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Adriana – ¿Qué es el Yoga Integral?

Víctor G. Cruz
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El Yoga es, desde sus orígenes, una tradición holística, global, integral. Sólo si exploramos este hecho con el máximo cuidado podremos acceder, con la profundidad que se merece, a su verdadera potencia transformadora.

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A pesar de buena parte de las tendencias actuales de reducirlo a una disciplina de trabajo “meramente corporal” (llegando a extremos de distorsión tales como la competición o un burdo culto al cuerpo), el Yoga es, desde sus orígenes, una tradición holística, global, integral. Sólo si exploramos este hecho con el máximo cuidado podremos acceder, con la profundidad que se merece, a la verdadera potencia transformadora del Yoga (que, intrínsecamente, es Integral), tal y como fue planteada esta disciplina en sus orígenes y desarrollada desde entonces hasta la actualidad, así como a las inspiradoras perspectivas de futuro que se abren para nosotros al hilo de sus planteamientos.

Fruto de un cierto “reduccionismo fisicalista” propio de la modernidad de nuestras culturas “occidentales” (y su impronta en oriente), el Yoga se encuentra en un momento muy peculiar de su historia. Si bien, en la actualidad, la palabra “yoga” es sobradamente conocida por más personas que en toda su historia, para la inmensa mayoría se asocia exclusivamente con la práctica de “āsana” (postura), evocando la imagen (alentada por la publicidad) de un cuerpo esbelto con ropa deportiva realizando posturas bellas y (a menudo) complejas.

Si bien la ejecución de āsana es en extremo relevante y, de hecho, especialmente necesaria en nuestras sociedades, basta con echar un pequeño vistazo a toda la vastedad de la tradición para comprender que el Yoga no sólo no se reduce a la práctica de āsana sino que, como práctica en sí, tan sólo constituye una parte de lo que podríamos llamar el Yoga integral y sus sendas (ver propuesta de Curso-Sadhana más abajo). Entonces…

¿Qué es realmente el Yoga y por qué es, necesariamente, “integral”?

El vocablo sánscrito yoga proviene de la raíz verbal “yug”, que podríamos traducir como “unir”, y que, por derivación histórica desde las lenguas indoeuropeas, produce en castellano el sustantivo afín: “yugo” (apero tradicional de madera que une a los animales para trabajar la tierra). En suma, podríamos decir que Yoga significa unión.

Pero ¿qué es lo que se une en esta unión?, ¿qué es lo que se encuentra dividido y requiere unirse? La tradición yóguica expresada en los Yoga Sutras de Patañjali propone un posible modelo, de una sencillez y claridad preclaros, para responder a esta pregunta. Es un hecho: el ser humano sufre, se encuentra expuesto a una profunda aflicción estructural que, según Patañjali, está basado en cinco causas fundamentales (kleshas):

La ignorancia (avidyā) de nuestra verdadera naturaleza (no-dual).
El sentido del yo (asmitā) como individuo aislado, que se deriva de esa ignorancia primordial, de forma que en el proceso de esa identificación se genera un “personaje” cuya identidad conduce a los siguientes kleshas:
Los apegos (rāga), lo que “nos gusta” (aquello ante cuya ausencia sentimos dolor).
Las aversiones (dvesha), lo que “no nos gusta” (aquello ante cuya presencia sentimos dolor).
El angustioso terror a la muerte (abhini-vesha) al que nos exponemos los humanos por ignorar nuestra propia naturaleza y confundir el “Ser” con el “yo” (la ilusión de un individuo aislado, sujeto a la corrupción del tiempo).
La unión a la que alude el yoga supone, por tanto, una (re)conexión con nuestra verdadera naturaleza, equilibrando el desequilibrio, integrando lo desintegrado, uniendo lo dividido a través del acceso a la consciencia de la inefable no-dualidad fundamental del ser. La plena experiencia continuada de esta forma de consciencia suprime de raíz las causas del sufrimiento humano y, por tanto, sume al yogui o yoguini en un estado de supraconsciencia (samādhi), de bienaventuranza (ānanda), de liberación (moksha).

Entonces, ¿por qué el Yoga es, de forma inherente, integral? Podemos definir “integral” como algo que “comprende todos los aspectos o todas las partes necesarios para estar completo”. Entonces, dado que la semilla para la liberación se encuentra en todos los seres, en todos los ámbitos de la existencia, cualquier circunstancia puede constituir, desde la actitud adecuada, una senda para la expansión de la consciencia, una rama del gran árbol del Yoga.

El Yoga es pues, inherentemente, Yoga integral, entendiendo que cuanto mayor sea el número de frentes desde los que tratamos de acceder a esa unidad, cuantos más espacios de nuestra vida sean enfocados desde la atención y en pos del autoconocimiento, cuanto más global, profunda y completa (integral) sea nuestra práctica, más nos acercaremos a comprender quiénes somos en realidad.

Múltiples son las fórmulas inspiradoras a través de las cuales se ha tratado de definir esta tradición atestiguando su condición integral. Así, se dice que: Yoga es “un sistema para obtener salud y armonía total”; “un conjunto de técnicas y actitudes de purificación y perfeccionamiento del ser humano a nivel físico, mental, emocional, ético, etc.”; o también, “vía para reintegrar la consciencia individual en la consciencia cósmica a través de la realización de la armonía entre la cabeza, el corazón y las manos”.

Este es el sentido de practicar, conjuntamente y con la máxima precisión, todas las vías propuestas por las Sendas del Yoga: la integración y el control de la mente (raja yoga), el equilibrio del cuerpo y las energías sutiles (hatha yoga), el desarrollo del discernimiento como vía de acceso al conocimiento sapiencial (jñana yoga), la reconversión alquímica de todas las emociones en amor incondicional, devoción (bhakti yoga), la acción plenamente consciente y desapegada (karma yoga)…

Aleister Crowley, un prominente místico inglés de finales del siglo XIX y principios del XX que trabajó intensamente en la introducción de los aspectos más inspiradores de la tradición del yoga y el tantra en occidente, se refiere a esta cuestión con una brillante cita que bien puede servirnos de broche para concluir:

“Nos corresponde (…), si deseamos alcanzar el yoga universal y final con el absoluto, domeñar cada elemento de nuestro ser, ponerlo a salvo de cualquier guerra interna o externa, intensificar todas nuestras facultades al máximo, entrenarnos en la sabiduría y la fuerza sin escatimar esfuerzos, de suerte que cuando llegue el momento oportuno nos hallemos en perfectas condiciones para arrojarnos al horno del éxtasis cuyas llamas ascienden desde el abismo de la aniquilación.”

Adriana – El sutil beneficio del Yoga Profundo

Eva Klimberg
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De todos es conocido el beneficio incalculable del llamado Yoga físico. Las características que acompañan a las posturas de yoga: firmeza, comodidad, inmovilidad natural, relajación, respiración sentida y concentración interiorizada, van a estimular la vida en cada órgano, tejido y estructura corporal.

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Todos los sistemas se dinamizan y refrescan por dentro y por fuera.

Cada postura genera beneficios específicos, pero es la práctica equilibrada de un grupo de asanas cuidadosamente seleccionadas lo que creará un impacto tal que se ralentiza el envejecimiento y la oxidación celular, incrementando así sobremanera la experiencia de vitalidad.

Podríamos clasificar los beneficios de las posturas de yoga en cuatro grupos, imbricados e inseparables:

El impacto en tendones, ligamentos y músculos que ejercitados cuidadosamente desarrollan flexibilidad, fuerza y tono, recuperando así toda su movilidad. La estructura ósea y la columna vertebral como eje central son movilizados en todos sentidos y direcciones generando un equilibrio y estabilidad que permite compensar e incluso corregir algunas desviaciones estructurales.

Todos los sistemas recuperan su funcionamiento óptimo: circulatorio, endocrino, límbico y uno de los más castigados a la vez que esencial, el sistema nervioso.

Pero el beneficio más sutil de las posturas de Yoga o ásanas es el equilibrio de la circulación energética. Los canales psíquicos que recorren todo el organismo y los centros vitales energéticos o chakras son estimulados facilitando así una mayor sensibilidad y una consciencia más refinada de la vida.
Dicho equilibrio energético armoniza las emociones y la mente, abriéndose el potencial creativo y una calma tal que el estado naturalmente meditativo florece fácil.
Muchos casos de depresión, falta de ánimo e infinidad de dolencias e incomodidades desaparecen por estirar, contraer, movilizar, torsionar, invertir, aliviar, flexibilizar, fortalecer, tonificar….

Pero quiero llamar la atención sobre un beneficio más sutil y silencioso: encontrar el espacio y el tiempo para mimarse, para quererse, respirarse, relajarse. Querer sentirse mejor, no conformar. . . Beneficios que encontraremos con la práctica regular de un mínimo de dos veces semanales. Creando un hábito donde cuerpo y mente se preparan para disfrutar, desde el primer instante de la práctica, que se convierte en un gozo.

Sobre ese cuerpo astral o vital el cuidadoso trabajo con la respiración suaviza y atempera las emociones hasta el punto que todo el mundo mental gratuito y automático se silencia naturalmente, sin esfuerzo (siempre hablamos de una práctica comprometida).

Todo lo que está vivo y se moviliza en nosotros depende del equilibrio del prana o fuerza vital. Los pranayamas y respiraciones yóguicas equilibran dicho prana y el movimiento emocional y mental en nosotros, además de las funciones fisiológicas todas. Los centros psíquicos o chakras (asiento de la consciencia animal, sexual, volitiva, amorosa, creativa e intuitiva) son excepcionalmente estimulados por los ejercicios de respiración, despertando progresivamente todo el potencial humano.

La práctica respiratoria consciente oxigena las células, las rejuvenece y revitaliza, mejora el metabolismo celular, facilita la expulsión de dióxido de carbono depurando así la sangre, masajea los órganos internos, tonifica el corazón, favorece sobremanera el rendimiento intelectual y mejora la creatividad. Otorga calma y serenidad. Asimismo los diferentes pranayamas pueden ser equilibrantes, estimulantes o relajantes.

El beneficio sutil y definitivo de todas estas prácticas genera la transición del llamado Yoga externo al Yoga interno. Los sentidos y la mente tienden a desinteresarse por los estímulos que tanta energía vital nos hacen despilfarrar. La observación tranquila sin juicios, la aceptación complacida de la “película” representada en nuestro escenario psíquico (chidakash), sin rechazar o desear, el establecerse en Sakshi, la consciencia testigo, es la consecuencia natural de una buena práctica.

Yoga mental, en busca del más excelso de los beneficios
La meditación es la práctica por excelencia del Yoga mental. Sus beneficios son inmensos, ya que nos entrenamos a observar desde “el palco” todo lo que acontece en nuestro mundo mental, con tranquilidad, templanza. Este posicionamiento purifica el contenido mental y emocional que brota del inconsciente y subconsciente y que condiciona nuestra libertad de movimientos.

La meditación, está más que demostrado, estimula áreas cerebrales que de otra manera se atrofian. De nuevo la creatividad y la estabilidad emocional son beneficios de los que nadie se debería privar, ya que la calma que genera la meditación en cualquiera de sus fases (no es necesario ser un meditador supremo), la concepción de la vida, los propios valores son tranquilamente revisados…y aparece así la comprensión y la libertad.

Realmente la práctica de yoga pretende acercarnos al más sutil y excelso de los beneficios. Está ya más que demostrado que todo lo que vemos y tocamos depende, se forma y se alimenta de su versión más sutil. Así en el Yoga se explica que el ser humano está conformado por tres cuerpos: el físico o denso, el energético-vital o astral y el causal u origen de los otros dos, también llamado cuerpo de felicidad.

Creando las condiciones para a acceder a la armonía que reina naturalmente en el cuerpo causal, los cuerpos astral y físico quedan armonizados, porque son la expresión más y más densa de aquel primero. Como en una cascada, refrescando los cuerpos “inferiores”.

Cuando el individuo se siente dichoso y en armonía con el resto del universo (características de la naturaleza espiritual del cuerpo causal), los cuerpos denso y vital quedan impregnados de dicha armonía, equilibrio y salud.

Así quiero aclarar que nuestra concepción del sentido de la vida, los valores de los que nos servimos para vivirla y nuestra sinergia o no con el resto del Universo, crearán más o menos irritación o calma en nuestro vivir, con más o menos elegancia. Algunos lo llaman espiritualidad, y aunque la palabra ha sido usada a veces un poco a la ligera, se refiere a nuestra sensibilidad a los aspectos trascendentes y sutiles que soportan la parte densa de la vida. Espiritual se refiere a entender y sentir que la energía y la consciencia están detrás de todo.

El yoga milenario y sus cientos de prácticas han sido legados al ser humano para recorrer el camino inverso. Usando el cuerpo físico como puerta de entrada, los yoguis eran capaces de armonizarlo a tal punto que se mostraba fuerte, sano y puro. Aprendieron a equilibrar el cuerpo astral de manera que se suavizaban las emociones y el mundo mental quedaba trascendido… abriéndose así las puertas de la paz profunda del alma cuyo asiento es el ya familiar cuerpo causal.

Adriana – Consejos del Ayurveda para cuidar alergias y astenia primaveral

Dr. Kiran Valsan
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El doctor Kiran Valsan se licenció en Medicina y se especializó en Ayurveda. Fue responsable del centro de Sri Sri Ayurveda en Kerala.

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Kiran es especialista en Nadi Pareeksha (diagnóstico a través del pulso) Su experiencia, profesionalidad y su amor por el Ayurveda permiten que su práctica se ejerza bajo la forma tradicional y pura.

Ayurveda, la palabra Vikruti se utiliza para designar el estado de salud actual de una persona. Este se puede ver afectado por cambios estacionales, viajes a un nuevo lugar geográfico o el paso de una etapa a otra de la vida. Aunque tu verdadera esencia (lo que se llama Prakriti) nunca cambia, los cambios que notas por circunstancias externas, pueden hacerte sentir como una persona diferente, para bien o para mal. Por eso el Vikruti ayuda a describir tu constitución de forma más precisa, basándose en lo que te está sucediendo en este mismo momento.

Si esta primavera te encuentras fatigado y bajo de vitalidad, aquí tienes unas recomendaciones que pueden ayudarte.

1. ¿Cómo adaptarse a la primavera según el Ayurveda?
A menudo, al comienzo de la primavera nos sentimos pesados y lentos. La astenia primaveral, los resfriados, las alergias, el exceso de mucosidad en los pulmones o los senos faciales, el asma, las náuseas, el aumento de peso, la retención de líquidos o la pesadez en las extremidades y el embotamiento, incluso emocional, son síntomas que se deben a un exceso de Kapha en el ambiente. Sin embargo, si logramos equilibrar el Kapha en nuestro organismo podemos combatir estos síntomas y sentirnos fuertes, serenos y estables (también cualidades de Kapha).

En esta época, las impurezas dentro del cuerpo se funden debido a la subida de la temperatura en el ambiente. Las toxinas líquidas obstruyen los conductos del cuerpo y, cuando éstos se bloquean, los nutrientes no llegan apropiadamente a las células, y la capacidad del sistema inmunológico para resistir a los alérgenos se satura. Este es el mecanismo que da lugar a las alergias primaverales –congestión y picor nasal, ojos lacrimosos- que están entre las primeras 10 causas de visita al médico.

¿Cómo equilibrarlo? Imagina tu cuerpo como un vaso de zumo de naranja. Si permanece mucho tiempo quieto en una posición, la pulpa se acumula en el fondo. Los yoguis creían que lo mismo pasa en nuestro cuerpo, particularmente en los órganos. En este caso, la pulpa es materia no orgánica sin digerir, que tomamos a través del aire que respiramos y la comida. Con la suficiente hidratación y ejercicio, estas toxinas pueden salir a través de la piel (por el sudor), la respiración, la orina y los movimientos intestinales.

2. ¿Cómo fortalecer el sistema inmunológico?

No basta con tratar los síntomas. La solución a largo plazo es ahondar en la causa última de las alergias y fortalecer el sistema inmune para que pueda resistir a los alérgenos. Una dieta que incluya especias con capacidad para combatir alergias, por ejemplo:

Cúrcuma (con capacidades antiiflamatorias, también mejora la digestión y equilibra el flujo biliar)
Salvia
Pimienta roja
Comino
Cilantro
Hinojo

3. ¿Cómo ayudar al cuerpo en su propia limpieza primaveral?

Dieta kapha: evita comer alimentos pesados, difíciles de digerir.
Evita o reduce sabores dulces, amargos o salados.
Toma zumos de frutas dulces (pero no por la noche).
Añade las especias anteriores para estimular la digestión y desintoxicar la piel.
Puedes beber agua caliente (si tienes desequilibrio en Pitta, que sea templada) para ayudar a licuar las impurezas digestivas que se han acumulado.
Ejercicio diario (y evitar las siestas también te ayudará)

Nota de Adriana:
Vata, Pitta y Kapha – son los tres principios fundamentales de la naturaleza (doshas) que gobiernan todas las actividades de nuestra mente y cuerpo. Todos tenemos un poco de Vata, Pitta y Kapha en nuestra constitución, y, aunque los tres están presentes, sólo uno ó dos predominan generalmente.

VATA es rápido, frío y seco por naturaleza. Gobierna el movimiento, la respiración, la circulación, la eliminación y el flujo de los impulsos nerviosos desde y hacia el cerebro.
PITTA es caliente y preciso por naturaleza. Gobierna la digestión, el metabolismo y el procesamiento de los alimentos, el aire y el agua a través del cuerpo.
KAPHA es sólido, lento y estable por naturaleza. Gobierna la estructura, el equilibrio de los fluidos y forma los músculos, la grasa, los huesos y la médula.

Adriana – AUM, la vibración universal

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Cuando la luz de la sabiduría brilla por todas las puertas (sentidos) del cuerpo, sabemos que Sattva (apego a la felicidad) es la cualidad predominante (Bhagavad Gita XIV.11.) Escribe Maheshwari (Mayte Aguado).

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AUM es una palabra que no tiene traducción ya que sirve para representar a la trinidad, y la forma correcta de pronunciar la sílaba sagrada es diferenciando los tres fonemas: A, U, y M. Pronunciamos “Om” porque nace de una abreviación natural del diptongo ‘au’, una variación fonética que se debe al gran uso de la palabra AUM, sobre todo al ser cantada de manera veloz como introducción a la mayoría de mantras.

Hablar de AUM es hablar de la vibración del universo, eterna porque es energía que no se destruye. Cuando pronunciamos AUM tendemos a hacerlo como si estuviéramos programados para la aplicación que conduce al destino final que es el proceso de la evolución del hombre. Pero si observamos el camino no como algo que nos lleva a una meta, sino al propio camino como la meta, nos daremos cuenta que cuando pronunciemos AUM de forma consciente, desde que inspiramos hasta el final de la propia vibración, sirve para reafirma nuestra unión con lo Universal, con nuestro más profundo interior. Si observamos ese instante de la vibración desde la parte física, donde somos mayoritariamente agua, sentiremos cómo nuestro organismos se limpia físicamente para llegar finalmente a pasar a la limpieza de nuestra mente; es decir, pasamos de la ciencia al umbral de la metafísica. Esta situación se produce cuando sentimos que la vibración parece volverse infinita al ser energía, que transforma desde el exterior hacia el interior, donde es acción en la inacción.

La energía que podemos hacer brotar va a depender de la cantidad de energía que puede fluir en nuestra consciencia al pronunciar AUM, que debe ser proporcional a la universalidad de nuestra consciencia, es decir, abandonando cualquier distracción y estando en el más inmediato presente a la hora de pronunciarlo, para eliminar las capas superficiales que nos distraen del fluir de la vida.

Un buen ejemplo para ver lo que produce AUM al pronunciarlo es pensar en el efecto del cuenco tibetano lleno de agua cuando le hacemos sonar: el agua empieza a vibrar, y exactamente es eso lo que pasa en nuestro interior. Pero al igual que con el cuenco, esto no se debe hacer de cualquier forma. Lo importante será respirar y conectar con nuestro interior, canalizar la energía y vibrar con ella para que nuestro líquido, al igual que el del cuenco, no se desborde. Hay que conseguir una constante en esa vibración producida por el sonido de la pronunciación de AUM, de tal modo que cuando vamos cerrando la boca y continuamos con la vibración se convierte en un OM que hace que justo ahí sea cuando sentimos esa unión tan maravillosa.

¿Por qué es importante pronunciar AUM?
A todos nos ha pasado que cuando damos energía, la vida fluye con nosotros y dejamos de tener espacios vacíos. Pero cuando nos obstinamos en restringir nuestra energía, ya sea provocando un sunami o conteniéndola, experimentamos una carencia de la misma porque no hemos dejado que la vida fluya por nosotros. Pues lo mismo pasa si pronunciamos el AUM y no lo hacemos correctamente: la energía no fluye, ya que simplemente será un sonido frío del ser sin ser. Pero cuando evolucionamos desde el inicio con el AUM para ir al OM, la vida fluye en nuestro interior, nuestro ser estará preparado para abrir los mil pétalos que todos llevamos dentro.

Entendemos que así como el agua fluye hacia abajo siguiendo la línea de menor resistencia, la energía interior fluye hacia su campo más útil de actividad. De este modo sigue la ley de la evolución, ya que nuestra energía se estará moviendo siempre hacia ese campo de actividad porque somos materia y energía que fluye con la energía del universo, que ni aumenta ni disminuye, sino que se transforma o transmuta constantemente de un estado a otro, hasta llegar al cuarto estado, Turiya, donde el cese de la actividad se transformará en la renovación de la actividad pero en otro campo.

Fundirnos con la vibración del AUM es esa acción en la que nuestra energía estará mejor canalizada y se manifestará del modo más evolutivo de la creación, donde el tiempo y el espacio deja de existir y se es uno en esa vibración.

Todo este control de energía, que no es más que su uso correcto y canalización, se encuentra dentro de la práctica del yoga, donde el flujo de la vida es en realidad la corriente respiratoria del sistema humano, y los canales por los que fluye son los nadis y sus niveles los tattwas. Cuando nuestro flujo de energía parece secarse, debemos buscar el remedio a través de la propia energía, que gracias a la del sonido con su vibración hará, junto con las asanas, que se abra el bloqueo para volver a estar llenos de energía.

AUM forma parte del yoga, y se le ha de dar importancia cada vez que iniciemos nuestros ejercicios, ya sean de relajación, respiración, asanas o meditación, porque con ello liberaremos nuestra energía bloqueada.

Hacer cada paso del yoga nos identifica con nuestra energía y con la energía universal, y transforma nuestra conciencia en ilimitada, eterna, tan sólo siguiendo sus grandes pilares: respiración, relajación, ejercicio adecuado, alimentación adecuada y pensamiento positivo y meditación. Pero empezando con el mantra universal o la vibración del universo, que por ello AUM en el hinduismo es la unidad con lo supremo.

Vibrar con AUM es fluir con la vida.

Con amor, Maheshwari (Mayte Aguado)

Adriana – La meditación mejora las capacidades cognitivas en cuatro días

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Un equipo de psicólogos norteamericanos ha constatado en un experimento que la técnica de la meditación puede mejorar las capacidades cognitivas, en tan sólo cuatro días de práctica. Más de 60 personas participaron en el experimento, que consistió en meditar durante breves periodos de tiempo. Los tests que se les realizaron a los participantes posteriormente demostraron que éstos habían mejorado de manera significativa sus capacidades de procesamiento visual del espacio, su memoria de trabajo y sus funciones ejecutivas. Los científicos sugieren que estos resultados demuestran que nuestra mente puede ser modificada con facilidad.

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Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte (UNCC), Estados Unidos, ha revelado que tan sólo un rato corto de meditación durante pocos días los seres humanos podemos aumentar nuestras capacidades cognitivas. En investigaciones previas realizadas con tecnología de registro de imágenes de la actividad neuronal se había demostrado ya que la meditación puede producir cambios significativos en áreas del cerebro relacionadas con la concentración Sin embargo, hasta el momento se creía que, para conseguir estos cambios, se necesitaba un entrenamiento severo en las técnicas meditativas.

Rápido y sencillo

Según publica la UNCC en un comunicado, la presente investigación, realizada por el psicólogo de dicha universidad, Fadel Zeidan, y sus colaboradores, sugiere que la mente puede ser entrenada cognitivamente de forma rápida y sencilla.

Los investigadores analizaron los efectos de una técnica de meditación conocida como “mindfulness”, que consiste en tomar una actitud de atención y conciencia plena, de presencia atenta y reflexiva. La meditación mindfulness consiste, por tanto, en el esfuerzo por centrarse en el momento presente de forma activa y reflexiva. Los participantes en el estudio practicaron este tipo de meditación durante sólo cuatro días, y durante 20 minutos cada uno de estos días. Tras este periodo de tiempo se constató un significativo aumento en sus habilidades cognitivas clave: los participantes puntuaron mucho más alto en tests de cognición que otras personas de un grupo de control que no había meditado. Según Zeidan, los resultados de estos tests fueron similares a los documentados en otras investigaciones, en las que los participantes habían estado meditando durante más tiempo.

Zeidan señala que la profunda mejoría cognitiva constatada en los participantes tras sólo cuatro días de entrenamiento en la meditación resultó realmente sorprendente y sugiere que la mente es, de hecho, fácilmente transformable e influenciable, especialmente con esta técnica de concentración.

Mejora sorprendente

En el experimento realizado participaron 63 estudiantes, 49 de los cuales completaron la investigación. Los participantes fueron organizados de forma aleatoria y equivalente en dos grupos. Uno de ellos, se dedicó a meditar, mientras que al otro grupo se le pidió que escuchara durante periodos equivalentes de tiempo la lectura de un libro, El Hobbit, de J.R.R. Tolkein. Según explican los investigadores en un artículo aparecido en la revista Pub.Med, antes y después de las sesiones de meditación y de lectura, los estudiantes fueron sometidos a una gran cantidad de tests, con los que se evaluaron su estado de ánimo, su fluidez verbal, su procesamiento visual y su memoria de trabajo.

Ambos grupos presentaron resultados similares en estos tests al inicio del experimento, y ambos mejoraron sus resultados en lo que a estado de ánimo se refiere, después de los ejercicios de meditación y de los de lectura. Sin embargo, el grupo que se dedicó a la meditación puntuó mucho más alto como media que el otro grupo en los tets sobre capacidades cognitivas, y hasta diez veces más alto que dicho grupo en tareas en las que los participantes tenían que procesar información bajo la presión de hacerlo en un tiempo limitado (capacidad de concentración cuando se tiene otra información en la mente). En las pruebas se demostró, en concreto, que los participantes que habían practicado la meditación durante cuatro días habían mejorado notablemente sus capacidades de procesamiento visual del espacio, su memoria de trabajo y sus funciones ejecutivas (conjunto de habilidades cognitivas que permiten la anticipación y el establecimiento de metas, la formación de planes y programas, el inicio de las actividades y operaciones mentales, la autorregulación de las tareas y la habilidad de llevarlas a cabo eficientemente).

Capacidad de modificar la mente

Zeidan señala que habrá que hacer más estudios en adelante para confirmar los cambios cerebrales a raíz de estos breves periodos de meditación que los tests han indicado. Aún así, el investigador considera que los resultados obtenidos en el experimento evidencian ya con claridad nuestra capacidad para modificar nuestra propia mente y mejorar nuestra cognición en unos pocos días. Los participantes practicaron la meditación mindfulness con la ayuda de un entrenador, que les enseñó a relajarse, con los ojos cerrados, y a centrar al mismo tiempo su atención en el movimiento de sus respiraciones. Si algún pensamiento llegaba a los estudiantes durante este proceso, el entrenador les indicó que sólo debían dejarlo pasar, sin concentrarse en él, y luego volver a las sensaciones de la respiración.
Los beneficios inmediatos de la meditación para nuestras habilidades cognitivas han sido también demostrados por científicos de la Universidad Tecnológica de Dalian, en China, que en 2009 publicaron los resultados de una investigación en la que se demostró que otra técnica meditativa, conocida como “integrative body-mind training” (IBMT) puede producir cambios mensurables en la atención y reducir los niveles de estrés, en tan sólo cinco días de práctica, 20 minutos cada día. En este estudio participaron 86 estudiantes de dicha universidad, y se aplicaron diversas tecnologías (como exploraciones de resonancia magnética funcional del cerebro), que permitieron demostrar que la IBMT potencia las relaciones entre la estructura del sistema nervioso central, la corteza cingulada anterior del cerebro y el sistema nervioso parasimpático, lo que a su vez potencia la conexión mente-cerebro.

Las imágenes tomadas del cerebro de aquéllos que habían practicado la IBMT mostraron diferencias radicales con respecto a otro grupo de participantes que había realizado otras prácticas de relajación.

Adriana – Más allá del silencio interior

Ramiro Calle
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Hay una técnica de meditación muy importante y que a menudo ejecutamos en las clases de yoga mental que doy y
que se llama la meditación del silencio o la meditación en el ser. Es por excelencia una valiosa técnica de introspección para crear un espacio interior de silencio y desarrollar la sensación o presencia de ser.

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A través del silencio va uno abstrayéndose en la sensación de sí para cultivar la consciencia pura y desnuda de ser. Para llevar a cabo esta técnica nos basamos en principio en tres requisitos:

Desconectar durante unos minutos de los afanes, ocupaciones y preocupaciones de la vida diaria (por eso el mundo no se para).
Ignorar los pensamientos, sin ni siquiera oponernos a ellos, tomándolos como nubes que vienen y parten pero que no nos arrastran.
Poner toda la atención, energía e interés hacia uno mismo, para interiorizarse, hacer un espacio de silencio interior y conectarse con uno mismo.

No se trata de desarrollar el pensamiento de ser, sino la sensación del soy-vivo-existo. Cada vez que la mente se exteriorice, hay que tomarla y volcarla hacia adentro, para ir sumergiéndose más y más en el silencio interior y zambullirse en la sensación de ser. Así uno paulatinamente va consiguiendo la detención del cuerpo y de la mente y se va dando, como dicen los yoguis de la India, “un baño de sí mismo”. Este ensimismamiento resulta tranquilizante y gozoso, inhibe los pensamientos y nos permite trasladarnos a la mente quieta.

Otra técnica muy antigua de interiorización y abstracción es la denominada “hallar refugio en el propio corazón”. No nos referimos al corazón como órgano fisiológico, sino a esa zona del pecho que todos sentimos tan cercana e íntima. Ramana Maharshi hablaba del “corazón espiritual”, centro de energía y sede del Sí-mismo que está al lado del corazón. El ejercicio consiste en tratar de interiorizarse en esa zona, colocando la atención mental en la misma y tratando de zambullirse en uno, retrayendo los sentidos y haciendo caso omiso de cualquier actividad mental. Como reza la antigua instrucción yóguica: “Cuando los pensamientos cesan, se revela la luz del Ser”. De hecho la primera definición de yoga por escrito es: “La supresión de los pensamientos”, pues de esa manera el meditador se va estableciendo en su naturaleza original.

Pero, con ser importante, esa inmersión en el silencio interior y la presencia de ser, resulta insuficiente. Es un método más de investigación de sí y autodesarrollo, pero tiene que estar necesariamente complementado por un trabajo más amplio y definitivo, como el establecimiento de la atención en la vida diaria, la ética genuina, el trabajo sobre las reacciones emocionales, la autovigilancia en el devenir diario, el control sobre las palabras y actos, el autoconocimiento, el mejoramiento de la relación con los demás, el cultivo de la compasión y la lucidez. En suma, todo un trabajo sobre uno mismo que va mutando la consciencia. Hay además otras técnicas de meditación más allá de las del silencio interior que también es necesario practicar y que ayudan a desenvolver el entendimiento correcto o Sabiduría.

Por un lado están las técnicas de instrospección y ensimismamiento, que deben ser complementadas por técnicas de observación atenta e inafectada. Es necesario, de acuerdo a todos los sabios de Oriente, mantener la triple disciplina: la ética, la de unificación mental y la de desarrollo de la Sabiduría. La Sabiduría es la que permite ver las cosas como son y superar los engaños y corrupciones de la mente. La verdadera libertad interior brota de la Sabiduría.

El yoga es una senda directa hacia la Sabiduría, y la meditación la vía más directa hacia el Ser.

Adriana – Una protección efectiva y necesaria

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Somos capaces de mantener nuestro nivel de energía y vitalidad cada día?

La capacidad de energía vital que las personas tenemos está limitada y requiere que cada cierto tiempo seamos capaces de recargarla.

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Esa energía procede de dos elementos que la Medicina Tradicional Tibetana identifica como las esencias DANG y LA.

La energía DANG es nuestra fuerza física, nuestra vitalidad, y depende en gran medida de nuestra alimentación, nuestra forma de vida y el estado de actitud interna. Esa energía se pierde cada día en la interacción con nuestro entorno y la preocupación interna que nos puede generar. Es nuestro brillo y nuestra capacidad de hacer.

Podemos recuperar esta energía cuando seguimos la dieta correcta, unas prácticas de meditación adecuadas y cuando miramos la vida con un enfoque adecuado, entendiendo la realidad que nos rodea.

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La energía LA es nuestra fuerza más sútil, nuestra energía espiritual, nuestra conexión con el mundo al nivel más profundo. Nuestra energía LA es nuestra esencia, reside en nuestro corazón y nos permite ser quienes somos. Esta energía depende de nuestra vitalidad pero, mucho más, de nuestra práctica espiritual y nuestra capacidad de entender la vida.

Las influencias negativas, las emociones y sensaciones dañinas, las preocupaciones, el estrés excesivo, en definitiva, todo aquello que nos deja fuera de nosotros mismos, desciende nuestra energía LA.

Recuperar nuestra energía sutil es una tarea complicada, y por ello, es necesario ser conscientes de ello y buscar la forma de protegerla y evitar que se pierda. La Medicina Tradicional Tibetana nos propone una serie de elementos naturales que nos pueden aportar esa protección.

Se les conoce como joyas tántricas, y utilizan los poderes acumulados por años y años en las piedras y minerales para generar un aura protectora que nos ayuda a mantener nuestra energía y vitalidad.

El poder de la turquesa, el lapislázuli, el coral, la perla o el ágata, engarzados en plata nos aportan un extra de vitalidad, energía y protección .

El coral nos aporta la energía que necesitamos en nuestro día, es el poder físico que nos hace estar fuertes y preparados.

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El lapislázuli es el aliado para el equilibro y la calma, el protector contra interferencias y nos aporta capacidad mental.

Es el color que se asocia con el Buda de la Medicina.
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Después está la turquesa, de color azul y verde. Es el elemento que predomina en la cultura tibetana. Es la joya de la fuerza interna, la vida en estado más puro.

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Estos protectores se llevan en contacto con la piel. La mejor forma es a través de combinaciones que nos aportan los complementos de unos y otros.

Adriana – ¿Qué es un mantra?

Dr. Deepak Chopra
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¿Qué es un mantra?
Deepak Chopra explica el significado de los mantras sánscritos

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La palabra “mantra” está compuesta por 2 partes: man, que es la raíz de la palabra “mente” en sánscrito; y tra, que es la raíz de la palabra “instrumento” en sánscrito. Un mantra es por lo tanto un instrumento de la mente, un poderoso sonido o vibración que puedes usar para entrar a un estado profundo de meditación.

Según la tradición védica, los antiguos sabios podían escuchar las vibraciones sutiles producidas por todo lo que se encontraba en la naturaleza —los sonidos del viento, truenos, mariposas, ríos caudalosos y todas las demás creaciones. Ellos reconocieron que estos sonidos son la manifestación del espíritu en la materia. Identificaron “Om” (o aum) como el sonido más elemental, representando la conciencia universal infinita. Por miles de años, la gente ha utilizado este mantra para expandir su conciencia de lo divino.

Los antiguos profetas también identificaron todas las vibraciones primordiales o mantras que constituyen el universo y con el tiempo estas fueron documentadas en la literatura védica—los cuatro textos que forman la base de la religión hindú. De hecho, tú mismo puedes escuchar todos los mantras si te sientas en silencio. Escucharás de fondo un zumbido en el aire, y al practicar enfocarte en ese zumbido, finalmente lograrás escuchar cada mantra que los sabios registraron mucho tiempo atrás.

¿Por qué utilizamos diferentes mantras cada día?

Repetir un mantra en silencio mientras meditas es una manera poderosa de entrar en el silencio de la mente. Mientras repites el mantra, este crea una vibración mental que permite a la mente experimentar niveles más profundos de conciencia. Mientras meditas, el mantra se vuelve cada vez más abstracto e indistinto, hasta que finalmente eres dirigido hacia el campo de la conciencia pura de donde surgió la vibración.

La repetición del mantra ayuda a que te desconectes de los pensamientos que llenan tu mente para que así quizás puedas entrar en el espacio que existe entre los pensamientos. El mantra es una herramienta para apoyar tu práctica de meditación. Los mantras se pueden considerar antiguas palabras de poder con intenciones sutiles que nos ayudan a conectar con el espíritu, la fuente de todo en el universo. Mientras vayas experimentando estados meditativos más profundos, todos los pensamientos y las preocupaciones desaparecerán y experimentarás el silencio que siempre ha existido debajo del ruidoso diálogo interno de la mente. En esta quietud podrás sentir la unidad con todas las formas de vida y la paz profunda.

¿Por qué utilizamos diferentes mantras cada día?

Cada mantra induce vibraciones específicas en la mente, razón por lo cual la gente usa diferentes mantras dependiendo de sus intenciones. Sin embargo, los mantras no tienen un significado en particular —son simplemente vibraciones de la conciencia. Cuando son repetidos en silencio, nos ayudan a desconectarnos de los pensamientos que llenan nuestras mentes y a deslizarnos hacia el intervalo que existe entre los pensamientos. Como cada mantra induce vibraciones específicas en la mente, Deepak utiliza una variedad de estos durante el Reto de meditación para alinearlos con el mensaje y la meditación de cada día.

¿Qué pasa si no pronuncio el mantra correctamente?

Algunas tradiciones espirituales ponen mucho énfasis en la correcta pronunciación de los mantras. Después de décadas de experiencia, la perspectiva de Deepak y el Centro Chopra es que la pronunciación exacta de los mantras no importa a un nivel no local de inteligencia. Si alguien intenta mantener una marcada pronunciación mientras la mente está en el proceso de trascender, el esfuerzo consciente por pronunciar correctamente el mantra va a debilitar el proceso natural de meditación.

Adriana – Conocerse para transformarse

La meditación es importante, pero hay que llevar la meditación a la vida diaria o, dicho de otro modo, convertir la vida cotidiana en meditación, porque la verdad está también en la vida de cada día. Y en esa vida podemos ejercer la autovigilancia y la autoobservación, a fin de regular mejor nuestras conductas y de ir realmente conociéndonos.

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Esta autoobservación tiene que evitar caer en la autocomplacencia o autoindulgencia, en el autoengaño y asimismo en la autorrecriminación. Sólo observando, observando cómo nos comportamos, cómo somos, cómo reaccionamos, cuáles son nuestros rasgos negativos principales. ¿Pereza? ¿Odio? ¿Celos? ¿Avaricia? Vemos cuáles son nuestros tóxicos inconscientes que irrumpen a la consciencia, nuestros autoengaños y falaces pretextos, nuestras contradicciones y mentiras. Ponemos así en marcha la vía de la autoobservación, que conduce a la vía del autoconocimiento y del descubrimiento de sí. Y mediante el autoconocimiento uno va sabiendo qué hay que cambiar y comienza a transformarse. Como reza el adagio, “si no conoces dónde está la espina, ¿cómo puedes arrancarla?”. Mediante la transformación uno se va paulatinamente realizando y los potenciales internos de sabiduría comienzan a aflorar.

La autoobservación es como un rayo láser que le permite a uno conocer sus agujeros psíquicos, sus complejos, sus miedos y ambivalencias. También es posible así conocer las reacciones egocéntricas y no dejarse atrapar por las redes de la autoimagen. Va uno aprendiendo a vivir desde uno mismo y no solo en base a viejos patrones, pautas, esquemas o descripciones ajenas. Todos estamos engañados por lo que no somos e implicados en lo que nos es ajeno, y tenemos que trabajar sobre nosotros mismos para recuperar nuestra real forma de ser.

Si nos vamos conociendo, muchas emociones tóxicas que nos dominan, las iremos enfriando y superando, e incluso lograremos transmutar emociones nocivas en aliadas, pues reorientaremos adecuadamente esa energía. Los enemigos se vuelven aliados. Observando inafectadamente lo que va surgiendo en nosotros, estaremos más preparados para no dejarnos tanto arrastrar por lo observado. Este ejercitamiento es el que consiste en establecerse en la consciencia-testigo, que observa sin aprobar ni desaprobar, para ver las cosas como son y proceder en consecuencia. Así es posible transmutar el veneno en néctar.

Es importante comenzar por no expresar emociones nocivas, que no consiste en reprimirlas sino en conscientemente contenerlas. Siguiendo con el trabajo sobre uno mismo, no solo se podrá no consentir a las emociones tóxicas, sino llegar a mitigarlas. Al armonizarnos a nosotros mismos, cooperamos en la armonía de los demás.

Ramiro Calle
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«Instrucciones para hacer un Jardín Zen»

El jardín zen es una síntesis de los fundamentos de esta tradición que tiende a la ligereza.

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Entre las variantes del budismo, el zen es una de las más conocidas y populares. En el caso de las culturas de Occidente esto puede deberse a que el budismo zen ha sido una de las pocas tradiciones del pensamiento oriental que contó con introductores ilustres, por ejemplo Alan Watts o, desde otra perspectiva, el compositor John Cage, entre otros.

A manera de hipótesis podemos pensar que dicha corriente del budismo ganó la estima de muchas personas aún en Occidente porque, dicho en términos generales, el zen tiende hacia la mínima expresión. Otras tradiciones religiosas se caracterizan por la complejidad de sus preceptos y sus rituales, por el fasto de sus celebraciones y la solemnidad de las prácticas asociadas con la fe. El budismo zen, sin embargo, corre a contracorriente de esta tendencia y su posible complejidad se encuentra en otro lado. De hecho, podría decirse eso: que el zen es complejo, pero no abigarrado. Sus fundamentos y sus objetivos pueden no ser del todo asequibles en un primer momento, pero quizá la razón de esta impresión sea que, al menos en Occidente, estamos habituados a partir siempre de un camino trazado, a tener normas que encuadren nuestras acciones, a seguir antes que proponer, a aprender antes que investigar.

Zen3En el budismo zen, en cambio, hay un puñado de preceptos que si bien dan sentido a una forma específica de entender y vivir el mundo, son únicamente ejes en los cuales sucederá nuestra existencia cotidiana, a la cual seremos nosotros mismos quienes encontremos un lugar en dicho plano. Así, puede decirse que el budismo en general y el zen en específico tienen en la ligereza una de sus mejores cualidades. Meditar, observar la respiración, reconocer qué de la vida importa verdaderamente, son algunas de las directrices básicas del zen.

Una buena síntesis del budismo zen que asimismo es totalmente palpable, perceptible con todos nuestros sentidos, son los jardines de rocas o, como se les conoce usualmente, “jardines zen”. Ésta es una práctica que surgió en el siglo VIII de nuestra era, al parecer en imitación de los jardines chinos de la dinastía Song, cuya disposición de las rocas simbolizaba la vista del mítico monte Penglai, hogar de los legendarios Ocho Inmortales.

Dentro de la tradición zen, sin embargo, estos jardines evolucionaron hacia un propósito más terrenal: que su vista recordara al practicante cómo la vida puede ser elemental, sencilla. Algunos de los primeros jardines zen incluso fueron llamados “zazen-seki” o “rocas de meditación”, pues en su simpleza su única razón de ser era irradiar calma, tranquilidad y silencio hacia todo aquel que los contemplara.

En esta misma línea, hacia el siglo XV de nuestra era, una variante de los jardines zen se encaminó de lleno hacia la abstracción, aunque sin perder del todo su vínculo con la materialidad. El agua y la vegetación se redujeron al máximo (e incluso desaparecieron en algunos casos) y no quedó más que una superficie delimitada y algunos grupos de rocas. Asimismo, una característica que se conservó a lo largo de esos siglos fue que el jardín se observara desde una posición específica del monasterio, igualmente para propiciar ese súbito reconocimiento o redescubrimiento del sentido elemental de la existencia.

A continuación compartimos un breve instructivo para construir un jardín zen propio, en parte a manera de invitación para investigar y conocer más sobre esta práctica que, en su abstracción, nos devuelve un punto de contacto real con nuestra vida a través de la toma de conciencia plena de ésta.

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Cómo hacer un jardín zen:

1. Decide sus dimensiones. Puedes tener un jardín zen en un tu patio o sobre tu escritorio de trabajo. Escoge bien su tamaño.

2. Construye un contenedor. Utiliza cuatro bloques de madera y una superficie estable para fabricar el contenedor del material base del jardín, que casi siempre es grava o arena. Si se trata de un jardín grande puedes usar polines, barrotes o durmientes, y una base de madera delgada pero firme. Si será un jardín pequeño, en una maderería puedes encontrar el material adecuado.

3. Une las cinco piezas anteriores. Sea con pegamento, clavos o tornillos, forma el contenedor con la madera que conseguiste.

4. Forra el fondo del contenedor. Para evitar que germinen hierbas en tu jardín, recubre el fondo del contenedor con un material impermeable como el plástico (esto es más recomendable en el caso de los jardines de exterior). En la tradición zen, la limpieza es importante.

5. Llena el contenedor con arena o grava fina. Con el contenedor listo puedes proceder a llenarlo con el material base.

6. Coloca piedras en grupos (y otros elementos de vegetación). El budismo zen posee una amplia tradición en sus jardines, lo cual se ha traducido en tratados que estudian cada uno de sus detalles y cualidades. En el caso de estos elementos la recomendación más usual es que las piedras estén dispuestas en grupos de tres, en líneas rectas o en patrones simétricos. Se admite cierta variación en las formas y el tamaño, pero se prefiere evitar las rocas de colores llamativos, porque podrían distraer al observador. Se pueden incluir otros elementos, como un tronco u otro signo de vegetación o de agua. Sólo recuerda que el jardín debe mostrarse simple y equilibrado para que inspire eso mismo: simpleza y equilibrio.

7. Dibuja patrones en la superficie de tu jardín. Con ayuda de un rastrillo puedes diseñar patrones sobre la superficie del jardín. Igualmente inclínate por la simetría y la simpleza de las formas, y hazlo tantas veces como quieras. Cada trazo sobre la arena será uno nuevo, por más que parezca una repetición del anterior.


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Adriana – Las tres vertientes del yoga

Ahora que muchas corrientes de lo que podríamos llamar “yogas” modernos han traicionado la esencia del verdadero yoga, es más necesario que nunca recordar las tres vertientes básicas del verdadero yoga e indagar un poco en las mismas.

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Como señalara Mircea Eliade, el yoga es el eje espiritual de Oriente. Es método, práctica, adiestramiento psico-espiritual. Es el primer método de mejoramiento humano del orbe y no es ni gimnasia, ni deporte, ni una religión, ni un culto, ni un dogma. Es un procedimiento especifico para la evolución consciente y el desarrollo interior.
Una vertiente es el yoga como una técnica espiritual; otra, como un método de saneamiento psicológico; otra como un sistema de control psicosomático.

Si el occidental ha optado sobre todo por la vía del control psicomático es porque padece de muchos desórdenes físicos y psíquicos, que se traducen como trastornos psicosomáticos. Se ha relegado así, muy a menudo, el yoga como técnica espiritual, que es por cierto la médula de las primeras manifestaciones yóguicas hace más de 5.000 años.
Hay una propensión a servirse del yoga como una técnica de control psicosomático o de purificación y armonización psicológica, a fin de irse liberando de complejos, traumas, torturadores internos, agujeros psíquicos, frustraciones y represiones que fragmentan, desgastan y roban lo mejor de los potenciales del alma.
Lo idóneo es unificar las tres corrientes o vertientes del yoga, pues no deben excluirse sino complementarse. Cuando hablamos de la vertiente espiritual, no nos referimos a un tipo de espiritualidad asociada a alguna religión o culto, a ningún sistema religioso institucionaliado. Son respetables todas las creencias, pero el yoga se mueve por experiencias y no por creencias.

El papel de la meditación
Como el ser humano es un conjunto de planos, hay que trabajar sobre todos ellos, desde el somático al espiritual, sin dejar de lado el energético, el mental y el emocional. Lo necesario es, finalmente, una mutación de la consciencia que nos permita percibir lo que escapa a lo sensorial y a lo intelectual. El pensamiento es insuficiente, y él mismo debe comprender que tiene que rendirse para que surja el conocimiento más allá del simple intelecto. O sea, que hay que ir más allá del pensamiento. De lo manifiesto, a lo inmanifiesto; de lo que es con forma, a lo informe. Es el viaje de la servidumbre a la libertad.
Hay que cultivar el pensamiento correcto para servirnos del mismo en la vida diaria, pero el viaje hacia los adentros no se sustenta solo en el pensamiento, sino en un tipo especial de intuición que realmente transforma. Tenemos que aprender a desenvolvernos en la vida diaria y en nuestro universo interior.

La meditación juega un papel esencial en las tres vertientes del yoga. Ayuda espiritualmente, por supuesto, y también coopera en sanear y equilibrar la psique y en armonizar la unidad psicosomática, previniendo trastornos en este sentido. El alcance de la meditación es enorme, y no solamente hay que tomarla como una técnica de tranquilización, porque su fin último es la transformación interior para poder conectar con nuestra naturaleza real. No se puede convertir la meditación en un analgésico espiritual. Su propósito es darle un vuelco a la mente que nos permita experimentar “golpes de luz” o especiales intuiciones para obtener otra manera de percibir y ser.

Ramiro Calle
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Adriana – Retiro de silencio

Retirarse en silencio para permitir que la mente se aquiete y dejarse ir en las profundidades del Ser. No hacer nada, pero permitir que todo suceda. Escuchar la vibración del silencio hasta hacerse uno con ella, diluyéndose en la nada para serlo todo.

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La mente siempre quiere hacer algo y el ego conseguirlo todo. Sin embargo, entre los intentos por conseguir y el constante hacer se abre una fisura por donde la vida se escapa como si fuera agua entre los dedos, mientras que un extraño desasosiego comienza a invadirnos. La ansiedad se queda instalada como si fuera algo normal, pero, ¿lo es?
El Retiro que presentamos es una propuesta de trabajo interno destinado a aquellos que en verdad tienen auténtica sed de comprensión, y por ello anhelan hacer un alto en el camino. Detenerse y simplemente escuchar. Un tiempo destinado a hacer el “no-hacer”, para sentir el cuerpo, recordar el olvidado sí mismo y escuchar el Corazón.

Sentarse y sentirse… sin ninguna otra pretensión que compartir el silencio con los demás. Tiempo para la interiorización y el autoconocimiento, para saber quién y qué se es por experiencia directa, sin conceptos ni ideas preconcebidas, o adquiridas de los demás.

Unas condiciones idóneas para traspasar las diferentes capas superficiales del ego y la personalidad, con el fin de conectar con zonas más profundas y nucleares, allí donde mora el alma, siempre dispuesta a susurrarnos sus secretos. Lo que en tales estados de profundidad emerja formará parte de la experiencia íntima de cada cual.

En definitiva, un tiempo de silencio y quietud dedicado a la práctica intensiva del Radja yoga, el yoga del conocimiento, del autodescubrimiento que se produce a través de la meditación sentada y en quietud.

Una oportunidad para brindarse la posibilidad de experimentar el sabor que proporciona la percepción de contemplar cómo el tiempo, el espacio y uno mismo se diluyen en el vacío infinito que todo lo contiene.

Emilio J. Gómez
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