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Ikigai: el misterio japonés para encontrar la felicidad

Imagen de Japón

En nuestra cultura no existe ninguna palabra que defina el significado de lo que en la cultura nipona representa el ikigai. Según los japoneses, todo el mundo tiene un ikigai, un motivo para existir. Algunos lo han encontrado y son conscientes de él, otros lo llevan dentro, pero todavía no son conscientes de este o incluso, puede que no lo alcancen nunca.

La sociedad actual nos bombardea con la cultura de lo material, lo positivo que resulta poseer más dinero, mejor coche o una lujosa vivienda; esto nos empuja a trabajar cada vez más duro para conseguir todos estos bienes pero también a olvidarnos de nosotros mismos, de nuestro bienestar interior. Por otro lado, los empleos son cada vez más precarios y en la mayoría de las ocasiones nos vemos en la obligación de aceptarlos, no por vocación sino por necesidad. Al final, esta situación se convierte en un círculo del que es muy difícil escapar y que además crea una gran insatisfacción en la personal.

En el libro Ikigai, los secretos de Japón para una vida larga y feliz, Hector García y Francesc Miralles han plasmado las experiencias vividas por los centenarios japoneses de la aldea de Ogami para un vida saludable y feliz. Además, describen algunas claves para que cada uno de nosotros busque en su interior el motivo de su existencia. De esta forma, se incrementará la autoestima y se empezará a ser consciente de aquellas actividades o formas de vida más placenteras que conducen a un estado de paz interior.

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Los registros akáshicos: ¿una red cósmica consciente donde todo está almacenado?

La palabra Akasha se remonta a su origen sumerio , donde se usaba para referirse al éter , tanto en su sentido elemental como metafísico .

Quizás la persona a la que debemos acudir cuando hablamos del Akasha o del éter es un hombre cuya importancia no ha sido verdaderamente apreciada: Nikola Tesla, un genio polímata, inventor y un ingeniero mecánico y eléctrico.

En una entrevista llamada Man’s Greatest Achievement, Nikola Tesla dijo : “Toda materia perceptible proviene de una sustancia primaria, o tenuidad más allá de la concepción, que llena todo el espacio, el Akasha o éter luminífero, sobre el cual actúa el Prana o fuerza creadora. , convocando a la existencia, en ciclos interminables, todas las cosas y fenómenos “.

Sin embargo, incluso antes de Nikola Tesla, los filósofos y los eruditos antiguos se preguntaban si existía el llamado éter .

Si echamos un vistazo a los ” Viajes de los indios de Apolonio de Tiana “, encontraremos más mención del llamado éter.

Si echamos un vistazo al antiguo hinduismo, Akash es el quinto de los “cinco grandes elementos”:

  • prthivi (tierra)
  • apa (agua)
  • agni (fuego)
  • vaiu (aire)
  • akashá (éter)

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¿ES EL SER HUMANO LA FORMA EN QUE UNA DIVINIDAD INCONSCIENTE ALCANZA CONSCIENCIA DE SÍ MISMA?

La idea de que el universo es la forma dinámica en la que Dios o el espíritu universal se realiza a sí mismo, toma conciencia absoluta o integra y sintetiza en sí todas las partes es una de las ideas filosóficas más poderosas en la historia de la filosofía occidental, particularmente en la modernidad.

Si bien podemos encontrar ciertas similitudes en el pensamiento oriental, en muchos casos se asume que Dios tiene previamente conciencia absoluta y si bien el universo puede pensarse como un medio empleado por Dios para experimentarse a sí mismo en toda su diversidad y gloria -como su pasatiempo, su lila-, se cree que durante todo este proceso Dios ya tiene completa realización, omnisciencia, libertad, independencia, etc.

En otras palabras, precisamente porque es un juego no se está jugando nada (nada cambia realmente), y el destino no es distinto al origen. La idea de que el universo es algo así como la evolución de la divinidad o su proceso de autoconciencia es especialmente atractiva para la mente moderna occidental, ya que mezcla de alguna manera lo religioso con lo científico y mantiene la centralidad del hombre y de la realidad.

En el hinduismo, el universo puede considerarse real en tanto que es el pasatiempo de una deidad que está completamente libre de los estragos de la existencia; pero a fin de cuentas, la existencia humana y la realidad del mundo creado son relativas y no afectan en ninguna medida a la deidad. Se nos presenta la idea de que el universo es algo así como un sueño lúcido divino, donde la deidad sabe que está soñando y controla sus sueños. O, por otra parte, en el vedanta, simplemente se dice que la existencia humana, que se percibe a sí misma como separada y real en sí misma, es una ilusión. El mundo esta bajo el hechizo de Maya; lo único que existe es una conciencia absoluta eterna e inmutable (Brahman). Sin embargo, en las religiones hindúes, cuando el ser humano se conoce a sí mismo, ello es igual a Dios conociéndose a sí mismo. Algo en lo que coinciden pensadores occidentales como Hegel, Whitehead y Jung.

A diferencia de la noción cristiana de que el mundo es creado por Dios por la sobreabundancia de su benevolencia -por su amor desbordante-, Hegel considera que el mundo es creado por Dios para tomar conciencia de sí a través de él. La mente de Dios sólo se actualiza a través de sus criaturas, sólo encuentra su perfección y su sentido en su obra. Dios necesita de un opuesto, el mundo (la naturaleza), para realizar su síntesis: el Espíritu Absoluto.

Esta idea, sin embargo, no es completamente original, si bien encuentra su planteamiento más definido y claro en Hegel. Aunque no se usa el término inconsciente como tal, éste fue anticipado por Schelling y los poetas románticos alemanes y antes por la teología mística de Böhme y de Eckhart e incluso antes por Pseudo Dionisio, pensadores místicos que hablaron de Dios como algo que probablemente hoy llamaríamos inconsciente.

La experiencia mística fue descrita como un des-conocimiento, como una oscuridad brillante, como algo más allá de la dualidad sujeto-objeto. El estado de la divinidad no podía ser como nuestra conciencia, la cual es equiparada desde siempre con la luz, y por lo tanto debía de ser una oscuridad, una tiniebla, algo insondable, algo paradójico, algo inconsciente. Dios no podía ser consciente de algo (de un objeto), pues esto implica un otro -algo que no es Dios-, no podía conocer de la misma manera que el hombre y, por lo tanto, debía de ser inconsciente.

Whitehead y la teología procesal desarrollarían ya en el siglo XX la idea de la interdependencia entre Dios y el mundo utilizando un lenguaje más cercano a la ciencia. Esta idea del universo como proceso interdependiente la encontramos en el budismo en la noción de la originación dependiente y en el concepto de vacuidad (shunyata), aunque Dios es reemplazado por el Buda (una diferencia que no podemos explicar en este ensayo, sólo diremos que en el budismo el universo no tiene creador, es un infinito despliegue de la mente).
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Una vida sin planes ni objetivos: ahí se encuentra el sentido de la existencia

¿Qué significa ser uno mismo? Esta pregunta es relativamente reciente en la historia de la humanidad, pues las ideas de “individualidad”, “identidad” y aun otras como “realización” y “cambio personal” no tuvieron en épocas pasadas el mismo valor que ahora se les concede. La existencia siempre ha sido un enigma para el ser humano o, dicho de otro modo, una condición a la cual se busca entender y otorgar un significado, y es posible que actualmente experimentar la vida como un “proyecto” a desarrollar sea una forma en que se intenta responder esa pregunta. En este contexto vale la pena, sin embargo, dar un paso atrás para considerar ciertas cosas con mayor detenimiento y reflexión, particularmente aquello que corresponde a la singularidad del tiempo y las condiciones que vivimos.

Con lucidez, el filósofo Byung-Chul Han ha señalado uno de los riesgos de plantearse la vida como una “empresa”, pues entre otras implicaciones, la existencia se convierte en una competencia frenética y un tanto ciega en la que el sujeto es al mismo tiempo “esclavo” y “amo”, esto es, una persona explotada por sí misma, exigiéndose siempre más en el intento insuficiente de conseguir un logro inalcanzable.

Este diagnóstico puede sonar exagerado a algunos, pero basta mirar un poco la sociedad en la que cada cual vive para, al menos, concederle el beneficio de la duda al filósofo. Personas “adictas” a su trabajo, otras sedientas insaciablemente de “nuevas” experiencias, algunas más con decenas de propósitos planteados y quizá iniciados pero al final dejados en el abandono. Socialmente se insta al sujeto a “ser más” o “ser mejor”, a considerar su vida como un proyecto (con objetivos, planeaciones, control de riesgo y todo ese vocabulario propio del manejo de un negocio capitalista, ahora cada vez más trasladado y aplicado a la existencia), a progresar y evolucionar, y el sujeto toma dicho mandato un tanto inconscientemente, lo obedece y se esfuerza, pero sin entender por qué ni cómo, esto es, sin preguntarse por los motivos que lo llevan a ello ni la forma en que ejecuta la orden. Y en esa confusión, cuando se da cuenta de que no alcanzó el objetivo propuesto, experimenta dicho resultado con frustración, como un “fracaso” personal o como una falta de capacidad de sí mismo. Y repite el ciclo: si no lo logró es porque no se esforzó lo suficiente.

¿Qué significa “ser más”, después de todo? ¿Qué significa “ser mejor”? ¿Y dónde terminan ese “más” y ese “mejor”?

Dostoyevski, en Los hermanos Karamazov, escribió que “vivir es más importante que buscar el sentido de la vida”. A esa consideración podrían sumarse la de Kierkegaard y la de Alan Watts, entre varios otros, quienes coincidieron con el maestro ruso en cierta idea de sencillez desde la cual es posible acometer la existencia. Para Kierkegaard, la vida no es un problema que deba resolverse, sino una realidad que necesita experimentarse; y Alan Watts dijo, en una de sus conferencias, que “el significado de la vida es únicamente estar vivo”, a lo cual añadió: “es tan simple, tan obvio y tan sencillo; sin embargo, todos viven apresurados y en gran pánico, como si fuera necesario lograr algo más allá de sí mismos”.

¿Qué tienen en común estas ideas? Más allá de la lectura que cada cual puede darles, estos autores coinciden en la primacía del vivir sobre los significados que intentamos darle a la existencia. De hecho, si reflexionamos con atención, en muchas situaciones es esa acumulación de sentido la que provoca cierta sensación de pérdida, confusión o entorpecimiento, pues en el esfuerzo de imponer un significado a algo que no lo tiene, la conciencia comienza a dividirse y complicarse, a enredarse en sí misma, a fragmentarse hasta disolverse en una y mil ocupaciones.

Valdría la pena preguntarse por qué en ocasiones la tarea de vivir no nos parece suficiente por sí misma y por qué nos sentimos impelidos a añadir “objetivos” suplementarios. No se trata de tener una vida vacía o carente de sentido. Esta no es una crítica que busque conducir a cierto nihilismo pesimista o, peor aún, conformista, en donde parezca que es mejor aceptar la vida tal y como la tenemos y vivir así hasta el final de nuestros días, resignados al vendaval y la corriente. Nada de eso.

En cambio, quizá podamos considerar que vivir es su propio propósito, esto es, entender la vida como una tarea que en su propio desarrollo nos plantea las posibilidades y las alternativas. Frente al agobio de vivir una vida llena de objetivos, planes y proyecciones, es posible plantear en cambio una existencia en donde únicamente la vida en sí, el vivir experimentado con plenitud, sean la sola orientación, el único sentido, pero entendido éste no como un significado, sino como una fuerza que conduce y que guía, que indica hacia dónde persistir y hacia dónde continuar.

https://pijamasurf.com/2018/05/una_vida_sin_planes_ni_objetivos_ahi_se_encuentra_el_sentido_de_la_existencia/

La Ley del Espejo: un método “mágico” para solucionar los problemas con los demás

La Ley del Espejo nos plantea que el origen de nuestros sentimientos negativo hacia una persona, está en nuestro “corazón” y no en la otra persona. O sea que, lo que nos enseña esta ley, es que los sentimientos tienen su origen en nuestro interior y es por eso que somos nosotros los responsable de manejar creencias, ideas y malos pensamientos hacia los demás.

Porque el enfado, habitualmente, es con uno mismo y no con el otro. Es decir, todo comienza y todo termina en el sí mismo, pues es la proyección la que juega con nuestra mente, como si nuestra realidad fuese un espejo que nos devolviese la imagen que estamos generando.

Yoshinori Noguchi recrea en su libro homónimo  a esta ley, una bella historia, emocionante hasta las lágrimas, que nos brinda la posibilidad de asumir e integrar esta idea en la vida cotidiana.

Este autor nos sitúa delante de un espejo para enfrentarnos con nuestro interior que es, en definitiva, el que determina todo lo que nos sucede en la vida.  Así es que, como diría Jung, “Lo que niegas, te somete y lo que aceptas, te transforma”.

Lo que nos molesta de los demás, es lo que nos negamos a nosotros

Debemos someter a examen lo que nos molesta de los demás. ¿Por qué nos incomodan los comentarios de nuestro hermano en las comidas familiares? ¿Por qué no somos capaces de razonar cuando tenemos a nuestra cuñada delante? ¿Por qué no podemos aguantar que no nos apoyen cuando lo deseamos?

Para analizar esto es bueno que hagamos una lista con todas las cosas que nos molestan de las personas que nos rodean. Probablemente nos demos cuenta de que hay valores que nosotros también estemos menospreciando; es decir, probablemente nos demos cuenta de que hay cosas que nosotros también hacemos mal.

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8 proverbios chinos para enfrentar la vida moderna

Los chinos son famosos por sus proverbios, yyànyŭ: frases de sabiduría recogidas de la literatura o pronunciadas por filósofos famosos a lo largo de los siglos.

Y, aunque antiguos en algunos casos, muchos de estos proverbios todavía proporcionan una guía valiosa en la era moderna.

¿Qué te parecen estos?

1. Distintas cerraduras se deben abrir con diferentes llaves

Cada problema que enfrentamos en la vida requiere un conjunto diferente de habilidades para superar.

En un contexto comercial, o cuando se manejan relaciones, es importante reconocer que un enfoque de “una sola llave para todos” no funcionará.

Sé flexible y enfrenta cada nuevo desafío con una nueva perspectiva y las herramientas adecuadas.

2. Un caballo ciego siempre se asusta a sí mismo

La mayoría de nosotros tendremos, en un momento u otro, un estado de ansiedad o miedo al entrar en una situación mal informados.

Sentirse sin preparación puede llevar fácilmente al pánico.

Este proverbio nos recuerda que aprender cómo funcionan las cosas nos ayudará a mantener la calma y saber qué plan de acción tomar.

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La teoría de las ondas sobre el agua y la piedra

Tal vez eres de esas personas que no soporta las injusticias y piensa que no puede hacer nada. Si es así, queremos que conozcas la teoría de las ondas sobre el agua y la piedra. Después de leer estas palabras, observarás el enorme poder que tienes para hacer que todo cambie.
Ahora bien, es importante añadir que la única forma de que todo vaya mejor es tener presente que todo empieza por uno mismo. No puedes entregar tu alegría de vivir a otra persona a la que amas si tú no eres alegre. No tendrás la oportunidad de querer a otros si no te quieres a ti mismo.

Empieza por ti

Como hemos dicho, el primer paso es empezar a generar el cambio en uno mismo.¿Cómo vas a pedir a otra persona que no hable mal de ti si tú lo hacer de todo el mundo? ¿Cómo quieres que los demás te muestren afecto y te valoren si no eres capaz de hacerlo contigo?

Hombre con valor para iniciar el cambio

Detente a reflexionar y habla íntimamente contigo. Escúchate. Busca en lo más profundo de ti tus verdaderos sentimientos. Pregúntate cómo eres y cómo te gustaría ser en realidad. Mira a los problemas a la cara, afróntalos y arregla todo cuanto esté roto en tu vida.

Comienza por ser tú mismo en lugar de ser quien la sociedad espera. Deja de traicionarte y saca a relucir toda tu autenticidad.
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Una vez que hayas logrado entablar un diálogo contigo mismo, reflexiona sobre quién eres, qué quieres hacer y cuáles son tus metas. Quítate todas esas máscaras que has construido para contentar, líbrate de los disfraces de la falsa modestia y muéstrate tal y cómo eres. Pero no te quedes ahí, destierra todo eso que no te gusta, que no es bueno y que te hace daño. Y empieza a convertirte en el ser humano que siempre has soñado.

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El sorprendente caso de un niño en Estados Unidos que recuperó la conciencia un día antes de que lo desconectaran

La familia de Trenton McKinley dice que lo ocurrido con este joven de 13 años fue un milagro.

El adolescente sufrió un trauma cerebral severo el pasado marzo cuando un remolque de carga en el que estaba montado volcó y le cayó en la cabeza.

Trenton sufrió siete fracturas de cráneo en el accidente, ocurrido en Mobile, Alabama, en el sur de Estados Unidos.

Tras el accidente, según explicó su madre, Jennifer Reindl. Trenton fue sometido a varias cirugías de craneotomía y sufrió insuficiencia renal y un paro cardíaco,

En un momento dado, Trenton “murió” en el quirófano durante unos 15 minutos, aseguró Reindl.

Muerte cerebral

Después de las intervenciones, los médicos les dijeron a los padres que su hijo no se recuperaría e incluso declararon su “muerte cerebral”, según señala la cadena estadounidense CBS News.

También les informaron que sus órganos eran compatibles con los cuerpos de cinco niños que necesitaban trasplantes, le contó la madre a CBS.

Al saber que los órganos de su hijo podían s alvar a otros menores, la mujerfirm ó los documentos de donación .

“Dijimos que sí, así que mantuvieron vivo a Trenton solo para limpiar sus órganos”, recordó Reindl.

Un día antes de que lo desconectaran y le hicieran la última prueba de ondas cerebrales para determinar el momento de su muerte, Trenton mostró signos de conciencia.

“Sus signos vitales se dispararon, por lo que cancelaron la prueba”, señaló la madre.

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La dificultad para pensar augura el fin de la libertad

En los últimos años de la República alemana de Weimar (1918-1933) la sociedad estaba muy ideologizada y los partidos decían proporcionar a sus seguidores la “correcta” concepción del mundo. Cada partido era una totalidad perfecta, cerrada en sí misma, por lo que converger entre ellos en algún punto resultaba prácticamente imposible: la relación entre las personas con diferentes ideas políticas se fue haciendo cada vez más complicada.

En este contexto de ruptura social el nazismo se fue convirtiendo en la ideología dominante. Pronto el ambiente empezó a ser asfixiante para los disidentes: si no eras nazi, eras sospechoso de ser comunista; o quizá algo peor, judío. Pensar comenzó a ser incómodo, y conversar libremente no estaba exento de sanciones sociales. Si un ciudadano no quería problemas con su vecino, callaba o le daba la razón. Pero la disonancia termina por ser insoportable: fueron muchos los que, acostumbrados a decir lo que no pensaban, acabaron al fin creyendo lo que a todas horas decían.

Sin reflexión moral, distanciamiento emocional a lo juzgado ni debate público de opiniones razonadas… no hay sociedad civil

La reflexión moral implica un diálogo continuo con nosotros mismos y un distanciamiento emocional del asunto juzgado. Se trata de ponernos en la situación de los otros e intentar pensar desde posiciones diferentes. Finalmente, emitimos una opinión razonada que está siempre sometida a debate público. Sin este debate, que se debe producir primero en nuestra cabeza y después con los otros, no hay sociedad civil. No obstante, pensar sobre cuestiones morales es una actividad ingrata, pues pocas veces llega a ser tan concluyente como un razonamiento técnico, científico o matemático. Conlleva, por tanto, ciertodesasosiego.

Además, opinar públicamente puede traer consecuencias incómodas, hay gente que te empieza a mirar mal si no piensas como ella. Quizá por eso la tentación de abdicar del pensamiento crítico está siempre presente, siquiera inconscientemente. Más aun cuando la ideología dominante acecha. ¿Por qué hacerse preguntas inquietantes cuando hay tantas respuestas reconfortantes al alcance de la mano?

Muchos alemanes corrientes que en un principio no simpatizaban con el nazismo, decidieron dejar de hacerse preguntas inquietantes: el juicio ponderado fue sustituido por la opinión irreflexiva inducida por la propaganda o por la presión de grupo. El diálogo interno desapareció y, consiguientemente, el debate público se pervirtió: ya no se trataba de razonar con el otro, sino de imponer mi verdad al otro. Según Hannah Arendt fue precisamente esta incapacidad de pensar de una parte importante de la población de Alemanía la que, en gran medida, posibilitó el triunfo del nazismo.

La Historia se suele repetir, aunque nunca exactamente igual. Hoy la ideología dominante no es el nazismo; pero, como en los últimos años de la República de Weimar, hablar libremente resulta cada vez más complicado. La verdad de lo políticamente correcto no admite matices, discusión ni deliberación reflexiva. Si el debate es entre amigos o familiares y asoma la mínima discordia, el amigo puede convertirse en enemigo y el pariente puede retirarte la palabra.

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LA SINCRONICIDAD COMO EXPERIENCIA DADORA DE SENTIDO EN LA MODERNIDAD DESENCANTADA.

Que Jung ideara el concepto de la sincronicidad en colaboración con el físico Wolfgang Pauli, ganador del Premio Nobel y paciente de Jung, es apropiado, puesto que en el fondo la sincronicidad no es meramente un concepto psicológico, sino psicofísico y psicoide. Se trata de una posible teoría integral con la que se puede explicar la relación entre la conciencia (o el espíritu) y la materia desde una perspectiva que trasciende el pensamiento dualista y el reduccionismo cientificista. Como sabemos, la física cuántica ha debido lidiar con el problema de la observación o el hecho de que los fenómenos materiales a nivel subatómico no parecen existir de manera independiente de su medición u observación. Por ello se han producido interpretaciones que sugieren una interdependencia entre el acto psíquico de observar y la materia. De aquí que Jung sugiriera la posibilidad de que los psíquico y lo material fueran manifestaciones de una misma realidad subyacente:

Ya que la psique y la materia están contenidas en uno y el mismo mundo, y más aún están en constante contacto entre sí y finalmente tienen como soporte factores trascendentes e irrepresentables, no es sólo posible sino incluso altamente probable que la psique y la materia sean sólo dos aspectos de una misma cosa. (Obras Completas, Volumen 8, párrafo 418)

Esta unidad psicofísica fue llamada por Jung, usando el término del alquimista Gerhard Dorn, el unus mundi. Estos factores trascendentes e irrepresentables son el inconsciente con sus arquetipos y el átomo o las partícula subatómicas (en el sentido de que estas partículas son indeterminadas, como dijera Heisenberg, no son cosas, son probabilidades o potenciales). Vivimos en un mundo paradójico, donde nuestros constituyentes básicos yacen más allá de nuestro alcance y sin embargo los podemos conocer indirectamente a través de sus efectos: el colapso de la función de onda, la proyección de la sombra, etc. Otra colaboración entre un físico y un hombre ligado a la espiritualidad, entre David Bohm y Jiddu Krishnamurti, consolidaría el concepto similar de la totalidad implicada o el holomovimiento. De nuevo, un substrato trascendente unitario del cual emerge el mundo de la realidad manifiesta diferenciada.

La sincronicidad se ha convertido en un concepto altamente popular -a veces de formas que no le hacen justicia dentro de la espiritualidad new age- puesto que apela a una intuición y a un deseo que es compartido por gran parte de la humanidad. Esto es, la noción de que el mundo tiene sentido y que nuestros pensamientos y estados mentales no están separados del mundo exterior físico e incluso llegan a resonar y a aparecer como eventos externos. La fantasía de que en nosotros existe cierta creatividad luminosa, no del todo lejana a lo divino. Podemos decir que de no haberse creado por Jung, hubiera sido necesario inventar el concepto de sincronicidad. Aunque éste sea en varios aspectos sólo una versión más moderna -formulada en un lenguaje preciso que se acerca a la ciencia- del pensamiento analógico de la antigüedad, de la doctrina de la signaturas y las correspondencias. Como expresa el adagio hermético: como es arriba, es abajo; la sincronicidad parece expresar:como es adentro, es afuera. O al menos ciertos momentos de alto significado e intensidad logran irrumpir con fuerza numinosa y disuelven la frontera que separa lo interno de lo externo, lo psíquico de lo material. Por supuesto, la ciencia no toma las sincronicidades -coincidencias significativas acausales- como fenómenos objetivamente reales, los descarta como sugestiones psicológicas, confusiones y proyecciones de sentido, como la llamada pareidolia. Pero estas explicaciones no quitan la sensación de significado, propósito y numinosidad que dicha experiencia provee en el individuo. Sea invalida para la ciencia su experiencia o no, el individuo se alimenta del carácter subjetivo y esto es lo que moldea su vida y le permite encontrar propósito y motivación. La racionalidad moderna no ha podido despojar al universo de la necesidad de experimentar el mundo con una cierta dosis de magia, y esto no necesariamente está limitado a lo paranormal o a lo religioso, las personas suelen creer que sucesos como encuentros amorosos, oportunidades de trabajo y demás ocurren bajo misteriosos principios de atracción, predestinación o intención. Joseph Conrad expresó esta noción demasiado humana cuando dijo “es la marca de un hombre de poca experiencia no creer en la suerte”. La racionalidad moderna no es capaz de tapar estos intersticios por donde las fuerzas mágicas y caóticas invaden la psique. Y es que la misma microfísica da cabida para la acausalidad y el indeterminismo en sus teorías. Esta hendidura de lo acausal, de lo indeterminado, es de alguna manera también el espacio para lo mágico y misterioso, el conducto numinoso por el cual el constructo inexorable de la realidad mecanicista se ve invadida y subvertida por un demonio o un dios. Es esta la “fantasmagórica acción a distancia” que Einstein aborrecía pero que nadie ha logrado exorcizar del impoluto edificio de la ciencia.

La experiencia de sincronicidad, valga la redundancia, es dadora de sentido. Esto es lo fundamental. En un mundo que es caracterizado por la pérdida de sentido, estos rescoldos de pensamiento mágico son vitales, son los jirones de los cuales se agarran las personas para no perecer en un mar mecánico de inerte desolación e impotencia. La sincronicidad da sentido, como mencionamos ya, pues sugiere que lo que estamos pensando y viviendo en nuestra psique no es un insignificante y estéril soliloquio: la naturaleza responde -está viva y rebosa de sentido, es un símbolo del espíritu como notó Emerson. Existe articulación, conexión verdadera, ecos íntimos entre los hombres y las piedras y las plantas…. Y esto revela, entonces, que el cielo y la ciudad en la que se representan los signos de nuestros pensamientos y deseos, deben también de estar dentro de nosotros. Un firmamento interno, como dijo bellamente el alquimista suizo Paracelso, y un mundo afuera capaz de acomodar a los arquetipos, de recibir la encarnación del pensamiento. El gran maestro neoplatónico Plotino en sus visiones experimentó la sincronicidad como una gran sinfonía:

Las estrellas son como letras que se inscriben a cada momento en el cielo. En el mundo todo está lleno de signos. Todos los acontecimientos están coordinados. Todas las cosas dependen de todas las demás. Tal como se ha dicho: todo respira junto.

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Controlando la moral

En 2015, la psicóloga cognitiva Roberta Sellaro y su equipo de la Universidad de Leyden, sometieron a una serie de sesenta estudiantes a estimulación craneal de corriente directa (tDCS). Concretamente les estimularon sus cortezas prefrontales mediales, una zona del cerebro relacionada con la capacidad para contrarrestar sesgos xenófobos. Cuando está muy activa, el individuo no se deja llevar tan fácilmente por estereotipos o prejuicios hacia personas que no pertenecen a su propio grupo. Y, efectivamente, el experimento demostró que los individuos a los que se les estimulaba demostraban conductas menos racistas que el grupo de control a la hora de relacionar nombres con características positivas o negativas (Aquí el paper. Fuente: el muy recomendable libro Transhumanismo de Antonio Diéguez Lucena).

Fotografía Paolo Ventura

Conclusiones:

Que nadie tenga ya en la cabeza la idea de que nuestra capacidad de elección moral es una cualidad espiritual, un don divino, independiente de la ruin y despreciable materia. La elección moral es tan abordable científicamente como la digestión o la elasticidad de los metales.

La noción de libertad o libre albedrío es un residuo mítico, mera forma de hablar que no refieren a nada real. Hay que tener clara la idea de que no existe en nosotros ninguna estancia X que elige una opción sin ningún tipo de causa que le obligue necesariamente a ello. Suponerla sería aceptar la existencia de algo así como un “yo metafísico” que se salta a la torera las leyes de la física (y de la lógica, siendo un claro error categorial).

Elementos como la temperatura, el ritmo circadiano, alimentación, deporte, etc. interfieren en la concentración química de neurotransmisores en nuestro cerebro y, en consecuencia, influirán determinantemente en nuestra toma de decisiones. Todos sabemos cómo cambia nuestra conducta cuando estamos enfadados, borrachos o sin dormir lo suficiente. Sería entonces, bastante interesante tener un buen control del momento y el contexto en el que decidimos, saber “automanipularnos” para tomar las mejores decisiones posibles.

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