Los Tulpas, la “emanación mágica” del pensamiento

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Niflungar , de Jeroen van Valkenburg (2000)

Una tulpa es el nombre dado a cualquier cosa formada a través de la meditación (enfoque) de una idea

Hasta muy avanzado el siglo XX, el Tibet y en particular su capital Lhasa o Lhassa, permanecieron prohibidos para los extranjeros. Por eso mismo, son escasos los viajeros que lograron entrar y beneficiarse con las enseñanzas de los religiosos tibetanos, los Lamas. Alexandra David-Neel, cuya biografia ayer detallamos en otro articulo,  estuvo entre estos privilegiados y fue testigo de extraños fenómenos, entre otros, ella creo su propio tulpa.

Llhasa
En el libro Viaje a Lhasa Alexandra David-Néel narra su periplo por el entonces prohibido territorio de Tibet.

Alexandra David-Neel y la Magia de los Tulpas del Tibet

Lamas, magos, brujos, nigromantes y ocultistas de toda clase pueblan las elevadas mesetas de Tíbet aisladas del resto del mundo, debido tanto a la naturaleza como a la voluntad de aquellos hombres a quienes se les atribuye poderes sobrehumanos. La antropóloga y exploradoraAlexandra David Néel  nos describe a todos estos personajes en relatos sugestivos y emocionantes.

Después de una larga estancia en los contrafuertes de los Himalayas, en junio de 1912 esta súbdita francesa de 44 años alcanza las “Tierras Altas” o Tibet propiamente dicho. Anota sus recuerdos de este viaje y de los siguientes en numerosos escritos como su Viaje de una Parisina a Lhasa, publicado en 1927. Numerosos pasajes del libro están consagrados a un fenómeno extraordinario que los tibetanos conocen y bautizan con el nombre de Tulpa.

La joven exploradora, desde el principio, por medio de sus viajes famosos y largas estancias en el Tíbet fue adquiriendo gran conocimiento de los lamas budistas. Alexandra llegó a pasar largos años de enseñanza y, su curiosidad extrema, la motivaba a querer siempre más, elevar su conocimiento.

Se tiene evidencia escrita de que la famosa y valiente exploradora del Tíbet consiguió crear un tulpa, pero lo hizo después de muchos años de meditar y vivir en una comunidad de monjes tibetanos. Hay un halo pseudocientífico en esta creencia, por supuesto, ya que los seguidores más fervientes creen que el tulpa puede ser visible para otras personas.

En especial, una práctica, un juego peligroso, algo que no debió conocer nunca fue el punto de encuentro con la oscuridad. Alexandra se mostró muy interesada por la práctica budista denominada creación de un tulpa.

Los lamas budistas le advirtieron que era una enseñanza nada recomendable, pues consiste en la creación de un fantasma generado a través de nuestra mente. Alexandra fue advertida de que estas creaciones podían volverse peligrosas o incontrolables. Demasiado tarde, Alexandra estaba fascinada con la idea e ignoró la advertencia de sus educadores.

Alexandra se alejó del resto de sus compañeros y, una vez aislada de todo, comenzó a concentrarse en dicha práctica. Ella visualizó en su interior lo que quería crear, imaginando un monje de baja estatura y gordo. Quería que fuese alegre y de inocente actitud. Tras una dura sesión, aquella entidad apareció frente a ella.

Aquella entidad era algo así como un robot, sólo realizaba y respondía a los mandatos de su creadora. Con una sonrisa fija en su rostro, el monje accedía sin rechistar a lo que ella le ordenaba. Lamentablemente, no siempre fue así y aquel tulpa comenzó a realizar actividades que no les había sido encomendadas. Tal era la independencia de aquel fantasma de apariencia corpórea que los demás monjes lo confundían con uno más. Aquella entidad comenzaba a ser un ser con voluntad propia.

A medida que iba siendo más independiente, los rasgos físicos que aquel bonachón monje fantasma fueron cambiando. Su afable sonrisa fue cambiada por otra más pícara, su mirada pasó a ser malévola y nada afable para todos los que convivían con aquel extraño ser. La propia Alexandra comenzó a sentir miedo.

Por supuesto que no todos los Tulpas son criaturas malignas. Para los budistas del Tíbet, son simplemente un pensamiento en acción que muchas veces aparece dentro de la meditación profunda. En este contexto, si el pensamiento que lo forjó es de amor, el Tulpa es incapaz de albergar otro sentimiento que no sea amor. Es por eso que los Tulpas pueden ser enormemente beneficiosos para la humanidad, así también como extremadamente peligrosos.

En su libro publicado, Magos y Misticos del Tibet, Alexandra David-Néel narra los seis duros meses que duró el invertir aquel proceso, conseguir que su creación se desvaneciera. Aquel monje se había hecho insoportable y Alexandra tardó antes de conseguir invertir aquel proceso. “No hay nada extraño en el hecho que pueda haber creado mi propia alucinación. Lo interesante es que en estos casos de materialización, otras personas ven las formas de pensamientos creadas.”- declaró la antropóloga cuando posteriormente se le galardonó con una medalla de oro por la Sociedad de Geografía de París y nombrada Caballero de la Legión de Honor.

Alexandra escribió mucho tras su regreso a París sobre estas creaciones mentales y otras grandes vivencias que tuvo en el Tíbet, le llamó también la atención los kilómetros que podían los lamas recorrer sonámbulos sin cansarse. Habla además de sus experiencias con los lung-gom-pas, místicos iniciados en una técnica que les permitía caminar a gran velocidad durante días; así como sobre el ejercicio de la telepatía, considerada como uno de los frutos de la meditación.

Alexandra David -Neel accedió a los poderes Shiddis que, con el debido entrenamiento, permiten tornarse invisible al practicante previa disolución del cuerpo atómico, así como tener consciencia de vidas anteriores o habilidades telepáticas. Los grandes antropólogos que siguen los pasos de Alexandra David-Neel son conscientes de ello y su lectura es casi obligada en las facultades que imparten esta especialidad.

Monje meditando

La Enseñanza de los Lamas

Un tulpa es, basicamente, una entidad espiritual creada por el pensamiento. El Tulpa se crea a travéz de visualización clara , intensa y sostenida

El tulpa es un concepto místico según el cual se puede crear un ser u objeto material a partir de una disciplina espiritual o mental, auténtico vinaya. Los textos budistas de la India lo denominan aparición irreal, ilusoria o creada por la mente. En otras palabras, es un fantasma, si asi se quiere calificar, creado por un monje o un iniciado al término de una larga meditación.

Los tulpas son la materialización física de nuestros pensamientos y emociones. Cuantos más pensamientos, emociones y creencias se junten, con mayor realidad se mostrará esta materialización.​ Tulpa suele ser usado como sinónimo de “emanación mágica”, “cosa conjurada”, “fantasma” o forma del pensamiento. Algunos practicantes modernos del budismo utilizan el término para referirse a un tipo de amigo imaginario.

Puede tomar la forma, indistintamente, de un animal, de un paisaje, de un objeto o de un ser humano. No es una simple visión, sino un fenómeno dotado de consistencia física, capaz de emitir olores y sonidos entre otras cosas. Según escribe Alexandra David-Neel en su obra Místicos y Magos del Tibet (1929): “el olor de una rosa fantasmal llegará muy lejos; una casa fantasma será capaz de recibir viajeros de carne y hueso,…”

La naturaleza de los Tulpas nos permite conocer algo más acerca de la filosofía budista: si el pensamiento humano puede crear una réplica pasajera, una ilusión, de todo lo que puede imaginar, entonces quizás el universo entero es un Tulpa creado a partir del pensamiento de Dios. De ahí que los budistas consideren que el universo es simplemente una ilusión

El Universo: una creación mental. Bajo la concepción del mundo según los lamas, el universo en el que vivimos es una proyección creada por por una Conciencia Universal, no hay fenómeno que exista si no es concebido por el espíritu humano. Los tulpas son entidades creadas por la mente de los lamas y son generalmente utilizados como esclavos. Son figuras visibles, tangibles, creadas por la imaginación de los iniciados.

Los lamas tibetanos explican la creación de las Tulpas de la siguiente manera. Según su concepción del Mundo, el Universo que nos rodea es una simple visión mental y, por tanto, no hay ningún fenómeno que no exista si no es concebido por el espíritu humano, lo que nos lleva curiosamente al pensamiento de Descartes: “pienso, luego existo.”

El objetivo de la iniciación religiosa es, entonces, aumentar la capacidad de concepción del espíritu humano, su aptitud de hacer pasar desde el orden potencial, del vacío físico, al orden de lo tangible, o fenomenológico, el mayor número de realidades posibles.

Aumentar el potencial de producción mental es, por lo tanto, el núcleo de la enseñanza religiosa tibetana. Los ejercicios que constituyen la formación de un joven monje tibetano se basan en el dominio de la respiración -que le permite alcanzar la serenidad del espíritu-, y una práctica intensa de la meditación. Ésta se apoya en el kylkhor, diagrama diseñado sobre una tela, escrito sobre un papel o grabado en una piedra.

Algunos kylkhor, más elaborados que otros, representan verdaderos mundos en miniatura. En el centro se encuentra un personaje, a menudo divinidad tutelar, llamado yidam. A medida que va progresando, el joven monje logra dar vida a su kylkhor, o sea, hacer que las escenas allí dibujadas y sobre las cuales aplica su meditación, se vuelvan realidad y evolucionen, adquieran movimiento y vida propia.

El alumno logra, al finalizar la iniciación, comprender que todo fenómeno en este mundo no es más que un espejismo que surge de la imaginación. De este modo logra dominar sus temores y sus sensaciones.

Se considera que un lama que alcanza este estado puede, de esta manera, resistir al frío hasta el punto de sobrevivir una noche desnudo en la nieve, ya que el sentimiento de calor o de frío desaparece, en efecto, como lo que es: una ilusión del espíritu que él combate con otra ilusión, estimulando con su voluntad el calor interno de su cuerpo. El espíritu, por tanto, nada tiene que temer a la materia, ya que la controla completamente y puede burlarse de ella, actuando en consecuencia.

La proyección de tulpas está inserta en esta lógica. La ecuación detrás del concepto de Tulpa sería la siguiente: todo lo que imaginamos existe a nivel del pensamiento, pero si lo imaginamos con la suficiente fuerza, existirá realmente.

De acuerdo con el Vajrayāna y el budismo tibetano, los Tulpas incluso pueden manifestarse de manera espontánea, es decir, sin que el sujeto que los piensa se proponga crearlos.

Esto ocurre cuando una persona sufre un repentino estallido de odio, de impotencia, de frustración, de ira, canalizando grandes cantidades de energía mental sobre un pensamiento fijo. Podemos pensar que los Tulpas son ese mismo pensamiento intenso volcado sobre el mundo objetivo. Y ahi si que estaria relacionado con  los conjuros, de la hechiceria occidental e incluso entra en el concepto del conocido ” mal de ojo”.

En la mayoría de los casos, los Tulpas aparecen independientemente de la fuerza de voluntad del emisor. Uno puede sentir un gran amor o un gran odio y no por eso ser un creador de Tulpas. El método es mucho más complicado que eso.

Los místicos del Tíbet suelen crear Tulpas simplemente como un acto de la imaginación o prueba de la voluntad. Los monjes medievales, aterrorizados con la figura del diablo, formaban sucubos e íncubos, que representaban sus miedos con respecto a la sexualidad. Los espiritistas, por su parte, crean seres inciertos en sus sesiones, justamente debido a que son formados por grupos de personas que se reúnen y se concentran con sincera fe para que algo o alguien en particular aparezca, y normalmente aparece.

Los Tulpas carecen de voluntad propia simplemente existen a partir del pensamiento que los creó. Es por eso que las supuestas almas convocadas por los espiritstas se comunican a un nivel muy básico, casi rudimentario, mostrándose confusos, y finalmente reaccionando de manera un tanto violenta, tal como suele ocurrir durante las sesiones con el tablero Ouija o el Juego de la copa.

Los Tulpas creados de forma voluntaria luego de una larga meditación poseen cualidades realmente asombrosas. No conforman una simple visión, sino un fenómeno paranormal que puede adquirir consistencia material; siendo capaces de emitir sonidos y olores; de hecho, una de sus características principales. Es por eso que el olor de los ángeles, demonios , o espiritus , siempre posee cualidades propias e intransferibles hacia otros seres.

Esto también se relaciona con aquella idea de que los gatos y los perros pueden ver a los espiritus. En realidad, pueden olerlos.

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Forma del pensamiento de la Música de Gounod, según Annie Besant y C.W. Leadbeater en Formas del Pensamiento (1901).

Creación de Tulpas

La teosofísta Annie Besant escribió un libro titulado Formas del Pensamiento, describiéndolas en detalle. El libro divide en tres clases a las formas de pensamiento: formas con el mismo tipo de la persona que las crea, formas que recuerdan objetos o personas y pueden llegar a “poseer un alma” de “espíritus naturales” o de los muertos, y formas que representan “cualidades inherentes” de los planos astrales o mentales, como las emociones

Los teósofos Annie Besant y C. W. Leadbeater sostienen en el libro: Formas de pensamiento. (Thought Forms) —una manera elegante de referirse a los Tulpas—, que estas criaturas emergen a partir de una detonación del pensamiento; es decir, de un miedo o un odio o un amor extremadamente súbitos e intensos, una verdadera explosión del sentir y el pensar que logra imprimirse en los sustratos más densos del plano astral, y que a partir de ahí pueden interactuar con el plano físico durante un breve período de tiempo, hasta que la energía del pensamiento que les dio forma se agote.

El ocultista William Walker Atkinson en su libro El Aura Humana describe las formas del pensamiento como simples objetos etéreos que emanan del aura que rodea a las personas, generándose a partir de sus pensamientos y sentimientos. Walker Atkinson desarrollaría su definición de las formas del pensamiento en su siguiente libro, Clarividencia y Poderes Ocultos. El libro explica como los practicantes de lo oculto experimentados pueden producir formas del pensamiento a partir de su aura, que sirven como proyecciones astrales que pueden, aunque no tienen porqué, parecerse a la persona que las proyecta, o como ilusiones que sólo pueden ser vistas por aquellos con “sentidos astrales despiertos”

Esta es una de las posibles explicaciones que la teosofía encuentra para la existencia de vampiros y hombres lobo en el plano Astral, así también como buena parte de las apariciones fantasmagóricas, angélicas, demoníacas y sobrenaturales.

Esa cosmovisión nos permite deducir que ocurre con el alma de los suicidas ; básicamente nada distinto al destino de otros réprobos, solo que el pensamiento atroz de quitarse la vida, justo antes de darle un quiebre definitivo, se imprime sobre el bajo astral y continúa operando durante algún tiempo como un Tulpa.

Una tulpa es difícil de definir, ya que cualquier cosa podría ser una tulpa. Mientras la idea aún se está enfocando, el objeto o la criatura pueden cambiar y transformarse en diferentes formas a medida que la idea misma cambia. Tulpa solo puede destruirse eliminando el pensamiento (si el tulpa aún no se ha formado correctamente), o diluyendo la concentración del pensamiento, luego destruyendo el objeto o la criatura.

La mayoría de los Tulpas queman su energía en muy poco tiempo, y siempre se mueven dentro de los parámetros del pensamiento que los forjó. Si fue producto del odio, el Tulpa se dedicará únicamente a odiar. Si fue producto de un pensamiento criminal, el Tulpa utilizará todos sus recursos para que ese acto se consume.

Slender man
Slenderman

¿Alucinación o Realidad?

Otra manera de crear un Tulpa es a través de la voluntad cooperativa, es decir, cuando un grupo de personas, independientemente de su cercanía física, vierten sus pensamientos en conjunto sobre el bajo astral.

¿Por qué ya nadie presencia la aparición de un incubo, un sůcubo un golem, un vampiro, un licantropo, un misero homunculo? Sencillamente porque nadie piensa en ellos en términos de posibilidad real, es decir, con la intensidad suficiente como para darles entidad objetiva en el imaginario colectivo.

¿Por qué absolutamente nadie en la Edad Media brindó testimonio alguno acerca de las características de la Gente sonbra, del Hombre Polilla, o bien de los alienígenas pálidos, enanos, hidrocéfalos, de enormes ojos negros y saltones que pueblan los reportes actuales de avistamientos y contactos? Simplemente porque esa imagen no estaba presente en el pensamiento colectivo de la época. Considerar lo contrario es análogo a creer en la posibilidad de que alguien pudo escuchar un tema de los Rollings Stones en la radio durante los años ’20.

Para citar otro ejemplo acerca del imaginario colectivo: todos sabemos que Slenderman es una leyenda de internet creada por un usuario de un foro. Lo sabemos, y así y todo Slenderman ya participa de nuestro imaginario colectivo. Existe, y su existencia está dada por el enorme porcentaje de personas que sí creen que se trata de una leyenda antigua o de una criatura sobrenatural, y sienten un miedo intenso y repentino por él.

Lo primero que viene a la mente de los occidentales es que la forma física llamada Tulpa, es el producto de una simple alucinación. Pero habría que creer que esta alucinación es colectiva, puesto que, en muchos casos, la tulpa es vista no tan solo por quien la origina sino también por los que lo rodean.

En el mismo mundo tibetano se interpreta la tulpa de distinta manera. Para algunos lamas es una forma física cuya existencia es incontestable, lo que significa que el espíritu es capaz de suscitar cualquier forma física que se proponga. Para otros, sin embargo, el pensamiento de quien lo ha creado se impone sobre los otros y logra hacerles ver lo que él mismo percibe, en cuyo caso la creación de una tulpa es más bien el efecto de una poderosa sugestión.

Creer o no creerhe ahí la cuestión.

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FUENTES:

https://santuariodelalba.wordpress.com/2020/06/08/los-tulpas-la-emanacion-magica-del-pensamiento/

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