La alquimia y los cuatro elementos

Planteamiento

Un conocimiento es esencial para el ser humano, y es el que aparecía escrito en el templo de Delfos: “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses”. El modo cómo se plasma este conocimiento tiene muchos nombres, pero hay uno que me gusta especialmente: la alquimia. Porque la alquimia se aleja del personalismo y del subjetivismo, del ego, que es el gran trabajo que le corresponde al ser humano. Ya que, si bien es cierto que el hermetismo y la alquimia tienen que ver con el hombre, nada de ello está relacionado con lo que le pasa en su cotidianidad.

El capítulo de hoy titulado “Los elementos” empieza con un versículo complicado que habla de los cuatro elementos y de sus permutaciones. Es decir, aquello que tiene una relación directa con el Ser, y esto es lo apasionante. Un fragmento de Kitaro Nishida lo explica de manera excelente:

“Esencialmente, espíritu y naturaleza no son dos clases separadas de realidad; la distinción de espíritu y naturaleza deriva de diferentes enfoques de una y la misma realidad. En los hechos de la experiencia directa no hay oposición de sujeto y objeto, ni distinción entre espíritu y materia; la materia en sí misma es espíritu y el espíritu en sí mismo es materia, de suerte que hay sólo una realidad. Espíritu y naturaleza constituyen la misma clase de realidad y difieren sólo en sus formas de unidad… La realidad se hace perfecta, llega a ser realidad concreta en la unión de espíritu y naturaleza.”

Nishida, que fue el creador de la Escuela de Kioto, estudió la filosofía alemana y la mística occidental. Su pensamiento es fundamental para comprender el cristianismo desde un punto de vista nuevo y más abierto.

Hay que decir que el post taoísmo, que tiene que ver con el budismo chan, es una especie de renuncia de todo un sistema ancestral tanto de China como de Japón plagado de rituales y seres mágicos, en el que el estatus social tenía mucha importancia, en aquel momento aparecen Lao Tze y los grandes maestros taoístas que ven que no están en el buen camino y empiezan a buscar nuevas vías (estaríamos en la época de Sócrates). Comprendieron que todo dependía del Tao o Dao, y que los rituales no aportaban nada.

El Tao es un principio, el gran principio, que es inmanente y también trascendente. Se dan cuenta de que el Tao no puede ser solo trascendencia, sino que también está dentro del hombre, porque fuera y dentro son lo mismo. Se rigen por las mismas reglas. A partir de aquí, la idea de la inmanencia es absolutamente fundamental en las tradiciones orientales. Es más fácil decir que el Tao está en el interior del ser humano que decir que Dios lo está.

Por eso, el texto de Nishida es tan extraordinario, el espíritu es igual que la naturaleza, sigue los mismos ritmos, las mismas leyes, porque son las de la propia vida, la primavera, el nacimiento de la vida, el invierno, la paralización de los ritmos, no es un subjetivismo del ego sino que trata de un “yo” que sigue el mismo proceso que la naturaleza.

Desde siempre en Occidente se ha hecho una división dualista de la realidad. El sujeto y el objeto. Pero no, no son diferentes, son la misma realidad, son de la misma naturaleza. La belleza, por ejemplo, se concibe según nuestra inmanencia. No es una realidad trascendente en sí misma.

Entonces podemos preguntarnos ¿qué ritmos siguen tanto el espíritu como la naturaleza? Y la respuesta sería las combinaciones del I’Ching. Un libro imprescindible llamado también Yijing, que es un texto filosófico y oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 2400 aC. Su origen se pierde en el tiempo. Se utiliza como oráculo a partir de una tirada de varillas o de monedas y cada exagrama se refiere a un estado en el que se supone que te encuentras vitalmente.

Su título se traduce por “Libro de las mutaciones o de los cambios” porque refleja las mutaciones de la naturaleza, desde cielo, yan, que se representa con una línea seguida, hasta la tierra, ying, que aparece como una línea partida en dos segmentos. Estos dos elementos son el origen de los trigramas que combinados originan los 64 hexagramas. La vida es mutación, cambio, pero según un orden, el orden que corresponda a cada manifestación, el caos psicológico actual no es normal, no es natural. Se ha de volver al orden del Tao pues así funcionan tanto el espíritu como la naturaleza.

Sin tratar de hacer equivalencias, pues cada cultura tiene su propio lenguaje, en la cultura occidental estos cambios estarían relacionados con los cuatro elementos. En un libro de alquimia de Cornelius Petraeus aparecen representadas las mutaciones y transformaciones de los cuatro elementos. En el centro se ve la quinta esencia o, según otro lenguaje, el Tao.  La explicación aparece al lado de la imagen y el lema es un versículo del Génesis: “Y dijo Dios, hagamos al hombre a nuestra imagen y como nuestra semejanza”. En la parte exterior, en el macrocosmos, o si hablamos del hombre, en el microcosmos, aparecen una serie de procesos que están explicados en la imagen.

Lo más apasionante es que en el interior de la tierra está el fuego, es decir que los elementos activos están dentro de los pasivos y si siguieran su naturaleza se separarían, pero hay un cruce de cualidades simpáticas que permite que los elementos se vinculen y se ordenen armónicamente para generar la vida. La vida no es nada más que un juego de los elementos. Esto se perdió cuando en el s. XVIII se estableció la tabla de los elementos periódicos, pero, aun así, los cuatro elementos son atractivos, poseen una magia y nos gusta hablar de ellos, porque sus movimientos, sus mutaciones nos conducen al Tao.

En el centro, los alquimistas sitúan la quinta esencia, un nombre con muchas connotaciones, pues no solo es el resumen de los cuatro elementos, su sublimación y el resultado de su unión, sino que también es el pentágono, el número cinco con un simbolismo muy rico. Existe un tratado de Plutarco llamado Sobre la E de Delfos que trata sobre el número 5 y la importancia de la estrella flamígera que en la actualidad utilizan los masones, por ejemplo.

Sobre el significado de los cuatro elementos existe una imagen de Zósimo de Panópolis, el primer alquimista griego del que se conserva textos, y en ella se relacionan los cuatro elementos con las letras que forman el nombre de Adán y con los cuatro puntos cardinales.  Se trata de una imagen del año mil en el momento que la cristiandad está centrada en los Pantocrátor, el Cristo en Majestad con la mandorla. Es la visión de los cielos abiertos con los evangelistas o los signos del Zodíaco y se parece mucho a la imagen del Zósimo. Pero, en esta caso, en el centro está en nombre de ADAM, el hombre de luz, el hombre primordial anterior a la caída, la creación perfecta que comprende y domina las cuatro direcciones, es decir, todo. Hay que tener en cuenta que la iconografía del arte medieval, las maravillosas Biblias iluminadas del año 1000, las veían muy pocos, cuatro monjes que estaban en un monasterio apartado, como San Pere de Roda, o Ripoll y nadie más, era un arte secreto, en el sentido de poco conocido.

Otra imagen, esta del barroco, pertenece a una obra del jesuita Athanasius Kircher, uno de los últimos personajes renacentistas que sabían de todo y que escribieron, sobre todo. Después vinieron las enciclopedias y empezó a compartimentarse el conocimiento. Kircher publicó unos libros extraordinarios y en éste explica el itinerario del éxtasis. Aparece un ángel que sostiene una vara de medir con la que mide el infinito. Lo curioso de esta imagen es que no usa el sistema copernicano que se había descubierto cien años antes, es decir que la tierra no es el centro del universo. Y eso, aunque físicamente sea cierto, filosóficamente no lo es. La tierra o el ser humano están en el centro cuando se trata de un viaje interior y simbólico. Y Kircher hará este viaje para descubrir los mundos sutiles y conocer las permutaciones de los distintos elementos.

En astrología cada signo tiene una cualidad elemental, por ejemplo, ahora estamos en fuego (Aries), después vendrá la tierra (Tauro), después el aire (Géminis) y por último el agua (Cáncer) y vuelta a empezar y por eso, el viaje planetario que se muestra tiene que ver con los elementos. En la parte inferior aparece el escarabeo egipcio que es el símbolo de la mens, la mente que mueve toda la mole de la creación. Pero lo más interesante es el juego de las letras que aparecen en las cuatro esquinas del grabado, una fi, una ípsilon, una lambda, y una ómicron, es decir FILO o AMOR, pero en la grafía griega la fi sería el símbolo del aire por la línea vertical que la cruza, la ípsilon del agua, un triángulo con el vértice hacia abajo, la lambda del fuego, un triángulo con el vértice hacia arriba, y la ómicron de la tierra, un círculo. O sea que el auténtico sentimiento amoroso es la conjunción de los elementos. Según cada caso tendrá más fuerza uno de ellos y será una combinación armónica o inarmónica pero no será subjetiva.

Después de Kircher aparecerá la Ilustración y el pensamiento de Descartes dominará en Europa, entonces todo este sistema de relaciones mágicas entre las distintas partes de la creación irá desapareciendo. La diferencia entre antes y después de Descartes es que el pensamiento simbólico cree que todas las partes del mundo están relacionadas entre sí, que existen unas relaciones ocultas que el mago, el sabio, conoce y comprende.  Pero con Descarte esto cambiará y si estas relaciones no son racionales y cognoscibles para todo el mundo, no existirán. El hombre científico busca las relaciones del mundo, evidentemente, pero para evidenciarlas, si no lo consigue, se supone que no existen, lo que no deja de ser una desgracia.

Antes, a finales del s. XV principios del XVI, vivió un personaje extraordinario que se llamaba Enrique Cornelio Agrippa que escribió un libro sobre estas relaciones ocultas, llamado precisamente La filosofía oculta. Lo escribió en el momento en el que Lutero estaba haciendo su reforma. En su libro construye unas escalas de correspondencias entre los distintos niveles de realidad. Es un gran sintetizador del pensamiento renacentista y escribe un compendio de magia impresionante. Por eso, después, en la época de Descartes, Agrippa será el malo, se le considerará el más terrible y a la vez el más risible de los brujos.  Pero lo importante de Agrippa es que escribió otro libro, que es por el que realmente fue acusado, llamado Sobre la vanidad de las ciencias y donde explica que el único conocimiento verdadero proviene de la lectura de las Sagradas Escrituras y eso sí que les puso nerviosos, porque podía parecer luteranismo, aunque Agrippa no era luterano, pero afirma que de este mundo nada sirve para el espíritu si no es la revelación. ¡Y la revelación es el Tao! Si entendiéramos esto, si entendiéramos el Tao nos ahorraríamos muchas discusiones sobre si Dios existe o no o sobre las religiones, pero es un concepto sobre el que no se puede reflexionar, el Tao te King empieza diciendo que el Tao que se pueda decir no es el Tao verdadero, todo lo que pueda explicarse del Tao, no es el Tao verdadero.

El cuaternario

Volviendo a Agrippa y a su libro La filosofía oculta, publicado en Kier, construye en él todo un entramado de correspondencias como aparece reflejado en la imagen. Empieza por el Tetragrama, el nombre de cuatro letras de la tradición judía y va descendiendo por los ángeles y potestades, los serafines, los cuatro evangelistas, las tribus de Israel y finalmente los elementos y a veces hasta demonios. Y se pueden relacionar porque en el fondo unos conceptos son las octavas de otros. Creando una ciencia de las correspondencias que es como debería denominarse la magia en realidad, y que no tiene nada que ver con lo que se creó en 1850 a partir de Papus y su obra Dogma y ritual de la alta magia que ha acabado identificando la magia con los juegos de manos.

Pero, en realidad el gran mago de esta época se llamaba Charles… Charles Baudelaire, que, en Las flores del mal, baja a los infiernos a buscarlas, unas flores que son tan válidas como las que nacen arriba en el cielo. En el pensamiento mágico lo de arriba y lo de abajo tiene el mismo valor, el bien y el mal no están supeditados por lo inferior y lo superior. En el pensamiento simbólico todo está relacionado, el yang es tan importante cono el yin y si alguien dice que uno de los dos es superior al otro es evidente que se equivoca.

En la cultura griega de los presocráticos la doctrina de los elementos es muy importante, Parménides, Heráclito, con el fuego, pero también es importante para la mitología, tenemos a Apolo, Baco, etc., y cada uno de ellos está relacionado con los cuatro palos de la baraja y con los elementos y hay opiniones diversas respecto a estas relaciones. Y aquí lo que os pediría es no confundir la magia con la sincronicidad, por ejemplo, decir que el árbol de la vida es como los chacras de la kundalini… no, finalmente esto es un sincronismo, un todo es igual, No, cada cosa tiene su lenguaje y su código, aunque todos beban de la misma fuente y no puede haber reduccionismos.

Con esta imagen quería mostrar cómo ha sido el devenir de estas ciencias de las correspondencias, que serán recogidas por la masonería y las sociedades iniciáticas, pero también por las tradiciones populares como podrían ser los juegos, el parchís, por ejemplo, con su división cuaternaria y sus cuatro colores, o la danza de los gigantes, los seres del aire, con los enanos o cabezudos, los seres de la tierra. Danzan entre sí siguiendo las líneas que hemos visto al principio en el gráfico de las simpatías y las antipatías.

¿Qué hace que los elementos tengan estas relaciones de simpatía o antipatía? Son simpáticas las que provocan la mutación y antipáticas las que la evitan. Y eso de debe a las cualidades de cada elemento, cada elemento posee dos cualidades que son seco húmedo, caliente y frío que se combinan entre sí y a partir de la cualidad común entre elementos pueden hacerse sus permutaciones. Y lo mismo sucede con los trigramas del I’ching, que a partir de sus permutaciones pueden juntarse la tierra con el cielo, porque la naturaleza aquí y en la China es una, cada cultura lo ha explicado a su manera, pero la naturaleza es una.

Y termino con esta imagen del caos y los sabios del XVII como Barent Coenders van Helpen, que dice precisamente que el caos es calor, frío, sequedad y humedad, las iniciales de caos en latín, es decir las cualidades que antes hemos visto mezcladas y desordenadas que pasarán a ordenarse originando los cuatro elementos, las raíces y los fundamentos de la creación.

El problema es que no sabemos ver la naturaleza a causa del subjetivismo, el ego cubre el yo, y en este sentido la frase de Nishida que hemos visto al principio es genial, el espíritu y la naturaleza no son dos realidades.

Resumen de la charla posterior

¿De dónde sacó Agrippa la idea de las correspondencias? Agrippa conocía a un misterioso abad llamado Johannes Trithemius, un personaje extraño del que no se sabe mucho- Fue abad de Sponheim, escribió un tratado sobre la esteganografía y también tuvo relación con Paracelso, pero es que además en la Edad Media todo este conocimiento estaba muy vivo, en el Renacimiento son recopiladores y pensemos que en esta época aparece la imprenta y todo cambia. Lo que hace Agrippa en su obra es recoger todo el conocimiento anterior y publicarlo de un modo ordenado, además bebe de los cabalistas hebreos que fueron expulsados de España y se dispersaron por toda Europa. En realidad, la tercera parte del libro de Agrippa es prácticamente cábala hebrea, un pensamiento que empezó en Girona y Barcelona, aunque más tarde los cabalistas en Cataluña fueron expulsados por los talmudistas y la cábala floreció en Castilla con el Zohar, por ejemplo, y después, con la expulsión, muchísimos maestros se fueron hacia Italia. La tradición judía es importantísima y tuvo mucha influencia en la tradición occidental, pero desgraciadamente se ha escondido.

¿Existe un equilibrio de los cuatro elementos, los temperamentos y los humores en relación a la salud? Precisamente iba a poner una imagen de los humores y los temperamentos, pero al final la he sacado porque no quería hablar de ello. Pero sí, es fundamental, los cuatro humores relacionados con los cuatro temperamentos, colérico, sanguíneo, flemático y melancólico, que, si estuvieran en equilibrio, que no igualdad, el cuerpo estaría en armonía y sin desequilibrios, es la técnica que utiliza la medicina china. Y por eso lo he sacado, para no pensar en este mundo sino en el otro. Pero los alquimistas siempre hablan del orden a partir del caos ORDO AB CHAOS y el cuerpo incorruptible es gracias al orden de los elementos. Esto es una idea fundamental pues el orden no es el principio, sino que el orden surge de un pre orden que es el caos, es decir si no se empieza por la nigredo, es decir por lo más profundo de la creación, por la parte más baja, si no se empieza por el fuego inferior de la kundalini, por el caos, por esta sustancia indeterminada, el hyle, no habrá un orden completo.

La naturaleza sigue un orden, es el hombre, el subjetivismo del ser humano que es un caos, el mundo caído es el subjetivismo, prevalece lo circunstancial y el contexto sobre el orden del cosmos. Cuál sería la gran sabiduría del Tao, la contemplación, esforzarse en contemplar los ritmos naturales, el origen de estos ritmos.

Partimos de la percepción de nosotros mismos y con nuestros actos influimos también en la percepción del entorno, el proceso de la persona que busca el orden busca los elementos o los caminos que lo llevan hacia este orden entre la sabiduría arcaica, pero nuestro problema es que tenemos una cultura habituada a la reflexión causal de las cosas, pero en cambio la entrada del pensamiento mágico transforma las vivencias del hombre y eso sí que es interesante.

Templo y revelación

El templo es una imagen del orden ante el subjetivismo y respecto a ello en la novela de Víctor Hugo sobre Notre Dame, hay un diálogo donde se habla de Florencia y de los avances de la imprenta y se llega a la conclusión que el libro impreso está acabando con la Iglesia, pues la relación con la palabra de Dios hasta entonces había sido pasearse por el templo rememorar la palabra, cantarla, contemplar el orden de la arquitectura, es decir un orden contemplativo y vivencial, eso es fundamental porque en la Edad Media la palabra de Dios se escribía y se dibujaba, estaba iluminada y este mismo manuscrito se levantaba en las ceremonias, etc.

Hoy hemos insistido mucho en el Tao y en la tradición oriental, pero hay otro tema fundamental, que es la revelación. Hemos hablado mucho de la inmanencia, del orden, de temas que son más propios de la tradición oriental. Pero no hemos hablado hoy de la revelación y de la salvación, una salvación que no solo será en espíritu sino también en cuerpo, de eso, de la resurrección de los muertos, los orientales hablan menos.

No hemos hablado del tema de la revelación que complementa el tema de los elementos, ni tampoco de esta quinta esencia crística, pero lo hablaremos otro día. Hemos hablado de la naturaleza, pero en realidad no vemos la naturaleza verdadera, vemos las consecuencias de las fuerzas de la naturaleza, pero la luz de la naturaleza, el origen, no lo vemos, no lo conocemos. Pero si somos capaces de ver la mutación, las estaciones, por ejemplo.

En el fondo podría decirse que Tao y revelación están en contradicción, pero yo diría que son complementarios, el Tao sería una iluminación y como dice el primer versículo del Tao lo que se puede decir no es el Tao, sin embargo, la revelación se expresa y habla de una salvación, pero no es mejor lo uno que lo otro, es totalmente complementario. La salvación es la recreación, no la creación.

Son dualidades que no son tales sino partes de una unidad, y otro día hablaremos de la unidad y de la unión. La unidad podría ser un pre concepto, un concepto previo, la unión es un acto, unimos lo más bajo con lo más alto, la naturaleza y el espíritu, como un acto de amor, por eso los elementos, como hemos visto, son actos de amor. Es un juego de amor entre los elementos, que reúne, porque el amor siempre reúne. Y con esto se liga esta sesión con la anterior, cuando se habló del deseo, lo que pasa es que este deseo se vuelve unidireccional y en cada cultura se manifiesta de modo distinto, ya sea intelectualmente, emocionalmente, incluso sexualmente, como sucede en los templos de Khajuraho en la India.

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