Archivos de la categoría CONSCIENCIA-FILOSOFÍA

La relación entre la generosidad y el bienestar

Para el ser humano, practicar la generosidad en la mayoría de las ocasiones es placentero. De hecho, parece ser que la razón principal por la que las personas somos generosas con los demás es que nos hace sentir bien. La sensación producida por los actos de generosidad ha sido denominada por los expertos como efecto de brillo cálido. Esto describe la sensación placentera que recibimos al ayudar a los demás.

generosidad

Investigaciones recientes han profundizado en cómo la generosidad afecta a diferentes aspectos de nuestro bienestar. Por ejemplo, un estudio de este tipo publicado en la revista Nature Communications demostró que la generosidad nos hace más felices y lo confirmó al resaltar las regiones del cerebro involucradas.

Pero, ¿importa a quién ayudamos? ¿Hay alguna diferencia entre ayudar a alguien cercano o a alguien que no conocemos? ¿Pueden las diferentes formas de generosidad mejorar nuestra salud?

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania, ha calificado por primera vez las diferentes formas generosidad y ha investigado los efectos que estas diferentes formas de generosidad tienen en el cerebro. Los resultados se han publicado en la revista Psychosomatic Medicine: Journal of Biobehavioral Medicine.

Apoyo dirigido y no dirigido

Los investigadores distinguen entre dos forma de generosidad: apoyo ‘dirigido’ y apoyo ‘no dirigido’. Brindar apoyo dirigido implica ayudar a alguien directamente, como prestar dinero a un amigo o familiar. Brinda apoyo no dirigido significa ayudar a una causa social o general, como, por ejemplo, donar dinero a la beneficencia.
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Finge su muerte para cobrar un seguro y su desesperada mujer se suicida junto con sus dos hijos

Sin conocer el plan de su marido, la atribulada esposa creyó que en efecto había fallecido en un accidente de coche y no quiso seguir viva sin él.

 

Imagen ilustrativa

Un insólito caso ocurrió en la provincia china de Hunan, donde un hombre fingió su propia muerte para cobrar una póliza de vida, pero su esposa –que no estaba al tanto de su plan- quedó tan desconsolada que mató a sus dos hijos y se suicidó.

Según Daily Mail, que cita a medios chinos, el pasado 7 de septiembre el hombre compró un seguro de accidentes personales por 144.000 dólares, sin decírselo a su esposa. El día 19, consiguió un automóvil prestado para fingir su propia muerte en un supuesto accidente de tránsito. Lo hizo con la esperanza de que la indemnización del seguro, que debería reclamar su mujer como beneficiaria, ayudara a saldar las deudas que acumuló en juegos de internet y que sumaban ya más de 14.000 dólares.

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Necesitamos un nuevo pensamiento para salvar el planeta

INTRODUCCIÓN

Pensar y repensar la ciencia es el oficio del epistemólogo. El Club Nuevo Mundo nos invita de manera expresa a contribuir en la medida que cada uno pueda a intentar salvar este deteriorado planeta que es nuestra casa: la Tierra, Gea o Gaia, como prefieran llamarla. Yo creo que si el deterioro de la Tierra comenzó por un mal uso de la tecnociencia por el leño torcido de la humanidad, ha de ser la vara derecha de la misma la que, uniendo una estrategia de tecnociencia e inteligencia emocional, contribuya a su salvación.

Gerd Altmann.

Gerd Altmann.

La codicia, eje maligno de nuestro mundo

En los últimos tiempos, el neoliberalismo codicioso y criminal ahora en manos de locos, visionarios y desaprensivos, ha roto todas las barreras desmarcándose del Acuerdo de Paris alcanzado en diciembre de 2015. Rememorando de alguna manera una idea de Ortega, digamos que los jabalíes han encontrado un payaso propio para hacer el trabajo sucio y visible.

En las entrañas del turbocapitalismo, se adivina una añoranza soterrada y muy oculta por el régimen puramente esclavista propio la edad moderna que los grandes países aplicaban en sus colonias. Si la realidad está por encima de la idea y dicha realidad es la única verdad tangible, de nada sirven las palabras y las instituciones de opereta que representan bonitas ideas que no se materializan. De nada sirve -y me refugio de nuevo en Ortega- el bello clamor y la trova servil de los tenores que ocultan la tragedia de la Tierra y sus pobres -en el sentido literal- habitantes.

Así está la cosa.

Una primera reacción por la vía de la ética

Cierto es que ya hay una serie de agravios a nuestra Gaia que son irreversibles. No voy a detallar estos agravios, traspasados ya los abusos, porque muchos lo han hecho con mucha más autoridad que yo.

Pero ante el abismo que se abre a nuestros pies, todavía hay un margen para pensar qué se puede hacer.

A comienzos de la década de los setenta se abrió una potente vía teórica sustentada en la ética -todavía entonces una disciplina respetada- para concienciar y actuar, si hubiese oportunidad para ello. Se desaprovechó la oportunidad porque estaba formulada desde la perspectiva de una ética fuerte. Me refiero al “Principio de responsabilidad” enunciado por el filósofo alemán Hans Jonas en 1973. Pese a que esa vía ha quedado abandonada al decaer la ética e irse ésta debilitando hasta licuarse, he creído conveniente traerlo a colación como argumento histórico en la defensa de la Tierra y como punto de partida para unas reflexiones más profundas sobre esta cuestión fundamental.

El Principio de Responsabilidad

Hans Jonas, y en eso acierta de pleno, fija como punto de partida que el  humano es el único ser conocido en la Tierra que tiene responsabilidad.

Ciertamente, solamente los humanos pueden escoger de manera consciente y libre entre diversas posibilidades de actuar ante algo y esa elección siempre tiene consecuencias. La responsabilidad pues, es una consecuencia de la libertad. Libertad. Aquí ya podrían ponerse los primeros reparos. Uno sería de orden neurocientífico (1) y otros de orden práctico, ya que el humano es un ser totalmente mediatizado por sus circunstancias (sean estas las que fueren) de manera que el “yo” está indisolublemente unido a su circunstancia. Además, como señala el Prof. Rubia Vila, el propio “yo” “es una ilusión que aísla al sujeto de su entorno, haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real” (2). Esas dos objeciones ponen ya en entredicho la universalidad de la responsabilidad.

Hecha la salvedad de la conciencia de esas deficiencias y que toda filosofía ha devenido en biofilosofía (3), estimamos conviene iniciar esta serie de reflexiones sobre nuestro presente y futuro del planeta, por los pioneros en comprender su vulnerabilidad. El más significativo fue Hans Jonas.
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Carl Jung sobre el Buda y el arquetipo de la conciencia iluminada

Carl G. Jung se interesó enormemente por las religiones orientales, hasta el punto de que un tomo entero de sus obras completas está dedicado a sus escritos sobre el yoga, el budismo, el taoísmo, la alquimia china, etc. Jung consideraba que Dios existía en la psique humana como una imagen arquetípica o un instinto, e incluso que yacía en la profundidad del inconsciente. El pináculo de su psicología -la individuación o realización del arquetipo del Sí mismo- era equivalente a la irrupción de la imagen de Dios. Aunque Jung se refirió generalmente a este arquetipo comparándolo con Cristo, el homo totus u hombre completo, en ocasiones también habló del Buda en este sentido, si bien con ciertas particularidades. El sitio Jung Currents reúne un conjunto de citas en las que Jung se refiere al Buda y al budismo, las cuales merecen reproducirse:

El entendimiento del Buda y la encarnación de Cristo rompen la cadena a través de la intervención de la conciencia humana iluminada, la cual adquiere así un significado cósmico.

(Cartas)

Cristo se sobrepuso al mundo al tomar él mismo el peso de su sufrimiento, el Buda se sobrepuso tanto al placer como al sufrimiento del mundo al renunciar a ambos.

(Liber Novus)

Para el hombre occidental, la falta de sentido de un universo meramente estático es insoportable. Debe asumir que tiene sentido. El oriental no necesita hacer esa asunción; en cambio, él mismo la encarna. Mientras que el occidental siente la necesidad de completar el sentido del mundo, el oriental se esfuerza por cumplir el sentido en el hombre, arrancándose del mundo y de sí mismo (como el Buda). Yo diría que ambos están en lo correcto. El hombre occidental es predominantemente extrovertido. El hombre oriental es predominantemente introvertido.

(Recuerdos, sueños, pensamientos)

Si se le deja en sí mismo, el hombre puede naturalmente producir su propia salvación. ¿Quién ha producido un Cristo? ¿Quién un Buda?

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3 lecciones zen sobre el miedo

Las lecciones zen sobre el miedo son también lecciones sobre el ego. Dicen los maestros de esa disciplina filosófica que si el ego tuviera motor, el miedo sería su combustible. Para ellos, en realidad no se puede hacer un gran inventario de miedos, sino que estos se reducen a solamente tres. Y los tres tienen que ver con lo que llamamos “yo”.

Desde esta perspectiva, todos los miedos que experimentamos los seres humanos tienen dos raíces bien definidas: el apego y la ignorancia. El apego nos hace vulnerables, porque implica fijar nuestra mente, nuestras emociones y nuestro deseo en algo externo. Por supuesto, esto entraña una primera forma de temor: el de perder aquello a lo que estamos apegados.

La ignorancia, por su parte, nos sumerge en un estado de incertidumbre y duda que facilita la aparición del miedo. El no reconocer el riesgo o el peligro de manera precisa y el no entender cuál es el camino para enfrentarlo, conduce a que nos sintamos invadidos de inseguridad y temor. Las lecciones zen sobre el miedo nos dicen que hay tres temores que surgen de esas dos raíces básicas. Son los siguientes.

La fuente de todo nuestro temor proviene de nuestras propias mentes descontroladas o delirios”.

-Buda-

1. Conservar la vida, una de las lecciones zen sobre el miedo

La primera de las lecciones zen sobre el miedo nos indica que el temor más básico del ser humano es a perder la vida. Identificamos la pérdida de la vida, básicamente como la pérdida del cuerpo. Somos seres físicos y esa es nuestra realidad más elemental. Habitamos nuestro cuerpo y el miedo a perderlo es el miedo a dejar de ser.

Este miedo equivale al miedo a la muerte. Sin embargo, la muerte no es solamente la finalización total de nuestras funciones orgánicas. También hay, por así decirlo, otras escalas de pérdida del cuerpo en el camino hacia la muerte. Por ejemplo, se pueden perder capacidades, o la juventud, o el funcionamiento normal del organismo o la autoimagen.

Las lecciones zen sobre el miedo nos indican que el temor a perder la vida se puede hacer desaparecer a través del mismo cuerpo. Ese miedo es físico y si se destierra del cuerpo, sale también de la mente. Lo que se debe hacer es atender a las sensaciones corporales del miedo. Luego respirar abdominalmente, tranquilizar el latido del corazón y relajar los músculos.

Mujer con miedo

2. Perder el yo


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La Libertad según Krishnamurti

por Alan Gullette

J. Krishnamurti

Discutiré el problema de la libertad y su solución según el pensamiento de Jiddu Krishnamurti.

Primero reconocemos que no somos libres en el sentido de que estamos casi completamente condicionados en nuestra acción, pensamiento y sentimiento debido a las experiencias del pasado, a la autoridad, a los sistemas de creencias, al conocimiento acumulado, a las respuestas aprendidas, a los hábitos y patrones, a los instintos, etc. Siendo casi en su totalidad un producto de nuestro medio ambiente y su condicionamiento, quizás no somos más que este mismo condicionamiento. La pregunta que surge es: “¿Es posible estar libre de este condicionamiento, actuar pura y espontáneamente, pensar ‘libremente’ (es decir, tener ‘pensamiento libre’), sentir verdaderamente y actuar en respuesta a lo que se percibe ― y es posible, además, percibir lo que realmente es? Esta pregunta es importante porque debe preceder tanto a la pregunta de lo que es verdad o lo que puede ser conocido y la llegada a cualquier posición moral o ética. (¿Cómo sabemos que esto o aquello es cierto? ¿Sabemos algo en absoluto? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Por qué creemos que esto o aquello es correcto o incorrecto?)

Krishnamurti piensa que hay libertad del condicionamiento, del pasado, de lo conocido, y que esta libertad lo pone a uno en un “espacio” desde el cual se actúa e interactúa espontánea y creativamente con el mundo. Esta libertad también implica el fin del pensamiento, el despertar de la percepción clara y la comprensión de todas las cosas. ¿Exactamente, qué significan estas palabras? ¿Qué implica realmente la libertad, y cómo se puede alcanzar?

En primer lugar, Krishnamurti señala que preguntar “cómo” “implica que alguien le va a ofrecer un método, una receta que, si se pone en práctica, le traerá entendimiento” [1]. El “cómo”, dice, “es el gran error. Es el factor que separa… si nunca usáramos esa palabra, estaríamos realmente investigando y no buscando un método para lograr un resultado determinado” (86). El error es que estamos creando un estado ideal (el de la libertad) y así nos definimos como estando casi desesperadamente lejos de esta idea. Además, “si uno es capaz de adivinar un resultado, es que ya lo conoce, y por lo tanto está condicionado y no es libre” (86). Pero lo que es más importante, una parte esencial del pensamiento de Krishnamurti es que uno debe pensar por sí mismo, indagar en uno mismo, observarse a sí mismo: no hay camino, ni método, ni práctica, ni gurú. “Lo importante es ser una luz para sí mismo, ser su propio Maestro y discípulo, ser tanto el profesor como el alumno”, [2] ya que obedecer a cualquier autoridad es un caso de condicionamiento.

Aun así, podemos preguntar, ¿qué es la libertad?

En términos de resistencia, la libertad “es el estado mental en el que no hay ninguna forma de resistencia” (95). Esta resistencia es lo mismo que el apego y la posesividad, pues uno se resiste a la intrusión de otros en aquello que se posee, en aquello a lo que se está apegado. Por ejemplo, el apego a un tipo particular de mineral metálico podría llevar a alguien a luchar y/o matar para lograr y/o mantener la pasión por ese mineral. En esto radica el apego y la resistencia. Del apego surge la dependencia (se aprecia mejor en el ejemplo del apego a la atención de otro ser humano), y “estando apegados tratamos de cultivar un estado de independencia ― que es otra forma de resistencia” (94). Porque “la libertad no es un estado de no-dependencia, es un estado positivo en el que no hay dependencia”, y por consiguiente ninguna resistencia (94). Del mismo modo, “la libertad no radica en el desapego. En el proceso de comprender el apego hay libertad, no en huir del apego” (95). Hablando más tarde de la libertad como positiva, Krishnamurti habla sobre la negación:

“La negación total es esa libertad del condicionamiento. Es negar todo lo que consideramos positivo, negar toda aceptación interna de autoridad, negar toda la moralidad social, negar todo lo que se ha dicho o concluido acerca de la realidad, negar toda tradición, toda enseñanza, todo conocimiento excepto el conocimiento técnico, negar toda experiencia, negar todos los compromisos de actuar de una manera en particular, negar todas las ideas, todos los principios, todas las teorías. Tal negación es la acción más positiva, por lo tanto es libertad” (116-7).

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No sirve de nada explicar, cuando el otro ha decidido no entender

Pocas cosas son tan determinantes en nuestras relaciones como las decisiones, muchas las podemos tomar conscientemente, pero otras prácticamente se apoderan de nosotros y se dan en respuesta a una cadena de pensamientos que se viene tejiendo con anterioridad.

Independientemente del caso, las decisiones marcarán el camino, nos acercarán o nos alejarán de las personas. Cuando hablamos de que alguien está bloqueado ante un hecho en particular, normalmente esa persona está respondiendo a la decisión de no entender, de no ser receptivo, de no colaborar con el esclarecimiento de una situación y por más información que se le intente dar, poco logrará filtrar las barreras.

A veces nos sentimos mal por no darnos a entender, por concluir que no tenemos la suficiente capacidad de llegada o los recursos para exponer nuestros argumentos y no logramos ver que el otro ha decidido no entender, que no importa lo que hagamos o digamos, estaremos frente a una muralla que no permite que nada se filtre.

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Así nos ocurre con todo en nuestras relaciones, hasta el hecho de mantener el amor se convierte en una decisión. Las relaciones que perdurar en el tiempo se caracterizan por la constancia, por la inteligencia y por las decisiones de “querer querer”.

Son las decisiones las que impulsan las acciones, las que mantienen orientadas las energías en determinada dirección. Esas decisiones favorecen o acaban con nuestras relaciones. Pero evidentemente las que se mantienen son las que van acompañadas de un compromiso, que se asume desde el corazón, en donde no se sienten como obligaciones, sino como algo que nos satisface y alimenta el alma.

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A PARTIR DE UN POEMA DE HÖLDERLIN, UN ARGUMENTO QUE DEFIENDE QUE NO HAY NADA MÁS PROFUNDO QUE LA BELLEZA

Friedrich Hölderlin tal vez sea el más grande poeta en la historia de la lengua alemana. Heidegger le dedicó importantes reflexiones a la poesía de Hölderlin y lo llamó “el poeta de los poetas”. Más que a ninguna figura del romanticismo y de la modernidad en general, se le debe a Hölderlin la intención de regresar al campo de la imaginación poética a los dioses, de llenar la poesía de nuevo de lo numinoso. Las páginas de Hölderlin están llenas de los dioses griegos y del mismo Cristo, quien aparece como una figura central pese a su teología natural con tendencias panteístas. A diferencia de Nietzsche (quien admiró al poeta romántico), para Hölderlin, Jesús y Dioniso expresan una misma corriente de luz entre el cielo y la tierra, y son igualmente atractivos estéticamente. Y la poesía se trata de llevar esta palabra divina, otorgada como un relámpago, a los hombres. En Hölderlin, como en casi todos los grandes poetas, la religión se funde con el arte. Y el eje que conecta lo divino con lo humano, lo infinito con lo finito es la belleza. En un famoso poema titulado “Sócrates y Alcibíades”, Hölderlin escribe:

“Venerado Sócrates, ¿por qué siempre

estás alabando a ese hombre? ¿Acaso no conoces

cosas más importantes? ¿Por qué lo miras con tanto amor,

arrebatado, como si se tratara de un Dios?”

Aquel que piensa lo más profundo ama lo que está más vivo,

la más amplia experiencia acaba inclinándose hacia lo mejor de la juventud,

y los sabios al final se postran ante lo bello.

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Las 4 claves del bienestar según el neurocientífico que ha estudiado la mente de los maestros budistas

Amigo y confidente del Dalai Lama, Richard J. Davidson es un experto en neurociencia contemplativa, la rama que estudia el impacto de la meditación y otras prácticas similares en nuestro cerebro.
Este neurocientíficos profesor de la Universidad de Wisconsin ha dedicado más de 10 mil horas a estudiar el cerebro de grandes maestros budistas, entre ellos el monje francés Matthieu Ricard y el maestro budista Mingyur Rinpoche.
Davidson ha llegado a la conclusión de que existen 4 cualidades esenciales para alcanzar el bienestar, ese estado de paz interior que todos añoramos pero que tan escurridizo parece, sobre todo cuando tenemos que lidiar con los problemas del día a día.
De hecho, para Davidson el bienestar psicológico no es un estado que se alcanza sino una habilidad que se desarrolla. Se trata de un cambio de paradigma interesante porque implica que, si uno practica, puede desarrollar esta habilidad.
La clave radica en estimular otras cuatro habilidades que se encuentran en su base y se encuentran arraigadas en los circuitos neuronales. Al fortalecer esos circuitos, también estaremos desarrollando el bienestar.

¿Cómo desarrollar un estado de bienestar y paz interior duradero? 

1. Resiliencia 
En un mundo impermanente en continuo cambio, nos ocurren cosas desagradables. No siempre podemos evitarlas, pero siempre podemos cambiar la manera en que reaccionamos ante ellas.
La resiliencia es la capacidad para recuperarnos de la adversidad y salir fortalecidos de esa experiencia. Davidson la relaciona con el “no-apego”, porque implica la capacidad para fluir y no quedarse atascados en esas experiencias negativas.
Las personas más resilientes, que se recuperan más rápido, muestran niveles más altos de bienestar. Lo interesante es que mientras más resiliente seamos, más protegidos estaremos ante las situaciones adversas de la vida y más confiaremos en nuestra capacidad para superar esos baches.
Davidson descubrió que los circuitos cerebrales de la resiliencia se pueden modificar con la meditación mindfulness, aunque es necesario dedicar muchísimas horas antes de que se produzca un cambio en esos circuitos.
2. Perspectiva positiva 
La segunda clave para el bienestar es la perspectiva. Se trata de la capacidad para ver las cosas positivas incluso en medio de la tormenta, la capacidad para disfrutar de las experiencias positivas y percibir con bondad a las otras personas.
Incluso las personas que padecen depresión muestran una activación en el circuito cerebral subyacente a la perspectiva positiva, el problema es que esa activación es muy fugaz, no dura el tiempo necesario como para mejorar su estado de ánimo.
A diferencia de la resiliencia, las investigaciones de Davidson sugieren que la práctica de la meditación y la compasión pueden alterar rápidamente este circuito. Contrastó los resultados de un grupo de personas que practicaron meditación compasiva con otro grupo que recibió entrenamiento en reestructuración cognitiva para aprender a desarrollar una perspectiva más positiva.

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EL SUFRIMIENTO COMO CAMINO HACIA LA SABIDURÍA EN LAS EXPERIENCIAS PSICODÉLICAS

El prime paso hacia la sabiduría es “morir antes de morir”. 

Peter Kingsley

Las yeguas que me llevan hasta el límite final del anhelo siguen cabalgando, una vez que habían venido por mí para llevarme por el camino legendario de la divinidad que lleva al hombre que sabe a través del vasto y oscuro misterio…

Poema de Parménides, versión de Peter Kingsley

En las experiencias psicodélicas, y particularmente en las de ayahuasca, existe una especie de modelo o tema recurrente que tiene que ver con un periodo inicial de sufrimiento y dificultad que una vez atravesado da pie a un periodo de aceptación, liberación, unión o éxtasis. Podemos describir esto también en términos de un proceso de catabasis seguido de anabasis, en un descenso al inframundo o al infierno y/o purgatorio y un ascenso al cielo o a un estado de conciencia mística; o, también, en una muerte simbólica o una disolución del ego que es también una fusión del ser con el Ser o del individuo con principios universales: Dios, la naturaleza, la realidad, la conciencia ilimitada, etc.

Ya sea que utilicemos términos de la filosofía, de la psicología o de la ciencia, el viaje psicodélico, cuando realmente tiene un efecto significativo, suele atravesar una trayectoria en la que el psiconauta primero se enfrenta con aspectos de su propia naturaleza o con visiones que a falta de un mejor término podemos llamar negativas. Estos momentos ocurren de manera paralela física y mentalmente, y pueden explicarse en parte por los efectos físicos de las plantas que suelen tener sabores muy amargos y producir ciertos malestares, incluyendo nausea y vomito. Esta fase es llamada a veces “purga”, algo que se manifiesta de manera particularmente aguda en la ayahuasca, brebaje que las más de las veces obliga a la persona a vomitar; vomito que en muchos casos marca justamente un proceso de liberación, un cambio y aligeramiento no sólo en el cuerpo sino en la conciencia del individuo. Se vomitan ríos de memorias, traumas, dolores, fantasmas, sangre…

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Cuando su mejor amigo murió, ella lo reconstruyó digitalmente

“Si solo pudiera volver a hablar con él”… Es lo que muchos piensan cuando pierden a un ser querido y es lo que pensó Eugenia Kuyda cuando perdió a su mejor amigo, Roman Mazurenko, de forma inesperada el 28 de noviembre de 2015.

Pero para lo que muchos es solo un pensamiento, para Kuyda fue una inspiración.

Resulta que esta rusa de 31 años es una genia de la informática y se especializa en inteligencia artificial.

Así que tres meses después de perder a Mazurenko, Kuyda lo “revivió” en formato tecnológico.

Creó lo que se conoce como un chatbot, un programa de computación que puede tener conversaciones simples con un humano. Su chatbot piensa y responde como lo haría Roman Mazurenko.

Kuyda le contó a la BBC que usó más de 10.000 textos escritos por su amigo para crear su bot.

Historia de una amistad

Ella y Mazurenko se habían conocido en Moscú cuando ambos eran jóvenes activistas.

Él se dedicaba a la moda y a promocionar eventos culturales, y ella editaba una revista inspirada en The New Yorker.

Ambos terminaron convirtiéndose en emprendedores, con startups digitales.

La de él se llamaba Stampsy y era una herramienta para diseñar revistas digitales.

Kuyda cofundó Luka, una aplicación que recomienda restaurantes y permite a las personas reservar mesa a través de una interfaz de chat con inteligencia artificial.

Su emprendimiento le ganó un lugar en la lista de los “30 europeos menores de 30″ más destacadosen el mundo de la tecnología, compilado por la revista Forbes en 2016.

Decepcionados con el rumbo nacionalista que tomó su país bajo las riendas de Vladimir Putin ambos se mudaron a Estados Unidos.

Cuando el proyecto de Mazurenko fracasó, él se mudó al departamento de su amiga en San Francisco.

Pasaron el último año de la vida de Roman viviendo juntos.

Partida repentina

El trágico final del ruso llegó en un viaje a Moscú, cuando durante una salida con amigos fue arrollado por un auto.

Kuyda nunca llegó a despedirse y para ella fue una pérdida irreparable.

Conversación entre Eugenia Kuyda y su Replika de Roman Mazurenko.

Eugenia Kuyda
Kuyda dice que le cuenta al bot de su amigo cosas que no se atrevía a decirle cuando estaba vivo.
 

“Siempre me sentí como alguien de fuera y tener a Roman a mi lado me hacía sentir entendida“, contó en una entrevista con la BBC.

Consumida por el dolor de la pérdida, se volcó a los miles de mensajes que habían intercambiado.

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UNA MEDITACIÓN PARA UTILIZAR LA ENERGÍA DE LA RESPIRACIÓN Y LLEGAR AL ÉXTASIS ERÓTICO

Nunca antes en la historia de la humanidad se había hablado tanto sobre el sexo, y nunca antes se habían elogiado tanto los beneficios de una vida sexual plena. Sin embargo, aunque esto puede ser digno de celebrarse, también tiene sus aspectos negativos, pues ante la inundación y banalización de lo sexual, en ocasiones el sexo pasa a ser algo ordinario que se realiza más como un deporte o una obligación y no se cataliza su potencial transformador, extático, espiritual. Asimismo, el bombardeo de imágenes sexuales y la profusión de la pornografía hacen que muchas personas introyecten una imagen sexual basada en una (ir)realidad falocéntrica o simplemente egoísta y hedonista, que incluso llega a ser patológica. Generalmente, llevamos estos fantasmas culturales a nuestras relaciones y podemos distraernos del presente desnudo de los cuerpos, la respiración y la energía, al enfocar nuestra atención en estas fantasías que no son auténticamente nuestras.

No obstante, el sexo nos presenta una oportunidad magnífica de desnudarnos tanto física como emocional y espiritualmente; de ser realmente quienes somos y de entrar en contacto con nuestros cuerpos de una manera no mediada. El placer como gran eje nos ancla y nos centra y nos lleva al presente, si nos mantenemos atentos y fluimos. En otras palabras, nuestra práctica sexual se beneficia enormemente si dejamos de pensar a la hora de relacionarnos y, más bien, sentimos y nos dejamos llevar por las sensaciones. Para esto, sin duda la meditación puede ayudar mucho. Meditar antes, pero también meditar durante el sexo.

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