“La vida no se mide

por las respiraciones que tomas,

sino por sus impresionantes momentos “.

Michael Vance

En el chamanismo, la creencia de que no hay muerte es un concepto basado en la creencia del alma que existe en un proceso interminable de regeneración.

Nuestra alma recuerda nuestro pasado antiguo, se involucra con nuestro entorno actual y conoce nuestras vidas futuras. Vivimos por siempre y nuestra alma es inmortal.

Sin embargo, nuestra existencia está marcada por numerosas transiciones, tanto entre nuestras muchas vidas como a veces incluso en el marco de lo que consideramos como la vida física actual.

Emocional y espiritualmente, una de nuestras transiciones más dramáticas consiste en dejar este recipiente físico que actualmente ocupamos y pasar al siguiente reino de nuestra existencia eterna.

Para muchas personas, este es comprensiblemente un momento traumático y una transición que puede estar cargada de miedo y ansiedad.

Pero las lecciones del chamanismo pueden proporcionar una perspectiva que difiere significativamente de la visión tradicional occidental de la muerte y el morir, que se caracteriza por la finalidad de un “final”.

La clave para descubrir los misterios de la existencia radica en la comprensión de la continuidad de la vida y la naturaleza eterna del alma.

El misterio – ese maravilloso reino de lo que percibimos – está ahí, esforzamos por conocer y replicamos en nuestra creatividad, es la naturaleza definitoria de la espiritualidad y, ciertamente, la esencia de nuestras experiencias de transición.

Como Carl Sagan señaló,

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5 fantásticas frases de Isaac Asimov

Una buena parte de las frases de Isaac Asimov están orientadas a exaltar el valor de la ciencia y denunciar los efectos de la ignorancia. Este impresionante escritor de origen ruso, pero nacionalizado en Estados Unidos, fue quizás el más importante de los divulgadores científicos en el siglo XX. De ahí su énfasis en el valor de la razón.

Asimov también fue uno de los grandes escritores de ciencia ficción. En esa faceta alcanzó grandes logros y probó que el pensamiento científico no excluye la imaginación, sino que, por el contrario, se inspira en ella. Por eso, también hay varias frases de Isaac Asimov que aluden a lo creativo.

Este escritor se declaró primero agnóstico y luego ateo. Hay frases de Isaac Asimov que cuestionan directamente las creencias religiosas. Esto puede resultar chocante para algunos, pero el interés de Asimov no era el de irrespetar los cultos, sino denunciar su falta de consistencia. Veamos algunas de sus más interesantes afirmaciones.

 “Y sobre todas las cosas, nunca pienses que no eres suficientemente bueno. Un hombre nunca debería pensar eso”.

-Isaac Asimov-

1. Una de las frases de Isaac Asimov sobre la moralidas

Nunca dejes que tu sentido de la moralidad se interponga en el camino de hacer lo que es correcto”.

Esta es una de esas frases de Isaac Asimov que puede resultar sorpresiva o cuestionable para algunos. En ella establece un contraste entre el sentido de moralidad y lo correcto. Es algo que algunos catalogarían como contradictorio, especialmente si lo ven desde una perspectiva moralista.

Lo que hace Asimov es plantear una postura profundamente pragmática. El sentido de la moralidad, finalmente es una realidad metafísica. Pertenece al mundo de las ideas. Lo correcto, en cambio, habita el terreno del sentido común y de lo mejor para todos, aunque contradiga algún precepto moral.

Hombre caminando en busca de sentido

2. El conocimiento y la sabiduría

El más triste aspecto de la vida ahora mismo, es que la ciencia alcanza el conocimiento más rápido que la sociedad alcanza la sabiduría”.

Esta es una bella afirmación, que describe de forma magistral una de las realidades a las que ahora mismo nos vemos enfrentados. Los avances en la ciencia y la tecnología avanzan a un ritmo veloz, pero los cambios individuales y sociales no.

Un ejemplo claro de esta realidad son las guerras. Siguen siendo un camino por el que muchos apuestan, como medio para resolver alguna contradicción. Actualmente la guerra tiene un nivel tecnológico altísimo, pero el promoverla en sí, sigue obedeciendo a un patrón de pensamiento que no dista demasiado del hombre de las cavernas.

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Los fractales, un orden geométrico en el Universo

En la actualidad, el paso de lo mítico a lo científico es una frontera más bien borrosa gracias a la visión del orden fractal. Estudio de Maria Isabel Binimelis Bassa.

« Le savant n’étudie pas la nature parce que cela est utile ; il l’étudie parce qu’il y prend plaisir et il y prend plaisir parce qu’elle est belle.  Si la nature n’était pas belle, elle ne vaudrait pas la peine d’être connue, la vie ne vaudrait pas la peine d’être vécue ».

Jules Henri Poincaré (matemático francés del siglo XIX).

Desde tiempos inmemoriales el hombre quiere encontrar una explicación al comportamiento y a la estructura del cosmos. Se ha intentado dar una visión más o menos sistemática al medio que nos envuelve y el espacio mítico es una respuesta sentimental e imaginativa a estas necesidades humanas fundamentales.

A la pregunta de cómo está relacionado el ser humano con la tierra y el cosmos se le pueden dar dos clases de respuestas, dos esquemas extensamente conocidos en diversas partes del mundo. En un esquema, el cuerpo humano se percibe como una imagen del cosmos, es decir, existe una analogía entre la anatomía humana y la fisonomía de la tierra. En el otro, el hombre es el centro de un marco cósmico orientado hacia los puntos cardinales y con un eje vertical.

El cuerpo humano se percibe como una imagen del cosmos, es decir, existe una analogía entre la anatomía humana y la fisonomía de la tierra.

Respecto al primer esquema, que es el que aquí nos interesa, podemos dar dos ejemplos poco usuales. Los dogón de África ven las rocas como el hueso, la tierra como las partes interiores del estómago y la arcilla roja como la sangre. Tradiciones populares de la China consideran a la tierra como un ser cósmico: las montañas son su cuerpo, las rocas sus huesos, el agua la sangre que corre por las venas, los árboles y la hierba sus cabellos, las nubes y la niebla los vapores de su respiración.

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Todo puede ser ficción

Un robot humanoide Asimo, creado por Honda.

Franck V. (Unsplash)

La vida es un sumidero de mierda o un acto ridículo. Esta es la tesis de arranque del libro de Luisgé Martín El mundo feliz. Una apología de la vida falsa, publicado por Anagrama. Y es sobre ella sobre la que descuelga una propuesta de análisis de las sociedades y de los individuos, donde plantea la necesidad de cambio, de modificación y de nueva mirada, de un hombre nuevo que naciera como elemento necesario en la cadena de formación de un mundo nuevo.
 

Nada despreciable si tenemos en cuenta la necesidad de evolución (no sabemos muy bien hacia dónde) que las sociedades están pidiendo a fuerza de encontrar conductas sociales que dificultan, por ejemplo, el alcance de la felicidad. Una felicidad verdadera, imperecedera, total, una felicidad que argumente los resortes de las conductas humanas. La madre, por tanto, de todas las conquistas.
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No querer y no hacer, dos claves en las filosofías orientales

A los occidentales eso de no querer y no hacer nos parece cosa de locos. De hecho, vivimos haciendo todo lo contrario: activos y deseosos. Sin embargo, la quietud y el desapego son dos claves en las filosofías orientales y, por eso mismo, marcan uno de los grandes focos de diferencia con los occidentales.

Para el zen y otras corrientes de pensamiento, no querer y no hacer son una fuente de poder. Por el contrario, el apego y el deseo de incidir sobre todo, o reaccionar a todo, debilita notoriamente. Estas dos claves en las filosofías orientales son a veces incomprendidas. Se les confunde con la pasividad neutral o con el conformismo.

También hay quienes sienten que la vida sin deseos que invadan a las personas, no es vida. O si lo es, en todo caso resulta muy aburrida. Las emociones intensas son una meta para muchos occidentales, al punto que se inventan maneras de ponerse en peligro solo por el placer de conmocionarse interiormente. Frente a esto, cabe una pregunta: ¿qué tanta validez tienen esas dos claves de las filosofías orientales para un occidental?

Dar a luz, nutrir,

llevar y no tener,

actuar y no poseer,

guiar y no mandar:

este es el misterioso poder”.

-Tao Te Ching-

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La importancia de aprender a manejar las emociones adecuadamente y cómo desarrollar la inteligencia emocional

“No hay separación entre la mente y las emociones. Las emociones, los pensamientos y el aprendizaje están directamente relacionados”. (Eric Jensen, profesor y miembro de la Sociedad para la Neurociencia y de la Academia de Ciencias de Nueva York).

cerebro y corazon conectados

El hecho de ser un “esclavo” de las emociones -especialmente, si son emociones destructivas-, sin que la persona muestre la intención de ponerse a trabajar sobre ellas, se convierte en una verdadera bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento, lugar o situación, con graves consecuencias.

En cambio, el hecho de preocuparse por desarrollar la Inteligencia Emocional (IE) con la finalidad de poder enfrentar de manera exitosa los conflictos a los cuales nos enfrentamos regularmente, puede transformarse en la mejor receta y decisión, con el fin de estar bien con uno mismo, así como también con el entorno social que nos rodea.

Uno de los psicólogos que se ha preocupado del tema -junto a Daniel Goleman, Howard Gardner, Hendrie Weisinger y otros- es Roberto Rosenzvaig, un terapeuta que pone mucho énfasis en el gran nivel de influencia que ejercen las emociones sobre nuestras acciones y reacciones. Las relaciones interpersonales de todo tipo -en el trabajo, con la pareja, con los hijos, con los colegas, con los amigos, etc.- pueden verse muy dañadas y afectadas, si ante los conflictos que surgen, las personas actúan por “instinto” y por impulso, más que meditando o reflexionando acerca de aquello que dicen y hacen.

Las emociones, son conexiones cerebrales muy complejas que impulsan a las personas a la acción y pueden tener efectos muy negativos cuando se manejan mal. Emociones como la ira, la rabia, la furia, los celos, etc., pueden ser, incluso, mortales, cuando la persona está presa de algunos de estos circuitos de violencia. De ahí que se hable del “circuito de la ira o de la furia”, y cómo hacer para desactivar y/o controlar dicho circuito. Las constantes peleas que vemos, el uso de la violencia y los femicidios son un triste ejemplo de lo anterior.
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La autopoiesis de Humberto Maturana, la definición de vida del biólogo chileno que hizo reflexionar hasta al Dalai Lama

La autopoiesis de Humberto Maturana, la definición de vida del biólogo chileno que hizo reflexionar hasta al Dalai Lama

Hace casi 50 años, el biólogo chileno Humberto Maturana respondió una de las preguntas más profundas de la humanidad: qué está vivo (y, por ende, qué está muerto). Su teoría, llamada “autopoiesis”, provocó un cambio de paradigma que influyó hasta al Dalai Lama.

La pregunta es tan antigua que parece extraño que alguien contemporáneo haya podido dar una respuesta tan radicalmente innovadora como para influenciar áreas del conocimiento tan dispares como la neurociencia, la sociología, la computación, la literatura y la filosofía.

Ese hombre es el biólogo chileno Humberto Maturana y su teoría, desarrollada hace casi 50 años en conjunto con su exalumno y compatriota Francisco Varela, se llama “autopoiesis”.

“La pregunta básica que me hice fue qué es lo vivo y qué muere, o qué tiene que estar pasando en su interioridad en un ente para que yo, mirándolo desde afuera, pueda decir que es un ser vivo”, dijo Maturana a BBC Mundo.

Su teoría, publicada en una serie de trabajos desde principios de los años 70, fue “revolucionaria porque dio una respuesta para lo que antes no había”, agregó.

No en vano fue uno de los 23 investigadores invitados por la Fundación Nobel para exponer el sábado pasado en la conferencia “Nobel Prize Dialogue” realizada en Santiago de Chile.

Maturana no solo fue recibido con el anfiteatro entero ovacionándolo de pie, sino que Anil Seth, el neurocientífico británico con quien compartía panel, agradeció la oportunidad de estar junto al “legendario biólogo”.

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No alcanzamos la felicidad doblando calcetines: Estoicismo frente a la obsesión por ser felices

Una comparación entre el minimalismo de Marie Kondo y la idea de moderación de la filosofía estoica permite entender de otra manera la posibilidad de ser felices en la vida.

Marie Kondo

En una de sus Cartas morales, Séneca cita a Epicuro para decir que una persona no es pobre por tener poco, sino por ambicionar desmesuradamente. En el marco de la filosofía estoica esta afirmación da cuenta de la estima elevada en que sus pensadores y practicantes tenían a la austeridad, como cualidad en sí pero también porque se le consideraba el resultado del ejercicio de otras virtudes más elevadas: la justicia, la templanza, la fortaleza y la moderación. Según los estoicos, si una persona es capaz de conducir su existencia de acuerdo con estos valores, la vida austera viene por añadidura, casi inevitablemente.

Si los estoicos aconsejaban la moderación fue porque una reflexión atenta les hizo entender que el ser humano, como ser vivo, necesita encontrar esa “dorada medianía” que le permita al mismo tiempo salvaguardar su vida y conducir su existencia, dos acciones amplias que poseen diferencias sutiles y exclusivas de nuestra condición. A lo largo de su vida, el ser humano se enfrenta al dilema de conciliar las demandas de la vida en sí (la alimentación, la actividad física, la sexualidad, la compañía, etc.) y aquellas derivadas de nuestra evolución cultural como especie, que aunque nacen del sustento natural y material que compartimos con otros animales, toman una forma distinta. Alimentarse, por ejemplo, es para nosotros una actividad compleja que lo mismo involucra un sistema económico que un marco social, una historia afectiva, un desarrollo cultural, etc., y paralelamente es la acción sencilla y necesaria de alimentar nuestro cuerpo. No está de más decir que en otras necesidades como el amor o el sexo las posibilidades de satisfacción se vuelven un tanto más complejas.
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Por qué es absurdo pensar que la conciencia surge de la materia

Pese a lo que algunos filósofos y físicos materialistas mantienen, resulta evidente que somos conscientes y que la conciencia es el acto primordial íntimo,  el cual define la experiencia de ser humanos. De aquí que la gran pregunta que enfrentan la ciencia cognitiva y la filosofía de la mente es explicar qué es la conciencia y cómo surge – o si es que surge y no es más bien algo que siempre ha existido-. Para la mayoría de los científicos la conciencia debería ser algo que surge de la materia, después de todo el ser humano y los animales -que muestran tener al menos algún grado de conciencia- son el resultado de un largo proceso evolutivo, de formas materiales más simples a formas más complejas. Sin embargo, aunque es evidente que el cerebro animal ha evolucionado materialmente de tal forma que permite acomodar la experiencia consciente racional, esto no es lo mismo a comprobar que la conciencia ha surgido de la materia, pues no resulta claro que el cerebro sea igual a la conciencia; como se dice comúnmente, correlación no es igual a causación, y el hecho de que eventos materiales estén relacionados a experiencias conscientes no significa que las causen, de la misma manera que una televisión no crea las imágenes que se pueden sintonizar en ella.
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La lentitud y la belleza – Un argumento contra la automatización de la vida

En esta época

nos hemos habituado

a la automatización de los procesos,

¿pero qué tanto de la vida

puede experimentarse

bajo esa actitud…?


Para muchos de nosotros quizá sea más o menos evidente la prisa general en que usualmente se vive. Hace tiempo que algunos autores, de muy distinta índole, lo han señalado.

Filósofos, escritores, periodistas incluso, han dado cuenta de este hecho:

la vida transcurre ahora a una velocidad vertiginosa, o al menos esa es nuestra experiencia.

Dicha impresión, por supuesto, no es falsa, aunque quizá sí un tanto ilusoria.

Su realidad está asentada en algunas de las características más propias de nuestra época, de las cuales quizá la principal sea la automatización de la vida.

La informática, la computación y otras tecnologías afines han hecho posible que numerosos procesos repetitivos presentes en la cotidianidad del ser humano se automaticen y, con ello, sean máquinas quienes los cumplan.

Ámbitos tan distintos como,

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