La OMS eleva el riesgo de cáncer del herbicida más popular, ¿cómo se usa el glifosato en España?

 

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(ECOLOGISTAS EN ACCIÓN) El glifosato es el herbicida más utilizado en agricultura y en las labores de control de maleza en los entornos urbanos: solares, jardines y cunetas. «Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)». El producto es legal en España, donde su uso está regulado pero infravigilado. El principal productor de glifosato, la multinacional Monsanto, no acepta la nueva clasificación y exige a la OMS su retirada.

Es el herbicida más popular del mundo, se llama glifosato y se utiliza ampliamente en agricultura y para el control de maleza en entornos urbanos. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés), dependiente de la OMS, acaba de anunciar que este producto «probablemente es cancerígeno para humanos», introduciendolo en los productos y acciones de riesgo 2A (probablemente cancerígeno). La multinacional Monsanto, que lo patentó y es la que más lo vende, ha criticado duramente esta nueva categorización y ha exigido su retirada. Los grupos ecologistas celebran la decisión y recuerdan que llevan años denunciando que este pesticida tiene importantes efectos en la salud y el medio ambiente. ¿Cómo se utiliza en España?  ¿Qué es el glifosato? Es el herbicida más vendido del mundo y el principio activo de la marca comercial Roundup. Según los ecologistas el volumen de ventas de este producto es equiparable al de la cocacola en el mercado de los refrescos. Se empezó a fabricar en los años sesenta para matar las llamadas «malas hierbas» de los cultivos agrícolas y su uso se extendió sobre todo en los cultivos transgénicos de soja, maíz y algodón. También se utiliza en el medio urbano para la eliminación de maleza en solares, parques, cunetas y vías del tren. A nivel particular también sirve para la fumigación de parcelas, jardines y huertos. ¿Cómo se utiliza en España? En España se autorizó su uso en el año 1974 por su gran efectividad contra todo tipo de hierbas. Al glifosato, de hecho, se le conoce como el herbicida total. En los cultivos agrarios se extendió por el ahorro económico que suponía la reducción de labores mecánicas. Fuera del uso agrario, las administraciones públicas lo utilizan para mantener los márgenes de las carreteras y las líneas de ferrocarril libres de vegetación al considerar que esta solución «permite conseguir unos óptimos resultados tanto desde un punto de vista técnico como económico». Los Ayuntamientos lo echan también para controlar la maleza en solares, parques, jardines y cunetas. El uso generalizado de este producto motivó en 2009 la aprobación de una directiva europea, que se aplica en España en virtud de un reglamento de 2012, cuya filosofía subyacente es la de potenciar el control de los herbicidas y avanzar hacia la reducción de su uso. La norma española, siguiendo la europea, plantea por ejemplo restricciones de este fitosanitario en zonas de acuíferos y limita su utilización en espacios frecuentados por el público en general, como campos de deporte, jardines públicos, recintos escolares y las cercanías de los centros médicos. Obliga, además, a detallar qué producto se fumiga, a restringir el acceso por unas horas en la zona, al manejo de la sustancia por personal cualificado y equipado correctamente y a no proceder a su utilización en condiciones climáticas adversas, como en días con viento. En España se aprobó un Plan de Acción Nacional para llevar a cabo el control de la utilización de fitosanitarios, que según las entidades ecologistas no está cumpliendo su labor de vigilancia, produciéndose fumigaciones con glifosato de forma inadecuada. ¿Qué supone la decisión de la OMS? La agencia que investiga el cáncer (IARC) ha revisado los estudios realizados sobre el glifosato para concluir, en un informe publicado este mes en la revista The Lancet, que «hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)». Por ese motivo han recalificado su peligrosidad y ha incluido a este agente en el grupo 2A como «probablemente cancerígeno». La agencia internacional es la encargada de determinar para la OMS si en un producto o práctica hay indicios de que, en algunos presupuestos, pueda causarse el cáncer. Sin embargo, este organismo no tiene efecto directo en la regulación de los usos , que queda en manos de las administraciones nacionales. La legislación española autoriza el uso del glifosato, siguiendo la norma europea. La UE  no considera este producto peligroso «ni para los seres humanos ni para el medio ambiente». Los grupos ecologistas confían en que la decisión de la OMS de revisar la literatura científica y elevar el riesgo del glifosato tenga repercusión en futuras regulaciones europeas. ¿Qué dicen los productores? La reacción de la industria fabricante del glifosato criticando la decisión de la agencia de la OMS no se ha hecho esperar. La multinacional Monsanto, principal productora de este herbicida, emitió un comunicado que aloja en su web en el que asegura que su grupo especial de trabajo «no acepta la clasificación reciente del glifosato de la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer como un carcinógeno del Grupo 2A. La evaluación que ha producido este resultado presenta defectos graves en lo que se refiere a su enfoque metodológico», añade. En su opinión, el hecho de que se trate de una revisión de estudios  previos y no de una nueva investigación es lo que limita las conclusiones alcanzadas. Para Monsanto «las evaluaciones realizadas por las autoridades regulatorias en todo el mundo durante los últimos 40 años han confirmado que el glifosato no representa riesgos inaceptables para los seres humanos, los animales o el medio ambiente». Asimismo, consideran poco serio que en el mismo grupo de riesgo en el que acaba de entrar el glifosato, el 2A, se incluya el trabajo de peluquero, por el uso continuado de tintes. Las empresas agroquímicas tampoco están de acuerdo con la decisión de la agencia que investiga el cáncer para la OMS. ¿Quién se opone a su uso en España y por qué? Las asociaciones de ecologistas, como Greenpeace, Amigos de la Tierra o Ecologistas en Acción, han concentrado sus esfuerzos en demandar límites al uso no agrario del glifosato en España. Sus expertos critican el actual uso masivo de este herbicida  «a nuestro alrededor, en parques, jardines, huertas, cunetas de carreteras y caminos» y lo consideran una amenaza «por su alta toxicidad». Las organizaciones ambientalists están llevando a cabo en los últimos años campañas de información y presión para que, sobre todo, la administración pública deje de utilizar el herbicida que consideran «peligroso» para la salud y para el medio ambiente. «Nos encontramos con que como está permitido, las administraciones son reticentes a dejar de usarlo, pero la población es cada vez más consciente de los riesgos que implica», indica Nacho Escartín, de Ecologistas en Acción. «Yo no digo que el glifosato cause cáncer directamente, pero está comprobado que provoca alteraciones hormonales que hacen que uno pueda estar más expuesto al cáncer», asegura. Recientemente han surgido de manera local varias plataformas anti herbicidas. Es el caso de Guadalajara, Madrid o Canarias. Estos grupos informan de la legislación sobre el uso de los productos, denuncian fumigaciones incontroladas en la vía pública e intentan convencer a los Ayuntamientos  de su incorporación a la red de localidades libres de herbicidas. Las plataformas proponen a su vez alternativas para el control de plagas y hierbas con métodos no químicos. Y denuncian la ineficacia de las administraciones regionales a la hora de controlar las fumigaciones. El procurador del común de Castilla y León, un cargo semejante al defensor del pueblo, también ha emitido un informe en el que solicita a la consejería de Medio Ambiente que se valore la erradicación total de la utilización de herbicidas «cuyo componente principal sea el glifosato» para la limpieza de las márgenes de carreteras de titularidad autonómica y por los espacios naturales declarados protegidos, así como que se minimice su uso a nivel municipal en zonas de libre acceso de los ciudadanos. ¿Qué alternativas proponen los ecologistas? Para sustituir el uso de herbicidas en el espacio público» se podrían diseñar suelos tapizados con vegetación natural y controlarla mediante siega. Para el control de la vegetación natural en la cuneta de carreteras, la solución que ya se usa en muy buena parte de nuestra red viaria es el desbrozado». A su juicio, el mantenimiento debe ser preventivo, vigilando las zonas ajardinadas para evitar la aparición de zonas degradadas.

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