«El trabajo interior no es para perezosos» Alejandro Jodorowsky.

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Vivimos en un mundo materialista donde el dinero es sinónimo de “deuda”. “Una rata descuidada se había dejado invadir por la sarna. Hacía ya tanto tiempo que el mal la aquejaba, que su picazón le parecía normal. Como le daba flojera observarse a sí misma, se dedicó a criticar a sus congéneres. Por ese solo hecho se sintió Maestra. “¡Nadie hace algo por superarse! ¡Mi raza está en decadencia! ¡Debo ayudar al mundo!”… Entre los roedores más jóvenes, encontró fervientes discípulos. Mientras se hacía traer queso gratis, les enseñaba “cómo progresar”. A medida que los jóvenes adquirían conocimientos de su Maestra, también atraparon su sarna. ¡Furiosos la expulsaron! La “Maestra” volvió a su guarida y desde allí se dedicó a insultar al mundo que no había querido aceptar sus consejos salvadores.”

El trabajo interno requiere esfuerzos dolorosos que muchos no están dispuestos a efectuar. Corregir las desviaciones de nuestros pensamientos, emociones y deseos, requiere una dedicación constante. Algunos seres, por pereza o por miedo a enfrentar sus propios fantasmas y hábitos negativos, antes de ayudarse a ellos mismos quieren ayudar a los otros. ¿Qué ayuda pueden dar con una mente contaminada? También, en tanto que colectividad, por muy necesitados que estemos, debemos verificar cuidadosamente quién es el organismo o país que nos ofrece su ayuda en forma de préstamo. Tal vez por aceptar lo que “generosamente” nos otorga, a causa de la deuda seamos explotados -darle en pago nuestros productos a precios ridículos- y además atrapar su sistema sarnoso. Un sano mendrugo de pan vale más que un aromático guiso envenenado.

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